Hola a todos. Les agradezco enormemente su paciencia infinita y les traigo en recompensa un capítulo un chiquitín más largo que los anteriores. Espero que lo disfruten y dejen revs =P Nos vemos!
Passion
Mitry Mory, aún 2 de mayo de 1926
Mantenía los ojos cerrados, sintiendo la respiración de Ichigo cerca de su rostro. Ya no se besaban, pero tenían sus caras juntas, sintiéndose.
La noche había caído sobre ellos y algunos grillos cantaban a la Luna, que se asomaba entre las nubes, iluminándolo todo tenuemente. Las respiraciones de los dos eran acompasadas y suaves, ya no se sentía el nerviosismo de antes.
- ¿Estás bien? – la voz de Ichigo interrumpió el silencio, sonaba suave y lenta.
- Si… estoy bien… - contestó Rukia. Su corazón volvió a latir con fuerza, sólo escuchar la voz del chico la ponía nerviosa.
- Pero tu corazón no dice lo mismo – sonrió.
Rukia lo empujó, separándolo de ella. Lo miró a los ojos, con su entrecejo fruncido.
- ¿Qué quieres decir? – le dijo, molesta.
- Digo, que tus latidos están muy rápidos… eso… - se cruzó de brazos.
- Eso es porque no te conozco
- Entonces, ¿por qué aceptaste mi beso?
- No… ¡no lo sé! – gritó.
- ¿No lo sabes? – se acercó a ella, otra vez. Rukia lo miró mal.
- Detente – le dijo con voz fría, como la que usaba a veces con Byakuya. Ichigo no le hizo caso.
- Yo tampoco sé por qué te besé, ni por qué estoy ahora aquí contigo… simplemente… el bosque me llamaba… - la cara de Rukia se transformó. El bosque lo llamaba, igual que a ella…
- ¿Te… llamaba? – le preguntó con incredulidad.
- Si, sé que suena loco…
- ¡No! No te lo dije porque suene loco… es que… a mí también me llamaba… por eso vine aquella vez…
- ¿Y por qué no te acercaste más?
- Por lo mismo que tú… - contestó, algo molesta.
Ichigo llevó su mano a la barbilla de ella, obligándola a mirarlo a los ojos. Se quedó así por un momento.
- ¿Quién era el tipo que te vino a buscar aquel día?
- Mi hermano – Rukia apartó su vista.
- ¿Tu hermano?
- Byakuya Kuchiki, abogado, dueño de gran parte de uno de los bancos más famosos de Francia, socio del Dr. Urahara, del Sr. Abarai, del Dr. Hinamori, del Dr. Ise y otros tantos famosos – respondió automáticamente, como si de un versito se tratara.
- Ah… - apretó un poco más la cara de la chica y ella volvió a mirarlo.
- ¿Qué?
- ¡Señorita Rukia! – la voz de una mujer, a lo lejos, los sacó de su momento.
- Debo irme, me están buscando – dijo ella, tomando la mano de Ichigo.
- Está bien, pero mañana te estaré esperando aquí – la soltó.
- Hasta mañana – Rukia sonrió.
París, 3 de mayo de 1926, por la tarde
- ¿Crees que Uryu está bien? – Isshin se encontraba sentado detrás de su escritorio, en su oficina del Hospital. Llevaba su guardapolvo blanco. Del otro lado del escritorio, Ryuuken miraba con detenimiento unas fichas de unos pacientes. Vestía con un traje negro, camisa y corbata.
Tras escuchar las palabras de su amigo y colega, levantó su vista y lo miró a los ojos por encima de sus anteojos.
- ¿Por qué lo preguntas? – dijo sin darle mayor importancia.
- Es que en los últimos días ha estado fumando mucho y ha tenido mucha tos – apoyó las manos en el escritorio, amagando a levantarse. Pero, se detuvo al ver que Ryuuken se hacía hacia atrás en la silla, apoyando su espalda en el respaldo.
- Está nervioso por el examen – afirmó con seguridad.
- Pero… - se paró – no es normal que tenga tanta tos – dio la vuelta alrededor del escritorio, hasta quedar al lado de Ryuuken. - ¿No lo notaste? – preguntó extrañado.
- Si, lo he notado. Y también se lo dije varias veces – se quitó las gafas y las dejó sobre el escritorio. – Pero no quiso que lo revise – hizo una pequeña pausa – tampoco quiso que lo revises tú
Los dos se quedaron en silencio por largo rato, sin mirarse. Luego, Isshin volvió a su sillón.
- También está preocupado por Ichigo – acotó Isshin, para volver a romper el hielo, pero sin desviarse de la conversación. Hacía tiempo que estaba preocupado por Uryu y no había encontrado oportunidad para comentárselo a su padre.
- Si, lo sé – volvió a tomar sus anteojos y a ponérselos – Es que iban a rendir juntos el examen
- No sólo lo digo por eso… - Isshin apoyó sus codos en el escritorio – También por la chica y su relación con ella
- ¿Con la menor de los Kuchiki?
- Si, con ella
Mitry Mory, 3 de mayo de 1926, 9:26 P.M.
- Señorita, ¿va a salir otra vez hoy? – la sirvienta de la mansión, encargada especialmente de cuidar el bienestar de Rukia, se interpuso entre ella y la puerta de servicio, en la cocina.
- Sí, estoy algo asfixiada acá… iré a dar una vuelta por el parque – dijo con seguridad, mirando directamente los ojos de la chica. A lo sumo tendría un par de años más que Rukia, pero se veía muy fuerte. Era corpulenta y llevaba un uniforme negro con detalles en blanco que la hacían ver bastante ruda.
Rukia dio un par de pasos, acercándose más a la puerta, pero la chica, afirmó su posición frente a esta.
- Lo lamento, señorita, pero no puedo dejar que vaya sola a dar un paseo a esta hora. Es muy noche ya
- No hay problema, sé defenderme sola – acotó Rukia, en un tono bromista, esbozando una sonrisa. La chica frunció el ceño.
- El Señor me indicó expresamente que no deje que usted salga sola por la noche
- Oh… - bajó la vista. Evidentemente su hermano sospechaba que algo estaba ocurriendo.
No, no podía sospechar nada. ¿Cómo iba a sospechar? Si nada había pasado.
O, tal vez… Ulquiorra. Si, Ulquiorra estuvo cuando Ichigo le dijo que se verían en el bosque. Seguramente ese bocazas le contó. ¿Qué podía hacer? ¡Tenía que encontrarse sí o sí con Ichigo esa misma noche! Suspiró resignada y miró nuevamente a la chica.
- Está bien, iré a mi habitación – dio media vuelta y caminó despacio, como solía hacerlo habitualmente, hasta llegar al pie de la escalera.
Miró hacia arriba y vio el cuadro, horrendamente pintado, con el retrato de sus padres adoptivos, que colgaba de la pared, en el descanso de la escalera.
Si tan sólo no la hubieran adoptado, todo sería muy diferente. Ahora no estaría encerrada en esa mansión y podría correr libremente por las calles de Paris, descalza y sonriendo. Si, sonriendo. Porque hacía mucho tiempo que no sonreía abiertamente, desde aquella vez que no halló nada detrás del bosque, al otro lado.
Pero ahora, todo era distinto. Porque Ichigo estaba del otro lado, esperándola. Porque él sentía y pensaba lo mismo, porque a él también lo llamaba el bosque.
Subió corriendo las escaleras, ignorado cuanto protocolo noble se le cruzara por el camino. Tenía que verlo y rápido.
Llegó a su habitación, entró y puso traba a la puerta. Luego acercó un mueble y lo apoyó también. Al menos, por la puerta, no entraría esa criada. ¿Quién se creía que era? Por muchas órdenes que le hubiera dado Byakuya, no tenía ningún derecho a prohibirle nada a ella. Después de todo, era la menor de los Kuchiki.
Miró la ventana. Se acercó y la abrió. Se podía divisar perfectamente el bosque desde allí, y la luna en el cielo, iluminando todo tenuemente. Bajó la vista y midió la altura. Al menos había tres metros hasta llegar a la galería que rodeaba la casa. Suspiró y giró.
Las sábanas blancas y enormes de su cama de dos plazas serían perfectas para la ocasión. Sonrió a medias, recordando viejos tiempos, en los que solía escaparse de su habitación en el orfanato. Recordó a sor Catalina y sus regaños, y luego el guiño de su ojo, confirmando su complicidad.
Tomó con fuerza, y de un tirón, ambas sábanas, haciendo que el acolchado cayera al suelo. Su sonrisa comenzaba a enfatizarse. Ató los extremos y uno de los que quedaron libres lo anudó fuertemente a la celosía de la ventana. Ya estaba armada su vía de escape, ahora sólo faltaba cambiar de atuendo.
Se miró en el espejo y el vestido que traía puesto no era el adecuado para la ocasión. Era demasiado estrecho y no podría maniobrar bien, y ni pensar de colgarse de la ventana. Buscó entre sus cosas y encontró una de sus viejas soleras, de las que usaba cuando era adolescente y jugaba con Renji.
Tras habérselo puesto y despeinado un poco su cabello, volvió a la ventana y se sentó, con las piernas colgando hacia afuera. No le temía a las alturas y menos a treparse por las paredes, así que con rapidez y mucha agilidad, alcanzó el suelo en un par de minutos.
Ya sentía el pasto en las plantas de sus pies. No pudo evitar esbozar una sonrisa mientras corría hacia el bosque, en medio de la noche. El cielo estaba despejado y se veían algunas estrellas, junto a la luna.
Caminó sin prisa por entre los robles, intentando sentir el llamado nuevamente. Pero, nadie estaba allí… ¿Ichigo no había ido? O quizá, había tardado tanto tiempo en llegar que él se había cansado. De todas formas, ya no le interesaba. Había ido a encontrarse con él, y eso haría. No por nada estaba arriesgando su imagen social escapando de su habitación.
Al fin, notó que los árboles se separaban un poco. El final del bosque. Comenzó a divisar la casa de los Ishida y su enredadera siempre verde. Su sonrisa desapareció al tiempo que su corazón comenzó a latir más rápido y con cierta violencia. Estaba cerca de él, cerca de su casa… ¿Qué estaba haciendo allí?
Se quedó parada por un instante antes de salir completamente del bosque. Respiró profundamente, intentando en vano quitarse los nervios que sentía. Miró la mansión, notando que todo estaba oscuro. Luego, buscó con la vista en los alrededores, y lo vio.
Ichigo estaba recostado en el pasto, con los brazos y las piernas extendidos. Estaba descalzo y con poca ropa. Mantenía sus ojos cerrados y sus oídos alerta, para poder detectar cualquier sonido que pudiera hacer Rukia cuando se acercara a él. Sonrió al notar su presencia.
Él estaba allí, tan cerca. Recostado sobre el césped, mirando a la nada, como solía hacerlo ella hasta no hace mucho. Apretó sus puños y comenzó a caminar lentamente.
Cuando estuvo cerca, se sentó a su lado, para luego recostase también, quedando en sentido contrario a él. Así permanecieron varios minutos, sin mirarse ni decirse nada.
-Sabía que vendrías – la voz de Ichigo fue la primera en escucharse.
- Esperaba que fueras a encontrarme en el bosque – Rukia se mostraba algo molesta.
- Fui, pero como no venías pensé que lo mejor sería que dejara que vinieras hasta aquí. Acá nadie va a molestarnos
- ¿Lo dices por ayer? Esa mujer me saca de quicio
- ¿Tu hermano la mandó a cuidarte, no?
- Si… También quería que viniera con Ulquiorra
- ¿Ulquiorra?
- Es uno de sus guardaespaldas. Él fue el que te detuvo en la calle en Paris
- Ah…
- Mañana debo volver
- ¿Mañana? ¿Tan pronto?
- Mi hermano sólo me dio tres días
- Ya veo – Ichigo giró la cabeza y la miró. Ella mantenía su vista en el cielo.
- ¿Qué es lo que ves?
- A ti – los dos estaban muy serios. – Lo bella que eres
- No digas eso, me apenas – una media sonrisa y un suave rubor apareció en la cara de la morena.
- Pero es cierto, desde que te vi en el bosque aquella vez supe que eras la mujer que quiero – Rukia volteó la cara y lo miró a los ojos.
- Estoy comprometida
- Ya lo sé. Con ese pelirrojo
- Ese pelirrojo es Renji. Nuestro matrimonio fue arreglado desde hace mucho tiempo – Ichigo llevó su mano a la cara de Rukia, que lo miró algo desconcertada.
- No me importa, tú serás mi mujer, no sólo la niña en mi cuadro – se acercó a ella y la besó tiernamente. Rukia llevó su mano a la cabeza del chico, entrelazando sus dedos en su cabello.
Se separaron y se miraron, aún serios.
- Yo…
- No digas nada, no ahora… sólo déjame, déjame mostrarte que ya no estás más sola – volvió a besarla al tiempo que se incorporó un poco, para mejorar su posición.
Se acercó a ella, hasta dejar sus cuerpos paralelos, uno junto a otro. La besaba con dulzura mientras ella demandaba un poco más de su beso. ¿Estaba loca? Se estaba besando con un hombre al que ni siquiera conocía. Sólo lo había visto un par de veces y ahora… ¿estaba dejando que él le mostrara qué?
Que no estaba más sola. Y eso era lo que sentía, ya no se sentía sola, ahora estaba junto a él, al otro lado del bosque.
Se separó de su boca sólo para comenzar a besarle el cuello. Rukia intentó decir algo, pero sus palabras fueron ahogadas por un suspiro involuntario. Su mente le decía que lo detuviera, pero su corazón rogaba a gritos que dejara que él siguiera besándola de aquella forma.
Llegó a su cuello y luego a su pecho, y sin vacilar, bajó una de las tiras de la solera de Rukia, que lo tomó de la mano al sentir ese movimiento.
- ¿Qué sucede? – la voz de Ichigo era casi inaudible.
- No quiero que sufras – dijo. No sabía por qué, pero sentía que Ichigo sufriría con ella. Después de todo, estaba comprometida y pronto iba a casarse con Renji. Y ahora… ¿estaba por entregarse a otro hombre?
- A tu lado, sólo seré feliz – besó su clavícula y luego continuó su caricia, llevando su mano al pecho de Rukia, que arqueó su espalda al contacto.
Los besos comenzaban a intensificarse y los latidos de sus corazones también. ¿Qué estaba haciendo? No podía permitir que Ichigo llegara más allá, no al menos hasta que lograra romper el compromiso con Renji.
- D… deten… te… - logró susurrar entre gemidos.
- ¿Por qué debería? – Ichigo se detuvo y apoyó su cabeza en el pecho de ella, depositando parte de su peso corporal encima. Rukia podía sentir cada uno de los latidos y respiraciones del chico. Se sentía nerviosa y una pequeña presión aparecía en su pecho. No podía hacerlo, no hasta no ser libre.
- Porque… yo no soy libre… me casaré en poco más de un mes… yo… no pu- Ichigo se levantó y ella dejó de hablar. Se miraron a los ojos.
- Te dije que no importaba – se acercó hasta apoyar su frente en la de ella – tú serás mi mujer
- Las cosas no son tan simples
- ¡¿Es que tú quieres casarte con él?! – Rukia apretó sus ojos.
- No
- ¡¿Entonces?! – la besó, pero ella puso sus manos en la cara de Ichigo, separándolo. Se quedaron así por unos segundos. - ¿Entonces? – Ichigo insistió, con un tono más suave.
Rukia no podía responderle, sus palabras estaban atragantadas. "¿Entonces?" No quería casarse con Renji, y menos ahora que había encontrado a alguien del otro lado, del lado donde ella quería estar. Acarició con sus pulgares las mejillas de Ichigo y lo acercó a sus labios, pero no lo besó. Podía sentir el suave respirar del chico.
- Me quedaré aquí, contigo – susurró y volvió a besarlo.
Ichigo subió sus manos y tomó las de ella. Las elevó hasta que quedaron sobre su cabeza, rozando el pasto. El beso se hizo más intenso y ahora sus lenguas, deseosas la una de la otra, se encontraron.
Rukia no pudo evitar estremecerse ante la nueva caricia que Ichigo le daba en una de sus piernas. El sólo contacto de la palma de su mano en su piel lograba enloquecerla. Elevó instintivamente ambas piernas y rodeó las caderas del chico, atrayéndolo más hacia ella. Sus intimidades se rozaron y Rukia se sonrojó al sentirlo.
Ichigo dejó de besarla para mirarla intensamente. Ambos estaban embelesados con el otro, mirándolo seriamente. Sus respiraciones eran agitadas y sus corazones deseaban más.
Él comenzó a besarle el cuello y ella arqueó la espalda, logrando que la entrepierna de Ichigo se friccionara contra la suya. Gimió con fuerza y se zafó del agarre del chico, llevando sus manos a la espalda de él.
Ichigo dejó de besarla y apoyó su cabeza en el hombro derecho de Rukia, colocando su boca cerca de su oreja.
- No seguiré más allá, no puedo hacer esto, no ahora… - dijo suavemente. Rukia no contestó. – Tú eres una Kuchiki… debo seguir las reglas… - sabía que iba a arrepentirse de decir eso, pero era lo mejor. No podía dañar su imagen, tenía que ganarla por las buenas, tenía que reclamarla como su mujer, pero no de esa forma.
- Yo… - ¿qué estaba pasando por la cabeza de Ichigo? ¿No era que iba a demostrarle que la amaba, que ella era su mujer?
- No digas nada… serás mi mujer, lo prometo… no te dejaré nunca sola – se acercó y besó su cuello suavemente. – Porque te amo
París, 4 de mayo de 1926, 7:37 A.M.
Una mañana fresca y soleada, digna de merecer un paseo a solas por las calles de Paris. Renji respiraba pesadamente mientras pensaba cómo hacer para ir a Mitry Mory antes de que se cumplan los días de plazo que Byakuya había puesto a Rukia para evitar cualquier torpeza por parte de su prometida.
¿De verdad pensaba encontrarse con ese pelinaranja? ¿Era capaz de hacer tal cosa? Si ni siquiera lo conocía… ¿Cómo era posible aquello?
Tenía demasiadas dudas. ¿Quién era él? ¿Qué era lo que hacía? ¿Por qué tanto empeño en conocer a Rukia? ¿O la conocería de antes?
Sus pasos, sin querer, lo llevaron al bar de siempre, el de todas las mañanas. Se quedó parado frente a la vidriera, mirando el interior. Un par de mesas junto a la ventana estaban desocupadas y una de las mozas servía café a un hombre canoso. Buscó inconscientemente a la mesera que todos los días lo atendía. Estaba, como de costumbre, sentada detrás de la barra. Se veía algo cansada el día de hoy.
Una media sonrisa se esbozó en la cara de Renji, que, al darse cuenta, volvió a sus pensamientos anteriores. ¡¿En qué demonios estaba pensando Rukia al irse así?! Exhaló con fuerza y decidió entrar a tomar un café. No había comido nada desde la tarde anterior y su estómago le reclamaba algo sólido, así que también pediría un par de croissants.
Se sentó en la mesa habitual y esperó con cierta ansiedad a que Tatsuki lo atendiera.
- Buenos días, señor – la morocha se acercó, con una sonrisa en su rostro.
- Buenos días – Renji no levantó la vista del servilletero que estaba sobre el mantel. Tatsuki arqueó una ceja.
- ¿Seguro que son buenos días? – preguntó. ¿Qué estaba haciendo? ¿Cómo iba a preguntarle eso? Si ella no era más que una simple mesera… Aunque, ¿por qué le había hecho tantas preguntas el otro día? ¿Y por qué se sentía tan a gusto a su lado? Tragó saliva y carraspeó.
- No, no son buenos días – contestó Renji. Luego levantó su vista hasta cruzarse con los ojos de la chica, que lo miraban con algo de preocupación.
- ¿Qué le traigo? ¿Lo de siempre? – sonrió, aunque en sus ojos mostraba la creciente preocupación que nacía de su interior. ¿Qué le estaría pasando al pelirrojo? ¿Sería por su prometida que estaba así?
- Un café doble cortado con leche y dos croissants – desvió la mirada hacia la ventana – Por favor – agregó.
- Está bien, enseguida se lo- Renji la volvió a mirar y la tomó por la muñeca. Tatsuki se sonrojó. - ¿Q… qué sucede?
- ¿Puedes sentarte a tomar el café conmigo?
- Como… como usted lo desee – quitó su mano con rapidez y salió casi corriendo del lugar. ¿Le estaba pidiendo que tomara un café con ella? Pero, ¿por qué?
Tomó las tazas y las llenó con el café. En la de él puso un chorrito de leche, que salpicó un poco el platito. Tomó cuidadosamente los croissants y los colocó en un plato. Levantó la bandeja y le guiñó un ojo a su compañera, que la miró con una gran sonrisa.
Se acercó y sirvió las tazas. Él la miró directamente a los ojos, muy serio.
- Siéntate, por favor – insistió con su invitación, a pesar de ya haber notado que ella trajo dos tazas.
- Si… gracias – Tatsuki se sentía por demás extraña en esa situación. ¿Para qué le estaba pidiendo, nuevamente, que se siente allí con él?
Renji la miraba seriamente mientras ella, con un leve sonrojo, evitaba que sus miradas se cruzaran directamente. Los ojos del pelirrojo eran irresistiblemente demostrativos, y podía notar mucho nerviosismo en él.
- Ese conocido tuyo, ¿regresó? – preguntó directamente. Esta vez no iría con rodeos, necesitaba saber qué era lo que estaba ocurriendo.
- No lo he visto, no sé si regresó – Tatsuki entendió en seguida que le estaba preguntando por Ichigo. Pero realmente no sabía lo que había pasado con él.
- Ya veo… - Renji quedó pensativo por un rato, mirando la taza de café. Luego, levantó la vista para posarla nuevamente en la de Tatsuki. - ¿Qué piensas acerca de él?
La pregunta descolocó a Tatsuki. ¿Qué pensaba acerca de Ichigo? No podía negarse a responderla, porque lo que pensaba no era para nada malo, al contrario.
- Bueno, pues… Él es un excelente hombre – los ojos de Tatsuki demostraban que lo que decía era la verdad. – Perdió a su mamá cuando tenía nueve años y desde ese momento comenzó a madurar rápidamente. Yo lo conocí cuando tenía once años y ya era todo un caballero
- Me dijiste que creías que Rukia era aquella chica que él vio en el bosque, ¿verdad? – Tatsuki asintió con la cabeza - ¿Piensas que ellos pueden haberse conocido en algún momento?
- No, él no sabía quién era ella – bajó la vista – Nunca mencionó a su prometida, es más, ni siquiera sabía que la mansión vecina era la de los Kuchiki
Renji se quedó nuevamente pensativo. Si él no la conocía y ella a él tampoco, ¿por qué tanto empeño en verse?
- ¿Por qué crees que él tenía tanto empeño por saber quién era ella? – Tatsuki lo miró confundida. Era verdad que Ichigo siempre tuvo cierta obsesión con la chica que creyó ver una vez en el bosque… pero no sabía el por qué, simplemente creía que ella era especial.
- Yo… no se… tal vez él crea que ella es especial…
- ¡Pero si nunca se vieron! – Renji levantó el tono de voz, y sus ojos reflejaron enojo.
- No… no lo sé – Tatsuki bajó la vista. Renji miró a un lado.
- Tienes razón, no tienes por qué saberlo – dijo de mala manera, tomando un sorbo del café que ya estaba frío.
- Siento no poder ayudarlo – murmuró Tatsuki, sin mirarlo. Renji la tomó de la mano.
- Créeme que hiciste mucho por mi – sus ojos se volvieron a clavar en los de ella, haciendo que se estremezca.
- ¿Qué hará ahora?
- Sólo esperar… esperar a que regrese del campo
- ¿Confiará en ellos?
- Confiaré en Rukia
París, 4 de mayo de 1926, por la mañana
Se escuchaba toser desde la cocina. Una chica de cabello largo y castaño preparaba unas tazas junto a una criada. Traía puesto un vestido sencillo, color verde claro.
- ¿Cree que Messie Ishida esté bien? ¿No está tosiendo mucho? – preguntó la empleada a la chica.
- Es cierto – la castaña se llevó un dedo a la boca – Le preguntaré qué es lo que le está pasando
Salió rápidamente de la cocina, sin llevar nada, frente a los ojos atónitos de la sirvienta que no podía creer la ingenuidad e inocencia que aún dominaba a la hija de su patrón. Tenía veintiséis años, ya no era una niña. ¿Podía ser que no se haya dado cuenta de que el señor estaba mal?
Orihime llegó a la sala, donde estaba Uryu sentado en uno de los sillones. Tenía un aspecto bastante demacrado. Ojeras, la piel muy pálida, y la tos no lo dejaba ni a sol ni a sombra. Ella tenía una sonrisa de oreja a oreja, que parecía no inmutarse.
Se sentó al lado del chico y lo miró con curiosidad.
- ¿Qué es lo que te sucede?
- Estoy algo cansado, eso es todo. No fue fácil el examen – dijo, sabiendo que era una excusa. No tenía caso preocupar a la chica, más sabiendo que ella no podía hacer nada.
/FB/
- ¿Este es el cuadro de Messie Kurosaki? – Orihime estaba muy emocionada por haber casi terminado de ver todas las obras de la exposición. Caminaba del brazo de Uryu, que se mostraba un poco nervioso.
- Si, ese es el cuadro de Ichigo – lo miró de reojo. – Aunque no es la gran cosa… - sonrió maliciosamente.
- Yo creo que es hermoso – murmuró ella, mirando fijamente a los robles.
- ¿Qué es lo que tanto ves?
- Ese bosque… ¿tiene algo especial, verdad?
- Ichigo tiene cierta obsesión con ese bosque de robles – Uryu se acomodó frente al cuadro, ahora mirándolo directamente. Realmente no estaba tan mal.
- ¿Piensas que en algún momento encontrará eso tan especial? – la voz de Orihime se notaba sombría. Uryu la miró.
- Yo creo que él encontrará lo que desea – hizo un pausa, hasta que la chica lo miró - ¿Y tú? ¿Encontraste lo que deseabas?
La pregunta descolocó a la chica. Era cierto que se conocían desde hacía bastante tiempo, ya que sus padres trabajaban juntos, pero también sabía de sobra que el chico la miraba de una forma especial desde hacía un tiempo. Se sonrojó un poco y desvió la mirada.
- Supongo que si
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- ¿Estás preocupado por Ichigo, no? – la chica seguía sonriente – Por lo que me dijiste el otro día
- ¿Por Ichigo? Ese imbécil está ahora en el campo, ¿por qué debería estar preocupa – otro ataque de tos interrumpió su discurso.
- Será mejor que llame a tu padre – la sonrisa de Hime se desvaneció.
- N… no… no le digas nada… Estoy bien – se incorporó en el sillón y esbozó una sonrisa - ¿Por qué no traes esa taza de té que dijiste?
- Está bien, iré por el té – volvió a sonreír.
París, 5 de mayo de 1926, 7:18 P.M.
- ¡Kuchiki! – Renji irrumpió en la oficina de Byakuya sin pedir ninguna autorización. Él, arqueó una ceja.
- ¿A qué se debe semejante aparición en mi oficina, Renji? – le dijo tranquilamente, sin soltar ni el papel ni la pluma que tenía en las manos.
- ¡Es que ya pasaron más de tres días desde que Rukia se fue y no ha vuelto en el último tren! – Byakuya dejó las cosas sobre el escritorio.
- Pasa y siéntate – Renji hizo lo que le pedía. Se sentó rápidamente en la silla, frente al escritorio.
- ¿Qué hacemos, señor?
- ¿Cómo que no regresó en el último tren? Le pedí claramente que volviera pasados los tres días de su partida. Debería haber regresado hoy
- Por eso mismo estoy preocupado
- Bien – se paró – Mandaré a Ulquiorra a por ella
- ¡No! – gritó Renji, Byakuya lo miró extrañado – No – repitió más calmo – iré yo mismo – era esperable que Rukia esté con ese pintor, y si Ulquiorra se enteraba, estarían en graves problemas.
- Como quieras – giró y tomó un libro de la biblioteca que había detrás del escritorio – Ya mismo le pediré a mi chofer que te lleve al campo – tomó un sobre de adentro del libro – y toma – se lo extendió a Renji, que lo miró asombrado – lee esto en el camino
- Como diga – Renji tomó el sobre y se levantó – Traeré a Rukia de regreso
