¡Sorpresa! Después de más de un año aquí vuelvo otra vez. Siento muchísimo haber dejado de lado la otra historia, pero fui atrasándola y atrasándola hasta que se quedó en un cajón cogiendo polvo, metafóricamente, claro.
Gracias por todo el cariño a este proyecto.
Disclaimer: Todo lo reconocible de Harry Potter es de JotaKá.
Dedicado a Duhkha, porque este fic sigue siendo para ella, y a Yulz, porque lleva meses acosándome por la historia.
Resumen rápido del capítulo anterior: Ron y Pansy tienen una discusión mientras Harry no está, y Weasley abandona el lugar cuando vuelve Harry y se ve ignorado por ambos. Harry y Pansy se quedan a trabajar hasta la madrugada. Draco y Hermione discuten por un malentendido.
Capítulo 9.
Harry aguantó la risa cuando se giró y vio a Pansy dormida sobre sus brazos. Había una taza de café vacía a su lado y varios papeles debajo de su cabeza, habían pasado casi cuatro horas desde que Ron se había ido así que era normal que estuviesen tan agotados. Sobretodo ella.
Se levantó tratando de hacer el mínimo ruido posible y comenzó a recoger los documentos y bocetos que habían mirado y hecho a lo largo de esas horas. Se colocó su chaqueta y cogió su maletín y el de Pansy antes de dirigirse hacia ella y mover suavemente su hombro derecho, tratando de despertarla.
A lo largo de esos días Harry se había vuelto a hacer una imagen sobre Pansy Parkinson, y no podía evitar notar la gran diferencia que existía entre la chica que conoció años atrás a la que estaba durmiendo en una silla frente a él. Sin duda Pansy tenía un carácter bastante fuerte y sabía cómo dejar a las personas en su sitio. Era profesional, educada, astuta y mordaz. Y también muy atractiva, no podía negarlo.
Suspiró y volvió a sacudir un poco su cuerpo, sonriendo afablemente cuando la vio levantar la cabeza y pestañear lentamente, perdida por culpa del sueño. Pansy se estiró y miró a su alrededor, sintiendo como enrojecía levemente al ver a Harry mirándola de forma comprensiva a su lado.
«Mierda, me dormí», pensó y sonrió avergonzada.
—Lo siento —murmuró.
—No importa, solo han sido unos minutos. Necesitabas descansar. —Pansy abrió la boca para replicar pero él negó con la cabeza—. Ya recogí, será mejor que nos vayamos a descansar y mañana seguimos, ¿vale?
Pansy suspiró antes de levantarse y arreglarse un poco la ropa. Agradeció a Harry cuando le señaló donde había dejado su abrigo y tras colocárselo salieron de la sala. Todo estaba en completo silencio mientras ellos caminaban por los pasillos del Ministerio.
—Ha sido un día productivo —dijo Pansy, tratando de romper la incómoda atmósfera.
—Sí, la verdad es que sí —concedió él con una sonrisa—. Creo que hacemos un buen equipo, al paso en que vamos creo que podríamos tenerlo todo planeado para dentro de tres semanas. Nos deja un buen margen para comenzar a trabajar.
—Y para arreglar los posibles problemas que surjan —añadió ella y Harry asintió—. La verdad es que tengo un gran proyecto en mente, pero todo debe discutirse.
—Seguro que es increíble —dijo Harry al momento—, viendo la imaginación que tienes y tu empeño estoy seguro que este será el mejor año de todos.
Pansy sonrió. Le sorprendía que Potter la estuviese halagando de esa manera sin que le saliese un sarpullido. Se notaba que siete años hacían mella en cualquiera y le alegraba ver que su principal compañero en el proyecto tenía confianza en ella, en sus ideas y su capacidad de trabajo. Mucho tenía ya con soportar a Weasley, así que tener una buena relación laboral con Potter era un alivio.
—Mierda. —La voz de Harry la sacó de sus pensamientos y la obligó a mirar hacia el frente, fijándose en la puerta cerrada frente a ellos.
—¿Qué…?
—La sala del canal Flu está cerrada —le informó y ella suspiró—. Tendremos que salir al estilo antiguo.
—No pienso meterme en un retrete —terció ella al instante y Harry se echó a reír.
—Yo hablaba de ir a pie hasta nuestras casas, pero si tú quieres ir por el retrete no te lo voy a impedir.
Pansy se echó a reír y susurró un «idiota» mientras veía a Potter carcajearse. Mantuvieron una charla amena mientras se dirigían a la entrada del Ministerio, cuando llegaron se despidieron para ir cada uno a su casa, pero para su sorpresa ambos tenían que seguir el mismo camino, lo que los hizo reír algo avergonzados.
—¿Qué pasa, Potter? ¿No me estarás siguiendo, verdad?
Él sonrió y miró a Pansy con una ceja arqueada antes de responder:
—Ya quisieras tú, Parkinson. —Ella se rió—. Aunque teniendo en cuenta que yo llevo viviendo aquí años y tú acabas de llegar tiene sentido que seas tú la que me persigue.
—Me has descubierto —dijo y levantó las manos—. Volví a Londres y busqué una casa cerca de la tuya para poder mandar a mi perro a cagarte el jardín.
—Así que las cacas esas son tuyas —comentó él fingiendo una sorpresa casi dramática—. Sabía que tenía que haber una mente malvada detrás de todas esas sorpresas apestosas.
Pansy se echó a reír y cuando miró a su alrededor se fijó en que estaban a pocos minutos de su barrio residencial. Miró a Potter con una ceja arqueada y llamó su atención con un pequeño golpe en el hombro.
—¿Estás seguro de que tu casa es por aquí, Potter?
—Bastante, ¿lo estás tú, Parkinson?
—Ahora lo comprobarás.
Siguieron caminando, bromeando con la misma frecuencia con la que bostezaban. La luna estaba en lo más alto del cielo, pero aun así se podían ver coches deambulando por las calles y algunas luces encendidas en las casas. Pansy se paró al ver que Harry se paraba en un cruce y se quedaba mirando hacia su dirección.
—Me camino se desvía aquí, Pansy. —La chica se quedó en blanco al escuchar su nombre pero luego sonrió.
—Buenas noches, Harry.
Fue raro decirlo y ambos sintieron que todo se volvía un poco incómodo, pero no dijeron nada y tras una leve inclinación el hombre cruzó y se alejó en dirección a un bloque de apartamentos. Pansy siguió su camino a los pocos segundos y pronto llegó a su casa. Abrió la puerta y bostezó a medida que se iba quitando los zapatos y la chaqueta.
Subió las escaleras en silencio y entró en la habitación de Rose. Suspiró feliz al ver a su hija durmiendo tranquilamente sobre la cama, después de tantas horas separadas solo quería meterse en la cama con ella y dormir con Rose entre sus brazos, pero se contuvo y, tras darle un beso en la frente y acomodar las mantas sobre su cuerpo, salió del cuarto.
Tras una ducha rápida y ponerse el pijama se quedó profundamente dormida.
En esa ocasión ella dejó a Rose en la escuela. Ya que había trabajado hasta tarde el día anterior había recibido una lechuza de Harry y le decía que podía incorporarse más tarde, así que aprovechó para pasar un poco de tiempo con la niña y acompañarla a la escuela junto a Draco. Pansy podía notar que su amigo estaba de mal humor, pero como tarde o temprano él se lo contaría no lo presionó.
Y fue en el momento en el que vieron desaparecer a Rose por las puertas del colegio con sus amigas que Draco comenzó a hablar, su tono completamente frío y las palabras desprendiendo veneno en cada letra.
—Granger es una persona poco profesional e infantil —dijo con resentimiento—. Una niñata que se ofende hasta por respirar el mismo aire que ella.
—Draco, pasa del rollo —terció ella con tranquilidad—. No te cabrees, ignórala y piensa que cuanto antes terminéis con ese caso, antes podrás dedicarte a otras cosas que no requerirán que trabajes con ella.
—Es imposible ignorarla —replicó él—. Su ego es tan grande que no te deja espacio para respirar.
Pansy puso los ojos en blanco y rodeó el brazo de Draco con los suyos, apoyándose en su hombro mientras caminaban para ir a desayunar. El hombre siguió quejándose por lo bajo y Pansy rió ante el cabreo casi infantil que el rubio tenía.
—Bueno, pasando del tema de esa mujer —dijo él y Parkinson arqueó una ceja—. ¿Qué tal ayer con Potter y Weasley? Pareces de buen humor así que supongo que no fueron unos imbéciles.
—Weasley no estuvo trabajando con nosotros —comentó con simpleza—, se largó a cenar y yo me quedé sola con Potter.
—¿Y…? Espero que haya dejado de ser tan idiota como en el colegio.
—Ninguno de nosotros era muy madura y listo en el colegio, Draco —repuso ella—. Pero sí, ha dejado de ser un imbécil. Hubo un momento en el que le dio por hacerme un interrogatorio un poco raro, pero de resto estuvo bastante bien. —Tragó saliva y miró a Draco algo insegura—. Es una persona bastante… ¿Amigable? No sé cómo decirlo. Pensé que tendríamos problemas pero estuvimos bromeando y hablando. Incluso caminamos juntos a casa cuando terminamos de trabajar. Vive cerca de mi calle.
—Genial —dijo él, pero el tono irónico se notaba a leguas y Pansy solo pudo rodar los ojos con hastío—. Ahora me dirás que sois mejores amigos y me dejarás de lado.
—Tú eres mi único mejor amigo, cielo —indicó ella con una sonrisa—. Lo de Potter es puntual, es mejor llevarse bien que mal para poder trabajar. Siete años cambian a cualquiera, Draco.
—No, a Granger no —replicó—. Ella sigue siendo un dolor de cabeza constante.
—¿Sabes por qué os lleváis tan mal? —Draco hizo un gesto interesado—. Porque en el fondo sois iguales. Igual de orgullosos, igual de prepotentes, igual de inteligentes, igual de ambiciosos…
—La facilidad con la que me ofendes es incluso más ofensiva que la ofensa en sí —dijo él y Pansy se quedó mirándolo, perdida ante la oración que acababa de soltar.
—¿Qué? —terminó preguntando y él soltó una carcajada.
—Que te quiero.
Pansy negó con la cabeza y también se echó a reír.
Cuando Pansy llegó al trabajo lo último que se esperó era encontrar a Ronald Weasley sentado en una de las sillas de la sala del proyecto. Miró a su alrededor en busca de Potter u otra persona pero no encontró a nadie y eso la puso algo nerviosa, lo último que quería hacer en ese momento era tratar con Ronald y sus gilipolleces.
—Buenas tardes —saludó y él se limitó a mirarla.
—Hola, Pansy.
Ella no dijo nada más y dejó su abrigo y su maletín sobre el respaldo de una de las sillas. Se subió las mangas de su camisa y fue hasta los documentos que había trabajado el día anterior con Harry, esperando que Ron decidiese ignorar su presencia de la misma forma que ella lo estaba haciendo. Pero la suerte no le era propicia y escuchó sus pasos detrás de ella durante unos segundos antes de sentir a alguien a su espalda.
—Creo que tenemos que hablar.
—¿De trabajo? Pues sí —dijo ella y se giró para encararle—, si no vas a hacer nada puedes irte. Nadie te reclamará nada.
—Sabes a qué me refiero.
—Lo siento, Weasley, pero creo que la única cuestión que podemos tratar tú y yo es laboral —replicó y él pareció cabreado con su respuesta.
—No finjas que no sabes de qué hablo, Pansy. —Ella arqueó una ceja—. No me gusta que te lleves tan bien con Harry.
—¿Disculpa? No sabía que estaba prohibido tener una buena relación de trabajo con tus compañeros —dijo y sonrió con falsedad—. Tomaré nota, luego la trituraré por error y fingiré que me importa tu opinión, ¿te parece bien?
—A mi no me hables así —gruñó él y la acorraló contra una pared—. No te quiero cerca de Harry más allá de lo laboral, ¿entendido? No podéis ser amigos, no podéis hablar de vuestras vidas y no podéis hacer horas extras ustedes solos.
Pansy lo empujó y lo miró con una mueca de asco. Sentir ese cuerpo cerca del suyo solo le había producido náuseas y las palabras del hombre habían arruinado su buen humor mañanero, por lo que no dudó en sacar la varita, apuntarlo y mirarlo con desdén.
—No me toques —empezó—. Tampoco me des órdenes, ni me digas con quién me puedo llevar o no. No eres nadie para prohibirme hacer algo. —Lo miró de arriba abajo con desprecio—. Y vuelve a acercarte a mí y no dudaré en deformarte el rostro hasta que ni tú puedas reconocerte en el espejo, ¿entendido?
Ron iba a replicar a sus palabras, pero la puerta abriéndose llamó la atención de los dos y Pansy no tardó en guardar la varita y alejarse del hombre. Harry entró a la sala con dos cafés en la mano y el maletín en la otra, el recién llegado pasó su mirada de Ron a Pansy varias veces antes de dejar que la puerta se cerrase detrás de él y decidir hablar.
—¿Ocurre algo?
—Todo perfecto —contestó Pansy antes de que el otro pudiese decir algo y tomó asiento.
Harry decidió no preguntar nada más y se acercó hasta donde estaba la mujer, le tendió uno de los cafés que Pansy aceptó con un suave «gracias» y una sonrisa dulce. Ron tomó asiento delante de ella y Potter al lado de la mujer.
—¿No hay café para mí, Harry? —preguntó Ron y el tono que había utilizado no se comparaba con el que había empleado con Pansy.
—No sabía que ibas a venir, Ron —se excusó pero el pelirrojo negó con la cabeza.
—No importa.
Todo quedó en silencio durante unos cuantos minutos antes de que Harry, inconsciente de la tensión entre ella y Ron decidiese hablar otra vez:
—¿Empezamos?
Pansy suspiró y asintió. Le esperaban unas largas horas.
¿Qué os ha parecido? ¿Me merezco un review?
El prólogo y el capítulo uno han sido editados recientemente.
Espero que podáis perdonar la tardanza y que sigáis apoyando esta historia :)
Besos y abrazos,
AliciaBlackM.
