CAPITULO X

REENCUENTRO EN EL STALAG

Al terminar el entrenamiento, las chicas se encontraban aún en París, ya había un grupo que formaba parte del primer batallón sanitario, al mando del teniente coronel Sommersby. Aún no habían sido llamadas para salir hacia Alemania. Pero, el destino, les deparaba una sorpresa que no esperaban tener.

El coronel Hogan había salido apresuradamente de la pensión donde se hospedaba hacía ya quince días… Y Flammy lo extrañaba más que nunca, recordando la cita que tuvieron aquel día en Le Roc. Solo le acompañaba el recuerdo de aquellos ojos negros de mirar apasionado… Unos ojos inolvidables.

Ella sentía que un sentimiento peligroso había arraigado en su corazón…la incertidumbre de no saber en dónde estaba, le llenaba de temor… Y si lo habían hecho prisionero… Las prisiones del Tercer Reich, eran una cámara de terrores, dolor y angustia… Y las historias de sangre, y dolor del Ghetto de Varsovia, aun vibraban en la memoria de todos. Incluso en Austria, el cardenal primado de ese país, tuvo que salir del Arzobispado, a refugiarse en Roma, por que su vida en Austria corría un serio peligro. Austria había entrado en la órbita nazi, y se había declarado la anexión, al igual que Francia, con un gobierno de corte nazi en Vichy. Italia, ya estaba en manos de las tropas del Duce… Benito Mussolini, que poco le faltaba para declararse sucesor del orden antiguo de los Césares.

Pero aquella orden, se estaba haciendo esperar, y mientras tanto, no había noticias del Coronel Hogan, y la angustia atenazaba el corazón de Flammy.

Por fin, la ansiada asignación llegó, pero tendrían que pasar por un camino de muchos horrores…Horrores que harían estremecer al más encallecido de los hombres.

-Ya llegó la asignación, chicas. Vamos para Alsen, en Austria… La asignación es para el Stalag 17.

¿Qué es un Stalag?-preguntó Patricia…

-Una prisión donde están recluidos los prisioneros de Guerra… Acuérdate que no los pueden matar, pro que la Convención de Ginebra lo prohíbe.

-Como si a Hitler les importara las leyes internacionales de la Liga de Naciones… -dijo Flammy con gesto cansado.

-Te ves cansada… ¿Estás durmiendo bien?

-No, estoy preocupada por Richard. Hace quince días que se fue de la pensión La Rose Rouge, y nadie sabe en dónde está.

-De modo que eso es lo que te tiene así…-dijo Candy.

-Sí, no sé, tengo un mal presentimiento…

-¿Qué presientes?

-Que lo hayan hecho prisionero… y a estas horas estén torturándolo para que diga lo que sabe….La sola idea, me crispa los nervios y me revuelve el estómago.

-Te ha dado fuerte el conocer a ese tipo…

-Tal vez sea una locura, me lleva casi quince años, pero siento algo raro cuando lo tengo cerca de mí… Y aún no logro definirlo…

-El está bien, no te estés torturando por gusto… No seas masoquista.

-Si tan solo pudiera descansar tranquila… sabiendo que está bien, que no le ha pasado nada…

-No te angusties, pronto sabremos de él. Empecemos a empacar nuestras maletas… Nos queda un largo viaje…

-Haremos una escala en Polonia… antes de llegar a Austria… Mejor es que nos preparemos mentalmente para lo que vamos a ver… No va a ser muy agradable…

El tercer batallón sanitario lo comandaba el maltés Jean Paul Le Clerc. Era de la Orden de los Caballeros de Malta, y era médico de profesión. Con él iba el norteamericano Christopher D'Onofrio, que también era médico, y el militar que los guiaría era el teniente Derek Humphrey. Pasarían por la línea Maginot, que era una fortificación erigida para proteger a Francia de los ataques de sus vecinos, Alemania e Italia, cosa que se remonta a tiempos muy antiguos, donde las guerras entre estos tres países eran el pan de todos los días.

Las chicas irían dentro de un camión de pertrechos de guerra, cubierto con una lona y escoltado por dos jeeps militares, la lona llevaba el logo de la Cruz Roja Internacional. Un logo conocido en todo el mundo.

Era un logo que todo mundo conocía y respetaba, por que representaba un poco de humanidad y altruismo en una guerra donde existía muy poca razón… A las chicas les daba un poco de pena dejar sola a Madame Savigny, pero ella ya estaba acostumbrada, desde que su esposo muriera y sus hijas se casaran para ir a vivir a Inglaterra.

-Las voy a extrañar, chicas, esto va a estar tan solo sin ustedes…

-También nosotras, madame Savigny.

-Cuídense mucho…

Subieron a la parte de atrás del camión, que era el segundo de una serie de tres camiones… Flammy por su parte se le veía inquieta y nostálgica… Candy que no era tonta, sabía que ella se había acostumbrado a las atenciones del Coronel Hogan. Lo extrañaba, era la verdad…

El coronel D'Onofrio, era uno de los tantos italo norteamericanos que en estos momentos no empuñaban las armas a favor de su nativa patria, de la que habían salido hacia varios años atrás, huyendo a las enfermedades, a la falta de oportunidades y a la miseria... buscando el sueño americano…

Este coronel tenía casi la misma edad de Neil y de William. Y era el encargado de entregar el convoy tanto de enfermeras como de médicos en las fronteras de Austria.

Empezaron la travesía esa misma madrugada. Pero por un camino demasiado deprimente… al llegar a la frontera con Polonia, hubo imágenes que hicieron voltear la cara a las chicas… de lo deprimentes y trágicas.

Por las calles, pululaban los cruces de hierro, como les llamaban a los soldados alemanes, la gente siempre tenía expresión de temor, y no querían detenerse a conversar con nadie… El convoy avanzaba lentamente…Y ellos detenían a cualquiera que pasara cerca de ellos. El coronel D' Onofrio les dijo a las que iban en el vagón.

-Procuren hacer el menor ruido posible… aunque si nos detienen podemos mostrar los papeles que acreditan nuestra pertenencia a la Cruz Roja, estos hombres pueden hacernos pasar un mal rato, y no digo que les puedan hacer a ustedes.

Flammy se estremeció… cuando aceptaron integrarse a la Cruz Roja no imaginaron con qué se iban a encontrar. Otro convoy de la Cruz Roja que iba hacia el mismo destino que las chicas, pidió permiso para integrarse al convoy que las llevaba. El que los comandaba era un militar británico de nombre Mark Huntington, quien se unió al grupo. El teniente Huntington tenía casi la edad de Richard Hogan, sólo que éste era casado. Lo cual para Flammy era un alivio. Pero hubo algo que la hizo estremecerse de horror.

En ese momento, arrestaban a un hombre que se había atrevido a cruzar una zona que los nazis tenían como prohibida. Uno de los que dirigía la patrulla, de uniforme negro, kepis negro con franjas oro, carmesí y blancas, con el escudo alemán, en apariencia un alto oficial de los mandos nazis, había detenido a varios judíos que también habían cruzado la línea… En ese momento uno de ellos se había resistido al arresto y lo estaban golpeando inmisericordemente, hasta casi dejarlo medio muerto.

Flammy quiso intervenir, pero una seña del coronel Onofrio, la hizo desistir, en ese preciso momento el oficial nazi se volvió, encontrándose con la congestionada y angustiada faz de la chica. El hombre, casi unos siete años menor que Richard, quedó impresionado al verla… a pesar de que fueron solo unos segundos, antes de que la lona que cubría el vagón volviera a ocultar su rostro.

-¿De quién es ese convoy?

-De la Cruz Roja Internacional, Herr Kommandant

-Requísenlos…

-Pero…va contra la Convención de Ginebra…

-No importa… para poder pasar tienen que mostrar documentos que acrediten que son de la Cruz Roja…

El que así hablaba, además de ser casi siete años menor que Hogan, tenía el cabello castaño claro, unos ojos azul acero, que podían ser fríos y crueles, pero que al mirar a la compungida Flammy, se volvieron cálidos…

El soldado se acercó al convoy, y le dijo al conductor.

-Muéstreme sus documentos, sino no puede pasar…Para pasar por esta calle se debe contar con un salvoconducto firmado por las autoridades.

-Pero, somos de la Cruz Roja Internacional, y contamos con un salvoconducto válido en todos los países que están en guerra.

-Son ordenes superiores… yo solo las cumplo.

La angustia y el temor se apoderaron de las que iban en el vagón… seguramente las detendrían y todo por que a un coronelazo del Tercer Reich se le ocurrió detenerlas… El conductor sacó unos papeles que llevaba en la guantera y se los enseñó al soldado que se los llevó Los documentos eran el salvoconducto expedido en Ginebra por el Comité, que era valido en todos los países que estaban en guerra, por que eran personal sanitario y no soldados. Y el personal sanitario tenía el derecho de paso inocente por todos aquellos países siempre y cuando no se detuvieran.

-Aquí tiene Herr Kommandant… Parece ser que están en regla. Además hay un documento con sello del Comité de la Cruz Roja en Ginebra… firmado por el propio Henri Dunant… Y sellado en todos los retenes, el último que pasaron fue el nuestro. Ellos van en camino al Stalag 17.

-Revisa al personal que está en los vagones. De momento no hay nada que objetar, todo esto está en regla. Espero que del mismo modo estén los papeles del personal médico que va hacia allá. Es más, yo mismo lo haré.

Y así lo hizo, era el Teniente de la Wehrmarcht Gerhardt Tirpitz. Quien levanto la lona y subió al vagón pidiendo las identificaciones y documentos del personal médico. Luego de un rápido intercambio de miradas, Candy, Patricia, y Annie entregaron sus papeles… temblando por dentro, por ser mujeres y por que sabían los cuentos que pululaban sobre estos hombres.

Al llegar al lugar donde estaba Flammy, esta le extendió sus papeles, pero él mejor que nadie sabía que había sido una excusa, para saber su nombre, su nacionalidad, y verla de cerca… Y sí, era demasiado hermosa… unos ojos negros que le taladraban el alma… hubiese dado todos sus títulos, y toda su riqueza y posición ante Hitler por una mirada, por un gesto, y por un beso…

-Fraülein Hamilton…

-Si, Enfermera Fiammarella Hamilton, americana, formo parte de la Cruz Roja Internacional. Me gradué hace dos años en el Hospital Santa Juana, en Chicago… teniente…

-Tirpitz… Gerhardt Tirpitz… - sonrió con coquetería, observando la figura y el rostro de la chica con evidente lujuria… -lo recordaré, fraü Hamilton.

Al bajar del convoy, Flammy palideció… era algo que ella no quería. Las atenciones de un coronel nazi. No era afecta a esa ideología, por que siendo católica, estimaba que ante Dios no existía judío, musulmán, o ateo. Para él todos eran iguales a sus ojos, y a todos juzgaría en el momento de la muerte, y que cuando Dios hizo las razas diferentes tuvo su propósito. Aquel encuentro le heló la sangre…

El convoy siguió su marcha, y el coronel Tirpitz siguió con los ojos el convoy…

-Nos veremos pronto… americanita… -se dijo – Muy pronto…

Mientras iban avanzando, Flammy miraba hacia fuera… el espectáculo de una ciudad en guerra, con edificios destruidos por los bombardeos, gente con rostros de hambre y sed, mendigando, le partía el alma…. Hubo un momento en que no pudo más y su espíritu quebrantado hizo que se echara a llorar… aquello no era lo que ella se había imaginado.

-Valor, Flammy. Pronto llegaremos a nuestro destino…

-Si no fuera por que tengo que cumplir con un deber, me hubiera regresado por el mismo camino a Francia, tomado un barco y regresado a Chicago… esto es superior a mis fuerzas…

-Aquí estamos nosotras… No estás sola. – Dijo Candy- Hubiera preferido que ese coronelazo se fijase en mí y no en ti.

-¿Por qué? ¿Qué le viste?

-Vi que te miraba con lujuria… No sé, pero de haber podido detenernos, lo hubiera hecho… No se que te habrás puesto últimamente como perfume, pero los atraes como el panal a las abejas…

-Será ahora, por que cuando terminé con Jake, no me miraban ni las moscas…

-Tenías una actitud diferente ante la vida en ese tiempo… No estabas preparada para que se fijasen en ti…

-Tienes razón...

ENTRETANTO….

El comandante Heinrich Glink, miraba por la ventana el patio de la prisión de soldados que tenía en las afueras de Alsen. Ya le había llegado la comunicación de la Cruz Roja donde le informaban del convoy que llegaría al Stalag en dos semanas… si los caminos se prestaban… Y era imprescindible el hospital, lo que le angustiaba era no tener instalaciones sanitarias, habían prisioneros heridos que necesitaban un médico con urgencia… y los que se enfermaban también, y poner personal medico nazi, era como decirles que se murieran.

Además, había en ese Stalag un secreto que proteger. Glink era conocido por su indulgencia con los prisioneros, en vez de someterlos a torturas. Lo que ni siquiera el Tercer Reich sabía era que Glink era espía para los Aliados, concretamente para Inglaterra. Por eso era imprescindible que el Hospital no fuera controlado por los Nazis.

Salio a ver como iban las instalaciones que se estaban construyendo… estaban ya bastante adelantadas y el necesitaba que estuvieran listas para cuando llegaran. Ya los equipos hospitalarios estaban listos para instalarse. Entre los que estaban ayudando en la construcción se encontraba Richard.

Estaba inquieto… desde que supo que el convoy de la Cruz Roja llegaría en dos semanas, cada día que pasaba aumentaba su inquietud. Y el recuerdo de unos ojos negros y un rostro de muñeca le atormentaban por las noches…

Glink se había dado cuenta, que desde que lo envió a París a entregar la carta donde solicitaba personal médico y de enfermería, había regresado muy extraño. Como si se hubiera enamorado por allá.

Helga Hoffmann, la secretaria de Glink, una chica bien dotada y de linda figura, vio lo mismo. No había regresado como siempre, bromista, enamorador, ahora estaba casi siempre callado, mirando a lo lejos, como si estuviese lejos del mundo…

-¿Hogan, le ocurre algo?

-Nada, comandante… ¿Por qué me pregunta eso?

-Desde que lo envié a París, ha regresado taciturno, introvertido, he sorprendido en sus ojos un dejo de nostalgia…

-Está imaginando cosas…

-No, no son imaginaciones, algo lo preocupa. ¿Qué es? ¿Conoció a alguna chica en París que le tiene el espíritu cautivo?

-No le puedo mentir… Si, es enfermera. Se llama Fiammarella. Es un tanto joven para mí, pero me tiene loco… no puedo vivir sin ella. Es enfermera de la Cruz Roja… Pero, dudo que la asignen hacia acá, habiendo tantos campamentos de prisioneros igual a este…

-No se angustie… tal vez ella venga en ese convoy que está por llegar…

-¿Usted cree?

-Sí… Lo creo… esa carta llegó donde tenia que llegar… Tenga fe… la suerte que tuvieron ustedes al caer aquí, en vez de otros, donde lo estuvieran pasando realmente mal.

-Si, se de varios compañeros que hasta les sacaron los ojos…y un par que… mejor que los hubieran matado…

Si… por suerte cayeron acá… se lo que pasa en Dachau y en Treblinka… Por eso no me conviene que los nazis se den cuenta de que estamos en esto… Nos quemarían vivos si lo supieran…

-Y también algo que preocupa a Stear… es que su novia esta entre las enfermeras que llegaron de la Cruz Roja, ella le cree muerto.

-Siendo así, tendrá mucho que explicar… y mucho que aclarar...

-Recuerdo el día en que el avión nuestro cayó… todos nos dieron por muertos… incluso a él, que venia en mi mismo avión. Cuando se enteró de que su novia está en el grupo de enfermeras… el casi se muere, pero mientras estaba en Paris esperando que su carta tuviera la respuesta que esperaba, me pidió que la vigilara, al igual que al resto de las chicas… allí la conocí…

-Si tuvieras la posibilidad de que el objeto de tu amor, estuviera cerca de ti… estarías dispuesto a afrontar la responsabilidad en caso de que te correspondiera…

-Mi tío cada vez que me ve, me dice que cuando pienso sentar cabeza. Y la verdad, ella es la mujer perfecta para casarme.

-Hogan, tu sabes que Tirpitz es el supervisor de todos los stalag. Y que él se encapricha hasta con una escoba vestida de mujer, si se la ponen enfrente… no dejes sola a esa chica… si esta en ese convoy…

-Lo haré- dijo sonriéndole.

Glink se aleja, preocupado aún. Desea que su plan tenga éxito, desde que supo para donde iban esas leyes que estaba promulgando Hitler, decidió tomar partido en su contra… aunque sin dejarlo entender. El era un verdadero soldado, no un fanático que odiase a la gente solo por no profesar la misma religión, o lo peor, un color diferente de piel…

El viaje era cada vez más largo… y pasaban por lugares que antes estaban llenos de vegetación, ahora eran páramos yermos y sin un solo árbol, lo que quedaba eran troncos secos, quemados por los bombardeos y el fuego de los combates… aquellos paramos contristaban el corazón de las chicas, y el frío también… En las noches se detenían para dormir, y comer algo… de lo poco que llevaban…

-Si seguimos con este ritmo… mañana estamos en la frontera con Austria… Alsen no queda lejos… Y allí hay paisaje que todavía se puede ver. Hasta que las bombas no acaben con él.

-Esa villa que pasamos cuando salimos de Alemania, la que está cercada… ¿Qué es, coronel D'Onofrio?

-Si le digo que es, enfermera White, le va a dar asco.

-Dígamelo, muy pocas cosas me asquean.

-Se trata de una villa, donde recluyen a muchachas alemanas y de otros lugares, que se han unido a ellos… las tienen allí para que ellas y los altos oficiales, se relacionen y tengan bebés…

-¿En serio? ¿Está creando un ejército de soldados?

-Según los informes quiere un país donde solo haya gente rubia, aria… por eso el exterminio de los judíos…

-Hasta donde llega la insania de un loco, burlarse de las ilusiones y de algo tan sagrado como es el amor…

-Este mundo anda de cabeza, enfermera White… Por la manera como miró Tirpitz a su compañera… me da mala espina…

-¿Usted lo vio?

-Si, y la miraba con lujuria… Yo tengo hermanas de la edad de su compañera, y me repugna pensar que el intente un día… secuestrarla y llevársela…

-¿Cree que lo haga?

-No solo lo creo, lo afirmaría…

-Entonces, Flammy debe cuidarse de ese hombre…

-Exactamente… Descanse, mañana nos espera un día duro…

Candy intentó dormir… pensaba en sus compañeras, mientras estuvieran en esto, eran su prioridad y su responsabilidad…. Flammy dirigía, por que la habían asignado como cabeza de grupo, pero aún así, era la más vulnerable…

Al día siguiente, reanudaron su marcha… Flammy estaba cada vez más inquieta y Patricia también.

-Paty, ¿qué te pasa?

-Estoy inquieta, cada vez que pasamos la frontera de un país, este presentimiento que tengo desde que nos embarcamos, toma más fuerza…

-¿De qué presentimiento me hablas?

-Tengo la corazonada de que Alistair está vivo…

-¿Cómo? Pero, si tu misma viste el parte de guerra...

-Lo vi, sí… pero nunca sentí que estuviera muerto… No es como tu con Anthony… se que está vivo… la cuestión es… ¿dónde?

El convoy seguía avanzando, y en la tarde… llegaron a Austria… pasaron el último control aduanal… ya estaban en su destino.

-Llegamos… solo nos quedan cincuenta kilómetros para llegar al Stalag 17…

Flammy al ver los Alpes, respirar el aire puro tan diferente al enrarecido aire con aroma a gasolina y pólvora, el olor a sangre descompuesta, ver caparazones de aviones aliados caídos, corroídos por el fuego, cadáveres despedazados, aquel paisaje era como una caricia a sus cansados ojos.

.-Ya estamos en nuestro destino…

-Si, y crece mi inquietud… ¿En dónde estará Richard…?

-No te preocupes… no le ha pasado nada.

El convoy que los acompañaba también paró para descansar y comer algo en Viena… cuando las chicas escucharon una voz conocida

-¡Nunca me imagine, conocer Viena en estas condiciones!

La voz que escucharon era la de Elisa… Candy se volteo para ver a la persona que hablaba.

-¿Elisa?

-¿Candy?

La que le habló, fue una mujer alta, pelirroja, aunque ya no conservaba nada de su cabellera, que era su vanidad y su orgullo, ahora su cabello estaba corto, como si fuera un hombre.

-No puedo creerlo… ¿Y tú cabello?

-Un pequeño sacrificio a Marte, el dios de la guerra- se rió- y un pequeño azote a mi vanidad. Para operar me molestaban los rizos, así que me lo corté… cuando regrese a la vida civil, decidiré si me lo dejo así o no.

-¿Operar?- preguntó Patricia…-¿Es que acaso… eres médico?

-Si, Patricia. Soy médico militar. Antes de que me embarcaran para Italia, me metieron en una academia militar para señoritas… en Washington D.C. Allí no podía llevar el cabello largo… así, que no me quedo otro remedio que cortármelo… Y es más cómodo para estar en un salón de operaciones, intentando salvar la vida de un soldado.

.-Tu padre se fue a los extremos…-dijo Candy

-Al principio lo odié con toda mi alma… pero hoy, se lo agradezco, yo tampoco iba a tomar buen camino si seguía como estaba. Si me hubieran corregido yo no te hubiera…hecho tanto daño…

-Olvídalo, todo pasa por una razón en esta vida…-dijo Candy…-¿Vienes en uno de los convoyes de la Cruz Roja…?

-Si, me enliste en la Universidad de Bologna. Fui a la embajada americana y allí me registré… Ya me había graduado, y deseaba practicar, pero no en los hospitales italianos a expensas del Duce. Preferí servirle a mi patria…

-Si te viera la tía abuela- dijo Candy mirándola, ya que ella llevaba el uniforme de la Fuerza Aérea.

-Diría que me volví loca- rió divertida- Hasta soy piloto de avión… -¿Y Neal? Me escribió y me dijo que piensa casarse…

-Si, piensa casarse, se enamoró en Hawai.

-Ya me envió una carta contándome el lío en el que se metió Archie… Por suerte, no paso a mayores… Una lección bien aprendida, supongo.

-Si, por suerte Annie siempre confió en él. Por suerte fue un desliz sin importancia…

Luego de ese encuentro, el convoy siguió rumbo a Alsen… se adentraban más en el país. Alsen era un pueblo, cerca de la frontera con Italia…y cerca de la frontera con Francia… un pueblo tirolés… con clima fresco y tranquilo, como sus habitantes… aunque la guerra había llegado hasta allí por la cantidad de camiones nazis… Austria estaba anexada a Alemania por el famoso Anschcluss... El convoy llegó justo a la entrada de un campo rodeado por alambre de púas… con un portón custodiado por dos soldados, uno gordo, de avanzada edad y otro mas joven…

-Bueno, llegamos al Stalag 17. Bájense…

Las chicas se bajaron y los prisioneros tímidamente empezaron a asomarse… pero en ese momento Flammy reconoció a uno de ellos…

-¡No puede ser lo que estoy viendo!...

Era Richard Hogan en persona… era un prisionero de guerra… Volvía a ver aquellos ojos negros… que nunca se habían apartado de su mente, ni de su corazón… el hombre del que estaba enamorada, aunque no lo admitiese ante ella misma…

Patricia también reconoció a otro de los prisioneros, aunque tenia varios días de no afeitarse… era Alistar Cornwell… el misterioso Conejo-5

HOLA: Aquí les dejo el décimo capítulo de EL SECRETO, Gracias por los comentarios a Jana, Lorena, y espero los reviews de mis queridas albertlovers... Muy pronto el capítulo 11… LA HORA DE LA VERDAD…