Disclaimer: Nurarihyon no Mago no me pertenece, todos los personajes le pertenecen a Hiroshi Shiibashi.
Aclaraciones rápidas:
* En algunas ocasiones habrá un símbolo que indicará una división entre algunos recuerdos, los cuales estarán completamente en itálicas. Estos son recuerdos muy lejanos, cosas que no pasaron recientemente.
* Cuando haya diálogos completamente en itálicas, incluso la descripción después del guión, implica que es un recuerdo; cosas del pasado que nadie narra. En estos casos no estará el símbolo de las tres "o" pues son recuerdos recientes.
* Habrá momentos en los que se utilizarán itálicas fuera de los guiones, estos son los pensamientos de los personajes. Esto se hace con el fin de no poner tanto dialogo seguido sin que un párrafo intervenga entre ellos. Pierdan cuidado, yo siempre les aclararé de quién ha sido ese pensamiento.
Deseando porque nieve
Capítulo 10: Lo que no está bien
Ya había pasado más de una hora desde que Rikuo y Tsurara salieron de la Casa Principal para que la Dama de las Nieves pudiese ir recobrando parte de su memoria. Si bien el Heredero del Clan Nura aún seguía algo reticente debido a lo que sucedió la noche anterior confiaba en la Yuki-Onna, y si ella le decía que estaba bien y quería continuar su búsqueda entonces haría todo lo que estuviese en sus manos para apoyarla.
Por decisión de ambos, los lugares a los que irían primero serían aquellos que alguna vez visitaron junto a la Patrulla Kiyojuji hace dos años; ahí, Rikuo se encargaría de contarle todo lo que sucedió en aquel entonces, desde lo más estúpido, hasta lo más serio.
Aunque con aquellos chicos, dentro de los parámetros de la ciudad, no es que hubieran ocurrido muchos sucesos paranormales. Todo lo que alguna vez tuvo relación con ellos, con respecto a los Youkais, había sido fuera de Ukiyoe; como por ejemplo, en el Monte Nejirime o en Kyoto.
Kyoto. Cuando los recuerdos de aquel incidente contra Hagoromo Gitsune y Seimei llegaron a su mente, un enorme escalofrío le recorrió la espina dorsal. Fue un desafío, incluyendo el trágico encuentro contra Tsuchigumo que casi les costó la vida a ambos. Todo aquello, por más que ya hubiese pasado no terminaba por tranquilizarlo, tanta gente había muerto aquella vez. Una nueva guerra se inició al final de otra. De tan sólo pensar que el maldito hijo de la zorra aún planeaba algo...
Espera... Seimei... ¿Ha-Hace cuánto no sabía sobre su paradero o proceder? Habían pasado dos años pero... ¿por qué sentía de pronto que había un vacío en su memoria con respecto a ese incidente? ¿Por qué no recordaba nada? No era posible.
¿Qué pasó con esa batalla…?
— ¿Rikuo-san?
La dulce pero a la vez preocupada voz de Tsurara trajo de vuelta al heredero de los Nura. Al posar su mirada sobre ella se percató de que el semblante de la dama de las nieves estaba lleno de consternación.
— ¿Q-Qué pasa, Tsurara? —preguntó él mientras se acomodaba en su lugar. Actualmente estaban descansando en uno de los parques que estaban cerca del centro.
— Esa es mi pregunta, ¿se encuentra bien? Lo noto un poco preocupado…
— ¿Eh? ¡A-Ah, no tienes nada qué preocuparte, Tsurara…! —se apresuró a decir— Todo está bien, tan sólo me quedé pensando en algunas cosas… —le sonrió.
Inclinándose un poco hacia adelante para verlo con una pequeña sonrisa— ¿Cosas cómo cuáles?
Debido a la cercanía que ya de por si había entre ellos, pero también por aquella hermosa sonrisa que la joven de ojos azules le estaba dedicando, las mejillas del tercero no pudieron evitar teñirse de un leve tono carmín al mismo tiempo en que su corazón comenzaba a palpitar con fuerza, terminando por evadir su mirada.
Últimamente intentaba no pensar mucho en sus sentimientos para poder concentrarse en ayudar a Tsurara a recuperarse, pero al final no podía evitar reconocer lo hermosa que se había vuelto la dama de las nieves, anteriormente ya era poseedora de una exquisita belleza, pero esta se había acentuado esos dos años.
— ¿Rikuo-san…?
Finalmente dejando salir una pequeña sonrisa, Rikuo decide responderle:
— Cosas como… que me alegro de que estés aquí, conmigo… —respondió al mismo tiempo en que posaba su mano sobre la helada de ella—. Con o sin recuerdos, el que estés aquí, viva… es la mayor dicha que puedo recibir…
Aquellas palabras lograron que la blanquecina piel de la Yuki Onna subiera unos cuantos tonos más. Sus mejillas se sentían muy calientes a comparación del resto de su cuerpo. Y ni qué decir de su corazón: Un incesante palpitar a toda velocidad golpeaba su pecho con fuerza.
Se sentía sofocada, aquel intenso y desconocido sentimiento estaba comenzando a ser cada vez más recurrente. Aunque, al mismo tiempo, tampoco era desagradable, sentía un pequeño cosquilleo en su estomago, nada más. Claro que, eso sólo le estaba ocurriendo con el heredero Nura.
¿Por qué se sentía así? Aunque para ella era la primera vez que sentía todo esto, al mismo tiempo podía percibir algo de nostalgia.
La mujer de las nieves tan sólo terminó por igualmente evadir cualquier contacto visual que pudiera haber entre ellos, buscando tranquilizar el latido incesante de su corazón. Pero con aquella calidez que sentía en su casi congelada mano, no creía que fuese posible.
Tan concentrados estaban los dos en calmar sus acelerados corazones, que nunca se dieron cuenta de la presencia quien los venía siguiendo desde hace rato. Más allá de donde ellos estaban, desde sus espaldas, se podía divisar a un joven rubio de aguda mirada vigilarlos cuidadosamente.
No podía creerlo, de verdad que no creía lo que estaban viendo sus ojazos de deportista. Estaba viva… ¡Oikawa-san estaba con vida! El amor de su vida estaba frente a sus ojos con su compañero y amigo desde primaria.
Aunque, ese simple hecho lo confundía… ¿Por qué? Intentaba entender, pero no sabía bien qué creer.
— Nura… —terminó Jiro por susurrar.
oOo
— ¡¿Estás seguro de lo que dices, Shima-kun?! —se escuchó al más alto del grupo preguntar.
Cambiando su celular de oreja, el rubio continuó hablando en voz baja— ¡Por supuesto que sí, Kiyotsugu-kun! —expresó el rubio mientras seguía sigilosamente a los jóvenes de la mansión Nura— Estoy seguro de lo que vi, ¡es ella!
— Eso no puede ser posible…
Un poco exasperado por las dudas de su amigo, Jiro finalmente alzó un poco la voz— ¡Tan sólo vengan, Kiyotsugu-kun! Así creerás lo que te digo —expresó Jiro sin despegar la mirada de los jóvenes en ningún sólo momento.
Pasaron unos segundos en silencio antes de que un suspiro se escuchara del otro lado de la línea— Está bien, dime dónde están…
— Bien, estamos por…
oOo
Apretando levemente su puño, el rubio simplemente se limitó a musitar para sí mismo: — ¿Por qué no nos dijiste nada, Nura?
La Ciudad de Ukiyoe, a pesar de tener a cierta cantidad de youkais rondando por sus calles, siempre se ha caracterizado por derrochar mucha tranquilidad durante el día, sin que los ciudadanos supieran, gracias al Clan Nura, y era por ese motivo que a varios seres sobrenaturales foráneos, que no tenían ningún tipo de interés en hacer daño, no podían evitar sentir curiosidad por explorar.
En este caso, una hermosa joven de cabellera rosada y mirada achocolatada paseaba con singular alegría por última vez por las iluminadas calles de aquella tranquila ciudad. Sentía mucha curiosidad por cómo era la vida de un humano en un día tan común y corriente como ese.
— Ah~… ¡Por alguna extraña razón me siento emocionada! —comentó la mujer mientras iba de un lado a otro viendo los artículos de las tiendas por las enormes ventanas.
— No sé qué le ves de interesante a sólo caminar por ahí sin rumbo alguno, Reira —expresó alguien por detrás de la dama que tenía frente a él.
Divertida ante la mediana actitud hostil del muchacho que la acompañaba, la dama de la nieve de la aldea de Toono no puede evitar reír grácilmente mientras se alejaba de la vitrina— Aw, vamos cariño, una día fuera de la rutina no te hace ningún daño.
Con un leve tic en el ojo, el Kamaitachi, intentando no alzar la voz de más, sisea con fastidio— ¡Ya te dije que dejes de llamarme así…!
— Ay, ¿pero por qué? —preguntó ella con una descarada inocencia.
— ¡Tú sabes por qué maldita sea! —siseó de nuevo un poco más alto— Además, tú y yo no tenemos ese tipo de relación aún —expresó el Kamaitachi, logrando que con esto último, la Yuki-Onna volviese a sonreír de forma pícara.
Se acercó un poco a su amigo y con una mirada curiosa, habló de nuevo— ¿Aún…? ¿Eso quiere decir que aún tengo oportunidad de cambiar eso? —le preguntó burlonamente, logrando así que un furioso sonrojo apareciera en las mejillas el youkai de la hoz.
— ¡REIRA!
— Ajaja, cálmate Itaku. No te tomes las bromas tan en serio —le comentó la Yuki-Onna mientras se alejaba de él y caminaba de nuevo por la calle—. Anda, vamos, aún hay muchas cosas que quiero ver antes de marcharnos~.
Sin tener muchas opciones, el youkai de Toono se cruzó de brazos y siguió a su compañera en lo que para él era un desperdicio de tiempo. No obstante, Reira casi no tenía la oportunidad de relajarse aunque fuese por un momento, aunque en su lugar de origen nadie estaba exento, así que… aunque fuese por un rato más, haría el esfuerzo de soportar a toda esa gente a su alrededor. No odiaba a los humanos, pero tampoco eran objeto de su devoción.
— Reira, repíteme por qué demonios estamos haciendo todo esto. Ya vimos que Tsurara y Rikuo están bien y que manejan las cosas por su cuenta… —expresó el Kamaitachi, recordando cómo es que de forma sigilosa habían seguido a los dos miembros del Clan Nura en la primera hora de su salida, esperando que todo estuviese bajo control.
Reira lo volteó a ver, ahora sí, con una sonrisa normal en su rostro— Vamos Itaku, no engañas a nadie, estabas preocupado igualmente y por eso aceptaste salir a vigilarlos conmigo para cerciorarte. Siendo que estamos por partir…
— Jeh, ese idiota despreocupado me importa un rábano —respondió el Kamaitachi, como siempre haciéndose el duro—. Ha mejorado, pero aún sigue dejándose llevar por sus emociones, no mantiene la cabeza fría en momentos cruciales.
— Fufu, eres un maestro severo, definitivamente —reconoció la Yuki-Onna—. Aunque yo hablaba más por Tsurara-chan que por él. La noticia de que regresábamos a Toono parece haberla aceptado, pero le pegó un poco más de la cuenta —comentó Reira al recordar el semblante de su semejante—. Sé que le dije que podía ir a visitarnos cuando quisiera, pero de verdad me gustaría que pudiese regresar con nosotros…
Itaku tan sólo resopló— Tu bien sabes qué es lo mejor para ella —le dijo él con seriedad, pero no con la dureza que lo caracterizaba. Él sabía lo mucho que su amiga Yuki-Onna se había encariñado con Tsurara, a final de cuentas alguien de su misma especie, otra mujer de las nieves.
Pero el río debía volver a su cauce original: Tsurara estar con el Clan Nura, y ellos volver a Toono.
— Lo sé.
No sabiendo qué más decirle a su acompañante. El Kamaitachi se posicionó delante de ella, dándole la espalda, mientras observaba con cierto dejo de fastidio y aburrimiento lo que había a su alrededor.
— ¿Y bien? ¿Cuál es la idea de seguir merodeando como tontos sin rumbo alguno? —volvió a preguntar, dando por finalizado el tema anterior.
Ella, sabiendo con qué intensión había hecho él esa pregunta, decide volver a plantar una gran sonrisa en su rostro— Oh, nada en particular. Tan sólo quería saber cómo se sentía hacerse pasar por un humano un rato~… —expresó ella antes de adelantársele y caminar de nueva cuenta frente a él.
— ¿Hacerte pasar por un humano? —repitió la pregunta— ¿Haciendo qué? ¿Disfrazándote? —cuestionó el líder de su grupo mientras la seguía, hasta que finalmente llegaron a una pequeña plaza que no estaba muy concurrida, unos cuantos niños y familias, una que otra pareja por ahí, pero sereno.
— Eso, y no sé, ¡salir como Rikuo y Tsurara-chan, por ejemplo! Debe ser muy divertido salir a pasear con alguien sin tener muchas preocupaciones —comentó divertida—. Todavía recuerdo cómo es que Tsurara-chan hablaba de lo emocionada y feliz que se sentía de tan sólo poder pasear junto al pequeño Rikuo —recordó de las pocas que veces que se vieron con anterioridad—. Fufu, de verdad que lo quiere mucho. ¿A ti no te parece interesante esta nueva experiencia?
Itaku tan sólo la miró con seriedad. Reira sabía bien la respuesta, así que realmente no tenía por qué preguntarle, pero parecía que disfrutaba aquella situación, en la que a él no le quedaba de otra más que permanecer a su lado por un rato más, ya que si bien sabía que ella podía defenderse sola, estaban en un lugar desconocido y era mejor estar en grupos de dos como mínimo.
O al menos eso es lo que él quería hacer creer a los demás— Bah, como sea. Sólo quiero largarme de este lugar.
— Lo sé. Pero descuida, después de que comamos algo nos iremos directo a la Casa Principal y podremos emprender el viaje de regreso a nuestro hogar —expresó Reira, mientras del bolso que le había facilitado Wakana, sacaba un poco de dinero, también proporcionado por la misma Señora Nura.
Itaku, curioso, aunque sin demostrarlo tanto, preguntó— ¿Qué es eso?
— Dinero.
— ¿Y para qué me sirve esto? —preguntó de nuevo, viendo con los ojos entrecerrados a la dama de la nieve al ver cómo esta colocaba sobre su mano unos cuantos yenes.
Reira ante aquella pregunta, sonrió de nuevo— Para comprar cosas.
— ¿Cómo cuales? —se limitó a preguntar de nuevo el chico de la hoz. Por alguna extraña razón ya más o menos sabía por dónde estaba yendo, lo que no le estaba gustando para nada.
— Como eso, por ejemplo —sugirió Reira al apuntar hacia el puesto ambulante de helados que estaba en la esquina de la plaza.
El Kamaitachi apretó con fuerza los yenes que la Yuki-Onna le había dado— ¿Y por qué demonios tengo que ir a comprarle algo a un insignificante humano? —siseó, no estando muy de acuerdo con el hecho de acercarse al vendedor sólo para que este le vendiera algo A ÉL.
— Aw, ¿no quieres complacer aunque sea un poco a tu novia? —preguntó de nuevo Reira, mientras ocultaba su inevitable sonrisa detrás de su mano.
— ¡Ya para con eso! —gritó de nuevo, logrando únicamente sacarle una pequeña risilla a Reira mientras, poco a poco, ella lo iba empujando hacia el puesto.
Después de aquella llamada, Jiro continuó vigilando a los dos jóvenes del Clan Nura; y cada vez que veía que se iban a desplazar a otro lugar, éste llamaba inmediatamente a Kiyotsugu.
El joven deportista aún no podía creer lo que estaba viendo. Se sentía traicionado..., no es que Rikuo supiese de sus sentimientos por Oikawa-san, pero se supone que todos eran amigos. Entonces, ¿por qué...?
Por ahora, el muchacho se encontraba vigilándolos en una pequeña cafetería en la que se habían detenido a comer. Este estaba oculto detrás de una pequeña pared que dividía su sección con la de dónde estaban sus objetivos, esperando pacientemente a su grupo de amigos.
De pronto, la puerta del establecimiento se abrió, causando que Jiro girase la vista para ver si eran Kiyotsugu y compañía.
Cuando confirmó que eran ellos, este se paró inmediatamente para llamar su atención antes de que sus amigos comenzaran a hablar en voz alta.
— Pts, pts, Kiyotsugu-kun, por aquí —susurró Jiro mientras les hacía señas de que se acercaran rápidamente.
— Oh, ahí estás Shima-kun —respondió el líder de la patrulla mientras se acercaba a él, al mismo tiempo en que el deportista le pedía que hablase más bajo.
— ¿Y ahora por qué tanto misterio? —preguntó Saori.
Kana y Natsumi, quienes venían un poco más atrás se pararon a un lado de la rubia, para que fuera únicamente la de ojos gatunos la que secundara a su amiga— ¿Y bien Shima?
— Por favor bajen la voz —pidió el chico de mirada aguda, causando algo de confusión en las chicas.
Kiyotsugu, quien había permanecido en silencio una vez que se acercó a su amigo, se acercó a él un poco más, viendo de reojo todo el lugar— ¿Dónde están?
— Por allá —señaló Shima por sobre su hombro.
Cuando las miradas de los otros cuatro miembros de la patrulla dirigieron su atención hacia donde Jiro apuntaba, sus orbes no pudieron evitar abrirse completamente ante lo que sus ojos veían.
Es que, eso no podía ser...
— N-No puede ser... —susurró Saori.
— E-Esos son Nura y... Imposible... —secundó Natsumi, atónita mientras veía cómo Rikuo y Tsurara platicaban amenamente mientras comían, parecían muy contentos.
— ¿Ves que no mentía, Kiyotsugu-kun? —volvió a hablar Jiro en voz baja.
Kiyotsugu tan sólo asintió, boquiabierto— Pero... ¿Por qué Nura nos ocultaría algo tan importante? —susurró en una instancia el líder del grupo antes de mirar hacia la joven de cabellos castaños— ¿Tú sabías algo de esto, Ienaga-kun? —preguntó este, logrando que la mirada de todos se posara sobre ella.
La joven de orbes chocolate se sorprendió ante la pregunta del muchacho más alto de todos.
— E-Eh... pues, yo... —rayos, ¿qué debía hacer ahora?
Después de un cansado día, el Sol finalmente comenzaba a perder fuerza, dejando que una refrescante brisa envolviera la ciudad, lo que indicaba que la noche estaba ya por arribar. Aunque el manto nocturno aún no hubiese cubierto toda Ukiyoe, algunas secciones ya estaban prácticamente bajo las sombras. Para unos significaba descanso, no obstante para otros, significaba decir adiós.
Eso era lo que en ese momento estaba pasando en la mansión Nura.
— Bueno, es hora de irnos —comentó la Yuki Onna de cabellos rosados en nombre de todos
Yukari, quien estaba a lado de la dama de las nieves, sonrío un poco— Muchas gracias por su hospitalidad, keho.
— No tienen nada que agradecer. Por favor vuelvan cuando quieran, ¡los estaremos esperando! —sonrió la madre de Rikuo con ambas manos frente a su pecho.
— Bah, es una lástima que Rikuo y Tsurara no hayan llegado para despedirnos —mencionó Awashima, con los brazos cruzados en su forma femenina.
— Vamos, no estés celosa Awashima —habló Amezo—. Todos sabemos que te gusta Rikuo, pero ya te lo ganaron hace mucho tiempo~
— ¡Ja! ¡No digas tonterías Amezo!
— Ah, pero si todos sabemos que no son tonterías —respondió Dohiko, quien también decidió entrar en materia, seguido de una risa burlona.
Perdiendo la poca paciencia de la que es poseedora Awashima, esta finalmente explota— ¡¿Qué dijiste maldito mono?! ¡¿Quieres pelear?!
— ¿Están seguros que no quieren esperar a Rikuo y Tsurara? —preguntó el Nurarihyon, quien veía a Itaku, Reira y Yukari, que eran los más centrados del grupo de Toono.
— Es mejor así —respondió Itaku secamente.
— Tsurara-chan sufrirá más si nos ve partir —secundó Reira, quien estaba a un lado de Itaku haciendo caso omiso a lo que sus compañeros hacían tras ella—. Así que es por eso que este es el momento perfecto. Ya vimos que está bien, que puede seguir adelante ella sola junto a Rikuo y ustedes, que son su familia... así que no veo más motivos para alargar la partida.
El viejo Nurarihyon únicamente cerró los ojos, inhaló un poco de su pipa y expulsó el humo producto de ello— Si es lo que creen, entonces está bien.
Kubinashi, quien hasta ese momento había estado silencioso, observando la despedida de Toono, decide dar unos pasos hacia al frente.
— Kubinashi... —susurró Kejoro.
— Sé que no soy nadie para hablar en nombre de todos. También soy consciente de que debería ser Nurarihyon-sama o Rikuo-sama quienes dijeran esto, pero en vista de que el Tercero está ausente y el Supremo Comandante no tiene más nada que decir... me permito entonces tomar la palabra. Compañeros de Toono... —deteniéndose él mismo, el demonio sin cuello termina dar una leve reverencia, sorprendiendo no sólo a los ajenos a su clan, sino a los mismos miembros de la mansión Nura—: Gracias por cuidar a uno de nuestros miembros, y por traerla de vuelta a casa.
Todos los youkai del clan Nura presentes no pudieron hacer nada más que sonreír ante la actitud de Kubinashi. Era bien sabido que él era uno de los más leales al Clan, no es que los demás no lo fueran, pero todos reconocían la devoción y el orgullo de éste.
Siguiendo su ejemplo, los demás youkai también expresaron su gratitud con una leve reverencia a quienes, a pesar de no tener un juramento con ellos, eran considerados como miembros importantes de su familia.
Los de Toono, quienes tan sólo los observaron con una sonrisa moderada, y seriedad por parte de Itaku, terminaron por dar un leve asentimiento de cabeza antes de finalmente emprender su camino de regreso a casa.
— Despídannos de Tsurara y Rikuo —fue lo último que le escuchó decir a Itaku antes de que él y sus compañeros desaparecieran en la obscuridad de la noche.
Mientras tanto, en el centro de la ciudad, se vio a un par de jóvenes salir de una pequeña tienda de antigüedades. Cuando dejaron el establecimiento, ambos se percataron de que el sol estaba comenzando a ponerse.
— Bueno... creo que ya ha sido suficiente por hoy —comentó el chico de ojos café a su acompañante mientras veía el cielo— ¿Te parece bien si nos vamos a casa?
— Sí, creo que es lo mejor, Rikuo-san —respondió la dama de las nieves, quien venía a su lado.
— Aún hay más lugares que me gustaría que vieras, pero...
Tsurara, quien lo veía tranquila, posó su mano sobre el brazo del joven Nura, llamando la atención de este— No se preocupe, yo entiendo. Ya habrá oportunidad —le sonrío, logrando así que el muchacho de ojos chocolate se sonrojara levemente.
— Sí, tienes razón... —reconoció él—. La idea es ir poco a poco —recordó Rikuo, regresándole la sonrisa a la dama de las nieves, que tan sólo terminó por sonrojarse levemente ante esa dulce sonrisa que le dedicó el chico.
— Muy bien, entonces... vayamos a casa —dicho esto, la joven de larga cabellera tomó la mano del adolescente y comenzó a jalarlo con ella.
Todo parecía ir bien, el día estaba terminando tranquilamente, sin sorpresas ni problemas con youkais rebeldes, ¿qué mejor que eso?
Lamentablemente, la celebración interna del Nura no duró por mucho tiempo...
— ¿Nos puedes explicar esto, Nura-kun? —llamó alguien por detrás.
El corazón de Rikuo se congeló inmediatamente. Su respiración se detuvo igualmente de golpe. Él conocía esa voz, estaba totalmente seguro de quién era el que lo estaba llamando.
Con algo de nerviosismo, Rikuo se giró levemente para así encontrarse con lo que era su mayor temor.
Tsurara, quien no entendía qué pasaba, miró a Rikuo con preocupación, pues cuando este se giró, sintió cómo la tensión en el agarre había aumentado.
— ¿Y bien? ¿Qué tienes qué decir en tu defensa, Nura? —habló el otro miembro masculino, haciendo que los ojos de Rikuo temblaran incontrolablemente debido a la inesperada aparición.
Lo que no quería que sucediera todavía. Lo que rogó porque se pospusiera un poco más finalmente había sucedido:
La Patrulla Kiyojuji los había descubierto.
Continuará...
Suki: Chan, chan, chaaaaaaan... Finalmente pasó lo que tenía que pasar: La patrulla encontró a Rikuo y a Tsurara :O.
Ay, bueno, supongo que eso no es lo que importa ahorita, ¿verdad? Ah, chicos, ¿qué les puedo decir? No es que no quisiera actualizar ni nada por el estilo... es que simplemente no sabía cómo seguir; es decir, la idea la tengo en teoría pero a veces escribirla es muy difícil... como que no proyectas bien lo que tienes en la cabeza. La musa se fue, etcétera. Incluso les digo que falta una escena aquí, un enfrentamiento pequeño entre Awashima y Kuro en lo que esperaban a que Reira e Itaku llegaran... pero soy tan mala con estas partes -y sabiendo que esto me podía retrasar más- que decidí omitirlo. Ahora que si alguien se ofrece a apoyarme con esa parte, lo amaré por siempre.
En fin, ya falta poco para el final. Espero no tardar mucho.
¡Nos vemos en una próxima entrega! Saludines~
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Suki90, presentó.
