Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Feisty Y. Beden. Yo sólo me adjudico la traducción autorizada por la autora
Link de la historia original: /s/5650508/1/Goodnight-Noises-Everywhere
Link de la autora: /u/1844230/Feisty-Y-Beden
Capítulo 10: Resbalón
En las clases de educación física siempre era elegida última. No me molestaba, ya hacía bastante tiempo había aceptado que no era buena sobre mis pies. Era excepcionalmente buena para caerme, tropezarme, torcerme los tobillos. A menudo usaba la frase "si mi vida dependiera de ello", pero nunca de verdad pensé en eso.
Ahora mismo, estaba pensando duramente en ello, casi tan fuerte como mi corazón latiendo contra mis costillas. Tomé un momento para mirar hacia mis pies, agradecida de no haberme desatado las zapatillas cuando entré a la casa. Sin zapatillas, mi muerte iba a llegar rápido. Si estuviera siendo honesta conmigo misma, probablemente la muerte me iba a llegar rápido estando con zapatillas o sin ellas. Por un momento consideré no hacer nada, de dejar que el monstruo me tomara. ¿Sería eso malo? ¿Sería eso peor de lo que tenía? ¿No sería el descanso eterno… un alivio?
No, Bella, podía imaginar a Charlie decirme. Lucha. Siembre lucha. ¡Ve!
Se sentía como si de alguna manera Charlie me impulsara, como si yo hubiera sido catapultada por una honda. Corrí, mis extremidades ondeando, pareciendo una idiota. Rápidamente me moví por el pasillo oscuro y a través de la cocina, saliendo a toda velocidad por la puerta trasera. Lo podía escuchar detrás de mí, maldiciendo. Para empezar, si él no estuviera tan débil, estaría muerta ahora mismo, aplastada debajo de su peso, desgarrada por sus manos y dientes. Podía imaginarme debajo de él, mis ojos sin vida vidriosos, sin ver. Había visto suficientes cadáveres para saber exactamente como lucían.
Considerando incluso su condición débil, se necesitaría un milagro para escapar de él.
No sabía hacia donde correr, o si había algún lugar en donde me podía esconder. Él me encontraría. ¿Me arrepentía de haberle dado mi sangre? ¿Me arrepentía, aunque él terminara matándome? A medida que mis pulmones ardían por el esfuerzo, me di cuenta de que no me arrepentía de ni una sola cosa. Él había estado hambriento, y yo tenía comida. No le había hablado a las nubes desde que él llegó. Si yo hubiera tenido la oferta de cambiar mi vida solitaria por unos momentos de ternura, de compañerismo, habría tomado la misma decisión. Sin arrepentimientos.
Y aun así, corrí. Escuché el sonido del metal retorcerse detrás de mí, y sabía que él había arrancado la puerta de sus bisagras. Era como un animal salvaje, un perro rabioso. No se podía razonar con él. Había sido reducido a su más básica naturaleza, y no lo podía culpar. En los últimos meses antes de que Forks se convirtiera un pueblo con sólo un habitante, vi lo peor de la humanidad, personas haciendo cosas horribles unas a otras sólo porque sabían que no tenían nada que perder. Eso era para mí más aterrador, porque ellos tenían una opción. Ellos voluntariamente decidieron ya que todos estaban muriendo, bien podían actuar bajo sus más vulgares y más prohibidos deseos. De esa manera fueron que eligieron pasar sus últimos momentos en la tierra.
Edward solamente estaba tratando de sobrevivir. No lo podía culpar por eso.
Sentí una puntada en mi costado, y mi muñeca empezó a doler mucho más. Me di vuelta para ver dónde Edward estaba. Él estaría sobre mí en unos pocos más pasos. Sentí una ráfaga de energía mientras oía la voz de Charlie en mi cabeza diciéndome que luchara, que nunca me rindiera. Corrí, aun mirando sobre mi hombro.
A esta altura de mi vida tendría que saber que no era buena en hacer dos cosas al mismo tiempo cuando se trataba de asuntos de coordinación. Pisé una porción de piedritas sueltas en el camino, y mis pies desaparecieron debajo de mí. Traté de amortiguar mi caída con mi brazo lastimado, gritando en dolor, cuando sentí algo romperse. Había estado corriendo tan rápido que mi velocidad me impulsó a través del asfalto, arrancando una capa de piel hasta que pude detenerme.
¿Estaría Charlie orgulloso de mí? ¿Pensaría que luché lo suficiente?
Acabaría dentro de muy pronto. Sólo unos pocos momentos. Podía cerrar los ojos y esperar. Ahora dormir; ya todo acabó. Me uniría con los otros, con todos los otros. Tenía esperanza de que Charlie estuviera allí, justo en el otro lado, esperando por mí.
Edward ahora estaba encima de mí, justo como lo había imaginado segundos antes. Me presionó hacia el suelo apoyándose en mis hombros. Si tenía que morir, por lo menos estaba agradecida que iba a morir en contacto con otro ser. No iba a ser consumida desde mi interior hacia afuera por un virus mortal: sin nombre, cruel, sin sentimiento.
Dado los eventos de los últimos meses, era una bendición, de verdad.
Podía sentir la sangre resbalar por mi brazo, y mi muñeca palpitar mientras mi corazón seguía latiendo. Sus manos dejarán moretones, pensé, y me di cuenta de cuán extraño era que esos iban a ser mis últimos pensamientos. Como si unos moretones importaran, después de todo.
Cerré mis ojos, pensando que iba a ser más fácil, o lo correcto a hacer. Pero descubrí en ese último momento que no me quería morir de esta forma, pasar a la eterna oscuridad detrás de los velos de mis párpados. Abriría los ojos. Me despediría del sol. Dejé mis ojos abrirse, tomando ávidamente todo lo que me rodeaba, incluso la cara de mi asesino.
El pálido sol brillaba detrás de él, formando un halo alrededor de su cabeza, mi ángel de la muerte. Él era hermoso actuando solamente bajo su impulso animal, tal vez incluso mucho más hermoso. Miré profundamente en sus ojos, oscuros, matizados con rojo. Cual fuera mi última vista, esta no estaba mal.
Traté de relajarme mientras esperaba por el final.
Él se movió como si fuera a atacar, y me preparé, preguntándome si dolería, o si moriría antes de sentir el dolor. No estaba asustada, estaba calma y curiosa, y nunca me sentí más viva en mi vida.
Era afortunada. No era de esta manera como Charlie había fallecido, sino balbuceando, con delirios y en agonía.
Lo miré y esperé.
El me miró fijamente, clavando sus ojos en los míos. Imaginé que podía sentir sus dientes en mi garganta, que podía sentir la vida escapandose de mí cuerpo, de la misma forma que mi sangre lo hizo cuando llené la bola de donación.
Me observó con esos ojos tan oscuros como la noche sin estrellas, y yo no desvié mi mirada. Lo dejé entrar a mi mente, sabiendo que su cara sería la última visión que tendría. Mi última memoria.
— Estoy agradecida que seas tú, — dije.
Agarró mis hombros más apretadamente, y esperé por el final. Esperé por los dientes, el ardor, el final lento hundiéndome hacia el sueño final.
Sentí su cuerpo temblar, convulsionando. ¿Mi sangre estaba infectada después de todo? No sabía con qué rapidez el virus podía matar a los de su clase.
Estudié su cara, contorsionada en agonía. Sus labios se movían tal rapidez que no podía saber si estaba hablando. Si no me concentraba en las palabras, o en el movimiento veloz de sus labios, lentamente el sentido emergía como una imagen en una estereografía. — No, — decía una y otra vez. — Tú puedes luchar contra esto. — Recordé la historia que él me contó de su familia, cómo su hermana había resistido mientras que su amor sostenía su mano. Pero su cuerpo se sacudió y sus dedos perforaron la delgada tela de mi remera, fácilmente deslizándose dentro de la suave carne como si piel fuera una frágil cáscara, tan porosa como si estuviera hecha de vapor.
— Tú puedes, — dije, sintiendo sus dedos como hielo dentro de mi carne. Había dolor, pero era tan extraño, tan diferente, que apenas hice una mueca de dolor. — Eres lo suficiente fuerte para pelear contra la enfermedad. Lo siento. Creí que mi sangre estaba limpia.
— ¿La enfermedad? — él tiró su cabeza hacia atrás y rio cruelmente. — Tu sangre está limpia, pequeña tonta.
— Entonces ¿por qué estas luchando? — pregunté, apenas pudiendo respirar con su peso encima de mí.
Él tembló nuevamente, luciendo enfermo. — Estoy tratando de no matarte, Bella.
— Oh, — dije, mientras miraba dentro de la infinita oscuridad de sus ojos. — Bueno, te perdono si no puedes.
Como si hubiese sido quemado, se apartó de mí y se lanzó velozmente lejos, pareciendo un cangrejo arrastrándose en el fondo del océano. Se encorvó formando una bola con su cuerpo y sujetándose a su pelo. — Vete, Bella, —dijo si mirar hacia arriba. — Corre lejos de mí. No soy seguro. No te seguiré. Soy lo suficientemente fuerte para eso, pero no tanto para no matarte si no te alejas de mí ahora mismo.
Me levanté lentamente, temblorosa, mirándolo, preguntándome si mis piernas aún funcionaban.
— Por favor, vete. — dijo él, su cabeza colgando hacia abajo, contra su remera, amortiguando el sonido de su voz. — Antes de que pierda el control. No sé por cuánto tiempo puedo estar lúcido, por cuanto tiempo puedo mantener al demonio contenido.
— No me interesa, — le dije, y estaba sorprendida al descubrir que era verdad. Mis piernas permanecieron arraigadas al suelo.
Él rasguño furiosamente la tierra, encontrando finalmente un puñado de piedritas y arrojándomelas. — ¡Vete! — me gritó mientas las piedritas rebotaban en mi mejilla.
— No lo haré, — dije, pero él siguió lanzándome piedras.
— ¡Vete!— rugió con tanta ferocidad que al fin estaba asustada.
Me di vuelta y corrí, no mirando hacia atrás. No escuché sus pasos detrás de mí, solo el sonido de mis pies pisando las rocas del camino, sintiendo dolor punzante cuando una roca pegaba contra mi piel desnuda.
Corrí hasta que mis piernas dejaron de resistir, y me di cuenta que no había contado los pasos desde la casa. Sabía en donde estaba, pero el no tener un número en mi cabeza me hacía sentir extremadamente perdida.
Paré de correr y me di vuelta, lentamente, sin estar segura de lo que podía llegar a ver.
No había nada más que una solitaria silueta en la distancia, acurrucada en sí misma fuertemente, como si él esperara que al aplastarse con sus propios brazos, tal vez podía desaparecer por completo.
.
.
.
Perdón por la demora, empecé a trabajar y no sé como administrar mis ratos de ocio. Espero actualizar en menos tiempo. Y muchas gracias por leer, por poner esta historia entre sus alertas y favoritos y por molestarse en dejar review, de verdad gracias.
Hasta la próxima.
~ quelecortenlacabeza.
