Mientras Bulma se dirigía a encargar la comida, Vegeta se incorporó y dio la vuelta a la cama para encaminarse al baño a asearse. Mientras se lavaba la cara para espantar los últimos restos de sueño y se miraba al espejo, no podía dejar de pensar en todo lo que había cambiado su vida en aquellos años. Freezer, por algún motivo, parecía solo una pesadilla lejana. El saiyajin miró a su alrededor sin quererlo.
"Que me aspen si esto no es un maldito sueño, porque lo parece".
Cuando salió del baño, se dio cuenta de que no tenía ni idea de dónde podía haber más ropa interior para él. Pero, aunque su mirada captó un pequeño aparador a su derecha, junto a la cama, Vegeta finalmente decidió seguir desnudo. Al fin y al cabo, estaba cómodo. Al salir del aseo, sus ojos también se posaron en el bote de lubricante que aún permanecía sobre la mesilla y lo sopesó en la mano, reflexivo. Desde la noche anterior y más habiendo soñado con la Armada, sin quererlo no dejaba de darle vueltas a algo que jamás pensó que se plantearía dos veces. Había algo antinatural en ello, a su modo de verlo, pero...
-Oye, Bulma.
Al oírlo, ella giró la cabeza, curiosa.
-Dime.
Vegeta se apoyó en uno de los postes de la cama, pensativo. Sus dedos seguían dando vueltas al bote de lubricante. Bulma lo percibió y una de sus cejas se levantó apenas un par de milímetros, pero no hizo alusión ninguna a ello mientras esperaba a que Vegeta continuara.
-Con los cambios que me has contado en el sexo... -arrancó él, inseguro-. ¿A los terrícolas les gusta... -hizo un gesto vago con las manos-... por el otro lado?
Por un instante, Bulma pareció mirarlo como si se hubiera vuelto loco y Vegeta quiso morderse la lengua por imbécil. O eso, o salir volando por la terraza mientras sentía arder las mejillas. "No tenía que haber dicho nada, me cago en la..."
-Pues... No sé -respondió entonces Bulma, girándose del todo y mostrando un gesto reflexivo antes de encogerse de hombros con sencillez-. Sé que hay gente a la que sí, tanto hombres como mujeres -añadió cruzándose de brazos. Vegeta arrugó el morro. Aún le costaba hacerse a la idea de que hubiese parejas del mismo sexo y fuese algo tan normal... Pero claro, ¿acaso él no había visto a alguno de sus ex camaradas montándoselo con dos chicas a la vez y excitándose al verlas besarse y tocarse?-. Yo personalmente no lo he probado nunca... -prosiguió Bulma, devolviéndolo al mundo real-. Y tampoco he tenido ningún novio al que le motivase especialmente que le metieran nada por ahí, fuera lo que fuese -agregó entonces, divertida. Pero ante la seriedad mortal de Vegeta, suavizó el tono y concluyó-. En general no es que me llamase la atención en especial. ¿Por qué lo preguntas?
Vegeta inspiró por la nariz, sin atreverse del todo a encarar la mirada entre extrañada e interesada de su mujer.
-Por nada -le restó importancia. Bulma pareció aceptarlo y se quiso girar otra vez para seguir encargando la comida, pero la voz de Vegeta la retuvo solo un segundo después. Por algún motivo, el saiyajin necesitaba soltarlo y no era capaz de parar-. Solo es que... recuerdo que... Había compañeros que se lo hacían a... bueno, las chicas que tenía Freezer hace años. Y había algunas que parecía gustarles... Pero a otras no -el guerrero suspiró, avergonzado-. La verdad es que nunca lo entendí.
Lo cierto es que a alguno le había oído decir que era incluso para no arriesgarse a dejar preñada a ninguna prostituta de Freezer por accidente. Vegeta casi quiso reírse ante la ironía de aquello. Aunque se le hubiese ocurrido hacerlo en su primera vez con Bulma, seguro que ella le hubiese metido un tortazo solo por sugerirlo. Sin quererlo, Lia retornó a su mente y Vegeta tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no sacudir la cabeza con violencia, intentando apartarla de su mente.
-Bueno, sospecho que tus ex compañeros no serían especialmente delicados... - agregó entonces ella con suavidad.
Vegeta tragó saliva, mirándola de reojo y volviendo a la realidad.
-No, no del todo -reconoció, tratando de desterrar la muerte de Lia de su mente por enésima vez-. Y no sé por qué te estoy contando estas cosas... perdóname -le pidió, apartando la mirada.
Bulma lo escrutó con un extraño brillo en sus ojos claros que Vegeta no se atrevió a enfrentar cuando la temida frase llegó:
-Lo cierto es que... nunca me habías hablado de eso.
Vegeta sacudió la cabeza y le dio casi la espalda por completo, con los brazos cruzados, mientras bajaba los dos escalones que separaban el dormitorio del salón y encaraba la terraza desde la distancia.
-Sabes que no me gusta hablar de mí... y menos de... Esa época.
-¿Es así como te iniciaste tú? - preguntó entonces Bulma, tanteando el terreno-. En la armada de Freezer. Con... "ellas".
Tras un momento de vacilación, Vegeta asintió despacio, sin decir nada más. Ahora se sentía casi avergonzado de aquello. Sonaba... Sucio. No apto para mostrarlo a un ángel como ella. Sin embargo, Bulma no pareció molestarse por su confesión. Al contrario, al cabo de unos segundos que parecieron eternos, la mujer se acercó, le acarició el hombro, ascendió hacia el rostro mientras Vegeta se giraba y él cerró los ojos, pero no se apartó. En cambio, ciñó su cintura de avispa con levedad por toda respuesta.
-Guárdate lo que necesites, ¿de acuerdo? -susurró ella-. Y... también si necesitas hablar...
Vegeta suspiró y se apartó de nuevo unos centímetros sin violencia, mientras seguía sosteniendo el botecito de lubricante con una mano.
-Lo sé -musitó, forzando una sonrisa sin alegría en su dirección-. Gracias.
Bulma sonrió a su vez, con bastante más emoción, antes de darle un beso muy tierno en la mejilla, girarse y encaminarse de nuevo hacia la encimera. Vegeta la siguió con la mirada; reparando con un estremecimiento en que, cuando caminaba y sobre todo cuando se inclinaba hacia delante, unos centímetros de carne redondeada y suave se dejaban ver bajo el borde de la bata. Dios mío. Le haría el amor tantas veces... Era tan dulce y tan perfecta que el guerrero seguía buscando los motivos por los que el Universo le había concedido semejante regalo divino hacía tantos años... sin encontrar la respuesta. Se podían morir todos los demás terrícolas, incluido Kakarot y su prole. Pero si algo le sucediera a Bulma...
Tratando de arrinconar las reflexiones de una vez por todas, Vegeta avanzó tras Bulma unos segundos después, hasta situarse detrás de ella. Cuando estuvo a apenas un centímetro de su piel, sin violencia, el guerrero ciñó los brazos alrededor de su cintura de avispa y se apretó contra su espalda, notando llegar la erección enseguida al contacto con su cuerpo. Ella se incorporó, mientras terminaba de teclear el pedido y las condiciones de pago en la pantalla, con media sonrisa apreciativa.
-Vegeta... -susurró cuando las manos de él separaron los bordes del batín y dejaron sus pechos totalmente al descubierto por unos segundos. Al menos, antes de que sus manos los abarcaran por completo.
Bulma se mordió el labio, deseosa, y gimió cuando Vegeta levantó un poco la tela por la parte de atrás y encajó el pene entre sus nalgas con total suavidad.
-¿Cómo podría resistirme a hacerte lo que me pidas, Bulma? -susurró él junto a su oído mientras movía secamente las caderas hacia delante, aprisionándola un poco más contra la encimera y haciendo que ella emitiera un gritito de deseo-. Ese contoneo tuyo de caderas levantaría a un muerto de su tumba...
Bulma sonrió con lujuria evidente. Vegeta no era el único que estaba deseando disfrutar... y antes el hambre los había dejado a medias.
-¿Sabes? Nuestra conversación de antes me ha dado una idea... - susurró ella, echando una mano hacia atrás para sujetar su nuca y atraerlo más hacia ella.
Vegeta enarcó una ceja y le lamió el contorno de la oreja.
-¿Y puedo saber cuál es? -preguntó en un susurro apenas audible.
Bulma giró un poco la cabeza hasta que sus labios quedaron junto a los de él.
-Quiero que me metas un dedo por el ano mientras me follas -susurró entonces.
Vegeta se separó unos milímetros y la miró, sorprendido.
-¿Estás segura? -preguntó-. ¿No será... molesto para ti?
Pero ella sacudió la cabeza negativamente.
-Siempre he oído que da bastante placer... y, ¿por qué no? Además -sonrió, acariciándole la mandíbula con dos dedos- confío plenamente en ti. Ya te dije que este fin de semana quería disfrutar al máximo... Y sigo queriendo probar cosas nuevas.
Vegeta, tras un instante de duda, asintió con media sonrisa y se apartó para ir a buscar cierto bote de contenido acuoso que había dejado algo apartado. Como ya le había dicho, se sentía incapaz de negarle nada.
-¿Lubricante, verdad?
Bulma sonrió, sin moverse de su posición.
-Veo que vas aprendiendo.
