Capítulo 10: Un segundo de paz
1
Llevo dos días sin saber nada del Uchiha y, aunque en un principio pensé que eso me haría sentir mejor, la verdad es que toda la situación no me ha dejado en paz. Me siento como un bastardo, miserable, que no merece respirar el mismo aire que el resto de las personas. Tengo unas ojeras horribles por no poder conciliar el sueño y mi cabeza parece disco rayado, reconstruyendo una y otra vez nuestros encuentros. Nunca imaginé que me encontraría en este estado por un idiota como él o por algún hombre en general. ¡Ni siquiera con una chica me había sentido así de estresado al estar en este tipo de situación!
Lo único que me tranquilizaba era que las cosas con Midori habían regresado a la normalidad, a Jun le seguía hablando igual que siempre y a Kei lo he visto un par de veces, pero no lo suficiente como para tener que hablar y eso era genial, estar lejos de él era realmente reconfortante. En ese aspecto las cosas iban bien, por así decirlo, pero aparte de toda la situación con el Uchiha, hay otra cosa que no me entra en la cabeza, se trata de mis padres. Han estado actuando muy extraños estos últimos días, casi no me hablan, todo el día se encuentran pensativos o idos y, para serles sincero, no entiendo qué diablos está pasando. Nunca habían comportado de esta forma tan extraña.
Digo, si estuvieran enojados conmigo por cómo he actuado estos últimos días o algo, me lo hubieran dicho directamente. No son de las personas que se quedan calladas ni se intimidan fácilmente, por eso sabía que la cosa no iba por ese lado. Con respecto al dinero o trabajo de mi papá, vale que no somos millonarios, pero tengo entendido que tenemos el suficiente dinero como para no preocuparnos de nada. Por esa razón y muchas otras en las que he estado pensando, es que no entiendo por qué están actuado de esa forma.
- ¿Pasa algo?- me aventure a preguntar, dándome cuenta que nada cambiaría, si no tomaba la iniciativa. Además, estaba harto de tanto misterio y miradas cómplice.
La reacción inicial fue quedarse callados, puesto que habían estado hablando de un amigo de ambos, luego desviaron la mirada y parecieron nerviosos por una pregunta tan simple, a mí consideración. Cuando me di cuenta que no iban a contestarme, repetí la pregunta, esta vez, posando mis ojos primero en mi padre y luego en mi madre. La tensión, para este entonces subió y me percaté de sus expresiones afligidas. Eso realmente terminó por asustarme y obligarme a preguntar por tercera vez qué diablos estaba pasando, pero mi mamá se apresuró a contestar con una sonrisa forzada:
- Nada… no pasa nada, cariño.
- Mamá- la miré y ella volteó hacia otro lado.
- Con permiso- se levantó de la mesa de repente, pero antes de hacerlo pude ver claramente como algunas lágrimas caían de su rostro.
- ¿Mamá…?- me puse de pie con rapidez para intentar ir tras ella, pero mi padre me tomó con fuerza del brazo.
- Déjala sola, hijo- habló con un tono de voz normal, pero su expresión y sus ojos me decían otra cosa muy diferente.
- ¿Papá, qué está pasando?- insistí mirándolo directamente a los ojos, pero el desvió la mirada
- Nada, Naru… nada- murmuró con amargura- Mi niño…- me acarició el cabello y me atrajo hacia él, cosa que me dejo sin palabras- sabes que te amo, ¿verdad?
- Papá …- intenté decir, pero un nudo en la garganta me hizo imposible seguir hablando.
- Todo va a estar bien, te lo prometo- me dio un beso en la mejilla, separándose de mí y levantándose- ahora voy a ver a tu madre para saber cómo se encuentra, hablaremos después- me besó en la frente y se retiró de la mesa.
¿Qué demonios había sido todo eso? No me mal interpreten, amo que mi padre me abrace y me diga lo mucho que me ama, pero que tome esa actitud de estar a punto de llorar, no. Joder, tengo tanta curiosidad de saber, como miedo de preguntar. Me quedé en la mesa sin saber qué hacer, dudando más de la cuenta, hasta hastiarme de mi propia actitud miedosa. No era así, no era un cobarde. Suspiré con fuerza, me puse de pie y, juntando toda la fuerza de voluntad que tuve, los seguí. Al llegar a la habitación de mis padres, tuve toda la intención de entrar enfrentarlos, pero no pude, no pude llegar a entrar al oir los sollozos de mi madre y las palabras de aliento de mi padre. Antes de darme cuenta, estaba escuchado detrás de la puerta como todo un intruso.
- Vamos Helen, no llores- le decía mi padre- todo va a estar bien… esto era inevitable y lo sabes.
- ¿Pero por qué tan pronto?- renegó entrecortadamente sollozando con más fuerza.
- Hicimos un acuerdo y es hora de cumplir nuestra parte del trato- suspiró con fuerza- odio tener que estar en esta situación, pero…- suspiró de nuevo- pero sólo piensa cuanto han tenido que sacrificar y sufrir ellos. Para nadie es fácil Helen… para nadie.
- Lo sé, pero…- sollozó- ¡pero él es mi hijo, es mi niño y no quiero dárselo a nadie… ni siquiera a ellos…!- antes de decir otra cosa, comenzó a llorar con mucha más fuerza.
Me quedé en blanco, simplemente me quedé en blanco. Estar impactado era poco comparado a como realmente me sentía, así que simplemente me aparté de la puerta y salí de ahí lo más silencioso que pude. No estaba preparado para esto y no creo que lo estaría nunca. No quería escuchar nada, nada que tuviera que ver con la delicada situación que ellos estaban hablando, ni mucho menos quería tentar mi suerte y afectar mi salud psicológica. He estado estable por un tiempo considerable y tener una recaída en estos momentos, implicaría un retroceso bastante significativo.
Al entrar a mi habitación, cerré la puerta, agarré mi botella de agua y dos pastillas para dormir; me las tomé, intentando bloquear mis pensamientos todo lo posible, hasta que el medicamento surtiera efecto. Me acosté en la cama, cerré los ojos e intenté que las imágenes de mis padres tristes y llorando, no vinieran a mi mente. No quiero… lo odio… odio verlos de esa forma por mi causa. Abrí los ojos y los cerré de la misma forma, parando mis pensamientos y bloqueando mi mente de nuevo. No, no debía pensar nada, no ahora. No era el momento. Suspiré y apreté los parpados con desesperación y gracias a Dios, no tardé mucho antes de quedarme dormido. No soñé nada y al despertar al otro día, me alisté para ir a la escuela. No quería pensar en nada ni saber nada de nadie, así que tan pronto como bajé, salí de mi casa.
¿Cómo estaba después de enterarme que mis padres estaban a punto de entregarme a mis padres biológicos? Creo que es una pregunta estúpida, así que no la responderé. En todo caso, esa es la menor de mis preocupaciones en este instante. ¿Por qué? Bueno, tal vez porque no estoy bien. No puedo dejar de temblar compulsivamente y una ira irracional se extiende por cada poro de mi cuerpo. Una parte de mí es consiente que tiene que dar media vuelta y regresar a casa, pero no lo haré. No soy capaz de enfrentar a mis padres. ¡Dios! Ni siquiera quiero pensar en lo dicho.
No tengo miedo, estoy aterrado de todo, pero más de mí mismo. Sé que no soy una persona racional cuando pierdo el control… o debería decir que me vuelvo loco cuando algo no va acorde a lo que es. No quiero lastimar a nadie inocente, estando en un estado mental delicado. Deseo más que nada en el mundo poder controlarme y que nadie vea a ese Naruto, a ese Naruto que tanto odio. ¿Por qué tiene que pasar esto? ¿Por qué después de años de sentirme seguro de mí mismo y estando bajo control? Esto debe ser un mal sueño… sólo un mal sueño… una horrible pesadilla, una de la que deseo despertar… Por favor, que se acabe. Por favor…
- ¿Hey, qué pasa? ¿Estás bien?- la voz del Uchiha y su mano tomándome del brazo me sacaron de mis pensamientos.
- Sí- contesté sorprendido y confundido, pero forzando una sonrisa.
- ¿En serio? he estado siguiéndote un rato y puedo notar que estás temblando exageradamente- su expresión se veía preocupada.
- Estoy bien, en serio- bajé la mirada y luego la subí- sólo necesito: respirar, caminar y estar solo.
Hizo una mueca y entre cerro los ojos.
- No te ves bien, te acompaño.
- No- dije secamente- Uchiha- apreté los labios- en serio, necesito estar solo- le advertí, pues estaba a punto de perder los estribos.
- Bien, estaré atrás por si me necesitas- dijo, deteniéndose.
Le agradecí mentalmente que se apartara de mí, pues de esa forma pude respirar un poco mejor, aunque mi nuca fuera perforada por sus ojos y me sintiera acosado. Lo ignoré lo mejor que pude, intentando en la medida de lo posible, controlar mi carácter, lo último que deseaba era salirme de control y ser alguien que no era. Sin darme cuenta, aceleré el paso, intentando inconscientemente llegar lo más rápido que posible a la escuela, mi alivio fue grande cuando mi deseo se hizo realidad, le agradecí a Dios, por poder alejarme de ese idiota detrás de mí y tener algo que hacer además de pensar en cosas que no me correspondían o tal vez sí, pero que eran lo suficientemente delicadas, como para no abordarlo tan directamente. Necesitaba tiempo y espacio, aunque fuera por unas horas.
Al entrar en mi salón lo encontré vacío, era demasiado temprano para que hubiera un alma por ahí. Fui hasta mi escritorio, corrí la silla y me senté. Tallándome el rostro con fuerza y frustración. No debía pensar, sí, no debía hacerlo, pero por más que me negaba sentía como si las palabras y gestos de mis padres explotaran en mi cerebro como un volcán. Apreté los dientes y me pasé los dedos por mis cabellos, jalándolos con bastante fuerza, sabía que parecía un loco y que me estaba haciendo daño, pero lo único que deseaba aparte de que todo parara, era que el medicamento que había tomado antes de salir de mi casa, hiciera efecto.
- ¿Naruto…?
Genial, el Uchiha de nuevo.
- ¿Qué?- no lo miré
- ¿Estás realmente bien?
- ¿Y si no lo estoy?- espeté, alzando el rostro- dime, Uchiha, sino estoy bien qué putas te importa… es más, por qué diablos me estás dirigiendo la palabra cuando fuiste tú el que dijo que no quería tener nada que ver conmigo hace unos días.
- Sé lo que dije, pero…
- ¿Pero qué?- me puse de pie- no me interesa tu lastima ni nada que tenga que ver contigo, así que déjame en paz de una vez por todas, tal cual yo lo he hecho.
Respiró profundamente, me miró a los ojos por un par de segundos, antes de asentir y dar la media vuelta, dirigiéndose a la salida. Al llegar a la puerta, dudó unos segundos y se volteó, iba a decir algo; pero al final se tragó sus palabras y salió, cerrando delicadamente la puerta. Me dejé caer en la silla y chasqué la lengua con molestia. Pensé que después de la advertencia inicial en la calle, me dejaría en paz, pero no, tenía que venir y seguir picando mi costilla. En serio, no puedo entender a ese tipo y, a este grado de las circunstancias, no quiero saber nada de él. Suficiente tengo con mi situación.
2
Después del examen de la tercera clase, me sentía mentalmente agotado, así que fui a la enfermería y le pedí permiso a la doctora para poder acostarme un rato. Ella al parecer vio algo en mi cara, porque no me preguntó nada y yo le agradecí mentalmente por ello; lo último que deseaba era que las personas se la pasaran cuestionándome por cada pequeña cosa que hacía. Pensé que por el efecto de las pastillas y porque realmente me dolía la cabeza de forma monumental, me quedaría dormido al instante, pero no, no pude dormir y lo peor de todo fue que tampoco toleré estar tanto en la cama.
Me senté, me pasé las manos por el rostro y, por pura frustración, me jalé el cabello con fuerza. Luego de que me lastimara el cuero cabelludo, respiré profundamente, sintiendo que mi cabeza estaba a punto de explotar. Necesitaba pensar, lo necesitaba más que nada, sino lo hacía me volvería loco en cualquier momento, por ello, antes de darme cuenta el recuerdo de mis padres hablando y sus actitudes distantes, arroyaron mi cerebro como un cohete. Los recuerdos pasaron tan apresuradamente que me dio vértigo y ganas de vomitar, tuve que recostarme de nueva cuenta y cerrar los ojos, para que el malestar pasara.
- ¿Naruto?
Al escuchar mi nombre y saber de quién se trataba; abrí los ojos y automáticamente me senté. El estúpido, bueno para nada y tarado del Uchiha, estaba mirándome con una expresión de preocupación, que me hizo desesperar, sin embargo, no me sentía en las condiciones para enfrentarlo. Realmente pensé en gritarle que se largara y me dejara en paz, pero sabía que si intentaba decir una palabra, me echaría a llorar y lo último que deseaba era que me volviera a ver en un estado tan humillante como ése. Diablos ¿Por qué tenía que aparecer en estos momentos? ¿Por qué putas se me acercaba si había sido él, el que dijo que no quería saber nada de mí? ¿Acaso no tenía clases u otra cosa que hacer que joderme la existencia?
Al verlo parado al pie de la cama y mostrando su alta figura, pensé que iba a volver a preguntarme cómo me encontraba y si estaba bien, pero no, para mi desgracia, se sentó en una silla que estaba al pie de la cama. Sin decir media palabra y mirándome atentamente, se quedó quieto como una estatua. Aproveché el lapso de tiempo que me dio para tranquilizarme y después de respirar profundamente como unas tres veces, lo enfrenté.
- ¿Ahora qué?
- ¿Qué de qué?
Alcé una ceja, empezando a molestarme de nuevo.
- ¿Qué haces aquí?
- Utilizando mi hora de estudio para cuidarte y repasar unos apuntes- se encogió de hombros, alzando una pequeña libreta.
- Nadie te pidió que lo hicieras- espeté, fulminándolo con la mirada.
- Lo sé.
- Entonces vete- señalé la salida- no te necesito.
- Pero yo sí.
- ¿Disculpa?
- Sé que dije que no quería tu amistad, pero más que nada, estaba molesto por todo lo que dijiste en el gimnasio y la situación en general, sin embargo eso no significa que de la noche a la mañana vayas a dejar de importarme- suspiró suavemente- estoy preocupado, así que perdona mi insistencia al querer saber qué te sucede.
Esas estúpidas palabras lograron que se esfumara mi enojo en un dos por tres, pero provocó que me dejara un nudo en la garganta. Apreté las sabanas con fuerzas, intentando controlarme lo mejor que pude. No quería llorar, no quería que él, especialmente él, me viera en un estado tan vulnerable. A pesar de eso, no aparté mis ojos de los suyos, manteniendo mi rostro inmutable. Luego de unos segundos de enfrentarnos con la mirada, me tapé con la sabana, me acosté y le di la espalda. Intentar razonar con un idiota como él era, simplemente, imposible.
- No te entiendo- murmuré, varios minutos después, sin moverme de mi lugar.
- ¿Qué es lo que no entiendes?
- ¿Qué es lo que pretendes?
- No pretendo ni espero nada. Sólo quiero asegurarme que de estés bien.
- Esa decisión no está en tus manos. Mi problema no tiene nada que ver contigo.
- Me imagino, pero si puedo apoyarte en algo, me gustaría estar ahí para hacerlo.
- ¿Y si no quiero que estés a mi lado?- me levanté y me giré para encararlo- ¿y si simplemente quiero que me dejes tranquilo de una vez por todas?
- ¿Eso es lo que realmente quieres?- su tono de voz era más bajo de lo normal y su expresión mostró abiertamente una mueca de dolor.
- No…- bajé el rostro, antes de acostarme de nuevo y darle la espalda.
Ninguno de los dos dijo nada más y yo simplemente me hice el dormido. No tenía ganas de seguir hablando con él, ni de darle mayores explicaciones. Después de varios minutos, la enfermera que había salido luego de que yo le pidiera el favor de acostarme en la cama a descansar, regresó y me preguntó cómo me encontraba. Yo sólo atiné a decir que un poco mejor, pero que me dejara descansar un poco más. Ella asintió ausentemente antes de despedirse de mí y del Uchiha e ir a sentarse a su escritorio.
El timbre para entrar a la siguiente hora luego del descanso, fue la que me hizo ponerme de pie y resignarme a ir a clases. No había podido dormir nada y de todas formas no hubiera podido, ya que el idiota del Uchiha parecía renuente a irse. No fue hasta que me paré, que él hizo lo mismo. En el transcurso a nuestros respectivos salones, no nos dirigimos la palabra, ni mucho menos nos miramos. Fuimos los extraños, que deberíamos ser y eso me alivió y decepciono un poco. Diablos, ni yo mismo me entendía.
El resto del día se me pasó relativamente rápido, más cuando Midori me recordó que hoy íbamos a ir al centro acuático cubierto, que habían abierto hace poco. Amo las piscinas, los toboganes, los trampolines y todo lo que tenga que ver con diversión en el agua. Ese pensamiento fue el único que alivió mi malestar y bloqueó mi pensamiento. Además, era la excusa perfecta para llegar tarde y cansado a casa. Sí, lo sé, sé que soy un maldito cobarde que sólo busca excusas para no enfrentar sus problemas, pero ¿y qué? Soy más que consiente que cuando llegue el momento tendré que enfrentar todo como venga, pero no aún, no… aún.
Cuando las clases acabaron Midori se esfumó del salón, sin darme apenas tiempo de decirle que me esperara. Me extrañó su actitud, pero no le tomé mayor importancia. Digo, de por sí ya era lo suficientemente rara como para saber que algo debería estar tramando y que no quería que lo descubriera hasta que ella quisiera. Me encogí de hombros, caminando hasta mi locker, para buscar la maleta que guardé ayer, y que tenía mi traje de acuático de dos piezas.
Al llegar a la entrada de la escuela, no pasaron ni 10 segundos, antes de que uno de los guardaespaldas de la familia Zatsumi, se me acercara y me dijera que Midori le había ordenado que fuera por mí. Yo me encogí de hombros y lo seguía hasta la camioneta. Después de cerrar la puerta, le pregunté por mi amiga, a lo que me contestó que había regresado a su casa por algo que se le había olvidado.
Tardamos en llegar 10 minutos, en los cuales me puse a escuchar música y de pasó les mande un mensaje a mis padres recordándoles dónde iba a estar. Luego de bajarme del auto y ver como éste se iba, esperé y esperé, sin saber exactamente qué pensar. Digo, ella no era impuntual, es más, odiaba la impuntualidad, por eso no entendía por qué diablos no había llegado. Sin pensármelo dos veces, le marqué al celular, una, dos, tres veces hasta que respondió.
- Lo siento, Naruto, no voy a poder ir. Realmente lo siento mucho- dijo bastante arrepentida y hablando con rapidez.
- ¿Qué? ¿Por qué? ¿Pasó algo?
- Sí, algo así, pero yo estoy bien. No te preocupes- se apresuró a decir- me tengo que ir, luego hablamos. Por cierto, si quieres entra tú, tienes los pases, ¿no?
- Sí- contesté desganado- pero no voy a entrar sin ti, no sería lo mismo- fruncí los labios.
- En serio, lo siento mucho. Te lo compensaré después, ¿sí?
- Ya qué…
Colgó y yo sentí que estaba a punto de echarme a llorar. ¡Lo sé! ¡Sé que me estoy comportando como un niño malcriado, pero realmente tenía ganas de subirme a los toboganes y nadar por varias horas! Y obviamente no voy a entrar solo como un moco pegado a la pared. Maldije en inglés, antes darme la vuelta e irme a algún lugar que no fuera mi casa, pero el destino me escupió de nuevo en la cara. Sí, oh, sí, a unos metros de mí, venía el Uchiha riendo y hablando con un grupo de amigos que, obviamente, no eran de la escuela. Iba a darme la vuelta y pretender que no lo había visto, pero antes de que pudiera hacer nada, me miró. Juró que estuve a punto de voltearme y echarme a correr, pero no lo hice. Me quedé como un idiota pegado al piso, hasta que estuvo frente a mí.
- ¿Qué haces acá afuera y solo?- preguntó el idiota del Uchiha- ¿y Midori?
- Me acaba de marcar y decir que no va a poder venir- alcé mi celular- bueno, yo ya me iba. Nos vemos.
Corre.
- Naruto…
Diablos.
- ¿No quieres entrar con nosotros?
Miré a sus amigos detrás de él: tetas, gigantón, sexo indefinido y señor emo. Más adelante, cuando el Uchiha se dignó a presentármelos descubrí que se llamaban: Konan, Jugo, Deidara y Sasori, respectivamente. Todos realmente eran muy agradables, así que no tuve problema en relacionarme con ellos, pero por el momento maldije mil veces al Uchiha, por seguir empeñándose en aferrarse a mí como garrapata.
- No, gracias, no quiero molestarlos- sonreí forzadamente.
- No eres ninguna molestia, ¿verdad chicos?- todos asintieron y yo tuve ganas de arrancarme los ojos.
- Genial- murmuré- bueno, entonces vamos.
En cuanto entramos al parque acuático sentí como un ataque de felicidad se adueñaba de todo mí ser. El lugar simplemente era fantástico, tenía una playa artificial, albercas grandes, tiendas, restaurantes, cafeterías y, en la parte de atrás, toboganes de diferentes tipos y tamaños. El único problema es que la fila para comprar los boletos era enorme, sin embargo eso no me desanimo. Midori me había dado su boleto y mi boleto, así que prácticamente podía entrar sin tener que esperar. Me volteé hacia el Uchiha y éste pareció sorprendido por mi actitud.
- Vamos, vamos, vamos… - no dejaba de repetir mientras le ponía los boletos en la cara.
- Ok, sólo déjame decirles a mis amigos- caminó hasta donde se encontraban, me apuntó a mí, ellos asintieron y él regresó- bien, podemos…
No lo deje terminar de hablar, pues lo tomé de la muñeca y lo jalé hasta la señorita que estaba en la entrada cambiando los boletos, por unas pulseras que traían un código de barra. Con dichas pulseras podíamos comprar lo que quisiéramos y dejar registrada nuestra compra, para al final pasarla a pagar a la caja. Sin perder tiempo, corrí arrastrando al Uchiha detrás de mí, para llegar lo antes posible al vestidor y poder aventarme, de una vez por todas, por uno de los toboganes.
Una vez en los vestidores, busqué a la velocidad de la luz un lugar donde pudiera descambiarme, pero a pesar de que estaba tan emocionado, no se me olvidaba que aún tenía mis tatuajes y era mejor si pasaban desapercibidos. Al llegar al fondo de los vestidores, dejé mi maleta en una banca y comencé a buscar mi traje acuático de dos piezas. Lo dejé encima de mi maleta y me empecé a quitar la ropa, hasta estar completamente desnudo. Luego rápidamente me coloqué mi traje, me di la vuelta para volver a jalar al Uchiha y llevarlo conmigo a los toboganes, obviamente necesitaba un compañero de aventuras, aunque fuera él.
- Listo- dije, con una enorme sonrisa al girarme, pero ésta se borró al darme cuenta que el Uchiha seguía con la maleta en la mano y sus ojos sobre mí- ¿Qué pasa?
Su cara estaba completamente roja y su expresión era todo un poema. Tardé varios segundos en entender qué era lo que le pasaba, pero cuando caí en la cuenta, no pude evitar ruborizarme igual que él y desviar la mirada. Me quedé en blanco y sólo atiné a decir que lo esperaba afuera. Tomé mis maletas y prácticamente corrí a la salida, sintiéndome libre para respirar y un poco menos avergonzado. Digo, eso fue estúpido de mi parte, pero sólo había sido un accidente. Punto. Nada de qué preocuparme… o al menos eso espero. Sacudí mi cara evitando tener que pesar en cosas innecesarias. No era momento para ello, estaba aquí para divertirme y olvidarme de toda la mierda que me estaba pisando los talones.
Intentando ser optimista, dejé las maletas con un muchacho que se encargaba de guardar los objetos personales, le mostré mi pulsera y eso fue todo. Después me quedé cerca de la puerta de los vestidores a esperar a que el idiota saliera. Tardó unos minutos antes de dignarse a poner un pie fuera de los vestidores y ni siquiera me miró, aún seguía con el rostro colorado, pero al parecer se veía menos impactado. Fue a dejar su maleta y se giró hasta mí, cohibido. Yo lo tomé de la mano y lo volví a jalar. Digo, no tenía caso usar las palabras para intentar solucionar algo que no tenía relevancia y ya había pasado.
- Naruto- intentó llamar mi atención, pero yo ni caso le hice, no tenía ganas de hablar acerca de lo ocurrido ni tampoco necesitaba sus repetidas disculpas. Sólo quería subirme al tobogán, eso era lo único que estaba en mi mente.
- Olvida lo que pasó, fue sólo un accidente, ahora vamos y aventémonos por ese tobogán- dije sin detenerme ni soltarlo, pero apuntando con mi otra mano al lugar donde quería ir. Era al tobogán más grande y monstruoso de todos… ¡Era hermoso!
- Pero…
- Vamos, será divertido- me gire a verlo y él pareció impresionado. Creo que si estuviéramos en una caricatura mis ojos tendrían forma de corazón.
No tuve más quejas ni resistencia de parte del Uchiha, sólo se dejó conducir por mí hasta llegar a la cima del tobogán por las escaleras. Había una pequeña fila, pero como avanzaba rápido no tuvimos problema de posicionarnos hasta enfrente. El tipo que estaba supervisando que todo se manejara en orden, nos dio un salvavidas inflable doble. Yo me coloqué al frente y el Uchiha atrás de mí, después el encargado nos empujó y comenzó el maravilloso recorrido. Mientras nos deslizábamos por el agua, sentí mi corazón golpear con increíble fuerza contra mi pecho y mis músculos tensarse con cada vuelta que dábamos, cuando el recorrido terminó no pude evitar llorar de felicidad, alzar los brazos y girarme bruscamente hasta el Uchiha.
- ¡Eso fue genial! ¡Fabuloso! ¡Esplendido! ¡Hay que subirnos otra vez! ¡¿Sí?! ¡¿Sí?! ¡¿Sí?!- repetí como estúpido, mientras me acomodaba de tal forma que pudiera ver su rostro- ¿qué pasa?- pregunté, al percatarme que estaba agarrado al inflable como si su vida dependiera de ello y se encontraba más pálido de lo normal.
Vi claramente como movió los labios para decirme algo, pero como habló tan bajo no llegué a entender exactamente lo que había dicho, así que me moví sobre el inflable para acercarme y poder escucharlo. Sin embargo antes de que pudiera decir nada, el siguiente inflable llegó y golpeó bruscamente contra el de nosotros, con la suficiente fuerza para volcarnos. Ambos caímos, yo entre risas, pues realmente me había hecho gracia la cara del Uchiha. Sin embargo, la sonrisa se me borró en el mismo momento en que salí a flote y me di cuenta que el idiota seguía hundido.
Al principio pensé que estaba bromeando, pero luego de esperar unos minutos, empecé a preocuparme. Sin pensármelo por más tiempo me sumergí, encontrándome con que el idiota del Uchiha sólo se hundía y hundía, pataleando y manoteando histéricamente. Nadé hasta él lo más rápido que pude, al estar a su altura, logré hacer contacto visual y con ambas manos le pedí que se tranquilizara, pero no me entendió o tal vez estaba demasiado histérico como para querer comprender lo que le estaba ordenando. Resignado, me acerqué justo en el momento en donde abrió la boca para querer respirar y tragó una gran cantidad de agua antes de cerrarla de nuevo. Tapó con ambas manos su boca y, por fin, se quedó quieto.
Miré hacia arriba dándome cuenta que estábamos muy lejos de la superficie, y no era para menos esta era una alberca de casi 5 metros de profundidad. Maldije mentalmente, acercándome a él, tomando su rostro entre mis manos, aparando las suyas. Su respiración pulmonar estaba al límite, si seguía así podría ahogarse mucho antes de que lograra sacarlo, pero todavía tenía tiempo si no se desmayaba. Resignándome y sin tiempo a pensar en una mejor idea, coloqué mi boca sobre la suya, abriendo con mi lengua sus labios, ya que el pendejo los tenía bien apretados. Una vez logré mi objetivo, pasé un poco de aire, logrando mejorar su malestar y dándome un poco de tiempo para sacarlo de ahí.
Con mis dedos apunté a mis piernas para que se fijara en el movimiento y lo imitara, al parecer esta vez sí captó la idea en general y me hizo caso al instante. Tomé una de sus manos y con la otra intenté empujarme a la superficie, pero era complicado arrastrar al pesado del Uchiha. Poco antes de salir, no pude evitar abrir la boca y tragar agua. Unos segundos más tarde, cuando mi cabeza alcanzó la superficie pude dar una gran bocanada de aire y toser compulsivamente, el Uchiha a mi lado me imitó, rodeándome con ambos brazos el torso.
- Te…- tosí compulsivamente intentando mantener el equilibrio, con el peso del Uchiha hundiéndome de vez en cuando- te odio- murmuré, sintiendo su respiración en mi oído.
- Lo sé- contestó, tosiendo de la misma forma que yo.
- Bien, primero vamos a la horilla- intenté buscar el salvavidas, pero al no encontrarlo, supe que esto sería más complicado de lo que parecía, más al estar en medio de la alberca- Uchiha, pon tieso el cuerpo y no dejes de mover las piernas.
- Entendido…
- Y no recargues todo tu peso en mí, intentan mantener el equilibrio con tus brazos.
- Ok.
- No sabes nadar, ¿verdad?
- No…
- Bien, lo que voy a hacer es ponerme detrás de ti, para eso primero me voy a girar yo y luego te voy a ayudar a girarte.
- Ok.
Respiré profundamente y al sentir que el apretado agarre del Uchiha se aflojaba un poco, me giré, automáticamente, dejándonos frente a frente. Pude ver lo nervioso y tenso que estaba. Por eso, principalmente, no quise pedir ayuda a gritos, porque sabía que lo único que haría era ponerlo más nervioso de lo que ya estaba. Intenté mantener la calma lo mejor que pude, demostrándole de esa forma, que no había nada que temer. Lo ayudé a voltearse y su espalda quedó encima de mi pecho, poco a poco, ambos pataleamos hasta el borde. Él no tuvo ningún problema para subir a la superficie y agradecí al menos eso. Me senté al borde de la alberca y pude respirar tranquilamente por primera vez.
Me volteé, dispuesto a gritarle hasta de lo que se iba a morir, por haberme hecho pasar por toda esta estupidez. Si por lo menos me hubiera dicho que no sabía nadar, nos hubiéramos evitado todo un drama. Sin embargo, al verlo tan abatido sentado a mi lado, se me quitaron las ganas de insultarlo. Por el contrario, me giré todo mi cuerpo para estar frente a él.
- ¿Estás bien?
- Sí- murmuró, asintiendo suavemente.
- Me alegro- contesté y él por fin me miró- no vayas a disculparte, tonto- le sonreí- yo tuve la culpa por arrastrarte hasta acá asumiendo que sabías nadar, así que lo siento. Lamento haberte dado esa mala experiencia- suspiré pesadamente- pero para la otra, por favor, asegúrate de hablar y no hacer nada tan temerario como dejarte arrastrar por la persona que te gusta a algo que no sabes hacer- le sonreí de lado.
- Lo tendré en cuenta. Gracias- sonrió, por fin, quitando esa cara de pena que tenía.
- Dejando eso de lado, ¡¿nos volvemos a aventar?!
Parpadeó confundido por mi repentina respuesta.
- Pero no sé nadar y no debo dejar influenciarme por la persona que me gusta.
- ¿Quién diablos te dijo esa mierda?- pregunté haciendo cara de impactado.
- La persona que me gusta.
- Bien, de seguro es un loco idiota, no deberías hacerle mucho caso- sonreí y me puse de pie- te has olvidado que estás conmigo y yo te rescataré las veces que sean necesarias, así que vamos y aventémonos, ¡será fabuloso!
Nos miramos unos segundos, antes de reír de buena gana y aceptar la mano que le había extendido para que se levantara. Lo volví a tomar de la muñeca y arrastrar hasta el principio del tobogán, antes de lanzarnos le dije que no tenía nada que preocuparse, que lo ayudaría siempre que fuera necesario a cambio de que se arriesgara a lanzarse conmigo. Me llevé una enorme sorpresa al ver lo tranquilo que se veía y la confianza ciega que estaba depositando en mí. Luego de eso, nos lanzamos por todos los toboganes y tuvimos muchos accidentes, pero todas esas veces él permaneció tranquilo, porque yo siempre estuve a su lado para auxiliarlo.
No puedo negar que me divertí como nunca y que el Uchiha era un buen compañero de juegos, pero desgraciadamente todo eso se detuvo cuando sus amigos nos encontraron. Mi rostro de decepción y molestia se hizo notar, pero pasé desapercibido, porque todos se concentraron en el idiota, quién pareció también ignorarme. Luego de ponerse de acuerdo para ir a comer algo, me resigné a que tendría que esperar dos horas, hasta poder meterme al agua de nuevo; pero lo peor no fue eso, lo peor fue que el Uchiha ni siquiera me miró y eso, por alguna extraña razón, me irritó.
3
Comimos bolas de pulpo, aunque yo devoré todo lo que me compré. No me di cuenta que estaba hambriento hasta que di el primer bocado. Todos me miraron como desquiciado, pero no me importó, tenía demasiada hambre como para ponerles realmente atención. Además, seguía molesto con el estúpido del Uchiha por haberme ignorado un buen rato. Luego de terminar de comer, me compré una bebida con helado encima como postre, sabía realmente deliciosa, así que me la acabé de un sorbete y de un bocado me comí el helado. Mi cerebro se congeló por un segundo, pero valió completamente la pena. Por último eructé y me dejé caer contra la silla más que satisfecho.
- Emmm… lo siento- dije, al ver que todos me miraban con cara de susto, pero al final terminaron por reírse fuerte y claro.
- Nunca me imaginé que Uchiha tuviera un amigo tan divertido y guapo- dijo la tal Konan, una chica con grandes pechos, pequeña estatura y linda cara; totalmente mi tipo, aunque curiosamente no me interesó en lo más mínimo.
- No tenemos mucho de conocernos, hace poco que llegué a Japón- comenté al aire- además, no nos llevamos muy bien al principio, ¿verdad, Uchiha?
- Sí.
- De dónde vienes, ¿entonces?- preguntó Jugo, un tipo muy alto con el cabello pintado de naranja y con una gran complexión física.
- Alemania.
- ¿Eres alemán?- interrogó Deidara, un tipo más alto que yo, cabello rubio teñido, largo, amarrado en una media coleta y con cara de niña- hablas muy bien el japonés, aunque tu pronunciación es un poco extraña.
- Soy japonés, pero viví por muchos años en Alemania por el empleo de mi papá.
- ¿Cómo dijiste que te llamabas?- me cuestionó, un tipo pelirrojo, unos centímetros más alto que yo y delgado.
- Naruto… Uzumaki Naruto.
El tipo pelirrojo, Sasori, me miró fijamente, tan fijamente que me dio escalofríos. Sin embargo no tenía una mirada pesada o frívola como la del Uchiha, no, él tenía algo diferente… o mejor dicho… conocido. Sí. Lo observé con atención y me di cuenta que su rostro me sonaba de algo, no tenía idea de qué, pero tenía la sensación que lo había visto en alguna parte. Aunque obviamente no podía conocerlo, porque nunca nos habíamos visto hasta ahora o ¿sí?
La conversación en ese punto fue desviada por el Uchiha y la atención sobre mí disminuyó considerablemente, cosa que le agradecí, pues de esa forma pude disfrutar mejor el ambiente, aunque los ojos del tal Sasori siguieron fijos en mí. La plática fue muy entretenida, más cuando ellos me contaron cada una de las travesuras que hacían cuando estaban en la escuela elemental e interesante, cuando me hablaron un poco más afondo sobre la historia y cultura japonesa, a cambio de yo decirles como era Alemania y viceversa. La cosa estuvo bien hasta ahí, después Deidara se pegó del brazo del pendejo-bueno-para-nada del Uchiha y fueron a comprar no sé qué cosa. En serio, que tipo tan manipulable. ¿No se suponía que está enamorado de mí? ¿Entonces, por qué diablos se deja manosear por cualquiera? En serio, qué idiot…
Wow… espera… espera… ESPERA… ¿Qué diablos pensé? ¿A mí desde cuándo me importa con quién está el Uchiha? No… No. No y no. No, Naruto, no pienses cosas que no son. Él te cae bien y te agrada de cierta forma, porque se ha ganado tu respeto y cariño, pero hasta ahí. Por ello, no tiene que haber pensamientos homosexuales como los que acabas de tener, ni mucho menos dudar de tu propia sexualidad. Sí, a mí me encantan los pechos enormes como los de la tipa al lado de mí llamada Konan. Exacto, debo ver sus pechos en lugar de estar volteando cada minuto para saber dónde está el Uchiha y a ver hasta cuándo se va a quitar a ese imbécil teñido de encima. …Creo que lo más sensato es que deje de pensar.
- Joven Uzumaki, un día de estos le gustaría salir conmigo.
- ¿Eh?- volteé a ver a Konan y luego maldije en voz baja cuando el estúpido del Uchiha casi se deja besar por Deidara. Tenía ganas de golpear a ambos, en especial al pendejo, por ser tan pendejo- Claro-contesté, mirándola de nuevo un segundo y dejando de nuevo mis ojos en el idiota.
- Realmente tú y el Uchiha se han vuelto muy cercanos, ¿no?- la voz de Jugo, me distrajo en el mismo momento en que estaba dispuesto a ir y separar a esos dos.
- Sí, qué envidia, se ve que son buenos amigos- apuntó Konan, sonriendo maravillada.
- ¿Amigos? Yo pensé que eran pareja- comentó Jugo, sin mucho interés.
- No, claro que no somos nada de eso- me apresuré a aclarar, obligándome a no desviar los ojos hacia el Uchiha- sólo es el amigo de una amiga. Lo respeto y de cierta forma me agrada, pero no hay una relación más profunda que esa. Además, no soy gay.
- ¿En serio? Genial, entonces no tengo que preocuparme de nada- la voz de Deidara, chilló cerca de mi oído.
Al girar el rostro lentamente, me encontré con la estúpida sonrisa de Deidara y la mirada seria, pero inexpresiva del Uchiha. Quería decirle algo, no sé, cualquier cosa, sin embargo, no lo hice, sabía que lo que dijera sólo serviría para alimentar una esperanza que no existía. No soy gay, ni pienso convertirme en uno. Por eso y por muchas cosas más, es que simplemente tuve que cerrar la boca y mirar como Deidara coqueteaba aún más abiertamente con el Uchiha. No sé por qué la situación pasó de ser molesta a inaguantable. Me puse de pie y les dije que iba a nadar un rato, para mi desgracia, todos me siguieron.
Nos metimos a una alberca no muy profunda, en donde el Uchiha pudiera estar sin preocuparse de ahogarse. Todos empezaron a jugar con una pelota, mientras yo nadaba ágilmente por la alberca. De vez en cuando miraba al idiota, pero él nunca volteó a verme, en todo caso, le prestó toda su atención al greñudo del Deidara. Sabía que no podía objetar nada, porque era verdad lo que les había dicho a los amigos del tarado, pero la situación no dejaba de fastidiarme.
Luego de cansarme de nadar, me quedé flotando boca arriba y mirando el techo, comenzando a cansarme de estar ahí. Debía admitirlo, sin el Uchiha la cosa ya no era tan divertida como en un principio, además, no tenía caso quedarme y seguir torturándome al ver a Deidara y al idiota, juntos. Lo que hiciera o dejara de hacer no era mi problema. Nadé hasta ellos y me despedí de todos, alegando que tenía que llegar temprano a casa y no se cuanta cosa. Konan y Jugo, me pidieron que me quedara un poco más, pero al ver que el Uchiha ni siquiera me miraba, simplemente me disculpé y les prometí volver a salir con ellos.
Salí de la alberca, caminando lentamente hasta los vestidores. No tenía ganas de irme, obviamente, pero tampoco había motivos para quedarme. Sin embargo, no llegué ni a caminar 10 metros, antes de que Sasori me llamara a lo lejos. Al voltear, me encontré con su menuda figura frente a mí. No dijo nada por varios segundos y sólo me analizó de pies a cabezas, fue un poco incómodo, pero respeté su silencio.
- No me recuerdas, ¿verdad?
- ¿Disculpa?
- No, nada- me tendió una mano- soy Usami Sasori- sonrió, ligeramente- ha sido un placer conocerte, espero que podamos vernos y hablar otro día.
Su cambió de personalidad me sorprendió un poco, pues durante las conversaciones pareció tan distante, que su actitud de ahora, no me cuadraba. Me encogí de hombros y estreché su mano, en ese instante, otra sensación de familiaridad se apoderó de mí. No entiendo que me está pasando con este tipo, pero cualquiera que sea el asunto, sé que me estoy perdiendo de algo.
- Claro- atiné a decir, nervioso.
- Bien, eso era todo- iba a retirar su mano, pero yo no se lo permití.
- Yo… yo te conozco… sé…- parpadeé un par de veces con desesperación- sé… sé que te conozco… pero no puedo recordar de dónde.
- No importa- quitó delicadamente mi mano de la suya- Naruto…- sonrió de lado- espero que podamos vernos de nuevo- me abrazó efusivamente, antes de dar unos pasos atrás y despedirse con la mano.
Quería detenerlo y preguntarle qué había sido todo eso, pero sabía que no respondería. Sin saber muy bien qué hacer, hice lo que tenía pensado hacer desde un principio, regresar a los vestidores, cambiarme y salir de ahí. Sabía que tenía que regresar con mis papás y hablar con ellos sobre la conversación que había escuchado por accidente, además de contarles sobre ese chico extraño. No perdí más tiempo y fui por mis cosas y pagué la cuota que debía. Me sequé y cambié lo más rápido que pude. De pronto tenía mucha prisa por llegar a casa, no sé. De alguna forma me sentía afligido y triste, muy triste. ¿Qué diablos estaba pasando conmigo? ¿Desde cuándo soy tan sentimental?
Mierda… me estoy volviendo demasiado blando.
Salí lo más rápido que pude del parque acuático, pero mis pasos se detuvieron abruptamente, al ver al Uchiha parado a unos metros de la entrada, cambiado y con su maleta al hombro.
- Eres lento- sonrió.
- O tú demasiado rápido- le devolví la sonrisa, sintiéndome extrañamente aliviado por verlo- te concedo esta victoria, pero sólo por esta vez.
- Pensé que eras un mal perdedor.
- Sólo a veces- reí bastante fuerte y él me imitó- vamos, regresemos a casa.
- Sí. ¿Tomamos un taxi?
- No traigo mucho dinero.
- No te preocupes, yo pago.
- Si insistes, no me negaré.
No dijimos nada en el transcurso de camino a casa, aunque para mí sorpresa me sentí tranquilo y despreocupado. Estás últimas semanas realmente han sido fastidiosas en todos los sentidos. Desde mi confusión con el idiota a mí lado, hasta lo ocurrido con mis padres. Sin embargo, este día había sido especial, me sentí libre de preocupaciones por primera vez en mucho tiempo y sobre todo pude reconciliarme con el Uchiha. Vale, que no somos mejores amigos, pero debo de admitir que estar a su lado es, de alguna forma extraña, reconfortante.
El taxi se estacionó una cuadra antes de nuestras casas, pues frente a éstas se encontraban tres autos negros; algunos hombres cruzados de brazos, con expresiones sombrías. El estómago se me encogió y el corazón me dio un vuelco. Sin darme cuenta apreté con fuerza mi maleta y con una desesperación sofocante, me bajé con rapidez del auto. El Uchiha no me preguntó, ni yo lo cuestioné sobre seguirme al interior de mi portón. Corrí por el garaje hasta llegar a la entrada de mi casa, la cual se encontraba con las luces encendidas. Abrí la puerta, siendo seguido por el Uchiha hasta la sala, en donde encontramos a mis padres hablando con dos personas: un hombre y una mujer, ambos de edad avanzada. Justo cuando el Uchiha y yo entramos, mis padres y sus invitados se levantaron de inmediato.
- Naruto, hijo… que bueno que llegaste- mi padre se encontraba con una expresión tan seria que un escalofrió cruzo por toda mi espina dorsal. Inconscientemente, di un paso atrás.
- Naruto…- esta vez quien me llamo fue la mujer mayor. Tenía el cabello rubio cenizo como el mío y unos ojos castaños, terriblemente familiares.
- ¿Quiénes son ustedes?- pregunté con recelo, frunciendo el ceño y dando otro paso atrás.
- Naruto, no te acuerdas de nosotros- cuestionó con ¿amargura?, el hombre mayor.
- No, no sé quiénes son ustedes- contesté, cortante.- ¿Papá que está pasando aquí?- exigí saber cuándo mi madre se echó a llorar de un momento a otro.
- Naru- murmuró mi padre- Ellos son tus abuelos, padres de tu padre biológico…
Sección de dudas:
1.- Tiempo transcurrido: del 23 al 26 de octubre.
2.- Imágenes de los nuevos personajes y objetos que no sé cómo describir, en mi facebook: Etiel
3.- Como Naruto salva a Sasuke en el Minuto 2:33: watch?v=H2HwEh8CxHo
