Los personajes utilizados en este fanfic son propiedad de Akira Amano.

Narración.

—Dialogo

—Aclaraciones—.

(Intervenciones en la narración).

"Pensamientos o frases que se dijeron".

Aclaraciones y Advertencias: Los personajes no me pertenecen. OC. OCC. Una historia random con sus debidos momentos serios. (?)

Summary: Tsunayoshi era el Décimo, Vongola había regresado a sus orígenes y sus Guardianes y Aliados ahora podían respirar en paz. Ellos pensaban que lo más difícil había pasado, hasta que tuvieron hijos y los pequeños monstruos se llegaron a la fase mortal que aterra a los adultos desde tiempos inmemorables: la adolescencia.

Capitolo Speciale

I muffin Yokubo – Parte I

Elena Di Vongola odiaba las fiestas con toda su alma.

Si los humanos vinieran con comportamientos pre-programados, ella seguramente tendría un comando que rezara «A toda celebración ruidosa, lepra tendrás». Y aunque no era así, fiel su genética, la hija del gran Xanxus heredó a menor escala el disgusto de su padre por las multitudes bulliciosas.

Lastimosamente para Lena y propio el Jefe de Varia, la cónyuge del líder bastardo del escuadrón de asesinato independiente adoraba las fiestas. Y también tenía un carácter lo suficientemente jodido como para doblegar a Xanxus a su voluntad con un simple «Haz lo que te digo o dormirás en el sofá». Por lo tanto, desde el mismísimo puto instante en que los padres de la azabache empezaron a salir el destino de Varia fue sellado.

Y por esa razón lo que antes fue un cuartel de machos que se respetan con pecho aceitado ―y Lussuria― ahora era el hogar del jodido Santa Claus.

Todos los años era la misma mierda. Haru los levantaba a punta de campanadas, cantando canciones de la época y vestida creativamente para las fechas con Lussuria y Fran de fieles esbirros; el primero verdaderamente excitado por las ideas de la diseñadora y el segundo con claras intenciones de poder trolear a libre albedrío. Cada año era diferente y más extravagante que el anterior. Lena recordaba perfectamente la vez pasada, cuando su madre mandó a congelar la piscina y contrató un zamboni para hacer una perfecta pista de hielo en el jardín, mientras que Fran puso una ilusión de nevada intensa en el castillo a tal punto que en vez de Italia parecían estar en Alaska.

A sus trece años, Lena ya no soportaba la obsesión de su madre por celebrar cada estúpida festividad que se le atravesara en el calendario y "festejar juntos en familia". No había que tener un doctorado en psicología para saber que las intenciones de Haru eran compensar la mayor parte del tiempo que ésta pasaba fuera de casa dado su trabajo. ¿Qué si preciaba el gesto? Diría que sí por cortesía, pero ella no era ese tipo de chica. Si algo le parecía molesto u irritante, lo decía. Y a la de ojos rojizos sinceramente aquello le parecía estúpido.

Para empezar, ella nunca fue de las que lloraban por la ausencia de su madre o padre. Desde que tenía seis años la azabache aprendió a ser autosuficiente y no depender de nadie. Ni una sola vez pidió ayuda para algo a menos que de vedad lo necesitara, y no era por cuestiones de orgullo, sino porque desde siempre fue consiente y observadora de sus alrededores. Elena era una chica inteligente y astuta. Cuando no sabía algo, analizaba y deducía las cosas por su cuenta hasta lograr la conclusión acertada. Era perseverante y determinada, siempre queriendo estar preparada para el futuro incierto que le esperaba; para ella constantemente era impreciso si sus padres o tíos realmente volverían a atravesar el umbral de la puerta de acceso a la Mansión Varia.

Pero traten de explicarle eso a Haru.

La verdad es que si no fuera porque Squnelle y Squalo odiaban tanto las fechas como ella, Lena hace tiempo se habría ganado la máscara de Grinch que todos los años le ponían al estúpido de Levi.

―Oh, vamos. Quita esa cara de estreñimiento, ramera.

Yokubo, quien hasta hace poco estaba batiendo una mezcla casera de… algo, se giró para contemplarla con una de sus brillantes sonrisas. Se observaba radiante aunque estuviera cubierta de harina y con el cabello recogido en un moño francés que ―no es como si Yoyo lo usara por gusto― a Lena se le antojaba feo, como si fuera uno de los vestidos que Sil fue obligada a usar hasta los siete años. El semblante de la heredera de Varia no cambió un ápice a pesar del gesto de su amiga, de hecho apenas y terminó dignándose a devolverle la mirada desde su puesto en la barra de la cocina.

―Lo haré cuando toda esta juerga de mierda termine ―dijo.

Pero dado que el desfile de sandez no cesaría hasta mañana, la azabache se vio en la obligación de acompañar a Yoyo en la cocina de Varia para no ser arrastrada en alguna tontería de los mayores; Fran tendía a ser más molesto y Belphegor más irritable, si saben a lo que me refiero. ¿Y por qué la hija del Guardián del Sol era la que estaba cocinando, si ellos tenían chefs privados? Simple, porque Xanxus los despidió a todos el veintitrés para no darles bono navideño bajo la excusa «Esa basura sólo cocina basura». Y porque la pelirroja hacía lo que se le diera la puta gana. Y ella quería hacer muffins, porque se gastó el dinero de los regalos de sus amigos en apuestas otra vez. Punto.

Elena se encontraba ahí porque no tenía nada mejor que hacer. Porque no quería hacer nada, mejor dicho. La Mansión Varia representaba territorio enemigo para la adolescente mientras toda esta fiebre navideña ridícula estuviera en pie, al menos hasta que llegara la noche y casi todos se fueran obligados a la cena navideña auspiciada por la Décima Generación, dónde las penas y dolores de cabeza de Elena pasarían al pobre Tsunayoshi y ella por fin podría escabullirse al cuarto de Ruriko a escuchar música rock luego de engullir la comida.

―Amargada.

―Tal vez ―concedió cierto grado de verdad en la acusación-puchero de la mayor―. Pero sabes que no me gustan las fiestas, Yoyo ―resopló―. Mucha gente, teatro e hipocresía.

―Tranquila Daria, o te saldrán arrugas ―sin prestar atención a las quejas de la azabache, la pelirroja en degradé empezó a buscar algo en las alacenas―. Al menos este año no será un banquete de gala.

«¿Y qué? Todavía tenemos que soportar a los subnormales que tenemos por familia», se leía en el semblante de Di Vongola. Por su puesto que, estando de espaldas y todavía ocupada, Yokubo no lo vio.

Lena recargó la mejilla contra su mano, apoyada en la larga tabla desde donde monitoreaba a la irresponsable Sol. Como todo estaba sospechosamente tranquilo desde hace rato, la de ojos rojizos empezaba a creer que la cocina pronto explotaría.

―A veces hasta tengo envidia de Aka, Tello, Coco y Tontolfo ―suspiró.

Wat? ―la mayor ahora sí le prestó toda su atención tras haber dejado caer un bol de vidrio que se rompió en mil pedazos… y no limpiaría―. Ramera, no sé si te acuerdas que los mandaron con Lal. ¡Con Lal, dude! O sea cero fiestas, cero beber, cero apuestas, cerro carreras, cero clubs… ¡Cero todo!

Y la verdad es que la de ojos amarillos habría sufrido el mismo destino horrible que las mencionadas pobres almas en desgracia de no ser porque Yokubo Soleil tenía el mejor papi del mundo.

Cabe aclarar que todo el asunto se remontaba al hecho de que los mayores miembros de la Undécima Generación ―con excepción de Silke, a quien no invitaron porque sabían de antemano que les iba a decir que no― fueron atrapados por la policía en una carrera ilegal a las afueras de Sicilia cuando se supone que debían estar celebrando en la mansión de los Millefiore la fiesta de cumpleaños de la señora Gesso. ¿El castigo por escaparse del natalicio de Yuni, chocar el amado Ferrari de Belphegor y ser detenidos por décimo tercera vez en la misma semana? Pasar todo un año aislados en los cuartales generales de COMSUBIN bajo el yugo tiránico de Lal Mirch, privados de todos sus derechos y privilegios como hijos de altos cargos mafiosos, que igualmente eran personas influyentes en la sociedad normal.

No es como si eso fuera un verdadero castigo para Yokubo. Al menos, no lo fue hasta que su sensual tío Ryohei dijo que también los iban a privar de la música y sus vicios favoritos. Ahí si la pelirroja pidió clemencia. Quitarle los vicios a Yoyo era lo mismo que atentar contra su vida. O sea no, no está bien. Ella era una ludópata, adicta a las compras y alcohol, realmente podrían matarla si la mandaban lejos de todos sus pecadores placeres.

Un escalofrío le recorrió la espalda nada más recordar lo que pudo pasarle si su padre no fuera tan condenadamente genial.

―En el nombre del alma inexistente de Reborn, tengo que preguntar: ¿Qué demonios puede ser genial de algo capaz de asustarme hasta a ?

―Que no están aquí y por lo tanto tampoco tienen que soportar a Levi con su estúpida máscara del Grinch y todo este desfile de ridiculez orquestado por mi madre.

Okay, Lena tenía un punto ahí. Pero solamente porque apeló al odio perpetuo que la Sol le profesaba al Guardian del Rayo de Varia.

Al final, Yoyo negó con la cabeza y decidió continuar con lo suyo.

―A todo esto, ¿qué se supone que estás haciendo? ―harta de sus propias quejas ante su impotencia para impedir los planes de su progenitora, la hija de Xanxus fue la que cambió el tema.

―Muffins de arándano ―contestó la pelirroja mientras vertía los trozos de la dichosa fruta en la mezcla. La azabache apartó la mirada apenas obtuvo su respuesta, desinteresada. Grave error. En ese momento Yokubo sacó un paquete de polvos blancos del bolsillo de su delantal y los echó al menjunje sin más―. Estoy segura de que te alegrarán ―tarareó.

Las intenciones de Soleil eran buenas, en serio. Ella simplemente quería alegrar un poco el día para sus congéneres a sabiendas de que Lena no era la única amargada por tanta melosidad y el efecto dominó de cursilerías generado por la Señora Di Vongola. Incluso varios de los usualmente felices jovenzuelos la pasaban mal en estas fechas porque sus madres no estaban en Italia con ellos. Así que Yokubo decidió que su buena acción de este año iba a ser darles una noche de diversión y olvido a los menores.

Ojalá no lo hubiera hecho.

Continuará

Nota de la Autora:

¡No me maten! *Se cubre de objetos voladores y demás*

Lamento mucho, muchísimo, no haber publicado nada hasta ahora. La carrera me tiene complicada y los exámenes no me han dejado concentrarme en los fanfics. Sin embargo, me dieron un receso gracias a las fiestas y voy a tratar de ponerme al día con los escritos que les debo. Y sí, eso significa que habrá actualización pronto con el capítulo que sigue más otro de los omakes de uno de los personajes. Sólo ténganme un poquito de paciencia.

Aclaro algunas cosas:

1) Zamboni.

Info: Un zamboni son esas grandes máquinas tipo tractor/podadora que se usan en las pistas de hielo para que la superficie quede lisa y así las patinadoras puedan hacer lo suyo sin correr riesgos de tropezarse por algún tipo de imperfección en el hielo.

Perdonen para los que quisieran leer más, pero no podía revelar de golpe toda la historia de los muffins de Yoyo o no tendría el efecto que quiero. Btw, la mini-historia se divide en tres pequeñas partes: Cómo empezó (esta), cómo transcurrió (la siguiente parte) y cómo terminó (parte final). Irá alternado con la saga de Las Vegas, o sea que la wea irá así: un capítulo de la Undécima Generación haciendo desastres, segunda parte de la historia de los muffins, otro capítulo de la línea de tiempo actual y parte final de la historia de los muffins.

Feliz navidad (aunque es ya es veintiséis) y por consiguiente Día de Recalentado Internacional. Que la hayan pasado bien y si no, mis condolencias.

Nos estaremos viendo pronto, lo juro.