Mai se muerde el labio inquieta, demasiado consciente del sonido de las pisadas a su lado, el único sonido que su mente parece registrar en el incómodo silencio que se extiende entre los dos. Debería decir algo, decide.

—Entonces, ¿qué tal Londres?

Y antes que obtener una respuesta recibe esa mirada tan familiar que le solía ofrecer cada vez que consideraba que había dicho alguna estupidez.

—Estaba en Cambridge —suelta finalmente—. Preguntarme eso, es como si te preguntara qué tal Kioto cuando vives en Tokio.

Mai siente el rubor de la vergüenza coloreando sus mejillas.

—Eso…, quiero decir Cambridge, ¿qué tal Cambridge?

—Bien.

¿Eso era todo? ¿Bien? Ella se rompía el cráneo tratando de iniciar conversación y él, primero la reprendía y ahora solo respondía como monosílabos. ¡Así no funcionan las conversaciones!

—Es probable que tengan que ir a Inglaterra —habló Oliver sacándola de su diatriba mental.

—¿Qué? —pregunta deteniéndose de golpe.

—Los niños —aclara.

—¿Por qué?

—Recursos —explica—, si la extensión de sus habilidades es en algo como las de Gene o las mías, lo que estoy inclinado a creer, los recursos de JSPR serán limitados y por tanto lo que podemos hacer para entender el alcance de sus habilidades.

El pensamiento había cruzado brevemente su mente pero no le había dado mayor importancia, pero escucharlo de los labios de Oliver lo hacía real. Sus pensamientos son un caos, ¿cómo podría permitirse el pagar los pasajes estadía para ella y sus niños en otro país?, en Inglaterra, donde vivían los padres de Oliver, los abuelos de Kaori y Kazuya, a quienes ella les había negado la posibilidad de conocerlos o siquiera saber de su existencia. Siente una punzada de pánico empezar a crecer en su pecho, pero como una ola que llega a la playa, las palabras de Oliver declarando que Kaori y Kazuya también son sus hijos, y que como tales tendrían todos los privilegios de un Davis, son calmantes, y para bien o para mal Oliver no hacía promesas vacías. Respira hondo antes de hablar.

—Entonces supongo que sería una buena idea empezar a hacer averiguaciones para las visas y demás, entiendo que suelen tomar tiempo.

—Solo la tuya y la de Makishima-san, si decide venir —aclara.

—¿Y los niños?

—No la necesitan —percibiendo la confusión de Mai agrega—, su padre y sus abuelos son ciudadanos británicos. Será necesario algún papeleo pero al final garantizará la nacionalidad británica de Kaori y Kazuya. Me aseguraré de contactar con el bufete.

—Ya veo —susurra.

—Algo te molesta —sentencia Oliver.

—¿Desde cuándo eres bueno leyendo a la gente?

—No lo soy, pero se trata de ti —responde como si eso fuera explicación suficiente, y su corazón se remueve inquieto en su pecho por un momento.

—Celos —responde ella.

—¿Celos? —pregunta caminando con las manos tras su espalda.

—Es difícil de explicar, celos, de todas las cosas que puedes ofrecer a los niños que yo no, y también remordimiento de las cosas que te negué y las que por ende también les negué a ellos.

—Entiendo.

—Quizás esto llegue un poco tarde, pero es tiempo de que empiece a hacer las cosas correctamente. ¿Irías conmigo mañana a actualizar el libro de registro de familia? Para hacer constar en el Koseki que eres el padre de los niños.

Oliver asiente.

… …

Lo observa de reojo y contiene una sonrisa, porque justo en este momento Oliver se ve tan natural como un abeto en medio del desierto, rodeado del río de niños y niñas que ríen, gritan y corren hacia sus padres.

—Mamá —gritan los niños a coro y ella abre los brazos para recibirlos.

—¿Se portaron bien?

—¡Sí! —chilla Kaori llena de energía hablando de su día, mientras Kazuya permanece en el abrazo de madre.

Mai le da un vistazo a Oliver que los observa a unos pasos de distancia. Siempre se vanaglorió de poder entender sus miradas, pero esa que les dedica a los tres, no es una que hubiese visto antes, mucho menos una que pudiese entender.

—Chicos, miren quién vino conmigo a recogerlos.

Ambos niños se giraron a mirar a Oliver, los ojos de Kaori se iluminaron cual estrellas en el firmamento.

—Daddy —habló dirigiéndose a Oliver.

Mai que estaba de cuclillas para quedar a la altura de los niños, por poco cae sentada de la impresión y a Oliver parecía que le hubiesen arrojado un cubo de agua helada.

Mai fue la primera en recuperar el habla al ver la mirada confundida de su hija.

—¿Cómo lo llamaste, cariño?

—Daddy —confirmó alto y claro.

Mai enrojeció y miró nerviosamente a Oliver.

—P… Pero, ¿por qué lo estás llamando así?

Kaori pareció meditarlo por un momento.

—Gene Ojisan pidió que intentara llamarlo así la próxima vez que lo viera.

Mai iba a tener una muy larga charla con Gene cuando se volvieran a encontrar.

—No tienes que hacerlo si no quieres —dice Mai acomodándole un par de cabellos que se le escapan de la coleta—. Además puede que a Oliver no le guste.

—Pero sí quiero —replica haciendo un puchero—. Además no me gusta decir Oriveru, suena raro.

Mai voltea al escuchar lo más parecido a una risa que jamás ha escuchado de Oliver, quien se lleva el puño a la boca antes de aclararse la garganta.

—Está bien, déjala.

—Voy a matar a tu hermano —murmura Mai, los niños caminando unos pasos delante de ellos.

—No puedes matar algo que ya está muerto —sentencia.

—¡Por supuesto que lo sé! Pero, aghh, ya sabes lo que quiero decir.

—¿Crees que sepa lo que significa?

Mai lo piensa por un momento.

—No, no lo creo.

… …

Mai observa a Kazuya y Kaori correr unos pasos delante de ellos.

—No sé por qué sigo sintiendo que debería disculparme.

—No veo la necesidad de tu preocupación o disculpa y dado el caso de que hubiese necesidad de una, esperaría escucharla de mi hermano y no de ti.

—Si te molesta, estoy segura de que podría disuadirla de usarlo.

—Mai, espero que no hayas olvidado lo mucho que me incordia tener que repetirme.

—¡Daddy! —grita Kaori corriendo hacia ellos, para dar un frenazo a solo centímetros de Oliver, recordando que a él como a ella tampoco le gusta que lo toquen.

Mai observa a Oliver envararse como si estuviese en un regimiento militar. Los músculos de sus hombros parecen relajarse lentamente cuando Kaori le habla sin parar de las boditas flores túrturas que acaba de ver.

—Bonitas —corrige Oliver.

Kaori frunce el ceño pero lo imita.

—Boditas —suelta con decisión.

—Bo-ni-tas —repite.

—Bo-ni-tas.

—Eso está mejor —dice Oliver—, ahora, es púrpuras, no túrturas.

—Púrturas —repite Kaori.

—Púrpuras —repite Oliver lentamente.

—¡Túrpuras! —exclama victoriosa y Mai observa la ceja de Oliver moverse.

—Creo que es mejor que lo dejemos así por ahora —interviene Mai apiadándose de Oliver—, ¿qué tal si vamos por un helado?

A la mención de la palabra helado, Kazuya apareció al lado de su madre como por arte de magia.

—¿Puedo comer el de tres bolas? —pide sujetando la mano de su madre—, por favor.

—Mmmm, después te va a doler el estómago —dice agachándose a su altura—, ¿qué tal si lo dejamos en dos?

Kazuya sonríe y asiente.

—No sabía de tus habilidades de negociadora —susurra Oliver.

—Hay muchas cosas que no sabes de mí, Oliver —dice sonriéndole mientras se adelanta con los niños.

… …