TE GUARDO UN BESO
Decimo beso: Beso de despedida
Por Okashira Janet
Advertencia: Contiene spoilers de Naruto Gaiden hasta el capítulo 7.
Naruto anteriormente no había tenido que despedirse de nadie cuando salía de la aldea, no solía decir "nos vemos" a su departamento vacío porque resultaba triste y también medio tonto. Kakashi no era la clase de hombre sentimental con el que uno podía ir a despedirse e Iruka siempre estaba demasiado ocupado para poner encima de él la carga de esperarlo pacientemente, Naruto procuraba no molestarlo si no tenía por qué hacerlo. De Sakura casi nunca se despedía porque en la mayoría de las misiones iban juntos, Naruto estaba seguro de que salir de misión sin Sakura sería como no tener su brazo derecho al lado.
No, despedirse de alguien no era algo a lo que Naruto estuviera habituado, nunca lo había hecho y no pensaba que fuera a hacerlo en alguna ocasión.
Hasta que Hinata se metió en su vida.
Bien, para ser sinceros Naruto había puesto mucho de su parte para que la joven Hyuuga fuera parte de su existencia, le gustaba tenerla al lado, le gustaba besarla y le gustaba ir por Konoha y que los hombres giraran a verla sabiendo que era suya, esas cosas le agradaban, pero nada lo había preparado para el momento en el que, a punto de salir de Konoha con su equipo a cuestas, Hinata había llegado hasta él dándole un beso de despedida y un bento para el camino.
Naruto no se quejaba de la comida, era un conocido glotón, pero el beso lo había incomodado y más aún cuando todos se habían burlado ruidosamente de él codeándolo y haciéndole bromas, de cualquier manera fingió que no pasaba nada y siguió su misión, cuando regresó a Konoha el asunto incluso se le había olvidado.
Pero volvió a ocurrir, de nuevo ella lo alcanzaba, lo besaba frente a todo su equipo que se reía a sus espaldas, le mandaba comida… y sucedió y sucedió, se casaron y siguió sucediendo, tuvieron niños y siguió sucediendo, hasta que un día Naruto se lo dijo de pasada, casi como si no tuviera importancia.
—Sabes Hinata, no me gusta cuando vas a despedirte de mí antes de una misión, quiero decir, la comida es buena… —Hinata lo miró atentamente, con esos ojos que rara vez decían algo porque no había pupilas más estoicas que las Hyuuga.
—Entiendo. —Luego una sonrisa suave apareció en su rostro y Naruto supo que Hinata lo había entendido, porque Hinata siempre entendía todo aunque él no supiera explicarse adecuadamente y suspiró aliviado porque supo que aquello que lo incomodaba terminaría.
Y terminó.
Desde entonces Naruto no recibió más despedidas con beso a punto de salir de la aldea con un equipo a espaldas, era refrescante, hubiera sido insufrible que un equipo ANBU se divirtiera a costas del Hokage, incluso Hinata lo entendió tan bien que a partir de entonces ni siquiera fue ella a llevarle el bento si no que mandó a Boruto, algo que lo aliviaba gratamente, Boruto no era dado a los sentimentalismos, casi siempre le arrojaba el bento a la cara como si llevárselo fuera un dolor de muelas, Naruto podía manejar eso, iba más con la imagen de niño gamberro que había tenido de niño.
Y el tiempo pasó.
La última misión de Naruto había sido particularmente problemática, pero a ser sinceros siempre que el asunto involucraba a Sasuke la situación se ponía problemática, el caso es que se había visto envuelto en una disputa familiar en la que, quisiera o no, se veía involucrado porque se trataba de Sasuke, su mejor amigo y rival para toda la vida, Sakura que era su hermana declarada y Sarada a quien quería como si fuera una consentida sobrina a pesar de que durante el transcurso de la misión la niña había pasado de amarlo a odiarlo y viceversa, las mujeres, después de todo, eran problemáticas a cualquier edad.
Decir que después de la misión venía molido hubiera sido una tibia expresión de su estado general, pero aun así el rubio tuvo las fuerzas para explicarle lo ocurrido a Shikamaru y dejar que su mente de estratega se encargara de todo lo demás, su siguiente idea fue dar una vuelta por la aldea, para asegurarse que todo estuviera bien, algo que solía hacer cada vez que salía. El clon que había dejado para que vigilara en su ausencia le comunicó que todo se encontraba bajo control e incluso había tenido la decencia de avanzar un poco el papeleo (la última vez el clon se la había pasado jugando escondidas con Boruto porque usualmente Naruto los aparecía para eso mientras él se encargaba de la oficina), Naruto le dio las gracias y luego lo desapareció para asimilar mejor los recuerdos, después fue a dar su vuelta habitual por la aldea, empezaba a oscurecer así que no tuvo que preocuparse porque lo reconocieran en la calle y no lo dejaran avanzar en su trayecto pidiéndole cosas o alabándolo, de cualquier manera el rubio decidió no pasarse por el centro y caminó tranquilamente por las orillas disminuyendo su chakra a niveles mínimos, le gustaba caminar bajo los árboles, conforme uno se acercaba a las puertas de Konoha el paisaje era cada vez más arrobador y le venían a la mente mil recuerdos, tanto de las veces cuando se había ido como los tan felices regresos a lo largo de su vida.
—Así que es hora de irse. —Escuchó la voz de Kiba junto a las puertas de la aldea y automáticamente se escondió tras un árbol con toda la intención de cotillear para después burlarse de él ruidosamente, con el paso del tiempo Kiba había desarrollado un estilo salvaje y juvenil con el que conquistaba jovencitas, Naruto encontraba el asunto muy divertido.
—Cuídate mucho. —Para su sorpresa la voz que le contestó fue la de su esposa, aturdido asomó la cabeza sin preocuparse porque lo vieran, pero los dos miembros del antiguo equipo ocho parecían demasiado ensimismados en sí mismos para notarlo.
—Creo que voy a ir a la isla del viento o algo así, no sé cuánto me tardare. —Kiba se pasó una mano tras la nuca, Hinata lo veía atentamente, el cabello que ahora lucía a la altura de los hombros se movía lentamente con el aire, llevaba su ropa habitual, un suéter de manga larga y una falda hasta los tobillos, nada provocador, con el estilo de ama de casa que había mantenido desde que había tenido a sus hijos, pero había algo diferente en sus mejillas encendidas, en su mirada tierna que no lo estaba viendo a él.
—Ja, así no me iré nunca. —Kiba soltó una carcajada, ella lo sujetó de los hombros y se puso de puntillas para alcanzarlo, lo beso en la mejilla, cerca de la comisura de la boca, Kiba la sujetó fuerte de los antebrazos, cerrando los ojos, disfrutando el momento que compartía con la mujer de otro hombre, con la esposa del Hokage.
—Te cuidas. —Hinata finalmente lo soltó, acomodó un mechón de cabello tras su oreja y bajó la mirada.
—Dentro de nada estaré de vuelta. —Kiba le sonrió, una de esas sonrisas confiadas y seguras que le eran tan comunes desde niño, la sonrisa que Naruto había dejado de darle hacía tantos años—. Así que nada de estar triste y me esperas. —Como si fuera un travieso cachorro Kiba le revolvió el cabello, Hinata se río suavecito, luego el Inuzuka se fue, Hinata se quedó observándolo hasta que su espalda se perdió en la lejanía e incluso lo miró un poquito más, cuidando su inicio del viaje con el Byakugan, luego dio media vuelta, miró las estrellas y Naruto supo que estaba deseando que Kiba volviera con bien.
Kiba y no él, Kiba y no su esposo, Kiba y no el padre de sus hijos. Por un breve y aterrador momento Naruto quiso aparecerse frente a ella y zarandearla, quiso gritarle, quiso que sus palabras la lastimaran, quiso verla llorar como estaba llorando justo ahora su corazón.
—Sabes Hinata, no me gusta cuando vas a despedirte de mí antes de una misión, quiero decir, la comida es buena…— La comida es buena pero tú no. Solo hasta entonces Naruto se dio cuenta cabal de lo que había hecho, cayó de rodillas mientras Hinata veía la hora y echaba a correr porque se le hacía tarde para darle de cenar a sus niños, los niños de ella y no de él, la niña a la que nunca veía porque era dócil como su madre y no se rebelaba cuando él le decía que no tenía tiempo para estar con ella, el niño que era obstinado y cruel con él, ahora caía, no porque no le prestara atención, si no porque le dolía el dolor de su madre.
—No te vayas… —Los ojos de Naruto se llenaron de lágrimas, adelantó la mano pero Hinata ya no estaba ahí, ella no era de Kiba, lo sabía, quizás nunca sería de Kiba, aunque con el paso del tiempo llegara a amarlo, porque los Hyuuga eran así y el deber era más fuerte que cualquier clase de amor. Hinata estaba atada a él, su cuerpo siempre sería de él, pero ¡Dios mio!, en su último beso de despedida se había despedido también de él su corazón.
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Notas de Okashira Janet: No sé por qué salió esto, yo, a diferencia de casi todo el mundo disfruto bastante de Konoha Gaiden, pero solo hubo que prestar atención a ciertos detalles del manga y salió este dramón. Maldita música de banda que suena en el piso de abajo. Besos.
15 de Junio del 2015 Lunes
