10 ¿Un nuevo profesor?
Después de aquello, Harry y los demás comenzaron a llamarse por el nombre que se habían puesto, además cada luna llena, cuando Remus se marchaba para transformarse en hombre-lobo, los miembros restantes se escapaban de la Torre de Griffindor y lo seguían pasando ratos muy agradables, mientras estaban transformados en sus animales correspondientes, si bien Harry no pudo unírseles debido a una conversación con Dumbledore y una gran vigilancia de Mc Gonagall.
- ¡Ehy, Cascos!- Dijo James durante un desayuno.
- ¿Qué quieres Cornamenta?- Respondió.
- Toma, una carta de mis padres.- Dijo mientras se la alargaba.
- Vaya... gracias.
Harry la abrió y la leyó con una sonrisa. Desde que habían comenzado e curso en Hogwarts, sus abuelos le enviaban varias cartas todas las semanas, algo que a Harry le hacía mucho ilusión y las conservaba todas.
- ¿Qué te dice?- Preguntó Hermione.
- Me preguntan porque no quiero ir a su casa por Navidad, y que no entiende porqué James tampoco quiere ir estas Navidades.- Respondió
- Bueno, si es por nosotros, Harry no te preocupes.- Dijo Ron.- Ya sabíamos que...
- Claro que me preocupo. Además vosotros lo habéis hecho cada año, este me toca hacerlo a mí.
- Pero...
Ya casi había llegado la Navidad, y por ahora todo parecía tranquilo, las noticias que recibían desde el futuro eran esperanzadoras (los antiguos bandos de Voldemort como los gigantes y los hombres lobo se habían unido en su contra) y todo hacía indicar que nadie (excepto los griffindors y los que lo sabían desde un principio) sabía donde estaba Harry, lo que les daba a todos una cierta tranquilidad.
En aquel momento Dumbledore se levantó de su asiento e hizo callar a todo el mundo con un leve gesto. Cuando vio que todo el mundo le prestaba atención comenzó a hablar.
- Como todos sabéis, el profesor Andrey ha tenido un pequeño accidente y no podrá dar más clases hasta el próximo curso, una lástima la verdad. Así pues, a partir de ahora y hasta final del curso espero, tendremos con nosotros un nuevo profesor. Supongo que llegará en cualquier momento, así que todos aquellos que tengáis Defensa contra las Artes Oscuras, tendréis clase.
Se levantaron murmullos por todo el Comedor pero Dumbledore ya no dijo nada más, aunque Harry tampoco habría escuchado mucho más, porque en ese momento el medallón que le regalaron los gemelos Weasley comenzó a iluminarse, que era la señal de que se estaban intentando poner en contacto con ellos. Lo más rápido que pudieron salieron del Gran Comedor y se quedaron en un rincón un poco apartado.
- ¡Fred, George! ¿Qué ocurre?- Preguntó asustado.
- ¡Oh, chicos! ¡Vaya suerte tenéis! ¡Vais a tener una gran sorpresa!
- ¡Eso si no la habéis tenido ya!
- ¿De que habláis?- Preguntó Ron.
- Lo sabréis dentro de poco. ¡Os encantará!
- Bueno, ya nos veremos.
Tan repentinamente como había sido la llamada, fue el final de la comunicación. Los tres se miraron de forma interrogante. Cuando dos minutos después se le unieron los merodeadores todavía no sabían como debían reaccionar ante aquello. Y entonces, cuando se iban a dirigir a clase de pociones, Harry sintió de pronto como si alguien le cogiera por detrás.
- ¡Eh, suéltame! ¡Déjame!- Exclamó mientras peleaba por escapar de los brazos de su captor.
Para su sorpresa, tal y como lo acababan de coger, lo soltaron con rapidez pero al mismo tiempo con delicadeza. Cuando Harry se giró, sus ojos se abrieron por la sorpresa e incluso en un principio fue incapaz de reaccionar. Delante suyo tenía a un hombre alto, de pelo negro y ojos azules.
- ¡HOCICOS!- Exclamó a la vez que saltaba para darle un abrazo.
- ¡HARRY! ¡Ven aquí, diablillo!- Contestó mientras lo abrazaba.
- ¡No puedo creerlo! ¿Eres tú de verdad?
- No, soy de mentira. ¡Que preguntas!- Dijo mientras le revolvía el pelo y le quitaba las gafas.
- ¡Devuélvemelas! ¡Sabes que no veo un pijo sin ellas!
- Toma.- Entonces se giró a los otros dos.- ¿y vosotros qué? ¿Ya no me saludáis?
- ¡Hocicos! Es que... es que...
- No os lo esperabais, ¿Verdad?
- ¡No!- Dijeron los tres.
- De eso se trataba.- Sonrió.- Aunque me cuesta creer que los gemelos no os dijeran nada.
- ¡Claro! ¡A eso se referían!- Exclamó Ron.
- ¿Y qué haces aquí, Hocicos?- preguntó Harry.
- Soy vuestro nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras.
- ¿¡TÚ!?- preguntaron tres voces a la vez.
- Sí, yo.
- ¿Usted será nuestro nuevo profesor?- Preguntó Lily.
Sirius se giró hacía donde se encontraban los merodeadores con el rostro sin expresión alguna y se quedó mirando a los cinco durante unos segundos y luego sonrió a la vez que asentía.
- Sí, yo seré vuestro nuevo profesor. Soy Sirius Smith.- Sonrió.- Y si no me equivoco, contando con la información que me dio el director y la que me han dado estos tres diablillos de aquí, vosotros sois los merodeadores, ¿Cierto?
- Sí, señor.- Dijo Sirius (Merodeador)
- Profesor... ¿podemos saber que le ha explicado el director?- Preguntó Remus.
- Que os gustan demasiado las bromas, además de explicarme algunas.
- No debe creer todo lo que le digan, profesor.- Dijo James con cara inocente.
- Pues tengo la sensación de que sí debo creer esto. Y ahora... ¿Acaso no tenéis clase?
- ¡Es cierto!- Exclamaron.
- ¡Adiós profesor!- Dijeron los merodeadores.
- ¡Hasta luego, Hocicos!- Dijo el trío.
Cuando los muchachos se alejaron por el pasillo, una voz a las espaldas del hombre le hizo dar un leve salto debido al susto.
- ¿Hocicos?
A girarse, Sirius vio al director de la escuela junto con la subdirectora, Minerva Mc Gonagall, que al igual que el anciano tenía en su rostro una expresión divertida.
- Es cosa de James. Desde un poco antes que Harry naciera comenzó a llamarme así, y a Harry se le quedó la costumbre al igual que a sus amigos.- Mintió, no podía decirles que era el sobrenombre que utilizaban para que nadie del Ministerio supiera que era él, debido a que estaba huyendo de la Ley.
- ¿Y por qué motivo, James Potter te puso ese mote, Sirius Black?- Preguntó Mc Gonagall mientras aumentaba su sonrisa.
- Según él, porque no hacía nada más que meter mis hocicos por todas partes.- Dijo Sirius, pero como los otros dos le miraron sin comprender, añadió.- Harry es mi ahijado, y técnicamente soy su tutor si por desgracia algo les pasa a James y a Lily.
Ambos le miraron con compresión, pero no dijeron nada más después de aquello y se limitaron a hablar (en el despacho de Dumbledore) sobre el programa escolar y los motivos por lo que Sirius estaba allí.
- La verdad, es que nadie estaba muy tranquilo por el que los muchachos estuvieran aquí solos, sin nadie que los vigilara... esos tres si se lo proponen pueden llegar a ser peores de lo que éramos nosotros como los merodeadores, sobretodo con todo el apoyo material de los hermanos gemelos de Ron...- Suspiró divertido ante todas las bromas que ya habían llevado a cabo.- Imagínense a esos tres diablillos junto con los merodeadores...
- ¿Y por qué tú, Sirius?- Preguntó Dumbledore.
- Porque era el que mejor podía pasar desapercibido. Si alguno de sus padres viniera, serían demasiado llamativos, así que no podían. Solo quedábamos Remus y yo, y la verdad es que Remus no podría pasar desapercibido debido a su condición de hombre lobo.
- ¿Y Peter?- Preguntó Mc Gonagall.
- Con Peter... hace mucho tiempo que no se puede contar.- Dijo con una expresión nada amistosa.- Pero mejor cambiemos de tema.
- Claro... lo mejor es que Harry y tú podáis hablar tranquilamente. Vamos a aprovechar que no tienes clase hasta dentro de un rato. Minerva, por favor ¿podrías ir y traer a Harry hasta aquí?
- Claro, Albus. Enseguida lo tendrás aquí.- Dijo Mc Gonagall mientras salía del despacho.
La profesora Mc Gonagall fue por una gran cantidad de pasillos hasta que llegó a las mazmorras, donde los griffindor de quinto año tenían pociones con Slytherin.
- Perdone, profesor. ¿Puedo llevarme a Harry un momento?
- Claro. Potter, vaya.
- Recoge tus cosas Harry, te irás directamente a tu próxima clase.- Dijo Mc. Gonagall.
Después de aquello, volvieron hasta el despacho de Dumbledore. Harry se sentía confuso, ¿por qué lo llevaban al despacho del director? Él no recordaba haber hecho alguna travesura últimamente. Una vez dentro, no pudo aguantarse.
- Perdone, director... ¿He hecho algo?
- No, Harry. No has hecho nada... pero creo que tendrás muchas ganas de poder hablar con Sirius tranquilamente.
Sirius le sonrió desde la otra punta de la habitación, y tras despedirse de los otros dos profesores, ambos se marcharon y comenzaron a pasear por el colegio de una forma muy parecida a como Harry lo hizo con los Weasley el curso anterior justo antes de la última prueba del Torneo. Durante todo el paseo hablaron de muchas cosas, cosas de ese tiempo, cosas del suyo, sucesos sobre Voldemort... la hora pasó casi volando de forma que cuando se dieron cuenta todavía tuvieron que correr para no llegar tarde a clase de Defensa. No pasaba nada si Harry llegaba tarde... pero si era el profesor...
Llegaron casi por los pelos, Harry entró en la clase justo cuando era la hora y lo siguió Sirius.
- Buenos días a todos.- Dijo Sirius cuando entró.- Me llamo Sirius Smith y seré vuestro profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras durante lo que resta de curso.
Durante toda la hora, Sirius demostró ser todo, excepto aburrido. Sus clases resultaron al trío tan interesantes como en su día lo demostró ser las de Remus, con la única diferencia, que mientras Remus siempre permaneció serio, Sirius era incapaz de serlo, por el sencillo motivo que él era casi como un travieso adolescente, y cada tanto, gastaba alguna broma o decía algún comentario gracioso.
Cuando finalizó la clase, todos se marcharon comentando animadamente lo fantástico de la clase, sobretodo los merodeadores y el trío.
- ¡El profesor Smith es genial!- Exclamó James.
- Sí, su clase ha sido interesante y divertida.- Comenzó Remus.- Una combinación muy poco frecuente.
- No nos habíais dicho que fuera tan buen profesor.- Afirmó Sirius.- Hasta a mí, me ha gustado.
- Bueno... es que no lo sabíamos.- Afirmó Harry.
- ¡Oh, vamos Cascos! ¡No seas tan mentiroso!- Exclamó Sirius.- ¡Me cuesta creer que lo conozcas y no haya sido tu profesor!
- ¿Cascos?- Preguntó una voz a sus espaldas.
Allí estaba Hocicos, y tenía una expresión no muy agradable, es más, parecía enfadado. Harry, solo le había visto esa expresión una vez, y fue cuando después de doce años en Azkaban, había encontrado a Colagusano y este todavía aseguraba su inocencia.
- Vosotros tres, quiero hablar con vosotros ahora.- Dijo con severidad.- Vosotros cinco, avisad a vuestro profesor de que se retrasaran.
Los merodeadores asintieron y se marcharon no antes de lanzar una mirada preocupada sobre el trío. Cuando se marcharon, Hocicos les hizo un gesto para que lo siguieran y los condujo hasta su despacho y les indicó que se sentaran.
- ¿Cascos, Harry?- Preguntó.- Dime que no es cierto lo que me imagino.
- Yo... es que...
- Te has convertido en un animago sin registrar ¿no es cierto, Harry?
- Sí.
- Me lo imaginaba.- Suspiró.
- No solo él. Lo hemos hecho los tres.- Afirmó Hermione.
Para su sorpresa, Hocicos sonrió. Es más, comenzó a reírse a carcajadas y cuando al fin se calmó lo suficiente comentó.
- ¡Lo sabía! ¡Desde el momento en el que os enviamos aquí que lo sabía! ¡Incluso se lo comenté a Dumbledore!- Dijo alegre mientras los tres se miraban confusos.
- ¿No estás enfadado, Sirius?- Preguntó Harry.
- ¿Enfadado? ¡Por las barbas de Merlín, claro que no! Tanto Dumbledore, como La Orden del Fénix opinó que era muy beneficioso el que os transformarais. Os serviría de camuflaje contra Voldemort. ¿En que os transformáis?
- Yo me transformo en una lechuza parda.- Dijo Hermione.- Me llaman Plumas
- Una lechuza es el animal que más se te adapta... eres muy inteligente, igual que ellas.- Afirmó Sirius.- ¿Y tú Ron?
- Un unicornio. Mi sobrenombre es Noble.
- Curioso, no he sabido de nadie que se transformara en un unicornio. Y tú Harry, supongo que te transformarás en un ciervo. ¿Verdad?- Harry asintió.- Me encantaría verte, mejor dicho, veros en vuestras formas animales.
Se escuchó un suave "puff" y los tres se transformaron, para deleite de Sirius que quedó muy impresionado ante el aspecto de Harry.
