Tabú
Emma y Regina se quedaron una frente a la otra, sin decir una palabra, antes de que Emma rompiera el silencio y desviase la mirada.
«¿Cómo…cómo podría haberlo hecho…?» suspiró ella
«Bueno…Posee magia blanca, la más pura y poderosa que existe»
«Pero usted dijo que yo no era aún capaz de servirme de ella convenientemente. ¿Cómo podría haber hecho una cosa tan impensado como traer un muerto a la vida, sin ni siquiera saber cómo»
«No lo sé…Pero sé quién podría responder a esa pregunta»
«¿Rumpel? Pero pensaba que ya no quería decirle…»
«Porque pensaba que él estaba mentido en el ajo, pero, cuánto más avanzamos, más creo que…»
«…que he sido yo»
«No sé cómo, ni por qué, pero ciertamente Rumpel nos dará respuestas»
«Entonces, ¿se lo vamos a decir?»
«Tengo miedo»
«Si no me cree, me va a tomar por una loca»
«No más que de costumbre»
«¡Hey! ¿Eso qué quieres decir?»
«Emma…Tenemos que hablar» dijo más seriamente Regina «Me gustaría que aclarásemos algo»
«Lo sé, yo…»
«La voluntad»
«…»
«El ingrediente principal es la voluntad. Ha dicho que no hay suplicio más duro que ver a nuestros muertos para tener que separarnos una vez más o darnos cuenta de que los echamos de menos…Emma, esto pudo haber sido inconsciente, pero…creo que ha sido usted quien me ha hecho volver»
«Pero, ¿cómo…?»
«¿No tiene una pequeña idea, aunque sea mínima?»
Emma entonces desvió la mirada y cerró brevemente los ojos
«Estoy cansada, Regina, me gustaría dormir»
«Emma…»
«Mañana. Mañana lo veré todo más claro»
Sin una palabra más, Emma atravesó a Regina, provocándole un ligero estremecimiento, y se acostó ante una Regina impotente y silenciosa. Y cuando la bella rubia apagó la lamparita de la mesilla de noche, Regina suspiró y desapareció.
Emma había mentido…no estaba cansada, al menos no con ese cansancio que hacía querer irse a la cama. Estaba sencillamente extenuada por los acontecimientos de los últimos días. Demasiada información, demasiadas emociones…
Simplemente ya no podía soportar más la presencia de Regina. Todo se había vuelto muy complicado de gestionar, de vivir. Ella que pensaba que su muerte sería difícil de llevar, al final, parece que es su presencia lo más complicado de llevar.
¿La habría realmente ella traído de entre los muertos solo con su voluntad? Evidentemente, lamentaba más que nadie la muerte de Regina, por supuesto estaba triste y enfadada con esa desaparición, y claramente habría dado todo para que no muriera…
Pero creer que era capaz de utilizar un hechizo que iba en contra de las leyes de la magia…¿Cómo?
Dio vueltas en la cama, esperando que todo fuese un mal sueño, que al despertarse la casa estuviera vacía, y solo se encontrara a Henry con la cabeza metida en sus cereales, y la triste expresión de esta última semana. Iría a saludar a sus padres, que aún estarían melosos con su pequeño príncipe. Se vería de nuevo asediada por los asaltos romántico-arriesgados de Hook y regresaría al trabajo de sheriff, trabajo altamente motivador…
Sí, ella volvería a esa vida…Una vida sin Regina. La cuestión…¿Realmente lo quería? Pensando en Regina, una multitud de preguntas se mezclaban.
«¿Regina? ¡Regina!» gritó un poco más fuerte Emma, entonces se enderezó y giró la cabeza en la oscuridad buscando una presencia, pero nada. «Regina, ¿está ahí?»
Pero nada aún…¿Dónde podría haberse metido la joven? Es más, ¿qué hacía ella por las noches cuando todos dormían cómodamente en sus camas?
«¿Sí?» Emma se sobresaltó, sacada de sus pensamientos por la voz de Regina que acababa de aparecer en mitad de la habitación «¿Qué ocurre?»
«Yo…nada…yo…»
«¿Emma?»
«¿Dónde estaba?»
«¿Perdón?»
«Cuando dormimos, ¿qué hace usted? ¿A dónde va?»
«¿Por qué esta inquisición de repente? ¿Pensaba que estaba cansada?»
«Sí, pero…no lo sé, eso me rondaba por la cabeza…»
Regina se acercó y se sentó tan cerca de Emma que esta distinguió sus brillantes pupilas. Emma tragó en seco y se sentó cruzando las piernas.
«¿La verdadera razón?»
Emma entonces bajó la mirada.
«Yo…necesitaba verla»
«¿Por qué?»
«Porque estaba pensando en lo que Rumpel me dijo, en la posibilidad de que fuera yo…en las razones que me habrían empujado a hacer eso…»
«¿Cuáles serían esas razones?»
Emma se quedó estática.
«¿Las razones? Es…evidente, ¿no? La tristeza, la injusticia. No debería morir, no así, dejando a Henry, dejándonos a todos. Se supone que soy la Salvadora, la que trae los finales felices a todos, entonces ¿por qué he fracasado con usted? ¿Por qué ha tenido que morir para que los otros sean felices? ¿Entonces esa es la regla: los malvados son castigados, los buenos ganan? ¿Si yo soy feliz, usted no puede serlo, y a la inversa?»
«…»
«Así que sí, quizás haya deseado volver a verla, haya deseado que no hubiese encontrado la muerte en ese granero…Pero de ahí a traerla en carne y hueso, en fin, al menos…su espíritu…»
«Lo sé, ni yo misma lo entiendo. Mañana lo aclararemos»
«Sí, mañana…¿Regina?»
«¿Sí?»
«Si no tiene nada que hacer, ¿querría…quedarse aquí? Quiero decir…no en esta habitación…Pero, aquí»
La bella morena se quedó en silencio algunos segundos antes de esbozar una ligera sonrisa cuyo significado se le escapó a Emma
«Entendido. Voy a la habitación de invitados» dijo ella levantándose «Buenas noches» dijo antes de evaporarse en el aire, dejando a Emma dubitativa.
Algunos minutos más tarde, Emma se levantó y se dirigió a la susodicha habitación tocando antes de entrar.
«¿No duerme?» dijo ella al ver a Regina medio acostada en la cama
«No»
«¿No puede?»
«No tengo la sensación de sueño»
«Es…extraño verla así»
«¿La ayudaría si cierro los ojos?»
«Muy divertida. ¿Querría venir…a mi, en fin, su habitación?»
Regina entonces la miró, incrédula
«¿Disculpe? ¿Me está proponiendo pasar la noche con usted en la misma habitación?» ironizó ella
«Sí, en fin…Haga lo que quiera. Podemos pasar una noche en blanco charlando»
«¿Cree que puede aguantar mucho tiempo así?»
«Nunca se sabe, mañana, con la ayuda de Rumpel, quizás se haya ido…»
«Quizás sí»
«Tengo sueño, ¿sabe?...¿Va a quedarse ahí mirándome?»
Sin responder, Regina se volatilizó y reapareció en la cama, en su habitación. Emma se unió a ella.
«Cerraré los ojos»
Emma sonrió y se acostó a su vez. Sin decir nada, se durmió dulcemente, mientras Regina, esperó pacientemente, con los ojos cerrados. A veces los abría al escuchar ruidos exteriores, a veces simplemente divertida por los discretos ronquidos de Emma.
Se giró hacia ella y la observó: ella escondía bien su juego y mentía hábilmente. Porque si Emma realmente había deseado su regreso, Regina, por su parte, secretamente había deseado permanecer junto a ellos.
Por la mañana temprano, cuando Emma abrió los ojos, se sintió ligeramente desilusionada al no ver a Regina a su lado. ¿Qué se esperaba?
Se estiró, tomó una ducha, se vistió y bajó a la cocina, no sin antes haber echado un vistazo en la habitación de Henry. Este aún dormía con un pesado sueño.
Cuando entró en la cocina, se encontró a Regina, derecha como un palo delante de una sartén.
«¿Qué está haciendo?»
«Hace más de tres horas que intentó agarrar esta sartén»
«Vaya…ya veo, su vida es apasionante» dijo divertida Emma
«Estoy muerta, mi vida se ha quedado atrás»
Emma, entonces, se quedó observando la sartén y la mano de Regina a algunos centímetros del mango. La bella morena entonces se concentró intensamente, Emma no se atrevía a pronunciar una palabra, después acercó su mano a la sartén. Emma creyó escuchar algunos murmullos de Regina, como palabras de ánimo que se daba a sí misma. Y cuando su mano rozaba el mango…
«¿Mamá? ¿Qué haces?»
Las dos jóvenes se sobresaltaron y se giraron a la vez hacia la entrada de la cocina donde estaba un Henry visiblemente aún adormilado.
«¿Q…qué?»
«¿Qué haces delante de la sartén? La miras como si esperases que ella sola hiciera las tortitas»
Dándose cuenta de lo absurdo de la escena que Henry estaba viendo, Emma sonrió.
«Sí, tienes razón. Ella se las apañaría mejor que yo, ¿no crees?»
Henry se encogió de hombros y se sentó en la barra esperando que Emma le sirviera. Esta última intercambió una discreta mirada con Regina, después se puso a preparar el desayuno, todo bajo la mirada atenta de Regina.
Cuando Henry hubo acabado, se levantó de la silla.
«Hey, te llevo a clase, si quieres»
«Gracias, pero no, prefiero coger el autobús» sin decir nada más, desapareció en la planta de arriba.
«Está cada vez más taciturno» dijo Regina
«Sí…se le pasará…» Regina dejó escapar un pequeña exclamación sarcástica de sus labios «¿Qué?»
«Usted y su juvenil optimismo…Es tan crédulo como empalagoso…Es de familia, ¿no?»
«Quizás. Tampoco está obligada a ver todo en blanco y negro»
«Yo estoy muerta, lejos de mi hijo al que veo marchitarse…¿Cómo podría ser optimista?»
«Bueno…no se ha ido por entero…»
«No juegue con las palabras, Miss Swan»
«Es insoportable, ¿lo sabe?»
«¿Yo, insoportable? Creo que no tenemos la misma definición de esa palabra, me temo»
«No se enfade…»
«¡No me enfado!» comenzó a irritarse Regina «¡Es usted, siempre es usted quien me saca de mis casillas!»
«¡Esa es la excusa más fácil para justificar su mal carácter!» ironizó Emma
«¿Mi qué?»
«Me ha escuchado muy bien: usted es algo…en fin, ya sabe»
«No, realmente no, acláremelo, usted que parece conocerme tan bien» se irritó la bella morena
«Bien, usted era…es estricta y estrecha»
«A eso se le llama comportarse y tener educación. De lo que usted parece carecer estrepitosamente»
«Está agresiva y a la defensiva, eso a menudo esconde una cierta verdad»
«¿Qué verdad?» gruñó Regina
«Que es un poco bloqueada…Poco importa su educación, está constantemente frenada por una conducta border line, la prueba, fue a lanzarse a la boca del lobo sin pedir ayuda…Usted…¡es una egoísta!»
Sintiendo la cólera apoderarse de ella, Regina dio un paso hacia Emma
«¿Cómo se atreve…? ¡Los salvé a todos dejando mi vida en ello!»
«¡No tendría que haberlo hecho si hubiese pedido ayuda!»
«¿Qué ayuda? ¿La suya? ¡Era tan inútil como una brizna de hierba!»
«Mejor ser una brizna de hierba que un manojo de ortigas, ¿no?»
Fue suficiente para Regina que amenazó a la bella rubia con una mirada oscura. La cólera mezclada con la incertidumbre hizo tambalearse la calma que habitualmente enarbolaba la joven. Resopló, hinchando sus fosas nasales de rabia y en un gesto incontrolado movió su mano que chocó en la sartén y la hizo caer al suelo provocando un estruendo metálico.
De repente, la cólera dio paso a la estupefacción y la sorpresa. Las dos miraron, asombradas, la sartén en el suelo.
«Regina, usted…ha…la sartén, ella…»
«…se ha movido. La he tocado» concluyó Regina en un susurró «¿Cómo…?» dijo tocándose la mano
«Hey, ¿qué ha pasado?» dijo Henry que, al escuchar el ruido, había bajado rápidamente «¿Estás bien? ¿Mamá?»
A Emma le costó desviar su mirada de la sartén antes de dirigirla a su hijo.
«Oh, euh…Se me…ha caído la sartén, todavía estaba caliente»
Henry frunció el ceño, pero no indagó más, cogió su mochila y se la puso en el hombro.
«Me voy. Hasta la tarde»
«Espera, ¡no te he hecho nada para el almuerzo!»
«Comeré en el cole» dijo él agitando un billete de 10 dólares antes de dejar la casa.
Un ligero silencio se instaló antes de que Emma lo rompiera.
«¿Cómo lo ha hecho?»
«Yo…no lo sé» dijo Regina arrodillándose ante la sartén. Y cuando fue a recogerla, su mano la atravesó. Entonces se quedó parada «Pero…» volvió a intentarlo, pero otra vez su mano la atravesó de parte a parte «No comprendo»
«Quizás es que…»
«¿Que qué?»
«Que lo piensa demasiado»
«¿Cómo?» dijo Regina un poco molesta
«No ha pensado en tocar la sartén, no estaba concentrada en ello»
«Así que, si la entiendo bien, y Dios sabe que me cuesta en este momento, ¿he logrado tocar la sartén porque no estaba focalizando mi atención en ella?»
«Sí»
Regina reflexionó durante unos segundos y frunció el ceño antes de levantarse.
«Da igual. Tenemos que ir a ver a Rumpel»
«Estoy lista»
«Habrá que ser astutas»
«¿Por qué?»
«No revelarle mi presencia enseguida»
«¿Cómo quiere que le explique la situación si no debo decirle su situación ni pronunciar su nombre? ¡Es peor que el Tabú!»
«¿El qué?»
«Olvídelo. Vamos»
«¿Estamos de acuerdo?»
«Usted se ha puesto de acuerdo sola» gruñó Emma «Yo tengo que aceptarlo»
«No sea cínica»
«No soy cínica, soy derrotista: ¿sabe eso del Tabú? ¿Cómo hago para explicarle a Rumpel que es usted un fantasma que se me aparece sin pronunciar las palabras "fantasma", "Regina" o incluso "aparecer"?»
«No sea estúpida. Estamos aquí para saber lo que me ha pasado. Si Rumpel puede ayudarnos sin meter completamente la nariz, mejor»
«Ya…»
Poco convencida, Emma salió del coche y entró en la tienda, sin sorprenderse de encontrar a Rumpel acodado a su mostrador.
«Sheriff Swan, ¿a qué debo el honor?»
Rumpel salió de detrás del mostrador para colocarse delante de ella, Regina justo detrás de Rumpel. Emma entonces, suspiró.
«Yo…necesito hablarle de algo»
El hombre levantó una ceja antes de esbozar una discreta sonrisa de satisfacción.
«¿Ah sí? Déjeme adivinar…» Emma se crispó, conocía muy bien esa actitud altanera y segura de sí «¿No se tratará de Regina?»
«¿Qué…? ¿Perdón?»
«Está aquí para hablarme de Regina, ¿me equivoco?»
Emma se tensó, lanzando furtivas miradas a Regina.
«Permanezca calmada…» le murmuró ella «Él divaga, no sabe nada»
Emma entonces recobró seguridad.
«Euh…sí, eso es»
«Bien, ¿entonces?»
«Yo…» Emma había imaginado un millón de escenarios, de mentiras, pero finalmente, la misma conclusión se imponía: la verdad «Yo…veo a Regina»
Regina puso los ojos en blanco golpeándose la frente con la palma de su mano
«No puede ser…» dijo Regina
«¿Usted ve a Regina?»
«Sí. Yo…ella está aquí, yo la veo»
Rumpel suspiró y sonrió
«Oh, ya veo…A decir verdad, veo todo muy bien, Miss Swan»
«¿Ah sí?»
«Sí. Porque yo también la veo»
