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Ramé

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Capítulo 10

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04 de Diciembre de 1867

Sougo:

El día de hoy pude juntar las fuerzas para volver a escribir una carta, una muy extensa, tengo mucho que contar. Quince días pasaron desde que perdí al bebe, nuestro bebe. Mitsuba ha estado a mi lado durante la semana que te fuiste de viaje, realmente le agradezco su compañía.

Agradezco todo su esfuerzo, aunque dudo que sirva de mucho. Realmente me duele, no puedo dejar de recordar todo lo que ocurrió, todo ese dolor en mi vientre, esas palabras del doctor al darme el parte médico: ´´Sufriste un aborto involuntario´´ me miro con pena al ver mi semblante desencajado ´´A veces estas cosas pasan´´ ¿Por qué a mí? Fue lo primero que me repetí mil veces en mi cabeza.

Le pedí al doctor que guardara silencio, me sentí culpable por ser tan inestable como para no mantenerlo con vida. Me siento culpable por no hacerlo. Me juzgue a mí misma por no cuidarlo durante estos escasos meses que estuvo en mi vientre, me recrimine por perderlo. Y lo hubiera hecho hasta el día de hoy, si las palabras de Mitsuba no me hubiesen sorprendido enormemente:

´´Hongou Soyo es la responsable´´ no fui capaz de articular palabra cuando soltó aquello, Dentro de mi cabeza se formaron los momentos previos a mis dolores. El como ella había señalado un ´´cuadro´´ con tu imagen, una donde eras un pequeño niño con todo un amargo futuro por recorrer, donde estabas en pleno proceso de preparación para casarte, antes de nuestro primer encuentro. Me gire dos segundos para buscarte, no te encontré en ninguno de esos cuadros. ¿Tan segura estaba ella como para equivocarse? ¡Claro que no! Me distrajo, ¿Qué mierda hizo con mi bebe? Aun no puedo dejar de sollozar, de lamentarme por tantas cosas.

´´Esa zorra me lo arrebato´´ grite internamente con desespero, sintiendo la culpa aumentar ¿Cómo la deje pasar a nuestro hogar? ¿Cómo pude confiar en ella? ¿Cómo llegue a sentir pena?

En cuanto Mitsuba termino de contarme todo, llame de inmediato a un detective. Quería que investigara todo acerca del caso, que el doctor brindara su visión, que esa mujer se pudriera en el infierno. Quería paz, pero aun así… no la obtuve.

El detective negó todo a falta de pruebas. El hombre de unos treinta años comento que la sangre derramada cubría la mancha del té, y en la taza no quedaba rastros de la sustancia que había bebido. Además, después de investigar la vida de la señora Hongou, no encontró nada sospechoso que incrimine. La única testigo fue Mitsuba, y solo podía brindar suposiciones de un hecho que no había presenciado. Nadie vio que Hongou Soyo volcara alguna sustancia en su taza de té.

Incluso la palabra del médico fue determinante cuando expreso ´´Existen hierbas que provocan un aborto involuntario, pero no actúan tan rápido, ni tampoco en tan pocas dosis´´ según su punto de vista, era imposible culpar a tu asquerosa amante. Me recetaron hierbas medicinales para calmar mi estado depresivo. Creyeron que inventaba cosas o imaginaba sucesos inexistentes.

Puede sonar absurdo, pero la palabra de Mitsuba es en lo único que creo. Me importa muy poco el título que los acompaña. Mitsuba la vio, ella se percató de su sonrisa radiante, de su alegría al verme retorcer de dolor.

¡Maldita perra!

Me importa muy poco, Sougo, que sea la mujer que tanto amas, que tu felicidad este a su lado, no te soltare nunca en mi maldita vida. Moriré envenenada por ustedes, pero espero que ella lo haga de desespero, de frustración, de desdicha.

No sabes el dolor agobiante que tengo, como me muero de dolor.

Había sido la más bella e importante ilusión que tuve, la más añorada, la más esperada. Me arrepiento por dejarla entrar, me arrepiento de no haberme fugado, por no decirle a mi hermano, cada vez que me pregunto si estaba bien, que no lo estaba, que no era feliz.

Quiero correr hasta la casa de esa mujer y gritarle todo lo que tengo guardado, dejarla expuesta aun si terminara siendo una ´´histérica´´, me importa todo Una Mierda. Pero también se, que no tengo ánimos de correr, de pelear, de gritar. Sougo, estoy muerta en vida y lo único que puedo hacer es llorar mientras guardo esta amargura en lo más profundo de mi ser.

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18 de Marzo de 1868

Los días calurosos estaban comenzando, ya estaban a dos días para que la primavera se hiciera presente y los rayos de sol golpeen con suma calidez los campos florales machitos por el frio invernal.

Sougo se encontraba hablando con el mayordomo para hacer los arreglos del nuevo personal. Por alguna extraña razón, en cuanto volvió de su ardua semana laboral en la ciudad amurallada, dos miembros importantes del servicio solicito su renuncia. Ambos, un matrimonio joven que ayudaban en las preparaciones de los alimentos, pidieron explícitamente la renuncia. No dieron una explicación, salvo que se sentían muy agradecidos por ese tiempo en la mansión Okita. Para Sougo, en esos tiempos de lucha, era casi inaudito que desaprovecharan tal oferta laboral. Sin poner peros a su decisión firmo los papeles y tacho los nombres de ´´Itou Kirie´´ e ´´Itou Kamotarou´´ de su lista de empleados.

Para Kagura todo aquello era fácil de comprender, esa repentina partida se debía a la muerte de su pequeño. La muerte de su niño provoco un quiebre emocional en Kirie, quien años atrás había pasado por algo similar a la señora Okita. Itou no se sintió de mejor ánimo que su esposa y tomo la iniciativa de partir en cuanto el señor Okita Sougo volviera a su hogar. Esa semana se volvió eterna para el matrimonio quienes no podían llevar con tranquilidad sus labores. Y no era para menos, el ambiente se sentía sombrío y la dueña de la mansión no paraba de divagar en lo que hubiese sucedido si actuara con cautela. Para la gran mayoría fue un golpe enorme.

Pero por órdenes de la señora Okita todo se mantenía en un manto de misterio, principalmente para el esposo de esta. Kagura no tenía manera alguna para asegurar que su perdida fuese por un tercero y menos por Soyo. Lo primero que recaería en su conciencia sería un ´´eres la culpable´´, ´´no tomaste los cuidados necesarios´´, ´´pobre joven Okita, ¿Qué tipo de esposa le ha tocado?´´ la presión social golpeaba en su conciencia a tal grado que no la dejaba respirar. No quería ser medicada, ahora debía mantenerse fuerte. Contrato a otro detective para que investigara acerca del caso, en secreto, lejos de todo curioso. Hasta que el día en que pudiera desenmascararla, ella se mantendría igual que siempre.

― Kagura, la señora Catherine comenzara a trabajar como ayudante de cocina de la señora Otose― Sougo se acercó a su esposa e hizo las presentaciones protocolares. La pelirroja solo se mantuvo callada, no tenía ánimos para emitir sonido alguno― en la tarde vendrán los jardineros, serán parte de la mansión. Recíbelos de buena manera― era normal que el sienta desconfianza de ella. En una semana que el no estuvo presente, dos de sus empleados armaron sus valijas y pidieron desesperados por partir de allí.

Ignorando a Sougo, Kagura se inclinó a la mujer de cabellera negra y rasgos poco femeninos para los estereotipos de la época. La saludo de forma cordial e incluso le dedico una sonrisa diminuta y mecánica que para el castaño no paso inadvertida.

―Espero que se lleve muy bien con la señora Otose― Y no era por ser mala, simplemente que Otose, la cocinera de la mansión era muy exigente con su trabajo. No recordaba cuantos ayudantes de cocina pasaron por su casa desde la partida del matrimonio Itou. Catherine acepto el saludo y rápidamente se puso manos a la obra con sus tareas.

Sougo suspiro sintiendo que todo volvía a ser como antes. Sin dejar pasar ese momento de cercanía, el castaño se despidió sin acercarse específicamente a ella y partió antes de escuchar un comentario mordaz de su parte.

Seria durante la hora del té que esos nuevos miembros al servicio llegarían. Durante la toma de decisiones, Sougo, decidió elegir a un ayudante de cocina que acompañaría a Otose. Pero en cuanto tomo a esa mujer una recomendación le llego rápido a sus oídos. Gengai, el jardinero, estaba cada día mas enfermo. Su edad no le permitía moverse demasiado y el joven Okita tomo la decisión de solicitar personal para ayudar al anciano. El señor Gengai era de las pocas personas a las que apreciaba, era un hombre sabio y elocuente, bastante comprensivo y servicial, alguien digno de admiración. Para el Okita era importante brindarle un poco de paz.

En cuanto el sonido de la puerta resonó, Kagura se levantó de su sillón y con la mirada apagada partió a su recamara en busca de la carta que llego a su nombre. Estaba planeando una visita con Mitsuba para hablar de aquel tema con más tranquilidad. Hace semanas que no la veía y la joven exigía mantener una charla con respecto a Hongou Soyo. La única vez que se encontraron, después de la vuelta de Sougo, en una misma habitación fue cuando dieron el ultimo adiós al señor Yoshida Shouyo, el doctor y gran influyente en el círculo cerrado de la medicina. No fue una noticia que sorprendió a muchos, era de esperarse principalmente por el lugar al que decidió visitar. Pero no fueron las mordidas de una bestia de gran tamaño lo que culmino con su vida, sino una enfermedad extraña de esos lugares poco explorados.

Mitsuba quería hacer algo al respecto con Soyo aun si los investigadores y el medico que fue a dar el parte médico negaban la implicancia de la azabache en la muerte del heredero de los Okita. Para Kagura se estaba volviendo todo muy complicado, incluso la corta conversación que tuvo con Nobume al encontrarse en la mansión Okita, donde hablaron relajadamente de la causa de su ausencia.

´´― ¿Que sucedió con la fiesta para Kamui?―´´ La vista de Nobume no paraba de ir a su vientre y regresar a sus pupilas.

´´― Hubo un cambio de planes―´´ musito alejándose unos metros ´´― Tuvieron un error en el diagnóstico. El señor Yoshida se equivocó, nunca estuve embarazada―´´ para Kagura fue todo una sorpresa. Tenía planeado contarle la verdad, decirle desde un principio la pérdida del bebe y las dudas de su deceso, pero nuevamente los fantasmas la acorralaban. A pesar que confiaba plenamente en Mitsuba, Kagura no olvidaba que la castaña solo había visto una sonrisa triunfante en su rostro cuando ella sintió las contracciones. ¿Y si todo era por ilusiones propias? ¿Acaso una sonrisa de triunfo daba a entender que ella era la perpetradora de la muerte de su bebé? Se sentía sofocada, termino dejando todas sus decisiones a su lado racional y temeroso. Kagura volvía a las sombras.

Dejando sus recuerdos a un lado y abriendo la carta de la señora Hijikata, pudo encontrarse con la caligrafía femenina y grácil delicada de la hermana de su esposo.

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´´Kagura:

Quiero platicar contigo acerca de tu estado. Realmente estoy bien estos días, puedes estar segura de eso. Me angustia el rumbo que tomara todo lo relacionado al incidente, la conciencia de saber algo y no poder decirlo por falta de pruebas me atormenta.

Sé que tomaste una decisión y no quieres avanzar hasta no confirmar nuestras sospechas, pero creo que lo mejor es hacer algo al respecto, esto no puede seguir así.

Debes dejar de ocultar tus sufrimientos, Kagura, sé que es muy complicado de hacerlo, que te costara mucho manejarlo, pero debes ser fuerte y continuar.

Tengo que hablar contigo pronto.

Veámonos en la plaza central, el próximo jueves.

Atentamente: Hijikata Mitsuba´´

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La carta solicitaba encontrarse ese preciso día. Para Kagura, salir de la mansión, era algo muy difícil de hacer, porque aún no estaba con las suficientes fuerzas como para andar por el exterior. Ir a despedirse de su doctor fue lo más pesado que hizo. Era cuestión de protocolo, de regocijarse en el mundillo de la elite, observar la frivolidad con la que se manejaban. Nadie estaba para despedirse realmente, era otra excusa barata para ir a una fiesta social y hacer alianzas, entablar conversaciones con hombres cultos y adinerados, lo típico.

Llegando, con el carruaje, a la plaza central y escuchar el regocijo de los pequeños infantes resonar en el verde paisaje dolería demasiado. Ver los rayos del sol alumbrando las sonrisas de los niños saludables y felices, jugando y riendo, disfrutando de la vida mientras su pequeño estaba enterrado bajo tierra.

Con pesadez cambio su atuendo, eligió colores opacos y poco interesantes, un vestido con volados pero lo más discreto posible. Los listones escaseaban y el rosado que teñía la prenda se veía muerte como ella.

El día estaba bastante reconfortante, los rayos solares eran suaves y delicados. Abrió su sombrilla para cubrirse del sol mientras se acercaba al carruaje. Dio aviso a sus empleados que partiría a dar un paseo, pero no dejo ningún mensaje a su esposo, después de todo si no se preocupaba por ella.

Dentro y con los caballos comenzando a galopar, la pelirroja cubrió todo hueco que pudiera darle una visión feliz de niños divirtiéndose en el parque. Las risas ya daban un panorama bastante agridulce para su alma.

Los ojos verdes de un pequeño se hacían presentes en su imaginación y cada tanto aparecía materializado a su alrededor comiendo un trozo de pan, mientras su piernitas daban un vaivén aburrido por el viaje. Su cabello castaño claro y su tarareo la llenaban de una nostalgia dolorosa que no podía dejar escapar.

´´― Mami―´´ fue agudo y destructivo, su mente le jugaba una mala pasada mientras sus ilusiones se mezclaban con los gritos divertidos de los pequeños niños jugando en el parque.

― ¿Si?― de vez en cuando se entregaba a esa amarga irrealidad.

´´― ¿Me quieres?―´´ no pudo aguantar más, su corazón se quebró y sus compostura se rompió mientras lagrimas se soltaban amargamente de sus ojos. ¿Cómo no hacerlo?

― Si― le respondió a esa misma nada que dejaba de burlarse de ella, para mostrarle la soledad en ese carruaje pequeño.

Cuando este aparco a un costado de la acera, Kagura se bajó sin esperar las instrucciones. La plaza se encontraba escasa de público. Recordó la mención, por parte de la señora Otose, de que una plaza mucho más amplia y gigantesca seria inaugurada en esos días lejos, cerca de los límites de la ciudad. Muchas familias irían a pasar la tarde allí, disfrutar de un día de campo con un poco de té y galletas. ¿Acaso esas risas infantiles, esos gritos y gimoteos, todo había sido una dolorosa ilusión? Kagura comenzaba a creer que realmente estaba actuando como una loca.

― ¿Cómo has estado?―la voz de Mitsuba la trajo a la realidad. La mujer llevaba una sombrilla pequeña para protegerse de los rayos del sol. Seguramente había salido temprano al parque, para ese momento la luz solar no llegaba a ellos culpa de las nubes que comenzaban a arremolinarse.

― Esa debería ser mi pregunta. ¿Pasaste bien el invierno?―

― Muy bien―las ojeras debajo de sus ojos y su acentuada delgadez no le decían lo mismo― Mejor vayamos a sentarnos, traje bocadillos― levanto su canasta de mimbre invitándola a degustar junto a ella una merienda grata.

Caminaron entre medio de los arboles encontrando un sitio privado, alejado de cualquier curioso. No era una costumbre que dos damas de la alta sociedad se pongan a merendar en un lugar como ese, pero Mitsuba había insistido en hacer aquello desde hace mucho tiempo. Kagura comento, hace algún tiempo, que solía hacer algo similar con su familia cada vez que su mami estaba saludable. Fue un comentario que se le había escapado pero que rápidamente negó. Kagura trato de cambiar la historia diciendo que había sido un sueño de su infancia y que quisiera intentarlo. Pero sus engaños no sirvieron con Mitsuba quien comprendió que aquello no era tan cierto, la pelirroja tenía un semblante nostálgico cuando soltó esas palabras. No era un simple sueño, fue una realidad que ahora añoraba volver a vivir.

― ¿De qué me querías hablar?― pregunto la esposa de Sougo mientras tomaba una galleta.

― Hable con Hongou Soyo―Kagura quedo con la boca abierta mientras sus ojos se descolocaban. Se suponía que no harían nada hasta que encontraran las suficientes pruebas para incriminarla― Se lo que hablamos, solo le di una advertencia para que no se acerque a nosotros―

― Pero…―Kagura estaba a punto de objetar cuando Mitsuba la tomo de los hombros.

― no puedes vivir ocultando tus emociones, guardando tus sentimientos. Kagura, ocultando no conseguirás nada― la regaño levemente― no quiero dejar que ella vuelva a acercarse, se lo deje muy en claro― la pelirroja acepto.

No estaba ocultando sus emociones, ¿cierto? Ella solo quería evitar levantar sospechas, que Soyo confié en que nadie dudaba de sus intenciones, que no había dejado nada al aire en su accionar hasta encontrar pruebas fehacientes ¿Qué sucedería si Soyo se sintiera amenazada por Mitsuba? Para la señora Okita, estaba más que claro que no tendría piedad por nada.

― No te preocupes― volvió a tomar la palabra la mujer de cabellera castaña― No interrumpirá la investigación, para ella solo yo estoy enterada de todo―explico tranquila― Si todo esto lo hace por Sou-chan, soy su hermana, no me hará nada― la pelirroja dudaba de esa teoría.

― Ante la amenaza que le diste ¿Qué te respondió?― pregunto expectante de sus reacciones faciales.

No supo que fue lo que le dio la indirecta de que estaba ocultando algo, pero Mitsuba se tensó rápido ante esa pregunta y desvió su vista de la azulada de su compañera. Rozo su cuello con la mano para destensarse y movió instintivamente los pies mientras seguía jugando con sus dedos sobre su regazo.

― Que no hará nada― no era una mentira, pero no era todo. Algo estaba siendo omitido y ese algo era de suma importancia.

El clima se tornó más amenazante y la llovizna no iba a tardar, Kagura acompaño hasta la mansión Hijikata a Mitsuba para que llegara con cuidado. Estaba preocupada por su salud y esas palabras que no le decía.

― Gracias por traerla―

Hijikata Toushirou las había atendido con preocupación junto a su cuñado, Sougo, este último fue directo a recibir a su hermana pasando por alto la presencia de su esposa. Para la pelirroja no había sido nada nuevo ese accionar de él, ya estaba acostumbrada.

Acompañando a la mujer a su dormitorio, Kagura tomo la decisión de darles privacidad y dejar que el par de hermanos, junto a Toshi, suban las escaleras mientras ella esperaba en el recibidor. Estaba preparada para marcharse cuando la gratitud de ese hombre de cabellera negra la detuvo con su mano en la perilla de la puerta principal.

― No es nada― le restó importancia, no era la gran cosa después de todo.

― Mitsuba se fue en la mañana, dijo que tenía que hacer algo importante. Pero viendo la hora en la que estamos y que ello no llegaba, el ama de llaves se preocupó. Ella nunca se va sin decir donde estará― explico la causa de su preocupación.

― Comprendo, por eso ustedes volvieron del trabajo― concluyo su relato con especulaciones que resultaron ser correctas, el asentimiento de Toshi se lo dio a entender― Estaba en la plaza, supongo que habrá salido a pasear― la excuso.

― Seguramente― concordó con ella― Te agradezco nuevamente que la acompañaras de regreso― acaricio su cabeza como si de una hermana pequeña se tratara.

Fue una calidez reconfortante sentir el tacto de su mano en su cabeza. Hace rato que no pasaba tiempo con su hermano, que su padre estaba abarrotado de trabajo y que no recibía una muestra afectuosa de comprensión. Mitsuba solía hacer esos gestos de cariño, pero en este tiempo su salud menguaba y poco había sido lo que se veían. Recibir un trato así, la lleno de tranquilidad, provocando un sonrojo leve por la paz y la comodidad que sentía, ¡Como extrañaba a su hermano!

Fueron distintas las emociones que sintió Sougo cuando bajaba por los peldaños de la escalera. Angustia y pesadez cubrieron con dolor en su pecho ahogando su voz. A pesar que abría su boca para darse a ver, no podía emitir sonido alguno. Algo no estaba bien, ¿Por qué se sentiría tan preocupado? ¿Por qué odiaba verlos cerca? Sabía que Hijikata estaba enamorado de su hermana, entonces ¿Cuál era la causa de sentirse tan inseguro ante esa imagen?

― Kagura― con esfuerzo en su garganta, Sougo termino levantando la voz sorprendiendo a su esposa― ¿Qué paso con mi hermana?― cuestiono sin causa. Su hermana ya le había dado una pequeña explicación, ¿Por qué interrogarla de esa forma?

― Salió a dar una vuelta por la plaza― soltó sin preocupación― Nos encontramos en el centro a hablar―

― ¿Y que hacías tú allí?― Hijikata soltó un pequeño chistido. Estaba intentando no reírse de los miedos e inseguridades del hermano menor de Mitsuba.

Era tan gracioso estar presenciando una escena así, ¿Sougo le estaba montando una escena de celos?

― Fui a encontrarme con alguien― respondió sin parpadear. No era una mentira en sí, pero no aclararía que esa persona seria la propia hermana del castaño.

Sougo frunció el entrecejo con fastidio. Sus puños se presionaron aún más y su garganta quemaba por el dolor que las palabras de ella causaban. ¿Cómo era posible que no se dieran cuenta?

― ¿Con quién?―exigió sin importarle quedar en ridículo delante del bastardo de su cuñado.

― ¿Eso importa?―pregunto sin hacerse hacia atrás con su actitud amenazante― Me diste total libertad para salir con quien se me plazca ¿Lo olvidaste?― pregunto soberbia.

Desde el inicio, esa discusión, la tenía ganada Kagura. El castaño estaba consciente de sus palabras, pero aun así no podía evitar sentir ese malestar al verla tan inmutable hacia su presencia, pero si verla segura y feliz con alguien más. Sougo negaba algo que muy en el fondo sabía que era.

Sin esperar más tiempo, Kagura se despidió de Hijikata y partió a la residencia Okita con el fin de recibir a los jardineros.

― ¿Se puede saber que fue esa escenita?― Hijikata no aguanto más y soltó pequeñas risotadas― Nunca te había visto tan interesado en la vida de alguien más que no fuese Mitsuba― los ojos rojizos lo miraron fastidiado por sus palabras. Esa mujer lo volvía a dejar en ridículo como siempre.

― ¿Por qué siempre tienes que tocarla?―cuestiono con molestia. Estaba tan lleno de dudas que algo en su interior le decía que debía preocuparse― Espero que sigas queriendo a mi hermana y que no la hagas sufrir porque…― Hijikata se rio nuevamente de él deteniéndolo en plena charla.

― ¿No estarás diciendo que me interesa Kagura?, ¿cierto?― se sobo su estómago para apaciguar su dolor al reír tanto por las ocurrencias de ese mocoso. Sougo no se daba cuenta de que estaba usando una excusa para ocultar sus inseguridades, sus miedos, sus celos― Nunca me hiciste este cuestionamiento cuando hablaba con Soyo― rápidamente alejo sus ojos rojizo y los fijo en la escalera. Intento ignorar sus palabras.

― No la menciones―pidió. Estaba frustrado― iré a ver a mi hermana―

Subiendo las escaleras se alejó del recibidor para no escuchar más las palabras del esposo de su hermana. ´´Soyo´´ era un nombre que dolía horrores.

― Eres un idiota, Sougo―susurro Toushirou para sí mismo mientras dejaba una sutil sonrisa plasmada en sus labios― ¿Hasta cuándo seguirás persiguiendo un simple capricho?―

Llegando a su hogar, Kagura, dejando que el sonio del portón principal se cierre detrás de ella, escucha a dos damas de la alta sociedad charlando entre ellas mientras sueltan chismes de suma importancia para ellas. La joven esposa del Okita, es incapaz de ignorarlas cuando una de ellas suelta el apellido ´´Hongou´´

― Me sorprende que la señorita Hongou Soyo este en cita―comento una mientras la otra intentaba que bajara la voz― Siempre pensé que el matrimonio Okita seria quien tenga hijos antes que los Hongou―

― Lo sé, me pregunto si la señora Kagura tendrá algún problema para concebir hijos―

― ¿De que hablas? Sería una completa tragedia. Estaría fallando como mujer―

― Baja la voz, recuerda que esta es la mansión de los Okita― señalo al inmenso complejo de habitaciones y salones lujosos delante de ellas.

― Sí, es cierto―bajo el tono de su intensidad apenándose de que alguien pudiera oírla.

Las risas se perdieron mientras seguían caminando lejos de la entrada. Kagura estaba detrás de un arbusto, sintiendo la humedad en su rostro.

― Fallar como mujer― musito con preocupación.

Recordó un momento en el pasado. El día en que su pequeño bebe había muerto. El médico, al ver la angustia de la madre y la seguridad en las palabras de Mitsuba, espero a que el detective partiera a hacer su trabajo para dar una cruda realidad, si es que los hechos eran como ellas lo contaban. Con la suposición de que su hipótesis fuese la correcta, dio un parte que destruyo a Kagura al momento de escucharlo.

´´Si usaron alguna hierba con usted la situación se vuelve más compleja´´ ―el medico se detuvo con precaución tomando como hipótesis la palabra de Mitsuba ―´´No sabemos qué tipo de planta utilizo, pero podría implicar su estado de fertilidad´´ ― prácticamente le decía que las probabilidades de tener un hijo escaseaban. El hombre no quería asegurar nada, solo soltaba una hipótesis que podía ser acertada.

Pasando por la puerta de entrada escucho unas voces resonar en el comedor principal, camino unos pasos por el recibidor mientras una de las mucamas tomaba su abrigo otoñal.

― Los jardineros llegaron, señora―aviso muy cordialmente la mujer del servicio.

´´ ¿Los jardineros?´´ pensó Kagura, ella creía que solo sería uno el que ayudaría al anciano Gengai. Tenía un poco de intriga por los visitantes, pero al mismo tiempo estaba ansiosa por encerrarse en su habitación por lo que restaba de la tarde. Dio unos pasos hasta encontrarse con tres siluetas extrañas.

― ¡Sadaharu!― el joven de anteojos y corte prolijo recrimino a su perro que hambriento de afecto salto eufórico a los brazos de la pelirroja.

Los ladridos y la cola meneando con felicidad sorprendieron a Kagura. La fuerza del salto y la pesadez del animal la tiro al suelo. Kagura vio los ojos brillantes e inmensos de ese lindo perro afelpado de color blanco, muy de cerca.

El personal de limpieza se horrorizó al ver tal atrevimiento de ese animal. Recriminaron al par de hombres mientras ayudaban a levantar a la señora de la casa.

― ¡Sadaharu nos costaras el empleo!― el otro hombre de cabellera plateada y ojos cansados reto al perro quien no hacía caso en absoluto a sus gritos y solo daba un ladrido feliz mientras seguía moviendo la cola― No me ignores y escucha a tus mayores― ¿realmente pensaba que un animal le respondería? Ese hombre estaba loco.

― Lo lamento―se acercó el más joven de ambos― Mi nombre es Shimura Shinpachi y el…― señalo al hombre que intentaba poner límites a su can― Sakata Gintoki, seremos sus jardineros, señora― se inclinó apenado por el repentino afecto de Sadaharu con la señora de la casa.

Kagura mantuvo su semblante impasible a todo ese circo que se montaron delante de ella, solo vio su ropa sucia por el perro y al par de extraños.

― Que no vuelva a repetirse―aclaro antes de subir a su cuarto para lavarse un poco la suciedad. Quería descansar después de una tarde larga y compleja. Quería llorar por las palabras del médico, por el tiempo que tardaba el detective en la investigación, por toda su asquerosa y repulsiva vida.

Tal vez fue muy tosca con sus nuevos empleados, pero no estaba de humor. Más adelante se comportaría como una verdadera dama. Con mascaras y sonrisas, con modales y colores, con silencio y vacio.

Mañana será otro dia.

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Notas de Ficker:

No tengo tiempo para editar, en 15 minutos me tengo que ir y volveré el dia de mañana en la noche, así que espero haber escrito medianamente bien. Edite algunas partes y espero que eso sirva XD. Más adelante lo editare.

Me atrase, pero cambie mucho de este capítulo, no había nada que me convenciera demasiado XD pero bueno cosas que pasan.

Aviso Muy Importante:

Como vi los comentarios de todos, quiero dejarles un claro aviso de que este fic es Inestable Emocionalmente. Cada vez que se sienta la paz prepárense porque no abra nada lindo en los siguientes capítulos, incluso en medio de la tragedia puede volverse todo peor. Aviso para no traumarlas, tratare de dejar notas de advertencia, pero la verdad es que soy muy insensible y no se específicamente a que debo ponerle una advertencia, así que estén preparados. De cualquier manera nada se comparara con el capítulo anterior. El fic se seguirá publicando todas las semanas o incluso antes, de eso no se preocupen.

Aclaraciones:

Yoshida Shouyo: Está Muerto. Kagura recibe a otro médico el día en que pierde al bebé.

Umibouzu Katsue (Abuela de Kagura): Bendecida por la victoria.

Okita Takahiro (Padre de Sougo): hombre de linaje noble.

Gracias a Tamagito/ Tamago to gohan-aru por ayudarme a decidir por los nombres XD