IX- Las sombras que acechan

El viaje entre Daath y Ciudad de Yulia no llegó a una hora a bordo del Cygnus. Era una nave daáthica acorazada relativamente pequeña y ligera, sin el arsenal de guerra que había albergado el Tártaros en su día y más diseñada para la velocidad que el potencial ofensivo. Asch agradeció la rapidez de ésta; no deseaba permanecer cerca de la sede de la Orden más tiempo del estrictamente necesario.

Luke podía encontrar entretenidas sus historias sobre Daath, porque él había puesto mucho cuidado en cuáles le relataba. No le había hablado de la férrea y asfixiante disciplina de los Caballeros del Oráculo, ni de los abusos de poder de los otros Generales Celestiales, ni las burlas de éstos hacia las "Cenizas de la Llama Sagrada". Tampoco había mencionado las órdenes que jamás habría querido obedecer, o las noches en vela aprendiendo a usar el séptimo fonón para curarse una espalda en carne viva por los latigazos, o la sangre propia y ajena que había derramado intentando hacerse un lugar en aquel oscuro mundo y por causa de la cual se había ganado el sobrenombre de Sanguinario. Todas esas historias jamás se las contaría, ni a la réplica, ni a nadie. Ni siquiera a Natalia, que en aquellos momentos caminaba entre Luke y Tear por los corredores de Ciudad de Yulia, con Jade y Blacksen delante y unos cuantos Caballeros del Oráculo detrás como escolta.

Incluso ahora que los rayos de la reina del día lo bañaban, el hogar de los custodios seguía teniendo un aspecto cerrado y subterráneo. La ciudad, hecha de corredores y habitaciones amplias pero sin ventanas en su gran mayoría, no se parecía a ningún otro lugar que hubiese en Auldrant, excepto tal vez la abandonada Torre de Rem. Conservaba un aire de otro tiempo totalmente distinto al momento en el que vivía el resto del mundo, y las fuertes medidas de seguridad que se habían activado tras el robo acentuaban aún más la sensación de reclusión. Pero pese a todo aquello, Asch prefería estar apartado del mundo en Ciudad de Yulia que rememorando viejos (y no siempre buenos) tiempos en Daath.

Teodoro, el alcalde del lugar y abuelo de Tear, los recibió en el ayuntamiento de inmediato, y tras los saludos pertinentes, los condujo hasta los niveles inferiores de la ciudad, inundados de un ambiente todavía más cerrado y cargado que el de las plantas de la superficie. Allí abajo los corredores se volvían más estrechos y laberínticos para dificultar posibles incursiones, y cada pocos pasos era necesario abrir alguna cerradura cuya llave sólo tenía Teodoro. Tras unos minutos de marcha en silencio, por fin llegaron a una zona donde el pasillo se ensanchaba lo suficiente para albergar a la decena de guardias de pesada armadura y afiladas espadas que custodiaban una puerta abierta que daba a otra habitación. Los guardias los dejaron pasar a una seña de Teodoro, y Asch pudo ver por primera vez en su vida la antesala de las cámaras selladas.

Era una enorme habitación de techo alto con la planta en forma de octógono, con siete puertas metálicas sin cerradura ni picaporte de ninguna clase, una en cada pared, más la puerta de entrada. En el techo y en el suelo podían verse otras catorce trampillas más de iguales características. Parecían totalmente normales, pero para Asch y Luke, siendo como eran séptimos fonistas, resultaba evidente que no lo eran: una gran concentración de fonones rodeaba todas las puertas y trampillas, entrelazados de forma que dibujaban una tupida red de sellos fónicos que no dejaba ninguna abertura... salvo la que rodeaba una de las trampillas, abierta de par en par, alrededor de la cual había una multitud congregada. Entre ellos, Asch reconoció la sotana púrpura del Gran Maestro, aunque la cara del que la llevaba le resultaba totalmente desconocida.

Nerim era un hombre algo más joven que su predecesor en el cargo, pero enjuto y delgado como un palo. Tenía el pelo negro azulado bastante corto y unos ojos rasgados un par de tonos más claros que no tardaron en aterrizar sobre ellos con preocupación. Blacksen, tras dedicarle un saludo militar, se apresuró a hacer las presentaciones:

-Gran Maestro, le presento a Natalia Luzu Kimlasca-Lanvaldear y Luke fon Fabre. Al General Jade Curtiss ya lo conoce, según creo.

-Así es, en efecto- respondió Nerim, con una reverencia que Natalia y Luke correspondieron-. Gracias por venir tan rápido, Altezas. General, gracias a usted también. ¿Ha venido Tear también?

-Aquí estoy, Maestro.

-Bien, pues venga, manos a la obra. Por aquí- indicó, conduciéndolos hasta la trampilla abierta-. Como podréis ver los que estéis bendecidos por el don de Lorelei, el sello fónico que protege estas cámaras está en perfectas condiciones, salvo por el punto obvio. No es una de las primeras trampillas que uno se encuentra nada más entrar aquí, y desde luego, no señalamos ninguna de las cámaras de forma que se pueda saber lo que hay dentro. Parece que sabían lo que querían llevarse y dónde estaba, pero no nos explicamos cómo es eso posible.

Jade se agachó junto a la trampilla, colocándose bien las gafas y examinando la abertura con los ojos entrecerrados.

"Ve a donde está él, desde aquí no veo bien qué hay" pidió Asch. Luke se acercó hasta el General de Malkuth y se inclinó sobre el agujero perfectamente circular del suelo. Al lado estaba la trampilla, una plancha metálica perfectamente lisa y redonda.

-¿Cómo se cierra esto?- preguntó el pelirrojo, curioso. Teodoro se acercó también y se agachó. Tras hacer salir a unos cuantos soldados que estaban inspeccionando el interior de la cámara, cerró los ojos y extendió las manos sobre el agujero. Murmuró rápidamente algo que Asch no llegó a entender, pero lo que sí captó fueron los fonones que se agrupaban sobre la placa metálica, que se levantó y se deslizó hasta cerrar la abertura con un ruido de succión. Los fonones se entrelazaron alrededor de la trampilla como en el resto de la habitación, formando durante unos instantes un glifo luminoso que después se apagó; y no eran sólo séptimos, los otros seis también participaban en el sello, aunque no tenían tanto peso-. Vale... ¿Y cómo se abre?

Teodoro, con la paciencia y el estoicismo que lo caracterizaban, volvió a murmurar algo incomprensible y los fonones se separaron limpiamente. La placa de metal soltó otro ruido de succión, se levantó y volvió a deslizarse hasta descubrir la entrada a la cámara, tras lo cual el alcalde se levantó y se apartó. Pero esta vez, a la tenue luz del glifo que volvió a formarse durante unos momentos, Asch pudo ver algo.

"Réplica, hay algo en el metal."

"¿Qué?"

"En el borde que está más lejos de Jade. Fíjate bien, hay una... mancha, o algo así."

Luke se arrodilló y agachó la cabeza hasta lograr verlo. Sí, ahí estaba, junto al borde de la plancha, apenas visible si no se miraba desde cierto ángulo o cuando se la iluminaba directamente: una huella dactilar.

-¿Luke?- inquirió Natalia, extrañada. El pelirrojo se incorporó y señaló la irregularidad en la superficie mate.

-Hay una huella en el metal- anunció-. Y por lo que hemos visto, no hace falta tocarlo para abrir la puerta, ¿no? ¿Por qué hay una huella ahí, entonces?

-Es una señal- respondió la joven princesa de inmediato. Asch sonrió para sus adentros, ésa era la Natalia que él conocía-. Una marca. Así sabían dónde entrar, alguien les señaló la cámara que querían.

Nerim se puso pálido.

-No es descabellado- admitió-. Pero... Pensar que tenemos a un infiltrado en la Orden, y en la misma Ciudad de Yulia... Porque ha tenido que ser alguien de aquí, ni siquiera yo sé en qué cámaras hay reliquias y cuáles están vacías.

-Un momento, ¿hay cámaras vacías?- preguntó Luke, sorprendido.

-Claro que sí. No existen suficientes tesoros para llenarlas todas, y así las que están vacantes actúan de señuelo. Nadie que no sea nativo de Ciudad de Yulia y trabaje en estas cámaras podría saber cuáles contienen algo más que aire y oscuridad- respondió Nerim. El alcalde asintió para confirmar sus palabras. Jade alzó la vista y arqueó las cejas levemente.

-Bueno, eso permitirá reducir la lista de sospechosos. ¿Podemos entrar a echar un vistazo?- añadió, señalando el interior de la cámara.

-Por favor- indicó Teodoro-. Cuidado al bajar, el suelo está más lejos de lo que parece.

Jade fue el primero en deslizarse hacia el interior, y Luke lo siguió enseguida. La habitación tenía forma de triángulo isósceles, y efectivamente era más alta de lo que parecía: una vez que se bajaba al suelo resultaba casi imposible alcanzar la trampilla del techo sin ayuda de una cuerda o una escalera como la que había colocada en aquellos momentos. La cámara no estaba iluminada más que por la luz que entraba por la trampilla, pero Jade solucionó el problema enseguida sacando una pequeña piedra fónica. La luz de ésta reveló unas paredes cubiertas por espejos que desconcertaron a Luke y Asch durante unos segundos, y en el extremo opuesto a la trampilla, una especie de arcón de piedra tallado directamente en el bloque de mármol que cubría el suelo. La tapa estaba abandonada en un rincón, y en el interior sólo había un mullido cojín de terciopelo rojo. Alrededor del arcón de piedra blanca podían verse los vestigios de lo que había sido un poderoso sello fónico.

"Hay que reconocerlo, quien quiera que diseñase este sitio hizo un buen trabajo" murmuró Asch. "Todo está calculado para dificultar los robos, retrasar a los ladrones en su huida o ayudar a identificarlos después."

"Y aun así, se han llevado la Llave de Lorelei. Si han sido los Siervos esos, deben de tener más fondos de lo que imaginábamos; esto no se hace con cuatro galds."

-El arcón tenía un sello fónico independiente del de la antesala- comentó Nerim, que acababa de bajar seguido por Tear-. Una vez más, haría falta un séptimo fonista para abrirlo, y no uno cualquiera.

-Ya veo...- susurró Jade, rodeando el arcón y examinándolo por todos lados. Luke, intrigado, lo siguió.

-¿Qué buscas, Jade?

-No lo sé, algo que se les haya podido pasar a los demás. ¿Podrías echar una ojeada tú también, por si acaso? Los jóvenes tenéis una vista envidiable.

Luke sonrió levemente y obedeció, aunque no sabía muy bien qué estaba buscando. Asch hizo otro tanto, pero ninguno de los tres consiguió encontrar nada.

-La huella de la trampilla ha sido lo único que se han dejado, me temo- oyeron decir a Jade en algún momento-. Al menos, de lo que yo puedo ver.

"Sé algún arte que podría servir en estos casos" comentó el antiguo General Celestial. "Claro que... Sin poder controlar este cuerpo, poco puedo hacer."

"Hm, a mí no es que se me den muy bien esas cosas, la verdad. ¿Crees que podrías enseñarme?"

Asch se guardó su descontento para sí, no era esa la respuesta que esperaba.

"Si te portas bien, a lo mejor me lo pienso" respondió a regañadientes.

Tras terminar de inspeccionar la cámara, volvieron a la antesala, retiraron la escalerilla de madera y Teodoro selló la trampilla. Tear se ocupó después de sacar una impresión de la huella que había en la placa de metal.

-Tal vez podamos utilizarla para identificar al menos a quien señaló la cámara- explicó, guardándose la impresión. Pero Nerim sacudió la cabeza, pesaroso.

-Tardaríamos demasiado si vamos por esa vía, mucho me temo que hay demasiados sospechosos.

-No sólo eso- intervino Jade, muy serio-. Esto no lo han podido hacer una o dos personas. Aunque capturemos al gancho, nada nos asegura que podamos sacarle la identidad o el paradero de sus compañeros. La huella puede servirnos de confirmación, pero no podemos basarnos sólo en eso.

-¿Qué vamos a hacer entonces?- preguntó Luke. Estaba ansioso por ayudar, Asch se lo habría notado a la legua incluso sin estar dentro de su cabeza.

-Doblar la vigilancia aquí para asegurarnos de que lo ocurrido no se repita, por lo pronto- respondió Blacksen-. No sé ustedes, señores, pero yo cada vez estoy más convencido de que los Siervos de Lorelei tienen algo que ver con esto.

-No es el único, Comandante- asintió Natalia, pensativa-. Pero no tenemos ninguna prueba contra ellos. Tal vez podríamos volver a Daath y tratar de rastrear sus movimientos.

-¿Pero cómo pensáis hacer eso, princesa? Si cualquiera de nosotros empieza a preguntar por ellos, los pondremos sobre aviso.

"Los Alas Oscuras" respondió Asch de inmediato. Luke frunció el ceño.

"¿Esos bandidos a los que pagabas cuando lo del maestro Van?"

"Sí. Noir es de fiar, te lo garantizo. Al menos, mientras dura el dinero. Y seguro que se acuerda de mi cara, por ser tú podría hasta hacerte precio de amigo."

-Podríamos recurrir a los Alas Oscuras- sugirió Luke en voz alta. El silencio que se apoderó de la sala hizo evidente que no a todo el mundo le parecía tan buena la idea-. ¿Qué pasa? ¿No se habrán disuelto, no?

-No, no, claro que no. Pero vizconde, ¿os dais cuenta de quién estáis hablando?- se apresuró a responder Nerim, nervioso-. Los Alas Oscuras viven al margen de la ley, son delincuentes. ¿Quién nos asegura que no son ellos quienes están detrás de todo esto? Tienen los fondos para ello, desde luego.

-¿Y para qué iban a querer ellos la Llave de Lorelei, vamos a ver? No es algo que pueda permanecer oculto en el mercado negro durante mucho tiempo, y en cuanto se supiera, les traería más problemas que soluciones- observó Luke-. Además, hace casi cuatro años, cuando sucedió lo del maestro Van, trabajaban para Asch. Y todos nos acordamos del buen trabajo que hacían siempre, ¿no?

-Por "Asch" supongo que te refieres a Asch el Sanguinario- comentó Blacksen, alzando una ceja. Luke asintió-. Nada de eso consta en los archivos de los Caballeros del Oráculo, no sabía que había tenido contacto con los Alas Oscuras.

-Por supuesto que no- sonrió Natalia-. Asch no querría que se le relacionase con esa gente oficialmente, igual que nosotros. Pero eso no quita el hecho de que, tal y como dice Luke, hicieron un trabajo estupendo para él.

Nerim cruzó una mirada primero con Tear, que asintió, y luego con Recard, que se encogió de hombros. Finalmente, el Gran Maestro suspiró.

-De acuerdo, de acuerdo. Pero espero que vos sepáis contactar con ellos, vizconde, porque ninguno de los miembros de mi Orden se verá relacionado con esos proscritos.

"¿Sabes cómo contactar con ellos?"

"¿Crees que te lo habría sugerido si no fuera así? ¡Claro que sé cómo!"

-Bien, me ocuparé de eso yo mismo- asintió Luke.

-Permite que te acompañe- dijo Jade, limpiándose las gafas con el borde de la capa-. Me gustaría asegurarme de que no intentan nada raro, con lo inocentón que eres podrían aprovecharse para estafarte.

-Gracias, Jade, pero de eso puedo ocuparme yo- intervino Natalia antes de que Luke tuviera tiempo de fulminar al General de Malkuth con la mirada.

-Debo insistir, Alteza.

-Y yo también, General Curtiss.

Asch los observó aguantarse la mirada unos segundos, como si forcejearan, hasta que al final (y sorprendentemente) Jade se retiró.

-De acuerdo, pero mantened ambos los ojos bien abiertos. Y procurad que no os reconozca la gente.

-Que sí, Jade, que sí, que no somos novatos. Por los siete fonones, si es que a veces pareces mi padre.

-Oh, entonces me callo ya. Respeto mucho a Crimson fon Fabre, y el mérito de haberte aguantado durante tantos años sólo le pertenece a él.

Volvieron a Daath a la mañana siguiente en el Cygnus, tan rápido como a la ida. Asch se había pasado todo el viaje dándole vueltas al asunto del robo, que ocupaba sus pensamientos hasta tal punto que cuando quiso darse cuenta llevaba dos días de retraso respecto a lo previsto con su pequeño plan. Tampoco es que encontrase muchas oportunidades para poner en práctica el siguiente paso: por más que lo pensaba, no se le ocurría cómo tomar el control de alguna de las extremidades de Luke sin que éste se diera cuenta. Había pensado en empezar por hacer que se le cayeran cosas no muy importantes de las manos, pero seguramente acabaría quedándose con la duda de si era por su causa o por la propia torpeza de su réplica.

Se estaba distrayendo demasiado con los problemas de Luke, tenía que volver a centrarse en su estrategia. Y no debería haberle sugerido contactar con los Alas Oscuras, ahora que lo pensaba, porque indicarle cómo encontrarlos y qué decirles lo distraería aún más. Por desgracia ya no había marcha atrás, así que sus intentos de recuperar la libertad tendrían que verse aplazados.

Siguiendo sus indicaciones, Luke y Natalia se agenciaron ropas más discretas y escondieron sus rostros bajo sendas capuchas antes de salir al mercado de Daath en busca de los bandidos a los que iban a contratar. Asch los hizo pasear por calles demasiado estrechas para la cantidad de gente que las transitaba y asomarse a cada bocacalle de mala muerte que encontraban, cosa que después de dos horas empezó a no gustarle nada a Natalia, cuyos nudillos estaban ya blancos sobre su arco.

-Luke, ¿estás seguro de que sabes a dónde vamos?- preguntó por enésima vez tras mirar en otro callejón vacío.

-Sí, no te preocupes.

-¿Pero cómo sabes qué hacía Asch para contactar con ellos?

-Por nuestra conexión, ya te lo he dicho. Él también podía ver lo que yo hacía, ¿recuerdas?- Bueno, eso no era del todo mentira.

-¿Y no sería mejor buscar en Chesedonia?

-Natalia, da igual dónde los busques, esos tipos están en todos lados. Salvo en Ciudad de Yulia y porque hace falta un permiso especial para entrar, que si no, allí los tendrías también.

-Aun así, creo que...

"¡Ahí está!" exclamó Asch de repente. En el campo visual de Luke acababa de entrar un niño andrajoso de apenas trece años que se movía entre la multitud como una sombra. No llamaba la atención si uno no lo estaba buscando a propósito: revuelto pelo castaño oscuro, bajito, delgado... Pero Asch se acordaba de su cara, aunque ahora tuviese más granos que la última vez que lo vio. "Seguidle, ¡rápido!"

Luke se apresuró a agarrar de la muñeca a una sorprendida Natalia y tirar de ella en pos del niño, que desapareció por una callejuela. O eso parecía, pero Asch no se dejó engañar.

"Gírate y mira hacia arriba antes de que te tire algo."

Luke obedeció, y allí estaba el crío, encaramado al balcón de una casa con una piedra lista ya en la mano, aunque sorprendido de que le hubiesen descubierto.

-¡Oye, oye, deja esa piedra, no queremos hacerte daño!- exclamó Luke rápidamente, alzando las manos.

-Baja de ahí, muchacho, es peligroso- añadió Natalia, preocupada, pero el niño sonrió burlonamente.

-¿Y vosotros quiénes sois, eh?

"Quítate la capucha, réplica, y que te vea bien la cara."

Luke se descubrió el rostro y se apartó los mechones de cabello escarlata de la cara, alzando la mirada hacia el chico. Éste se quedó congelado unos momentos y la sonrisa se le borró de golpe de la cara.

-Señor Asch- murmuró-. No... No es posible, la jefa dijo que estaba... muerto.

-Tu jefa tenía razón- dijo el pelirrojo a media voz. El niño entrecerró los ojos.

-Claro, tú eres... el otro. La jefa tenía razón, sois idénticos- comentó, alzando las cejas-. Buscas a los Alas Oscuras, ¿verdad? ¿Qué quieres de nosotros?

"Saca el dinero y no seas demasiado explícito. Y sobre todo, no digas que necesitas ayuda."

El joven obedeció. Con parsimonia, sacó una bolsa de cuero y la lanzó al aire para volver a atraparla después, haciendo que el tintineo de las monedas del interior captase toda la atención del niño.

-Lo mismo que quería Asch en su momento- respondió, encogiéndose de hombros. El chaval esbozó una media sonrisa y se bajó ágilmente del balcón con un salto-. Información, principalmente.

El niño sonrió ampliamente, un gesto travieso pero con un deje de profesionalidad.

-¿A quién quieres encontrar, jefe?