Disclaimer applied.
Notas: AU. Los personajes tienen entre 16 y 17 años en una ciudad ficticia de Japón de costumbres americanas (Porque no conozco ninguna que sea japonesa, ha, ha).
Advertencias: Creo que ninguna.
Speechless
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Capítulo 8
Sakura le tenía que decir un par de cosas. Digo, no es que se preocupara por ella, sólo quería ganarse su "amistad".
¿O no?
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Cuando Sakura había salido de su vista se sintió peor que escoria. Sabía que le había roto el corazón, que necesitaba a alguien y el la había jodido. Monumentalmente. Agachó la cabeza y caminó con expresión desolada por todo el pasillo sin importarle nada, ni siquiera cuando los brazos de una de sus amigas lo rodeaban por la cintura.
— ¿Qué ocurre Karin? — le preguntó el pálido chico a la pelirroja que lo abrazaba con demasiada fuerza.
— Oh, nada, sólo quería ver como estabas — dijo con un extraño tono de voz.
— Estoy perfectamente, ahora, déjame sólo — zafó su brazo del agarre de la chica y continuó camino hacia su salón de clases.
Karin lo observó con una mirada misteriosa y una sonrisa maliciosa. Después de todo, no tardaría mucho en sacar del mapa al chicle con patas. Pan comido. Se dijo, ensanchando su sonrisa aún más, si cabía.
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Sintió que la camisa del uniforme se pegaba a su cuerpo por el sudor y las lágrimas de Sakura, habían estado tanto tiempo así arrodillados, que ya no sentía las piernas, estaba seguro que le vendría un calambre cuando se parara.
Trató de levantarse, pero no pudo. Tal vez porque la pelirosa que recargaba su cabeza en su hombro no se movía. Movió su hombro un par de veces para que reaccionara, pero ella no hacía amago de moverse. Tomó su rostro con delicadeza y lo volteó, tratando de no sorprenderse al ver que estaba profundamente dormida.
Así como estaban, se quedó varios minutos observándola, era increíble como esa molesta mota rosada, cuando no hacía nada y parecía inconsciente podía llegar a ser hasta cierto punto ¿tierna?
Sacudió su cabeza tratando de apartar esos cursis pensamientos de su mente. Trató de pensar qué hacer con ella. No podía despertarla, o al menos no quería. Llevarla a la escuela o a su casa no era una opción. La escuela, obviamente no podía llevarla en brazos y dormida. Su casa, porque… no sabía donde quedaba. Idiota. Se dijo mentalmente.
Así que la única opción factible que se le ocurrió fue llevarla a su casa. Tenía que hacerlo, no la dejaría ahí tirada ni mucho menos, no era tan insensible. La tomó de los hombros y como pudo trató de levantarse, pero como esperaba, el calambre se expandió rápidamente por sus dos piernas y cayó de nuevo de rodillas.
— Mierda — masculló entre dientes. Se sentó de nuevo, con las piernas estiradas y acomodó la cabeza de la pelirosa en su regazo. Sintió que ella se acomodaba un poco y suspiraba algo entre sueños mas no despertó.
Después de un rato, cuando sintió que el sol empezaba a calarle y sus piernas estaban en mejor estado, se levantó completamente y alzó a la pelirosa en brazos. Era casi tan liviana como una pluma. Sonrió de medio lado y se encaminó fuera del campo, siguiendo el camino a la escuela, donde había dejado su coche.
Trató de que nadie lo viera y sonrió triunfante cuando llegó a la puerta de su Porsche, abrió la puerta de atrás y acomodó a la pelirosa, para que quedara acostada a lo largo del sillón, se acomodó en el asiento del conductor y arrancó.
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Hacía un par de horas que había llegado a su casa, que estaba completamente desierta. Recordó que su madre iría hoy a desayunar con algunas amigas y su hermano estaría hasta tarde en la universidad. Eso le daría algo de tiempo.
Bajó a la cocina a servirse jugo de naranja y casi suelta el vaso cuando iba de regreso al ver a su madre entrando por la puerta principal.
— ¡Mamá! ¿qué… — se aclaró la garganta al percibir el tono agudo de su voz — ¿qué haces aquí? — preguntó ahora con más calma.
— Oh, querido, fue una desgracia — dijo Mikoto con un tono dramático — la señora Himura comió algo que le hizo alergia y su cara se puso como una toronja, fue horrible.
— Ah —.
— Lo sé, una desgracia, pero… — la pelinegra lo pensó un poco más y se dio cuenta de que era lo que no encajaba ahí — ¿qué haces aquí Sasu-chan?
— Hmp. Me sentía mal — mintió con un tono algo mecánico. No podía decirle que estaba escondiendo a una chica arriba en su habitación.
— ¡Oh, mi pobre bebé! — gritó su madre de repente, abrazándolo asfixiantemente — ¿Pero que haces levantado? Anda a tu habitación, ya, ya.
— Estoy bien mamá — dijo el pelinegro rodando los ojos.
— Ve a tu habitación y recuéstate, por favor — Sí, más que petición era una orden y si Mikoto Uchiha ordenaba, es porque se hacía o se hacía.
— Está bien, iré a dormir — dijo, con la directa explícita de que no lo molestara.
Subió las escaleras casi corriendo, cuando llegó a su habitación, entró y con alivio se dio cuenta de que Sakura seguía dormida en su cama.
Se acercó lentamente a ella tratando de hacer el menor ruido posible, cuando llegó a su cama, se sentó en el borde de ésta y observó con cuidado su rostro. Repasó primero su nariz, pequeña y algo respingona; sus pestañas eran largas y espesas y sus labios rosados y de un tamaño ideal.
Esa pequeña sensación reconfortante inundó su pecho una vez más y se sintió un animal al saber lo que le hacía. Lo que ella más necesitaba era un amigo, y él se estaba aprovechando de ello.
Un bostezo interrumpió sus pensamientos, rápidamente se dio cuenta de que había sido suyo. Observó una vez más la cama y a Sakura sobre ella y de repente se sentía de lo más cansado.
Se acomodó en la cama y se acercó a la pelirosa que descansaba en el centro de su colchón. Se arrimó un poco más a ella, rozando casi por completo su cuerpo, pasó uno de sus fuertes brazos por su cintura, abrazándola, tratando de no aplastarla mucho. Aspiró fuertemente y el olor de su cabello inundó sus sentidos.
Cerró los ojos lentamente, sintiendo como el sueño lo vencía, hasta que con cansancio, se quedó completamente dormido.
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— ¡Kibaaa! — gritó el ojiazul que venía caminando a un lado de un muchacho de cabello castaño.
— ¿Por qué jodidos gritas? Estoy a un lado de ti — Kiba golpeó en la nuca a Naruto. Ese maldito odioso.
— Oh… cierto jaja — rió el chica sobando su nuca con la mano izquierda — ¿Has visto al teme?
— No, y no me interesa — dijo su acompañante poniendo los ojos en blanco.
— No tienes porqué ser grosero — recriminó Naruto viendo al castaño con ojos entrecerrados — Qué se le va a hacer.
Ambos siguieron caminando tranquilamente. Naruto viendo cualquier cosa que se cruzara en su camino y Kiba acariciando la lanuda mata de cabello de su Retriever.
— Na… Naruto-kun — ambos chicos se voltearon buscando la voz que había pronunciado el nombre del rubio. La apenada Hyuga estaba detrás de ellos acariciando un mechón de su azulado cabello tímidamente.
— Ah… ¡Hola, Hinata-chan! — gritó el rubio, estrechando a su amiga fuertemente entre sus brazos.
— Suéltala, zopenco, la vas a asfixiar — dijo Kiba mirando seriamente a Naruto.
— Ash, aguafiestas — murmuró el rubio entre dientes.
— Está bi-bien… Naruto-kun — sonrió Hinata.
— Y, ¿Qué haces por aquí Hinata-chan? — cuestionó con curiosidad el oji-azul.
— Oh… este… venía a comprar algunos encargos — dijo la chica casi en un susurro.
— En ese caso ¡Te acompaño! — dijo el rubio entusiasmado.
— No… no es necesario — dijo la pelinegra con un sonrojo notable en la cara, que pasó desapercibido por el rubio más no para cierto castaño.
— No hay problema, de veras — rezongó el rubio, esbozando una agradable sonrisa.
— Coff coff — Kiba fingió un "severo" ataque de voz, tratando de llamar la atención — Sigo aquí ¿saben? — dijo frunciendo el ceño.
— Ah, es cierto — dijo Naruto viéndolo con los ojos entrecerrados. ¿Qué trama?
— Lo siento Kiba-kun — se disculpó Hyuga por su falta de atención.
— No te preocupes Hinata, ya me iba de todos modos — dijo el chico con un tono mosqueado.
— E… está bien, Kiba-kun — le dijo Hinata un poco apenada.
— Hasta luego, cachorro — se despidió Naruto con un tono burlón, haciendo que Inuzuka lo mirara casi con odio.
Después de algunos minutos de silencio, mientras veían a Kiba Inuzuka marcharse con su perro, Naruto dijo:
— Oye Hinata-chan, ¿qué era eso que tenías que comprar? —.
— Oh… al- algunos víveres, sólo eso — dijo ella con una sonrisita y con las mejillas encendidas.
— Está bien, entonces vamos — dijo un entusiasta rubio, respirando hondo y ofreciéndole el brazo en un acto de caballerosidad exagerada.
Hinata soltó una discreta risita y tomó el brazo que el chico le ofrecía, sintiéndose como si fuera una princesa y Naruto su príncipe. Como deseaba que eso sucediera.
Ambos chicos caminaron por la acera, entrelazando sus brazos y dejando que el escaso calor de otoño se pegara a sus cuerpos.
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— ¡Sasuke-chan! — gritó una escandalizada Mikoto.
Sí, después de que su hijo abandonó la estancia alegando que iría a dormir, se preocupó al verlo tan distraído, tal vez él pensara que no lo había notado, pero ella conocía a su hijito como la palma da su mano. Entonces, sin nada más que hacer, fue a preparar un poco de caldo de pollo con mucho tomate, como le gustaba a su Sasuke.
Había limpiado la casa un poco, pues le había dado el día libre a la muchacha que ayudaba con la limpieza. Después de limpiar y sacudir, fue a la cocina y sirvió el caldo en un gran plato. Su bebé necesitaba un poco de calor y amor para curarse. Ese era su lema.
Sonrió satisfecha al darle una probada y sin presumir, admitirse a sí misma que estaba delicioso. Subió las escaleras procurando no tirar nada y cuando llegó a la habitación de Sasuke, se abstuvo de tocar la puerta, pues no quería despertarlo.
¿Y qué se encontraba al entrar? Su pequeño hijito estaba dormido, sí. ¡Pero no estaba sólo! ¿Quién rayos era esa chica? ¿Qué hacía ahí, con su hijo, en su cama? Demasiadas preguntas y muy pocas respuestas para una alterada Mikoto. Así que hizo lo único que se lo ocurrió.
Gritar.
Sasuke se alzó sobresaltado al escuchar el grito que había soltado su madre, ¿qué diablos le sucedía? Pensó algo irritado. Inmediatamente, volteó a su lado, recordando que no estaba solo y se encontró con una somnolienta Sakura, que tallaba sus ojos, buscando aclarar su vista.
Y entonces, todo en la mente de Sasuke cuadró.
¡Diablos! Su madre odiaría a la mujer que descansaba a su lado.
No había persona más celosa y desconfiada que la dulce y neurótica de su madre, Mikoto Uchiha. Estaba claro, por la cara que tenía y la sopa que estaba esparcida por el suelo, que no dudaría en malinterpretar TODO.
¡Joder!
Se levantó rápido de la cama y trató de sacar a su madre de ahí lo más rápido que pudo, dejando a Sakura encerrada en su habitación, mientras trataba de hablar con su madre fuera.
— Sasuke-chan ¿quién es esa? — dijo su madre con una voz casi irreconocible por los celos. ¡Nadie le iba a quitar a su bebé! Esa bruja las iba a pagar. ¡Soñaba! Si creía que iba a poder amarrar a Sasuke con alguna excusa barata.
— Se llama Sakura, no hagas un escándalo ¿sí? — le dijo su hijo rodando los ojos. Lo que menos quería ahora era un drama.
— Pero Sasuke… ¿no ves que te está usando, sólo porque tú eres apuesto, buen mozo y altamente sociable? — dijo Mikoto inflando las mejillas, en un acto totalmente infantil.
— Madre, no seas exagerada — pidió el de cabello negruzco.
— Es la verdad ¿quién no haría eso, con un hijo como el que tengo? — dijo melodramáticamente, pellizcando la mejilla de su chiquitín.
En ese mismo instante, la puerta se abrió dejando ver la desarreglada figura de la chica que hasta hace momentos había estado durmiendo en la misma cama de Sasuke.
La chica sonrió al ver la tierna escena que Sasuke protagonizaba con la que, estaba segura, era su madre. Aunque, no cabía mucha posibilidad de duda, pues ambos eran idénticos.
Su madre a simple vista era hermosa. Su cabello era igual de negro que el de Sasuke, lacio y largo hasta un poco más debajo de la mitad de la espalda. Su piel se notaba un poco bronceada. Era alta y su postura delataba la elegancia y la gracia que poseía esa mujer.
Sasuke apartó rápidamente la mano de su madre lejos de sus mejillas, asegurando que el calorcillo que sentía en ellas no era por la vergüenza, sino por el pellizco que le habían dado.
Se dirigió a la chica y la tomó de los brazos, guiándola hacia donde estaba su madre, que lo observaba con algo de molestia y recelo.
— Madre, ella es Sakura Haruno, una amiga — presentó Sasuke a la pelirosa.
— Amiga eh… Un gusto — Mikoto alzó la barbilla y le lanzó una mirada altiva.
Sakura sonrió, sin notar la leve hostilidad de la mujer hacia ella.
— Entonces… nos vamos — masculló Sasuke, evitando alargar el incómodo momento, después de unos minutos de silencio donde su madre y Sakura se miraban fijamente.
— Está bien, ve con cuidado — se dirigió a Sasuke solamente, y antes de marcharse con un paso exageradamente orgulloso, le echó un último vistazo a la extraña chica de cabello rosa.
Ambos jóvenes se dirigieron a la salida de la gran casa, Sasuke con los nervios crispados por lo que había pasado y Sakura algo desorientada, al no saber como es que había llegado hasta ahí.
Sakura se adelantó, dio media vuelta y se detuvo, tratando de impedirle el paso a su amigo.
— ¿Qué? — le preguntó Sasuke con el ceño fruncido.
— … — Sakura lo miro por unos instantes e hizo una seña como si cargara un bolso invisible.
— Ah, está en el auto, vamos, te llevo — le informó el pelinegro apartándola bruscamente de su camino y siguiendo derecho a la gran puerta de roble.
Sakura lo siguió negando con la cabeza repetidamente, pero él simplemente no la vio.
Se dirigieron al auto de Sasuke con paso apresurado, el pelinegro levantó los seguros y abrió la puerta del copiloto esperando que la chica de cabello rosa se subiera. Al ver que sólo se quedaba ahí como tonta viéndolo con los brazos cruzados se impacientó.
— ¡Súbete! — le gritó, pero enseguida se arrepintió al ver como ella se encogía en miedo. Lo que menos quería es que le temiera, no lo… ¿soportaría?
— … — la chica se subió al lujoso auto sin rechistar, la amenazante voz y sus ojos llenos de alerta la convencieron de inmediato. ¿Ahora por qué estaba enojado? Maldito bipolar.
La chica se dio la vuelta buscando su mochila en el asiento y cuando la localizó la puso en sus piernas. Hizo caso omiso cuando el pelinegro abrió la puerta y se sentó frente al volante, giró la vista hacia la ventana y trató de contener las lágrimas. No estaba acostumbrada a que la trataran así sumándole el hecho de que era una llorona. Lo sabía, se lo habían dicho incontables veces.
— Sakura — Sasuke la llamó con un tono mucho más suave que el anterior.
El pelinegro suspiró con resignación al ver que no iba a voltear, y de nuevo se sintió culpable por comportarse como una bestiezota.
Puso el auto en marcha, sin saber a dónde dirigirse, era obvio que no sabía donde vivía Haruno. Pensó que lo mejor sería dirigirse al centro de la ciudad y de ahí, que ella le indicara hacia dónde ir.
El camino fue en extremo silencioso, solo sonaba el radio con una vieja canción romántica. Frustrado, cambió la estación, y al no encontrar nada mejor, puso su viejo disco de los Rolling Stones.
Paró cuando el semáforo indicó el rojo, cerca de la avenida principal. Estaba tan concentrado pensando en qué haría, que no escuchó que la pelirosa abría la puerta y salía apresuradamente de ahí. Volteó al escuchar el ruido del claxon, que le pitaba a una muchacha que corría en plena calle. No reaccionó hasta después de unos segundos, sabiendo que conocía esa silueta.
Joder.
Maniobró con el coche y lo dejó donde pudo. Inmediatamente, salió apresuradamente en busca de esa maldita mujer.
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Había estado todo el camino conteniendo las lágrimas y sintiéndose como una tonta. Así que en cuanto tuvo la oportunidad, salió corriendo del auto, en vista de que el pelinegro ni siquiera parecía estar en el mundo real.
Abrió la puerta y solo corrió. ¿A dónde? No sabía, solo quería estar lejos de ese chico que la hacía sentirse tan extraña. Se llevó un susto de muerte al ver las luces de un auto que se dirigía hacia ella, así que solo corrió más rápido.
Aminoró el paso cuando vio que estaba cerca del bar al que había ido el primer día que había llegado. Tsunade estaría encabritada, el sol se había ido y calculaba que eran al menos las 8 de la noche.
Tomó fuertemente las agarraderas de su mochila y caminó decidida, diciéndose a sí misma que recordaría el camino a casa en cuanto estuviera en marcha.
— ¿Vas sola? — la voz y el olor a alcohol le hicieron voltear, asustada.
— … — no respondió y se limitó a observar al viejo de cabello cano que estaba recargado en una pared.
— Hmm, parece ser que sí ¿necesitas compañía, linda? — dijo, para después largar una irritante carcajada que retumbó en los oídos de la chica.
Se dio la vuelta y trató de seguir su camino, ignorando los pasos que sabía que la seguían. Sin aviso, la rasposa mano del extraño la tomó de la muñeca, dándole la vuelta. Sintió el impacto de su gran mano en su mejilla y los besos en su cuello.
Abrió los ojos, sintiendo el ardor en su mejilla, dándose cuenta que la cara del extraño se había deformado, convirtiéndose en una cara delgadísima, con la nariz ancha y los ojos pequeños. El cabello canoso ahora era de un color atezado.
Ya no era el borracho desconocido que había estado recargado en la pared, no más, ahora era el despreciable que la había golpeado y maltratado en su infancia. Eichi Senju. El hermano del padre que la abandonó.
Cerró los ojos, tratando de alejar al su tío y a los recuerdos de su mente, agitó las manos, manoteando a la persona que la sostenía.
— ¡Detente, suéltame! — gritó Sakura, con las lágrimas corriéndola y la garganta ardiéndole.
— Sakura, está bien — dijo Sasuke aturdido, por fin, había… hablado.
Sakura abrió los ojos y sólo observó los ojos negros de Sasuke Uchiha. No estaba el desconocido ni su tío, sólo ellos dos. Aturdida, volteó a todos lados y encontró al desconocido retorciéndose en el sucio piso de la calle.
Jamás se dio cuenta del momento en que Sasuke había llegado, furioso y golpeó al hombre que estaba casi encima de la pelirosa, ella lloraba y eso sólo aumentó su furia. Lo golpeó y tomó a la pelirosa, cobijándola en sus brazos cuando de la nada la chica se descontroló y le gritó.
Las palabras de la chica habían sonado desgarradas por el poco uso que le había dado a su garganta en los últimos años. La chica lloró de nuevo.
— Detenlo, Sasuke — lloró Sakura, enterrando la cabeza en su pecho, y repitiendo las palabras con voz amortiguada.
El azabache sólo atinó a abrazarla más fuerte y acariciar su cabello, repartiendo suaves besos en él. Pronto se vio en una encrucijada. ¿Detener a quién? ¿Al desconocido o se refería a alguien más? Tal vez, al desgraciado que había llamado Eichi.
Se dio cuenta que tener a la pelirosa llorando en sus brazos se estaba haciendo una costumbre, pero la pregunta que se planteó en su mente, le encogió el estómago y el pecho en dolor.
¿Por qué cosas había pasado esta chica, qué tanto daño le habían hecho?
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Bieeen, y aquí estoy, actualizando y esperando que les agrade. Por fin, mi mente se ha aclarado y mi imaginación y creatividad salió a flote. Maldita.
Jaja, está bien, sólo espero que disfruten la lectura y pues, creo que desde aquí, ahora sí empieza lo bueno;)
Nos vemos en la próxima actualización. Gracias.
Ciao.
