X Asalto: Señales

Diez días habían pasado desde el matrimonio. Mientras veía a sus hombre levantar sus hogares unos al lado de otro, podía notar como poco a poco estaban acostumbrándose a vivir allí. Bromeaban con los guardias, habían empezado a hacer vida social con los pueblerinos, algunos de ellos habían empezado a observar demás a las jóvenes muchachas y Alcaid le había pedido permiso para enseñarles algunos de sus movimientos a unos pocos guardias que se habían mostrado entusiasmados en sus métodos de enseñanza.

Mientras se dividían los pedazos de fardo para sus lechos, algunos bromeaban haciendo comentarios en ir a vivir unos con otros ya que el invierno estaba comenzando a ser mella en todos ellos. Los hogares eran pequeños, pero acogedores. Ella había sido recluida en una bodega… porque el jodido vampiro así lo quería.

Seguían trabajando en el foso, desde medio día hasta la tarde. La mañana eran de entrenamiento.

Pero a pesar de estar llevando una rutina bastante normal, había cosas que le estaban sacando de casilla. Uno, como siempre. Era el vampiro y sus mandados… era estresante, no solo porque le enfermaba su sola presencia, si no que además le torturaba llevándola más de siete horas por el bosque como su sabueso para luego dar ordenes de que despertara al amanecer, dejándole unas tres horas de sueño que estaban obviamente, destrozándole lo poco o nada que le quedaban de nervios.

Y el otro y más urgente. El salvaje.

Había sido testigo de Jorking instándole a dar información por las buenas sobre su ataque, pero este no había tenido que ser mayormente acechado, ya que habían soltado todo a la primera provocación de golpe. Los salvajes que vivían hacía el sur por el lago, hacía las montañas habían bajado al lago en busca de presas que se alejaban por el inminente invierno. Se habían encontrado con el Witkim por casualidad, su tío quien había dirigido el ataque habría esperado un botín por su captura. Jorking lo había delegado con ellos en el foso, y como ende, bajo su tutela por presión. El chico al parecer recordaba su ayuda con la fiebre, solía seguirle de un lado a otro, a veces intentando hacer un mayor esfuerzo acarreando las rocas o el empalizado que ella debía llevar. Había tenido que darle dos fuertes golpes y enviarlo hacía otro sector con las risas de Sandrua y Janiel que se mantenían de todas formas, siempre aún lado de ella. Era como un maldito perrito abandonado. Aun así, aunque realmente no quería, había tenido que salvarlo de que los hombres del vampiro no se insolentaran con él, complicándolo aún más. Ya que había decaído sobre ella, casi, como si fuera su protector. A veces odiaba haber sido mujer.

Ella se adelanto para ayudar a uno de sus hombres que estaba medio complicado intentando colocar la puerta cuando el trotar de un corcel le llamo la atención. Su ama venía cabalgando feliz sobre una yegua parda. Su sonrisa de enancho hasta ser medio dolorosa cuando le vio y llevo su animal hasta ella.

— ¿Ama? ¿Que hace aquí?- ella miro hacía atrás notando que venía sola.

— El bruto salvaje me ha regalado una yegua, mira, mira Shayr es preciosa- comento su ama tomando el hocico de la yegua que feliz acepto sus mimos.

Al menos, algo agradable había pasado. Por lo menos ya podía ver a Asha más veces durante el día, y podía estar más tranquila sabiendo que se hallaba en buenas manos. Aunque su ama gruñera y hablara increíbles pesadeces sobre su esposo. El sonrojo en su cara y esos ojos iluminados cuando le veía eran cosas que solo ocurrían cuando no se estaba haciendo la ruda y desinteresada.

— Por esto creo que dejare de gruñirle por un día, ¿Qué piensas?

— Es un bello animal, ama- comentó ella, sonriendo detrás de la mascara.

— A pero también te he traído algo- la muchacha se quito algo de su costado y saco una bonita mascara de madera blanca.

— Ama- gruño bajito mientras tomaba esta. Era madera del lago, habían algunos extraños arboles blancos allí. Delineo los ojos, y la nariz. Su ama siempre había tenido un talento natural para esto.- gracias- susurró llevándose una mano al pecho.

— Debo volver antes de que el bruto se preocupe.- la muchacha se subió rápidamente al corcel, saludo a sus hombres y partió antes de que ella pudiera decirle que no volviera a salir sin guardias.

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Jorking entro en la habitación quitándose el casco y recibiendo un vaso de hidromiel de su hermana quien se marcho enseguida. Jorking había estado fuera cinco días para saber los movimientos de Shoys. Se había ido con una pequeña guardia.

— Mi señor- saludo, y él le hizo un gesto para que se sentara. Taillo se enderezo en su lugar atento a las palabras.- un día y medio a todo caballo hasta llegar al bosque más cercano- informo a Taillo quien era el que necesitaba más que nada esa información.- dejamos parte de los hombres lo más lejos posible y nos adentramos en el bosque. Debo decir que tienen algo así como una excelente protección a un kilometro alrededor del castillo, no pudimos apreciar a granjeros o pueblerinos alguno. Según los mapas debían de haber algunas granjas en nuestro camino, pero solo había ruinas, y el único granjero que pillamos poco o nada pudimos sacarle ya que este deliraba incoherencias. Pero algo nos informo sobre que el señor había hecho reunir todas las casas del pueblo alrededor del castillo de algún modo protegiendo las murallas.- ese era un método muy egoísta de protección de parte de un señor- Fer logro contar más o menos cuatro centurias instaladas a las afueras de las murallas, todas bien preparadas para un asedio o ataque.

— Con las cinco centurias de mis hombres estaríamos casi parejos.

— Un ataque cara a cara es una idiotez. El único que soporta el contingente de guerreros es Shoys, sin él, los hombres comprados pronto dejaran la escena.- comentó Taillo.

— Son un peligro para el pueblo mismo, algún idiota puede tomar el cargo en nombre de Shoys y volveríamos a lo de antes. Lo preocupante es saber de donde saco tanta gente…

— Se ha informado que desde las costas, dos grandes feudos fueron arrasados por piratas, los hombres al no volver a esas tierras han estado encaminando cada vez más tierra adentro. Buscan señores y tierras.

— Esas tierras son manejadas por Nuria- comentó Taillo más para si. Nuria, por lo que sabía, era otro señor vampiro como lo era Taillo.- debo saber más de él. Tomare uno de tus mensajeros- le informo mientras comenzaba a escribir en un pedazo de pergamino.

— Lo otro preocupante- anuncio Jorking bajando un poco la voz, casi como confundido.- en la frontera se nos aviso de que se han visto un grupo de jóvenes en caballos. Son cuatro que han estado rondando la zona, aunque no han atacado a guardias ni al pueblo.

— ¿Forasteros?

— Si así fuera, ¿Por qué esquivan a los guardias? ¿Por qué no siguen su camino sea donde sea que vayan? Los granjeros están preocupados porque al parecer lobos están bajando desde el norte, se han escuchado lobos rondando las granjas.

El y Taillo se erizaron en el momento. Desde que Taillo había llegado a su castillo, ningún lobo se había atrevido a acechar sus granjas.

— Gracias Jorking, ve a descansar.- su amigo dio una leve reverencia y se marcho. Se giro hacía Taillo que tenía un extraño mohín en la cara.- ¿Mas licanos?- preguntó él. Taillo soltó un bufido.

— Podría ser la pareja de la licana o simplemente una manada nueva.

— ¿La pareja?

— Algo he escuchado, pero no estoy seguro. Los licanos tiene un sistema muy enredado para mi gusto, la monogamia no es lo mio.

— ¿Y que piensas de Nuria?

— Tenía el feudo más problemático, no me sorprendería que pudiera haber caído. Después de todo, uno de los más grandes pueblos licanos viven en una isla en el norte del antiguo continente. Se sabe que son grandes piratas además de asesinos, si sabían que había un vampiro solitario en la costa, no dudarían de provocar un poco de caos con algo de dinero de los feudos enemigos.

— Eso no pondrá muy contento a vuestro reyes.- comento él sabiendo un poco sobre toda la red de importancia de los reyes vampiros sobre los propios reyes humanos. Eran como una gran secta de poder.

— Han estado teniendo problemas desde que mandaron a Vishous al norte de las montañas, gracias a los cielos que el padre de tu esposa lo mato por zángano. Hemos sido enviados a mantener y cuidar las tierras no apoderarnos viciosamente de más. Creo que esto podría poner a mis señores en un dilema y tendrán que mandar más contingente, lo que se armara un maldito infierno si en los grandes puertos de norte se enteran los comerciantes licanos. Espero haber conseguido mi libertad para ello.

El no pudo más que sonreírle al vampiro, al fin y al cabo. Aunque Taillo no era más que su guardián de alguna extraña forma, el sujeto seguía siendo solo un esclavo de sus reyes hasta completar los cien años de servicio que debía, y para dar término, aun le faltaban algunas decenas de años más a su lado.

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Acariciando el hocico de su yegua y dándole furtivamente pedazos de zanahoria no se dio cuenta que tenía compañía hasta que Witkim le agarro de la cintura y la levanto para sentarla sobre unos fardos de heno.

— Annex me dijo que has estado escapándote cada dos por tres hacía acá.- ella hizo un mohín por la sonrisa socarrona que tenía este en su cara- me alegro que te gustara mi regalo.

— Es bonito- comentó haciendo la desinteresada. La yegua hizo un extraño ruido de disgusto.- bueno, esta bien, muy bonito.- comentó sin mirarle pero tomando sus manos como quien no quiere la cosa. Sus manos callosas y cálidas la tomaron suavemente.- ¿Qué noticias trae Jorking?- pregunto suavecito. Witkim le miro con el ceño fruncido al parecer dispuesto a no decirle nada, cuando ella le tomo las manos cariñosamente, el suspiro.

— Las granjas de camino al castillo han sido destruidas- sintió que le acuchillaban el pecho por ello, se le pusieron los ojos lagrimosos.- Jorking cree que los aldeanos fueron llevados como protección del castillo.

— ¿No los mato?

— No te lo puedo asegurar. Pero creemos que no, una cosa es matar a sus soldados que son su cabecera de poder, pero otro es matar a la mano de obra que le da la sobrevivencia a su pueblo.- Witkim le quito las lagrimas que caían por sus mejillas- las cosas mejoraran, te lo aseguro.

Y ella le creyó.

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La noche había caído hacía ya sus horas. Sus hombres yacían en sus nuevos hogares y ella entraba en la fortaleza para esperar su nueva misión.

Había sido informada que Jorking había regresado, por lo que se imaginaba Witkim y el jodido vampiro ya estarían planeando algo. Tendría que comportarse realmente bien ese día si quería que el vampiro le contara algo más sobre Shoys y el pueblo.

Fue cuando estaba subiendo las pocas escaleras para adentrarse en el hall del castillo cuando un gran disturbio en la entrada de la muralla le hizo detenerse.

Las puertas fueron abiertas para una gran caravana de coloridas telas y estrafalarias lámparas se adentraran en el patio. Ella sintió que se le ponía la piel de gallina y tuvo la intención se esconderse lo más rápido posible. Porque ella también conocía esa caravana y a algunas mujeres de allí adentro.

— Lo que me faltaba- alcanzo a escuchar al vampiro pasos más atrás. Ella observó por el refilón como su ama y su esposo salían de los establos, ambos rojos cual tomates y su ama arreglándose desfrenadamente su falda. La sonrisa idiota en Witkim le dijo más de lo que quería saber.

Ella soltó un bufido por su ama. Parecía que estaba realmente contenta por su nuevo caballo.

Era obvio que no era la única que sabía que era esa caravana, porque los soldados dejaban entrever grandes sonrisas y alguna que otra maldición por las sirvientas que merodeaban el lugar.

Ella estuvo a punto de alejarse un poco más cuando la cristalina risa de alguien que ella conocía muy bien salió detrás de la primera carrosa.

— ¡Lord Witkim!- grito la exuberante morena de largos cabellos ondulados, grandes ojos gatunos de un azul cristalino. Sus ricas ropas holgadas dejaban ver más de lo que estaba moralmente permitido.

Su visión fue hacía Witkim y una muy pálida y enojada Ama.

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Podía haberse cavado una tumba allí misma. Asha, que estaba a su lado luego de un pequeña sesión de manoseos que estaba seguro hubiera acabado en algo más le miraba con tanto rencor en sus ojos que estaba a punto de ahogarse.

La Caravana de Domina Maerys acaba de llegar, y no era extraño, las mujeres solían pasar por allí en el principio del invierno para luego bajar al sur donde las temperaturas eran más agradables.

La mujer con sus grandes atributos se acercó contoneando las caderas mientras él podía escuchar a su Asha siseando cual gato un poco más atrás suyo.

— No enteramos de la penosa circunstancia que os hizo casarte tan apresuradamente. Si nos hubiéramos enterado antes hubiéramos llegado a calmaros un poco.

Él estaba seguro que se estaba poniendo pálido mientras veía a la docena de mujeres más atrás, bajando y sonriendo hacía él. Podía sentir a Asha retorciendo sus dedos, molesta era decir poco.

— ¿Penosas circunstancias?- pregunto sorprendida su esposa, saliendo hacía adelante como una pequeña hada enfurecida. Los grandes ojos de la mujer se abrieron con fuerza- penoso es el hecho de que te sigas creyendo joven, Maerys, cuando las arrugas se están empezando a ver.

— ¡Lady Asha!- soltó la mujer y se llevó las manos a la cara como si de pronto, de hecho, le hubieran aparecido las inexistentes arrugas.- ¡Estas aquí! ¡Y te haz casado con él!- la mujer se llevó las manos a la boca tratando de ocultar una sonrisa juguetona- ¡Que buena elección querida!- comentó moviendo las cejas sugerentemente. Las mujeres más atrás se mostraron asombradas pero agradables sonrisas comenzaron aparecer en sus caras. ¿Su esposa conocía a estas mujeres? ¿Y las trataba relativamente bien? ¿Qué estaba pasando?

— Creo que no fue tan buena- le gruño su esposa mirándole feamente.

— Si tú estas aquí, eso significa que…

— ¡Sir Taillo! ¡Sir Taillo!- gritaron las mujeres detrás.- ¡Con Sir Shayr, mamen, con Sir Shayr!

— ¡Shayr!- grito la mujer con voz estrangulada de felicidad moviendo las manos en expresivos movimientos.

Él pudo ver asombrado como la mujer, dejándolos allí parados cual troncos saltaba efusivamente hacía una estatua licana que bajaba las escaleras. Que lo único que atino a hacer fue a sujetar a la mujer cuando esta se retorcía alrededor de ella cual gato mimoso.

Una imagen de lo más extraña. Y estaba seguro que no era el único que estaba asombrado. La cara de desconcierto de Taillo era digna de ser pintada.

— ¡Suéltalo, Maerys!- grito Asha enojada, acercándose peligrosamente, él tuvo que seguirla. Estaba bien que Asha protegiera a su amiga, pero sus soldados seguían creyendo que la licana era hombre y que su esposa pareciera tan enojada, no le ayudaba en absoluto a él.

— Tú tienes a tu esposo ahora, Lady Asha. Ya no necesitas a mi querido Sir Shayr. ¿Cierto Sir Shayr? ¿Cierto? ¿Te quedaras conmigo esta noche? te necesito tanto- ronroneo pegando su cara el pecho de este.

Los ojos de la licana se movían violentamente de un lado a otro, y de poco y nada que se lograba ver su cuello rojo dejaba más o menos a la vista lo que pasaba debajo de su mascara.

— Suéltalo, mujer- comentó Taillo sin levantar la voz. Su buen amigo cambiando su rostro hacía él con un movimiento de ojos cansado- saldremos a patrullar.- ordeno a la licana que se movió un poco tensamente cuando Maerys le soltó al fin con un mohín molesto.

La mujer luego de hacer algunas muecas hacía Taillo, se cruzo de brazos y volvió su vista hacía él.

— ¿Y?- pregunto luego, el soltó un largo suspiro y miro a su esposa que aun parecía terriblemente enojado con él. La miro un buen rato, hasta que esta se movió incomoda y a regañadientes asintió. Si Asha sabía quienes eran, no quería molestarla más de lo necesario con una decisión equivocada.

— Bien, podéis quedaros.

— ¡Pero no podéis entrar en el castillo!- gruño por lo bajo su esposa.

Maerys sonrió enormemente mostrando sus dientes blancos y luego de giro a sus damas levantando las manos hacía el cielo.

— ¡Sacad el vino, señoritas!

Las risas que siguieron esas palabras no fueron todas de las muchachas.

Y él tuvo que soportar la indiferencia de su esposa todo lo que quedaba de cena.

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Maerys, Maerys… Se llevó una mano debajo de la mascara y se froto los ojos.

La caravana de muchachas era un burdel andante. Bellas mujeres iban y venían en sus despampanantes carros llevando sus servicios de feudos a feudos. Pero además de sus atributos físicos y exóticas enseñanzas, personajes como Maerys llevaban de un lado a otro, sorpresas digna de lo más antiguos hechiceros. La conocía hacía casi diez años, con quince años, Maerys era una pequeña dama que sabía lo que quería y cuando lo quería no había quien le dijera que no. Lo había querido a él desde que era así una niña. Y ciertamente no se había sorprendido cuando supo que era mujer, y no se sorprendió aún más cuando se entero que era un licano. Solo se sorprendió cuando de una extraña forma, supo su pasado a través de sus extrañas artes. Desde ese día, en aquel oscuro carro la mujer vio su pasado y el pasado de su familia. Desde ese día la mujer armaba increíbles escándalos para robarle cuanto tiempo libre tuviera para estar con ella.

Y de una extraña forma, había reafirmado su postura con sus hombres. Porque cuando Maerys quería colocarse obscena, lo hacía muy bien. Aunque ella se muriera de vergüenza.

Metidos en el bosque a oscuras, ya que la luna había sido cubierta por gruesas nubes. Iba detrás del vampiro. Vampiro silencioso que le había estado haciendo la ley del hielo desde que salieron del camino para dirigirse a la frontera… bueno, ella creía que era la frontera, ya que no le había dicho nada –cosa también muy agradable-. Pero por la rapidez con la que llevaban los caballos, era una carrera suicida si ambos no tuvieran sus sentidos tan desarrollados para saber por donde iban. Además por este sector no había granjas ni aldea alguna.

Luego de otras horas a la carrera Taillo comenzó a disminuir su caballo, ella hizo lo mismo y poco a poco entraron en un enorme claro. Una casi ciénaga por el lodoso suelo y el horrible hedor que se extendía varios metros a la redonda.

El vampiro se bajo del caballo y miro hacía el cielo donde algunos pájaros nocturnos alzaron el vuelo. El vampiro solía hacer eso con frecuencia, quedarse mirando la nada hasta que algo sucedía para tomar una decisión.

— Se han visto lobos por la frontera- comentó el sujeto caminando más y más adentro en la ciénaga. Ella se le puso los pelos de punta.

— Las manadas de lobos no deberían subir hasta aquí, si no más bien bajar para el invierno.

— Y eso es lo extraño- el sujeto se dio vuelta y le miro con esos ojos negros que en el rostro pálido eran increíblemente extraños.- ¿Tienes acaso, algún familiar por estas regiones? ¿Alguna pareja? ¿Algún hermano? ¿Alg…?

— ¡No!- gruño sintiendo una punzada en el pecho. El vampiro le miro de lado.

— Sea una manada de lobos o algún extraviado pariente no conocido. Me ayudaras a ahuyentarlo. No acepto a ningún tipo de tú calaña en mis tierras.

Ella estuvo a punto de replicarle un "Y yo", cuando lo sintieron. Hacía el norte un montón de cuervos alzaron el vuelo tan asustados que les pusieron en alerta. No se olía nada en aire y a penas se escuchaban los murmullos de algunos animales.

— ¡Muévete!- ordeno el vampiro y ella se lanzó detrás de él.

Corriendo como dos sombras se metieron al bosque, había un extraño olor en al aire, pero sea lo que sea que había espantado a los cuervos, no se encontraba ya allí. No había huellas ni material de rastreo.

— No hay nada, no se huele nada- comentó ella olisqueando a su alrededor.

El vampiro camino de allá para acá un poco, molesto. Pero no tenían nada que seguir. ¿Qué había sido eso? ¿Algún animal? Podría haber sido, pero debería de haber dejado un mínimo de olor aunque fuera.

Una extraña sensación le subió por la espina.

Se marcharon en silencio, cada uno metido en sus pensamientos.

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Mientras Witkim le abrazaba, acurrucados dentro de la cama. El sueño comenzó a invadirle, hasta que el hombre al fin soltó lo que había estado pensando durante toda la tarde.

— No entiendo… ¿Cómo Maerys y Shayr?- pregunto dejando la pregunta medio en el aire.- además del hecho de que sean ambas mujeres. Yo creí que…

— No me digas que has estado conmigo pensando en ellas dos- le gruño separándose de él y pegándole en las costillas con un manotazo.

— ¡Claro que no!- negó y la abrazo con fuerza mientras ella se debatía "molesta" a su lado.- solo era curiosidad. Solo eso.

— Hum- regaño ella y dejo de moverse mientras el sueño comenzaba a invadirle de nuevo.- Cuando yo era pequeña y comencé a salir al patio del castillo para más que molestar. Shayr ya la conocía desde hace tiempo. No me entere hasta mucho después, cuando bueno… ya sabía a lo que iban. Shayr me dijo que solo dormía dentro del carruaje, que tanto hacen allá adentro no lo sé, pero Maerys es muy buena actriz y de una u otra manera los soldados no se sorprendían.

— ¿La utilizaba para darle algo que oír a sus hombres?- pregunto confundido. Ella se quedo pensando un poco y se imagino, que al fin y al cabo podía contarle algo como ello.

— Shayr mantuvo cierto régimen en sus soldados.

— ¿Régimen?

— Ella realmente se enfurecía mucho cuando uno de los hombres casados visitaba a una de las damas de Maerys o cualquier otra dama que no fuera su esposa. Daba realmente miedo verle, luego de unos años, si uno de mis hombres se le ocurría la brillante idea de serle infiel a su mujer no tenían la boca necesaria para ir jactándose por allí.

— Tus hombres son muy extraños, ¿Ninguno se ha dado cuenta de que es de hecho, una mujer?

— Sandrua lo sabe, es su mejor hombre. Y no necesita a nadie más para que le cubra. Mis hombres le tenían en mucha estima por su capacidad como guerrero y estratega, han sido salvados más de una vez por ella. Cuando uno de mis hombres se marchaba a otro feudo eran recibidos muy bien porque sabían que habían sido entrenados por una excelente comandante. Todos saben eso. Mis hombres realmente no querían verle enojado y por ende le hacían caso en relativamente en todo.

— ¿Quién la entreno, lo sabes? ¿Fue tu padre?

— No. Ella ya sabía todo lo que sabía de combate antes de que llegara con mi padre. Ella aprendió todo lo demás del antiguo comandante que había. Ella y Sandrua fueron entrenados por el mismo para comandar las tierras de Sions.

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El cielo estaba aclarando cuando al fin dejo el caballo en los establos, el vampiro se había perdido ya hacía sus minutos y ella estaba que se caía de sueño.

Medio arrastrándose hacía la bodega donde estaba "viviendo", esperando dormir más de una hora. No alcanzo a socorrer su cuerpo cuando una Maerys demasiado despierta la atrapo a medio camino, llevándola a empujones a su carro.

Demasiado cansada entro en este y busco los cojines donde se hecho sin miramiento alguno. Maerys no dijo nada, le quito las botas y las lanzó aun lado. Se recostó aún lado y le quito la mascara.

— Hay un extraño brillo en tus ojos- murmuro suavemente. Ella sentía que su mente se iba a la deriva aun más cuando la mujer comenzó a pasar sus dedos por su corto cabello.- y un dolor demasiado grande en tu alma.

— Mis hombres deben ser vengado, uno a uno, todos ellos.- le respondió casi a balbuceos.

Antes de caer en las manos de un profundo sueño, la pudo escuchar murmurando una antigua nana que ella conocía muy bien.

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Habían pasado casi una semana desde la incursión con el vampiro. Witkim había enviado a ya varias guardias a cuidar los alrededores y el vampiro no le había obligado a más grandes paseos nocturnos. La seguía sacando como su sabueso, pero eran trechos tolerables.

Ahora mientras apreciaban lo poco o nada del poco sol que había salido en los últimos días, al fin estaban dándole los últimos toques a la fosa y la muralla. Estaba tan adolorida que era difícil decir cual de todos sus músculos era el menos adolorido. Asha y Witkim habían salido hacía dos días al pueblo central. Esa pequeña separación le había tenido con malestares y más nerviosa que nunca, no había estado tan lejos de su ama Asha desde que esta era pequeña. Intentando no desconcentrarse en lo que estaba haciendo respiro profundo mientras escuchaba las risas y grandes muestras de forcejeo de sus hombres. Eran desde luego, algo digno de ver.

Desde la parte más alejada se podía apreciar a las mujeres de Maerys riéndose y alentando a sus soldados de la mejor forma. Como solo ellas sabían hacerlo. Maerys que estaba sentada sobre un barril le hacía avergonzarse de la peor forma. Sandrua, que estaba a su lado solía soltar uno que otro bufido hablado de las injusticias de la vida.

— Dios, tanto desperdicio- refunfuñaba mientras cargaba con ella uno de los sacos de pequeñas piedras que serian llevados a los caminos para rellenar los charcos.

— Deberías intentar convencerla un día de estos. Estoy seguro que por lo menos a mi me harías un favor- le respondió en igual susurros.

— Como si aceptara de buenas a primera.

— Nadie estaba diciendo que fuera fácil.

Fue mientras depositaban el saco y se alejaban para buscar otro cuando el golpe en su pecho le hizo jadear. La vista se le nublo y trastabillo logrando pescarse débilmente del brazo de su amigo quien se giro de inmediato para atraparlo. Las piernas se le debilitaron como si nada. Sandrua le abrazo cayendo al suelo con él.

Mientras sus sentidos se expandían alrededor era incapaz de controlar su cuerpo medio muerto.

Escucho los gritos de sus hombres. A Sandrua hablándole bajito preguntándole lo que le había pasado. Los hombres de Witkim corriendo para saber si alguien le había atacado.

Podía escuchar todo. Oler todo. Sentir todo.

Por un breve momento su lobo tomo su cuerpo y podía escuchar hasta la más mínima respiración, el extracto de lobo en el aire… un lobo que no era suyo. Se desmayo antes de poder hacer algo más.

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Con un rictus serio en la cara dejo la carta quemarse en el pequeño fogón. Así que eso había ocurrido. Nuria realmente había sido asesinado, su feudo rico en comerciantes del este había sido destruido por una caravana de poderosos hombres que habían despojado al pequeño pueblo de todo honor y gloria. Habían sido saqueados hasta las ruinas y Nuria asesinado enclaustrado en el hogar.

Licanos.

Este era el segundo vampiro feudal asesinado en un poco más de una década. La desprotección de sus compatriotas era lo que los ponía en estos aprietos. Los reyes vampiros habían mandado un vampiro por sector. Tres a las costas, dos a las montañas del oeste, dos a las vastos parajes del norte y tres en las rocosas y desiertas tierras del sur. Su misión, cuidado y protección de la tierra y a los humanos que allí vivían. Cada cierto tiempo enviar un informe con toda la información de los terrenos, todo lo que pudieran tomar para en un par de décadas más empezar la inmigración a estas tierras hacía tanto tiempo desconocidas.

Sabía que los tres vampiros feudales del sur ya estaban creando una ciudad protegida. El orgullo de los reyes. Uno de esos vampiros era Cyan Bulstrop, un vampiro de la antigua usanza, se decía que había sido bendecido por un antiguo ente lunar. El sol no le había incinerado en el segundo de haber sido tocado en lo que se dicen muchas ocasiones, y eso, en el mundo de los suyos, era un milagro que solo se les otorgaban a poderes más viejos que ellos mismo. Pero pasando de ello.

Sus señores debían de haberse informado ya del hecho, y estaba seguro que pronto tendría alguna nueva noticia al respecto.

La puerta fue abierta por un agitado Jorking, Witkim lo había dejado allí como senescal que era, pero el humano había estado realmente nervioso al haber dejado marcharse a su señor con su señora y la comitiva.

— ¿Qué ocurre?- preguntó.

— Shayr se ha desmayado.

— ¿Qué le ha ocurrido?- pregunto molesto por la licana. ¿Qué le sucedía ahora?

— Se ha desmayado luego de los últimos toques a la muralla. Sus antiguos hombres no permitieron que nuestro medico se le acercara y la mujer Maerys se lo ha llevado a su carro. Hay tres antiguos hombres custodiando el carro. Sandrua ha dado la orden.

— ¿Y ese tal Sandrua tiene más poder que tú?

— Le he dado una orden directa, he movido a mis hombres para sacarlo pero en el momento en que las cosas se pusieron tensas sus otros hombres se pusieron algo más agresivos. El sujeto dijo que te hablara directamente a ti. Como su… su, señor dieras la orden.

El tal Sandrua obviamente estaba intentando cuidar el género del licano. ¿Desmayo?... aun quedaba un par de noches para la luna llena. Un malestar nada propio se le vino encima.

— Ordénale al tal Sandrua que retire a Shayr de ese carro y lo lleve a la bodega. Aquella mujer, Maerys, ¿Se mueve en las medicaciones?

— No lo sé.

— Si lo es, déjale que se ocupe de él. Si no, trae a Shayr acá y mételo en uno de los cuartos.

Jorking asintió y se alejó.

¿Qué estaría pasando?

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El mercado estaba abarrotado de gente. El olor a pescados, frutas, panes recién horneados y pestilentes humanos era algo que agradecían un poco. Al fin y al cabo, casi habían muerto en su pequeño barco al traspasar los molinos del Mar de plata. Acomodados en hilera, apoyados contra el muro de adobe con los ojos cerrados agradecían los cálidos rayos de sol que se impregnaban en sus cuerpos. Jef a su lado se estiro cual gato y soltó un largo bostezo.

¿Dónde esta Magdam? Se esta demorando un siglo- se quejo mientras todos ellos comenzaban a estirarse un poco.

Los pedidos no son exactamente transacciones de comida, Jef- le respondió Mia, una chica dos años mayor que ella. Hermosa como pocas y una mirada petrificadora.

Los humanos le miraban asustados y se alejaban a paso apresurados cuando les veían allí. Y era con razón. Sus vestimentas de cuero estaban mucho más apegadas que la ropa de los comerciantes y transeúntes normales, llevaban todos armas a simple visto, los dos chicos mayores estaban claramente tonificados por largas horas de entrenamiento. Y si alguien había escuchado de ellos, las runas en sus rostros, era suficiente para darles alerta de su profesión.

Me muero de hambre- comentó Brek, el más pequeño, pequeño y silencioso dejaba mudos hasta a los más grandes. A penas si un año menor que ella. Mia le revolvió el cabello y se alejó a uno de los puestos donde una temerosa mujer le vendió una larga vara de pan. Al llegar a su lado repartió un pedazo para cada uno de ellos.

Gracias mamá- se burlo Jef aceptando el pedazo que la chica le tendió.

Mientras comían en silencio, Jef y Miat, un chico de la misma edad del primero bromeaban entre si. Fue un latigazo de malestar que los arraso a todos. Jef y Mia saltaron hacía adelante, Miat los agarro a ambos y los puso detrás de él contra la muralla.

Todos olisquearon el aire. Se sentía en la piel, en sus seres notando la ebullición de adrenalina y peligro. No había nada en el aire, nada que los acechara. Unos breves segundos después la sensación desapareció.

¿Qué fue eso?- pregunto ella saliendo detrás de la protección de Miat.- ¡Y no vuelvas hacerlo!- se quejo mientras el chico le revolvía el cabello.

No lo sé, pero fue jodido.- comentó Jef y se acercó a Mia con quien repartieron algunas miradas que ella no entendió. No entendió en aquel momento.

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Mientras depositaba un paño frio contra la cara de la licana que se movía en inquieta en el jergón podía sentir en su aura que la pesadez era algo más que físico, era de su mente…. recuerdos. La licana no tenía heridas, ni estaba enferma, ni un envenenamiento. Su lobo era el que estaba enfermo. Se leía una sensación de ahogamiento, de miedo, de tristeza y desolación a su alrededor.

Todo lo que había aprendido a través de su vida y recorrido, es que los licanos vivían y siempre vivirían en comunidad, la separación del lobo con sus compatriotas iba destrozándolo lentamente y Shayr había estado demasiado tiempo sin sus compañeros. Y a veces, ese tipo de cosas eran de pagar.

Tocaron la puerta y por allí entro Sandrua.

— Es mejor que le pongas la mascara- anunció mientras depositaba algunas mantas cerca- Lady Asha y Lord Witkim vienen en camino. Y los Dioses son testigos que Lady Asha no le gusta que pase esto en las cercanías sin estar llega presente.

— ¿Lo ha pasado con anterioridad?- pregunta asombrada.

— Cada pocos meses. Esta vez me tomo un poco desprevenido porque suele vérsele desde días anteriores. Pero creo que el no verle la cara como lo hacía más seguido antes nos ha tomado por sorpresa.

— ¿Hace cuanto lo sufre?- pregunto sorprendida.

— Desde que la conozco… y de eso, casi quince años.

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Están en una pequeña casa a las afueras del pueblo. Están comiendo alrededor de una pequeña mesa, sentados en el suelo. Jef y Mia servían un caldo de pollo silvestre. Magdam, su tutor en estas tierras esta taciturno, desde que había entrado en aquel extraño edificio aun lado del mercado no les había mirado a ninguno a la cara. Mientras caminaban hacía las afueras del pueblo lo había visto mirándole por lo bajo. Y eso le tenía muy nerviosa.

He conseguido el primer contrato- anunció de pronto sacando de un pequeño bolso, un pergamino enrollado.

Todos ellos se tensaron con miradas fijadas en aquel pedazo de papel. El corazón se les desboco mientras se miraban los unos a los otros, cada uno más emocionado que el otro.

¿Nuestra primera misión?- pregunto Jef con los ojos luminosos.

Sí- Magdam que se veía como un hombre cansado y adolorido, deposito el pergamino frente a sus ojos.

Ella casi se le va el alma ante ello, porque significaba que ella estaría a cargo del equipo.

¿Yo?- preguntó ilusionada tomando el pergamino.

Es personal, Shayr- susurra el hombre en el silencio de la habitación. Ella abre los ojos de golpe. Hay una mirada tensa y preocupada en los ojos de Magdam, hay algo que le pone la piel de punta y su lobo se eriza. Algo no va bien. Debería haberlo sabido… debería.

¿Pero no debíamos comenzar en grupo…?

Tienes 13 años, Shayr. Y estas capacitada- le cortó el hombre parándose de golpe.- te irás mañana al amanecer. El mapa esta allí. Que ninguno de los demás se meta. Descansen. Nosotros viajaremos al sur cuando el sol de ponga.

Y desapareció.

Estarás bien, Shayr- le susurró Miat con una sonrisa tranquila.- eres la mejor.

Descansa- le ordeno Jef y llevó su jergón aun lado del fuego.- te lo mereces, chica.

Esa fue la última noche que estuvo con sus hermanos. La ultima de todo lo que podía haber llamado vida.

Nunca los volvió a ver, tiempo después había sido informada que Magdam estaba muero, que Jef y Mia lo habían asesinado cuando el sujeto había querido hacer lo mismo con Brek. Y Jef los cuidaba en las ciudades del norte. Creyendo que ella estaba muerta… así era mejor.

.

La mujer se movía nerviosamente en la bodega. Su esposo más atrás, con un aire cansado y un mohín molesto en la cara.

— Dios debí haber sabido esto mucho antes- se quejaba mientras se movía de un lado a otro. Maerys le miraba con una ceja alzada mientras depositaba paños fríos en su cuello y frente.

— Ya sabemos que esto es frecuente- opino Witkim.- ¿Por qué no dejáis que descanse?

— No lo entiendes- le gruño Asha.

— Claro que no lo entiendo, para mi solo es una fiebre muy alta.

Los presentes ni siquiera se dignaron a mirarle.

— Hay que preparar un par de brebajes.

— Ya le di algunos- le respondió Maerys.

— Otros, y necesito que lo llevemos adentro. A una de las habitaciones libres- se giro hacía su esposo quien de brazos cruzados estaba mirándole claramente enojado

— Es una decisión que Taillo tomara.

— Pero…- soltó Asha enojada y levantado las manos- Este frio le hará mal.

— Taillo, Asha y no diré nada más al respecto.- y soltando ello se marcho dejando a la muchacha sumamente enojada.

En aquel momento el cuerpo de Shayr se convulsiono, se llevó una de sus muñecas a la boca donde se mordió con fuerza, Sandrua saltó en su dirección agarrándole ambas muñecas con fuerza situación que empeoro en sus gimoteos y convulsiones.

— Soy yo, Shayr, soy yo, Sandrua- susurraba el hombre con la voz estrangulada mientras esta soltaba pequeños gemidos ahogados.- soy yo… tu amigo… no te hare daño.

Asha se llevó las manos a los ojos donde las lágrimas comenzaban a caer, horrorizada como cada vez que veía a su amiga era atormentada por los recuerdos. Maerys asombrada podía entender a que se debía aquello.

— Shayr soy yo… Sandrua… San… no te hare daño.

Un ruidito cual siseo les puso a los tres sobre aviso. Taillo estaba en la puerta con los ojos negros clavados en el cuerpo retorcido de la licana. Asha saltó delante de este, con tal fiero determinación que el sujeto le miro unos segundos.

Había tan poco humanos que podían hacerle frente. Y esta pequeña mocosa obviamente no sabía lo que hacía.

— No le harás daño- susurró. Witkim venía detrás, al ver a su pequeña esposa enfrentándose al vampiro casi se le fue el alma. Taillo se acercó a esta tan lentamente y de manera tan provocadoramente asesina. Que el aire denso de la habitación pudo haberse cortado con un cuchillo.

— Eres una humana tan insignificante- le siseo solo a ella. Esta se envaro aún más, mirándole con odio.

— Taillo- soltó Witkim con voz firme. El vampiro se giro al humano y luego emitiendo lo más parecido a un gruñido gutural, se enderezo en todo su porte.

— Llevadla adentro. Tú- le ordeno a Sandrua que aún agarraba las muñecas de la licana- si sabes lo que es, estarás encargado de controlarla…- el sujeto levanto la mirada hacía arriba, como si pudiera ver a través de las vigas de la bodega.- la luna llena será dentro de pocos días.- se giro hacía Asha que le miraba enfurecida- esperemos que se controle… o, ya no habrá licana viva por aquí.

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A sus trece años había recibido su primera misión.

A sus trece años Magdam la había vendido para comprar un salvo ducto para él y sus hermanos.

A sus trece años había sido vendida a un vampiro.


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