Mi Deseo.

Capítulo diez: Lazos.

Ichigo apretó los ojos dolorosamente, tratando de aguantar las lágrimas mientras esperaba en uno de los pasillos del cuarto escuadrón por noticias sobre su madre.

Su padre estaba sentado a su lado con sus hermanitas en sus rodillas, tratando de sonreírles a pesar de que sus ojos estaban repletos de lágrimas. Al igual que en la otra realidad, él estaba tratando de parecer fuerte aun en estos momentos. Las niñas no estaban sonriendo ni nada, pero al menos gracias a su progenitor habían dejado de llorar.

Toshiro estaba sentado frente a ellos con el rostro demacrado por la preocupación. Gin y Rangiku estaban sentados a su lado, tratando de consolarlo a pesar de que tampoco estaban exactamente de un buen estado de ánimo. Kaien y Miyako estaban apoyados en una pared al lado de las filas de asientos. Rukia había estado con ellos, pero luego de unas horas anunció que iría a buscar algo de comer para todos, puesto que ya llevaban demasiado tiempo allí esperando por que alguien les diera alguna novedad.

El de cabellos anaranjados recordaba muy bien la cara de pesar de Isane en cuanto salió de la habitación donde atendían a su madre para llamar a más personal. Ella se veía desesperanzada y los miraba como pidiendo disculpas. Para nada una buena señal. Aunque, sí su teoría de los "ajustes de la realidad" era cierta, entonces ya todo estaba perdido.

Pero, aunque su madre en este momento probablemente estaba peleando por su vida quizás inútilmente, debía admitir que su mente también se estaba preocupando por otras cosas.

Sí su teoría de los ajustes de la realidad en verdad tenía razón, entonces era inevitable que todo lo que pasó en la otra realidad, o al menos las cuestiones de vida o muerte, terminarían pasando también en esa realidad ajustándose a su edad física, como lo fue el nacimiento de sus hermanas y ahora la… la segunda m-muerte de su madre.

Pero… si su madre llegaba a morir ahora, no creía poder soportarlo. No otra vez.

Aun en medio de estar poniendo toda su concentración en no romper a llorar para no arruinar la calma de sus hermanas, oyó pasos acercarse y al levantar la cabeza pudo ver a Rukia acercándose con varias cajas de bento, sin embargo lo que lo sorprendió fue ver a Urahara venir detrás de ella.

La ira lo invadió al verlo, tuvo que apretar los puños para no lanzarse a tratar de matarlo aunque sabía que no tenía la capacidad. Ahora no era el momento de montar una escena.

La Kuchiki detuvo su andar al llegar al lado de su teniente y tercer oficial, pero Urahara siguió de largo y solo dedicó a Ichigo una rápida mirada de reojo antes de invadir la sala donde atendían a su madre sin ningún tipo de permiso.

Él frunció el ceño, preguntándose que podría querer ahora ese demente, pero antes de que pudiera seguir Rukia se acercó a él con una sonrisa compasiva y se sentó a su lado, pasándole una caja de bento.

-Por favor, Ichigo-kun.- le acarició el cabello tiernamente. –Come.- el pequeño asintió aun conteniendo las lágrimas, abriendo la caja y sacando los palillos con manos temblorosas. No tenía hambre, pero no soportaba seguir viendo la mirada repleta de preocupación e impotencia por no saber qué hacer en sus ojos violáceos.

Comió y bebió sin ganas, agradeciendo mentalmente el ruido que producían las conversaciones alegres de su padre con Gin y Rangiku, esforzándose los tres por tratar de hacer reír a sus hermanas, solo logrando algunas risitas de Yuzu y pocas sonrisas de Karin. Rukia también estaba hablando con Kaien y Miyako, que se habían acercado. Solo Ichigo y Toshiro permanecían en silencio, pero el primero agradecía poder escuchar las voces ajenas en vez de sus pensamientos pesimistas.

Se frotó los ojos después de varias horas de esperar. Rukia ya se había retirado por la insistencia del matrimonio Shiba para que fuera a dormir a su casa y regresara luego, y que de paso notificara a los demás que aún no tenían noticias de la situación de Masaki. Sus hermanitas estaban dormidas sobre el regazo de su padre, él permanecía despierto casi sin siquiera pestañar, mirando fijamente a la puerta de la sala de operaciones, acariciando las cabecitas de las niñas. Rangiku estaba dormida con la cabeza en el hombro de Gin, que parecía adormilado, Toshiro, por otro lado, estaba completamente recto en su lugar, parecía no haberse movido desde que llegó.

Luego de horas, seguramente cuando ya era de madrugada, finalmente el sueño y el cansancio mental fueron demasiado para él y terminó recostándose sobre el brazo de su padre, cayendo dormido poco tiempo después.

Cuando despertó, la luz del amanecer se filtraba por las ventanas. Había dormido poco, y aún seguían sin noticias sobre la condición de su madre. Sus hermanas seguían dormidas, Gin y Rangiku ya estaban roncando, mientras que su padre y Toshiro parecían no haberse movido en lo absoluto. Kaien y Miyako recién empezaban a bostezar.

Rukia regresó con Shinji y Momo detrás de ella. Shinji fue a hablar con Kaien, Momo de inmediato se lanzó a abrazar a Hitsugaya sollozando, despertando a Gin y Rangiku, mientras que la Kuchiki, para su completa sorpresa, pasó de largo a sus superiores sin siquiera dedicarles una mirada y se sentó junto a él, posando una mano en su cabeza y prometiéndole que todo estaría bien.

Ichigo reprimió las ganas de llorar. Pese a la posibilidad de perder a su madre, se sentía bien tener a Rukia apoyándolo en un momento como este. Se abrazó a ella, sorprendiéndose gratamente cuando no mostró su usual incomodidad y en cambio correspondió su abrazo, dejándolo reposar sobre su costado abrazado a su cintura.

Pasaron las horas, Yuzu y Karin parecían deprimidas sin atreverse a dejar el lado de su padre, sus pequeñas mentecitas apenas se habían recuperado del horror vivido el día anterior. Gin y Rangiku se habían sumado a la conversación de Kaien y Shinji, y ahora Toshiro parecía menos rígido mientras permitía a Hinamori abrazarlo. Su papá no se había movido para más que sonreírles a las niñas.

Poco después de haber tomado el desayuno, la puerta de la sala de operaciones se abrió. Todos los ojos de inmediato volaron al lugar, fijándose que fue Urahara el que salió, únicamente él y nadie más. Su padre finalmente se puso en pie y entregó a las gemelas a Miyako para que las sostuviera mientras él iba a hablar con el sombrerero.

El de cabellos anaranjados también se puso en pie, acercándose al ex tendero. Desearía haber podido anticipar algo por la expresión de su rostro, pero los ojos del maldito estaban cubiertos por la sombra de su sombrero, y su abanico estaba abierto impidiendo la visión de su boca como para ver qué tipo de mueca podría estar haciendo.

-¡Kisuke!- el actual capitán del décimo escuadrón posó una mano firme en su hombro, su rostro finalmente reflejando su puro miedo y desesperación. -¿Cómo está Masaki? ¡¿Cómo está mi esposa?!- tomó con ambas manos el cuello de su kimono.

El rubio misterioso se mantuvo en desesperante silencio por lo que pudieron haber sido horas pero probablemente solo se trató de poco menos de dos minutos, manteniendo a todos a la expectativa de sus próximas palabras, antes de finalmente cerrar el abanico, enseñando su sonrisa tranquilizadora.

-Me alegra informar, Isshin-san, que tu esposa vivirá.- su padre se congelo, mientras un jadeo de felicidad colectiva era expresado por la mayoría de los presentes. Ichigo se quedó sin aliento. –Estuvo muerta por varios minutos, de hecho, pero logramos reanimarla a último momento. Su vida ya está fuera de peligro, pero ahora su recuperación está en manos de Unohana-san.- palmeó el hombro del Shiba de ojos grises antes de apartarse y acercarse a Ichigo, hincándose levemente a su altura. –Descuida, Kurosaki-san.- sonrió por detrás de su abanico. –Tu mami vivirá… Esto no fue un ajuste de la realidad, solo un evento desafortunado que ya se resolvió.- guiñó un ojo antes de retirarse con shunpo.

Tal vez Ichigo lo habría maldecido por no darle más información al respecto en otra ocasión, pero ahora, estaba demasiado ocupado secando las lágrimas de felicidad bajando por sus mejillas, invadido por la enorme sensación de alivio y felicidad. Su madre viviría. ¡Realmente viviría! El mundo ya no volvería a ser gris para él.


Rukia suspiró aliviada al oía la noticia de que la señora Masaki-san viviría, y sonrió al ver la inmensa alegría y alivio que reinaba entre esta gente antes tan triste.

Kaien-dono estaba abrazando felizmente a su esposa, que besaba su mejilla jubilosamente. El capitán Hirako ahora era el que sostenía a las gemelas, y las hacía rebotar en sus brazos informándoles felizmente que su madre pronto estaría con ellas. La teniente Hinamori estaba chillando palabras de alegría zamarreando al tercer oficial Hitsugaya aun atrapado en su abrazo, mismo que extrañamente mostraba una pequeña sonrisa de alivio. El capitán Ichimaru y la teniente Matsumoto se habían lanzado a abrazar al capitán Shiba, finalmente sacándolo del shock por lo que empezó a reír y llorar del alivio.

E Ichigo-kun… el pequeño adorable estaba secándose las lágrimas de felicidad, sonriendo aun entre su llanto.

La Kuchiki sabía que probablemente no debería estar allí, teniendo en cuenta que había gente más cercana a Masaki-san y un número limitado de las personas que podían estar en el pasillo de espera, pero… había tenido el impulso de estar junto a Ichigo-kun.

A lo largo de todos estos años, inevitablemente un sentimiento de cariño había surgido en ella hacia este pequeño y extraño niño que tanto la admiraba por una razón aún más extraña. Aun sí el capitán Urahara realmente había escrito un libro poniéndola a ella como protagonista, no terminaba de entender por qué el chico parecía tan interesado en ella cuando definitivamente su vida no estaba ni cerca de parecerse a la de una heroína de novela.

Las largas miradas del pequeño hijo de los Shiba y la forma en la que le hablaba muchas veces la confundía, pero no pudo tener la capacidad de cortar lazos con él a pesar de su incomodidad inicial, porque no era tan cruel como para romperle el corazón a un niño, y ahora así había acabado. Se sentía profundamente conectada a este pequeño, de manera ahora irreversible.

Cuando se enteró de lo que le pasó a su madre, sintió que él podría necesitarla, o al menos apreciar su apoyo. A partir de ese día, se dio cuenta de que realmente llegó a apreciar mucho a este pequeño, y sabía que desde entonces siempre trataría de estar ahí para él.

Normalmente trataba de evitar más lazos emocionales, pero no lo pudo evitar, y a este niño nunca le importó que ella fuera de un clan noble o quién fuera su hermano, él apreció su compañía aun después de descubrir que ella no era ninguna heroína de cuento, y era todo lo que necesitaba para que llegara a apreciar mucho su compañía también.

Permaneció en el pasillo de espera sonriendo suavemente al ver a su pequeño amigo sonreírles a sus hermanitas y a su padre, todos muy aliviados que su mamá esté bien. Él brincó felizmente hacia ella poco después, dándole un pequeño abrazo y agradeciéndole por haber estado allí. Realmente estaba muy feliz, casi como si momentos atrás no hubiera tenido ninguna esperanza de que su progenitora se salvara.

Para un niño tan pequeño, él tenía algunos comportamientos bastante impropios de su edad. Aunque bien, las cosas en la Sociedad de Almas, con tantos años viviendo, siempre podían tomar un rumbo extraño y ser aceptadas como normales.

Isane salió al poco tiempo y les informó que la familia ya podía visitar a la paciente, aunque solo el esposo y los hijos, que de inmediato se internaron en la sala sin perder tiempo.

Apenas se fueron, Rukia se permitió a sí misma fruncir el ceño, concentrándose en algo que había escuchado del capitán Urahara antes de que se fuera. ¿A qué podría haberse referido cuando dijo que "esto no fue un ajuste de la realidad, solo un evento desafortunado que ya se resolvió"? Eso había estado dándole vueltas en la cabeza, pero en un primer momento simplemente creyó haber escuchado algo mal.

La verdad, siempre notaba a Ichigo solo un poco más raro de lo normal en presencia del capitán del doceavo escuadrón, y aunque no le veía ningún sentido a lo que había escuchado, estaba bastante segura de que no escuchó mal después de mucho pensarlo.

Pero de cualquier forma, solo tendría que quedarse con la duda. Ella no tenía la autoridad ni las agallas suficientes como para encarar a un capitán y hacerle una pregunta posiblemente estúpida, y no quería molestar a su pequeño amigo con cosas que probablemente él tampoco entendió.

Con un suspiro, decidió que ya era su momento de retirarse. Se puso en pie y se acercó a sus superiores, inclinándose ante ellos.

-Disculpe, Kaien-dono.- sonrió nerviosamente. -¿Podría decirle a Ichigo-kun que puede buscarme cuando quiera y que por ahora me retiró? Quiero darle las buenas noticias al capitán Ukitake y los demás.- informó a su teniente, que posó la palma de su mano en su cabeza con una sonrisa comprensiva.

-¡Claro, Kuchiki! ¡Déjamelo a mí!- aseguró con un guiño. -¡Ve a decirle al capitán, ve!- prácticamente la empujó aunque aún con su sonrisa amable.

Ella se apresuró a marcharse con un sonrojo y una gotita bajando por su sien.

Fue hacia su escuadrón y se acercó a la habitación donde descansaba su capitán, tocando suavemente la puerta.

Cuando Ukitake le permitió entrar y le invitó una taza de té, ella empezó a explicarle la situación de la señora Masaki, a lo que él se mostró sumamente aliviado y le aseguró que se encargaría de divulgar la buena noticia, por lo que se marchó al poco tiempo.

Al día siguiente, volvió al cuarto escuadrón y se encontró con su teniente y tercer oficial hablando con el capitán Urahara. Ella les preguntó por Ichigo, a lo que le contestaron que estaba adentro visitando a su madre, puesto que afortunadamente ya se encontraba consciente desde la madrugada.

Sonrió alegre ante la noticia y pidió que le avisaran a su pequeño amigo que vendría a visitarlo mañana a la tarde. Y así lo hizo, por lo que él la recibió contento contándole todo acerca de la recuperación de su mamá y lo mucho que hablaron ayer, también la arrastró a visitar a su madre, que la saludó con amorosa amabilidad y le agradeció por haber cuidado de su hijo en su ausencia. Ella era una mujer sumamente encantadora.

A las pocas semanas, afortunadamente Masaki-san pudo volver a su casa con su familia, según le contó Miyako-dono, y ella misma fue a visitar a Ichigo y de paso tomar algo de té con la señora. Luego de acabar los bocadillos, la Quincy fue a atender a sus dos bebés y ella se quedó sola con su hijo, que se la quedó mirando de modo bastante extraño, aunque no era nada nuevo.

-¿Pasa algo, Ichigo-kun?- le sonrió amablemente.

-Yo…- frunció su pequeño ceño. –Quiero… quiero entrar a la Academia Shino y convertirme en shinigami.- confesó de sopetón.

La boca de ella cayó mientras recuerdos no muy gratos de aquel lugar invadían su mente. Frunció el ceño, sin imaginarse a este pequeño niño adorable en ese ambiente. Bien que era rudo pero alguien podría hacerle daño y tenían sistemas muy estrictos, y apenas tendría tiempo solo para visitar a su familia, así que podría significar seis años de no verse.

No, definitivamente la idea no le gustaba ni un poco, pero teniendo en cuenta la situación que este niño vivía ahora, siendo el blanco de los enemigos públicos número uno del Gotei 13 en estos momentos, no se sentía en posición para ir en contra de su deseo. Era sensato, en cierta medida.

-¿Hablaste con tus padres al respecto?- solo pudo preguntar, sin poder estar del todo de acuerdo con su idea.

-No.- sacudió la cabeza. –Sé que mi padre me dirá que no, y no quiero preocupar a mi mamá ahora que acaba de salir del hospital. Esperare un tiempo y les diré acerca de mi decisión para inscribirme el próximo año.- suspiró, su tono y su mirada viéndose más profundas y maduras de lo que nunca había visto antes.

Pudo notar que esta vez, Shiba Ichigo hablaba completamente en serio.

-¿Ya has tomado la decisión, eh?- fue más una afirmación que una pregunta, podía ver en sus ojos que nadie iba a hacerlo cambiar de decisión, podía ver su absoluta determinación, y aunque la asustaba la posibilidad de que al ser un shinigami vaya corriendo a enfrentarse el peligro, lo admiraba por eso. –Eres un niño asombroso, Ichigo-kun.- sonrió resignada, revolviéndole el cabello.

Él se sonrojó y la apartó de un manotazo, pero sonrió cuando creyó que ella no estaba mirándolo.

En las siguientes semanas, Ichigo retomó su entrenamiento con Kaien-dono, poniendo gran empeño que lo llevó a avanzar de manera impresionante en poco tiempo, al punto que ya fue capaz de derrotar a algunos shinigamis rasos y la mayoría de los nuevos reclutas a lo largo de un par de meses.

La Kuchiki se sentó viendo el entrenamiento de los dos primos Shiba mientras comía su almuerzo. El pequeño de cabellos anaranjados cada día mejoraba más, e incluso había comenzado a ser un verdadero reto para Kaien-dono. Verdaderamente fascinante.

-¡Hola, Rukia!- la voz de Renji se alzó por encima del sonido de las espadas chocando y de inmediato el hibrido se congeló en su lugar, recibiendo un golpe en la cabeza con la Shinai del teniente en consecuencia de haberse distraído.

-¡Auch, auch, auch!- lloriqueó el niño, arrancando una pequeña risa en la noble adoptada mientras hacía espacio en la banca donde estaba para que el Abarai se sentara a su lado.

-¡Rukia, se suponía que almorzaríamos frente al estanque hoy! ¿Lo olvidaste?- se cruzó de brazos antes de desempaquetar su comida.

-No te quejes, te dije que tal vez. Sabes que estos días me quedó a ver el entrenamiento de Ichigo-kun.- suspiró.

Había decidido darle una oportunidad a su amigo de la infancia, ver sí podían retomar lo perdido, pero hasta ahora le estaba resultando increíblemente incómodo en muchos aspectos.

-Ese niño tiene madre, Rukia. No tienes que jugar a ser su niñera.- se burló, ganándose un golpe en el hombro.

-No soy su niñera, estás celoso porque los niños no me tienen miedo, a diferencia de ti.- sonrió con socarronería.

-Cállate.- gruñó él, dando por terminado el tema con victoria para la de ojos violáceos.

Comieron en silencio por el resto del entrenamiento, antes de que terminara y el pequeño hijo del capitán Shiba se acercara a ellos, lanzándose directo a interponerse entre los dos, casi empujando al pelirrojo para sentarse al lado de la pelinegra.

La Kuchiki rió cuando el niño apropósito se abrazó a ella de un modo francamente… posesivo, mirando a su amigo de la infancia con la superioridad de un novio ganándole la batalla a un pretendiente que había osado pensar en robarle a su chica. Totalmente adorable.

Pocas semanas después, mientras paseaba con Ichigo por los jardines del decimotercer escuadrón luego de su entrenamiento con el teniente Shiba, él pequeño le comentó que ya tenía una fecha para notificar a su familia de su importante decisión.

-Se los diré la próxima semana.- aseguró. –Y no podrán convencerme de no entrar. No quiero volver a quedarme sin hacer nada mientras el Trío Terror atacan a las personas que amo, ¿qué tal si algún día se meten con mis hermanas?- argumentó. –No quiero correr ese riesgo, y voy a convencer a mis padres como sea.- chocó su pequeño puño contra la palma de su mano.

-Entiendo.- ya estaba resignada a que él haría esto. –Pero prométeme que también trataras de escuchar lo que ellos tengan que decirte, ¿de acuerdo? Al menos les debes eso.- aconsejó como un intento indirecto de disipar sus resoluciones.

-Sí, lo prometo.- se cruzó de brazos. –Pero no me van a convencer Rukia, estoy muy seguro.- cerró los ojos solemnemente. -¡Y ya verás! ¡Cuando me convierta en un shinigami peleare contra ti y te venceré!- ella alzó una ceja ante esas palabras.

-Oh, ¿con que eso crees?- entrecerró los ojos. –Ya lo veremos, pequeño cabeza de zanahoria.- frotó su puño en la coronilla de su cabeza, haciéndolo retorcerse y apartarse fulminándola con la mirada.

-¡Ya lo verás!- aseguró. –Y ya verás quién será el pequeño… solo espera unos cuantos años.- eso último lo susurró.

Ella solo volvió a revolverle el cabello. A veces no entendía en lo absoluto a este niño, pero ya sentía que un lazo muy especial se estaba formando entre los dos.


Hitsugaya Toshiro suspiró profundamente sentado en medio de la tensa cena familiar de los Shiba, con la pequeña Karin sentada en su regazo comiendo sus espinacas como una niña buena. A veces extrañaba darle de comer él mismo, pero ella creció muy rápido, mientras que él apenas un poco. Ahora ella y su hermana se veían como de cuatro años humanos, mientras que Ichigo ya rozaba los nueve o diez con suerte.

Hablando de Ichigo, él era el motivo de la tensión recién implantada en la cena, pues acababa de dar la noticia de que quería inscribirse en la Academia Shino para convertirse en shinigami aun a su corta edad.

Claro que el albino no era quién para juzgar su decisión, él se había inscrito viéndose mucho más pequeño, además, comprendía los motivos del de cabellos anaranjados. Las cosas se pusieron mucho más serias con el asunto del Trío Terror desde que casi matan a Masaki. Es más, Toshiro aún se sentía culpable por no haber llegado a tiempo a protegerla pese a que fue hace más de medio año ya.

-Ichigo…- su capitán dejó sus palillos y se cruzó de brazos, mirando seriamente a su único hijo. -¿Qué fue lo que dijiste?- su tono demostraba que no se encontraba nada contento.

Karin se tensó en sus piernas ante las miradas de su padre y su hermano, por lo que él le acarició la cabeza tratando de tranquilizarla.

-Dije que quiero inscribirme en la Academia Shino, y no me van a convencer de lo contrario.- repitió el niño con rebeldía.

-Ichigo…- su madre se llevó las manos al pecho con una mirada preocupada. -¿Por qué quieres algo así, hijo?- sus cejas se doblaron con angustia.

-Lo siento, mamá.- cerró los ojos dolorosamente. –Pero no voy a soportar que esos bastardos del Trío Terror vuelvan a herir a alguien a quien amó mientras yo no puedo hacer nada. Quiero protegerte a ti, y a Yuzu y Karin.- apretó los puños.

-¿Onii-chan se quiere ir?- los ojillos mieles de Yuzu se llenaron de lágrimas. –Los que van a la Academia se van mucho tiempo.- sollozó, seguramente recordando el hecho de que su amiga Tsumugiya Ururu ese año se había ido a estudiar en la Academia.

-¡Ichi-nii no nos quiere! ¡WAAAAAA!- Karin de inmediato estalló en llanto, por lo que el tercer oficial se apresuró en abrazarla contra su pecho, callando sus sollozos y chillidos casi de inmediato, pero siguió soltando pequeñas lagrimitas, por lo que él tuvo que mirar mal al hermano mayor.

-¡Sí las quiero, y no me voy a ir!- prometió el pequeño agitando las manos frenéticamente. -¡Los visitare cada vez que pueda! Pero esto es para que pueda cuidar mejor de ustedes y de mamá.- aseguró con una sonrisa nerviosa.

-¿No dejaras que vuelvan a lastimar a mamá?- los ojos de Yuzu brillaron mientras Masaki la tomaba en brazos para secar sus lágrimas.

-No, nunca más dejare que vuelvan a lastimar a mamá. Pero para eso tengo que convertirme en shinigami.-

-Oh…- Karin desenterró su cabecita de su pecho. -¡Entonces quiero ser una shinigami también!- aplaudió con entusiasmo.

Hitsugaya se horrorizó.

-Tú eres muy pequeña para eso.- la regañó suavemente haciendo que lo mirara a los ojos para que captara correctamente la severidad de sus palabras, por lo que hizo un adorable puchero pero no volvió a discutir, por fortuna.

-Tú también eres muy pequeño aun, Ichigo.- Isshin negó con la cabeza. –Puedes ser bueno en el Zanjutsu y un poco en el kido, y tener una buena educación. Pero no te enviare a un lugar donde no pueda vigilarte. ¡Serías el blanco perfecto para el Trío Terror!- estrelló la palma de su mano contra la mesa, sobresaltando a las niñas.

-Isshin, tranquilízate.- Masaki posó una mano en su hombro. –Ichigo, comprendo que quedaste muy afectado por nuestro último encuentro con el Trío Terror, pero aun eres un niño, y el Trío Terror aún es una amenaza. No puedes esperar que te alejemos de nosotros dejándote tan expuesto.- argumentó racionalmente.

-Mamá, papá.- tomó una profunda respiración. –Seamos sinceros, no importa dónde esté esos bastardos siempre son una amenaza.-

-¿Qué son "bastardos", Toshi-nii?- le preguntó Karin inocentemente en un susurro.

-Karin, no quiero que nunca jamás vuelvas a decir esa palabra.- frunció el ceño, pensando que luego regañaría al primogénito de su capitán. –Ahora, cualquier palabra desconocida que diga tu hermano, no preguntes, y no la digas.- instruyó.

-Bueno, Toshi-nii.- asintió obedientemente.

Él hizo una mueca. No le gustaba ese apodo que hace ya bastante tiempo le dio, pero lo toleraba porque era demasiado linda como para discutirle, incluso la dejaría llamarlo enano sí quisiera. Ya bastante le había costado hacer que el brillo volviera a sus ojos desde que casi pierde a su madre, él nunca sería el responsable de volver a borrar esa sonrisa.

-Además,- continuó Ichigo. –Ururu estará allí, y Urahara ya me prometió que cuando me inscriba inscribirá a Jinta, así que no estaré solo.- informó. –Y, para serles sincero… ya me harte.- frunció el ceño. –Vivo con miedo, e impotencia…- miró a los ojos de su padre. –Me dijiste que mi nombre significaba proteger… pero no siento que pueda hacerlo. Por favor, papá.- sus ojos expresaban suplicas. –Déjame hacer esto. O no podré estar tranquilo en esta casa.- rogó.

Isshin permaneció serio, su rostro cuidadosamente en blanco como pocas veces se lo había visto. Finalmente, frunció el ceño y abrió la boca para decir algo, pero en ese momento Masaki se levantó de su asiento y lo tomó de la muñeca.

-Isshin, querido, hablemos afuera.- igual de seria que su esposo, la mujer lo arrastró afuera sin esperar siquiera una respuesta.

Se quedaron ellos cuatro solos en la mesa, en un incómodo silencio hasta que Yuzu empezó a tararear una canción y Karin perdió interés en la discusión, pidiendo más comida y poniéndose a comer como si no hubiera un mañana. El albino se quedó mirando al de cabellos anaranjados por un momento, examinando su rostro malhumorado mientras apoyaba las mejillas en los puños observando la puerta por donde habían salido sus padres. Se cansó después de un momento, y volvió a prestar atención a la pequeña pelinegra en su regazo, recordándole usar las servilletas y añorando los días en los que necesitaba de él para comer.

Seguramente antes de que siquiera se diera cuenta, ella ya tendría novio… No es como si fuera a dejar que el primer idiota que se cruzara se la robara tan fácilmente, por supuesto.

Había cedido el resto de su cena al apetito insaciable de la niña en su regazo cuando el capitán Shiba y su esposa volvieron al comedor, ambos con rostros muy serios.

-Bien, Ichigo.- Isshin se sentó frente a su primogénito. –Te dejaré entrar a la Academia Shino.- la boca de las gemelas cayó, Masaki suspiró y Toshiro se sorprendió aunque supo ocultarlo, mientras que el más pequeño sonrió enormemente. –Pero tienes que prometerme que te apegaras a los reglamentos y horarios de la Academia, y que no te molestaras cuando sienta la necesidad de ir a visitarte en medio de tus clases.- sonrió suavemente, borrando la sonrisa de su hijo con lo último.

-Prometo que me enfadare.- murmuró malhumorado. –Y también prometo lo otro. Gracias, papá.- correspondió la sonrisa.

Por los siguientes meses, se la pasaron instruyendo a Ichigo sobre todo lo necesario para ingresar y sobrevivir a la Academia Shino mientras esperaban a que se reanudaran las fechas de inscripción y pudiera pasar el examen para ingresar. Claro que él era noble y podría pasar directamente a un escuadrón sin necesidad de estudiar en la Academia por ya estar recibiendo entrenamiento shinigami, pero siendo un Shiba eso no era precisamente su estilo.

Finalmente, el día del examen de ingreso llegó y su capitán llevó a su muy nervioso hijo a las instalaciones de la Academia con las mejores expectativas, volviendo luego de varias horas con el niño aún más nervioso porque publicaban los resultados en días.

Acompañó a Masaki y a Ichigo a ver los resultados poco después, sonriendo suavemente ante como vitorearon y se abrazaron al ver que había sacado una nota muy alta y que iba a ingresar en las clases avanzadas. Le dieron el uniforme y su itinerario para presentarse en su nueva habitación y en sus nuevas clases la próxima semana.

El día llegó. El que consideraba como un hermano menor empacó su maleta y se vistió con el uniforme de la Academia Shino, convirtiéndose oficialmente en un aspirante a shinigami. Todos se reunieron en la puerta de su casa para verlo retirarse llevado por sus padres a tener su primer día en la Academia.

Varios capitanes, como Gin, Ukitake y Kyoraku, y sus tenientes, fueron a desearle suerte, por supuesto Matsumoto también. Bueno, Matsumoto ya se apellidaba Ichimaru, pero se negaba a llamarla así, era la costumbre. Hinamori y Hirako también estuvieron allí, y Hinamori de inmediato se lanzó a abrazarlo.

Momo estaba mucho más cariñosa con él desde que se abrió a ella cuando Masaki casi muere, portándose aún peor como una hermana mayor excesivamente pegajosa. No es que le molestara mucho, al menos así ya no lo ignoraba tanto por estar con su novio Izuru, pero aun así le incomodaba, no estaba acostumbrado a las muestras de afecto… que no provengan de Karin, pero ella era apenas una niñita, y Hinamori ya había aprendido a no tratarlo como su osito de peluche desde que ingresaron a la Academia juntos, pero después del incidente con Masaki no pudo evitar ir a ella como fuente de consuelo.

Para Toshiro, Masaki era lo más parecido que tenía a una madre. También Rangiku, pero no había modo en el infierno maldito de que admitiera eso nunca. Los Shiba eran su familia junto con su abuela y Momo.

Cuando Ichigo se marchó de la mano con sus padres después de una emotiva despedida con Kuchiki Rukia, debió admitir que se entristeció bastante, sabiendo que desde ahora en adelante con suerte lo verían una vez cada par de meses por aproximadamente seis años. Él desde hace tiempo dejó de llamarlo Onii-chan y hasta pareció desarrollar cierto desagrado hacia su persona, pero vio nacer al pequeño y le parecía increíble lo mucho que había crecido en lo que se sintió como tan poco tiempo.

Sería bastante interesante tener a otro Shiba como shinigami y ver su desarrollo. ¿Quién sabe lo que depararía el futuro a partir de ese momento? Solo era cuestión de tiempo y ya lo verían todos, ese niño destacaba por más que su brillante cabello naranja.


Rukia suspiró tristemente entrando a los cuarteles del doceavo escuadrón. Ya había pasado todo un año desde que Ichigo ingresó a la Academia Shino, y apenas lo había visto dos o tres veces en ese lapso. El escuadrón doce siempre le recordaba que él ya no estudiaba con el capitán Urahara, sino que ahora estaba formándose para convertirse en un verdadero shinigami.

Había recibido algunas noticias increíbles sobre él en ese año. Todos sabían que iba a lucirse en la Academia, pero obtener su zanpakuto en su primer año y derrotar a su profesor en su primera pelea empleando a la ya famosa Zangetsu era simplemente bastante impresionante.

-¡Ah, Kuchiki-san!- el llamado del capitán del escuadrón que visitaba la sacó de sus pensamientos. -¡Qué bueno verte! ¿Trajiste los papeles que le pedí a Ukitake-san?- la miró con interés por detrás de su abanico.

-Sí, capitán Urahara.- se inclinó, manteniendo una actitud distante. Este capitán siempre le había parecido espeluznante. –Aquí tiene.- le tendió los documentos.

-Oh, no me los des a mí.- rió. –Dáselos a Hiyori-chan, por favor, que ella se encargue de entregárselos a Kurotsuchi-san, él últimamente no quiere verme el rostro. La última vez que me le acerque trató de escupirme acido al rostro.- siguió riendo como si esa fuera la divertida e inofensiva broma más normal del mundo de un subordinado a su superior.

-¡A mí no me mandes con ese demente!- la teniente Sarugaki llegó arrastrando a un pobre diablo que seguramente debía ser un shinigami sin rango. -¡Entrega los papeles a este pelado! Nadie lo quiere, así que a nadie le importara si lo matan.- murmuró con indiferencia antes de irse tan rápido como llegó, ignorando el estado lloroso en el que dejó a su subordinado.

-¡Oh, Shihoin-kun!- Urahara sonrió brillantemente al joven subordinado, de piel morena y ojos dorados característicos de la famosa familia noble, aunque su cabello era de un marrón muy oscuro. -¡A veces olvidó que te cambiaste a mi escuadrón! Creí que querrías seguir bajo el mando de tu prima.-

-Quería subir de rango, y no tenía muchas oportunidades en el escuadrón dos, la mayoría de los buenos puestos estaban tomados.- el joven de apariencia adolescente se rascó la nuca nerviosamente. –Además, creo que mi prima quería que lo vigilara, Urahara-sama.- rió incómodamente.

-Yoruichi-san últimamente no confía nada en mí.- lloriqueó el rubio extraño. –Solo le faltaba enviar a su hermanito aquí a vigilarme también.- se secó una lágrima más falsa que el interés de Rukia en este espectáculo ridículo.

-Mi primo nunca accedería a eso, es demasiado tímido.- sonrió con algo de rebeldía. –A mí, por otro lado, me gustan los desafíos.- de repente, pareció recordar la presencia de la shinigami del decimotercer escuadrón. -¡Oh, cierto!- se inclinó profundamente. -¡Soy Shihoin Daichi! Octavo oficial del doceavo escuadrón. Es un placer conocerla, Kuchiki-sama.- Rukia se contuvo de rodar los ojos ante el hecho de que este chico obviamente estaba más interesado en su apellido que en ella.

-Es un placer, señor.- podía verse varios años menor, pero seguía siendo un oficial. –Aquí están los documentos.- se los entregó.

-Oh, gracias.- extendió los brazos un poco demasiado bruscamente para tomar los papeles, sin darse cuenta de que una fotografía salió volando de su manga ante el brusco movimiento.

Rukia se inclinó para recoger la foto por cortesía, pero no pudo evitar mirar al levantarla, reconociendo a la capitana Shihoin abrazada a una mujer muy parecida a ella solo que con el cabello negro y mucho más largo, y una mirada mucho más dulce en sus ojos dorados.

-¡Oh! No sabía que aún tenías esa foto, Shihoin-kun.- el capitán arrebató la foto de la mano de Rukia. –Vaya… Casi no recordaba lo joven que era tu madre en esta foto. Fue mucho antes de que muriera.- meditó en voz alta.

-Aja.- Daichi se puso un poco a la defensiva, tomando la foto bruscamente. –Esta es mi madre, Shihoin Yumeko, prima de la capitana Shihoin.- explicó para Rukia como sí ella se lo hubiera preguntado. –Murió hace casi cincuenta años.- abrazó la foto contra su pecho. –Fue víctima de uno de los primeros atentados del Trío Terror.- cerró los ojos dolorosamente.

-Vaya…- inevitablemente sintió algo de empatía hacia el chico hablador. –Lo lamento mucho.- Daichi se encogió de hombros.

-Está bien, supongo. Fue hace mucho, y estoy seguro de que pronto atraparan a esos bandidos.- sonrió ensañando todos los dientes. -¿No lo crees, capitán Urahara?- miró a su superior, cuya expresión extrañamente seria estaba perdida en la nada.

-Por supuesto, pronto los atraparan.- murmuró, aunque no sonaba en lo absoluto convencido.

-Como sea, iré a llevarle estos papeles al teniente Kurotsuchi y tratar de no morir.- rió nerviosamente. -¡Fue un placer conocerte, Kuchiki-sama! ¡Esperó verla pronto!- le guiñó un ojo haciéndola bufar. Este jovencito no debería estar tratando de coquetear con una mujer como ella que debía doblarle la edad, mucho menos solo por tener interés en su título de noble.

-Con permiso, me retiró.- se inclinó ante el capitán para después proceder a retirarse para volver a su propio escuadrón.

Varios meses después, recibió la visita de Ichigo ya cursando en su segundo año de Academia directo en su escuadrón después de que Kaien-dono y Miyako-dono terminaran de tener una pequeña conversación con él. Ellos se sentaron en una banca en el jardín para conversar tranquilamente.

-¡Me encanta la Academia!- él gritó eso que ella nunca pensó. -¡Finalmente puedo usar katanas de verdad! E hice muchos amigos.- sonrió animadamente. –Ururu es genial y Jinta ya no es tan estúpido, pero conocí a estos dos chicos, Atsui y Reito, y son algo imbéciles, pero agradables, y es divertido entrenar con ellos.- llevó los brazos tras su nuca. –Mis profesores dicen que podría graduarme uno o dos años antes de la Academia, pero tengo que dejar de gastar tanto tiempo en visitas y estudiar para exámenes especiales.- hizo una mueca. –Aún lo estoy pensando. Son muy duros por allá, esa sería mi única queja.- confesó.

Rukia hizo una mueca de tristeza al ver el dilema en el que estaba su pequeño amigo. Aunque bien que ya no era tan pequeño porque parecía bastante cerca de la pre-adolescencia, y ya le llegaba hasta la barbilla, para su gran consternación. Aunque el más cascarrabias en este aspecto era el tercer oficial Hitsugaya, bastante enfurruñado porque ahora su "hermanito" era solo pocos centímetros más bajo que él.

-Has lo que creas más conveniente.- aconsejó. –Sabremos comprenderte sí eliges sacrificar las visitas para graduarte antes, creo que tus padres preferirían que vuelvas a casa lo antes posible en vez de tenerte solo pocas horas por varios años.- dio su opinión.

-En eso tienes razón, pero aún tengo que pensarlo.- suspiró.

A pesar de sus palabras, esa fue la última conversación real que tuvieron en mucho tiempo. Las siguientes veces que volvió a visitarla, su tiempo juntos fue muy breve, él había optado por menos periodos de visita para graduarse más rápido, y el poco tiempo que tenía obvio lo gastaba más en su familia, así que ella no se quejaba por más que lo echaba de menos.

El Trío Terror intentó atacar la Academia Shino en una ocasión, pero afortunadamente fueron espantados por los profesores, puesto que muchos de ellos eran ex shinigamis de alto rango, no podías meterte fácilmente con esa Academia.

Finalmente, Ichigo se graduó en su cuarto año de Academia. Ella fue a su graduación junto con su familia y Kaien y su esposa. Masaki-san afortunadamente se veía muy feliz y saludable, el capitán Shiba era tan curioso como siempre, las gemelas ya se veían como de unos seis años humanos, y el tercer oficial Hitsugaya estaba discutiendo con su teniente y su esposo el capitán Ichimaru como no era raro ver, aunque a veces ella pensaba que él debería haber sido adoptado más por los Ichimaru que por los Shiba, no importa lo espeluznante que el capitán del tercer escuadrón fuera.

Cuando vio a Ichigo vestido con el uniforme shinigami, con una gran katana atada a la espalda, un sentimiento de orgullo la invadió. Aplaudió como todos al verlo tomar su diploma, sonriéndole cuando él volteó fijando sus ojos específicamente en ella. Allí supo que sus lazos se habían vuelto más fuertes de los que ella o nadie podrían haber pensado.

Definitivamente, él era como un hermanito menor para ella.

Continuara...

N/A: Muchas gracias por sus comentarios! :'D

Lamento si este cap fue muy de relleno, pero necesitaba un poco más de saltos en el tiempo y ya era hora de que le diera más protagonismo a Rukia y otros personajes xD Y de que convirtiera a Ichigo en un shinigami oficial, claro.

Prometo que el proximo cap será más interesante :) Aunque como les dije, tendrán que tener paciencia con las actualizaciones, no quiero volver a dejar este fic en Hiatus pero probablemente tengan q esperar dos o tres meses por cada cap... Lo siento ToT

Es increible q ya esté en el cap 10, wow xD Y ya tengo más de cien comentarios! Gracias por eso TwT Estoy muy ocupada, pero prometo no volver a dejar en pausa el fic, quiero q vean las sorpresas q tengo preparadas! ;D

De nuevo gracias por sus reviews y muchas gracias por leer! :D