Me subí a la moto y me agarré a la espalda de Tears con fuerza. No teníamos cascos pero no había tiempo para buscar dos.
-Tears.
-¿Si?
-Quiero que sepas… que te he echado de menos.
-Yo también te he echado de menos. Pero…
-No –le interrumpí-. Déjame hablar.
Mientras la abrazaba con más fuerza sentía como le entraba un escalofrío por la espalda. Dejé de presionar para que no se sintiera incómoda. Para que no nos sintiéramos incómodos.
-Durante todo este tiempo he estado pensando en ti, en lo que te dije. Yo… no lo decía en serio no puedo estar sin ti, necesito tenerte a mi lado.
En ese momento Tears perdió el equilibrio por momentos pero enderezó la moto en seguida.
-Uf… lo siento –contestó-. Yo tampoco puedo.
-¿Qué?
-¡Que yo tampoco puedo! –levanto ligeramente la voz.
No me lo esperaba. Pensaba que iba a decir lo mismo de siempre: Tienes que pensar las cosas, no hables sin juzgar… pero supongo que nuestros años de amistad surgen efecto.
Llegamos a Madrid en muy poco tiempo. La verdad es que tráfico no había mucho…
Me encanta bromear en momentos serios.
La ciudad estaba absolutamente silenciosa. Solo se escuchaba el motor de la scooter que se movía con gran ligereza por las calles de Madrid.
-Tears, sabes a dónde vamos.
-¡Ah! Ahora no eres tan listo ¿no? –Soltó una carcajada-. Iremos primero a la plaza mayor, supongo que es el único espacio grande que se me ocurre.
-Bueno, no te puedo contra predecir, no tengo otros lugares.
Estábamos llegando a la plaza mayor. Los altos edificios y estrechos no permitían la visibilidad y no se notaba ninguna concentración en uno de los arcos de la entrada, pero…
-¡Oh, no! – gritó de repente Tears.
La scooter frenó de golpe y ambos caímos al suelo con la moto por delante nuestra derrapando por la calle. Abracé aún más a Tears intentando no soltarla.
-¿Te has hecho daño? –estaba realmente preocupado.
-Sí. Sí.
Nos levantamos. No sabía por qué había frenado de golpe pero en ese momento caí en la cuenta de mi error. Había olvidado que Tears podía ver a las almas.
-¿Están ahí? Las almas, ¿son muchas?
-Sí, debe de ser porque… -se levantó un poco más para ver cuántas cabezas podía contar-. Aún así creo que no están todos. Por lo menos se encuentra la mitad de los habitantes de Madrid.
-Pero deben de haber avanzado con su trabajo porque si no qué puede haber pasado –estaba totalmente aturdido y lo que más rabia me daba es que éramos dos contra millones.
-A lo mejor hay varios puntos de concentración. Pensemos más lugares.
-Pero antes tenemos que ver lo que hay ahí dentro ¿no? ¿Qué es lo que están utilizando y quién controla esta zona? Si es que hay más…
-Nunca me dejarás de sorprender Ann. –Tears estaba contenta y yo también lo estaba de formar un fantástico equipo con ella.
La cogí de la mano y la llevé rodeando el edificio que formaba la plaza. La primera puerta que vi la derribé con una patada.
-Tears, quédate aquí por si no tenemos visibilidad desde aquí. Yo te aviso.
-De acuerdo, Ann.
Subí las escaleras corriendo para ver si daba alguna ventana hacia la plaza y efectivamente un balcón daba visibilidad.
-¡Tears! ¡Tears! –chillé. Y ella subió las escaleras tan rápido como pudo-. Por aquí, corre -Vino corriendo y se asomó conmigo por el balcón -. ¿Qué ves? Yo no veo nada.
-Yo tampoco.
-¿Cómo? –oh, no. Oh, no, no puede pasar esto.
-Sí, solo veo las almas tal y como las veía en una de las entradas, mirando hacia el centro y esperando a algo.
-Tears, tiene que ser una broma.
No respondía, su mirada era muy seria pero pronto descubrí su estúpida broma al ver que sonreía disimuladamente y luego soltaba una carcajada.
-Tenías que haber visto tu cara –se reía como si no pasase nada. Al ver mi serenidad y mi enfado respondió-. Creí que te gustaba bromear en momentos serios y esta ha sido una broma de lo más adecuada para el momento.
Le sonreí y ella siguió riéndose mientras me explicaba lo que veía. Las almas se disponían con la mirada fijada al centro de la plaza donde se encontraba un hombre rodeado por un corro de almas soldado, o eso es lo que parecían. Los gritos que el hombre daba solo los podían escuchar las almas y Tears por lo que la dejé que prestase atención sobre lo que decía.
Estaba totalmente absorbida por su discurso y en el modo que gesticulaba con su cara intentaba deducir si era grave, muy grave o gravísimo. Por la absoluta mayoría, todo era gravísimo.
-Di, ¿qué dice?
-¡Shhh!, no ha acabado –y tras esperar unos minutos respondió a mi pregunta-. Está planeando llevarles a otro lugar ya que este está a punto de destruirse. Yo sinceramente no me lo tragaría a no ser que un meteorito gigante o algo por el estilo se dirigiese a la Tierra a gran velocidad como para desviar la trayectoria, para provocar una explosión o para destruirlo.
Mi cara de asombro y preocupación era absolutamente la misma que como la de la broma de Tears y ahora estaba dudando si creerla o no.
-¿Estás hablando en serio?
-Tan en serio como somos los únicos humanos sobre la faz de la Tierra.
-Y tengo que creerte obligatoriamente, ¿no? Bueno supongo que no me queda opción.
Soltó una ligera carcajada pero no era por su historia si no por mi absoluta parida.
Ella me miraba con una expresión, no sé cómo describirla, amorosa. Y yo la miraba todavía con mucho más entusiasmo. Entonces fue cuando me acerqué a ella despacio inclinando la cabeza hacia sus labios hasta que se juntaron.
Sentí un calor abrasante pero placentero y me sentó tan bien que intensifiqué el momento abrazándola por la cintura y sintiendo como su cuerpo coincidía con el mío. Me cogió por el cuello y me acercó hacia a ella.
El beso duro unos minutos pero para mí fue una eternidad. No era el mejor momento, pues teníamos que salvar el planeta de una posible evacuación, pero a mí no me importaba. Yo ya era feliz tal y como estaba en ese momento y podía estar así durante todo el resto de mi vida. Era absolutamente increíble. Tears entre mis brazos, yo entre los suyos y un beso de por medio.
Tras varios minutos después, Tears me separó de sí y me miró. Yo aún tenía los ojos cerrados y sentía sus labios en los míos. He de reconocer que debía de ser una cara completamente graciosa porque se le escapó una ligera risita.
-¡Qué mono!
A sus palabras, abrí de repente los ojos y me reincorporé. ¿Qué se suponía que tenía que contestar?
-Eh… Si… mm… - no sabía que decir y pronto mi cara se volvió un tomate. Tears seguía riéndose y esperaba una respuesta-. No sé qué decir. Simplemente que me encantas.
Ahora era yo el que sacaba los colores.
-¡Ay! Mi niño, si es que eres único – me cogió de los mofletes con una mano y me apretó -. Venga, vuelve a la Tierra que tenemos que salvar a la especie humana.
Salimos hacia fuera después de echar un vistazo por el balcón. La plaza cada vez estaba más vacía y el líder ya no estaba. Bajamos por las escaleras despacio intentando no toparnos con ningún alma para evitar posibles chivatazos.
Y tras esperar al total desalojo de la plaza, no duró demasiado tiempo, salimos detrás de aquella concentración de almas para ver hacia dónde se dirigían.
No sabíamos qué hacer con la moto. Quizá nos sirviera para luego o quizá el camino sea tan corto que apenas sea útil, además de que puede llamar la atención debido al ruido.
Decidimos dejarla y avanzar por las calles de Madrid siguiendo al ejército de almas perdidas y confundidas. Salimos por uno de los arcos hacia la cava Baja siguiendo por la travesía de los Almendros, la Plaza de Ramales y hasta, por fin, llegar al Palacio de Oriente. Cruzamos su jardín por el medio, sorteando la hierba y circulando entre estatuas.
Tras rodear el edificio salimos fuera del palacio hacia el monte. Tears y yo ya pensamos en que era el mejor sitio para transportar almas: era espacioso y apartado; lo que nos temíamos era si también nos podía transportar a nosotros.
Llegado a un punto las almas se pararon y nosotros nos escondimos tras los arbustos. Tears se quiso acercar para poder escuchar mejor y así lo hicimos. Nos acercamos todo lo que pudimos hasta poder escuchar, a duras penas, a la alma reina por llamarlo de alguna manera.
Según Tears, este era el momento, aquí acaba todo. Dentro de muy poco las almas serán conducidas hacia un lugar fuera de la Tierra. Supongo que nos perdimos la explicación ante tal evacuación ya que no es mencionada ninguna. Todo era muy extraño.
Nos volvimos a mirar. Era ya la millonésima vez que nos dirigíamos la mirada el uno al otro. Nunca me imagine que esta situación fuera la ideal para decirle a Tears que la quería, pero me bastaba.
Todo pasó deprisa pero rápidamente aparecieron detrás nuestra otra concentración de almas, también dirigidas por otro jefe. Nos habían pillado y nos volvimos a mirar pero esta vez fue con cara de preocupación.
¿Qué iba a pasar ahora? ¿Qué harían con nosotros? ¿Nos echarían de nuestro cuerpo? ¿Nos convertirían en almas como los demás?
Tears me informó de todo cuanto ocurrió incluso intentamos pasar desapercibidos pero lo previsible llegó. Las almas supieron por mano de Tears que ella podía verles y escucharles y que yo no, por supuesto, y tras esto nos condujeron hacia el centro de la gran masa de almas. Éstas se agrupaban formando un círculo, lejos de donde se encontraban tres almas: un hombre alto con vaqueros y una camiseta, una mujer con un vestido hasta las rodillas y otro hombre con pantalones blancos y camisa blanca también. Estas almas no eran como las demás sino que su contorno y su forma eran más verdosos. Tears estuvo pendiente y me lo radió absolutamente todo, hasta el más mínimo detalle.
Fue entonces cuando Tears comenzó a prestar atención a alguien que comenzó a hablar. Tears fue diciéndolo en voz alta para que yo también me enterase:
- Está hablando el hombre de en medio, el alto –y tras una pausa para escucharle añadió- Pregunta quiénes somos y por qué no somos almas como los demás.
-Am… ¿Puedo contestar yo o lo haces tú? – no quise ser controlador, pues quien llevaba los pantalones en ese momento era Tears pero me gustaría que me escuchasen.
-Como quieras. Si prefieres empiezo yo.
-Perfecto.
-Hola, yo me llamo Tears y él es Ann. No hemos sido convertidos ya que no sabíamos el procedimiento. Nadie nos ha dicho como hacerlo pero tampoco tenemos intención de dejar nuestro cuerpo.
Me sentía muy incomodo con las traducciones pero era la única forma de escucharles y, como ha dicho Tears, no pienso dejar mi cuerpo. Tears me sigue contando lo que dice:
- El que hablaba antes responde al nombre de Cam, la chica se llama Inés y su el otro chico es David. Dice que ha asegurado la conversión de todos los humanos de la Tierra y que es imposible que nosotros no hayamos sido intervenidos -Bueno, en parte a mí sí me han intentado convertir-. Y que en cuanto a lo de que no queremos dejar el cuerpo no es conveniente para nosotros si no queremos morir.
-¿Eso ha dicho? Dile que nos explique por qué debemos dejar nuestro cuerpo.
- Tú también puedes hablarles, ¿recuerdas?
-Sí, es verdad. Lo siento.
-No pasa nada. Ahora es Inés la que habla –paró otro momento para escucharla. La expresión de su cara no me parece adecuada para una buena noticia así que me preparé para lo peor -. Estamos… ante… una destrucción total de la Tierra, Ann. Nuestra predicción se hace realidad.
-¿Pero… pero quién haría algo así? No… no lo entiendo, Tears. ¿Por qué no se ha avisado de eso?
-Habla David, dice que no pueden correr el riesgo de escandalizar al planeta entero. Es bastante mejor conducir almas que personas y más si están calmadas. La conversión es más rápida también y es fácil convencerles con una escusa menos dolorosa que eso.
-Entiendo. Entonces, Tears, ¿qué hacemos ahora?
Tears me miró con tristeza, yo también la miraba igual. Estábamos atemorizados, esto no podía estar pasando. Se suponía que yo iba a terminar la universidad, Tears y yo nos casaríamos, tendríamos muchos hijos, seríamos felices, viviríamos en una casa ecológica y además, no solo importaría nuestras vidas también la de los demás.
Estábamos ante una destrucción de la Tierra y quién sabe si del universo. Pero, ¿qué o quién va a hacer semejante barbaridad?
-Perdonen, perdonen –quise aclarar mis dudas- Es cierto que la Tierra va a ser destruida pero, ¿quién haría semejante cosa? ¿Es inevitable? Porque viendo este panorama me puedo imaginar que podéis inventar algo que lo frene.
Tears se quedó dubitativa pero su mente comenzó a enlazar ideas y a manejar esa posibilidad. ¿A lo mejor sigue siendo una trampa? ¿Dónde estará Marcos ahora? Quizá sea el culpable de todo esto, el culpable de la destrucción del planeta pero él solo es un alma, a no ser que haya capturado otro cuerpo. Necesito nuevas respuestas pero sobre todo decidir nuestra conversión a las almas.
Tears comenzó a radiarme:
-Cam vuelve a hablar: dice que es un alma la causante que no puede ser revelado su nombre ya que es el nuevo controlador, el subdirector de El Cielo.
Me estaba quedando atónito y Tears también. Después de creer que eran cosas de críos pensar que existiría un más allá y que todo cambiase después del fatídico accidente. ¡Qué descontrol, qué ralla-cabezas! Añadí:
-Quiere decir que el supuesto Dios ya no es el director de El Cielo, que ya no es el superior, por llamarlo de alguna manera.
- Continúa Cam: él siempre es el superior y, por favor, de "supuesto" nada –Tears continúa tan perfectamente su trabajo de traducción-, simplemente ha dejado el control a un alma, su alma mano derecha, su alma de confianza y ha sido él el que ha tomado la decisión de evacuar el planeta para evitar catástrofes. Ahora sigue Inés: ¿hemos aclarado nuestras dudas, Ann? –Aprovechó para preguntarme.
-Yo sí, pero no estoy del todo seguro – mis últimas palabras sonaron susurro - . ¿Y si todo es una trampa? Recuerda que esa persona al mando puede ser Marcos y creo que sabes lo que él me hizo, lo que te hizo a ti también.
- Ya, pero qué podemos hacer, será mejor que vallamos donde transporten estas almas para averiguar más cosas allí. Aquí no podemos hacer nada.
- Está bien, pero prométeme que estarás junto a mí todo el tiempo.
Ella me sonrió, nos acercamos y nos dimos nuestro último beso como humanos. Fue el beso perfecto, de los pocos que había tenido, ése era el mejor. Tears era increíble y seguramente ella pensase lo mismo de mí.
Nos trasladamos delante de las almas verdosas y Tears les comunicó nuestra decisión. Entonces la dieron una serie de instrucciones para salir de su cuerpo que luego me tradujo a mí. Eran las mismas que el alma que me visitó me dio y así lo hicimos. En poco tiempo nuestros cuerpos cayeron al suelo con un ruido ensordecedor y nos miramos. Estábamos presenciando la respuesta a la existencia de la vida o algo parecido.
Nos cogimos de la mano y noté su interior en mí como si estuviéramos unidos por ellas. Pareció lento y desesperante nuestro viaje a El Cielo pero por fin dimos el paso a la eternidad.
