Bueno, pues seguimos con las desventuras de la hermana de Lisa, desde luego, mira que se me va la pinza como meta algún OC en mis fics, lo siento si resulta aburrido, tenéis todo el derecho del mundo a quejaros.
SOMBRAS DE LO QUE SOMOS
Capítulo IX
"Jerome Salinger"
Domingo, 17 de enero de 1999
Twin City (Georgia)
John Winchester recuperó la consciencia cuando Sam aparcaba el Impala junto al motel dónde se hospedaban. Si le sorprendió que su hijo de quince años supiese manejar el potente vehículo no lo dejó traslucir.
Se levantó y sin decir ni media palabra entró en el baño. "Papá, ¡papá! ¿Estás bien?" Sam aporreó la puerta hasta que su demacrado padre le dijo que sí, que estaba bien. El chico estaba asustado. No solía ver al indestructible cazador en sus momentos de debilidad, por un instante llegó a pensar que se quedaría solo, en medio de Georgia con su padre inconsciente y sin saber qué hacer.
Se echó en su cama, y hundió la cabeza en la almohada tratando de ahogar el cúmulo de sensaciones que se arremolinaban en su pecho. Se acordó de su hermano, él también había sido atacado por el espectro un par de veces, como papá. ¿Y si se desmayaba y nadie le socorría?
Se levantó como un resorte y cogió el 3210 de su padre. Marcó decidido el número de Dean. "¿Qué haces con mi móvil?"
- Estoy llamando a Dean – musitó el chico aún con la voz tomada.
- No es necesario, estoy bien – arguyó el adulto.
- Tengo que hablar con él.
- Dame el móvil Sam, no vas a preocupar a tu hermano – extendió la mano pidiendo el aparato.
- No.
- Sam, dame el móvil – la entonación del cazador adquirió un timbre amenazante.
- ¿Y si Dean no está bien? ¿y si se encuentra mal y no hay nadie para ayudarle?
- Tu hermano sabe cuidarse, dame el móvil.
No iba a perder el tiempo en discutir, marcó el número pero le respondió el silencio, no daba llamada. La consabida voz metálica sonó "El teléfono que usted ha marcado está desconectado o fuera de cobertura, por favor inténtelo de nuevo más tarde"
- No tiene conexión – musitó el chico dejando el teléfono en la mesita de noche – voy a dar una vuelta.
John cerró los ojos controlando su genio y asintió. "No tardes mucho, a media noche iremos al cementerio a acabar el trabajo"
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Frankfort (Indiana)
El potente rugido de un Plymouth Roadrunner del 73 hizo sonreír a las Braeden "¿Cómo?" musitó la mayor sorprendida. Roy Hudson hizo un gesto de disculpa "Cuando ayer me comunicó el tipo ese que dabas el visto bueno a la montaña rusa sin los cinturones de seguridad, te llamé por teléfono para confirmarlo, pero no lo cogías, así que le llamé a él para decirle que te habías vuelto loca. No me dijo que vendría personalmente."
El potente vehículo paró junto a la construcción. De él bajó un hombre robusto, con tipo de guardaespaldas profesional, vaqueros y americana sport. Llevaba la cabeza rapada al uno y una cuidada barba que le hacía parecer bastante más mayor de sus veinticinco años. Dean no podía apartar la mirada del Plymouth, era una belleza, de color azul marino, perfectamente cuidado.
- ¿Qué hace aquí Salinger? – el propietario del parque de atracciones supo que se había acabado su pretensión, si quería montar la atracción debería hacer caso de las indicaciones de la mujer que acababa de despedir.
- Me han llegado noticias de que intentaba coaccionar a mi socia señor Baxter.
- No es ninguna coacción, me mintió, contraté a una borracha.
El recién llegado entornó los ojos peligrosamente. La sonrisa que esbozó no era menos peligrosa que su mirada. "¿De dónde saca esa estupidez?"
- No creerías que podrías ocultarlo para siempre ¿no, calvo de mierda? – intervino Sean Wayne envalentonado por la posición del texano millonario.
Gertrud se dio cuenta de que estaba al alcance de sus puños, le soltó un uno-dos en la nariz rompiéndole el tabique nasal. "¡Ay!" chilló la mujer moviendo los dedos y abriendo y cerrando los puños "¡qué cara más dura tiene este capullo!"
- ¡Esto no va a quedar así! – lloriqueó el tipo – ¡no es la primera vez! ¡Esta vez no te vas a ir de rositas, zorra!
- Este tipo no sabe cuando cerrar la boca ¿verdad? – Jerome Salinger cogió a Wayne de la pechera - ¿Fue él quien le dijo que mi socia es una borracha, Baxter?
- Sí – dijo el magnate algo sobrepasado por la situación.
- ¿También le ha dicho que no tiene titulación?
- Sí, pero ella lo admitió, dijo que no tenía ninguna titulación.
- ¿Y él sí la tiene?
- Pues supongo que sí, mi administrador…
Todos buscaron con la mirada al gestor pero había desaparecido. "Mi socia tiene el certificado estatal y nacional, señor Baxter, y este tipo no tiene nada de eso, ¿realmente cree que habría dejado a alguien que no fuese de mi entera confianza en un puesto tan importante? Se ha quedado sin técnico en seguridad, me temo que su parque temático va a ser cerrado hasta que no cumpla con toda la normativa. Le aconsejo que se busque un abogado y que investigue lo que ha estado haciendo el administrador, puede que se lleve una desagradable sorpresa."
De repente se dio cuenta de que aún retenía a Wayne por la pechera. "Si te vuelves a inmiscuir en el camino de las Braeden te las verás conmigo, y a mí no me duelen los puños después de un buen sopapo" golpeó con fuerza uno de los travesaños de la montaña rusa dejando marcados sus nudillos. "¿Qué te apuestas que tu cara es menos dura que eso?"
Lo dejó ir a regañadientes. El propietario del lugar pidió a Salinger que le diese un vistazo a las prescripciones de Gertrud pero el recién llegado se negó, "Puede que yo tenga más experiencia pero ella tiene un sexto sentido para este trabajo, si no lo ve así búsquese a otro."
Se habían quedado solos. Tras la marcha de Wayne y del propietario del parque, Roy se había ido discretamente junto con los demás operarios. Lisa saltó sobre Jerome, que la cogió en brazos como si en lugar de veintiuno tuviese siete años. "¡Hola pequeña!" La muchacha lo abrazó sonriendo sin decir nada y Ger le presentó al chico que iba con ellas.
- ¿Es un auténtico Roadrunner? – preguntó el muchacho impresionado señalando el coche.
- V8, 300 caballos, sí, es un auténtico Roadrunner.
- ¡Vaya! – silbó Dean – yo tengo un Impala.
- ¿El SS?.
- Sí, del 67.
- También es un gran coche, estuve a punto de tener uno.
Las dos mujeres se cruzaron de brazos molestas ante la conversación sobre Muscle cars en que se habían enzarzado. "¿Nos vamos o qué?" La de cabello corto se acercó a su novio y le dio una patada en la espinilla para que le hiciera caso. "¡Auch! ¡Bruta!"
- ¡Antipático!
- ¡Bruja!
- Borde!
- ¿Borde yo? ¡Chúp…! – el pique se acabó cuando ella le cerró la boca con un beso y puso las llaves del Plymouth en las manos del sorprendido Winchester.
Lisa tiró del chico y subieron a la parte delantera del coche "¿Son siempre así?" preguntó Dean, "Sí, arranca, que si no, no entran al coche"
