The Leyend Of Zelda.
El Regreso del Mal, la Perdición del Elegido.
Capítulo X.
El Torneo.
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Bueno, el cierre del festival ya se acerca y con ello suben las emociones. Ahora Link será el espectador de un combate experto entre los caballeros reales, los cuales dan su vida por Hyrule en caso de ser necesario. Quiero agradecer el apoyo que me dan al leer la historia y sobretodo a mi amigo Leonard kenway por darme ideas de peleas y prestarme a sus personajes en mis fics. Vendrán cosas nuevas, jiji. En fin, sigamos con esta historia la cual tiene tanto que contar todavía.
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Los asientos principales del palco real estaban siendo ocupados por la Princesa Zelda, su prometido, el Príncipe Lombardo, la Reina Sirón, el Rey Max y el Príncipe Ralis. Zelda volteaba a ver a todos lados como preocupada de que cierto holgazán llegara tarde o de plano no se presentara. Se le veía tensa, cosa que Lombardo notó al instante. Obviamente él sabía el motivo del comportamiento de su futura esposa, quien no dejaba de poner esa mueca de descontento al pensar que Link no llegara. Sin embargo, Zafiro apareció de pronto luciendo un vestido amarillo, el cabello recogido en una larga coleta azulada y unos botines cafes. No portaba armas visibles, lo cual significaba que iba de civil al espectáculo. Dante no estaba a la vista, ya que éste se encontraba laborando como guardián, desde las sombras.
-Zafiro, qué bueno que llegas.
-Buenos días, Majestad.
-¿Link no viene contigo?
-Ya llegará, se levantó un poco tarde. Tuvo fiebre toda la noche, así que casi no durmió.
-No me dijo que se sintiera enfermo.-Pensó Zelda en voz alta.
-Es que no lo estaba, Mi Señora. Tomó un baño frío y dijo que estaría lo más pronto posible aquí. Me pidió que le dijera que no se molestara con él.
-Esta bien, toma asiento, faltan unos veinte minutos para que el torneo dé inicio.
Link se puso una túnica color rojo, sus botas y la cota de malla debajo de sus ropas y el gorro. Aún se encontraba algo mareado, pero decidió seguir alistándose para ir al torneo, sabía que ni Zafiro y ni la Princesa Zelda le iban a perdonar que faltara a tan importante evento. Su familia estaba ya en sus lugares en un sitio reservado cerca del palco real. Montó en Epona y corrió a todo galope en dirección al castillo. Sin embargo, un mareo muy fuerte le hizo perder el control de su montura cayendo de golpe sobre el césped. Epona regresó de rato, relinchando con angustia palpable. Link quedó inconsciente por lo menos una media hora, en la cual no hubo alma que le pudiera ayudar.
Luego que pudo abrir los ojos con algo de lentitud, se topó con una imagen siniestra de Hyrule. El cielo estaba oscurecido, una lluvia fuerte azotaba toda la nación y un rastro de muerte se podía oler a la distancia. Al ponerse de pie, Link pudo percibir que ya no había gente en ningún lado. El pico Nevado y la Montaña de la Muerte estaban cubiertas por unas depresivas nubes negras, el agua de los ríos estaba muy sucia y mucha sangre contaminaba los pastizales. Corrió con desesperación gritando por sobrevivientes, pero ninguna voz se escuchaba, excepto la suya.
-Vaya héroe, jajajaja.-Una voz medio afeminada le hablaba muy cerca.
-¡¿Quién eres?!
-Silencio, mocoso insensato. Esto es Hyrule ahora, ¿no te parece hermosa esta estampa?
Link giraba la cabeza para todas direcciones, tratando de encontrar con la mirada al dueño de tan escandalosa voz.
-¡Muéstrate, cobarde!-Link llevó su mano izquierda al mango de la espada, pero no la llevaba, ni el escudo ni su alforja de héroe. Estaba totalmente desarmado.
-Me llamas cobarde cuando tú mismo buscas tus armas tan anticuadas. Mira, pequeño insecto. Haz incomodado a las tinieblas por última vez. Tus "logros" como "salvador" de Hyrule han sido en bano, puesto que mi amo no ha muerto tal como te hizo creer tu querida princesita hyruliana.
Link miró una vara de madera en el suelo y la tomó como espada.
-¡¿Qué quieres decir con eso?! ¡¿Eres un servidor de Ganondorf?!
-Soy más que un servidor, insolente. Soy la mano derecha de la oscuridad, el arma poderosa que ayudará a derrotar a la luz. Tus días han llegado a su fin, eso tenlo por seguro. El haber asesinado a Ganondorf con tu Espada Maestra no significa el fin del ciclo, sino el comienzo de otro. Una nueva era de perdición, muerte y destrucción te acecha a cada instante. Verás cómo caerán los tuyos, como desaparecerá la tierra que tanto amas y defiendes, verás con horror el fin de Hyrule y de la tierra misma. Nada será como lo conoces. Y cuando te sumas en la desesperación, y tus gritos no dejen de manar con terror desde tu garganta yo mismo te asesinaré de la manera más horrorosa posible, engendro maldito.
El muchacho comenzó a temblar de pronto, siendo víctima de un ataque de histeria. Soltó la vara de madera y al cerrar los ojos vio con horror la muerte de sus amigos, vio morir a su familia, vio a Ilia ser atacada por miles de dagas, a Talo y a Lalo ser arrollados por caballos del infierno, vio a Sancho, Petra, Próspero y a Otilia ardiendo en llamas hasta los huesos, vio a su querida Zafiro ser decapitada y a Zelda, a ella la vio ser partida en dos por un hacha que le cayó en la cabeza.
-¡Basta, ya basta!
Las imágenes eran visibles aún con los ojos abiertos, creyó que se volvería loco con todo eso. Su corazón estaba latiendo a un ritmo tan acelerado que pensó le iba a estallar en cualquier instante. Las lágrimas le recorrían las mejillas, el dolor de ver morir a los suyos le estaba consumiendo a tal grado que la debilidad hizo mella en él y cayó de rodillas, tratando de recuperar la respiración.
-Basta..., no más, por piedad...
-¿Piedad? Yo no conozco el significado de dicha palabra. Tan solo es un poco de lo que vas a sufrir por atreverte a meter tus narices en los asuntos que no te conciernen. Ahora, puedes ir tranquilo de momento. No tendrás estas pesadillas hasta que yo lo crea conveniente. Sin embargo, yo en tu lugar buscaría un buen médico. ¡Vete, Link, disfruta lo que te resta de vida, jajajajajajaja!
El dueño de tal voz desapareció de pronto, dejando a Link solo en medio del camino. Epona le tiraba de las ropas algo desesperada. Al verla, Link se dio cuenta que solo había sido un sueño. Se levantó de rato y trató de subir a su silla de montar, pero el mareo se lo impidió por unos diez minutos. Tras este rato, Link subió y galopó hasta el castillo, donde los gritos de euforia de los espectadores no dejaban de oírse, y es que el torneo estaba de lo más emocionante. Dejó a su yegua en unas cuadrillas y buscó a Zafiro por los palcos. Una vez que la encontrara, se dirigió hasta ella esquivando a algunas personas sentadas en las filas de los asientos.
Se le notaba pálido, cosa que no pasó desapersibida para Zelda y sus acompañantes.
-Link, al fin llegas. Pero, te ves enfermo.
-Sí, Príncipe Ralis, aun así no podía faltar.
-Siéntate de una vez, no te quedes ahí parado.
Zafiro lo sentó a su derecha, dándole un abrazo.
-Sería mejor que te fueras a casa, te acompaño.
-No Zaf, quiero ver el espectáculo, además de que ya no estoy tan mal. Me siento mejor. Además, he llegado como media hora tarde.
-Casi fue una hora, Link.
-Oh, Diosas..., no era mi intensión.
En el centro de la arena de batallas se estaban celebrando ya los octavos de final. Ocho caballeros de las más prestigiosas familias del reino estaban por disputarse el primer lugar y con ello obtener el honor y la gloria que solo la victoria puede dar al vencedor. La primera batalla sería entre dos caballeros de la misma casta, un par de hermanos mellizos. Daniel y Carl. Daniel era alto, esbelto, de cabellos rizados y rojos como la lava. Carl era más alto, fornido, de cabello castaño claro. Ambos hermanos habían entrado en conflicto al saberse los próximos en pelear entre ellos mismos.
Las batallas consistían más que nada en tirar al rival a un pozo de agua negra debajo de una tarima de unos diez metros de alto, la cual medía solo cuatro por cuatro metros. Podían usar unas espadas de madera, pero estaban prohibidos los empujones, puñetazos o patadas. De la única manera que podrían derrotar a sus rivales era usando artes de espada y lograr arrinconar al rival contra el límite de la tarima. Solo estando en la orilla de ésta estaba permitido lanzar al rival al agua con las manos o de una patada, pero se corría el riesgo de caer a la vez que su adversario. Había una marca roja, era un círculo. Dentro de éste se usaba solo la espada, fuera de él podían empujar a su rival fuera de la tarima.
Luego de unos minutos, ambos competidores subieron a la tarima por un par de escaleras, una colocada en una esquina opuesta de la otra. Una era de colo rojo y la otra de color azul. Ambos hermanos se miraron a los ojos, cada uno tratando de leer las estrategias del otro. La batalla daría inicio al sonar un gong por uno de los jueces. Era hora de demostrar quien era el más fuerte. Carl usaba una banda en el brazo de color rojo y Daniel una color azul, así se distinguiría al ganador.
-Vaya, me encantaría tanto poder competir con esos hombres, pero en una batalla de verdad. Usando una espada de acero, poder medirme contra los mejores.-Decía Link ilusionado, soñando con ese momento.
-Para tu desgracia, muchacho, solo los caballeros de sangre pura como ellos pueden hacerlo. Tú serías derrotado en un instante.-Lombardo no dejaba escapar una oportunidad para soltar su veneno.
-Disculpa, pero Link es muy fuerte. Recuerda que él solo combatió el mal que casi destruye a mi reino, el cual nadie se dignó ayudarme a proteger.-Zelda sonreía cariñosa a Link, haciendo que se sintiera seguro de su apoyo.
-Yo puedo hacer eso, my lady. No necesitas a un lacayo como Link.
-No es un lacayo, es mi amigo.-Zelda se separó de Lombardo, quien se irritó de momento.
-Ya, tranquilos, hemos venido a ver el espectáculo, ¿que no?-El Rey Max puso una mano sobre el hombro de su hijo.-No es necesario que hagan esa clase de comentarios, es un día de fiesta.
-Cierto, padre, lo lamento. Veamos como estos hombres pelean por el primer lugar.
-Yo sí creo que Link puede derrotarlos a todos a la vez.-Decía Zafiro a la vez que le daba un beso en la mejilla a su chico.-No pude derrotarlo cuando peleamos la primera vez de manera amistosa. Es muy fuerte, y tiene estrategias aptas de los mejores maestros militares.
-No lo dudaría, si esta chica lo dice, debe ser verdad.-La Reina Sirón conocía bien a Zafiro, tal vez demasiado.
El combate dio inicio una vez que sonara el gong. Daniel y Carl se enfrentaron en una pelea casi a muerte. Sus espadas chocaban en el aire una y otra vez, dejando volar pedazos de astillas e hiriendo sus brazos al ser rozados por los tajos. Carl dio un golpe en el rostro a su mellizo, dejando a éste en el suelo por unos segundos. Daniel se levantó y arrinconó a Carl muy cerca de la linea roja. A pesar de ser muy fuerte, Carl no pudo contra los embates de su hermano. Daniel sonrió con arrogancia, esperando el momento más adecuado para soltar una patada a su hermano, pero en el momento en que lo iba a arrojar, Carl lo esquivó y Daniel cayó sin remedio fuera de la tarima directo al agua sucia.
-¡Eso fue emocionante!-Gritó Zafiro con gusto.
La siguiente batalla sería entre dos caballeros de edades muy disparejas. Damien de treinta y ocho años contra Esteban, de 22. Eran 16 años de diferencia entre ambos hombres, pero eso quedaba de lado si de ganar se trataba. Damien era un tipo alto, moreno, de cabello corto y rizos castaños. Esteban era igual de alto, de cabello negro y cuerpo atlético. Damien traía su banda roja y Esteban la azul. Al subir a la tarima, Esteban se burló abiertamente de su oponente. Creía ser superior por ser más joven, pero Damien no dijo nada. Solo se mantuvo serio, procurando que esas palabras no le afectaran. El combate comenzó y de rato la multitud quedó muda. En menos de tres segundos Esteban fue arrojado al pozo por su rival.
-¡¿Qué demonios acaba de pasar?!-Lombardo se puso de pie impresionado.
Esteban levantó los brazos tratando de intimidar a Damien. Al sonar el gong, Esteban siguió con los brazos elevados, sosteniendo su espada. Damien corrió a él, le golpeó con su espada en el estómago, Esteban cayó de espaldas fuera de la linea roja y Damien le arrojó con una patada. La batalla más corta de toda la historia. Damien hizo una seña de victoria con los dedos muy en alto, sonriendo satisfecho.
Ya estaba lista la primera pelea de los cuartos de final. Sería Carl contra Damien.
La tercera batalla de los octavos de final sería entre Cisco de 23 años contra Joseph de 20. Ambos eran altos, de cabello lacio y rubio, pero Cisco tenía ojos violetas y Joseph azules. Eran también primos lejanos. Cisco llevaba la banda azul y Joseph la roja. En esta pelea ambos muchachos demostraron técnicas de combate combinadas con artes marciales. Parecía ser que ambos volaban en el aire, atacando a su rival con la espada, dando tajos que parecía iban a partir las espadas. Varias ocasiones estuvieron en el borde de la linea roja, se empujaban mutuamente pero en una de esas veces, Cisco, estando colgando del borde de la tarima, se sostuvo fuerte y subió como si nada, de un brinco con sus brazos. La pelea duró casi diez minutos, el tiempo permitido para cada combate. Sin embargo, sonó el gong que finalizaba el encuentro. Ahora el juez Perícleo sería quien iba a tener que definir al caballero que mejor hubiera peleado. Tras cinco minutos de mucha tensión, se declaró ganador a Cisco.
La última pelea de los octavos de final se llevaría a cabo entre Michael y Gerard. Michael era un muchacho de 28 años, no muy alto, ojos color ámbar, de cabellos negros, largos y atados en una coleta. Gerard tenía 26 años, era un poco más alto, delgado, de cabello platinado y ojos verdes. Era evidente que Michael tenía mejor condición física, se atrevió a sacarse las ropas de la cintura para arriba, dejando su torso desnudo. Era conocido entre las doncellas por ser uno de los más guapos de los caballeros reales, seguido por su amigo Daniel quien acababa de ser eliminado de la competición.
Gerard llevaba la banda azul y Michael la roja. Sonó el gong y Michael comenzó a dar tajos casi a lo loco al pobre de Gerard, golpeando su cara, cabeza y brazos. Se pudo notar su falta de profesionalismo, y el hecho de que parecía odiar a muerte a su adversario. Gerard se defendía como podía hacerlo, tratando de contestar los tajos. Cuando demostró que no sería fácil vencerlo, Michael le golpeó con la espada como si se tratara de un simple palo. Gerard soltó la espada y se hizo un ovillo en el suelo. Michael le dio una patada y lo arrojó de la tarima. Se volvió al público, presumiendo sus bíceps y gritando de gusto. Pero, algo no andaba bien. Se asomó a ver a su rival nadando en las aguas negras del pozo pero no encontró nada. Gerard estaba colgando de la orilla, tratando de elevarse y subir como lo había hecho Cisco en la anterior batalla. Michael le trataba de pisar los dedos, pero al acercarse tanto Gerard se sujetó de sus piernas haciendo que Michael resbalara y pendiera de la orilla, sosteniendo a ambos.
-¡Suéltame, gusano!
Se pudo escuchar esa voz en toda la arena, cosa que dio risa a los espectadores. Era Michael quien se sacudía las piernas para soltarse del muchacho. En eso, Gerard sonrió y escaló por el cuerpo de Michael hasta llegar a la tarima. Michael estaba por subir a ella cuando Gerard se despidió de él agitando su mano derecha y le dio una patada en la cara echándolo al pozo. Las fans de Michael empezaron a llorar decepcionadas, retirándose de la arena.
La segunda batalla de los cuartos de final sería Cisco contra Gerard.
Se decretó un breve descanso de media hora para preparar la tercera fase del torneo. En ese tiempo las personas podrían ir a comer algo o ir a los sanitarios que se rentaban fuera de la arena. Zafiro le llevó algunos aperitivos a Link, quien apenas si probó bocado. Zelda y Lombardo también degustaron unas botanas al igual que los reyes de Britania. Los arquitectos y los asistentes colocaban la siguiente prueba, que al parecer sería tiro con arco.
-Vaya, lamento tanto haberme perdido la primera fase, ¿de qué se trató, Zafiro?
-Bueno, al principio eran como treinta caballeros reales, pero fueron eliminados uno a uno en una guerra falsa. Fueron encerrados en una jaula de acero, con barrotes, picos y púas cortantes. Podían pelear con las manos o los pies, dándose golpes unos a otros. El caso era salir de uno por uno por encima de la reja de la jaula, teniendo el peligro de ser regresado a ella por los demás competidores. Duró como cuarenta minutos, Link. Uno a uno fueron saliendo de la jaula, algo heridos pero en buen estado para la siguiente fase.
-Wow, debió ser impresionante.
-Sí que lo fue.
Los competidores de los cuartos de final se preparaban para la tercera fase de las batallas, tiro con arco. Un caballero real debía demostrar que era capaz de pelear de diferentes maneras. Con espada, tratando de escapar de una jaula en caso de ser prisionero de guerra o simplemente usando unas flechas. Ya no portaban colores distintivos, solo tenían tres flechas en sus carcaj. Los blancos u objetivos estaban divididos en diez círculos de diferente denominación, uno dentro de otro. El del centro valia diez puntos, y el de la orilla valía uno. Perícleo sería quien contara los puntos dependiendo de los tiros de cada caballero. La distancia era, para el primer tiro de diez metros. El segundo tiro estaba a veinticinco metros. Y el tercero estaba a cincuenta metros. En esta fase por lo regular la gente se mantenía callada
Carl y Damien se prepararon con sus tres flechas en los carcaj. Se hizo un volado con una moneda y se decidió que Carl tiraría primero. Cada uno dispararía a su propio blanco puesto a la misma altura uno de otro. Carlo hizo su primer lanzamiento obteniendo nueve puntos. Damien hizo su tiro logrando diez puntos. Para cada tiro Perícleo gritaba a todo pulmón la cantidad obtenida, la cual se registraba por una muchacha quien ponía en un letrero muy grande una tabla con la cantidad específica enseguida de cada nombre hasta que se completaban las tres, las cuales era sumadas y se pintaba con rojo el resultado de cada caballero por el propio juez.
Para el segundo tiro, Carl obtubo tres puntos. Hacía un poco de viento, lo cual afectaba la dirección de la flecha. Damien obtuvo un seis. Para el tercer disparo, Carl se concentró mucho, respiró hondo y soltó la flecha. Necesitaba un milagro, un número alto. Para su buena suerte la flecha terminó pegando en el número diez. En total obtuvo 22 puntos de treinta. Para vencerlo, Damien necesitaba como mínimo un siete. Pero Damien no era muy bueno a esa distancia. El viento se puso un poco más fuerte y su flecha fue arrojada a primer circulo obteniendo un uno. Carl y Damien se dieron la mano y el vencedor se dirigió a descansar a una tienda cercana.
Para el segundo combate de los cuartos de final, Cisco fue el primero en lanzar sus flechas. La primera se incrustó en el número nueve. La primera de Gerard fue a parar en el número diez. La segunda flecha de Cisco obtuvo un nueve otra vez. La segunda flecha de Gerard logró un siete. Como si alguien lo estuviera invocando, un fuerte viento se dejó sentir casi de la nada, pero el torneo no podía ser pospuesto por eso. Cisco estaba un poco nervioso, pero esperaba poder obtener otra calificación buena. Su flecha fue preparada y soltada luego de unos segundos logrando un seis. En cuanto a las matemáticas, él llevaba 24 puntos de 30 posibles. Gerard necesitaba por fuerza un siete para empatar, un ocho para ganar. El sudor corría por su frente color algodón. Cerró los ojos y dejó que la flecha siguiera su camino, logrando aterrizar en un afortunado nueve.
Cisco hizo una rabieta bastante infantil, estaba molesto pero había sido derrotado. Pasó a un lado de Gerard ignorando el apretón de manos que le ofrecía y solo le golpeó con el hombro, un gesto de muy mal perdedor. Ya estaba la final de finales definida: Carl combatiría contra Gerard. En la final del torneo de caballeros reales se empleaba todo el esfuerzo físico y mental posible. Cada contendiente debía usar su máximo esfuerzo para poder ser digno de la victoria. Ambos finalistas eran jóvenes en condiciones muy buenas. Su última prueba consistía en demostrar estrategias militares para rescatar a una princesa de una torre.
Mucha gente se cuestionaba, si la lucha en jaula y la pelea sobre el pozo de aguas negras eran más complicadas, ¿porqué arrojar unas flechas era considerado más difícil y era la tercera fase del torneo? La respuesta era simple, a la Princesa Zelda le gusta mucho el tiro con arco y para ella es algo importante. Aún así, la última prueba era más difícil y exigente en muchos aspectos.
Consistía en un camino de cien metros para cada contendiente. Estaba dividido a su vez en tres etapas. La primera consistía en esquivar treinta babas deku. Parecería fácil, pero la segunda etapa era más complicada. Ésta se trataba de nadar 25 metros en aguas con tres bari, una especie de medusa eléctrica. Y la última etapa casi dejó sin aliento al público asistente. Cada caballero real debía luchar a muerte, sí, a muerte, contra un moblin rojo de ciento cincuenta kilos de peso y 1.90 metros de alto. Eran un par de bestias rabiosas que habían logrado capturas luego de la invasión. Las reglas para designar al sucesor del capitán de las fuerzas y guardia defensora de Hyrule implicaban un combate a muerte contra dichas fieras, cosa que no le agradó nada a Link.
-Esto debe ser un error muy grande, majestad.
-No lo es. Las reglas así lo dictan, un caballero real que quiera ser el líder de mis hombres debe demostrar un fuerte temperamento y decisión a la hora de pelear.
-Aún así, usted puede cambiar esas reglas. Conozco esa clase de monstruos, pueden matar sin piedad alguna.
-Y por eso confío en que lograrán ser derrotadas por esos jóvenes.
Link se apartó muy molesto de Zelda. Sin embargo, a Lombardo le parecía una idea perfecta para saciar su sadismo y morbo.
Continuará...
Ok. Este capítulo es un poco corto, pero luego lo compensaré. Advierto que tal vez me aleje un tiempo de la escritura por motivos laborales, así que lamento que tardarán un poco en saber el resultado del torneo. Por cierto, ya está el fanart de mi OC Zafiro en DA. Recomiendo que si les gustaría verlo vayan a DA y me busquen como Fer-X-Link-89 y puedan verlo. Nos leemos después.
NOTAS: The Leyend of Zelda es creación de Miyamoto-San y la compañía Nintendo.
