Ya está aquíiiiii. Mi primer cap de acción, bueno, el pre, pre-acción, pero que tiene acción, o algo tiene, xk sino no me habría costado tanto escribirlo pese a las *mira alrededor en plan vaquero* miraditas de los del ciber. ¿Por qué causa tanta conmoción usar el word en un ciber? ;O;
Aduuuu, lo sé, Hugo no es gay...sería una falta para la naturaleza!! Y podrías collejearme por ser yo su autora! Pero decía que se comía la cabeza como yo y bla bla y al final quedó así, cortísimo como pudiste comprobar. Aquí te dejo éste, que es más largo para que lo disfrutes. Es en plan...llamémosle "cap de chicas", y ojo ahi mi inspiración que yo odio ir de compras xDDD Espero no haberme pasado mucho en la exageración O.o
De nuevo al timón! Que tengais feliz lectura ^^
P.D.: hay cosas en italiano, pero son fáciles de entender
- eres toda una señorita, Gabriella-.
Los frenos advirtieron de nuestra llegada. La verdad, lo agradecía. Estar encerrada con tres vampiresas en una misma limusina, ofreciéndote los alimentos que van equipados dentro y mirándote como si fueras su mascota porque puedes comerlas… creía que después de una semana conviviendo con Seph y sus almuerzos de té y pastas le habrían quitado aquel júbilo. Para mi mala fortuna, Crysania había accedido a abandonar la mansión, por lo que el espectáculo contaba con dos espectadoras igual de emocionadas. Y otra que literalmente se había pasado el viaje entero fulminándome con la mirada.
Me he acostumbrado, algo, al menos ahora consigo esquivar su silencio charlando con Seph y mi compañera de cuarto. Hasta hace unos días la sonreía intentando trazar alguna especie de tratado de paz entre nosotras, pero supongo que los acuerdos sentimentales no son muy vistos entre los vampiros. Hugo hasta frunce el ceño cuando pasa por nuestro lado. Supongo que es mejor no preguntar qué lee en su mente, o tendría pesadillas durante varias noches. Creo que es la única vampiresa que parece algo amenazadora de toda la familia: ahora mismo, si temiese por mi vida, no dudaría a quién señalar causante, aunque Dorian haya impuesto bastantes normas para mantener mi seguridad en extrema vigilancia. Incluso para una tarde de compras nos acompañan Ray y Hugo. No quiero imaginarme sus rostros cuando nos habrán las puertas, sobretodo la de mi amigo, que literalmente escapaba cuando le sugería pasarnos por alguna tienda… Ni siquiera lo hacía con sus ligues, iba a hacerlo con la pesada de su amiga. Y ahora aquí estamos, en frente de lo que parece un enorme centro comercial, en compañía de dos adictas a las compras y con la norma expresa de Dorian obligándole a acompañarnos.
- Bienvenidas, señoritas, a mi tortura y demás variedades textiles- murmuró Hugo con una mueca abriendo las puertas de la limusina. Lo imaginaba, había leído mi mente de nuevo.
La primera en salir fui yo, tambaleándome en unos tacones de aguja que Crysania me había obligado a lucir como festejo a mi primera salida de la mansión. Antes de que pudiera hacer el ridículo, Ray asió mi cintura y me ayudó a continuar hacia la entrada. Al instante, Crysania y Seph se presentaban a mi lado, asiendo cada una uno de mis brazos como si fuésemos niñas. Y delante, me lo esperaba, Gabriella encabezaba la marcha.
Ahora que el problema de los tacones había disminuido, pude alzar la vista para estudiar más a fondo el lugar donde nos encontrábamos. Era un centro comercial de grandes cristaleras, de un color verde y blanco y con una gran puerta giratoria tenuemente iluminada. Realmente no lo conocía, en mi ciudad no se hallaba semejante estructura, por lo que de alguna manera debíamos encontrarnos en otra ciudad, más bien alejada de la mia, puesto que ni siquiera reconocía los carteles ni las rutas de las calles. Giré mi vista a Seph y me dedicó un guiño, frenando todas mis preguntas a medida que una silueta se contorsionaba en el otro extremo de la puerta giratoria.
Gabriella tosió una vez, instándole a apresurarse. Ahora que se acercaba, podía distinguir la figura de un hombre enjuto, de traje no muy cuidado y de edad cercana a los sesenta años. Parecía temblar a cada mirada hacia nuestra posición, entorpeciendo sus maniobras con un tipo de mando electrónico. Tras unos minutos de espera, el vestíbulo se encendió y la puerta corredera comenzó a girar, permitiéndonos el acceso al edificio con murmullos de disculpa. En cuanto Ray y Hugo cruzaron la puerta, el vestíbulo volvió a apagarse, quedándose tenuemente iluminado por las luces de la calle.
- Buona notte- pronunció la latina en un perfecto italiano, sin perder su tono de fría cortesía. El hombre asintió, guardando su artefacto electrónico en un bolsillo del pantalón, antes de volver su mirada a nuestra "representante" en aquella excursión.
- Buona notte, signora Gabriella-. ¿De verdad estábamos en Italia? Volví a mirar a Seph en busca de respuestas, pero parecía distraída observando cada uno de los gestos nerviosos de nuestro interlocutor, con una ligera sonrisa de diversión plasmada en su cara de niña.
- Ha ricevuto la richiesta dei miei genitori?- contestó Gabriella. Por aquellos matices, todo parecía significar que Dorian había urdido en sus conexiones para asegurarnos una atención desmesurada a la hora de nuestras compras. Después de todo, sólo era un miércoles a las tres de la mañana…sería raro encontrar cualquier tienda abierta sin utilizar algún tipo de soborno. En esta ocasión, Gabriella aparentaba ser una rica millonaria y sus padres habían accedido a un capricho algo curioso, permitiéndola ir de compras durante la noche. Realmente, con dinero se podía hacer creer de todo.
- Sì, naturalmente. Tutto è pronto per la tua famiglia e gli amici-. Y con una inclinación de cabeza, el supervisor contempló nuestras caras, sin poder obviar un matiz de ligera curiosidad ante las compañías de la signora Gabriella. Su vista se posó en Sephiara, a sus ojos una niña de no más de diez años y en Ray, un hombre de alrededor de treinta. Realmente la mezcla era un espectáculo y los dos aludidos parecían sonreírle en una burla aún más descarada.
Gabriella volvió a toser, recuperando la atención del hombre para su buena fortuna, pues la sonrisa de Seph se iba a cada segundo convirtiéndose en una sonrisa macabra.
- Grazie. Sará la nostra guida, per favore- y con un gesto de cansancio, la latina nos instó a seguirla, recordándonos con la mirada a no hablar en algo que no fuese su perfecto italiano.- Il tuo nome?-
- Basilio. Mi parla anche spagnolo e tedesco, se si preferisce- y con otra inclinación de cabeza, pulsó uno de los botones, accionando los mecanismos de los ascensores y dándonos paso, como si en vez de clientes fuésemos reyes. ¿Cuánto habría pagado Dorian por toda esta excentricidad? Mi cabeza daba mil vueltas con sólo pensarlo.
- Spagnolo, grazie-. Así que podíamos hablar en castellano. Mi suspiro, creo, evidenció mis preocupaciones, pues incluso Basilio volteó su vista a contemplarme, regalándome uno de sus ya famosos escrutinios. Planta primera, artículos de hombre. Con un gruñido que no daba pie a excusas, nuestros compañeros salieron del ascensor con miradas claramente agradecidas, como si Gabriella acabara de salvarles de alguna especie de tortura. Hugo me regaló un adiós con la mano, dejándome entrever el alivio que le daba separarse de mi fiel comitiva. Cuando las puertas se cerraron, pude oír el chasquido del mechero de Ray comenzar a funcionar, algo que no me sorprendió en absoluto después de una semana convenciéndome en unirme a su club de fumadores empedernidos.
La planta dos anunció nuestra llegada con una risita nerviosa por parte de Sephiara, que incluso daba saltos a medida que las puertas de hierro se abrían para darnos paso.
- Ropa de mujer, no hace falta que lo diga- rió Crysania cogiendo mi mano y propulsándonos fuera del ascensor, siguiendo la estela de Sephiara, que parecía querer recorrer cada centímetro con sus diminutas piernecitas.
- Nadya, mira, vestidos- chilló, dejándome contemplar una larga colección de vestidos con lazos y gasas, llenos de florecitas y encajes. Mientras Seph los apilaba, Crysania daba vueltas, enseñándome escotes y posibles arreglos para enseñar cuanta más piel posible.
- ¿de qué color prefiere, señorita?- murmuró una voz a mi espalda. Volteé mis pasos para encontrarme con Basilio, el cual parecía poseer en sus manos lo que sin duda era un catálogo. Antes de que pudiera haber pasado página, las manos de Seph y Crysania se interpusieron, robándoselo con la mayor delicadeza que les concedían sus instintos de vampiro.
- Rosa, por supuesto- dijo Seph señalando con el dedo a uno de los múltiples modelos, que yo era incapaz de ver dada la disputa en la que se hallaban.
- sino es rosa chicle, ni me hables- rió Crysania pasando página ante las quejas y bufidos de la pequeña vampiresa.- ¿qué color quieres, Nadya?-
- cualquiera está bien- murmuré, para regocijo de Seph que intentaba volver a la página anterior. Los ojos de Crysania me miraron con recelo, para más tarde dirigirse a Gabriella con escepticismo.- ¿color?-
- rojo- respondió la aludida intentando evitar la respuesta que había nacido de sus labios. La sonreí agradecida, imaginando que aquel color debía ser el favorito de Dorian.
- decidido. Enana, busca vestidos rojos. Yo me encargo de los zapatos y complementos-. Seph asintió y hundió la nariz en el folleto, mientras que Crysania hacía gestos a Basilio para que nos guiara a la sección en cuestión. Supongo que en mi anterior hogar las compras no eran tan escandalosas, pero en compañía de vampiros el mínimo gesto o acción ya eran todo un espectáculo. Sólo podía agradecer que Basilio no se detuviera y contemplará a Seph, pues la pequeña ya había abandonado todo disimulo y pasaba las páginas a una velocidad imposible para los ojos humanos.
Mientras, en nuestra sección, Crysania no paraba de decidirse y enamorarse por cada zapato de aguja que encontraba. Se los probaba, pedía mi número, no le entraba, pedía su número y Basilio no paraba de entrar y salir del almacén. Realmente era gracioso ver cómo el anciano se encogía en reverencias mientras que Crysania exclamaba "ya está. Me llevo esté" cada diez segundos.
- ¿cuáles le gustan señorita?-
La voz de Basilio me sacó de mis pensamientos. Se encontraba a dos metros en frente mía, enseñándome dos cajas distintas con los mismos terroríficos tacones de aguja coronando el fin del tobillo. Le miré con desgana, antes de señalar, consiguiendo una sonrisa cómplice del hombre.
- ¿desearía un zapato más cómodo para la ocasión?- preguntó, con un tono amigable.
Asentí, intentando no aparentar que las atenciones de Crysania no las agradecía, es más, me sentía dichosa de que todo aquello se hubiera planeado sólo para atender a un capricho. No quería ropa de Crysania, ni de Sephiara, quería mi ropa, aunque estuviese rota o no fuese la mejor, quería algo que fuera mío. Y todos lo habían entendido: allí estaba, en compañía de tres vampiresas y un humano, buscando un conjunto apropiado.
¿Y por qué vestido? Para la fiesta de los Reveren, un clan de vampiros muy famosos donde asistiría con Dorian y al que sería presentada como esclava de sangre. Ese título, en pocas palabras, venía a significar que Dorian era mi dueño y podía alimentarse de mí allá donde quisiese. No quería pensar cuándo sería eso, pero era mejor prepararse y dejar a todos claro que yo era su esclava, aunque tuviese que embutirme en los vestidos más sexys y escotados habidos en la Tierra.
- acompáñeme, por favor. Sólo será un segundo-. Obedecí encantada, tendiendo mi mano al hombre en señal de confianza mientras Crysania examinaba unos zapatos con incrustaciones con cara de solemne gula. Atravesamos las cortinas del almacén, contemplando los numerosos estantes y cajas apilonadas por doquier. La mano que Basilio me retenía se asió a mi con fiereza, apartando mi vista de los enormes percheros.
Su mirada era distinta, llena de miedo y pánico, una expresión que no le había visto mostrar en presencia de Gabriella. Noté cómo sus dedos buscaban mi pulso y sentí un leve pinchazo al notar cómo su uña se clavaba en mi arteria. Suspiró, calmándose a si mismo, mientras toda mi tranquilidad desaparecía por completo al ver lo que había hecho.
- usted es normal, como yo- suspiró Basilio sin soltar mi mano. Me arrastró por el pasillo central hasta llegar a una especie de oficina. Parecía esperanzado por llegar allí y mis piernas reaccionaron ante el miedo, frenando en seco nuestra trayectoria e impidiéndole encerrarme en aquel tugurio. El hombre descompuso su expresión en una mueca de desconcierto, antes de soltar mi mano e intentar volver a restablecer su aura anterior, donde era un mar de reverencias y sonrisas amables. – Por aquí, yo la salvaré-
- ¿salvarme de qué?- murmuré asustada
- ¿usted no sabe lo que son? ¿no sabe lo que harán con usted?- exclamó poniendo todo su empeño en que su grito fuera emitido en el más leve tono posible. Me eché para atrás, mientras mi cerebro calculaba rutas de escape, incapaz de escuchar lo que Basilio intentaba que yo viera algo que se me escapaba.- La matarán, ¿no se da cuenta? ¡son asesinos!-
- ¿qu- qué está diciendo, Basilio?- tartamudeé, notando que mi corazón alcanzaba un ritmo frenético
- le estoy ofreciendo salvarse conmigo, señorita- volvió a chillar. Su cuerpo temblaba en constantes irregulares mientras sus ojos no paraban de echar vistazos a las cortinas de salida del almacén.- Hay mucho por lo que vivir, confíe en mi-
- ¿qué ocurre, Basilio? ¿qué va a pasar? ¿por qué tanta prisa?-. La mirada de aquel hombre se heló en un instante, mientras el sonido de cristales rotos anunciaba la aparición de alguien más en aquel centro comercial. Giré asustada y Basilio aprovechó para sujetarme, impidiéndome alertar a Crysania, tapando con su mano mi boca para que no dijera nada, para que no…. Las siguientes palabras de Basilio fueron como la última señal de peligro para mi cuerpo, que parecía caer en un rictus causado por el terror que aquellas palabras profesaron en mi interior.
- Avere- susurró en mi oído- Cacciatori de vampiri
uuuuuuuuhhhhhhh (lo sé, ya sé que me odias Adu *-*)
próximo cap: Hugo y tal y tal que no os pienso contar XDD
besitos! hasta el próximo cap!
Sao
