.:Bestia:.

If you could only see, the beast you've made of me! I held it, but now it seems you've set it running free!

La noche fue corta, hasta donde Clove era capaz de recordar, no logró pegar un ojo en todo ese tiempo, después de estar inconsciente por un tiempo indefinido, el cual ella consideró que era suficiente descanso; al menos esa fue una de las razones que la mantuvieron somnolienta, la otra era Cato. Todo aquel suceso del ataque cambió drásticamente su condición y sus planes; hasta antes de su encuentro con los insectos, se habían mantenido distantes y molestos entre ellos y ahora él no se alejaba por más de un par de metros de ella. Una parte de ella le gustaba pensar que su atención era por el deseo de protegerla, por el miedo a perderla, el sentir que la necesitaba; pero su parte racional la traía de vuelta a los hechos; era de esperar que un ser tan desconfiado como Cato se preocupara por una traición de su parte, al final de cuentas ella sabía todo sobre sus fortalezas y sus debilidades y un enemigo con esa clase de información, no te lo puedes permitir.

Lo cierto era que el tiempo de descanso estaba terminando, con cada rayo de luz que teñía las copas de los árboles y la superficie del lago. Pero estaba lista, sus energías y propósitos fueron renovados, después de estar tan cerca de la muerte -no precisamente por el veneno de aquellos letales insectos- sino por casi dejarse perder en la inmensidad de su conformismo, que tomó forma de un calmado y profundo lago; cuando estuvo dispuesta a morir en las profundidades de aquel sito frío, por culpa de su debilidad. Jamás se perdonaría haber pensado en morir tan humillantemente; ahora también debía agregar a la lista de: 'cosas que hacer antes de aniquilar a todos', el agradecerle a su ojiazul compañero haberla rescatado de su propia miseria.

Con pesadez se levantó, debían comer y colocar nuevamente la extraña pomada; el dolor se había esfumado durante el día anterior, ahora sólo le quedaba la marca de su error. Las voluptuosidades no parecían irse pronto, lejos de infringir dolor, causaban una extraña molestia, ya que no le permitían una buena movilidad; en especial la de su rodilla. La simple mención de su articulación, la regresó aquel momento tan incomodo que sostuvo horas antes. La chica se movió tan sagaz como pudo, debía alejarse de esos recuerdos, de esas sensaciones. El final estaba cerca, lo único que debía perturbar su mente, era el cómo destazaría a sus enemigos.

Una vez cerca de la pirámide de suministros, decidió tomar cecina, fruta seca y agua; estaba muerta de hambre, lo anterior sólo confirmaba lo que el grupo sospechaba, el ataque los dejó inconscientes por al menos un par de días, ya que la noche anterior no vislumbraron ningún rostro en el cielo; dejando claro que la muerte de las dos profesionales había pasado durante su inconsciencia. La tensión en el aire era cada vez mayor, desde la muerte de Glimmer, el castaño trató de volver a su estado jovial y despreocupado, sin mucho éxito. Tal vez la muerte de su compañera le afectó o ahora que se encontraba solo, temía por su seguridad.

Las energías y sentimientos eran muchos, pero las ideas no. Ahora más que nunca su estrategia debía ser efectiva. Con cada idea que venía, un 'pero' salía a relucir, las ideas eran pocas y las excusas muchas. Todo su mundo calculado meticulosamente para el éxito se desplomaba, se incendiaba dejando ver sólo la columna de humo de sus ilusiones. Pero ese mismo humo fue el que se las devolvió, a lo lejos vislumbraban una gran columna saliendo entre el bosque, esa era la señal por la que esperaron todo el día. Enérgicamente se levantaron de sus asientos, empuñando sus armas. No hubo muchas palabras, era como si supieran lo que harían, como si aquella llamarada, hubiera formado siempre parte de su plan.

–Y ¿qué haremos con él?- un ansioso Marvel preguntó, señalando al chico del distrito tres. El ojiazul examinaba minuciosamente al susodicho, mientras levantaba su enorme espada. Pero no tardó en dar una resolución final.

–Se viene. Lo necesitamos en el bosque, aquí ya ha terminado su trabajo. Además nadie puede tocar los suministros- el rubio sabía que la razón por la que seguían vivos, era porque las rastrevíspulas encontraron a un par de victimas en su camino, así que si se volvían a encontrar con una trampa, usaría al pálido tributo como escudo o carnada. También confiaba en que la trampa de las bobas fuera suficiente para exterminar a cualquiera, que osara acercarse a la pirámide.

–Y qué hay con el chico amoroso- volvió a inquirir el castaño. Sus preguntas comenzaban a irritarle a al espadachín, no quería perder tiempo discutiendo ese tipo de cosas, cuando podrían ya estar a la caza de algún tributo; con suerte sería la chica en llamas. La sola idea lo emocionó, así que simplemente se limitó a responder lo más pronto que su boca le permitió.

–Ya te dije que te olvides de él. Sé donde le di el corte. Aún si siguiera vivo, no estaría en condiciones de robarnos, así que vámonos- al tiempo que decía su respuesta, le arrojó al chico del tres una lanza. Las palabras del rubio fueron el camino que guió al grupo, la columna de humo se encontraba a una distancia considerable. Cato dudaba de lo que hacía, su instinto era su guía, desde el desafortunado falló, su confianza se vio mermada, ahora dudaba con cada idea, con cada solución que pensaba; así que simplemente se dejaría llevar, tal vez era momento de volver a lo básico.

El tiempo transcurría, el problema era no saber con cuanta velocidad. La morena, comenzaba a desesperarse, la frágil condición de su seguridad, se veía cada vez más rota. Toda la estrategia se fue en un zumbido y ahora se presentaba aquella peculiar señal de humo, aquella señal de que alguien estaría exponiendo su posición de una forma tan descarada. La inseguridad calaba con más fuerza a cada momento en el que ella no lograba ver a su contrincante, ahora estaba más segura, aquello no era más que otra trampa. Todo lo anterior lo supuso, incluso antes de llegar a la fogata que lentamente se consumía y al notar que no se encontraba nadie cerca, intentó advertirle a su compañero sus sospechas, pero una voz masculina se le adelantó.

–Esto es una trampa, nadie haría una fogata y mucho menos con este tipo de madera-dijo un ojiverde, mientras tomaba un trozo de aquel material, que era de tono verde. –Debemos irnos, debemos regresar al campamento.

–Tienes razón- las palabras que pronunció el espadachín sorprendieron a los presentes –Pero también alguien debe ser el autor, ella no pudo hacerlo sola, debemos buscar a su cómplice, no son los únicos que saben realizar una trampa.

– ¿Qué sugieres?- finalmente soltó la ojigris. Repentinamente otra columna de humo apareció al lado izquierdo del grupo.

–Está claro, que aún creen que seguimos dentro de su trampa, pues hay que hacer que ellos caigan en la nuestra- comentó el muchacho, sin dirigirse a nadie en particular –ahora lo que debemos hacer es separarnos, debemos crear redes, agujeros; debemos colocarlos alrededor del punto de esa nueva fogata, así cuando intenten salir, se las verán con las diferentes trampas.

Los otros tres chicos restantes asintieron, era un muy buen plan, ahora solo debían colocar en marcha sus conocimientos en el área de trampas, esperaban que lo visto en el centro de entrenamiento fuera suficiente. El colocar diferentes trapas, para el propósito que planeaban, sólo era posible si se separaban y cada uno trabajaba en una sección específica. La chica pronto cayó en cuenta; si hacían eso, la probabilidad de ser atacados de manera independiente y no en alianza, podría significar enormes problemas, principalmente porque desconocían al autor o autores de todo aquel plan.

– ¿Y si nos atacan mientras estamos separados?- la muchachilla externó su duda.

–Analicemos, nuestros enemigos potenciales son dos, la chica en llamas y el chico del once…- antes de poder terminar su idea, el pálido chico del tres habló –Y que hay del tributo masculino del doce, ¿él no representa amenaza?

–Ya se los dije, se donde le di el corte, ningún humano podría sobrevivir a esa pérdida de sangre y si así fuera, lo más probable es que muera de alguna infección- repitió aquellas palabras, como si de un viejo discurso se tratase y una vez aclarado su punto, prosiguió –Así que en dado caso que se hayan unido nuestros 'rivales' más fuertes, uno de ellos debe estar creando las distracción de las fogatas, mientras que el otro espera oculto, tal vez para atacarnos. Esto nos deja técnicamente con sólo un enemigo con el cual pelear, si la ocasión se presenta, además somos profesionales la posibilidad de perder en un encuentro uno a uno, es casi nula.

–Entonces no perdamos más tiempo- la declaración de un castaño a modo de respuesta a lo dicho por Cato no se hizo esperar. Los otros dos tributos se limitaron a asentir. Los jóvenes aferraron un poco más así si mismos, aquellas armas que representaban su tabla de salvación en dado caso que la tragedia se desatara.

Clove decidió colocar trampas para osos, eran pequeñas y fáciles de colocar. Estaba por terminar de colocar su cuarta trampa, cuando un estruendo le hizo perder su concentración, rápidamente saltó poniéndose de pie con un par de cuchillos en mano. Su cabeza giró con dirección al gran estruendo. Enfocó su vista hacia la enorme columna negra que emanaba de lo que parecía ser el campamento, probablemente algún tributo quiso aprovechar la ausencia de profesionales, pero tristemente murió en pedazos. Sin perder más tiempo corrió.

No podía creer lo que sus brillantes ojos azules le mostraban; nada. Eso era lo que había quedado después de la explosión, sólo un montón de polvo negro esparcido en el suelo y en el cielo. Cuando escuchó estallar las minas, pensó felizmente que algún ingenuo cayó en su ingeniosa trampa, tristemente no fue así. Pasmado, con sus músculos inmóviles, miró como uno a uno de los miembros de su alianza comenzaban a llegar. Cuando un chico moreno incursionó frente a él, su cuerpo actuó por sí solo. Tomo el delgado cuello del muchacho entre sus enormes manos. El tributo del tres balbuceaba cosas incoherentes para los rabiosos nervios del rubio, que sin prestarle atención rompió su cuello. El inerte cuerpo se desplomó frente a sus pies. La ira del ojiazul aumentaba a cada segundo, hasta que una voz, con un par de palabras logró apaciguar el fuego de su ser.

–Es probable que alguien al intentar acercarse a tomar comida haya activado una mina, lo cual pudo desatar una cadena de explosiones y al no quedar rastro de la enorme pirámide lo más seguro es que tampoco de aquel pobre estúpido que intentó robarnos- dijo tranquilamente la morena.

–De haber sido así habríamos escuchado los cañones- recriminó, aún desconfiando de los argumentos que presentaba su compañera.

–Probablemente el ruido de las explosiones opacó al de los cañones- respondió Marvel, respaldando la teoría de la chica de los cuchillos. –Además Clove tiene razón no hay forma que pudieran descubrir la trampa que resguardaba los suministros- mencionó el castaño mientras brindaba una sonrisa hacia la chica de sus palabras. Ella respondió al gesto en acto reflejo. Aquel simple acto fue el último detonante que Cato soportaría, en otro momento simplemente lo hubiera dejado pasar. Pero ahora en aquella peligrosa situación, con una alianza rota, con sólo tres miembros sobrevivientes y sin provisiones; no dejaría que el ojiverde le arrebatara lo único que le pertenecía, lo único que siempre fue 'suyo'.

Con una calma sobrehumana, giró hacia su nueva víctima; erguiéndose más de lo normal, sacando el pecho y tensando los brazos en clara señal de ataque; pero lo que vino después no fueron golpes, sino palabras. –Al parecer ya te has dado cuenta que en nuestra posición actual, las cosas han cambiado drásticamente- Cato hablaba al tiempo que se movía en forma sigilosa, manteniendo el contacto visual con el castaño. Los vigilantes que mantenían sus ojos sobre la escena, juraban que el rubio lucía como un imponente felino al asecho de su presa.

–Me he dado cuenta de eso, no es necesario que me informes de cosas que yo he visto por mi cuenta- para sorpresa de los presentes, Marvel no lucía pisca de miedo; al contrario, él adoptó la misma pose y actitud que su depredador. Él supo que el teatro de los aliados murió justo en el momento en que su compañera también lo hizo.

–Entonces tampoco será necesario que te informe que la farsa se ha terminado- una vez terminado su discurso, el ojiazul eliminó la distancia entre él y su compañero. Tomó la chaqueta del ojiverde entre sus enormes manos, intentando colocar por sobre su rubia cabellera, el alto cuerpo del ojiverde. Su intento fracasó rotundamente, en cuanto el castaño comprendió las intenciones de su ex-compañero, rápidamente se colocó a la defensiva. Evitando que el movimiento de Cato fuera más fuerte y favorable, colocó ambas manos alrededor de las de su atacante.

–Creo que algo no puede terminar, si nunca inició. Éste es el momento de sincerarnos. Tú jamás confiaste en nosotros, lo cual fue muy listo- sus manos presionaban con mayor fuerza las del espadachín, era el momento del quiebre, era el momento de terminar su plan –Tristemente lo que tienes de suspicaz, lo tienes de imbécil- el chico del distrito uno no fue capaz de terminar ya que con un violento movimiento el profesional lo había azotado contra el suelo. El dolor invadió a Marvel, pero esto no evitó que sus palabras siguieran saliendo, al contrario las fortaleció –Así es, eres un estúpido; la única persona en la que confías ciegamente, fue la primera en traicionarte.

–Incluso antes de morir, tienes que hablar- Cato intentó sonar indiferente a las palabras de Marvel, no lo consiguió. Apretando más su agarre, ya con el chico de espadas y bajo él, trató de hacerlo callar. Pero una de las cualidades del castaño, eran las palabras.

–Y tú antes de morir verás un cuchillo rebanándote la garganta. ¿Sabías que tú amiga y yo teníamos un pacto para eliminarte?- preguntó con una enorme sonrisa en su rostro, haciendo brillar sus vivos ojos verdes y haciendo oscurecer un par de azules. La furia fue tal, que levantando un poco al profesional, el espadachín lo azotó con vehemencia un par de veces. Ahora todo tenía sentido para él: el cambio repentino de Clove, las cercanías de ella con Marvel, las sonrisas y miradas que fugazmente compartían. Tan pronto como dejó de maltratar el delgado cuerpo, fijó sus celestes orbes en los de él. Verde y azul chocaron en una búsqueda de duda. Para la desesperación de Cato, no fue así. Los ojos del castaño sólo reflejaban seguridad y malicia.

-¡Eso es una maldita estupidez!- finalmente la voz de la joven se hizo presente. Después de estar como una simple observadora, expectante de lo que podría pasar. La última frase del tributo del uno la hizo reaccionar –¡Jamás he acordado nada contigo! ¡Maldito mentiroso!- estalló furica la morena, cada palabra estaba cargada de desesperación; deseaba desmentir todo lo dicho por Marvel. ¿La razón? Su orgullo como profesional del distrito dos estaba en juego. Jamás en la historia de los profesionales del dos, se había dado una traición del tipo que el castaño pretendía colocar a la ojigris. Siempre que los tributos del distrito dos quedaban solos para la pelea final, era con honor. Si el miedo a ser desprestigiada era la razón de sus aceleradas palabras, entonces por qué no dejaba de buscar el consentimiento en los ojos azules de Cato, buscaba con vehemencia una señal que le indicara que el rubio creía en ella.

Pero aquellos celestes orbes sólo mostraban sombras de dudas y temores. El espadachín escuchó claramente las palabras de Clove, pero algo le impedía creerle. Las dudas bloqueaban el paso entre sus ideas y sus acciones. Poco a poco y sin saberlo aflojó el agarre de su presa, cosa que Marvel no desaprovechó y con un rápido movimiento golpeó con una fuerza brutal su cabeza contra el cráneo de la masa musculosa que tenía sobre él. Un fuerte crujido acompaño el grito de dolor de Cato. Cuando el rubio colocó sus manos sobre su sangrante nariz, el castaño aprovecho para empujarlo a un costado. Justo cuando la espalda del cazador tocó el duro suelo, una mano ligera lanzó un cuchillo en dirección y con poca puntería hacia una morena que fue muy lenta para reaccionar. Al delgado muchacho no le importó si dio o no en el blanco, sólo corrió en dirección al bosque, rogando que su distracción fuera lo suficientemente tardada para poder huir de la furia de un par de profesionales. Esperaba que su plan diera frutos -al menos la semilla ya había sido plantada- que los chicos del dos comenzarán a matarse.

Clove jamás imaginó que su aliado tuviera tan buen manejo de los cuchillos, pero agradecía su mala puntería. El filoso artefacto se encontraba en su hombro izquierdo muy cerca de su clavícula. En un solo movimiento lo arrancó, sin desearlo un grito de dolor también fue arrancado de su garganta. El caudal de sangre caía con más fuerza, alzó su vista en busca de algo para detener la hemorragia pero simplemente se encontró con un par de enormes manos acercándose a ella. La morena había olvidado por completo a su sangrante y aturdido compañero. Ella sabía que con su brazo en aquel estado no sería capaz de ofrecer resistencia, así que simplemente espero su muerte. El rubio tomó la parte alta de la chaqueta de la joven y comenzó a bajar el cierre de ésta, con sumo cuidado, cosa que sorprendió a Clove.

Una vez que Cato se reincorporó y siguiendo con su labor de atender la herida de su compañera, giró su ensangrentado rostro hacia la dirección que tomó Marvel, cuando sus ojos se colocaron sobre la brillosa sangre que emanaba del hombro de la ojigris lo comprendió. Entendió el plan del chico del uno, todas sus palabras fueron mentiras, las cuales él creyó como imbécil. ¿La consecuencia de su error? Una Clove herida. En toda su existencia nunca pensó ver que la causa del dolor de la morena fuera uno de sus propios y muy amados cuchillos. Un chillido de dolor lo sacó de sus represalias mentales y sin pensarlo retiró por completo la chaqueta. Guió a la muchacha al lago para poder limpiar su hombro y para lavarse el rostro, su propia sangre comenzaba a colarse a su boca.

Una vez cerca del cuerpo de agua, la obligó a sentarse y con voz demandante le dijo –sácate la camisa para enjuagar la herida- la muchachilla se negó rotundamente, no comprendía del todo el cambio de actitud de su interlocutor, sólo estaba convencida de que él finalmente confió en sus palabras.

–Estás loco, no lo haré- negó rotundamente la chica. Pero al chico pareció no importarle, simplemente hizo su voluntad; con fuerza tomo el brazo izquierdo de Clove y con un ágil movimiento saco el brazo de la chica por el cuello de la playera, dejando al descubierto más piel de la deseada por la morena. Clove tomaba un color rojo tan intenso como su propia sangre. Por su parte su compañero no prestó atención a las acciones de la chica y mucho menos a sus molestos instintos que le rogaban tocar más allá de lo permitido. Con un trozo de tela húmeda (arrancada de su propia ropa) limpió cuidadosamente la rajada del blanco y terso hombro de la ojigris. Cada mueca de dolor de la joven era un incentivo para dejar salir los deseos del rubio.

–Todo esto es tu culpa- dijo fríamente mientras continuaba con su labor, sin siquiera mirar la incrédula expresión de su aliada, continuó –si no hubieras estado tan cerca de Marvel en los días pasados, nada de esto habría pasado, jamás habría tenido motivos para creer sus mentiras- terminó en el mismo tono con el que comenzó. Sus palabras no fueron la llama que desató la ira de Clove, fue su tono frío y lleno de reclamo lo que la hizo explotar, de nuevo.

– ¿Mi culpa? ¿Eres anormal o sólo estúpido? Ya sé, el golpe no sólo te rompió la nariz, si no también parte de tu minúsculo cerebro- gritó tan alto como el dolor le permitió – ¡Me culpas de tus propios errores, de ser un idiota que cree las patéticas mentiras de Marvel!- furiosa y harta de la inmovilidad del ojiazul, que seguía absorto en curar su herida. Tomó con fuerza la enorme mano callosa del chico y la alejó bruscamente. Pero antes de que ésta cayera, él saltó hacia ella y con toda su fuerza la rodeo con sus gigantescos brazos. –Claro que es tu culpa, por estar siempre junto a mí, por dejar entrar a Marvel en tu rutina, por usar aquel vestido naranja, por quererte dejar morir en aquel lago, por no insistir con tus advertencias sobre el minero del doce, por dejarte atacar por Marvel- cada explicación venía acompañada de un fuerte apretón y con cada apretón venía una queja de dolor por parte de la morena. Esto último no fue prioridad para Cato, el chico seguía con su discurso y a cada palabra enterraba aún más su rostro entre la parte descubierta del hombro de la chica y su cuello.

–Si tan sólo pudieras ver la bestia que has hecho de mí, he perdido la capacidad de controlarme. Un sólo movimiento tuyo capta mis sentidos, una sola palabra de tus labios me ensordece y ahora puedo decir que tu aroma me embriaga. ¿Qué me has hecho Clove?- el agarre del muchacho era tal que en cualquier momento el delgado cuerpo de la chica se rompería, sus palabras salieron atropelladas, todo gracias a que sus labios no se desprendían del esbelto y sedoso cuello de la morena. La cual enmudeció ante la osada declaración de Cato, tal vez era por el ardor de su hombro o por el aliento del chico, fuera lo que fuera, las palabras se atoraban al intentar salir. Así que sólo actuó. Separando el robusto cuerpo del ojiazul, le obligó a mirarla.

Ahí estaban sus incitantes ojos, aquellos verdosos y oscuros ojos, aquel carmín que lo obligaba a no dejar de admirarlos. Cato, la bestia asesina del distrito dos; finalmente había encontrado su trampa, aquella que lo ataba y evitaba que se moviera. Sólo hacía falta un par de segundos en ese par de arillos carmín para dejar atrás su voluntad. Y ella hacía gala de su porte de cazadora, sin pronunciar sonido alguno, con su penetrante y segura mirada. Con ese par de oscuros orbes le decía; que no importaba cual era su intención al hacer semejante declaración, si fue sincera o una forma de engaño. Con esa mirada le mostraba su alma tan desesperada como la de él. Con esa mirada mataba todas las ilusiones de poder ser los segundos amantes trágicos. Pero la vida siempre le llevarían la contraría.

–Felicidades a los seis tributos que han sobrevivido- las palabras de Claudius Templesmith reventaron la capa de paz de los jóvenes, trayéndolos a su triste realidad. Los anuncios del comentarista comenzaban a tener cierto efecto, ¿era posible que se perdieran tanto en sí mismos, que el himno y los rostros de los caídos fueran pasados a segundo plano? Fugazmente alejó su mirada de Cato y la posó sobre el oscuro cielo estrellado, en busca de la señal de más tributos caídos, pero fue un fracaso. Así que prestó su atención a lo que el presentador añadió. –Me complace anunciarles, que los septuagésimos cuartos juegos del hambre, innovarán con un cambio de reglas: Los dos tributos del mismo distrito se declararán vencedores, si son los últimos supervivientes.

Claudius agregó más cosas a su anuncio especial, pero la morena dejó de importarle cuando asimiló la oportunidad que la vida, que los titiriteros le ofrecían. Magnéticamente buscó el par de ojos que miraba con anterioridad, sólo para notar que éstos nunca se apartaron de ella. Una enorme sonrisa comienza a emerger de los gruesos labios del chico, junto con una brillante esperanza en su rostro. Esperanza que la ojigris trataba de matar brutal y directamente, no deseaba que la esperanza se alojara en ella también.

–Esa invitación no es para nosotros, tú lo sabes- trató de sonar fuerte y severa, pero nada parecía cambiar el estado del rubio, así que prosiguió –no importa cuánto lo desees nosotros no seremos los nuevos amantes trágicos, sólo luciremos como unos patéticos y débiles muchachos, los débiles albañiles del distrito dos; cegados por un sentimiento inexistente.

–Tienes razón, nosotros no seremos los trágicos amantes, nosotros seremos los triunfantes ganadores de los septuagésimos cuartos Juegos del Hambre, seremos la primera pareja de tributos ganadora. Seremos héroes en el distrito, todos nos respetarían y podremos ser bestias libres de hacer lo que se nos plazca y eso incluye estar juntos- antes de poder protestar, la chica volvió a sentirse atrapada en los cálidos y largos brazos de Cato -aquellos que eran su trampa mortal- y él continuó su discurso a modo de susurro para que sólo ella fuera capaz de escucharlo –no me interesa lo que digas o hagas, ahora ni el mismo presidente Snow me impedirá alejarme de ti o lastimarte, sé que todo esto apesta a engaño, pero te suplico que me dejes mantener esta mísera esperanza.

Clove finalmente comprendió lo complementados que se encontraban; Cato era tan consiente como ella de que sólo uno podría salir de esa arena, que jamás sería posible tener dos ganadores. Finalmente entendió que aquel mensaje no significaba una esperanza de vivir juntos, sino la bendición de no morir a manos del otro. El Capitolio les dio la razón para seguir juntos por los pocos días de vida que les quedaban, cuidándose las espaldas, como siempre debió ser. Y si corrían con suerte la vida sería piadosa y los dejaría morir juntos; les daría la esperanza de la muerte.

Con la nueva fe quemando sus adentros, Clove alzó sus delgados y adoloridos brazos hacia el cuello de Cato, apretándolo con toda la fuerza de su aullante corazón. Ambos profesionales se fundieron en uno, bajo la tenue luz de la luna, se convirtieron en un par de bestias solitarias, esperando con ansias el momento de que la muerte les permitiera finalmente estar juntos.

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Disclaimer: todos los personajes le pertenecen a Suzanne Collins.

Finalmente después de casi seis meses está terminado. Honestamente y aunque suene egocéntrico me gusto, el capítulo es largo, pues es el final. Quise dejarlo hasta aquí porque como dice las lineas finales ellos no fueron los trágicos amantes, lo de ellos fue algo más.

Pues nada, sólo agradecer a los que siguieron este fic desde su publicación inicial y a los que lo estén leyendo una vez completo, también gracias por no aburrirse y terminar hasta aquí.

Sería todo para mi primer CLATO y mi primer fic. Para dudas, reclamos, sugerencias, etc. Pueden usar los reviews y recuerden: 'Keep calm and love CLATO!':)