Recomendación Musical: "Post Apocalypse" – Kurt Tomlinson
Su problema de depresión había desaparecido y Alexandra, oficialmente, se convirtió en su tutora. Ambas lograron vender la antigua casa de sus padres y consiguieron un gran departamento que, también, daba vista al interminable Océano Pacífico. Su familia estaba en proceso de superar la muerte de Oleguer y Chassidy. Ella había ingresado a Strofes y estaba a meses de terminar el tercer año. No obstante, el baloncesto le parecía aburrido. En Japón, podía jugar horas y horas contra la 'Generación Milagrosa'. Aunque no lo aceptara, se había vuelto más fuerte y sus habilidades sobrepasaban a las de aquellos contrincantes que tenía antes de irse a Asia. Sus hermanos eran los únicos en ese país que le daban pelea. Si no fuese porque Kagami regresó a Japón o que Himuro no estuviera ocupado con el divorcio de sus padres, los retaría a un Uno a Uno.
Sus días constaban en acompañar a Alexandra al 'Baloncesto de Apuestas', donde competía con hombres y mujeres diez años mayores a ella. Sin embargo, no le parecía suficiente; ninguno de ellos lograba superar los quince minutos en la misma duela. Quería encontrar a alguien con quien exprimir todo su potencial, con quien sentir sus piernas temblando por sobreesfuerzo, con quien experimentar aquella extraña fase de la que su padre, descanse en paz, no dejaba de fantasear: 'la Zona'. Pero conforme pasaban los días y nadie tenía aquella fuerza, su esperanza fue muriendo.
Los únicos rivales eran ahora los fantasmas y los recuerdos.
Con enojo, dribló con más fuerza su balón y se encaminó hacia el tablero del otro lado de la cancha. Fingió un pase y rodeó a la imagen de Akashi. Utilizó su 'Inmovilización Ósea' para librase de Aomine. Cuando estaba a punto de lanzar, la sombra de Murasakibara la envolvió y se preparó para bloquear su tiro. Sonrió para sí misma y, desde la parte trasera del tablero, lanzó. El balón entró de manera perfecta y dejó que la red oscilara. Katomi se reincorporó y se volteó para recoger su pelota.
Las sombras desaparecieron, las imágenes se esfumaron y los recuerdos regresaron a su mente. De nuevo, se encontraba sola.
Intentó despejar tales pensamientos de su cabeza con un segundo juego en solitario. Empezó a driblar una segunda vez y decidió estudiar su fuerza y puntería, por lo que se posicionó en la Línea de Tres, apuntó y, en el momento en que soltó el balón, un hombre pelirrojo apareció para impedir el tiro. Katomi se exaltó por tal aparición, por lo que no logró realizar el tiro. Mientras el balón rodaba fuera de la cancha, la chica se volvió hacia el hombre. Lo estudió por unos momentos, hasta que le sonrió y, al igual que los demás fantasmas, su padre desapareció.
Culpó al Sol vespertino y haberse saltado el desayuno por estar alucinando en ese momento. Supo que era hora de regresar a casa, descansar, tal vez estudiar, ver televisión y ordenar una pizza para sí sola. Corrió por su balón, pero un chico (no una alucinación), lo sostuvo primero en una de sus manos. Katomi se detuvo frente a aquel grupo, liderado por el extraño moreno peli-plata.
―¿Se te perdió algo, lindura? ―cuestionó él al mismo tiempo que giraba el balón en uno de sus dedos― ¿Por qué no vas con Mamá y Papá? Esta cancha ya está ocupada.
―Dame mi balón, idiota ―demandó en un tono tóxico, causando que los otros dos varones detrás del más alto rieran en volumen bajo. El peli-plata los silenció con una mirada y le lanzó el balón a Katomi, a quien se le hubiese roto la nariz si no hubiera atrapado tal pase con semejante fuerza―. ¿Quién diablos te crees para decidir si me voy o me quedo? Llegué primero, así que ustedes pueden buscar otra cancha.
―Deberías agradecerme, enana ―dio unos pasos hacia adelante y le dejó ver su diferencia de estatura. A pesar de que ahora medía uno con setenta y cinco, el varón debía ganarle por veinte centímetros―. Las niñas como tú no deberían jugar algo tan peligroso como el baloncesto. No queremos que esa hermosa cara se maltrate, ¿cierto?
―¡Aleja tu apestosa mano de mí! ―Katomi encajó las uñas en la mano de él y, cuando las jaló de regreso, un poco de sangre brotó de su palma― ¿Quieres la cancha? Bien, adelante. Sólo quiero que sepas: a mí no me dan miedo los números.
―Hija de perra ―masculló al detener el sangrado―. Tú te lo buscaste…
―¡Jason!
Todos giraron su atención hacia el dueño de aquel grito molesto. Un chico peli-dorado, delgado, de alta estatura y electrizantes ojos esmeralda, se acercó corriendo hacia el grupo. Sostuvo con fuerza el brazo que el moreno tenía en el aire y le obligó a bajarlo.
―¿¡Qué crees que haces!? ―le preguntó a Jason.
―¡La maldita no quiere irse de la cancha y me sacó sangre!
―¡Eso no te da derecho a tratar así a una dama! Discúlpate.
―Pero… ―ante la fría mirada del recién llegado, Jason hizo que soltara su brazo e hizo una mueca ante el rostro de Katomi―, lo siento ―lo que recibió como respuesta, fue un balón contra su cara, un movimiento que la chica practicaba casi a diario con su antiguo capitán―. ¿¡Ya viste, Nash!? ¡Está loca!
―Lo tenías bien merecido ―el peli-dorado se colocó frente a Katomi, quien era cinco centímetros más baja que él―. Lamento mucho su comportamiento, puede llegar a ser un completo idiota. Ah ―llevó su mirada hacia el balón que yacía en sus pies y sonrió en entusiasmo―. ¿Juegas baloncesto?
―Por supuesto.
―¡Increíble! ¿No quisieras jugar un partido junto a nosotros?
―¿Qué? ―Jason exclamó en lugar de la oji-naranja― ¿Por qué?
―Bryson se mudó a Nuevo México―Nash le explicó―, lo que nos deja con cuatro jugadores. A menos que consigas a alguien en menos de cinco minutos, Silver, ella es nuestra única opción.
―Por favor, una mujer no puede jugar ba…
―Lo haré ―Katomi interrumpió al oji-plata, cuyo nombre, dedujo, era Jason Silver, ganándose las miradas sorprendidas de los cuatro varones.
―Fantástico ―el oji-esmeralda le tendió una mano, de manera coqueta, a Katomi para que los acompañara. La fémina, todavía desconfiada, sólo empezó a caminar junto a él―. Cada semana, jugamos contra otros chicos para ver quién se queda con la cancha hasta el próximo encuentro. ¿Qué posición eres?
―Ala-Pívot.
―Oh. ¿Te importaría jugar de Alero? Es que Gavin ―el nombrado levantó una mano en señal de saludo―, es nuestro Ala-Pívot. Es un partido de quince minutos, pero, si te cansas, nosotros cuatro nos encargaremos de todo. ¿Está bien?
―Perfectamente.
Katomi dejó que los cuatro se adelantaran, mientras sus contrincantes llegaban. La chica reconoció a uno de los oponentes: era un Alero con quien había tenido un par de encuentros; ambos conocían sus movimientos, la única diferencia era que el varón no podía detenerlos. Ella se volvió hacia los cuatro con quienes haría equipo. No estaba muy entusiasmada de ser compañera de un arrogante como Jason Silver. Tenía sus sospechas que Nash, Gavin y el otro varón fuesen igual. Aunque algo era seguro: la menospreciaban por ser mujer y estaba decidida a cambiar esa opinión.
Ambos lados se colocaron en posición. Jason y el chico más alto del otro equipo se posicionaron para dar el Salto de Inicio. El oji-plata, no por medir más, ganó el balón y se lo lanzó a Nash. Todo el equipo corrió hacia el tablero contrario. Como buena Alero, Katomi se colocó para recibir un pase y anotar el primer punto. Sin embargo, Gavin, quien poseía el objeto, prefirió mandárselo a Jason.
Al mismo tiempo que el Pívot realizaba un mate, Katomi se dio cuenta que no le entregarían el balón, sino que debería ganarlo.
Los contrincantes iniciaron con el ataque. Su Alero driblaba con velocidad el balón, cuidándose de la única chica. Observó su distinguida cabellera lo suficientemente lejos para darle un pase a su Escolta y que éste recobrara el punto. Sin embargo, cuando bajó la mirada, el balón ya no estaba en su poder. Miró sobre su hombro, mientras sus compañeros regresaban para defender, y se encontró con Katomi corriendo hacia la canasta. Ninguno fue tan rápido para impedirle realizar un Tiro de Cuchara.
Nash y sus demás compañeros vieron asombrados a la chica. El peli-dorado, en especial, aceptó menospreciar a la fémina, pero se arrepintió en ese mismísimo instante. Los minutos prosiguieron y, siempre que obtenía el balón, le daba el pase a la chica para ver el talento que tenía oculto. Observó varias fintas, bloqueos y tiros. Cuando el partido llegó a su fin, había encontrado a su nuevo Alero.
―Eres increíble, chica ―Gavin exclamó mientras los cinco tomaban agua―, nos ayudaste a tener la cancha una semana entera. ¿Dónde aprendiste esos movimientos?
―La niña sabe jugar, lo acepto ―intervino Jason―, no es nada de otro mundo.
―Mi nombre es Katomi, gracias por preguntar ―le dijo en un tono sarcástico, al mismo tiempo que Nash intentaba no atragantarse con su propia agua―. Y aprendí con unos chicos de otro país.
―¿Katomi García? ―después de recuperar el aliento, el oji-esmeralda se volvió hacia la más baja― ¿Eres hija de Oleguer García?
―¿Cómo lo…?
―Lo siento tanto ―él le susurró al oído justo después de atraparla en un extraño abrazo―. Mi padre, Nash Gold, era buen amigo de los tuyos. Estaba descorazonado cuando la noticia de su muerte lo alcanzó. Él me hablaba mucho de Oleguer…, y también de ti. Cuando quieras hablar con alguien, estamos a tu disposición.
―Entonces ―rompieron la muestra de afecto y, por fin, ella reconoció tal color de cabellera―, tú eres…
―Nash Gold hijo ―terminó por ella―, para servirte. Y, si me permites decirlo, el baloncesto de verdad que corre por tus venas. No conozco a muchas personas que puedan hacer lo que tú hiciste en la cancha. Me disculpo por creer que no serías de mucha ayuda. Tal vez pienses que soy atrevido, pero, ¿te gustaría ser nuestro Alero hasta que consigamos a alguien más?
―¿Para jugar una vez a la semana con chicos que quieren la cancha?
―No precisamente ―corrigió Nash―. Por ahora sólo somos nosotros cuatro, pero queremos hacer un equipo de Baloncesto Callejero más grande. Mi padre accedió a entrenarnos cuando seamos, por lo menos, diez integrantes. Sólo necesitamos más gente. ¿Qué dices, Katom, nos ayudas?
―Si eso significa patearle el trasero al idiota de Silver, estoy dentro, Gold.
Con ese estruje de manos y nuevos apodos, Katomi entró en una nueva historia. Conforme fuera olvidando ciertas palabras de Nash Gold hijo, le daría entrada a una completa pesadilla. Tal vez empezaría como un sueño hermoso, un cuento de hadas; sin embargo, en esa historia, el villano se llevaría la victoria.
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Los diez integrantes se juntaron en las siguientes dos semanas. Aunque nadie lo aceptara, varios de los nuevos se unieron para estar junto a la hermosa Alero. Todos los chicos la apreciaban y la admiraban, a excepción de Jason Silver. Ambos no podían estar en el mismo lugar sin iniciar una pelea verbal o física, aunque estas últimas eran detenidas rápidamente antes de que Jason le rompiera la nariz o Katomi le sacara un ojo. No obstante, tras un partido en que ambos tuvieron que unir sus fuerzas, pasaron a una amistosa rivalidad, un poco más agresiva de lo normal.
Después de cuatro años, Katomi se reencontró con un viejo amigo de su padre. El hombre entrenaba a los jóvenes de una manera muy parecíida a como hacía Oleguer. Mientras los chicos se fortalecían, contrincantes más fuertes llegaban, todos con la esperanza de vencer al equipo de Baloncesto Callejero más fuerte. Sin embargo, ellos no eran un equipo, no hasta conseguir un nombre y tener un uniforme. Fue por eso que, después de ver una película, Katomi sugirió el nombre. Todos se vieron atraídos ante su propuesto y, tras conseguir los uniformes negro y verde, Jabberwock nació.
Pese a que Katomi se encontrara dudosa de ayudar a un supuesto grupo de arrogantes, se fue dando cuenta que todos eran tan apasionados al deporte como ella. Inclusive Jason, quien era perezoso en los entrenamientos, se emocionaba con cada oponente más fuerte al que se enfrentaban. Tales días le recordaban las anécdotas que tenía de Teikō. Había veces en que se preguntaba la situación del otro lado del océano. ¿Cómo estaría la 'Generación Milagrosa'? ¿Qué tan pesados serían los entrenamientos de Shirogane Kōzō? ¿Dónde estaría Nijimura Shūzō? Si tan sólo su celular no se hubiera destruido en el accidente, todavía tendría contacto con ellos.
Aquellos nostálgicos pensamientos desaparecían con el paso de los días junto a Jabberwock. El nombre del equipo resaltaba más a nivel nacional. Poco a poco, jugadores de cualquier parte de Estados Unidos, llegaban para enfrentarse a los chicos negro y verde. Después de unas cuantas burlas por ver a una chica en la alineación, regresaban a casa, derrotados.
El álbum de fotografías de Alexandra comenzó a llenarse de Jabberwock. Había imágenes donde salía toda la alineación, junto con el entrenador, en algún partido o sólo Katomi posando con su uniforme. Al cabo de un tiempo, cuando se acercaba el aniversario de muerte de Oleguer y Chassidy, Nash hijo y Jason se convirtieron en coprotagonistas del álbum. La mayoría de las veces, el peli-dorado y la fémina aparecían riéndose del moreno, quien caía en alguna de sus bromas.
La relación entre Katomi y Nash se solidificó. Después de los entrenamientos, solían comer en la casa del otro o en algún establecimiento. A parte de compartir el amor al deporte, su temperamento hacía que iniciaran varias discusiones, las cuales siempre terminaban en bromas y risas. El oji-esmeralda hizo que Katomi se fuera olvidando, poco a poco, de cierto azabache y la promesa que él le hizo. Ambos varones eran parecidos en ciertos puntos. Esa fue la razón por la que ella permitió que dejaran de verse sólo como amigos.
Los integrantes del equipo se unieron más después del juego más difícil que tuvieron: fue contra un equipo de chicos alemanes. Eran rápidos, fuertes y tenían movimientos poderosos. Jason se encontraba herido por un esguince en su pierna, lo que les dejó un gran hueco. Varios de los chicos dieron el partido por derrotado; sin embargo, aquellos que estuvieron con Jabberwock desde el principio, confiaron en las habilidades de Nash y Katomi, principalmente. La pareja, con toda la responsabilidad encima, tomó una decisión que abriría la puerta para muchas cosas…, incluso para la arrogancia: por primera vez en sus vidas, entraron a 'la Zona', a 'la verdadera Zona'.
Su tiempo junto a Jabberwock le parecía tan maravilloso que, inconscientemente, fue olvidando una promesa que le hizo a la capitana de un equipo femenil de baloncesto. Sin embargo, con el crecimiento del poder y la fama, la arrogancia envolvió a los varones, incluso a Nash. Poco a poco, la otra cara del peli-dorado fue apareciendo.
Inició con un equipo de Minnesota.
Jabberwock aceptaba que aquellos chicos eran más fuertes que todos los oponentes que habían tenido, pero no tuvieron el poder suficiente para que el marcador quedara setenta y ocho sobre cuarenta. Al término del partido y como dictaba una tradición nacional, ambos capitanes se acercaron para estrechar manos. Nash fulminó con la mirada al más bajo y dudó en aceptar el saludo. Después de desechar tales pensamientos, estrechó manos.
Conforme nuevos equipos llegaban y Jabberwock llegaba al punto de ser llamado 'invencible', Nash cambiaba más su personalidad. Había días en que no le importaba lo más mínimo que Jason no fuera a los entrenamientos y Katomi era quien debía buscarlo por toda la costa (donde usualmente pasaba el tiempo). En los juegos, cada vez más menospreciaban, no sólo Nash, a sus oponentes con movimientos infantiles y muecas de desagrado. A Katomi se le hizo costumbre decirle a su capitán que debía agradecerles a sus oponentes, pues cualquier jugador que se paraba en la misma duela, merecía respeto.
El día en que el villano dejó mostrar su verdadera cara, fue una semana después del primer aniversario de los padres de Katomi. Fue un partido contra un equipo de Centroamérica, el primero que también tenía a una chica con ellos y en el que obtuvieron la brecha de puntos más larga: ochenta y nueve contra doce. Se pudo decir que fue el partido más sencillo que tuvieron. Aun así, Katomi estaba honrada por haber luchado contra un equipo tan unido y con gran amor al deporte. Como siempre, ambos capitanes se acercaron. Katomi estaba distraída con Gavin y, cuando se percató de que había algo diferente en Nash, fue muy tarde.
―Fue un gran partido ―el capitán del equipo contrario exclamó mientras sostenía la mano hacia el peli-dorado―. Tal vez no pudimos contra ustedes, pero, la siguiente que nos encontremos, no seremos tan piadosos. Muchas gracias por esta oportunidad.
―¿Ah? ―Nash fulminó con la mirada el intento de saludo del más bajo― ¿'La siguiente'? Por favor, no me hagas reír. Creo que todos aquí sabemos que este partido fue un completo desperdicio. No entiendo cómo pueden ser un equipo si ni siquiera saben sujetar bien una maldita bola. Antes de dejar entrar a una niña como la suya ―miró de reojo a la fémina, quien tenía la misma expresión confusa que sus demás compañeros―, ustedes mismos aprendan a jugar baloncesto ―antes de proseguir, escupió en la mano del otro capitán mientras éste se encontraba distraído por sus palabras―. Fue como jugar contra monos.
―¡Gold! ―Katomi se detuvo frente al equipo contrario y obligó a que el apodado mirara sobre su hombro― ¿¡Qué diablos te ocurre!? ¡No puedes insultar de esa forma a tus oponentes! ¡Ten respeto por el deporte!
―Y lo tengo, Katom ―el oji-esmeralda se giró con una sonrisa de lado―, pero no puedo aceptar que se burlen de nosotros, Jabberwock, mandándonos a unos completos inútiles. ¿No quieres que nuestro poder sea apreciado?
―Nuestro poder es apreciado ―le recordó ella―. Sino fuera así, estaríamos perdiendo el tiempo en una entrevista o en televisión, en lugar de estar practicando y jugando. Te recuerdo que ahora competimos contra equipos de todo el continente. Si nos menospreciaran, ¿crees que tendríamos esa oportunidad?
―Por favor, niña ―Jason tomó la palabra y se colocó a un lado de su capitán―, sólo es un deporte.
―El baloncesto es mucho más que eso ―ella respondió―, es mi vida. Y yo honro mi vida. Así que te pido, Gold, discúlpate con tus oponentes.
―Ah, Katom ―el apodado se acercó con una sonrisa sínica―, tenías tanto potencial junto a nosotros…, qué pena que ya conseguí un verdadero Alero. Puedes regresar a ser Ala-Pívot con alguien más.
Los párpados de los demás integrantes de Jabberwock se abrieron en total sorpresa. Conocían el rostro que tenía Nash en ese instante y cuando alzó la mano hacia Katomi, supieron que estaba hablando enserio. Cada vez que alguien dejaba al equipo por cualquier razón, debían entregar su uniforme en ese preciso momento. No importaba que quedaran en ropa interior. Era una costumbre que ellos tomaban como broma y nadie veía algo malo con eso. Sin embargo, la expresión del oji-esmeralda daba a entender que no era una situación de risa, mucho menos porque se trataba de la única chica del equipo.
―Si ella se va ―Gavin, quien no compartía el pensamiento de Jabberwock, se paró junto a la peli-naranja―, yo también.
―Un Alero y un Ala-Pívot menos ―masculló Nash―, no importa.
―Gold ―la fémina lo apodó con un tono venenoso, como si sintiera asco al pronunciarlo―. Tú y el equipo eran la única razón para que abandonara mi sueño de regresar a Japón. Creo que ahora me arrepiento de pensar tal cosa. ¿Prefieres tenerme como enemiga de por vida que cambiar tu actitud?
―El uniforme, Katom.
La peli-naranja se sintió asqueada al escuchar tal apodo salir de su boca. Sintiéndose con nauseas al portar aquel uniforme, se quitó el jersey y las bermudas, al igual que Gavin. Por suerte, traía abajo un short y un top deportivo. Nash sonrió al recibir el par de prendas. Antes de alejarse con el nuevo Jabberwock, arrojó la ropa al cesto de basura más cercano. Jason y los demás rieron en forma de burla y siguieron a su capitán.
―¡Hasta luego Gavin! ―Nash gritó― ¡Suerte en China, Katom!
―¡En tu vida vuelvas a llamarme así, Gold!
La furia fue mucho más fuerte que la tristeza. Estaba agradecida porque Gavin no era igual que aquel grupo de arrogantes. No obstante, se sentía como una tonta por no darse cuenta de la otra cara de Nash. Tomó una decisión de romper lazos con Jabberwock y retomar la idea de estudiar la preparatoria en Japón, para cumplir con la promesa de entrar a Tensai. Sólo esperaba que no escuchara más de aquellas personas. Lo que no sabía era que, años más tarde, se reencontraría no con Nash Gold hijo, sino con 'El Mago'.
Sé que les había dicho que no incluiría a Jabberwock en la historia. Pero, ¿qué creen? ¡Les mentí! Como se habrán dado cuenta, esto fue un recuerdo. En la siguiente semana, si es que me da tiempo de actualizar, regresaremos al presente. Nos leemos en el siguiente capítulo. Chao.
