Gracias a todos por leer la historia. Hoy, comienza a emerger el fénix, y pronto el mundo se sacudirá por su obra.


Masg; Mi respuesta ya te la había enviado por mensaje privado con la aclaración: todo era parte de un entrenamiento mental, para superar su propio dolor. Solo que este pronto no hará más que aumentar, cuando se entere de todo lo que pasó en su ausencia. Regocíjate, ya vuelve pronto Babs a la historia.

Haoyoh; Si, me tarde, pero es que estaba decidida a no actualizar hasta no haber editado y revisado toda la historia (especialmente los fallos de redacción y unos puntos que sentí me faltaban en cuanto a la trama). Edmond Dantes se transformó en el Conde gracias, en gran parte, a todo el conocimiento heredado por Faria, y quise reflejar eso además de todos los cambios que había experimentado. Aquí tienes la historia de Slade y lo que pasó después.

Cute'Lady; ¡No, no la abandono! De hecho ando retomando también mis otras historias, esta no es la única que pasó por un proceso de corrección. De la bienvenida me encanta ver que más gente se acerca al mundo del famdom y las letras, si necesitas apoyo no dudes en pedirlo.


La serie "Teen Titans" y el libro "El Conde de Montecristo" no me pertenecen. Al decir esto no violo ninguna ley de derechos de autor. Este fic está escrito sin fines de lucro.


Al palpar la cercanía de la muerte, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales.

Miguel Delibes (1920-2010) Escritor español.


REVENGE: ARMED WITH WINGS

PARTE II: DESESPERACIÓN

CAPÍTULO VI

UNA HISTORIA DE LA ERA DE PLATA

Richard se sentó al lado de Slade, dispuesto a escuchar. Cuando Slade pudo juzgar por el oído que su aprendiz estaba a su lado, comenzó el relato:

—La historia de los superhéroes y villanos se divide en etapas. Recuérdamelas.

Richard suspiró.

—Primero fue la era de oro, que inició en los años treinta cuando aparecieron los primeros enmascarados, y continuó hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial. Luego siguió la era atómica y la era de plata. En los años setenta pasamos a la del bronce y desde la mitad de los ochentas nos encontramos en la moderna.

Slade asintió débilmente.

—De todas las eras, la más significativa fue la plateada, cuando el país comenzó a atravesar un cambio. Ahora que ya no había una urgencia militar los nuevos superhéroes se enfocaron más en las labores sociales, y su número creció exponencialmente: el gremio pasó de tener solo unos cuantos a albergar cientos de ellos. En solo catorce años se fundó la Sociedad de la Justicia y después esta se transformó en una liga, También se descubrieron las dimensiones alternas y se reanudaron las exploraciones espaciales, y comenzaron a encontrarse más constelaciones y razas alienígenas.

«Sin embargo fue gracias a una historia, y no a una exploración, que se descubrió a la raza gordaniana. Esta raza se expande mediante la conquista de otros pueblos, por lo que necesitan de todo el poder bélico posible. Pero comenzaron a quedarse sin oro, el cual era muy importante para construir sus armas más poderosas ya que era un gran conductor de la energía y electricidad, por lo que los gordanianos comenzaron a buscarlo en otros planetas y galaxias, incluida la Vía Lactea, donde encontraron nuestro planeta. La Tierra es el más rico en cuanto a este mineral, por lo que unos cuantos comenzaron a llegar, pero todos trataron de pasar desapercibidos por lo que no se notó su presencia sino hasta años más tarde, gracias a un ladrón y su hijo.»

«Esta familia criminal se dedicaba tanto al tráfico de oro como de gemas robadas de las minas de otro planeta, Centauri. Cuando llegaron se hicieron pasar por humanos gracias a proyectores de hologramas, por lo que no tardaron en amasar una considerable fortuna que estaba lista para ser trasladada a su constelación.»

«Pero en su última llegada a la tierra los estaban rastreando un grupo de policías de Centauri. Estos montaron un operativo, y se prepararon a atacar. El gordaniano que cuidaba la nave no tardó en darse cuenta de que los policías estaban en camino y rápidamente se preparó para defender su tesoro, pero en caso de muerte escribió en un papel terrestre, con su propia tinta, en que parte de la nave había escondido los materiales preciosos, para que su hijo pudiera recuperarlo antes de que confiscaran la nave.»

«Pero el hijo no tardó en regresar por lo que ambos trataron de huir, sin embargo los policías llegaron y en medio de la lucha las naves se estrellaron: la de Centauri en el mar y la gordaniana en la isleta cercana a la costa de Jump City. La ciudad entera se sacudió y tanto la policía terrestre como los superhéroes locales registraron la zona hasta que encontraron los cadáveres. Mientras hacían la autopsia al gordaniano de mayor edad encontraron el papel, sin embargo nadie pudo descifrarlo, ni siquiera el policía espacial que había sobrevivido, ya que el fuego de la explosión había quemado la mitad. El policía contó la historia a los asombrados terrícolas que lo atendían, y cuando se restableció contactó a sus compañeros. Tanto la policía terrestre como la alienígena trataron de encontrar en la nave gordaniana lo robado, pero se asombraron al encontrarla vacía. Dedujeron que todo aquel caudal ya había sido comerciado, y como la nave carecía de valor decidieron dejarla donde estaba. Los policías extraterrestres regresaron a su planeta y los terrícolas a sus hogares, sin volver a tomar cartas en el asunto. Mientras, la nave gordaniana permaneció clavada en la isleta, y con el tiempo su historia fue sepultada en el olvido.»

«Pasaron los años y entramos a la era de bronce. En esta era algunos héroes comenzaron a independizarse de La Liga de la Justicia para enfocarse más en las ciudades y calles que en los universos, pero aún así se construyó el primer satélite artificial de la liga, para albergar a sus miembros. Y al ser declarada la Guerra de Vietnam continuaron muchos experimentos militares que habían sido interrumpidos. Para entonces yo era un soldado: había escapado de mi hogar y mentido sobre mi edad para ser aceptado en el ejército. Tenía talento, por lo que fui ascendiendo rápidamente. Formé parte de un experimento con un nuevo suero pero la reacción fue violenta y permanecí varias semanas en cama. Después de eso descubrí que tenía mejores reflejos y capacidad física, por lo que no tarde en volver al ejército y pude volver a la guerra hasta que terminó, en 1975. La derrota fue aplastante, y por desobedecer órdenes directas en mi última misión me dieron definitivamente de baja en el ejército. Sin embargo sabía que tenía potencial para ser algo más que un civil, y pronto emergí como un mercenario.»

«Para ese tiempo yo tenía una familia, pero por culpa de mis actividades les puse en peligro y en un ataque uno de mis hijos quedo sordomudo. Mi esposa enfureció y me disparó. Alcancé a moverme antes de que la bala me matara, pero perdí un ojo. Años después mi otro hijo, el mayor, quiso seguir mis pasos pero murió en combate.»

Slade hizo una pausa, sintiendo tanto el peso de aquellas acciones como un nuevo dolor de cabeza, pero se dominó a sí mismo.

—Años más tarde ya había acumulado poder y fortuna, y comenzaron mis planes por la dominación. Mi primer objetivo era Jump City, y para ello me hice de mi primer aprendiz.

«Su nombre era Terra. Ella era capaz de manipular la tierra, pero no de controlar su inmenso poder. Ya había dejado una impresión en el mundo y quería que alguien que me sucediera, y ella estaba desesperada, por lo que le ofrecí enseñarle a controlar sus poderes a cambio de que fuera mi aprendiz. Terra aceptó y con el tiempo los dominó a tal grado que no tardamos en comenzar la conquista de la ciudad donde la encontré. Pudimos haber ganado, pero ella se rebeló. Dijo que quería ser libre, que no iba a tolerarme y que podía irse. Peleamos y al final volvió a perder el control de sus poderes y se desató una actividad volcánica en el subsuelo donde estaba nuestra base, y en medio del temblor caí a un rio de lava.»

«Sentí mi piel quemarse, y debí de haber muerto ese día, pero alguien me estaba cuidando. Hace tiempo te hablé sobre los demonios, aprendiz, y ya sabía algo de ellos, pero los conocí muy bien gracias a uno. Nunca me dijo su nombre, sin embargo era uno muy poderoso, tanto que pudo sobrevivir al ataque de los mejores sacerdotes de Azrath. Él necesitaba encontrar a una mujer, una hechicera de nombre Arella que también había huido de ese plano y reencarnado en este, para que le diera una forma humana. Yo en realidad no estaba vivo: más bien estaba en un estado de no-vida. Podía moverme, y me dio poderes como volar, invocar el fuego y manipular la energía a mí alrededor, pero en realidad solo era un esqueleto, un cadáver. A cambio de mis servicios, el me devolvería mi carne y sangre.»

«Durante este tiempo me dediqué tanto a la búsqueda de Arella como a la investigación de las dimensiones alternas, y cuando descubrí que algunas naves espaciales contenían la tecnología para crear túneles entre una realidad y otra pensé en investigar más sobre la nave varada en Jump City. Encontré el reporte de la autopsia e incluso robe la nota, confiado en que los conocimientos que había adquirido sobre la cultura gracias a un antiguo socio me ayudarían, pero tampoco pude descifrarla. Decidí dejarlo para otra ocasión, la guarde en mi traje y volví a buscar a esa mujer.»

«Finalmente la encontré. Se hacía llamar Angela Roth, pero vivía en Gotham y no recordaba su pasado. Parecía no ser más que una adolescente depresiva y anímica, pero cuando escuché de aquel demonio sobre los verdaderos poderes que tenía quedé sinceramente sorprendido. Siempre son los más callados.»

«Al investigarla descubrí que comenzaba a mostrar interés en una secta satánica local, por lo que me aproveché de mis nuevos poderes para convencerla de seguirme, hasta que la lleve ante mi maestro. Se suponía que sería suficiente y el tendría que cumplir con su parte, pero aquel demonio era muy astuto y no quería ser encontrado una vez pudiera transformarse en un humano… Me hizo regresar a mi cuerpo original, pero desperté en el centro médico de una prisión. Al parecer varios policías me encontraron en mi antigua base, rodeado por todas las pruebas de mis crímenes, tal como aquel demonio había planeado. No tardaron en condenarme a cadena perpetua, y gracias a la presión de varios políticos y judiciales, entre ellos Trigon, me trasladaron al Gulag.»

—Entonces así fue como te capturaron—concluyó Richard.

—Exacto. Nadie sabía de mis habilidades, por lo que me enviaron al área de humanos, y en mi traslado pude ver tanto los muros como las secciones que nos separan del océano. Intuí el diseño y gracias tanto a lo que sabía sobre el Gulag como a lo que ya había visto comencé a trazar los planos. Cómo pudiste notar, son fieles al diseño original. En cuanto al papel este seguía en mi traje y lo escondí antes de que confiscaran mis pertenencias. Lo he llevado conmigo, esperando que al salir pudiera restablecer con él mi fortuna.

Richard pudo recordar los planos, tanto los que había visto en aquella carpeta como los que había visto en esa celda. Era admirable como usando su lógica él había podido armar el plano, y diseñar aquella fuga. También sintió que podía comprender en parte la mentalidad y el comportamiento de Slade: cuando estudió sobre la Guerra de Vietnam en la secundaria supo que las masacres, las drogas, la decepción por el resultado de la guerra y la dificultad de la readaptación trastornaron a tal grado a algunos veteranos que se volvían psicópatas. Después había perdido a su familia, por eso había reaccionado con tal apatía cuando le preguntó si tenía a alguien en el mundo exterior, años atrás.

Repentinamente el dolor de cabeza de Slade aumentó y Richard volvió a darle de beber un calmante, el cual al cabo de unos momentos pareció surtir efecto y lo ayudo a retomar el control. Cuando recuperó las fuerzas, Slade continuó.

—Yo sabía traducir el idioma hablado gracias a que todavía habían traficantes en territorio terrestre, con los cuales tuve tratos o incluso serví como mercenario en mis buenos tiempos. Comencé a analizar más y más la escritura, recordando que los caracteres gordanianos no son la descripción de palabras o letras, sino sonidos, e interpretando esos sonidos para completar las palabras comencé a descifrar el mensaje.

Richard leyó detenidamente la traducción hecha por Slade. A pesar del estado de deterioro del papel, las palabras comenzaron a emerger:

Hoy día terrestre 25 de a…

Dentro de la…

En la última cá…

Los cofres terrestres…

Tanto oro del pla…

Como gemas de las…

Asciende a dos millones…

En la roca vigés…

Giro a la derecha y terce…

—El desafío ahora era completar la escritura. En el mismo compartimento, pero oculta debajo de un pedazo de losa, hay otra hoja de papel. Fue la primera que elaboré en esta celda y en ella completé el mensaje. Sácala y léemela.

Richard obedeció, encontrando efectivamente la segunda nota. Rápidamente comenzó a leer, encontrando el sentido en las líneas y comprobando la veracidad del método.

Hoy día terrestre 25 de a…bril del año terrestre 1959

Dentro de la… nave de guerra se encuentran escondidos

En la última cá… mara de los almacenes

Los cofres terrestres… que contienen

Tanto oro del pla…neta Tierra en la constelación de la vía Láctea

Como gemas de las…Lunas de Centauri, el cual

Asciende a dos millones… en la moneda de nuestro planeta

En la roca vigé…sima se realiza un

Giro a la derecha y terce…ra a la izquierda para llegar a él.

— ¿Lo comprendes ahora? —preguntó Slade.

Si, eran las instrucciones, bastante precisas para llegar al tesoro. Pero no entendía el porqué era tan importante, si después de todo la suma no sonaba tan grande.

—Aquí se habla solo de dos millones.

—En cuanto a la moneda gordaniana—aclaró Slade.

— ¿No podría ser de la nuestra?

—No. Ya no tenían el menor interés en continuar en el planeta, al partir regresarían a la constelación Lira y allí comerciarían lo que tenían. Acorde a lo que sé sobre el sistema político de los gordanianos ellos conforman un estado bélico, y aunque esta clase de sistemas pueden cambiar rápidamente es lógico deducir que si se mantuvieron en el mismo nivel de crecimiento que tenían en la mitad del siglo anterior entonces podríamos hablar de un nuevo valor de trece millones.

— ¿Y en nuestro planeta?

—Ellos le daban al oro un precio cientos de veces mayor si comparamos nuestro sistema de comercio con el de ellos, ya que ellos lo necesitan más y tienen que lidiar con mayores problemas para obtenerlo, pero esto se equilibra con las gemas, ya que las de aquellas lunas tienen una pureza mayor a las de nuestro planeta, lo que les da un valor agregado. Hice cálculos, y por lo visto estaríamos hablando de un total de 1,400 millones de dólares.

Ahora Richard pasó de la sorpresa al asombro, y de allí a la mudez. ¡1,400 millones! Era mucho más que una fortuna, era poder absoluto, capacidad infinita… Pero luego recordó que todo ese oro, todas esas gemas eran inútiles para su maestro por no poder acceder al tesoro. Slade lo confirmó.

—Comencé a ofrecer parte del tesoro a cambio de mi liberación, pero nadie quiso creerme. Al final decidí escapar por mí mismo, y después usar todos los recursos dentro de la nave para comenzar de nuevo y continuar con mis planes. Pero ahora estoy próximo a morir. Este ataque se repetirá, yo ya no podré luchar contra él.

Era cierto, ambos lo sabían, pero Richard no quería dejar que las cosas siguieran aquel flujo. Ya habían avanzado mucho en el túnel, ahora él solo podía continuar con él y sacarlos a ambos. También el mundo había continuado su avance, era probable que se hubiera descubierto una medicina o pudiera encontrar un ingrediente para asegurarle más tiempo, y con una rehabilitación eficiente Slade podría recuperar la movilidad. Y si alcanzaban el tesoro, los dos podrían tener todos los recursos posibles para encontrar una cura… y cada uno continuaría con sus planes.

—Saldemos de esta: terminare el túnel y encontraremos el tesoro.

Slade no comentó nada, pero mejor que nadie sabía que no tenía sentido engañarse ni hacerse ilusiones.

Pasaron de nuevo los días. Richard estudió el escrito hasta que pudo recitar las instrucciones de memoria. Una vez lo hubo aprendido Slade le ordenó que lo quemara, para evitar que otro pudiera hacerse con la fortuna. Sin embargo continuaba sin poder mover todo el lado derecho de su cuerpo o controlar de forma correcta el izquierdo, pero conservaba intacta su inteligencia. Conversaba con Richard más acerca de la cultura gordaniana, la guerra, los experimentos militares y los contactos que había tenido en el bajo mundo, cuando era el mejor de todos los asesinos y el mercenario más buscado.

Poco después Richard volvió al trabajo de las excavaciones, pensando en que medios podría utilizar para sacar también a Slade, cuando llegó el tiro de gracia: pudo escuchar en el límite del túnel un nuevo martilleo, pero ahora proveniente de varios trabajadores y máquinas. Lo que los guardias conversaban al lado de las puertas le confirmó sus sospechas: la humedad del clima y las tuberías ya habían desgastado toda la galería, e iban a comenzar con los trabajos de reconstrucción y remodelación. Si continuaba con el túnel no tardaría en delatarse, y aún así pronto se encontrarían con él y los trasladarían a otra zona.

Sintiéndose todavía enfurecido recorrió el sendero hasta la celda veintisiete, para comunicarle la nueva dificultad a Slade y trazar otro plan. Pero cuando llegó Slade estaba pálido y temblaba violentamente. Corrió hasta el bloque y trató de calmar el ataque, pero apenas se acercó supo por la palidez y sus síntomas la escalofriante verdad: estaba incubando el tercer ataque.

—Com…prendes… ¿no es… verdad?

Buscó de inmediato el frasco con el anticoagulante que había preparado, tomó el rostro de Slade y trató de separar la quijada, pero entonces este se arqueó convulsionándose. Usando todas sus fuerzas logró darle a beber el líquido, pero parte de este se derramó por las mejillas al mismo tiempo que una espuma sanguinolenta comenzó a salir de su boca, y los temblores no cedieron. Su mirada enrojeció y su mano izquierda apretó la camisa gastada de su aprendiz.

— Mi herencia… para ti… es el… tesoro—Apretó los dientes pero pudo hablar por una última vez— ¡Encuéntralo! Encuén… tralo…

Y tras una última convulsión él cuerpo dejó de responder, inclinándose al lado derecho, para perder toda movilidad.

Richard contuvo el aire, sin poder moverse. Despacio, comenzó a acercarse a Slade: su rostro conservaba la expresión desencajada, pero sus ojos estaban apagados.

Estaba muerto.

A pesar de no haber sido realmente amigos, tuvo que contener las lágrimas. Había sido su única compañía, su mentor, y ahora ya no estaba. Sintió de nuevo su soledad, y después de cerrar los ojos de Slade guardó un piadoso minuto de silencio. De toda la obra del maestro no quedaba más que un aprendiz, el cual apretaba aquella mano, antes fuerte poderosa, ahora flácida. Recordó el violento pasado de su maestro, y aquella historia de la era de plata, de la cual no quedaban más que las palabras en el viento y en su memoria.

Su maestro se había vendido al diablo. Recuperó su cuerpo pero en el camino perdió todo lo demás. Y ahora había perdido también su vida. Pero en cambio había ganado un sucesor, un hijo pródigo.


Correrán ríos de sangre antes de que conquistemos nuestra libertad, pero esa sangre deberá ser la nuestra.

Mahatma Gandhi (1869-1948) Político y pensador indio.


EL GRITO

El cuerpo de Slade estaba tendido en el bloque de concreto, aún con la expresión de urgencia que tuvo al morir. Richard continuaba a su lado, aún con las palabras de su maestro frescas en la memoria.

— ¡Encuéntralo!

No pudo pensar más, porque escuchó a un guardia acercarse. El túnel estaba cerrado, no iba a poder esconderse allí, solo alcanzó a ponerse a resguardo en el marco de la puerta, del lado por el que esta se inclinaría si la abrían. Al asomarse dentro de la celda para pasarle el plato de comida el guardia pudo ver la postura del cadáver y lanzó un grito de auxilio. Amparado por las sombras los guardias que entraron a la celda no lo vieron, en cambio él pudo verlos mientras un doctor se hincaba al lado del cadáver y comenzaba a buscar por signos vitales. No, nada, él lo sabía muy bien.

—Este desgraciado está muerto.

Mientras el doctor acomodaba el cadáver en una bolsa de plástico, los gendarmes comenzaron a recordar los años de supuesto delirio que habían hecho tan famoso a aquel prisionero. Cuando el doctor terminó de meter el cuerpo en la bolsa para cadáveres le dedicó una mirada, tratando de imaginar cómo fueron las últimas horas, pensando también en todos los rumores de su locura.

—Bueno—uno de ellos suspiró—Creo que por fin se reunió con su tesoro.

El tesoro… Hasta sus últimos momentos Slade había tenido aquellos cofres presentes, esperando a contar aquella historia, después de tantos años y de tantos oídos que la despreciaron y la convirtieron en burla.

Burlas… eso quedaba de la antigua leyenda. Otra traición, otra alma condenada.

— ¿Y para cuando terminan con las reparaciones?

—Apenas están comenzando, pero por toda la mano de obra creo que en tres meses ya está.

Los hombres finalmente comenzaron a partir, y cuando cerraron la puerta Richard se atrevió a salir de su escondite para dirigirse a su celda antes de que los guardias regresaran o fueran a la suya a darle su ración, pero de detuvo en seco cuando recordó lo que habían hablado del trabajo de reconstrucción. ¿Cuánto tiempo tardarían en encontrar las excavaciones? Si trabajaba solo necesitaría más tiempo, no podría acabarlo a tiempo. Los hombres solo tendrían que seguir el trayecto y sabrían quien fue. Lo encerrarían en otra celda, más aislada y más controlada, y todo se habría perdido. Trigon mismo apelaría porque lo encerraran en una celda de acero en lugar de piedra.

Richard apretó los puños al recordar aquella otra noche, cuando Trigon lo condenó al infierno, fingiendo bondad y sonriendo por la infamia. Sus pensamientos regresaron a su maestro. ¿Qué harían con el cadáver de Slade?

De pronto vino una idea…

No sabía que hacían con los cuerpos de los prisioneros muertos en el Gulag, pero si lo enterraban podría excavar, aún tenía la navaja de Slade atada a su brazo. Salió del túnel y abrió la bolsa, mirando dentro de ella el cadáver del que fue su maestro. Una duda lo asaltó: ¿Qué pasaría si no lo enterraban en la tierra? Podrían incinerarlo, o algo peor. Pero también sabía que el túnel sería descubierto pronto, ya no podía escapar por esa ruta. Tenía que escoger: podía esperar en su celda, hasta que lo trasladaran a otra peor, pero con mayor vigilancia, sin ninguna posibilidad de escape… o arriesgarlo todo.

Entonces recordó todos los años de encierro, todo su odio y toda la desesperación que había sentido. No, no volvería a pasar por el tormento, el riesgo de muerte era poco comparado a los años de agonía que había sufrido. Además, el demonio tenía que pagar su engaño, todos iban a pagar.

Sin pensarlo más comenzó a sacar el cuerpo de su antiguo maestro, para después arrastrarlo al túnel. Una vez que el cuerpo estuvo oculto tapó la entrada con la piedra, sabiendo que pasara lo que pasara sería la última vez que tendría la loza en sus manos. Rápidamente se metió en la bolsa del cadáver, cerrándola por fuera hasta dejar solo un pequeño agujero, por donde metió de nuevo la mano. Apenas alcanzó a ocultarse porque no tardaron en entrar de nuevo los guardias, lo cual supo al escuchar el chirrido de la puerta y las pisadas de dos hombres, seguidos por el sonido de un juego de ruedas metálicas. Uno de ellos debió de notar que la bolsa no estaba completamente cerrada, pero en lugar de abrirla terminó de recorrer el cierre metálico.

Se concentró en el camino, pero pudo sentir como lo alzaron hasta dejarlo encima de una camilla, y entonces sintió como esta comenzaba a moverse. No pudo ver, pero ahora podía escucharlo y sentirlo todo. Pudo escuchar a los hombres volver a bromear sobre la locura del prisionero y sobre las remodelaciones al complejo. Pudo oler la humedad y escuchar como las goteras caían al suelo y la bolsa. Pudo sentir por la fricción de las ruedas el terreno sobre el que se movían, y como este cambio de piedra a metal. Pudo escuchar cambiar el tono y el ritmo de las pisadas, y pudo sentir como aplicaban menos esfuerzo y lo empujaban más aprisa. Pudo sentir las vueltas y pudo sentir cuando se detenían, cinco veces en total. Pudo escuchar cuando tecleaban un monitor o hablaban con otro guardia, y pudo escuchar cómo se abrían siempre las puertas. Pudo volver a sentir el movimiento de la camilla y pudo volver a sentir el cambio en el suelo.

Entonces, a la sexta vez que se detuvieron y volvieron a andar, el cambio le quitó el aliento. La variación tan súbita de la temperatura y del clima, el increíble sonido del mar… Un escalofrió le recorrió: estaba afuera, en el límite de la prisión, por fin.

Pero el encanto no duró mucho: rápidamente los hombres lo alzaron de nuevo, y entonces sintió como tomaban impulso, meciéndolo por ambos lados, y de pronto una caída.

Caía, caía hacia el infinito, la gravedad lo succionaba, lo jalaba cada vez más rápido. Se encogió y gritó con todas sus fuerza. Grito lanzando un alarido tan fuerte que rebotó en el acantilado y alcanzó a los guardias que retrocedieron, aterrorizados. En medio del grito golpeó el mar, hasta que la bolsa se hundió y el agua aniquiló el sonido.

Silencio absoluto. El grito se había perdido en el viento y solo quedaba el ruido del océano.