30.- Obsesión.
Le había besado delante de toda la Sala común de Gryffindor, ¿y que había hecho ella aparte de quedarse tiesa por la sorpresa?
Echar a correr.
¡Maldita valentía Gryffindor que desaparecía cuando más se le necesitaba!
Pero a ver, ¿Qué esperaba que hiciera, corresponderle al beso? ¡Nooo! Es decir, no es que Frank le cayera mal, ni que tampoco le hubiera gustado el beso – era el primer beso que le daban, y la verdad, poco o casi nada tenía donde comparar – pero joder, que estaban delante de todos sus compañeros, le había pillado por sorpresa y todos sabían que las sorpresas y ella no eran muy amigables. No reaccionaba bien a ellas, la verdad.
Eran compañeros de clase, amigos si me apuras mucho, y como suele pasar con todas las relaciones de amistad, reían, discutían, se chinchaban el uno al otro, hablaban y demás, pero los besos no formaban parte de su tipo de amistad. Merlín sabe que Alice no había sentido nunca el deseo de besar a Frank, pero al parecer, él sí que quería.
Y ahí estaba el meollo de la cuestión… No era el beso en sí y la forma en que se lo había dado, sino el hecho de al parecer, él si había sentido el deseo de besarla. Frank no era de los que hacía algo que no quisiera, y si la había besado, era porque quería hacerlo.
La imagen concebida que tenía de su relación, acababa de sufrir un duro revés, y no sabía cómo reaccionar a él.
Y lo más fácil para afrontarlo - que no lo más sensato - era huir.
Durante dos semanas, no se atrevió a mirar a Frank a la cara, aunque notaba su mirada clavada en la nuca durante todos y cada uno de esos días. Frank esperaba algo, y Alice ni sabía lo que esperaba, ni sabía que decirle o hacer. ¡Nunca se había visto en una situación así! Sus amigas intentaban preguntarle, saber cómo estaba o lo que pensaba, pero Alice, para la que hablar de sentimientos no era algo que dominara mucho, terminaba yéndose en el momento en que veía por donde iban los tiros.
¿Qué se suponía que tenía que responder, si no lo sabía?
¡Era un beso, por Merlín, un solo beso! ¿Por qué le daba tanta importancia? ¿Por qué demonios estaba tan afectada y confundida por un simple beso? No tenía sentido, pero lo estaba. Era en lo primero que pensaba cuando despertaba por las mañanas, lo último que acudía a su mente segundos antes de dormirse. No había noche que no soñara con ese momento, y si cerraba los ojos, aún podía sentir como sus labios cosquilleaban tras aquel sorpresivo beso.
¿Por qué le estaba pasando eso a ella? ¡Ella quería su vida controlada y sin sobresaltos! Saltaba cada vez que escuchaba la voz de Frank, se le erizaba la piel cuando le oía reírse, y su cuerpo parecía saber en qué momento entraba él a una aula o en que parte de esta estaba, sin ni siquiera verlo. Su corazón, acostumbrado a latir a un ritmo lento, se desbocaba cada vez que le veía o él, después de verla, le sonreía con esa sonrisa que, para su sorpresa, conseguía que sus piernas se convirtieran en gelatina.
Enserio, ¿Qué era todo eso? Sus reacciones ante él, carecían de sentido, y a Alice no le gustaban nada las cosas que no tenían explicación. Y estaba empezando a preocuparse, porque el beso de Frank estaba empezando a obsesionarle de una forma enfermiza, y aunque en un principio creía que con el tiempo se le olvidaría, lo cierto es que por cada día que pasaba, sus sentimientos ante todo aquello, eran cada vez más intensos.
Estaba empezando a pensar que ese beso, había despertado sentimientos en ella que no sabía que tenía. ¡Un momento! ¿Cuándo había empezado a hablar de sentimientos? ¡Todo aquello era una locura! ¡Maldito Frank y su beso!
Era incapaz de concentrarse en nada que no fuera en él, hasta el punto de que hasta que no lo veía, no se quedaba tranquila. Cuando se quiso dar cuenta, empezaba a ver a Frank de una forma completamente diferente a como lo hacía hasta el momento. Antes había sido un amigo, y ella, que nunca se había fijado en su físico, se encontraba descubriendo algún detalle de él que desconocía hasta el momento. Por ejemplo, antes del beso, no sabría decir de qué color tenía los ojos, pero en esos momentos podía decir claramente que eran castaños, y que la mayoría de las veces, sonreían traviesos, lo que le daba una apariencia de pilluelo de lo más encantador. Llevaba el pelo siempre bien peinado, y su ropa era impecable, con la camisa por dentro de los pantalones, y la corbata bien recta y anudada.
¿Cómo no se había fijado antes en esos pequeños detalles de él? Estaba mirando a Frank como lo que era, un chico, y la verdad es que le gustaba lo que veía. No era el más guapo de todo el colegio, pero tenía un encanto natural, que le hacían ser muy atrayente.
¿Eso quería decir que empezaba a gustarle? Tras ese beso, ¿miraba a Frank como un amigo, o como algo más? ¿Un beso podía cambiar tanto los sentimientos de una persona? ¡Ni siquiera sabía qué clase de sentimientos eran los que el chico despertaba en ella! ¡Iba a volverse loca!
¿Qué iba a hacer? ¿Qué iba a decir? No podría hacer como si nada hubiera pasado, eso era imposible. Bien era cierto que estaba evitando a Frank como si la peste tuviera, pero cada vez que le miraba o se encontraba con su mirada, algo dentro de ella sabía que él no lo había olvidado, y sin palabras, le estaba diciendo que el siguiente movimiento era suyo. ¿Movimiento? ¿Qué movimiento se suponía que tenía que hacer?
¡Por Merlín, era todo tan confuso! Pero tenía que hacer algo, no podía estar así siempre. En algún momento tendría que enfrentarse a Frank y a ese beso que tan descolocada había dejado su vida y que tanto había despertado en ella.
El problema era que no sabía cómo hacerlo. No tenía ni idea de cómo se suponían que tenían que ser las relaciones entre chicos y chicas, o como tenías que comportarte cuando te gustaba alguien y tu a él. ¿Y si decía algo que no tocaba y luego la cagaba? No, mejor dejar pasar unos días más a ver si conseguía entenderse ella misma y cuando lo estuviera, ya miraría que hacer.
Pero todo parecía indicar que Frank ya se había cansado de esperar a que ella se entendiera, porque, sin darle tiempo a escapar, la cogió del brazo una tarde y la metió en una sala vacía cerca de las mazmorras. En otro momento – entiéndase antes del beso – le habría recriminado por haber actuado así, pero ahora solo pudo quedarse clavada en el sitio, con su corazón latiendo desenfrenado en su pecho y sin poder despegar la mirada de sus labios. ¿Iba a volver a besarla? ¡Por Merlín, esperaba que si! ¡Un momento! ¿De dónde había salido esa idea?
-¿Sabes cuál es tu problema, Alice?
A duras penas pudo despegar los ojos de sus labios y mirarle mientras negaba con la cabeza.
-Tu problema es que piensas demasiado.
Frank dio un paso adelante. Alice retrocedió dos. Él volvió a avanzar. Ella se topó con la pared a sus espaldas. ¡Por Merlín, iba a besarle! Abrió los ojos al máximo y sentía en sus oídos el retumbar de sus latidos desbocados. Tragó con fuerza.
-No voy a besarte, si es lo que estás pensando – el muy desgraciado, tuvo la genial idea de sonreír divertido, como si aquella situación le resultara de lo más divertida – Si quieres un beso, vas a tener que dármelo tu.
-Serás… - le fulminó con la mirada, totalmente indignada, pero inconscientemente, volvió a fijarse en sus labios. – Yo no quiero besarte. Y que sepas que no me gustó nada tu beso.
La carcajada de Frank le hizo ver que sabía que mentía y Alice hizo lo que nunca había hecho: sonrojarse.
-Mientes, y lo sabes – la señaló acusadora con el dedo, mientras se inclinaba más hacia ella, hasta susurrarle al oído – Si no te hubiera gustado, no me habrías estado evitando durante dos semanas. Cada vez que me mirabas, parecías tan concentrada que dabas la sensación de estar intentando resolver un complicado enigma.
Vale, su corazón podía parar de intentar escaparse de su pecho. Y, ¿el ambiente de la sala no estaba demasiado cargado? Porque ella se veía en serias dificultades para poder respirar, su boca entreabierta intentando coger aire. ¿Y que era ese olorcito tan bueno? Cerró los ojos, intentando ubicarlo, y no se sorprendió cuando descubrió que era el olor de Frank.
-Al parecer, todo el mundo menos tú, se ha dado cuenta de que te gusto, igual que tú me gustas a mí, y si pensaras menos y te dejaras llevar por lo que sientes, todo sería más fácil.
Y de pronto, todo era más fácil. ¿Cómo no se había dado cuenta antes?
Poniéndose de puntillas y sirviéndose de sus hombros como apoyo, juntó sus labios. No fue fogoso como el que le dio Frank el otro día, sino que fue comedido, casi tímido, apenas un roce de labios. ¿Eso quería decir que Frank le gustaba? No estaba segura de cuanto le gustaba, pero lo que sí tenía claro, era que le gustaba lo suficiente como para seguir besándole o, yendo más allá, ver hacia donde les llevaba.
Las obsesiones, no siempre llevaban a algo malo, ¿verdad?
Fin
