CAPÍTULO 8. UNA FUNCIÓN MÁS. AL TEMPO (I).
DESCARGO: A excepción de los personajes de Ranma ½, todos los demás caracteres y circunstancias son obra mía, salvo los que se explicitan al final.
N.A. Pido disculpas a los primeros lectores que me mandaron un comentario de la primera versión del capítulo anterior. La primera parte donde estaba la trama relacionada con la película la improvisé la semana anterior a la publicación y no tenía cogidos todos los cabos, gracias a lo cual metí la pata y publiqué el capítulo cuando no debía, quitándole tensión a la historia. Lo siento por los que pedís que me dé más prisa en actualizar. La respuesta es: no puedo. Tened en cuenta que estos partos son difíciles y aquí no hay epidural que valga.
Patán, esto va por ti (como no tengo tu correo, no puedo contestar personalmente a tus comentarios):
Me parece MUY mal que te perdieras mi ruin y mezquino cliffhanger (aún no he dado con una traducción que me guste), con lo que me costó sacarlo adelante…, pero dada tu condición de hombre, no preguntaré por problemas personales. Por cierto, me sé de uno que tiene 'a one track mind'. No me había dado cuenta de que la escena de la pelea admitía una segunda lectura. Espero que entre todavía dentro de la calificación R, que los censores de ffnet cada día están más duros. En cuanto a 'Requiem…', bueno, qué le voy a hacer? Casi todos llevamos un hortera dentro y joder lo que cuesta matarlo… Es cierto que el acompañamiento musical es penoso (lo de Pimpinela no te lo voy a perdonar), pero me gustó la canción sobre todo por la letra, previa patada en el trasero a Lara Fabian. De todas formas, me quedo con tu sugerencia, es una muy buena elección.
En cuanto a los errores de formato en el capítulo nuevo… no me haces los deberes. Exclamaciones e interrogaciones siempre las escribo al modo anglosajón, en toda la historia. Todo se pega, menos la hermosura. No va a cambiar, gandula que es una. El harem es la misma historia, otra vez la influencia anglosajona, no sé muy bien por qué en este caso. Y flama, diccionario en mano, es correcto en castellano. Nada que decir sobre el 'espadadrapo'. Es un error y no hay más vuelta de hoja. Y qué decir de los 500 cc de sedante... como bien has adivinado, se trataba de mg. En fin, que tienes razón, el capítulo tiene un aire precipitado. Tardé 3 semanas en sacarlo en vez de las cuatro-cinco habituales y en algo se tiene que notar.
Lo de la espada es en verdad anecdótico y lo tenía pensado desde el principio, sólo que al precipitarme al publicar la primera versión del capítulo anterior, daba la impresión equivocada. De hecho, ya entonces Akane misma (sin saber aún lo del cambio) razona que si hubiera querido matarla podía haberlo hecho en cualquier momento. En cualquier caso, muchas gracias por prestarle atención a ese detalle. De todas formas, el papel del arma se verá (se intuir�, mejor dicho) en éste y el siguiente capítulo.
Muchas gracias por desinflarme un poco el ego.
Lo siento, Verito, no uso msn, sólo yahoo! Messenger y últimamente casi nunca estoy conectada.
En otro orden de cosas y cambiando radicalmente de tercio, gracias por lo del premio (Anime Awards, organizado por Hayi-OS). Ese día tuve además otra buena noticia de mi trabajo y estuve dando botes por la facultad (soy muy fácil de contentar). En cuanto al concurso 'El mejor personaje inventado'... no creo que ninguno de los caracteres de nueva creación tenga suficiente carisma y se me pasó el plazo, así que... otra vez será.
Me voy a tomar una licencia con el cómic. Para el bien de esta historia, vamos a suponer que el episodio de la Nannichuan instantánea y el destructor de dojos no existen. Luego me comentáis si merece la pena esa pequeña pérdida.
Y ya, por fin, las últimas notas antes de empezar con la historia, que cada vez me pongo más pesadita. Tomáos con calma (yo sugiero unas palomitas también) este capítulo. Es más largo de lo habitual. Voy a por el límite mágico de las cien mil palabras. La razón está en el siguiente párrafo.
AVISO: algunos fragmentos no son aptos para menores de 18, así que los que caéis en esa categoría, portáos bien y saltaos desde la tercera línea de guiones (contando ésta) hasta la quinta, ese trozo es prescindible en lo que concierne al desarrollo de la historia. Por cierto, está especialmente dedicado a Emaltea, Patán, Teresa y Bianca (sobre todo a las dos últimas, por aguantar mi verborrea electrónica).
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Cansado como estaba, física y mentalmente, no podía dormir. Lo cierto es que la postura del loto era bastante incómoda para quedarse torrado y dar cabezadas sólo le proporcionaría un bonito dolor de cuello al día siguiente, así que estaba descartado. Bufó, ligeramente molesto, ojeando a la bella durmiente alojada en sus brazos, estirando uno de ellos para coger la cinta del pelo caída y rehacer la coleta.
'Cerca o lejos, planchando oreja o despierta, siempre consigues mantener a Morfeo alejado de mí...'
Y encima las piernas sí que se le habían quedado dormidas...
Sin embargo, tampoco es que pudiera quejarse. Al menos, no demasiado. No era esto lo que había soñado alguna que otra vez? Akane en sus brazos, explicaciones dadas y recibidas, una reconciliación... quizá un nuevo comienzo?
Resopló, dándose un capón.
'Control Tierra a Ranma... Eooooooooo, vuelve a la Tierra, vale?'
La parte de las explicaciones se podía tachar de la lista de 'cosas para hacer'... más o menos. Quizá si intentaran hacerlo sin montar un concurso de 'quién puede echarle más decibelios a su voz' no estaría mal... Y aún así, después de tantos años, de discursos ensayados, no habían quedado esas explicaciones un poco... pobres?
Y reconciliación? Ni rastro. Akane había ido tan lejos como dar a entender que había cometido un error (lo cual, viniendo de ella, suponía una tarea titánica que no podía sino apreciar). Pero eso era todo.
Nada de grandes declaraciones seguidas de apasionados besos u otras acciones igualmente apasionadas. Tan sólo palabras. Gestos. Llanto. Y un par de masajes, no lo olvidemos. Bueno, eso era toda un descubrimiento en su relación con ella. Incluso bromear. Como si fueran gente normal. Tomándose el pelo el uno al otro. Lo cual, definitivamente, le daba buenas vibraciones, una sensación de... confianza, que antes no estaba ahí. Quizá lo que deseaba oír estaba en todo aquello, igual que cuando estaban prometidos... O quizá era todo leer entre líneas por su parte. Y leyendo sólo lo que quería leer.
Una sonrisa teñida de sarcasmo cruzó sus facciones, desapareciendo tan pronto como había surgido. Le vino a la mente la letra de una canción de... Extreme... se llamaban? 'More than words'. Más que palabras. No era justamente eso lo que le había dado a entender él mismo? Las acciones dicen lo que las palabras no pueden expresar. Aún así...
Y luego estaba su papel como 'espadachín justiciero'... De momento, la discusión sobre ese tema se había quedado en nada. Y francamente, lo encontraba... perturbador. Bueno, quizá eso era excesivo... molesto, mejor, como la espina de una rosa que no consigues sacar de debajo de la piel y no ves la hora de encontrar un bisturí para extraerla, por doloroso que sea el corte.
La parte de una posible nueva oportunidad... prefería dejarla de lado por ahora.
Qué le quedaba, entonces? Akane en su regazo, ecco tutto. Suspiró, apoyando la barbilla sobre la cabeza de Akane, abrazándola. A estas horas de la noche, la presencia de la chica de sus sueños no parecía muy real. El contacto le permitía cercionarse en cierto grado de que aquello estaba pasando de verdad. Más aún cuando la susodicha chica cogió uno de sus brazos, enlazándolo con el suyo e intentó hacerse un hueco más confortable con el hombro, reposando finalmente con un suspiro de alivio y una ligera sonrisa en los labios.
Maldita sea! Estaba aún más hermosa dormida... Con un gemido, dejó caer la cabeza sobre el cuello de Akane. No una muy buena idea. El jaguar apenas podía contener el impulso de morder esa parte tan apetitosa de su compañera, calmándola y sometiéndola...
'Viejo, eres un auténtico capullo!' pensó, levantando la cabeza. A esto siguió una larga ristra mental de insultos. Con todo, maldecir a su padre por haberlo iniciado en el Neko-ken era una pérdida de tiempo, así que pronto se le pasó el ataque.
Así que de nuevo a la situación inicial. Insomnio. Con una novedad. Que su brazo estaba atrapado en el equivalente humano a un cepo para coches.
'Marimacho!' gruñó mentalmente. Ahora ni siquiera podía levantarse y dejarla en la cama para ir a acomodarse al sofá. Con un nuevo gemido nacido de la desesperación y la falta de sueño, probó a dejarse caer de lado, estirando las piernas lentamente para no alterar a la bella durmiente y girándose de nuevo para quedar acostado sobre la espalda. Suspiró de alivio al ver que no había problemas con el cambio de postura. Menos mal que había alfombra. Y un cojín cercano para usar como almohada. Ciertamente, había dormido en sitios peores. Y el peso extra no resultaba del todo desagradable...
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A algunas manzanas de distancia, un médico meditaba sobre el curso a seguir. Era arriesgado y todos los que se implicaran en él podían salir perdiendo si se equivocaba... pero no podía, sabía que no podía estar equivocado. Tragando saliva, cogió el teléfono y marcó un número. Esperó pacientemente una respuesta que tardaba en llegar. Eran las dos de la mañana, quizá no debiera extrañarse de que no cogieran la llamada...
"...dita sea, quién es, a estas horas?"
"Hao, eres tú? Soy Yang"
"Yang? Más vale que sea importante..."
"Lo es. Arrastra tu culo hasta mi clínica y te lo diré. Pero YA!"
Un gruñido que se parecía bastante a 'ya voy' precedió al sonido del teléfono colgado.
Contó los minutos, paseando nerviosamente por la recepción de la clínica. Había mandado a la enfermera a casa, convenciéndola de que se ocuparía él de todo para compensar por lo de la tarde. Una vez que Jun se largó, pudo rellenar a placer los documentos que necesitaba, en soporte físico y ordenador, como debía ser. Algunos papeles cayeron casualmente en su maletín, para no ser encontrados nunca jamás. Y aquel archivo de la base de datos? Maldito sea Bill Gates! Mira que reiniciarse el ordenador y hacerle perder todo el trabajo de la tarde...
Golpeando la mesa con las uñas, esperó la llegada de Hao. Estaba casi seguro de que le echaría una mano. Al fin y al cabo, ambos le debían a Ranma más de un favor, era de justicia pagar las deudas. Gracias a él había conseguido salir de aquel antro llamado hospital y tener una clínica propia, casi siempre asociado al mundo del cine y artes marciales, fuera para tratar heridas o los vicios inconfesables de algún actor/deportista.
Se llevó la mano al estómago, acariciando una vieja herida. En esta nueva etapa de su vida al frente de su propio negocio, uno de tantos aspirantes a sucesor de Bruce Lee casi lo había llevado a la tumba, en busca de cocaína, clavándole un bisturí y amenazándolo para que le proporcionara una dosis. La repentina aparición de Ranma había sido proverbial, reduciendo a aquel tipo y deteniendo la hemorragia interna que podía haberlo llevado al patatal prematuramente.
Ocultar información hasta encontrar algo que exculpara a Ranma... era lo mínimo que podía hacer.
Una figura tambaleante abrió la puerta, restregándose los ojos. Aquí llegaba la esperada visita.
"Más vale que sea importante, Yang. Acabo de dejar a una modelo plantada..."
"Ranma se juega el que lo acusen de homicidio frustrado y secuestro"
El interpelado palideció. Si había algún rastro de alcohol en sangre adormeciendo sus sentidos, se acababa de esfumar.
"Ponme al día"
Yang le señaló con la cabeza un despacho cercano, mientras corría a cerrar la puerta. Podía pasar una noche sin atender a algún niñato con nudillos rotos. Antes de entrar a la oficina, cogió una tetera, un par de tazas y unos sobres de té. Necesitarían algo para mantenerse espabilados.
Media hora más tarde, Hao meneaba la cabeza, acariciándose el mentón con una mano.
"Esto pinta muy feo. No hace falta que te lo diga, verdad? Nos vamos a jugar el cuello... -dijo dudoso, mirando al médico; después lució una sonrisa dura, similar a la de un gato que mira a un ratón arrinconado y tembloroso - si no se tratara de Ranma, pasaría olímpicamente. Al menos esto será más interesante que buscarle piso cada vez que viene a Hong Kong. Cuenta conmigo. Y hablo por Tsao también. Salimos ahora mismo? Por el camino le puedo poner al día de cómo están las cosas..."
"Que esto no salga de entre nosotros. No quiero que se entere media ciudad..." Se encaminaron hacia la salida. Yang empezaba a preocuparse, esto se le podía ir de las manos.
"No hay problema, Tsao es de confianza. Es mi hermano de sangre. Y creo que te interesará lo que te diga de Ranma cuando se entrenaba en su gimnasio..."
Quince minutos de conducción a toda cebolla por la gran urbe y se encontraban ante la puerta del edificio donde vivía el objeto de sus preocupaciones. Tsao estaba allí esperándoles, con aire impaciente. Los saludó descuidadamente, acercándose a ellos a la espera del inicio del concilio. No hablaron mucho, lo importante era saber si podían tener acceso al bloque de pisos.
Hao se acercó a la portería, intercambiando algunas palabras con el vigilante. Unos minutos después, volvía donde sus amigos, meneando la cabeza en un gesto negativo.
"Imposible entrar. Digamos que tienen un horario de visitas restringido. Pero me da la sensación de que Ranma está arriba. He probado antes a llamar a su teléfono. Diría que lo ha desconectado. Será jodido, el tío. Por qué no puede llevar un puto móvil como el resto de los mortales?"
"Bueno, y ahora qué hacemos?" preguntó el médico.
"Asegurarnos de que la policía no se acerca. Tu plan de mandarlos de hospital en hospital no es malo. Puede darnos un día o dos de respiro..."
"Espero que se lo traguen, desde luego... ojalá les hubiera dicho que la chica estaba peor de lo que diagnostiqué al principio... pero bueno, los médicos también somos humanos y cometemos errores, no? Estaba semicomatosa. Por eso la tuve que mandar a algún sitio con unidad de vigilancia intensiva después de darle un tratamiento de emergencia para el shock. Igual que trato a los de sobredosis que van realmente cocidos. Creo que con eso me cubro las espaldas..."
"Eso es cubicar rápido y lo demás son hostias -rió Tsao quedamente- pero tenemos que cuidar igualmente la parte de lo del edificio... si pudieramos controlar quién entra y quién sale... Qué te ha parecido el vigilante?"
"Que debe ser el único tipo honrado en la ciudad. No tiene pinta de aceptar un soborno por echarnos un cable. En todo caso nos pondría en un aprieto..."
"De qué compañía es- preguntó Tsao, interesado, chasqueando los dedos cuando Hao produjo un nombre-. Lo tengo. Dos de mis chicos trabajan ahí. Uno de ellos solía entrenar con Ranma. No es necesario que entren en el circo. Hao, podrías dejar de lado tus negocios y sustituírlo-respuesta afirmativa-. Haremos turnos entre los dos, mi negocio se cuida solo. Es cuestión de hacer una llamada a la compañía para que destine a mis chavales a este sitio, sé qué teclas tocar. Y ninguno de los dos despreciaría un puñado de lechugas, saben mantener la boca cerrada. Puedo tener esto solucionado en dos horas. Lo demás depende de ti, Yang."
"Manos a la obra -dijo éste-. Dentro de unas horas me pasaré por aquí para ver cómo están. Supongo que los encontraré juntos. Os mantendré al corriente de lo que haga. Y vosotros, tened cuidado de no llamar mucho la atención, vale? Nos vemos"
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... su piel era tan suave y tersa, tan cálida al tacto. Su melena caía sobre la espalda y los hombros, a modo de vestimenta que ocultaba sugerente sus encantos. Si Akane decidiera en adelante llevar sólo su cabello por vestido, cual una Lady Godiva cualquiera, se podría considerar el más afortunado de los hombres. Eso y seguir murmurando su nombre, como si de un suspiro se tratara.
Yacía tendida sobre su costado, su espalda apoyada contra su pecho, poniendo todas sus curvas a su disposición, como si fuera un buffet, lista para la degustación.
"Ranma..." Tan sólo dos sílabas, algo tan simple como su propio nombre, y tan sólo ella era capaz de pronunciarlo de aquella forma, tan dulce, tan embriagadora, tanto como el aroma que emanaba de su cabellera, noqueando sus neuronas y reduciéndolo a una masa hecha de puro deseo. Su propia respiración contra el cuello de su presa no hacía sino aumentar el calor invertido en cada suspiro, devolviendo la sensación centuplicada.
La mano que retenía y era retenida a su vez por aquella preciada captura navegaba errante por su vientre, rozando apenas el archipiélago de sus dedos, para perderse en la atracción del torbellino de su ombligo, explorando el océano de sus abdominales superiores y su costado, para esquivar el vórtice y poner proa hacia la tierra avistada...
La otra mano se había lanzado a explorar un territorio diferente, vagando por la curva de su cadera, mereodeando luego por su muslo, tanteando la costa como un pirata en busca de un tesoro escondido.
"Ranma..."
El botín estaba listo para el asalto. Lo llamaba, excitando con una sola palabra todo lo que de avaricia, de lujuria, de ansia, de lascivia, había contenida en él. El brazo que cubría tímidamente su pecho se había desplegado, acariciándole las sienes y poniendo a su alcance sus delicados labios.
La nao exploradora apostada sobre su muslo la urgió a flexionar la pierna, facilitando la llegada a buen puerto de la galera. Sólo necesitaba el permiso del personal de tierra...
"Te quiero, Akane..." susurró, paladeando el aire ardiente al pronunciar las palabras mágicas, resumiendo todo lo que de amor romántico, deseo y posesividad cupiera en ellas.
"Te quiero..." fue su eco en los labios de ésta. Eso era todo lo que necesitaba. Permiso para tomar posesión de aquellas tierras...
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La luz indirecta que entraba por la ventana acarició suavemente su cara, incidiendo sobre sus ojos para iniciar la tarea diaria de despertarla. Como siempre, se resistió ante la invitación del nuevo día, arrebujándose en su manta. Ummmm, resultaba más calentita que de costumbre... sonrió, medio dormida.
"Ranma..." murmuró. Era... curioso que asociara esa sensación de calidez y seguridad con él.
Algo le estaba haciendo cosquillas en la pancita. El gato de Kaoru-san se había vuelto a colar en su habitación. Y en su cama. Pero daba igual. Se estaba tan a gustito que podía tolerarlo.
"Ranma..." Dichoso gato travieso. Con el pelo negro y ojos azules, no había podido evitar rebautizarlo así. Suspiró levemente, arreglando la almohada contra su cabeza.
"Te quiero, Akane..."
Debía estar soñando. Su gato en lugar de maullar como un felino normal, le decía que la quería... Quizá había encontrado algún hechizo para transformarse en el Ranma real? Boh, a quién le importa? Sonrió para sí. Quizá hoy tocaba uno de 'esos' sueños...
"Te quiero..." suspiró. Si todos los días pudiera despertar con una fantasía similar... con una sonrisa de oreja a oreja, una ráfaga de aire tórrido en su cuello y un movimiento ondulante, suave y a la vez enérgico contra su espalda y sus glúteos... 'Dichoso gato', meditó adormilada, intentando acomodarse a sus movimientos...
Eeeeeeeeeehhhh. 'Eso' no era el gato.
Akane abrió los ojos como platos. Alguien le había puesto una mano en... el monte de Venus? Y la otra en el muslo? Y... y...
Con un codazo, apartó a su 'asaltante', girando sobre el costado para quedar sentada y cubrirse el pecho, aliviada al descubrir que aún estaba vestida.
"Urgh!" gruñó alguien a su espalda.
Akane volvió la cabeza.
"Ranma...!"
El labio inferior le temblaba y un tic en la ceja derecha mantenía ésta curiosamente crispada. Había demasiadas emociones pululando por su linda cabecita. Prefería no entrar a analizarlas...
El otro habitante de la nave intentaba recuperar la respiración tras el golpe que había seccionado de cuajo su pequeña fant... No, era una pobre elección de palabras. En fin, tras haber sido pillado con las manos en la masa. Y no sólo las manos...
'Por qué no llevaré vaqueros ajustados como todo el mundo?' se preguntaba, esperando ser borrado de la faz del planeta en cualquier momento. Ahora mismo. En unos segundos. Un par de minutos? Qué demonios hacía Akane, mirándolo de esa manera...? Y con esa expresión indescifrable... Podía sentir cómo la sangre abandonaba algunas regiones donde no hacía nada (donde no debería estar haciendo nada, al menos) para ir a sus mejillas.
"Bueno, vas a decir algo o vas quedarte ahí mirando todo el día?". Su cara era todo un canto a la confusión, el corte, un ligero pánico ante la posible aparición de mazo-sama...
"Ummmm, difícil erección... digoooo... elección. E-LE-cción" - contestó Akane finalmente, con un brillo travieso en su mirada, finalmente superado el ataque de timidez.
Si Ranma creía que no podía ponerse más colorado, se equivocaba de cabo a rabo. 'Er, ok, una expresión poco afortunada en este caso'. A esas alturas ya se estaba poniendo púrpura. Intentó respirar profundamente, agachando la cabeza.
"Ok, quién eres tú y qué has hecho con la verdadera Akane Tendo?"
"Oh, eres un muermo, Ranma. No puede una chica normal desarrollar un poco de sentido del humor?" Tras unos minutos de catatonia su cerebro parecía volver de aquellas vacaciones. Y encontraba esa situación francamente divertida.
"Una chica normal? La Akane Tendo que yo conocía no era una chica normal."
"Es verdad, era demasiado tonta, demasiado torpe, demasiado borde, demasiado inconsciente…"-Akane refugió la cabeza entre sus brazos, haciéndose un ovillo sobre el costado y dándole la espalda.
"Bueno, vale, para ya, también tenía sus cosas buenas…"
"Como cuáles?" preguntó, sentándose, aún sin mirarlo a la cara. Su voz sonaba esperanzada.
Silencio.
De pronto, Ranma se echó a reír, girando la cabeza para mirar a Akane.
"Te acuerdas cuando Happosai me aplicó el moxa debilitante y creíamos que ya no podríamos recuperar aquel trozo que faltaba del dibujo de puntos de presión? Yo también te pregunté qué había de bueno en mí sin mi fuerza física. Y te quedaste callada."
"Aw, Ranma! Cómo puedes sacar eso ahora? –le dio un pequeño golpe en las costillas, haciendo que se riera aún más-. Estaba tan cortada que no podía ni hablar! Qué querías que te dijera? 'Te amo a pesar de todo'?"
"Hubiera estado bien…"
"Eres…" Akane se dedicó al asalto del castillo, mandando su timidez al infierno, haciéndole cosquillas sin piedad, mientras Ranma reía ante el ataque. Al cabo de unos minutos sin que Akane diera señales de querer parar, se decidió a tomar la ofensiva, haciéndole a su vez cosquillas en los costados, en el cuello, en los brazos. Aprovechando un descuido, pudo sujetarle los brazos por encima de la cabeza, bloqueando las piernas con las suyas, su cuerpo parcialmente sobre el de ella, las cabezas separadas unos centímetros.
"La Akane que yo conocía era un poco tonta y borde, bastante torpe, muy inconsciente, insumisa, marimacho y con muy mal genio. Pero también era ingenua, sencilla, amable, amistosa, voluntariosa, generosa…"
"Vas a hacerme sonrojar…"
"Sólo por adularte un poquito?"
"No, sólo eso no…"
Lo miró a los ojos y luego dirigió su mirada hacia abajo y hacia sus ojos de nuevo, con una sonrisa pícara.
Ranma la miró, con una pregunta en sus ojos, mirando también hacia abajo…
"Todavía quiere decir buenos días?"-preguntó Akane con un brillo sardónico en la mirada.
Ranma se quedó paralizado, con la boca abierta. Al cabo de unos segundos, cerró los ojos y estalló en carcajadas; soltó a Akane y rodó sobre su espalda para acercarse un cojín. No es que le hiciera falta esconder nada, pero nunca se sabe.
"Eres… eres increíble. Y tú me llamabas a MÍ pervertido?"
"Bueno, quien era el que me tenía sujeta, atrapada contra el suelo como una indefensa mariposa?" se volvió hacia él, apoyándose lánguidamente sobre la cadera, dejando caer la cabeza sobre el brazo.
"Lo de mariposa, te lo puedo pasar… pero indefensa? Es el último adjetivo que utilizaría para describirte."
"Por qué?" demandó Akane, intentando parecer molesta.
"Porque no puedo dejar de preguntarme cuándo vas a sacar uno de tus martillos…" 'sobre todo teniendo en cuenta lo de hace unos minutos...' 'No seas idiota, Ranma! Si ella no se acuerda, déjalo estar!'
"Oh, he dejado eso atrás… son muy poco manejables. Y hay otros métodos para deshacerse de las atenciones indeseadas."
"Algún arma más delicada, quiz�? Spray anti-violador o algo similar?"-Ranma enarcó las cejas, en un gesto de sorpresa
"No, pensaba en algo así como una patada en la entrepierna…"
"No cambies, Akane… eres tan sutil como un hacha para partir el pan…"- Ranma no podía parar de reír-. Me he equivocado, no eres una mariposa, no has dejado todavía el capullo…"
"Por qué?"- preguntó Akane, con un deje de fastidio en la voz.
"La falta de delicadeza te pierde… tienes que limar algunas aristas todavía – cambiando el tono jovial por uno más cálido, añadió- pero creo que harás una espléndida mariposa…"
"Tú crees…?"
"Sólo tuve que verte con ese vestido rojo de la otra noche…" se giró para apoyarse sobre el costado.
"Sí, y no se te ocurre otra cosa mejor para intentar ligar conmigo que decirme que resultaba muy sexy"
"Condenadamente sexy"
"Y todavía preguntas por qué te llamo pervertido?"
"Tú también eres una pervertida, admítelo. Una persona que ve perversiones en casi todos los actos de los demás, no puede ser más que alguien que se pasa el tiempo pensando en todo eso que denuncia. Ya sabes, lo de ver la paja en el ojo ajeno…"
"Oh, bueno, quién era el que estaba teniendo un sueño erótico hace unos minutos?" preguntó, en un tono acusador.
"Puedes decirme con toda sinceridad que tú nunca has tenido un sueño erótico?" Ahí estaba la pelota de vuelta a su campo, con un lanzamiento elegante.
Akane se sonrojó, agachando un poco la cabeza. Tocado y hundido.
"Touchée." Tímidamente volvió a mirarlo a los ojos, sonriendo.
"Sobre alguien que yo conozca…?" su voz parecía cobrar un matiz aterciopelado, cálido y envolvente.
"Primero tengo que saber quién era la Akane a la que llamabas en tu sueño…"
"Por qué?"
"Porque si no era yo, la mataré". Para Akane no había matices intermedios, podía pasar del tonteo ligero al calor abrasador de un solo salto.
"Por qué habría de importarte tanto? Es sólo un sueño…" si se sorprendió por la pasión que acompañaba la respuesta de Akane, no lo mostró.
"Porque quiero reinar en tus sueños igual que tú reinas en los míos".
"Tú no eres mi reina… - se acercó para susurrarle al oído- eres mi emperatriz".
Si la primera parte le había parado el corazón, la segunda lo lanzó a un ritmo frenético, enviando sangre a toda su piel, quemando terminaciones nerviosas a su paso. Y cuando empezó a soplar suavemente sobre el lóbulo de su oreja, siguiendo por la mandíbula para pasar al cuello y desviarse al hombro... Akane siseó, cerrando los ojos y exponiendo el cuello para una exploración más profunda. Ranma no podía hacer otra cosa sino aceptar la invitación, humedeciendo los labios, rozando apenas la clavícula con ellos, recorriéndola en toda su extensión hasta el extremo del hombro y de vuelta hacia el cuello.
Pero por muy agradable que fuera la sensación, no era suficiente para la parte femenina del conjunto que, molesta por la escasa acción, decidió tomar el asunto entre manos. Empezando por enganchar a su partenaire de la coleta y estamparle los labios en los suyos, masajeándolos furiosamente, decidiéndose finalmente por el labio superior, deslizando los dientes, la lengua, sobre él, atrapándolo entre sus propios labios.
La otra mano no permaneció ociosa mucho tiempo, yendo directa a su objetivo: aquel trasero esculpido en puro músculo, dejando resbalar los dedos lentamente por su curvatura para pellizcarlo salvajemente en el zénit, atrayéndolo hacia sí.
'Marimacho...' sonrió Ranma, un destello travieso en sus facciones, en mitad de aquella especie de combate en que se había transformado un simple beso. Aquella... avidez con la que Akane buscaba el contacto con él podía... dar lugar a interesantes posibilidades. Quién decía que los sueños no se hacen realidad?
Empujando suavemente con el hombro y la cadera, la dejó tendida de espaldas, dándose mayor libertad de movimiento. Rodeó con una mano aquella... tenaza que aún sujetaba (algo dolorosamente) su coleta, acariciando los dedos, el dorso de la mano, la muñeca para después dirigir su atención a la parte interna del brazo, explorándolo de un extremo a otro, volviendo hacia la mano e insistiendo sobre los dedos hasta conseguir que soltaran su presa. La cazadora cazada. La diminuta mano invasora estaba atrapada por una inmensa zarpa que la llevaba hasta el suelo, los dedos entrelazados.
La otra mano hacía tiempo que se había perdido bajo la camiseta de Akane. Y no parecía dispuesta a dejarse encontrar.
Ah, pero la falta de oxígeno, como la falta de alimento u otras causas, suele ser un factor importante en los momentos cumbre. Las leyes de Murphy no pueden dejar de cumplirse, al fin y al cabo. Y todos sabemos que hay un set completo de reglas dedicado al sexo...
Así que, muy a su pesar, tuvieron que separarse para dar un poco de descanso a los pulmones agotados.
Akane hizo rodar los ojos hacia el techo, intentando concentrarse en cualquier cosa, salvo en Ranma. Tenía las mejillas ardiendo, lo suficiente como para iluminar la ciudad por unos minutos. Giró la cabeza en dirección contraria a donde estaba el objeto de su interés.
'Se puede saber qué me ha dado? Cómo he podido sobarle el trasero?' La palma de la mano aún le cosquilleaba y conservaba la forma de aquel... glúteo perfecto. 'Glúteo perfecto? De dónde ha salido eso? Aggggh! No voy a poder mirarlo a la cara...'
Y el susodicho? Después de despertar con 'esa' clase de sueños, estaba empezando a pensar que tener a Akane como desayuno no sonaba nada mal... Si lo de hacía un minuto debía tomarse como una pista, no parecía que fuera a negarse... ahoraaaa, cómo enfocarlo...?
"Me pregunto... por qué nunca jugueteamos ni flirteamos de esta manera cuando estábamos comprometidos?"
Era eso una pregunta retórica, brotada de los labios de Ranma? El mundo debía estar a punto de colapsarse mientras el responsable del quebrantamiento de gran parte de las leyes de la física y la regla de oro del universo (de otra forma conocida como ' Ranma sólo usa la cabeza como caja de resonancia') intentaba dar los primeros pasos en el juego de la conquista, tendiéndose sobre el costado, el codo flexionado, la cabeza apoyada sobre la mano, la otra mano jugando con el extremo de la trenza de Akane, sin mirarla directamente.
"Bueno, a parte de que no nos gustase mucho la idea de estar allí por obligación... no sé, yo creo que coqueteábamos a nuestra manera..." respondió ésta, girando tímidamente la cabeza para mirarlo.
"Llamas flirtear a atizarme con aquel maldito martillo tuyo? No sabía que te fuera el sado..." la acusó.
"Eh, que esa boquita de piñón tuya tampoco se esmeraba mucho en mejorar mucho la situación. Además, siempre volvías a por más. Quién es al que le va el sado, entonces" respondió, agresiva.
"Creo que puedo pensar en formas más agradables de flirtear...". Mejor echar por el camino de en medio y apaciguarla.
"Ah, sí? Cómo cuáles?"
"Como esto -besándola en la mejilla- o esto- en la mandíbula – o esto...- siguiendo la mandíbula con los labios hasta rozar el lóbulo de la oreja, para continuar bajando por el cuello hasta recorrer el hombro...
"Vale, creo que me gusta más tu técnica..." contestó Akane, cerrando los ojos mientras se giraba para yacer sobre la espalda, atrayéndolo con un brazo en torno al cuello. Esto era una faceta desconocida. Quizá valiera la pena explorarlo..., no, explorarLA. Nah, mejor dejarse de tonterías y hacer ambas cosas, con calma. Tenían todo el tiempo del mundo a sus pies, no?
Sus dedos se entremezclaban en el pelo de Ranma mientras éste continuaba con su masaje labial sobre el hombro. Chispas de electricidad se extendían desde allí a todo el cuerpo, invadiéndola con una sensación de calor muy agradable, poniendo la piel de gallina, prendiendo fuego a sus senos endurecidos por la presión que ejercía el cuerpo de Ranma sobre ella, casi sublimando su entrepierna, arrancando gemidos de su pecho. En medio de una excitación creciente, agarró de nuevo la coleta de Ranma y le dio un tirón, apartándolo de su hombro, aprovechando la abertura para moderle en el cuello.
"Au!"
Akane redujo parcialmente la presión sobre la zona dolorida, besándola, para seguir mordisqueando el cuello y la clavícula. Ranma se debatía entre una sensación de dolor inicial y el placer creciente de los 'besos' de Akane.
"Desde cuándo te ha dado por el vampirismo, mariposa?" le susurró, alternando palabras y besos por igual, sobre la mandíbula, la oreja, el pelo.
"No lo sé, de pronto tu cuello me ha parecido de lo más apetecible...- murmuró ella, recorriendo el hombro con la punta de la nariz-. Por qué mariposa-beso- No habíamos quedado -beso- en que me falta -mordisco- sutileza para pasar a ese estado?"
"Es verdad -beso- en qué estaría yo pensando?"- seguía susurrando al oído, su aliento abrasador hacía que la sangre se agolpara en la cara y las orejas, para, acto seguido, soplar sobre las mejillas, sobre los párpados, sobre los lóbulos aliviando la sensación de quemazón-. Pero por un momento creí que abrirías las alas para volar..."
"Podemos hacerlo los dos juntos..." respondió ella, pivotando sobre la cadera y girando en una llave propia del judo, dejándolo tendido sobre la espalda, mientras Akane se situaba a horcajadas sobre la cintura de Ranma, una mano sobre sus abdominales, mientras la otra se situaba sobre su nuez, rozándola apenas con las yemas de los dedos, notando cómo subía y bajaba al tragar saliva. Luego deslizó los dedos lentamente por el valle entre las clavículas, sobre el esternón, hasta el borde de la camiseta, superándolo y continuando el descenso hasta que las dos manos quedaron a la misma altura. Las alzó, dubitativa, hacia la cabeza, arreglando y sujetando mejor su trenza. Sacudió la cabeza ligeramente, deslizando las manos desde la coleta por el cuello, sobre los hombros, dirigiéndose hacia los botones de la camisa. Al rozar el cuello, sus dedos tocaron la tirita, trayendo a su mente cosas que hubiera preferido no recordar. A cada centímetro que recorría por el borde de aquella prenda roja, sus mejillas se teñían de un rojo cada vez más subido, su respiración se hacía más agitada, su pulso más tembloroso.
Ranma se sentía como si estuviera corriendo una maratón desde que Akane lo había reducido a esa posición, el corazón galopando, la respiración alterada. Más que palabras... la hostia! Aquello era mucho más que palabras.
Quizá demasiado, de hecho, fijándose en la tirita del cuello. De vuelta al duro suelo. El recuerdo de la pelea era suficiente para bajarle los ánimos a cualquiera y mandar a aquel diablillo pervertido a su jaula. Viendo que Akane empezaba a soltar los botones de su camisa, le sujetó las manos con las suyas, deteniendo el movimiento.
"Estás segura de esto...?" le preguntó, mirándola a los ojos.
"No..." murmuró ella, mordiéndose los labios, mientras una lágrima se deslizaba por su mejilla, seguida de otra y otra...
Ranma tiró de sus manos, atrayéndola hacia sí y abrazándola. Depositó un beso en su pelo, acariciando su cabeza y su espalda.
"Shhhhhhh, no pasa nada..." murmuró al oído. 'Nada que no se cure con una ducha fría, al menos. No sé si he quedado como un perfecto caballero o como un perfecto idiota...' pensó para sus adentros.
Continuó acariciándole el pelo, meciéndola como si de una niña pequeña se tratara. Al cabo de unos minutos, Akane se calmó, restregando su mejilla contra el pecho de Ranma, amasando sus músculos como si fuera un gato. Una vez que se instaló cómodamente, soltó todo el aire de sus pulmones.
"Lo siento..." intentó ofrecer disculpas, acongojada.
"Por qué?"
"Por... por iniciar algo que... ahora no... no me siento segura de hacer..."
'Hay... demasiadas cosas que aclarar' era una idea que cruzó simultáneamente por la cabeza de ambos..
"No hay ninguna prisa..." -susurró, besándole el pelo de nuevo. Ese gesto de ternura desató una nueva tormenta de lágrimas-. Por qué lloras?"
"No sé, me apetece..."
Ranma cerró los ojos, sonriendo para sí. 'Si de ésta no me nominan a un óscar no sé yo...'. La estrechó con más fuerza, acariciándole la espalda.
"Aieee! CuIIdado con esa rodilla!" Akane había empezado a mover las piernas para entrelazarlas con las de Ranma, acercándose peligrosamente a una zona sensible de su anatomía...
"Tonto!"- le dió un pequeño golpe en el brazo, mitad riéndose y mitad llorando.
"Bueno, prefiero verte reír a verte llorar."
"Sabes que eres un encanto- dijo Akane, levantándose un poco para besarlo suavemente en los labios.
"Me lo han dicho antes, sí..."
"Sabes también que es de muy mal gusto presumir de anteriores amantes con la nueva presente -vale, técnicamente aún no era su amante, pero eso no decía nada sobre el futuro, sobre todo si mi rodilla esta cerca de tus partes nobles?"- Akane le amonestó, batiendo el dedo índice contra su barbilla.
"Estooooooo... ups?"
"Eres un tonto..."- refugió su cabeza bajo el mentón de Ranma.
"Bueno, pero soy un tonto encantador."
"Ranma! Para ya...- se estaba sacudiendo de tanto reírse-. Qué voy a hacer contigo...?" suspiró, exasperada.
"No sé, darme un beso?" Bueno, esto del regateo no estaba nada mal, especialmente si funcionaba.
"Si así me dejas llorar en paz..."- elevó de nuevo la cabeza, hincando el codo a propósito en los pectorales de Ranma, arrancándole un pequeño grito. Una vez que comenzó con el beso, aligeró la presión del codo, rodeando la cabeza de su partenaire con los brazos, jugando con la presión de los labios, la lengua, los dientes, pero sin llegar a encender de nuevo la caldera. Al cabo de unos minutos, se separaron. Akane le dio un beso en la nariz, volviendo a su nido bajo el mentón de Ranma. Cerró los ojos, respirando hondo y exhalando muy despacio, disfrutando del calor de los brazos que la rodeaban.
-
Yang dejó su coche recién recuperado aparcado a un par de manzanas, el maletín golpeándole el muslo a cada zancada. Una vez en la puerta del edificio, saludó al vigilante.
"Alguna novedad?"
"Nada. Demasiado temprano para los maderos". Eran poco más de las siete de la mañana.
"Voy a subir a darles los buenos días. Se te ha ocurrido algo para la posibilidad de que quieran registrar el apartamento?"
"Necesitan una orden judicial. No creo que puedan conseguirla tan rápido. Pero tengo los datos necesarios de la inmobiliaria. El apartamento está impecable... Acuérdate, 12-316" Hao le guiñó el ojo, sirviéndose un poco de café e invitando al médico a una taza con un ademán.
"No, gracias. Me voy para arriba. Ahora nos vemos" Luego lo interrogaría por ese comentario sobre el apartamento.
Subió en el ascensor, dejándose llevar por el reflejo de arreglarse el pelo frente al espejo. Esperó pacientemente la llegada a la planta 12. Discurrió por el pasillo mirando a un lado y otro del pasillo en busca de su destino.
'Aquí está mi niño...!'. Respiró profundamente y llamó a la puerta.
-
Los golpes en la puerta retumbaron ominosamente en el silencio de la habitación. Los dos ocupantes se separaron apenas, sobresaltados por el ruido.
"Esperas visita?"
"No, yo..." 'le dije al vigilante que no dejara entrar a nadie...'
Akane señaló con un ademán hacia la puerta, que aún recibía los embates de algún visitante inoportuno, sentándose en el suelo y abrochando los botones de la camisa.
'Más vale que sea por una buena razón' pensaba Ranma, mosqueado.
"Vale ya... Yang? Qué haces tú aquí?" preguntó extrañado, apartándose para permitirle la entrada.
Éste hizo un rápido examen de la habitación mientras entraba. Teléfono desconectado (un punto para Hao). La chica abrochándose la camisa... 'Diez puntos para Ranma', se dijo, con cierta sorna. Dirigió a éste una mirada rápida, con el gesto de encontrar aquello divertido. Ranma incluso tuvo la decencia de sonrojarse un poco al mirarla a ella.
'Hay que joderse! Yo me tiro una noche casi sin dormir intentando salvar su reputación y él pasándoselo en grande...' Bueno, quién dijo que la vida es justa? Yang exhaló aire, haciendo un esfuerzo por calmarse. Se dirigió a Ranma, haciendo patente que estaba molesto con él.
"Bueno, respecto a por qué estoy aquí... ya que Mahoma no va a la montaña, tendrá que ser la montaña la que vaya a Mahoma, no crees?".
"Estooo... me he perdido?" respondió un perplejo Ranma.
"Te dije que te pasaras por la clínica, para dejarla en observación -señaló a Akane-. Debo dar por sentado que has hecho tú mismo el chequeo?" Aquello no iba a ser fácil de perdonar. Al menos podía disfrutar viendo cómo se ponía rojo. Akane tampoco quedó inmune a esas palabras, ruborizándose hasta la raíz del pelo, avergonzada/enojada por la interrupción. Y por aquel comentario. Podía haber una forma peor de recordar lo del día anterior?
"No ha habido ningún tipo de chequeo, muchas gracias. Quién es usted?"
"Yang Kwan. Médico. No tuve oportunidad de presentarme ayer con propiedad, estando usted inconsciente -intentó calmarse, no era cuestión de ganarse su antipatía si quería ayudar a su amigo-. Discúlpeme, el último día ha sido demasiado largo y me he dejado la cortesía en casa... Sólo he venido a tirarle a Ranma de la oreja por no escucharme ayer -se volvió hacia éste, con un tono de regañina paternal-. Te dije que la llevaras a la clínica..."
"Sí-preguntó áquel, extrañado-. Francamente, no lo recuerdo. No creo que estuviera muy equilibrado en ese momento. No me suena haberte oído decir nada de eso..."
Yang se llevó una mano a la cabeza, rascándose, vagamente exhasperado.
"Ahhhhhhh -suspiró- ayer no debía ser mi día más brillante... Ni se me pasó por la cabeza que pudieras estar tan trastornado como para no escuchar. En fin, espero que sepas guardar el secreto, por el error de diagnóstico" bromeó.
"Tu secreto está a salvo con nosotros, verdad?" contestó Ranma, mirando a Akane.
Ésta asintió. El médico tenía pinta de ser un viejo conocido suyo, por la familiaridad con la que hablaba. Esto parecía una vuelta a Nerima. Una vez que Ranma apareció por allí, empezó a atraer a toda clase de conocidos, amigos o enemigos. No pudo evitar preguntarse, con una sonrisa medio pícara, medio melancólica, cuánto tardaría en presentarse alguien al grito de 'Ranma, prepárate a morir!'.
"De acuerdo. En ese caso, puedo proceder al examen de la enfermita, verdad? Akane Tanaka, si no recuerdo mal ésta asintió-. Cómo se encuentra?"
"Bien, algo cansada, pero bien"
"Os puedo dejar a solas, verdad-inquirió Ranma- Me gustaría ducharme". El agua fría sonaba bien para los cuerpos expuestos al calor. 'Ojalá quedara hielo...'
Yang miró a la chica, interrogante.
"No hay problema" contestó ésta.
"Te dejo en buenas manos"
Yang esperó a que Ranma desapareciera en el cuarto de baño para dedicar su atención a la paciente.
"Puedo tutearte-asentimiento-. Te importa quitarte la camisa? Ayer no tuve tiempo de hacer un examen completo en el estudio. La sangre es demasiado escandalosa y requiere más atención"
"Sí, lo sé" contestó ésta, sonriendo.
Wow. Esa sonrisa valía su peso en oro, pensó el médico, sorprendido. Aquella chica era... bonita, pero un simple gesto centuplicaba su atractivo...
"Cómo es eso?" preguntó el médico, intentando dar conversación, mientras le tomaba la tensión.
"Practico kendo. Estoy acostumbrada a lidiar con heridas de katana"
"Pensaba que se utilizaba un bokken habitualmente..."
"Sí, bueno, la mayor parte del tiempo. Algunas veces nos dedicamos a ello de verdad. Más interesante que andar jugueteando con una espada de madera"
Sonaba muy profesional. 'Y por la grabación de la pelea, debe ser una de las buenas' meditaba Yang mientras comprobaba el pulso. Pero su mente seguía aún dándole vueltas a la sonrisa... tenía la mosca detrás de la oreja.
"Qué tal el hombro? Aquellas patadas no eran moco de pavo..."
"Cómo lo has averiguado?" preguntó Akane, poniéndose algo rígida.
"Todo el numerito que montásteis ayer está grabado. Chen me dejó echarle un vistazo..."
La expresión de Akane se ensombreció. 'Toda la pelea... imortalizada?' Genial, iba a ser un recuerdo para los restos. Yang no perdía detalle, mientras se situaba a espaldas de la chica para continuar el examen.
"En fin, como iba diciendo, cómo llevas el hombro?"
"Bueno, molesta un poco, pero Ranma me dio anoche un par de masajes, así que no está muy hinchado ni nada. Creo que la clavícula está bien"
"Un par de masajes… Ya" No pudo evitar el tono de burla en la voz.
Akane se echó a reír.
"Masajes terapeuticos. Estrictamente" Por favor. Que tuviera que defender a Ranma de algo de lo que ella misma tantas veces lo había acusado… Irónico, verdad?
Yang se echó a reír mientras tanteaba la zona inflamada.
"Oh, bueno, conociendo su fama… nunca se sabe…"
"Sí, yo misma comenté algo al respecto… pero se comportó como un profesional -podía notar al médico sacudiéndose levemente- de la quiropraxia" añadió para más seguridad. Akane, nueva defensora de la virtud de Ranma. Mucha gente pagaría por ver ese cambio de actitud…
"Bueno –dijo el médico, inspirando profundamente, forzándose a contener la risa- supongo que lo de ser viejos amigos debe poner algún tipo de frontera". Si no hubiera estado aplicando un mejunje antiinflamatorio sobre el hombro, probablemente no habría detectado la repentina rigidez en la paciente. Esto lo serenó inmediatamente. 'Interesante'. "Chen me dijo que os conocíais de secundaria…"
"Ah, sí, le dije que fuimos juntos a clase un par de años…" Quedaba alguien en Hong Kong que no estuviera ya al día sobre ese detalle?
"Tengo que admitir que tengo algo de curiosidad… Conozco a Ranma desde hace tiempo y somos buenos amigos, pero casi nunca dice nada de esa época de adolescente. Tan anodina era?" Sólo era cuestión de echar el cebo. Y esperar…
"De todo menos aburrida. Siempre estaba metido en líos…"
"Ya era entonces un imán para las chicas?" Akane rió sin muchas ganas.
"Se podría decir así. Tenía tres prometidas, dos de ellas concertadas por su padre. La tercera… era producto de unas costumbres un tanto… extrañas de una etnia de China. Y había alguna que otra chica más interesada…" Si Yang detectó un descenso repentino de temperatura en su voz, no lo dio a entender.
"Vaya. Yo sólo le había oído hablar de una novia… -observó suspicaz cómo la chica contenía la respiración- pero tres prometidas… vaya con el diablillo! Las conocías?"
"Eeeeeh… -volvió a contener la respiración, mientras intentaba contestar dando el mínimo de información posible- a algunas de ellas sí" respondió finalmente, deseando que se acabara el examen lo antes posible. Cuando oyó abrirse la puerta del baño, casi suspiró de alivio mientras Yang maldecía mentalmente.
"Qué tal está su hombro? Es necesario ingresarla o que reciba algún tratamiento?" preguntó Ranma con cierta ansiedad, mientras se ponía una camiseta.
"No, está bien, el hueso no está roto, que era lo peor que podía pasar. Recibió la terapia adecuada, por lo que me ha comentado y no creo que haya ningún problema en que se reciba alguna sesión más–dijo, con una sonrisa cómplice-. Os dejaré unos calmantes. Si hubiera algún problema, puedo acercarme en cualquier momento. Tengo un médico nuevo en plantilla y tengo que sacarle el jugo."
"Eres un explotador, Yang"
"Los negocios son los negocios. Te quedarás aquí, Akane?"
"Si a Ranma no le importa…" dirigiendo al interpelado una mirada dudosa. Era... llamativo, cuando menos. Desde que se había despertado, ni siquiera se había dado cuenta de que aquel no era su apartamento.
"No, en absoluto. Hey, no tienes hambre? Aún no hemos desayunado…" La comida al rescate. Cualquier cosa por evitar sonrojarse bajo la mirada escrutadora del médico. Por qué parecía tan interesado en observarle a él y a Akane alternativamente?
"Pues ahora que lo dices… sí. Tienes algo en la cocina?"
"Comestible? No, tendremos que llamar a algún sitio…" Eso atrajo la atención del médico, que los espiaba cuidadosamente mientras recogía sus cosas.
"Ah, Ranma, se me había olvidado mencionarlo… el conserje me ha comentado que la línea telefónica está cortada… por lo visto están de obras por aquí cerca y han metido la pata con algunos cables… Como siempre, no llevas móvil, verdad? –negativa-. Me ha dicho que si necesitas algo, que le pases el recado por el interfono y él mismo se encargará de los detalles. Todos los turnos de vigilantes están avisados del problema. Les va a tocar hacer de niñeras durante todo el día."
"Ah… vale. Te quedas a desayunar?"
"No, gracias. Anoche me quedé con el turno de 24 horas y estoy que me caigo. Prefiero irme a casa y dormir un poco. En fin, ha sido un placer, Akane. Espero que nos veamos en mejores circunstancias"
"Igualmente"
"Nos vemos, Ranma" saludó, cerrando la puerta. Caminó unos pasos y se detuvo, respirando hondo y apoyándose en la pared. Hasta ese momento, sus suposiciones habían sido certeras. Nada de secuestro. Después de oír relatar a Tsao el comportamiento anormal de Ranma en el gimnasio, se le había caído el alma al suelo, casi tentado de pensar lo peor. Pero la chica estaba bien y no había detectado animosidad en la conducta de ninguno de los dos. Estaba claro que ella confiaba en él y no parecía molesta por el cambio de alojamiento. 'No es que pueda culparla. Quién no preferiría una noche en compañía de Ranma que una habitación escueta y solitaria en una clínica, rodeada de gente desconocida?' Enarcó una ceja, irónico. 'Una botella de whisky a que se lían...'
Esperó pacientemente el ascensor, enumerando mentalmente lo que tenía que hacer durante el día. No había necesidad de revelar aún el paradero de los espadachines. Le daba en la nariz que aquellos dos habían sido algo más que compañeros de clase. Viejos conocidos, viejas tensiones y una gran pelea. Eran… demasiadas casualidades. Y si Akane fuera la antigua novia de Ranma? Y lo de su boda no fuera más que un bulo o algún tipo de error… 'Maldita sea, ojalá Ranma no hubiera interrumpido el interrogatorio…' Suspiró, rascándose la cabeza. Quizá… les viniera bien un respiro. Tiempo para hablar sin preocupaciones. 'O para lo que sea que estén haciendo…'. Sacudió la cabeza, divertido y determinado. Si tenía razón, tenía que conseguirles ese tiempo.
Una vez en la planta baja, casi deseó haber empleado las escaleras. El detective encargado del caso y responsable de los interrogatorios preliminares estaba hablando con el conserje. El ruido del ascensor lo había alertado y lo estaba mirando, con un aire difidente.
"Ah, Dr. Kwan! –saltó al paso Hao-. Qué tal está la pequeña? Su madre estaba tan histérica que no atinaba ni a marcar su número de teléfono... pobrecilla, incluso desde aquí se la oía llorar, viviendo en el cuarto piso y todo. Ese marido suyo la va a matar algún día de un disgusto..."
"La niña está bien. He tenido que dejar a la madre con unos calmantes, pero por lo demás, no hay problemas -hasta aquí, todo 'cierto'-. Me ha dicho que le dé las gracias por su ayuda"
"En absoluto. Estoy encantado de ser de alguna utilidad. Cualquier cosa por conseguir una foto firmada suya. Es una de las mejores modelos de ropa interior..." terminó el tipo, arqueando sugestivamente las cejas; el tono insinuante del comentario no dejaba lugar a dudas de dónde residían los verdaderos intereses del 'conserje' (además de dar una coartada al médico por su presencia en el edificio). Tanto el policía como el médico rieron de buena gana ante el altruismo del vigilante.
"Buenos días, agente. No esperaba verlo tan pronto. Pensaba que continuaría con la ronda de interrogatorios"
"Ni yo a usted tampoco. Quería ver si el Sr. Saotome estaba en casa antes de acercarme al estudio y entrevistar a todos los implicados en este asunto. Una vez que me dijo usted que no había necesidad de ingresarlo, he pensado que lo mejor sería hablar con él en primer lugar... Quizá se quedara en su clínica?"
'Pies de plomo. Tengo que andar con pies de plomo' Cual sería la pena por complicidad en secuestro y ocultación de pruebas?
"No. No le pasaron mi mensaje? Ayer tuve un día de perros y no estuve muy fino con el trabajo. De hecho, espero que la productora no pida mi cabeza en una bandeja de plata. La chica estaba en peor estado de lo que yo pensaba y la desvié a otro centro en cuanto pude acercarme a la clínica. Puedo llamar a la secretaria y que le pasen los datos del otro hospital. Hasta donde yo sé, Saotome está con ella. Es todo lo que le puedo decir a voz de pronto. Quizá quiera pasarse por mi trabajo más tarde y comprobar el papeleo." Se acercó hacia la puerta mientras hablaba, dando a entender que tenía prisa.
"Sí, gracias, creo que lo haré –el detective se aproximó hacia la salida, despidiéndose con un gesto del conserje y acompañando al médico al exterior-. Hoy no parece ser mi día de suerte. Supongo que tiene usted razón y el Sr. Saotome acompaña a la chica en donde quiera que esté, ya que no contesta al teléfono. Mandaré a algún agente a por esos datos, no puedo estar pendiente de todo yo solo. Hubiera querido hablar con Saotome lo antes posible y echar un vistazo en su casa con su permiso..."
"Piensa realizar un registro?"
"Bueno, hasta que tengamos el análisis dactilográfico completo... la verdad es que esto pinta un poco feo para el Sr. Saotome. Tendré la orden judicial para mañana por la mañana. En fin, espero verlo más tarde en su clínica. Voy a continuar los interrogatorios en el estudio, no creo que la compañía se sintiera cómoda en la comisaría. Y me gustaría examinar el almacén de armas."
"Hoy tengo el día libre, después de una guardia de 24 horas –indicó el médico, cambiando su actitud. Necesitaba conseguir información como fuera, ya tendría tiempo de sobra para dormir en la tumba-. Le importa si me acerco con usted al rodaje? Tantos años leyendo novelas de Sherlock Holmes dejan una impronta sobre cualquiera..."
"Como quiera –contestó el detective, jovial-. Sabía usted que Conan Doyle era médico?..."
Parloteando sobre las bondades de las novelas de misterio, se dirigieron hacia el coche oficial, rumbo al estudio.
-
Unos minutos después de la partida del médico, un chico les entregó unas bolsas con su desayuno. Akane no contaba con que tendrían oportunidad de hablar de nada con la comida por en medio, si debía fiarse de su memoria en cuanto al comportamiento de Ranma. Así que se llevó una sorpresa al ver que no engullía los platos como un perro hambriento. El silencio no era incómodo, pero con el calorcito de la sopa se agradecía algo de conversación, para poder saborearla por más tiempo. Lo del día anterior... podían dejarlo para más tarde.
"No me ibas a contar tu viaje por China?"
Ranma levantó la cabeza de la comida, sonriendo con los labios torcidos.
"Bueno, si mi auditorio se va a quedar otra vez dormido... no creo que me anime"
"Ntsch. Te picas por nada -indicó, juguetona-. Anoche estaba muy cansada... y aquello casi sonaba a un cuento para dormirme..."
"Debes ser todavía una niña pequeña..."
"Con 25 años, una niña pequeña?" inquirió, algo perpleja.
"Es... parte de un chiste -sonrió, con un gesto pícaro-. En qué se parecen una niña y una mujer adulta?"
"No sé..."
"En que a las dos hay que contarles un cuento para meterlas en la cama..."
Akane abrió la boca, dispuesta a soltar algún tipo de interjección, para cambiar de idea y acabar riendo.
"Debería avisarte cuando deje de ser una niña pequeña- preguntó finalmente, con cierto innuendo-. Nah, en serio, de verdad les cuentas un cuento a todas estas tipas con las que... en fin..."
"Más o menos -contestó Ranma, riendo suavemente, les cuento mis viajes por Asia u otros sitios. A veces alguna leyenda, o cuento, si prefieres. Tuve que ir recogiendo relatos por media Asia en busca de la cura de mi maldición..."
"Sí? Pensaba que bastaba con ir a Jusenkyo y capuzarte en la fuente del chico ahogado..."
"Naaaah, ojalá hubiera sido tan fácil! Te acuerdas de Tarô, verdad? Bueno, cuando llevaba ya casi tres meses en China me lo tropecé..."
"Eh, eh, eh, para el carro. Qué hiciste durante esos tres meses?" Akane se olía algo raro.
"Te lo empecé a contar anoche. Y te quedaste como un tronco" Ranma se cruzó de brazos, golpeando con los dedos de una mano el bíceps contrario, esperando.
"Vaaaale. Siento haberme quedado dormida ante un relato tan arrebatador y tan emocionante como tu viaje por China. Y ahora, me lo vas a contar desde el principio o qué?"
"Bueno, si te pones así... Me enrolé en un barco pesquero para pagarme el viaje al continente. No conseguí quitarme el pestazo a pescado hasta varias semanas después, es un milagro que no lo aborreciera completamente después de estar varios días destripando arenques y similares..."
"Puedes saltarte esa parte? Que estoy comiendo!"
"Vale, corto con el pescado. Los primeros días hice bastante buen tiempo, cubriendo casi la mitad de distancia hasta Quinhai. Hasta que en un pueblezucho vi a Shampoo..."
'Lo sabía!'
"... tuve el tiempo justo para esconderme, le estaba enseñando fotos mías, de la parte chica y chico, a un tipo que regentaba una especie de fonda... u hotel de mala muerte. Tuve que salir de allí tirando millas. Shampoo era la última persona que quería tropezarme. Estuve yendo en zig-zag por varios sitios, intentando despistarla. Al cabo de una semana, me paré en otro poblado y allí estaba ella, preguntando por alguien. Bueno, la verdad es que me tenía mosqueado eso de que me fuera pisando los talones, así que la seguí... hasta una tienda de especias, creo recordar. Y allí le preguntó al dueño, supongo, si había visto a alguien con mi apariencia. Allí estaban otra vez las fotos. Y el tipo aquel le dijo que había distribuído el mensaje de su misión por la zona nada más recibirlo y que me habían visto en dos pueblos por donde había pasado. Me dejó de piedra. No tenía ni idea de que las amazonas tuvieran una red de informadores. Imagino que tiene sentido, con los viajes que hacían entre China y Japón, y cómo Cologne conocía a un montón de gente de lo más dispar. Y todos esos artilugios y pócimas extrañas que aparecían en cualquier momento en sus manos. No creo que todo entrara legalmente en Japón.
Me largué de aquel sitio inmediatamente. Después de estar un par de días deambulando sin rumbo fijo, decidí que tenía que hacer algo con mi aspecto. Tal cual iba, me podía denunciar cualquiera, si se puede llamar así. Y lo último que quería eran problemas con las amazonas. Estuve buscando raíces y bayas de una planta tintorera, me cambié a la forma de chica y me teñí el pelo de color oscuro, casi negro. Luego cogí otra planta, que provoca quemaduras en la piel y me apliqué las hojas en la cara. Bueno, pasé un mal rato de aúpa con aquel mejunje, pero al cabo de unos días conseguí perderla de vista. Tiré una parte de mi equipaje en un río y reemprendí la marcha. Tuve que dar un rodeo bastante considerable, Shampoo no iba a ser tan tonta como para no caer en que iría a Jusenkyo. Supongo que una vez que me perdió la pista, se fué para allá directa, mientras yo me dedicaba a dar vueltas. Desde la provincia de Jiangsu me dirigí a Guizhou y luego a Sichuan, con mi aspecto normal. Cuando estaba pasando las montañas Quianglai Shan me encontré con Tarô. Seguía igual de imbécil que siempre, enseguida se vino para mí buscando pelea..."
"Qué idiota! Como si tú tuvieras la culpa de lo de su nombre..."
"Más aún, se le había metido en la cabeza que si me vencía a mí y le llevaba a Happosai mi carcasa, le cambiaría el nombre..."
"Qué? No se atrevería!"
"Que si lo hizo? Joder, nos tiramos toda la mañana dándonos de hostias. En el pueblo más abajo creían que había un terremoto. Al final tuve que utilizar una versión del ataque del dragón volador para hacerle morder el polvo. Y le apliqué una versión modificada del moxa debilitante..."
"Qué? Cómo... cómo lo aprendiste?"
"Le escamoteé el dibujo de puntos de presión al vejestorio. Luego hice una copia del esquema que se quedó Cologne y los comparé con algunos manuales de shiatsu de Tofu, sacando una versión light, que desaparece en unos pocos días. Y no me arrepiento de habérselo practicado a ese gilipollas, si alguien merecía quedarse inhabilitado, es Tarô.. Si tiene problemas con su nombre, que lo adopte alguien o que vaya a un psicólogo, pero no tiene porqué irle jodiendo la existencia a nadie que no sea Happosai... De hecho, lo mandé detrás de él, después de sacarle información sobre las fuentes mágicas. Me dijo que había visto allí a Shampoo y que por eso sabía que yo andaba por China. Bajo su forma maldita puede volar, así que no le resultó muy difícil encontrarme..."
"Así que Shampoo se ha librado de su forma felina..." Entonces no habría habido nada que mantuviera a Ranma alejado de ella... un escalofrío sacudió a Akane, que intentó eliminar la sensación con más sopa.
"Qué más quisiera ella! Tarô no dijo nada, pero me dio a entender que la chica se había llevado un chasco en Jusenkyo. Después de mandarlo a freir puñetas, me dirigí a Quinhai, camuflado, por si acaso. Acampé allí unos días y le di un poco de coba a la hija del guía. Al menos tiene un poco más de cerebro que su padre. Plum había hecho un mapa nuevo de las fuentes y me lo pasó. En ese momento empezaban a cuidar mejor a los turistas que cuando fui allí la primera vez. Antes de que fuera a saltar en una fuente me dijo que tuviera cuidado, que si caía en una de ellas la maldición no se desharía saltando en la del signo opuesto si es que la había. Y me contó la historia de Tarô. Te acuerdas de que se había bañado en la fuente del pulpo ahogado y las maldiciones se habían mezclado-Akane asintió, cada vez más interesada-. Las maldiciones se suman. De hecho, Plum me dijo que Shampoo se había metido en la fuente de la chica ahogada y se había convertido en un bicho mitad gato mitad chica. Cologne la recogió allí mismo en estado de shock y se la había llevado a su pueblo... Me dio pena por ella. La verdad es que nunca habíamos pensado en el tema, pero debimos caer la primera vez que vimos a Tarô con aquellos tentáculos. Si la cura estaba en Jusenkyoél podría haberse curado de su maldición en cualquier momento. Si no lo hizo, sería por algo. Bueno, aparte de que le gustaba chulearse de su forma de monstruo. De hecho, lo que hacía era utilizar Jusenkyo como laboratorio de investigación o algo así. Es un tipo enfermo... Si hubiera podido aprender la técnica del tsubo de la memoria y aplicárselo, lo habría hecho."
Akane agachó la cabeza, apenada. Es cierto que Shampoo nunca le había resultado simpática, pero... bueno, debía haberse quedado planchada con lo de la mezcla de maldiciones...
"...bueno, supongo que eso te daría una nueva perspectiva sobre la primera boda..."
"Y que lo digas. Con todo lo cabreado que estaba con el viejo verde, al final resulta que debía estarle agradecido... Aún ahora me dan escalofríos de pensar que me podía haber convertido en un bicho raro de verdad..."
"Sí, pero... qué hiciste después? Te dijo Plum cómo encontrar la cura?"
"No. Ni ella ni su padre tenían ni idea. De hecho, en los productos que comercializan incluyen una póliza en la que se desentienden de los efectos que puedan provocar en los usuarios... El marketing ha llegado a Jusenkyo. Me dieron ganas de estrangular al guía. Después de aquello, estuve tentado de acercarme al poblado de las Niujiezu, pero al final decidí que mejor no, no tenía ganas de tropezarme a Cologne y que empezara de nuevo la 'caza del marido'. Recorrí toda la zona del Noring Hu, que se alimenta de mantiales y arroyos cercanos a las fuentes malditas en busca de información. Pasé por la zona de la tribu de Herb y estuve preguntando, a ver si ellos sabían algo. No se habían molestado. Al fin y al cabo a ellos lo que les interesaba es que aquellas chicas conservaran su forma maldita. Fue una decepción bastante seria. Pensé que nunca volvería a pisar Japón y que no volvería a verte. Lo pasé bastante mal durante algunos días..."
'Ranma...' Los ojos de Akane se llenaron de lágrimas, su expresión cargada de melancolía y culpabilidad. Éste siguió con su relato, ajeno al torbellino de emociones que amenazaba con una riada, absorto como estaba en sus recuerdos.
"... al final decidí que la solución tenía que ser algo muy obvio y que si Jusenkyo se traduce en plan indio como 'el campo de entrenamiento de las fuentes de la pena' debía haber alguna fuente que fuera lo opuesto, una fuente bendita, 'la fuente de la alegría' o algo así. Tenía que haber un equilibrio entre ambas, como el ying y el yang. Y me puse a buscar. Lo jodido es que no sabía por dónde empezar. Mi viejo al menos contaba con aquella guía de lugares para entrenar, pero lo que yo buscaba no tenía por qué ser un sitio de ésos. De hecho, no había nada parecido en la guía..."
"Qué hiciste entonces?"
"Preguntar. A críos, a viejos, a agricultores, a amas de casa... si habían oído hablar alguna vez de alguna fuente que otorgara algún tipo de bendición..."
"Y tuviste suerte?" preguntó Akane, extrañada. Aquello sonaba... un poco peregrino.
"Que si tuve suerte-Ranma la miró, con un gesto que parecía vagamente exasperado-. No llaman 'legendaria' a China por cualquier cosa en los panfletos turísticos. Había MILES de leyendas de fuentes milagrosas. Por donde quiera que pasara me contaban historias de la fuente de tal monte que curaba las enfermedades, aquella que otorgaba riquezas sin fin o si regabas con ella un arrozal, la cosecha nunca se acababa; otras en las que ea gua era venenosa para ciertas personas pero beneficiosa para otras, otras que si eras puro de corazón los espíritus del agua te concedían un deseo... Esas eran las que más me interesaban. Sobre todo en la zona de Quinhai y la provincia de Sichuan, que abarcan casi toda la cuenca alta del Huang He, el Chang Jiang, el Lancang Jiang y el Yuan Jiang. Cada tramo de riachuelo tenía su propia leyenda. Era demencial. Al principio ni siquiera sabía qué hacer con tanta información.
Pero lo mejor era la gente. Todos, bueno, menos los más jóvenes, preguntando que por qué me interesaba por esas tonterías... sobre todo cuando la gente más vieja sí estaba dispuesta a hablar y contarme todo lo que supieran. Cuando empecé, tendía a preguntarle a gente de mi edad, pero ninguno tenía ni zorra idea. De hecho, despreciaban ese tipo de conocimientos y si alguien mayor intentaba contarme algo, le faltaban el respeto, lo insultaban o lo trataban de viejo chocho... Y sin embargo, luego veías a esa misma gente consultar a los curanderos de siempre que empleaban tal o cual hierba, en lugar de recurrir a la medicina moderna... La Revolución Cultural ha hecho mucho daño a todo el tema de conocimientos tradicionales... Y en los sitios donde llegara internet y nuevas tecnologías, ni te cuento. En las ciudades había un desprecio generalizado por todo el saber popular espantoso... O bien utilizan los conocimientos en plan intensivo. En un pueblo de montaña conocían una planta que cura no recuerdo qué enfermedad, una importante, y una empresa farmacéutica se había dedicado a recoger esos conocimientos populares y a producir un medicamento a gran escala. Casi habían llevado al árbol ese a la extinción. En fin, había de todo.
Al final, para que no me dieran más el tostón, les decía que estaba recopilando leyendas para un libro. Parecía que eso era una palabra mágica. Así por lo menos los idiotas que no sabían ni papa me dejaban en paz. Y los mayores me trataron muy bien. Como no llevaba dinero encima, normalmente por las mañanas ayudaba en las tareas del campo o lo que fuera a cambio de comida y un sitio para dormir y por las tardes se juntaban unos cuantos y me contaban todo tipo de historias. Los primeros días me hacía unos líos tremendos, porque me daban una información muy caótica, unos contradecían a otros o no se acordaban de los detalles o los nombres tradicionales de los accidentes geográficos no eran los mismos que aparecían en los mapas que yo tenía... Eso sí que fue un absoluto desastre, las primeras semanas me las pasé dando vueltas buscando un manantial cerca del Noring Hu, un lago cercano a Jusenkyo, y no lo encontraba porque mucha gente sólo recordaba el nombre antiguo de la fuente y no conocían el moderno o no sabían guiarme. Al cabo de unas cuantas pruebas, ya me hice con la idea de que los informantes buenos eran los ancianos de 80 para arriba. Y si se habían dedicado al pastoreo o a recoger plantas medicinales, mejor, porque eran los que se habían pateado toda la zona y conocían casi cada piedra.
Fue una temporada bastante buena. Muy dura, por el trabajo, las caminatas, el clima... pero conocí mucha gente y aprendí un montón de cosas. Me pareció sorprendente que todo aquello me gustara, no sé, como descubrir que hay vida más allá de las artes marciales..."
Akane no pudo evitar sonreír ante esa afirmación. Parecía tan... extraño que Ranma descubriera el resto del mundo a través de ese viaje y esa actividad tan... rara? Sin embargo, todo lo que decía tenía sentido. Cuando ella tenía que consultar algo sobre danza, música, teatro, kendo, cualquier cosa, siempre acudía a la gente mayor, en lugar de a Internet como muchos de sus compañeros...
"Y toda esa información... qué has hecho con ella?" preguntó, curiosa.
"La tengo en unas cuatro o cinco libretas de notas, bastante desordenadas, bueno, tú ya sabes lo mal que escribo. Las primeras veces cogía muy pocos detalles, tan sólo nombres de lugares y datos concretos, sobre el uso de la fuente o si había que reunir alguna condición especial. Al final acabé recogiendo todo lo que me contaban. Es un material interesante, aunque sólo sea como cuentos para niños. Y en los últimos años he vuelto a algunos sitios para echar fotos o recoger más información. Intenté hacer dibujos, pero se me daba fatal. Supongo que algún día intentaré meterle mano y sacar un libro de verdad. No tengo ni idea de cómo, la literatura nunca ha sido uno de mis fuertes y aún ahora me cuesta escribir sin faltas de ortografía y demás. O bien le pasaré todo lo que he recogido a alguien y que lo escriba por mí. No lo sé, la verdad."
Encogiéndose de hombros, dejó el bol que contenía los restos de su desayuno sobre la mesita, levantándose y dirigiéndose hacia la cocina. Allí se puso a calentar agua, buscando té en los armarios.
Akane cogió su taza, terminando el té que ya estaba tibio a estas alturas. Saboreando el té y su agradable aroma, se dedicó a ponderar la idea de Ranma escribiendo un libro. Se le escapó un bufido. Eso era un giro de 180º y lo demás son hostias! Pero quizá no debía asombrarse tanto. A Ranma siempre se le había dado bien dar una imagen determinada y luego sorprenderte con algo radicalmente diferente. Sonrió levemente. Desde luego, mostraba más facetas de las que uno podía suponer. Sentaba... bien, como una manta caliente, en un día frío. Y a la vez, era como una puñalada en la conciencia, un recordatorio de lo precipitado de sus juicios sobre él...
'Quizá pueda ayudarle yo misma...' se dijo, abandonando aquella autopista a la depresión. Inmediatamente, se sintió mejor. 'Al fin y al cabo, yo he estudiado literatura... O al menos podría echarle un vistazo. Ahora... cómo ofrecerme-se detuvo un momento, meditabunda- sin que suene como otra cosa...' Cómo es posible, que casi cada cosa que uno piensa se pueda pervertir para que tenga que ver con el sexo? No PODÍA ser lo único que le pasara por la cabeza... verdad? Suspiró, mientras Ranma le servía un poco de té. Quizás aprovechara para darse una ducha fría más tarde .
"Gracias -indicó, con una sonrisa-. Bueno, qué pasó al final con tu maldición?"
"Ah, sí, disculpa, he perdido un poco el hilo del discurso... No me acuerdo de por dónde iba..."
"Recogiendo leyendas"
"Sí, vale -Ranma se rascó la cabeza, intentando hacer memoria- aaaah, no recuerdo exactamente cuánto tiempo estuve pateándome China, quince o dieciseis meses, creo, quizá más, explorando el curso alto de los grandes ríos, sin suerte. Me bañé en algunas fuentes, una de ellas incluso la de la eterna juventud... había una de la belleza también -sacudió la cabeza, divertido- otra se suponía que curaba enfermedades. Gracias a ella pillé una bonita neumonía, estuve una semana tirado en la cama con una fiebre altísima. Suerte que me recogió un curandero que me aclaró que lo del efecto positivo sobre la salud era sólo en días específicos del año... Pero con mi aflicción en particular tuve poca suerte. Hasta que finalmente en un pueblo me hablaron de una fuente en Vietnam que 'favorecía a los varones'. Intenté que me aclararan qué significaba aquello pero no hubo manera, sólo que antiguamente las familias más ricas solían encargar a porteadores que les trajeran agua de la fuente, para bendecir la casa con un varón. Ya sabes, la idea esta de que los hombres son superiores y tal..."
"Sí, ya". El tono era seco y cortante. Por qué tantas culturas tendrían que tener esa maldita concepción del mundo?
"...me fui para all�, siguiendo una ruta que solían utilizar los contrabandistas, por lo que me dijo un abuelo de la zona... resultaba gracioso ver cómo intentaba escurrir el bulto al preguntarle que cómo sabía él de esas cosas... Pasé la frontera y me fui hacia las fuentes del Río Rojo, en la provincia de Cao Bang. Y allí, después de tres semanas dando vueltas, por fin di con ella..."
"La fuente bendita?" preguntó Akane, entusiasmada con la historia como una niña pequeña.
"Eeeeh -contestó Ranma, algo dubitativo- más o menos... debería decir con la experiencia más rara de mi vida. O por lo menos una de las más raras..."
"Por qué? Qué te pasó?". Al final, la historia había conseguido picar realmente su curiosidad.
"Cuando intenté meterme en el agua, me encontré cara a cara con un dragón"
Akane parpadeó varias veces, los ojos como platos.
"Que te encontraste QUÉ?" 'Éste le daba al opio en aquellos tiempos o qué?' era una pregunta que se hizo momentáneamente en su fuero interno, para luego darse un capón, recordando quiénes eran y de dónde venían ambos.
"No pongas esa cara. No estaba drogado ni falto de sueño. Era un dragón de verdad, como un lagarto gigante, de unos veinte metros, con patas y unas garras de aúpa. Y las escamas... Y unos ojos... Joder, me llevé tal susto que me caí de culo literalmente. Pensaba que se me había ido la olla..."
flashback
Había sido un día muy largo. Había empezado a caminar al romper el alba, parando apenas la escalada para coger algo de comida de la mochila y seguir su camino. El paisaje era espectacular. El sonido del agua de una cercana catarata zumbaba en el valle, dotándolo de un aire un tanto irreal. La vegetación cubría hasta el último rincón de las paredes de roca, en una explosión de color y de vida. Una fina niebla se elevaba desde el río, contribuyendo a crear un ambiente feérico. En cualquier momento podía hacer aparición algún duende o espíritu del bosque...
Pero Ranma era una persona práctica y los únicos ruidos que le interesaban eran los de alguna posible futura cena. Y si de paso el terreno se hiciera un poco más llano para poder montar la tienda de campaña, pues miel sobre hojuelas. Suspiró, ojeando las botas de montaña. La suela era ya más fina que el papel de fumar y por mucha tela y cuerda que les pusiera, se estaban cayendo a pedazos.
'Bueno, quizá a la vuelta pueda pasarme otra vez por aquella aldea y convencer al zapatero de que me regale unas nuevas... sin tener que casarme con ninguna de sus hijas'
Refunfuñó, con cierta desesperación. Cómo explicarles que estaba de viaje buscando la llave que le permitiría conseguir justo la chica que él quería?
Escaló sin problemas la pared que separaba las dos cabeceras del río que discurría a lo largo del cauce a su izquierda. La primera, que había visitado el día anterior, no había dado ningún fruto, aunque al menos había conseguido algo de arroz y carne a cambio de partir leña para la gente del caserío. Por qué alguien querría vivir en un sitio tan aislado era algo que desafiaba toda lógica...
Las vistas una vez superado el collado eran igualmente maravillosas. La luz del sol se filtraba entre los árboles y lianas, creando un curioso mosaico sobre el sendero que seguía e iluminaba las paredes del cañón, resaltando el colorido de los diferentes tipos de roca y las plantas que trepaban por las escarpadas paredes. La mente de Ranma registró vagamente la imagen, sepultándola rápidamente bajo otros fines más inmediatos. Como encontrar la fuente y un sitio donde dormir. Después de ocho horas de sueño, igual estaría en condiciones de apreciar la belleza del lugar.
Tras dos kilómetros de piedras, raíces retorcidas, saltos de rama en rama para evitar pequeños cortes en el terreno y una extraña clase de pájaro que tenía pinta de estar jugoso al cinto, llegó por fin a una amplia explanada excavada en el suelo, al pie de un inmenso paredón semicircular de roca que formaba casi una cúpula, del que brotaba a media altura una imponente catarata. La fuente del dragón renacido, la llamaban. El rugido del agua era ensordecedor.
Dejó la mochila y la cena a la entrada del sendero, avanzando con curiosidad, pero también alerta. Había... algo en aquel lugar que estaba disparando su sexto sentido. Avanzó cauto hasta el borde de una especie de piscina laboriosamente esculpida con finos dibujos y kanji para la buena fortuna y la felicidad. Había crecido musgo en abundancia y también algunos hierbajos entre las fisuras de las rocas, señal de que hacía tiempo que nadie se ocupaba del mantenimiento de aquella fuente. La caída de la catarata proyectaba gotas de agua en varias direcciones, creando un ambiente húmedo donde paseaban algunas ranas.
Se enderezó, dando un vistazo a toda la zona, pendiente de cualquier dato que pudiera señalar la existencia de peligro. Nada. Encogiéndose de hombros, empezó a quitarse la ropa, doblándola y dejándola encima de una piedra bien vistosa que había a unos metros del borde de la piscina y que quedaba fuera del rango de las salpicaduras. Estaba cansado hasta la médula. Y aquella fuente no tenía pinta de ser una termal... Por qué no tendrían los manantiales calefacción para los viajeros que llegaban allí hechos polvo?
'Mataría por un baño de agua caliente...' pensó, mientras levantaba las piernas sobre el borde para dejarse caer al agua...
"Qué exactamente matarías por agua caliente?" resonó una voz grave y musical al fondo de la cúpula.
"Quién...?" empezó, escudriñando la zona de donde parecía provenir el sonido, intentando divisar alguna figura... algo.
"Oh, disculpa. Olvidaba que los humanos tenéis el sentido de la vista ligeramente menos sensible que mi especie..."
Y dicho ésto, se alzó ante un Ranma boquiabierto una inmensa cabeza, dotada de unos ojos vivos de mirada penetrante y unos colmillos que tenían pinta de ser igualmente penetrantes. Una lengua bífida pendía entre los dientes, mezclándose con las... barbas? Aquello parecían hilos de plata que fluctuaban como una sutil cortina de agua.
Aquella cabeza estaba seguida de un largo cuello... o era el tronco? Y dos grandes patas armadas de poderosas garras, quedando erguido ante él aparentemente apoyado en otras dos patas posteriores. Y tenía escamas, de un color indefinido, que parecían fluir con cada leve movimiento.
Ranma se había quedado tan soprendido mirando cómo se elevaba aquel... bicho, que perdió el equilibrio, cayendo de espaldas sobre el suelo, evadiendo milagrosamente un charco que lo hubiera transformado en chica.
"Auch!" se quejó, acariciando el lomo dolorido.
"Disculpa de nuevo. No pretendía sobresaltarte..."
Miró de nuevo hacia arriba, esperando no encontrar nada. Quizá tanto cansancio empezaba a afectarle. Pero ahí estaba. Observándolo. Con demasiado interés, para su gusto.
'Espero que no piense convertirme en su aperitivo...'
Un sonido extraño tronó en la explanada, haciendo temblar las rocas y sacudiendo los árboles, espantando a toda clase de animales.
"Hacía tiempo que no reía así... No, pequeño, no vas a convertirte en mi cena"
'Esa cosa lee el pensamiento?'
"Por supuesto. No sabías tampoco que no se debe mirar a alguien de mi clase a los ojos, pues hechizamos con la mirada e hipnotizamos a nuestras presas, convirtiéndolos en nuestros esclavos..." Su atronadora voz retumbaba malévola en aquella cuenca, mientras sus pupilas resplandecían y llameaban con un fulgor malicioso. Ranma cuadró los hombros, los dedos flexionados como garras, listo para la confrontación.
Pero de pronto la expresión del monstruo cambió, riendo de nuevo, con un resplandor risueño en los ojos.
"Tampoco creas todo lo que alguien dice de sí mismo -comentó, reclinándose sobre el borde del estanque, acercando su cabeza para dejarla a la altura de Ranma-. Puedes abandonar esa postura agresiva, no voy a atacarte."
"Qué... qué eres tú?" preguntó Ranma finalmente, aún alerta.
La cabeza se irguió a gran altura, mientras los párpados que cubrían unos ojos diamantinos se estiraban al máximo en un gesto de sorpresa. Los dedos de una de las patas empezaron a juguetear, como cabalgando sobre el borde de la piscina.
"No puedo creerlo... Es que los humanos ya no cuentan cuentos sobre mí al amor de la lumbre? Soy un dragón, EL dragón de la montaña de agua. Mizunoyamaryuu me llamaban en tu tierra cuando iba de visita. En cada país recibo un nombre diferente, aunque mi favorito es el mandarín, Manzhi, lleno de sabiduría"
Por qué sonaba casi como una estrella mal criada que reclama atención? Ranma no perdió el tiempo con preguntas inútiles ni presentaciones, yendo directo al grano.
"Mizunoyamaryuu-sama -casi se le trababa la lengua con el tratamiento de cortesía; podía ser por la falta de práctica- o Manzhi, como prefiera, puede decirme si esta es la fuente que curará mi maldición?"
El gesto de altivez elegante que adornaba las facciones de la bestia cambió rápidamente a uno de confusión.
"Qué te ha dado la impresión de que yo podría poseer semejante conocimiento?"
"Bueno... lo del 'lleno de sabiduría'..."
"Oh -exclamó, acentuado la sensación de sorpresa- oh, lo siento, pequeño. Un nombre no tiene porqué ser el reflejo de la criatura que lo lleva. Ni una palabra puede albergar todo el significado de la realidad. No conoces a los sofistas? Los filósofos presocráticos trataron ampliamente todo lo concerniente al lenguaje y al conocimiento. ('Los qué?' pensó Ranma). Ya veo que no los conoces -comentó el dragón, desviando la cabeza, balanceando el cuerpo y la cabeza a un ritmo extraño- Ummmm, me encanta la música del agua, cada gota tiene su propia sinfonía, desde que nace en lo alto de la montaña hasta que cae sobre mi lecho. Es una lástima que los humanos no podáis percibirla, es verdaderamente hermosa. Pero probablemente os quedaríais sordos en pocos segundos -paró unos segundos, cerrando los ojos, recreándose en aquella especie de orquesta acuática-. De qué estaba hablando? Ah, de los nombres. Manzhi es sólo una creación humana. Mi nombre es impronunciable con vuestras cuerdas vocales. Cuál es el tuyo, pequeño?"
"Ranma. Ranma Saotome"
"Ummmmm -el sonido hacía vibrar el suelo, creando pequeñas ondas en la superficie del agua-. El caballo salvaje y la chica que recoge arroz. Una extraña combinación. Pero el kanji del caos... es un símbolo muy pesado para alguien tan joven como tú. Dime, qué hay en tu vida que esté marcado por el caos?"
'Qué hay en mi vida que no sea caos?' se preguntó Ranma, sarcástico.
"Leer los pensamientos es demasiado cansado a mi edad. No serías tan amable, pequeño... perdón, Ranma, de iluminarme sobre tus andanzas?"
Esto no iba por donde él quería, se dijo Ranma. Si empezaba a contarle su vida y milagros, le llevaría un par de días. Y eso resumiendo. Lo que él quería era saber si esa fuente le curaría su maldición, no estar de cháchara con un bicho salido de un cuento.
De pronto, la cabeza se acercó, escrutándolo de cerca. Se sobresaltó ligeramente, receloso de que aquella bestia aún pudiera albergar alguna noción sobre sus bondades culinarias.
"No entiendo cómo no me había dado cuenta antes… pero hace tanto tiempo que no recibía a nadie en mi morada que mi curiosidad ha podido más que mi instinto. Cómo es que llevas la marca de Jusenkyo?"
"La marca? Se refiere a la maldición?"
"Ah, las llamáis así? Bueno, ciertamente algunas crean situaciones un tanto desconcertantes para los agraciados con ese sello…"
"Agraciados? – Ranma estaba encendido-. Tengo un amigo que se transforma en cerdito, otro en un pato, otra en… un animal con garras, mi padre se transforma en panda y yo en chica. Por no contar con una muchacha que se transforma en Ashura y se convierte en una especie de pirómana… Uno es agraciado con algún tipo de premio, no con esta putada!" terminó gritando.
"Joven! Modera tu lenguaje, estás ante una divinidad, no en un mercado discutiendo como una verdulera. El destino quiso que varios integrantes de mi excelsa clase entráramos en combate para dirimir una cuestión de honor. Y que luego tantos y tan variados seres se ahogaran en aquel paraje... El por qué alguien querría convertir aquello en un lugar para entrenarse escapa a mi imaginación -comentó, indiferente-. Ahéramos jóvenes en aquellos años e inconscientes de nuestro poder. Nuestra batalla conmovió montañas, cielos y ríos, creando esas tierras y manantiales tocados por la magia en nuestra atolondrada lucha por aquel pergamino y las técnicas que contenía…"
Eso era algo que Ranma podía entender. Quizá contuviera algo interesante para incorporarlo a su escuela, después de todo.
"Algo de artes marciales?"
El dragón lo miró de arriba a abajo, perplejo.
"Por qué habría de necesitar un dios todopoderoso algún arte marcial para defenderse?"
"Entonces de qué era la técnica?" Magia? Control del chi? Del universo, quizás?
"Oh, pero cómo? Acaso ignoras la mayor ansia de cualquier dragón? El gran secreto, el arcano de todo el saber concerniente a mi especie, el mayor misterio de nuestra misma existencia. La técnica que permite que nuestras escamas se mantengan siempre brillantes".
Esta vez sí. Ranma se cayó de culo, totalmente petrificado, con los dedos crispados y un extraño rictus en la cara que contorsionaba sus facciones.
"…os estábais peleando como críos por un juguete…por una estupidez semejante?" resumió Ranma, con un tic nervioso en la ceja.
"…la contienda se extendió siete días y siete noches –prosiguió la criatura, ajeno al estado catatónico de su oyente, sacudiendo los mismos cimientos de la tierra. Ah, Bei Ai Ning era entonces la más hermosa dragona de ese signo. Y la más temperamental, también. Ahí estábamos nosotros, cuatro dragones en la flor de la edad, aire, agua, fuego y madera, luchando por la llave para conseguir sus favores mientras ella nos rogaba que cesáramos en nuestra refriega, temerosa por las consecuencias... –pareció perderse momentáneamente en una ensoñación, los ojos vueltos al cielo, mientras un suspiro similar a un huracán agitaba los árboles del entorno-. Y dices que los humanos consideráis aquello tierra maldita?" preguntó, afectadamente.
Ah, si las miradas mataran dragones… no haría falta ningún San Jorge.
"Debo tomar eso por un sí, supongo… -completó la bestia-. No me extraña que Bei Ai Ning nos rechazara, incluso después de haber destruído el pergamino en nuestra inconsciencia… Oh, que la vergüenza caiga sobre mí y los míos! Debo arrastrarme a sus pies y suplicar su perdón y su benevolencia. Me juego la barba a que sigue siendo igual de hermosa. Presto. Debo partir en su busca. No hay tiempo que perder."
Ranma no daba crédito a sus oídos. Toda esa gente con una vida transtornada por una maldición… y todo por una pelea por una chica? O un dragón hembra, qué más daba? A su alrededor se encendió un aura azul cobalto, congelando sobre su piel pequeñas gotas de agua. Rechinando los dientes, hundió el puño en el suelo, creando una inmensa grieta en la explanada por la que empezó a deslizarse el agua que caía de la fuente.
"… Ryoga, Mousse, Shampoo, Tarô, mi padre… todo lo que he tenido que pasar al convertirme en chica… por un condenado secreto de cosmética? Y encima ahora te vas detrás de ésa… como se llame? Y qué hay de mi cura? Y de la bendición de esta fuente?"
"Deberías tener más cuidado con tu fuerza. Podrías haber estropeado mi baño… Y mucho cuidado al hablar de mi dama! Pero si hablas de la bendición de esta fuente… te has equivocado al venir solo. A menos que quieras ser a la vez padre y madre…" indicó, con un deje jocoso en la voz.
Padre… y madre?
"Qué quieres decir?" preguntó Ranma, aturdido.
"Que deberías haber venido con tu hembra. La bendición se transmite por vía materna." Seguía mirándolo con un aire jovial de nuevo, como comentando algo que todo el mundo debería saber.
"Pero de qué va la bendición?" preguntó suspicaz, algo temeroso de que tuviera que pasar por (los dioses no lo permitan!) la maternidad.
"Ah, pero eso es sabiduría popular. Cualquier mujer encinta que se bañe en las aguas de esta fuente dará a luz un varón".
Ranma se desinfló totalmente. 'Tanto viajar para esto?' se preguntó, totalmente desencantado.
"No pareces muy emocionado ante la perspectiva. Recuerdo los días en que procesiones de campesinas y señoras hacían cola por igual para bañarse en mis aguas. Algunos artesanos tallaron esta piscina en la roca, permitiendo que se alojaran en ella varias personas, lejos del riesgo de la catarata…"
"Y funcionaba?" preguntó. Sería una leyenda más para la creciente (y, por lo que parecía, interminable) colección.
"En el cincuenta por ciento de las ocasiones, sí -comentó el dragón, como tratando de escabullirse-. Al fin y al cabo, yo también tengo que obedecer las leyes de Mendel…"
"Pensaba que habías dicho que eras un dios todopoderoso…" señaló, la voz impregnada de un sarcasmo caústico.
"Bueno, incluso los dioses como yo tenemos que acatar ciertas leyes, entre ellas, las de la genética…" -contestó el dragón, evasivo-. Pero los niños, varones o hembras, nacidos de las madres que se bañaban aquí nacían sanos y fuertes."
"Ah, sí, seguro que era un gran consuelo para los padres… Pero qué hay de la cura para mi maldición? Vamos, habla! Ya he perdido bastante tiempo!". Recuperó la postura agresiva, dispuesto a sacarle la respuesta a puñetazo limpio.
"No sé nada de ninguna cura…" respondió el dragón, con una mirada inocente. Esto terminó por enfurecer a Ranma, que intentó golpear a aquel bicho… para encontrarse con que su brazo atravesaba su cuerpo como si de una masa de agua se tratara. Era… como luchar contra una catarata…
"Mira lo que has hecho! Me has estropeado una de mis escamas!" Efectivamente, al retraer el brazo, se podía observar un espacio romboidal donde el agua parecía fluir de una manera más dificultosa que en el resto.
"Me da igual. Tú y los de tu clase sois los responsables de la creación de Jusenkyo. Me vas a ayudar a conseguir mi cura o acabaré contigo!"
"Eres atrevido, pequeño- dijo el dragón, medio divertido, medio admirado-. Nunca ningún humano me había desafiado. Pero ahora sé porqué quieres librarte del sello de las fuentes de la pena. Una dragona hembra, una protegida de Bei Ai Ning, te espera a tu regreso… Akane. Bonito nombre. Y la tierra roja es un suelo fértil…"
Cómo se atrevía aquel bicho a hablar de Akane así?
"Has nacido bajo mi signo. Un dragón de agua y un dragón de tierra. Profético, casi como el romance entre Bei Ai Ning y el aquí presente –se detuvo un momento, pensativo-. Me caes bien. He decidido ayudarte. Te asistiré en tu búsqueda de una cura para la maldición. Pero tendrás que presentarme a tu consorte y traerla hasta esta fuente cuando todo haya terminado -miró al cielo, con aire soñador-. Ah, Bai no tendrá más remedio que perdonarme y aceptar mi cortejo…"
Genial. Justo lo que le faltaba. Hacer de celestina. Bueno, en realidad era una especie de versión de 'tú me rascas la espalda a mí y yo te la rasco a ti'. Suspiró, resignado.
"Y no sería posible conseguir un poco de agua caliente?". Aún seguía pensando en su ansiado baño. Pero por si acaso, mejor evitar el agua fría… la mezcla de Jusenkyo y esta nueva fuente podía dar lugar a cosas demasiado raras… dijera lo que dijera el bicho.
"Le pides mucho a este viejo dragón, no puedo calentar el agua a voluntad tan fácilmente como otros, pero todo sea por empezar bien nuestra sociedad…"
A los pocos minutos, Ranma estaba relajándose recostado en el borde del estanque, medio dormido y ajeno a los chapoteos de aquella lagartija gigante. Al cabo de una hora, disfrutaba del sueño de los justos en su tienda.
-
"...creo que esa noche fue la primera en que dormí bien en todo ese tiempo..." comentó Ranma, perdido en sus recuerdos, quedándose callado después.
"Sí, bueno, pero qué más? Qué más? Qué pasó después?" preguntó Akane, ansiosa, batiendo las palmas como una niña pequeña.
"... Akane... déjame que descanse un poco, tengo el gaznate como si me hubieran pasado una lija por las cuerdas vocales!" se quejó el narrador, mientras se preparaba un té super-azucarado, tipo sirope, para calmar la garganta dolorida. Mientras, Akane lo observaba, enfurruñada, haciendo pucheros, los brazos cruzados sobre el pecho.
Al cabo de unos minutos de carraspear, continuó con el relato.
"Por dónde iba? Ah, por la primera noche en compañía de Mi-chan..."
flashback
La noche transcurrió tranquilamente, dando paso a un amanecer claro y apacible. Después de ocho o nueve horas de sueño, Ranma salió de la tienda, estirándose como un inmenso felino, disfrutando de la sensación de la luz del sol sobre su piel, deleitándose en el aire puro e impregnado de aromas vegetales que llenaba sus pulmones. Abrió finalmente los ojos, recorriendo el panorama que lo rodeaba, la catarata a su espalda y su gemela a unos kilómetros de distancia, llenando el ambiente con una melodía que realzaba la belleza del enclave; el cañón a sus pies, con el río al fondo, las paredes del mismo cubiertas de una vegetación lujuriosa, la vida animal palpitando bajo cada hoja. Sin duda, había visitado lugares impresionantes anteriormente, tanto solo como en compañía de su padre, pero esto... no tenía parangón. El sol se elevaba apenas sobre el horizonte, creando juegos de luces y sombras, multiplicando el atractivo del paisaje.
"A la luz de la luna llena es aún más hermoso" comentó alguien a su espalda.
Se volvió, extrañado, para comprobar la identidad de la persona que había hablado. Pero no encontró lo que esperaba. A sus espaldas no estaba el dragón, sino un ser humano. O algo que se le parecía. El aura que lo rodeaba era... tan poderosa. Era alto, sacándole una cabeza fácilmente, delgado, de complexión atlética. Pero lo más llamativo sin duda alguna era su larga melena plateada, recogida en una trenza laxa, casi arrastrando por el suelo. Y unos ojos azules del color del cielo en un día de verano. O del color del mar en un día tranquilo. O el del fondo de un lago de alta montaña...
"Sorprendido? Puedo adoptar una apariencia humana si así lo deseo. Al fin y al cabo, un humano acompañado de un dragón llamarían demasiado la atención. Y no creo que nos interese, verdad? Además, siempre puedo aprovechar las vestimentas de la antigua posada en el camino a la fuente para sentirme cómodo entre vosotros".
Pues ahora que lo decía... la ropa le sentaba muy bien. Salvo que alguien debería avisarle de que esa moda quedó atrás hacía casi un siglo y medio...
"Has dicho que hay una posada aquí cerca?" preguntó Ranma, suspicaz.
"Sí, a doscientos metros de aquí, justo en el borde del abismo..."
"Por qué has dejado que durmiera en una tienda de campaña, pudiendo dormir en una cama?" Pero qué clase de anfitrión era este bicho?
"No me preguntaste" contestó el otro como si tal cosa.
"No se supone que adivinas el pensamiento?"
"No, yo LEO el pensamiento, la adivinación es un timo, salvo para algunos seres especialmente dotados. Y sólo puedo hacerlo por haber recibido el entrenamiento adecuado, no todos los dragones lo hacen. Pero volviendo a lo de antes, este lugar cobra un nuevo aspecto bajo la luz de la luna llena. Te recomiendo que traigas a tu hembra aquí en tal ocasión -y añadió divertido-. Suele ayudar bastante a que la bendición de la fuente tenga efecto".
Ranma enrojeció hasta la raíz del pelo, pensando... bueno, eso era lo de menos. Pero quizá la lagartija tenía razón y a Akane le gustara aquello. Hawaii estaba muy visto. Allí iba todo tipo de gente, mientras que esto... era especialúnico.
"Luego me lo agradecerás -continuó el dragón-. He estado meditando sobre tu problema. Creo que debería consultar con algún decano de mi especie, así que me ausentaré unos días. Puedes permanecer aquí cuanto quieras y yo vendré a buscarte tan pronto como consiga algo de información relevante. Alójate en la posada, si así lo deseas, aunque quizá su estado deja un poco que desear en cuanto a habitabilidad".
Ranma frunció el ceño. Hubiera preferido partir enseguida y acompañarlo. Por qué no podía hacerlo?
"Ranma, yo soy un dragón de agua. Es mi elemento. Puedo fundirme en él como una gota más y viajar siguiendo cualquier curso, ya sea un manantial, un río, el océano o una simple nube. No puedes venir conmigo".
'Bueno, vale. Si lo pones así...'
Correspondió al saludo del dragón, aún ligeramente fastidiado. Pero se resignó pronto. Después de casi dos años vagabundeando por China unos días de descanso no le vendrían mal. Sería una necedad rechazar la ayuda de un dios, al fin y al cabo. Recogió sus trastos, dejando la mochila lista para la partida y rescató los restos de la cena del día anterior. Arrugó la nariz. Demasiado fríos.
'Boh, quizá en la posada haya algo para cocinar...'
Siguió el sendero hacia el sur, indicado por su peculiar amigo. No muy lejos de su campamento y casi colgando del borde del barranco había un... edificio, por llamarlo de alguna manera, semiderruido y que amenazaba con precipitarse al fondo en cualquier momento.
'Me da a mí que esto de venir de luna de miel de acampada no es muy... en fin'
Vale que a Akane no se le cayeran los anillos por dormir a la intemperie o en una tienda de campaña, pero, bueno, hay ocasiones y 'ocasiones'.
'Echemos un vistazo de todas formas'.
La apariencia externa desde luego dejaba mucho que desear. Pero una vez dentro, la impresión cambiaba bastante. Las vigas de madera eran sólidas y el frío de la localidad anulaba por completo la posibilidad de una invasión por termitas u otros insectos igualmente destructores. Lo que antiguamente debía haber sido un comedor comunal estaba aún cubierto de mesas y taburetes, algo deteriorados, por el uso descuidado sobre todo. Había tanto polvo que al andar levantaba pequeñas nubes, haciéndole estornudar. Al fondo del comedor había un mirador sobre el cañón, como un gran balcón. Abrió las puertas, dejando que entrara la brisa y aireara la estancia. Algunos barrotes de madera estaban rotos, pero el suelo del balcón se conservaba bien. Del tejado pendían algunas ramas de una enredadera, de hojas lustrosas, que empezaban a cambiar de color, de un verde césped intenso a un amarillo pálido, para después virar a un rojo encendido antes de caer y planear sobre el torrente. Se inclinó sobre la barandilla, descubriendo que la liana no era sólo un adorno, sino casi la mayor parte del cimiento del edificio. Arraigada en una repisa del cañón, cubría toda la pared con un tronco inmenso que se escindía en dos y soportaba gran parte del peso de la construcción. Respiró profundamente, apoyándose en la baranda, que se resquebrajó bajo su peso, haciendo que se inclinara peligrosamente sobre la garganta.
'Bueno, esto necesita unos arreglos...' se dijo, una vez recuperado el equilibrio. Nada que no pudiera solucionar con las lecciones de bricolage aprendidas en el gimnasio Tendo.
Dos semanas después, el aspecto de la posada había cambiado completamente. Tejas relucientes, ventanas reparadas gracias a una excursión a un poblado cercano, muebles restaurados aunque un tanto espartanos, estancias limpias... Quizá no estuviera listo para recibir al emperador, pero resultaba acogedor.
"Ah, veo que has empleado bien el tiempo. Espero no haberte hecho esperar demasiado. He consultado al más anciano componente de mi estirpe, más versado que yo en las tribulaciones de los afectados por el sello de Jusenkyo. Debo marchar de nuevo, en busca de otro de mis compañeros, allá en tu tierra. Tú debes partir también, en dirección a China, a las fuentes del Tarim He".
"Y eso dónde est�?"
"En el Taklimakan Shamo" lo miró, preocupado.
"El Takla Makan?" repitió Ranma, desesperado. El desierto más inhóspito. Si la arena no te tragaba, te mataría el frío. No podían ponerle las cosas fáciles ni una sola vez en su vida?
"Dirígete a Jusenkyo primero y haré todo lo posible por recogerte allí. Si dentro de dos lunas no nos encontramos, debes encaminarte hacia el desierto. Intentaré por todos los medios que no tengas que hacer la travesía solo, pero no puedo prometerte nada. Algunos de mis compañeros serán difíciles de convencer".
Dedicando una última mirada hacia la posada, cargó la mochila a la espalda y echó a andar sin decir una palabra.
Viajó algo más ligero de espíritu. Quizá había estado equivocado desde el principio. Si la maldición estaba provocada por el agua, debiera haber buscado la solución en un lugar donde ésta estuviera ausente.
'Como siempre, la solución es obvia cuando uno la conoce...'. Dejó de lado las meditaciones sombrías. No habría tenido manera de adivinarlo y basta. Al menos ahora tenía algún tipo de guía. Y la esperanza que había empezado a extinguirse como una vela en un día de viento brillaba con nuevo aliento.
Los dos meses pasaron. Sin noticias de Mizunoyamaryuu, orientó sus pasos hacia el temido desierto. Cualquier descripción de los horrores de aquel yermo palidecía ante la realidad. Una vez dejado atrás el útlimo lago en el Altun Shan, no había agua a la vista. Y las fuentes del Tarim He... eran, bueno, un término algo vago. Cualquier torrente que desembocara en ese erial inabarcable era teóricamente una fuente... que se hundía bajo la arena apenas entrado en aquel territorio abandonado de la mano de los dioses y de los demonios.
Tras ocho días de marcha, exhausto, consumido por la falta de agua desde hacía dos jornadas, cayó al suelo, vencido, con la convicción de que no saldría vivo de allí.
"...ne". Ni siquiera tenía saliva que humedeciera sus ajadas cuerdas vocales. Era imposible articular una palabra. Llorar, derramar siquiera una lágrima, era una utopía. Que tuviera que perecer en un lugar semejante, impotente... Una vez que cerró los ojos, no volvió a abrirlos.
-
Cuando recuperó el conocimiento, era de noche y se encontraba en una especie de tienda circular, amplia. Hecha de piel de algún animal, por el olor que desprendía. Pero no estaba en condiciones de hacerle ascos a ningún tipo de alojamiento. Alguien lo había despojado de la mayor parte de su ropa, cubriendo brazos, pecho y sienes con paños húmedos. Si existía algún tipo de paraíso, se debía parecer mucho a esto.
Una figura se adentró en la tienda, acercándose a él. Era... una chica? Debía estar alucinando. Tenía el pelo negro como el azabache y ojos del color de la madera, cálidos y alegres.
"Akane..." exclamó, haciendo ademán de levantarse.
"Descansa, pequeño – lo contuvo aquella mujer-. No deberías moverte aún, llegaste aquí en malas condiciones. Ya he estado regañando a los chicos por dejarte abandonado de esa manera. Los varones, siempre sobreestimando sus cualidades..." comentó, sacudiendo la cabeza.
"...los chicos?"
"Sí, ese puñado de dragones belicosos, engreídos e infantiles que dieron lugar a todo este embrollo. Mi-chan y Ya-chan se enzarzaron en una nueva pelea mientras se dirigían hacia aquí y eso los retrasó. Pero creo que ya los he escarmentado..." terminó, frunciendo los labios en un gesto malicioso y acariciando un bo situado a sus pies. Ranma no pudo evitar sonreír. Decididamente, se parecía a Akane.
"Tú debes ser Bei Ai Ning, no?"
"Ya veo que Mi-chan te ha hablado de mí... no cambiará nunca. Periódicamente aparece por aquí con algún nuevo plan para conquistarme. Son los varones de tu especie igualmente persistentes? Oh, bueno, por lo que he visto de tus memorias sobre un tal Kuno, debería decir que sí. No me sorprende en absoluto que tu prometida se diera a a las armas antes que tolerar semejante comportamiento.
Pero tengo que reconocer que Mi-chan ha hecho bien al traerte aquí. Desde aquella gran batalla, cada uno de nosotros partió en busca de un refugio y evitó cuanto pudo al resto... aunque hay algunos más pesados que otros. Ya has conocido algunos miembros de nuestro linaje allá en tu tierra. Hasta ahora hemos ignorado las consecuencias de nuestros actos. Tu llegada ha sido un punto de inflexión. Quizá ha llegado la hora de enfrentarnos a ellas y tratar de encontrar una solución.
Descansa, mientras tanto. Aún debemos deliberar un tiempo sobre el curso a seguir". Diciendo esto, apoyó la mano sobre su frente, cerrándole los ojos y sumiéndolo en un sueño reparador.
Despertó, después de lo que le pareció una eternidad, totalmente recuperado. Y hambriento como una hiena, como lo demostró el hecho de zamparse varias viandas y una tetera a la velocidad de la luz. Una vez resuelta la cuestión del avituallamiento, se incorporó para recuperar algo de ropa de su mochila y salir finalmente al exterior.
Una vez fuera, se encontró cinco figuras sentadas en torno al fuego, que se volvieron para mirarlo, devolviendo éste la mirada con curiosidad, especialmente cuando divisó... Qué demonios hacía Herb allí?
"Hola, Ranma. Volvemos a vernos". Habló con el mismo tono de superioridad con que ya lo conocía, aunque al menos lo trataba con más familiaridad.
Había otros dos componentes que le resultaban desconocidos, uno que no dudaría de calificar de cabezón por el tamaño de la caja craneal, acompañado de un cuerpo igualmente masivo y cabellos castaños; y otro que era justo el opuesto, delgado, alto, enjuto, de pelo nacarado y larga barba, con aspecto de ser el más anciano. Bei Ai Ning le señaló un lugar junto a ella para sentarse, haciendo señales a Mizunoyamaryuu para que se apartara.
Aceptó la invitación de la dama, que le sonrió, afable.
"Para aquellos que no lo conocen, y esto va dirigido a vosotros, Ya-chan y Liéste es Ranma Saotome"
Ranma se inclinó ligeramente, no teniendo claro qué tipo de cortesía merecían los dioses. Éstos respodieron con una leve inclinación de cabeza, aunque el tal Ya-chan parecía examinarlo con cierto enfado.
"Ah, este diablillo y yo también nos conocemos -dijo finalmente-. Me arrebató una presa de entre mis fauces y se ofreció a sí mismo en sacrificio en lo que debe ser su forma femenina... para que luego la otra chica lo salvara a su vez, enviándome a dormir". Resopló, con rabia.
Ranma se quedó desconcertado ante la afirmación de que lo conocía, pero aquel relato... Ese tipo era la serpiente gigante de Ryugenzawa?
"Es cierto que conoces a Yamatta no Orochi? No me había dado cuenta -le indicó la mujer-. Quería respetar tu privacidad, hubiera sido poco ético por mi parte leer tus memorias por completo -le aclaró, poniéndole una mano en el brazo- Ya-chan es un dragón de madera, el guardián del bosque que llamáis Ryugenzawa y creador del agua de la vida.
Li Q� Chuan es un dragón de aire. Es el guardián de Jusenkyo y de la tribu de las Niujiezu, aunque creo que se toma más en serio su papel de protector de las amazonas que su deber para con las fuentes mágicas. Es el creador del 'ataque del dragón volador' que ya conoces.
Herb -continuó explicando - es el descendiente del dragón de fuego, muerto hace varias generaciones. Su sangre humana no le permite controlar ese elemento a la perfección, pero sí controlar el chi, tanto propio como ambiental.
Y ya conoces a Mi-chan. Él ha conducido hasta aquí a este humano que ha venido a traernos un pequeño recordatorio de cierta pelea entre niños malcriados – ante el comentario, todos excepto Herb inclinaron la cabeza, avergonzados-. Ya sé que tú no participaste en ella, príncipe Herb, pero tú también arrastras cierta responsabilidad por las acciones de tu tatarabuelo. Os comportásteis como chiquillos, desoyendo mis consejos. Y después, y ahí yo soy igualmente culpable, nos lavamos las manos, dando la espalda a nuestra creación. Li Q� Chuan, era tu deber velar por aquel territorio. No podemos culparte por permitir que algunas criaturas se ahogaran en aquel paraje, pero tu cometido era también vigilar que ningún humano resultara afectado por la magia del lugar. Qué puedes decir en tu defensa?"
"Soy un dragón ocupado..."
"Oh, de veras? Y en qué estabas ocupado? En espiar a las amazonas que se preparaban para el torneo anual?" comentó acido Mi-chan.
"Bueno -le espetó el interpelado – al menos yo no me dedico a extender rumores sobre las bondades de mi fuente para poder espiar a todas las mujeres que se acercan a ella". Con esto lo redujo a una masa de toses y rubor que buscaba un lugar donde se lo tragara la tierra. Pero no, Bei no le iba a poner las cosas fáciles. Ya-chan se carcajeaba abiertamente.
"Tú tampoco tienes de qué vanagloriarte -se volvió para atacar a éste-. Al menos nosotros no nos comemos a las chicas ni nos entregamos al alcohol como tú".
Ranma apoyó la cabeza sobre una mano, ojeándolos, incrédulo. 'Pero es que no hay ni un solo ser mitológico normal en este país?' Su vista fue a recaer en Herb, que observaba la escena, risueño. Era el único que se podía llamar normal? 'Mas bien no...' se dijo, con un tono agrio. Al fin y al cabo, en su tribu lanzaban animales a la 'fuente de la chica ahogada' para conseguir hembras fuertes y hacer unos experimentos genéticos un tanto extraños.
"Comprendes ahora por qué los rechacé a todos- contestó Bei Ai Ning, a la pregunta no formulada-. No me sorprende que nuestra especie esté en extinción. Dime, Ranma, no hay entre los humanos alguien que sea mínimamente aceptable? No tienes un hermano mayor? No quisiera competir con Akane por tus favores... -Ranma enrojeció, alejándose de la mujer en lo que esperaba fuera un movimiento disimulado. Los dragones, mientras tanto, no tenían grandes problemas en mostrar su enfado hacia él, a excepción de Herb que examinaba la situación con indiferencia-. No te preocupes, sólo bromeaba." Su risa era musical y la sonrisa transformaba sus delicadas facciones, dándoles un aire de vitalidad y cordialidad que realzaba su parecido con Akane.
Se sucedió un largo silencio, dedicándose cada uno a meditar por su cuenta.
"Largo tiempo ha -empezó el dragón de aire - que la maldición pesa sobre las tierras de Jusenkyo y nunca antes nadie había buscado con tanto ahínco una... cura, lo llamas? Por qué ese empeño?"
Ranma iba a contestar, pero el dragón de agua se le adelantó.
"Mi protegido está convencido de que su hembra no lo aceptará a menos que vuelva a su tierra libre del sello".
"De veras lo crees así?" preguntó Bei Ai Ning, curiosa.
"Y no debiera ella aceptarte tal como eres, aunque eso incluya la maldición-preguntó Herb, interviniendo por primera vez-. Al fin y al cabo, te enfrentaste a mí únicamente porque la traté con poco respeto".
"Por lo que he tenido oportunidad de aprender, ella nunca ha dudado en ayudarle, fuera en su forma femenina o masculina. No sucedió así en tu territorio, Ya-chan? Hay otros episodios, pero no me corresponde a mí mencionarlos. Puede que su preocuparción por tu maldición fuera sólo superficial, más un producto de la imposición de un compromiso que de un sentimiento real..."
Ranma miró al suelo, las manos sobre los muslos, confuso. Después de hablar con Nabiki, había salido de Japón persuadido de que la maldición era la causa de aquel 'No' que le arañaba el corazón. Y si hubiera otra razón...?
"... -se interrumpió para tomar aire – esto... lo hago por los dos. Para que ninguno nos sintamos incómodos. Y para evitar que cualquier tipo de pervertido se cebe en mí, que la gente que no me conoce me tome por lo que no soy. Y, por qué no? Librarme del 'beso de la muerte' de las amazonas..."
"Te das cuenta que 'el beso del matrimonio' seguiría en pie?"
"Entonces canjearía mi cura por la libertad y seguiré buscando otra". A esto siguieron varias exclamaciones de sorpresa.
"Por qué desprecias con tal tenacidad a Shampoo? Es una gran guerrera, hermosa y sana".
"No lo dudo. Pero mi... elección no puede estar gobernada por ninguna ley. Ni compromiso ni edicto pueden decirme a quién quiero...". Si había empezado a hablar vacilante, las últimas palabras estaban pronunciadas con gran determinación.
"No es decisión nuestra a quién debe o no amar – indicó Bei, alzando una mano, en un gesto pacificador – sino encontrar un remedio. Este desierto es uno de los pocos lugares donde no hay influencia de una magia externa. Estáis dispuestos a ayudarle? Nuestro poder, pero sobre todo el de vosotros cuatro, fue la raíz del problema. Tendrá que ser también el fundamento de la solución."
"Ranma me salvó la vida, incluso aunque intenté acabar con él. Yo colaboraré".
"Ranma me hizo ver por qué rehusabas mis avances. Yo le asistiré igualmente" dijo MI-chan, dirigiendo a la dama una mirada que intentaba ser seductora.
"Es una lástima que no te hiciera ver que tu arrogancia y prepotencia, perversiones aparte, son lo que te mantiene alejado de Bei -apostilló Ya-chan, riendo disimuladamente-. No sé si debería contribuir, gracias a él y a su chica los perdí a ambos como presas".
"Al menos una de mis protegidas ha perdido su honor por su culpa y es indirectamente responsable por que lleve una maldición también. Difícilmente podría olvidar semejante afrenta."
"Ni siquiera si le ofreciéramos a Shampoo la cura para su maldición-propuso Mi-chan-. Piensa que ahora su carga es mayor, por haberse bañado dos veces en Jusen. Recuerda que tu protegida no siempre se comportó como una guerrera honorable e incluso así, Ranma la ayudó en algunas ocasiones".
El dragón de aire pareció pensárselo.
"Si Ya-chan accede, yo también lo haré"
"Vamos, Ya-chan, dejarás que tu gula sea más fuerte que tu sentido de la justicia-el aludido desvió la mirada-. Yo lo consideraría como un favor personal..." le exhortó, parpadeando lentamente, sonriendo.
Ah, el eterno truco de la sonrisa femenina. Cuántos imperios han caído por ese motivo...
"Está bien. Pero sólo porque tú me lo pides..."
"Eso no es justo! Yo he sido el que ha reunido aquí a todo el mundo para encontrar la solución y no me diste ni los buenos días!" se quejó Mi-chan.
"Ah, parece mentira que hayan pasado 3000 años y aún te comportes como un chiquillo -respondió Bei, elevando los ojos al firmamento, pero al final sonrió, indulgente-. Gracias por habernos traído a Ranma hasta aquí. Si ya estamos todos de acuerdo, pongamos fin a este desatino. Si el agua fue el vehículo de la maldición, que lo sea también de la cura".
Agua? En medio del desierto? 'Definitivamente, hay algo que se me escapa' pensó Ranma, pero no hizo comentario alguno, observando los preparativos. Ya-chan (era ésa la forma humana de aquella serpiente? Lo encontraba algo... inquietante) produjo de entre sus vestimentas una caja de madera que depositó sobre el suelo y empezó a golpear rítmicamente, mientras Bei se alzaba y con un gesto de la mano, despejó la arena en un gran círculo hasta encontrar suelo firme a varios metros de profundidad, excavando en éste una pequeña cuenca.
Mizunoyamaryuu se irguió en su forma draconiana, ascendiendo al cielo y atrayendo cualquier partícula de agua que pudiera encontrarse en aquel territorio, aún sepultada por toneladas de arena. Li Q� Chuan se desvaneció igualmente en altura, aunque Ranma pudo percibir pronto una gran corriente de aire, cada vez más frío.
El último en incorporarse a los juegos aéreos fue Herb, albergando entre sus manos una gran bola de chi ardiente. El choque de aire frío cargado de humedad y aire caliente provocó una fuerte tormenta, rellenando la poza.
"Adelante, Ranma. Aquí tienes tu merecido premio" le animó Bei con una mano.
"Qué hay de todos los demás que tienen una maldición?"
"Recogeremos el agua y la enviaremos a la tribu de las amazonas. Entre las matriarcas y el guía de Jusenkyo distribuirán la cura a todos los demás afectados. Ahora es tu turno".
Bueno, esta era su oportunidad. La ocasión de volver a casa, a Akane e incluso a su propia familia, como un hombre completo. No más tropezones con... los pechos a la hora de dar un puñetazo. Ni cambios hormonales o de humor raros e inexplicables. No más tomarle el pelo a Ryoga. O aprovecharse de cualquier otro chico para conseguir comida... Pero sobre todo, no más Happosai! Saltó en el hueco, cuidadoso de no caer en la arena, contenida no entendía bien cómo y dio el primer paso, sumergiendo los pies en la fuente. La lluvia, concentrada sobre aquella cuenca empezó a deslizarse por su piel.
'No hay necesidad de prolongar la agonía...' se dijo. Avanzó hacia el centro del estanque, el agua por la cintura, con los ojos cerrados, hundiéndose por completo para emerger unos segundos después.
No había ningún cambio.
'Vuelvo a casa, Akane' pensó, respirando agitadamente y sonriendo como un maníaco.
Entre Bei, Mi-chan y Herb crearon varias vasijas de barro que albergarían el agua mágica. Ya-chan se encargó del transporte, guiado por Li Q� Chuan y Mi-chan.
"Yo te llevaré a la frontera del Takla Makan, Ranma, no hay necesidad de que hagas la travesía otra vez solo" se ofreció Bei, transformándose en un dragón de arena, con numerosas patas, que se deslizaba con facilidad sobre el terreno. Encaramado a su espalda, recorrieron los cientos de kilómetros de erial en apenas unas horas, hasta llegar a las cercanías de Ruoqiang, la primera ciudad de la que partía una ruta hacia Qinghai.
Bei recuperó su forma humana, depositando un beso en la frente de un sorprendido Ranma.
"Ha sido un placer conocerte. Si te es posible, conduce a tu prometida algún día hasta mi casa. Apenas pises este territorio vendré a buscaros- en el último momento, su mirada se volvió melancólica-. Ten cuidado, Ranma. No creas todo lo que oigas".
Con un último ademán, se despidió, fundiéndose con el suelo. Ranma dirigió una mirada al desierto, aún no totalmente repuesto de lo acontecido en el último día, para después mirar hacia el este, en dirección a su hogar.
-
"Ranma… - Akane se quedó con la boca abierta, sin saber muy bien qué decir- es una historia… preciosa… -se había quedado verdaderamente embelesada por el relato, los ojos rebosantes de regocijo, de calidez, de amor, de risa y de llanto-. Si alguna vez tienes hijos, estoy segura de que les encantará oírla…" Ahí estaba, el deseo camuflado de ser la portadora de semejante regalo.
Ranma la miró detenidamente. Ahí estaba también, el anhelo enmascarado de que fueran los hijos de ambos los que escucharan arrobados aquel cuento…
"Quizá se lo cuente a mis nietos. Suelen ser más indulgentes que los hijos…" contestó finalmente, sonriendo y bajando la cabeza.
"Les encantar�, en cualquier caso" afirmó Akane con contundencia.
"Tú crees?"
"Estoy segura de ello".
Los dos se quedaron largo rato mirándose a los ojos, con una leve sonrisa en los labios.
-
Notas de la autora.
Debería pedir disculpas por lo largo del capítulo, pero teniendo en cuenta el aviso para menores, si hubiera cortado en dos el relato, aquellos no habrían leído casi nada, así que doble ración para los demás. Después de esto, comprenderéis que me tome unas vacaciones. Creo que me las tengo merecidas.
También debería sonrojarme por escribir según qué cosas pero en lugar de eso, ahora mismo luzco una sonrisa muy perversa, rememorando ciertos párrafos... Se siente, chicos, me gusta estirar la tensión hasta lo indecible. Ah, y si alguien no se acuerda, en el capi anterior, Akane llevaba una prenda de ropa propia más la camisa roja de Ranma, pantalones aparte.
Respecto a lo de la cura de la maldición, el argumento sobre Jusenkyo es especulación propia y se aleja del canon, pero me parecía imprescindible para llevar mi historia por donde yo quería. Podéis tirarme trastos a la cabeza si os apetece (razonándolos, ojo, no es que sea masoca). Pero sabed que me he divertido muchísimo escribiendo esa parte. Además, por si alguien tenía dudas o consideraba que el que Ranma se emborrachara en el capítulo 2 no estaba justificado, creo que ahora sí que lo está y plenamente.
Al contrario que en Europa, donde se relacionan con el fuego y la destrucción, en China a los dragones se les considera divinidades benefactoras y se les asocia con los ríos, las nubes y la lluvia. Sin embargo, la bendición de los dragones me la he currado yo sola, no procede de la mitología china (procede de un viaje a altas horas de la noche a comprar pan, no sabéis lo inspirador que puede llegar a ser, ). Por si a alguien no le hubiera quedado claro, la batalla entre los dragones maldice tanto el suelo como las aguas.
El dragón de madera está un poco cogido con pinzas (y el de fuego también un poquito), pero quería ceñirme lo más posible al universo de Ranma ½ y no introducir más personajes (mi pobre cabeza ya no puede manejarlos todos). Además de que soy humana… Si alguien quiere sugerir cómo mejorarla, adelante.
La fuente del dragón renacido (el nombre y la localizaciónúnicamente) y la posada (aunque mi descripción es ligeramente diferente) están tomadas de la novela 'El templo de la grulla escarlata' de las hermanas Tran-Nhut. El libro es buenísimo, tiene un poco de todo: costumbres de Vietnam del s. XVI-XVII, artes marciales, gastronomía, historia, humor, misterio… También hay un par de líneas y un personaje inspirados en 'El Señor de los Anillos' en mi historia, pero no tiene que ver con el Concilio de Elrond.
El dragón es un símbolo astrológico chino. Echando cuentas y teniendo en cuenta la fecha de publicación, el nacimiento de Ranma y Akane coincide más o menos con el año del dragón (y si no, consideradlo una licencia más que me tomo, qué demonios!). Además, el carácter de una persona estaría marcado por los cinco elementos, uno de ellos predominante: agua, tierra, aire, fuego y madera.
Como he incluído algunas expresiones coloquiales raras, por si acaso, doy una 'traducción'. Ya sabéis que si alguien tiene problemas con el lenguaje o simplemente quiere comentar algo, me puede mandar un correo a: torrado: quedarse dormido
planchar oreja: dormir
ecco tutto: eso es todo
patatal: cementerio
a toda cebolla: a toda velocidad
cubicar: pensar, sacar adelante un plan
lechugas: billetes
En diferentes versiones de romaji, se escribe Tarô o Tarou, para indicar una 'o' larga, pero sigue siendo el mismo Pantibonico, como lo llaman aquí en España en los cómics.
Huang He: Río Amarillo
Yuan Jiang: río Rojo
Chang Jiang: Yangtze
Lancang Jiang: Mekong
Rey de la Montaña de Agua: Mizu no yama kokuô o bien Mizunoyamaryuu (dragón de la montaña de agua)
en chino, Manzhi: lleno de sabiduría
Bei Ai Ning: Ai, afable, exhuberante, amistosa; Ning, paz, reposo, serenidad. Bei es el apellido, Ai Ning el nombre.
Li Q� Chuan: arroyo de aire que fluye
Manzhi y Bei Ai Ning los he conseguido a través de: zhongwenpuntocom, en un subenlace sobre nombres chinos
Taklimakan Shamo : desierto Takla Makan, en mandarín (creo)
El tratamiento -chan es cariñoso, y vale tanto para hombres como para mujeres, aunque el tratamiento habitual para los primeros suele ser -kun, pero no me gustaba cómo sonaban Mi-kun y Ya-kun.
B.S.O.
More than words, by Extreme.
Dream a little dream of me, by Ella Fitzgerald
After the fire, by Amy Grant
All out of love, by Air Supply
Still haven't found what I'm looking for, by U2
Wish you were here, by Pink Floyd
Y para el paseo por China, el encuentro con Mizunoyamaryuu y demás, la banda sonora de 'Hero', compuesta por Tan Dun.
