Capítulo X

"Empleo"


Amu POV

— ¿Qué se te olvidó…?—Mis ojos se abrieron involuntariamente al ver al personaje

frente a mí…

—Nada, creo—sonrió y los vellos se me erizaron así como a los gatos se les erizan los pelos, por esa razón no sabía si mi reacción había sido de nerviosismo y agrado o de plano en cualquier momento enseñaría los dientes y le arañaría el rostro. Me inclinaba por lo segundo, siendo sincera.

— ¿Qué estás haciendo aquí?—Mi voz sonó lo más neutral que pude mientras cruzaba los brazos sobre el pecho, en donde mi corazón daba violentos tumbos. Se me quedó viendo con los labios entreabiertos y alcé las cejas esperando por su repuesta. Al darse cuenta negó con la cabeza y fui capaz de notar un atisbo de rubor en sus mejillas.

— Pues, pues… venía a traerte los cuadernos, creo que te falta materia—controlé mi respiración.

—No es necesario, ya no somos amigos y no tienes que hacerlo—aseguré tensando la mandíbula. Era un cínico mentiroso, a lo mejor venía a ver en que estado me encontraba para después contarle a su noviecilla. —Si era todo, puedes irte. —Señalé la salida y pretendí cerrar la puerta, sin embargo lo impidió y con fastidio rodé los ojos. No me encontraba lista para enfrentarlo ahora y la verdad, tampoco me hacía ilusión hablarle.

— ¿No me invitarás siquiera a entrar? ¿Qué diría tu padre?—Habló lentamente mientras se hacía espacio para pasar

— ¿Qué podría decir? ¿Lo ves aquí? Además, él ni siquiera recuerda tu nombre. Ikuto, en serio, vete. No quiero hablar contigo ni ahora ni nunca—aclaré echándome hacia atrás involuntariamente

— Yo creo que si lo recuerda, ¿por qué no quieres hablarme?—Preguntó pareciendo de pronto inocente. Lo miré desde mi posición que era bastante menos alta que la suya. Detestaba tenerlo que ver hacia arriba, era como si estuviera en presencia de alguien sumamente importante y no pudiera mirarlo de igual a igual. Me parecía injusto.

—Porque no. Fin de la discusión—acomodé mis anteojos y él miró por sobre mí hacia la mesa.

— ¿Estás con alguien? ¿Interrumpo algo?—Consultó con un tono afilado y casi burlesco. Entrecerré los ojos mientras que él me miraba con atención. ¿Por qué tenía que ser tan lindo? ¿Por qué? Me imaginé a mí misma llorando en un rincón y la imagen me provocó una sonrisa.

— Ándate Ikuto, deja de ponerte en ridículo. Aquí ya no hay nada ni nadie para ti. —Dejé que mi repentino buen humor fluyera en mi tono y sonara mucho más despreocupado, frunció el ceño con extrañeza.

— ¿Y ahora por qué estás de buenas si hace un segundo estabas que querías matarme?—Preguntó perdido

—Oh, aún quiero matarte. Es solo que no vales la pena, ya me da igual lo que hagas, con quién duermas o tus apuestas, por mí te puedes ir directo al—pensé en Rima alentándome a decir una mala palabra; hazlo, hazlo decía una y otra vez mientras daba pequeños saltitos—al carajo—me sentí poderosa y sonreí como tal al ver su cara un tanto sorprendida—si, vete al carajo y deja de fastidiarme con tus estúpidas apuestas—vi como el aturdimiento se hacía espacio en su cara

—¿De qué apuestas me hablas?—Consultó totalmente confundido

—No finjas demencia—lo fulminé con una mirada

—En serio, ¿de qué estás hablando?—Me tomó por los brazos y me zafé observándolo mal

—No me toques. —Indiqué con un dedo alzado—lo que sucedió en el bosque no fue una simple acción irracional de tu cerebro, tú querías besarme porque tenías que cumplir una apuesta—su cara no tenía precio, así de simple. Pero mi furia era tan grande que eso no me amedrentaba—así que ahora no te hagas el inocente conmigo ni pongas esa cara de idiota—

—Pero es que de verdad no sé que mierda pasa por tu cabeza—la extrañeza de oírlo usar esa gría me duró lo mismo que una estrella fugaz tarda en cruzar el cielo nocturno

—Ay si ajá—acomodé mis anteojos con fuerza—y ya, es suficiente, quiero que te vayas y no vuelvas nunca más a mi casa. —Caminé hacia la salida con firmeza y cojeé en el último paso. No tenía que andar tan bruscamente, me recordé. Y cuando estaba a punto de abrir la puerta me tomó del brazo obligándome a voltear

—No, todavía no me voy. No hasta que me aclares de qué estás hablando—me sostuvo muy cerca de su cuerpo y fui capaz de sentir su calor irradiando constantemente hacia mí. Negué con la cabeza, deshaciendo esa clase de pensamientos. No más debilidad, no más debilidad, me repetí.

—Suéltame —jalé mi extremidad—te he dicho que te vayas y no era una pregunta por si no te diste cuenta. Te estoy echando y exijo que me respetes—hablé firmemente

—Amu, me iré. Solo quiero que me aclares de qué apuesta me hablas—dijo con voz conciliadora y miré el suelo

—Te dije también, que mi nombre es Hinamori. —Alcé la mirada—y ya te informé sobre la apuesta, no tienes que mentir más. Ahora largo—señalé hacia la puerta pero él no se movía— ¡Largo!—Exclamé y me miró tensando la mandíbula. Y sin decir más nada se apresuró hacia la salida cerrando de un fuerte portazo al salir. Entonces solté todo aire retenido y dejé que mi postura defensiva cediera.

¿Por qué tenía que ser tan mentiroso y falso? Yo ya sabía que cualquier cosa que me dijo ya no contaba de nada, porque no puedes confiar en la palabra de una persona que ya no existe… ¿Pero por qué fingir ahora? Suspiré negando con la cabeza dejando el tema, no valía la pena darle más importancia. Por ello, volví a mi anterior labor.

Después de haber aseado la casa y de haber puesto las cosas para la cena, tomé un periódico y busqué las páginas de empleos. Para poderme comprar nueva ropa, tenía que tener ingresos porque no permitiría que Rima ni Utau corrieran con los gastos como me lo había insinuado la primera. Encerré unos cuantos que eran de camarera en una cafetería, de limpiadora de pisos, acomodadora y otro de cocinera. Casi todos quedaban cerca de mi casa y al costado de la carretera, solo uno de ellos que era el de camarera se encontraba en la reserva nativa. Había oído que eran algo selectivos con las personas que dejaban entrar a ella a trabajar, pero no perdía nada con tratar.

Me propuse terminar la cena a las cinco y el resto del tiempo hasta las siete u ocho dedicarme a recorrer los lugares que había seleccionado. Eran trabajos de medio tiempo y podía ir después de clases y el fin de semana trabajar todo el día. No me molestaba, después de todo no tenía mucha vida social activa como para tener planes.

Al finalizar, tomé mi chaqueta y las llaves del coche, algo de dinero que eran mis últimos ahorros y emprendí la marcha con el periódico en el asiento del copiloto. Mientras iba de camino a la tienda de artículos deportivos, reparé en mi imagen personal y supuse que me echarían apenas cruzara la puerta por considerarme una pordiosera.

Me detuve en una luz roja y me incliné hacia la guantera en busca de un peine que solía llevar en caso de emergencia y al hacerlo salió también un brillo labial de cereza. Lo observé un segundo y me encogí de hombros, nada perdía con intentar.

Acomodé mi cabello y lo cepillé rápidamente, logrando que mis mechones castaños quedaran un poco más en orden, limpié mis anteojos y cuando me iba a aplicar el brillo, la luz cambió a verde y un bocinazo me hizo dar un salto y preferí dejarlo para después.

Procuré mirar por el espejo retrovisor antes de abrir el cosmético y con una mano aplicarlo sobre mis labios. Me eché poquito y luego los moví para esparcirlo. Me observé y determiné que realmente no representaba una gran diferencia.

Suspiré poniéndolo en su lugar inicial y mirando la dirección de la tienda, aunque claro en Idris era bastante difícil perderse. El pueblo era pequeño y abundaban los locales de espiritismo y cosas como esas, una tienda diferente resaltaba.

Finalmente la encontré en un lugar más apartado y cerca del bosque. Era de estilo cabaña antigua y me recordaba al crustáceo cascarudo. Me encogí de hombros y cerré el coche luego de haber estacionado. Caminé con el anuncio en una mano y abrí la puerta de cristal.

—Hola, ¿en qué puedo ayudarte?—Preguntó una mujer de edad y con las mejillas coloradas. Su ropa de pronto me hizo sentir en una montaña o algo así; parecía lista para escalar.

—Eh, bueno, yo venía por el anuncio en el periódico sobre el trabajo—me acerqué dejándolo sobre la vitrina que exhibía botas con puntas en las plantas para mejor adherencia

—Oh, claro—me miró de arriba abajo y mordí mi labio inferior un tanto incómoda— ¿Tienes alguna experiencia en este tipo de artículos?—Contemplé las vitrinas y determiné que conocía muy poco de todos estos utensilios

—Em… la verdad, no. Pero puedo aprender, aprendo rápido—aseguré y ella negó con la cabeza

—Lo siento querida, pero necesitamos a alguien con experiencia porque no contamos con el tiempo para explicártelo todo. Como ves son muchos artículos. Lo siento—me devolvió el diario y asentí

—De acuerdo, muchas gracias por su tiempo—y caminé hacia la puerta sacando de mi bolsillo un lápiz y poniendo una cruz sobre el anuncio.

Y así pasó con casi todos ellos, aunque fueron mucho menos amables, simplemente me miraban y me ponían una cara de ¿en serio? Antes de decirme que ya estaba ocupado. Por ello me encontraba muy frustrada y algo molesta cuando emprendí el camino hacia el último que era en la reserva.

—Lo único que me falta es que crean que quiero dañarlos y me quemen en una hoguera—mascullé doblando para bajar hacia el lago.

El cielo estaba oscuro y extrañamente se podía contemplar la luna, cuya luz se reflejaba hermosamente sobre el grisáceo lago que parecía un espejo. Era una vista muy bonita, tuve que admitir y logró que mi ánimo aumentara un poco.

Lo peor que podría pasar es que me dijeran que no y me pusieran de patitas fuera de la reserva, reflexioné.

Estacioné frente a la cafetería llamada El lobo. Bastante ingenioso, había oído acerca de las leyendas y mitos sobre los nativos, que eran feroces licántropos que defendían a los habitantes del pueblo de demonios y otro tipo de bestias.

Mientras caminaba hacia el lugar de donde salían notas musicales muy agradables, observé el rededor, el sitio era simplemente hermoso. Bosques verdes, arena, acantilados afilados y el aire fresco. Era bastante agradable y tranquilizante. Me gustaba. Y en verdad pensaba que era una lástima que el Estado les hubiera orillado a un lugar tan pequeño–en vista y considerando todo lo que tenían en un inicio– mediante sus tratados, incluso la gente externa podía venir al lago frente a sus casas y meterse en sus cafeterías y bares, era invasivo, pensé.

Al ir acercando mis pisadas, el clima de una cafetería concurrida y familiar me confortó más que cualquier otro lugar que hubiese visitado. Si no me contratan me beberé un café, me dije antes de abrir las puertas de cristal.

El interior era de madera oscura y clara brillante, los adornos eran de indios y atrapa pesadillas pendían del techo, todos con diferentes diseños y largos. La gente comía amenamente en sillas y mesas de apariencia antigua pero se notaba el barniz que las recubría.

El sitio era muy acogedor y me sorprendí imaginándome con un delantal y una libreta anotando las órdenes. Un tanto más entusiasmada me dirigí al sector de las cajas donde una mujer de cabello negro lacio atendía a algunas personas. Se notaba a leguas que era una nativa.

La música country no me impidió hablarle y que me escuchara.

—Hola, vengo por el anuncio del periódico—informé y me miró detenidamente. Luego alzó las cejas

—Espera un poco. —Se dirigió detrás de la pared de donde salían las órdenes y esperé retorciendo mis dedos nerviosamente—Tsukasa dice que puedes pasar—levantó una parte de la barra y procuré mirar bien el suelo que pisaba. —Ven, sígueme. Por cierto, mi nombre es Lulú—informó antes de dejarme frente a una puerta que acababa de ser abierta y entré medio vacilante. Era una oficina más bien pequeña pero muy organizada y detrás de un escritorio caoba se encontraba quien supuse era Tsukasa

—Pasa niña—alentó con voz dulce. Su rostro tenia algunas arrugas y de su pelo rubio salía un mechón blanco que caía sobre la frente que le hacían ver casi como uno de esos abuelos mal criadores que te palmea el hombro con cariño cuando haces algo bien. Tenía un aura como el de un domador pacífico de caballos.

Entré y cerré la puerta a mis espaldas.

—Uhm… hola—murmuré con voz baja y él rió quedamente

—Tienes que hablar más fuerte que eso niña, no te oigo soy medio sordo y los charangos no me dejan oírte bien—al sonreír sus pómulos marcados se acentuaban más dándole un aspecto tierno pero a la vez cauteloso. Aclaré mi garganta mientras acomodaba mis anteojos

— Hola—hablé lo más fuerte que me permitieron mis contritas cuerdas vocales, él asintió haciendo un gesto para que continuara—vengo por el anuncio que había en el periódico, creo que necesitan una camarera—finalicé entrelazando mis dedos. Sus ojos negros me seguían como los de un águila y la verdad si eran algo intimidantes.

—Ah, era eso—movió la cabeza para si— ¿Tienes experiencia?—Mis hombros cayeron en picada

—La verdad, no—miré mis dedos—pero aprendo rápido y si algo sale mal o si rompo cosas, le aseguro que le pagaré—hablé atropelladamente y me maldije por ser tan tonta.

— ¿Así que mis platos correrían peligro en tus manos?—Suspiré. Muy bien Amu, lo acabas de echar a perder. Miré a hurtadillas sus ojos

—Para que le voy a decir que no, si es la verdad. Soy muy patosa y torpe. Imagínese que me caí de las escaleras en el colegio—solté una risita. Excelente, ahora cuando me pongo nerviosa hablo demás, me mordí la lengua.

—Puedo ver tu yeso, iba a preguntarte de hecho—me sonrió amablemente. Bueno, por lo menos no me miraba en menos como las otras personas.

—Lo lamento, creo que le estoy quitando el tiempo. —Suspiré resignada

—Pero niña, lo que más tengo es tiempo—rió

Solté una breve risita nerviosa

—Si, bueno… pero es que si me va a decir que no me contratará… que es lo más obvio—no pude evitar reír un poco como asmática. Jamás dejaría de reír así, me lamenté internamente. —Debo volver a tratar de encontrar otro trabajo—me miró y apoyó los codos en la mesa, reposando su rostro en las manos

— ¿Por qué quieres trabajar niña? Te ves muy joven—observó contemplándome con atención. Me rasqué la nuca, este hombre me daba mucha confianza, era como ir a hablar con Santa. No te daba miedo pedirle tu regalo por más descabellado y estúpido que fuera. Aunque claro, nunca fui a hablar con él por ello no sabía qué hacer ahora.

Finalmente suspiré

—Siéntate —dijo con voz dulce y obedecí automáticamente

—Bien… la verdad es que necesito dinero porque estoy tratando de reinventarme, quiero decir… me han ocurrido algunas cosas feas y quiero cambiar, quiero dejarlas atrás… no lo sé, siento que sueno como una verdadera loca—expliqué desviando mi mirada al suelo

—No suenas como loca niña—habló calmadamente y luego se quedó en silencio por largos segundos observándome— Joquer—dijo de pronto y fruncí el ceño ante la desconocida palabra, sin embargo cuando iba a indagar en ello, me interrumpió. — ¿Tu padre qué dice?—preguntó

—A él no le importa, créame—alcé las cejas y sonreí sin humor; pareció reflexionar y no me atreví a preguntarle sobre lo anterior. —Creo que ya es hora de que me vaya, gracias por el tiempo y más que nada por haber escuchado toda esa verborrea—reí acomodándome los lentes y poniéndome de pie.

—Te daré una oportunidad, creo que te la mereces. Comienzas el lunes, ¿está bien?—Sentí mi interior alborotarse y asentí frenética

— ¿Puede ser después de la escuela, a eso de las cinco?—Asintió

—Te veré a las cinco y media, maneja con cuidado Joquer —repitió despidiéndose y fruncí el ceño, por dos razones. Primera, por esa cosa que decía ¡no tenía ni idea de qué significaba! Y segunda, porque se supone que debería hacerme algunas preguntas. Sopesando la situación, decidí decir lo más apropiado.

—No necesita mis datos, ¿algo?—Pregunté confusa

—Deja eso para el lunes, hoy ya es tarde para ti. Debes volver a tu hogar—sonrió amablemente y le devolví la sonrisa contrariada. Nuevamente, me acobardé al tratar de preguntarle por la palabra.

—Eh, muchas gracias, de verdad—tuve deseos de darle un abrazo pero me contuve. Por lo que tomé el periódico y salí de ahí con una amplia sonrisa y agitando mi mano en su dirección, olvidándome de lo que supuse era un apodo. Quizá significaba "nueva" o "niña" tal vez "loca". Reí negando con la cabeza.

Por fin la vida me mostraba un poco de consideración, me dije mientras salía de la cafetería más feliz y entusiasmada de lo que pude creer que estaría al conseguir un trabajo, porque también significaba otro capítulo en mi vida que recién comenzaba.

-o-


Cuando llegué a mi casa el reloj del salpicadero marcaba las diez veinte minutos y Tsumugu ya estaba ahí. Resoplé terminando de estacionar mi camioneta, la luz todavía se encontraba encendida y supuse que aún no se acostaba. La verdad, es que no tenía ni un ápice de ganas de querer hablarle o siquiera dirigirle una mirada, me encontraba muy sentida y molesta por su modo de actuar conmigo. Jamás me cansaría de reprocharle –internamente, claro está– que no fue capaz de ir a verme el primer día que llegué a casa o simplemente cuidar un poco el orden. Después de todo yo no había estado jugando al parchis precisamente.

Me quedé recostada contra mi camioneta sopesando mis posibilidades y de pronto el roble que habíamos plantado con Ikuto, me dio la solución. Corrí hacia él mirando la ventana por donde se filtraba la luz del interior y me puse al contrario de ella quedando oculta gracias al grueso tronco. Calculando la altura y las proporciones, podría trepar sin problemas hasta mi cuarto. Pero como no todo podía ser tan simple, yo no sabía trepar.

—Pues bien, creo que es hora de aprender—hice crujir los huesos de mis dedos buenos y roté el cuello estirando los brazos y piernas. —Aquí vamos—enredé las piernas entorno al tronco mientras mi mano buena se sostenía fuertemente de una rama—vamos, sé que puedo— me alenté con voz estrangulada, haciendo presión en mis muslos que ya estaban casi por completo recuperados de los hematomas.

Ascendí unos centímetros y antes que pudiera sostenerme de algo me fui de espaldas al suelo. Por eso, el aire salió disparado de mis pulmones y solo cuando fui capaz de recobrar el aliento rodé por mi costado quedando con la cara incrustada en la tierra.

—Creo que tendré que entrar por la puerta principal—mascullé sentándome y retirando las hojas y ramas de mi ropa. Mis anteojos por lo menos, estaban a salvo. Me levanté con un poco de dificultad y mientras iba hacia el interior, medité en que lo volvería a intentar, claro que luego de sacarme el yeso.

Abrí la puerta y entré con pasos firmes sin detener mi marcha hacia la escalera

— ¿Amu?—Llamó mi padre y rodé los ojos. Me devolví solo un poco

— ¿Uhm?—Lo miré desde el primer escalón mientras él estaba en el sofá frente al televisor

— ¿Dónde estabas?—Inquirió sin mirarme

— Buscando trabajo. —Nos quedamos en silencio unos segundos

—Necesito que vayas a comprar más cerveza mañana—informó bebiendo de su botella. Rechiné los dientes

—No puedo, tengo que estudiar. —Negué con la cabeza y volví mi cuerpo hacia la escalera—me voy a dormir, adiós. —Y sin esperar su contestación subí de dos en dos los peldaños y me encerré en mi habitación. ¡Ni siquiera fue capaz de preguntarme cómo me fue! Ash, a veces le detestaba en serio.

Después de desquitar un poco mi furia interna, me puse el pijama y cepillé mi cabello haciéndolo una trenza. Me había crecido bastante en estos meses, me llegaba casi a la cintura. Reflexioné metiéndome a la cama y apagando la luz.

-o-


Desperté el día domingo con energías renovadas y todo tenía que ver con mi nuevo trabajo, por ello al bajar y encontrar la casa vacía, no me importó. Sobre la mesa había una nota escrita a la rápida en la que Tsumugu me informaba que se iría a pescar y que no sabía a que hora volvería. Junto a ella estaba el dinero para la compra de víveres para el mes.

Me serví un vaso de jugo y preparé unas tostadas, para después sentarme a comer mi desayuno.

Al cabo de media hora me encontré en el supermercado, echando las cosas al carrito y tachándolas de la lista. Al pasar por las cervezas dudé en ponerlas con el resto de las compras. Me golpeé el mentón con el lápiz pasta y con un suspiro eché unas diez botellas.

Hacer la compra era una de las actividades que más me gustaba realizar, me divertía y distraía. Además, me traía buenos recuerdos.

Me dejé envolver por los momentos vividos junto a Ikuto, poniéndome al límite de lo que se suponía podía soportar y descubrí con un grato asombro que podía recordar y no quererme echar a llorar. Sonreí mientras arrastraba el carro, creo que al fin estaba logrando superarlo.

Pagué todo y gracias al cielo la vendedora no era de aquellas preocupadas de la edad de los muchachos para poder comprar alcohol. Ahora que lo pensaba, era un poco irónico que la hija de un policía, menor de edad comprara cerveza… se suponía que era algo ilícito.

Acomodé las bolsas y emprendí el regreso a mi hogar. Después de ello, ordené las compras en los armarios y subí a estudiar.

Ahí pasé el resto de mi tarde, y solo bajé a preparar la cena y comer. Luego me acosté con la esperanza de que mañana no fuera un día tan difícil.

-o-


Me miré en el espejo tratando de darme ánimos. Me encontraba sumamente nerviosa por volver y más que nada porque ahora no usaba mis típicos anteojos y tenía un muy poco discreto yeso. Además, le había dedicado más atención a mi cabello, logrando que pudiera estar suelto de una forma decente. No tenía mucho frizzy ni volumen. Parecía colaborar conmigo. Con una respiración profunda, me alejé del lavabo y me fui a la camioneta.

Afuera hacía más frío de lo que había creído, en menos de tres segundos tenía la nariz congelada y las mejillas coloradas. Manejé con las ventanillas arriba y sin música, necesitaba distraerme de lo normal y tratar de ignorar todo. Una cosa era decir que quería cambiar y la otra era prepararme mentalmente para hacerlo.

Sin embargo, al llegar al instituto, con algo de dificultad debido al yeso, me recordé que nadie reparaba en mí así que en realidad no había peligro ni motivo para estar atemorizada. Con esa idea en mente me bajé con el bolso apoyado en mi mano izquierda y caminé al colegio.

Nadie se detuvo para abrirme la puerta aún cuando notaban lo complicado que se me hacía, ni tampoco para mirarme por lo que me sentí triunfadora al lograr entrar y anduve hasta el casillero. Me sorprendí al verlo, puesto que las palabras hirientes escritas ahí habían desaparecido bajo una capa de esmalte rosado y sobre ellas estaba escrito que tengas un buen día. Esto no podía ser obra de nadie más que de Rima y sonreí con ternura ante ello. Saqué mis cuadernos sosteniendo el bolso entre las piernas.

—No te ves muy bien haciendo eso—dijo una voz demasiado familiar. Cerré los ojos con fuerza evitando verle y una vez que dejé de maldecir, continué con mi labor. —Se te ve bien así el pelo—sostuvo en sus dedos un mechón de mi cabello y hombre, él sabía que eso era como tocar la cola de goku. Dejé caer el bolso y por poco el libro que sostenía. Traté de hablarle pero continuaba acariciándome. Entonces conseguí apartarme

—No hagas eso. Es ruin—señalé con ojos entrecerrados y me miró con un poco de disgusto

—Ruin es que no me quieras hablar, ni siquiera hemos podido aclarar el motivo por el cual te enfadaste—dijo cerrando la puerta de mi casillero impidiéndome mi tarea de ignorarlo y continuar sacando mis libros y cuadernos. Me relamí el labio en un intento de calmarme y luego le miré a los ojos

—Sabes perfectamente bien el motivo por el que ya no te quiero hablar y no es sobre tu apuesta—aclaré

—No hay ninguna jodida apuesta, Amu—me sostuvo la mirada hasta que fingí un bostezo

—Me llamo Hinamori—recordé—me tengo que ir a clases. —Le di una cínica sonrisa y me eché el bolso al hombro pero él lo sostuvo

— ¿Me puedes decir por qué ahora me ignoras y me evitas? Me dices eso y me voy, lo prometo—habló con intensidad y le dedique una mirada incrédula

— ¿Puedo confiar en tus promesas? Yo creo que no—dije mordazmente y él rodó los azules ojos

—Solo me puedes decir el motivo ¿por favor?—Pidió con voz contenida y suspiré

—Se nota que ni siquiera eres capaz de darte cuenta de lo que sucede a tu alrededor. ¿Ser popular te mató las neuronas? ¿O anuló tu capacidad de razonamiento?—Me encogí de hombros dejando el tema ahí y miré sobre mi hombro—tú me hiciste a un lado primero y ahora soy yo quien quiere que te mantengas a distancia de mí. Nuestra amistad se terminó, llegó a su fin y da igual por qué razón. Lo importante es que ya no lo somos y no quiero estar cerca de ti ni tú de mí. Es todo lo que debo decir y ahora espero que cumplas con tu promesa y me dejes tranquila—no esperé su respuesta, simplemente me di la media vuelta y anduve hacia mi salón.

Al entrar, noté con nerviosismo que el profesor ya se encontraba en su puesto. Lo miré vacilante

—Pasa Amu, no te preocupes—me sonrió amablemente y atolondrada por su paciencia para conmigo, anduve a trompicones hasta mi lugar. Apoyé el yeso sobre la mesa y con la otra mano saqué el cuaderno de química aplicada.

Por suerte podía escribir y no necesitaba de alguien que me prestara sus cuadernos para estudiar.

El resto de las clases fueron similares y traté por todos los medios no pensar en Ikuto mientras tomaba apuntes y notas de que era lo que me faltaba de materia. A la hora del almuerzo caminé sin demora hacia el casillero puesto que no había podido meter todo lo necesario para mi última asignatura, y justo ahí apareció Rima

—Hola—la saludé con una sonrisa y ella me correspondió enseguida

—Hola, ¿qué tal el día?—Después de que cerré la puerta, me quedé observando el nuevo mensaje, sonreí.

— ¿Tú lo hiciste no?—asintió con cautela—muchas gracias—sonreí ampliamente y noté su alivio

—Creí que te podías enfadar—explicó con un suspiro

—Claro que no, me ha encantado, de veras. Fue un muy lindo detalle de tu parte—hablé sinceramente y luego comencé a caminar con Rima a mi lado y se quedó un momento en silencio

—Me gusta tu cabello así. Se te ve muy bien—miró mi pelo y un poco cohibida lo puse al otro lado de mi cabeza

—Uhm… ¿gracias?—Entrecerró los ojos—lo siento es que me avergüenza que lo digas, ¿de acuerdo? Creí que nadie lo notaría—me encogí de hombros y abrí las puertas de la cafetería atestada de estudiantes

—No he sido la única, ¿verdad?—Mi corazón se saltó un par de latidos

— ¿A qué te refieres?—Me hice la desentendida, poniéndome a la fila. Rima me siguió haciendo una mueca de fastidio, pero como la conocía un poco mejor, podía darme cuenta que era una exageración.

—Sé que Ikuto y tú hablaron hoy—observó las fuentes con comida, optando finalmente por lechuga. Me serví lo mismo tratando de ordenar mis ideas

—Pues si. —Pensé —quería saber el motivo por el cual ya no le hablo. Creo que es un falso—confesé sacando una lata de Sprite

— ¿Y por qué lo crees?—Ella optó por una Coca Cola light

—Porque se hace el tonto. Sabe perfectamente bien que él me dejó sola primero y ahora quiero estar así, sola—me encogí de hombros buscando dinero en mis vaqueros para pagar el almuerzo

— ¿Quieres estarlo?—Preguntó con un puchero

—Rima, si no hubiera querido estar contigo te hubiese seguido evitando. Me agradas—sinceré sacando mi bandeja y buscando una mesa con la mirada. Todas estaban llenas, me lamenté.

—Ahí queda una—señaló la rubia y asentí siguiéndola—tú también me agradas, creo que eres una persona auténtica y que no finge ser alguien más. Es difícil encontrar gente así hoy en día—comentó y nos sentamos una frente a la otra

—No lo sé. No soy del tipo sociable—me encogí de hombros y luego de aliñar mi ensalada comencé a comerla lentamente.

—Espero poder cambiar eso—habló distraídamente

—No. No quiero ser sociable y que la gente me mienta, no quiero a nadie tratando de meterse en mi pequeño círculo—advertí

—Sociabilizar no significa que todos sean tus amigos, solo ya no te apartas de las personas—

—Yo no me aparto, ellos lo hacen—aclaré con un encogimiento de hombros

—Kukai dice exactamente lo mismo… y no lo comprende. Yo tampoco si vamos al caso, en realidad eres una chica agradable—mastiqué mi lechuga

—También tú—me miró con una amplia sonrisa

—Una vez me votaron como la chica más antipática de mi clase y gané con totalidad de votos—me contó con orgullo

—Que cosa tan fea, ¿no te molestaste?—Pregunté mirándola extrañada y negó con la cabeza

—Para nada, era mi título y lo acepté contenta. Suelo ser muy pesada con gente que se lo merece—y miró por sobre su hombro a la mesa de Saya y Ikuto. Le dediqué una fugaz mirada al beso tan apasionado que se daban y noté, como las manos de él se habían vuelto sumamente exploradoras. Aparté la vista con una sincera sensación de repulsión. Yo jamás dejaría que alguien ni siquiera Ikuto me metiera mano de forma tan descarada en público, ni mucho menos me dejaría besar así, me resultaba simplemente asqueroso.

— Si, hay personas que se lo ganan—me encogí de hombros. Nos quedamos unos segundos en silencio y le di un sorbo a mi bebida

—Me fue muy bien en el examen de trigonometría y todo gracias a ti, te agradezco mucho—sonrió ampliamente

—Oh, ¡eso es excelente Rima! Y el mérito es todo tuyo, le pusiste mucho empeño—le guiñé un ojo

—Soy holgazana, si no hubieras estado ahí… me la habría pasado jugando con el lápiz—confesó y solté una risita, entonces me acordé.

—Oh si, conseguí un trabajo—le conté entusiasmada y ella correspondió de igual manera.

— ¿De verdad? Me alegro mucho por ti Amu—realmente se veía contenta y me sentí muy a gusto con que alguien fuera capaz de entender mi felicidad

—Estoy muy feliz—no pude dejar de sonreír

— ¿Y de qué es? ¿Dónde?—Preguntó y tragué mi hoja de lechuga antes de contestar

—En la reserva nativa. Seré camarera en una cafetería llamada 'El lobo'—me encogí de hombros—quizá no sea mucho pero… a mí me fascina la idea, además el jefe es una persona muy agradable—sonreí recordando a Tsukasa

—Vaya, es raro que te hayan aceptado—entrecerré los ojos—no, no estoy diciendo que porque no fueras capaz—se apresuró en asegurar—son muy selectivos con la gente que dejan entrar a sus cafeterías y tiendas, ya sabes…son un poquito quisquillosos—comentó—debiste darles confianza—

—No lo sé, el hombre que me hizo la "entrevista" fue muy agradable—noté su mirada pícara—por Dios Rima no, es mayor, podría ser mi padre o mi abuelo. —Se encogió de hombros

— Lo siento, no podía desperdiciar la oportunidad—bebió de su coca cola— ¿Y cuándo empiezas? —

— Desde hoy mismo—frunció el ceño

— ¿Cuándo fuiste a la entrevista?—Inquirió sin relajar el ceño

—El sábado—respondí— ¿por qué? —

— ¿Y tu padre te firmó el permiso?—Abrí los ojos como platos

— ¡Es cierto! Soy menor de edad y necesito el permiso—dejé caer la cabeza—es muy injusto, yo quería trabajar—me lamenté

—Pero pídeselo a…—comenzó

— ¿A mi padre?—pregunté con ironía—con suerte y me habla para que le compre cervezas, ¿crees que me firmará un permiso incluso si se lo suplicara?—Cada vez me abatía más y ya no tenía apetito. Jugué con mi lechuga, pensando en que todo lo que había planeado se estaba yendo por la borda. Nos quedamos en silencio

— ¡Lo tengo!—Exclamó un poco alto Rima, llamando la atención de las personas. Me limité a ignorarlo como solía hacer

— ¿Qué se te ocurrió?—Sonrió ampliamente

—Kukai es mayor de edad y…—negué con la cabeza

— No, no puedo mostrarles un papel falso, imagínate si lo descubren. No y no—determiné

—Amu eso no ocurrirá. En la reserva les tienen recelo a los polis, no van a enterarse nunca. Confía en mí—habló conciliadoramente

— Es un delito Rima, y tu hermano podría tener problemas—continué negando

— Entonces resígnate a no tener un trabajo. —Cruzó los brazos sobre el pecho con disgusto

— No estás siendo racional—acusé

— Menuda novedad. —Ironizó —Tú estás dejando que se te escapen las cosas, y es por temerosa simplemente. No correrás ningún riesgo, ni tú ni mi hermano, ¿crees que me arriesgaría a verlo preso? No contestes—me interrumpió siquiera antes de que comenzara a hablar. Me la quedé viendo mientras reflexionaba. Así estuve por unos diez minutos

— ¡Santas ovejas! Tienes razón—ella sonrió ampliamente

— Llamaré a Kukai para que lo traiga a la hora de salida—canturreó buscando su móvil—espérame aquí un minuto—pidió poniéndose de pie y comenzando a hablar con su hermano.

Suspiré, tratando de hacerme a la idea de mentir. Era algo que no se me daban bien, para nada.


Fin del capitulo espero que les este entusiasmando las historia tanto como a mi XD

¡no olviden dejarme comentarios!

besos!