Capítulo 9: Oferta Rechazada
Severus
Mi cuerpo estaba petrificado, como tantas veces en esa semana, mis manos temblorosas sujetaban a Hermione que seguía besando cada centímetro de mi rostro melosamente, yo sonreía, era la persona más feliz del mundo.
Acarició una y otra vez mi cabello, mi espalda, mi cara, mis labios que deseaban reclamarla.
Abrí los ojos, me encontré nuevamente con esa mirada acaramelada y dejé mi frivolidad a un lado, la sujeté fuertemente, no quería que se escapara, contemplándola un eterno momento, quería explicarle todo lo que mis labios no podían expresar.
Mi boca buscó la suya en señal de reclamo, pude sentir como sonreía ante mi actitud, ¡esto si era un sueño!
Nos besamos lentamente hasta que tomamos un ritmo más vivaz y desesperado, fue el momento más romántico de mi vida, ¡yo estaba besando apasionadamente a Hermione Granger! ¡Y ELLA ME CORRESPONDÍA!
Mis labios se posaron en cada parte de su precioso rostro, le susurré un lento "Hermione" en su oído, sentí como sus manos se apretaron en mi espalda, sonreí al sentir esas cosquillas en el estómago, me sentía jovial.
Permanecimos largo rato abrazados, ella soltó una pequeña y graciosa risa, supongo que fue al escuchar los frenéticos latidos de mi corazón al apoyarse en mi pecho, podría darme un ataque cardíaco por la placentera sensación.
Otra vez juntó sus labios con los míos, esta vez fue solo una pequeña caricia, me miró fijo, le sonreí con picardía, tenía pensado volver a besarla mil veces más pero ella colocó dulcemente su dedo en mi labio.
-Tiene que ir a decirle a McGonagall que no se irá del colegio, que seguirá dando clases aquí-¿me ordenó?
Estaba embodado ante su persona, si me ordenara pelear contra un basilisco a mano limpia juro que lo hubiera hecho.
-Si, le informaré de mi regreso-le susurré aún sujetándola con fuerza.
-Quiero que lo haga ahora, rápido, salga y hable con la directora- me dijo dulcemente pero sin perder la voz de mandato.
Se deshizo de la prisión de mis brazos y me alentó, salí disparado al dormitorio de Minerva, la anciana bruja pensará que soy un desquiciado, ¿acaso no lo era?
A las dos de la madrugada toqué su puerta, me atendió sin demora como si realmente no estuviera durmiendo.
-Severus, ¿que haces aquí?, ¿no estarías con Karkarov esta noche?-me dijo somnolienta.
-No, porque regresé a Hogwarts-le respondí con una sonrisa de oreja a oreja, ¡Severus no te delates!
Los ojos de Minerva me examinaban como no dando crédito a lo que habían presenciado.
-Es una alegría muy grande que estés aquí, no conseguí a un buen sustituto para tu asignatura, estaba bastante preocupada ¡Oh gracias!-me agradeció, yo la abrace por reflejo, fue una situación demasiado extraña, la mujer quedó perpleja.
-Bueno, ahora me iré a la mazmorra-siseé para tratar de disimular lo tonto que me sentía, estaba tan dichoso, no podía bajar mis revoluciones
Tan solo unos gestos bastaron para que me convirtiera en su títere, ella delicadamente movía los hilos de mi vida, llevaba la batuta dirigiendo lo que yo debía de hacer y lo que no.
¿Cómo pudo una niña ejercer tanto poder en mi?, yo era decidido, duro, frío pero ella moldeó mi corazón con sus besos y ya nada sería igual.
Hermione
Los pasillos del colegio, por causa de la hora estaban vacíos, podía escuchar el eco de mis torpes pasos, tenía que llegar a la torre de Gryffindor sin ser descubierta, ahora que lo pensaba bien, esta era la única regla que me había saltado hoy, cuando besé a Severus ya no era profesor del colegio, al recordar eso me llevé la mano a mis labios, realmente era un maestro al besar, me sonrojé por el descarado pensamiento.
-¿Quién anda ahí?, da la cara sabandija-gruñó Filch.
Seguí caminando tranquilamente, no tuve ningún otro obstáculo para llegar a mi dormitorio, como su hubiera sorbido un poco de Felix Felicis.
No dormí en toda la noche porque mi cabeza trabajaba a mil por hora reviviendo todo lo ocurrido en la mazmorra.
-¿Quién puede decirme los efectos del hechizo Anapneo?-chilló el profesor de encantamientos.
-La palabra viene del griego y significa respirar, el hechizo despeja las vías respiratorias de la persona a la que se le aplica, permitiéndole respirar apropiadamente-contestó claramente la castaña.
-Muy bien señorita, cinco puntos para Gryffindor-la apremió Flitwick
-Nunca te vi llegar-me susurró Ron, yo le sonreí mientras sacaba apuntes.
La clase más emocionante del día estaba apunto de comenzar, bajé al aula de pociones, las mariposas que habitaban en mi estomago revoloteaban sin parar haciendo que sonría sin sentido.
Ya estaba sentada en mi lugar, solo faltaba que por la puerta entrara mi Príncipe Mestizo.
Cuando lo hizo todos se voltearon, estaba diferente, su ropa lucía igual, pero su rostro era el que yo recordaba ayer, pero cambió la sonrisa por una mueca, su cabello estaba limpio y sujeto en una coleta, Severus es hermoso sin importar como luzca, sonrió para sus adentros.
-Señorita Granger, hoy terminaremos la poción multijugos después de clases-me anunció al terminar la clase.
Estábamos solos, quise acortar la distancia, abrazarlo, besarlo, ¡Hermione basta ya!
-Lo veo más tarde-le dije, me estaba sonriendo, me toque los labios y reí con picardía para salir de aquel lugar antes de cometer locuras.
Golpeé tres veces la puerta de su despacho, estaba nerviosa, eso era habitual.
El me abrió la puerta gentilmente para luego cerrarla con llave, ¿ahora que haría?, no se porque no lo besé, me limité a seguirlo a su aula privada, no quiero ser cursi pero si la miras bien puede ser el lugar más romántico de todos.
Cumplí a la perfección los pasos para poder culminar nuestra obra maestra.
Revolví la poción con delicadeza, el me observaba demasiado cerca para que no me concentrara del todo en lo que estaba haciendo.
-Bien Granger, la poción esta lista-su voz era seductora y extremadamente irresistible, estaba hipnotizándome.
Después de embotellar lo recién preparado se acercó a paso firme, me tomó en sus fuertes brazos, me sentí desfallecer cuando volvió a besarme con fervor como la noche anterior para luego dejarme ir a regañadientes.
