¡Hola!

Déjenos decirles que son las tres de la madrugada aquí en México y creímos que sería un buen momento para subir el capi haha xD ¡yujuuuu!

Lamentamos no poder responderles sus reviews pero Francis ya se está muriendo y yo también xD haha y ustedes se preguntaran porqué no lo suben en la mañana hahaha sí nosotras igual! Haha pero bueno no importa! Prometemos que en el próximo les contestaremos sus reviews :D Les agradecemos infinitamente a todos los que comentaron el capi anterior ^^ nos encantaron todos los comentarios ¡TODOS! Y bueno esperamos que disfruten este capi ^^

Advertencia: Este capi está exageradamente fumado haha xD pero igual a nosotras nos divirtió mucho haha no sabemos si es la hora pero nos reímos bastante… esperamos que les saque una que otra sonrisa.

¡Aioos! zzzzzzzzzzzzzz

Perdidos con Olle

El Gran Patriarca se encontraba a las afueras del Templo Principal esperando a que la diosa de la sabiduría se dignara a salir de sus aposentos, pues ya tenía más de media hora aguardando. El lemuriano tocó la puerta por milésima vez pero nadie salió.

- Señorita Athena… ¿ya está lista? – preguntó evidentemente cansado.

- Ya meritoooo. – respondió con una melodiosa voz. - ¡Tatsumi, mis botas de hule amarillas, ahora! Y no te preocupes, Shion… ya casi estoy lista. ¡En seguida salgo!

- Eso me dijo hace media hora. – Shion miró sus zapatos buscando alguna distracción y la encontró: una enorme mancha en la punta de su calzado real.

- ¡Ya me aburrí, Shion! – se quejó Kiki sentado en el suelo. - ¡No me gusta estar sin hacer nada!

- Si tanto quieres hacer algo… límpiame el zapato. – el ariano se quitó el botín sucio y se lo lanzó a Kiki.

- ¡Cómo usted diga, Shion! – sonrió tomando el zapato para a continuación empezar a limpiarlo.

- Señorita Athena… - tocó de nuevo la puerta. - ¿Todo bien? Si quiere Kiki y yo nos adelantamos.

- No, no, no, Shion. – se escuchó la voz de la diosa. – En cuando Tatsumi se digne a pasarme mi sombrero, salgo.

- ¡Aquí está, señorita! – gritó contento el calvo.

- Pues qué esperas… ¡pónmelo! ¡Pero ten cuidado con mis trenzas! – en ese instante la puerta de la habitación se abrió dando lugar a las figuras de la diosa de la guerra y de Tatsumi. Shion tuvo que frotarse los ojos ante la extraña y perturbadora imagen de Saori: la joven deidad usaba un overol de mezclilla completo, una blusa de cuadritos azules y blancos; unos guantes de hule amarillos que hacían juego con sus botas, un sombrero de palma y unas trencitas; Tatsumi estaba en la misma situación. (Sólo que calvo xD)

- ¿Qué tal me veo, Shion? – la diosa modeló frente a los ojos de los dos arianos mientras Tatsumi aplaudía fascinado. – Ay, Shion… sé que te quedaste sin palabras con mi atuendo… me veo perfecta pero no te preocupes… ¡Tatsumi, pásame la bolsa! – rápidamente el hombre obedeció y le dio lo que pedía.

- ¿Qué hay ahí, señorita? – cuestionó alegre y curioso Kiki. Athena sonrió y sacó de la bolsa más ropa.

- Pues sus trajes… no van a ir vestidos así al jardín de Olle. – contestó dándoles sus respectivos atuendos.

- Pero Athena… esto ni siquiera es un traje. – estiró la prenda. – Es un disfraz de floripondio.

- ¡Oh, sí! ¡Lo sé, Shion! – aplaudió contenta. - ¡Yo misma lo escogí! Quería uno de margaritapero se habían agotado. – entrecerró los ojos y alzó la voz. - ¡¿No te gusta?!

- El chiste es que le guste a Kiki… él lo va a usar. – el pequeño negó rápidamente con la cabeza.

- ¡No me gusta, Shion! – se quejó. - ¡Está horrible!

- ¿Cómo dices, Kiki? ¿No te lo pondrás? – la diosa se agachó y se puso a la altura del pequeño. El ariano miró de reojo al Patriarca que hacía miles de gestos para que afirmara en respuesta a la pregunta de Athena.

- Es decir, sí me lo pondré… ¡Me encanta el floripondio! – el niño estiró los brazos fingiendo alegría.

- ¡Muy bien! – se puso de pie. – Ahora pónganse su respectivo traje. – los dos obedecieron a regañadientes y se adentraron a la habitación para cambiarse. Minutos después, salieron completamente listos: Shion con su overol completo de mezclilla, un sombrero de palma, una camisa rosa, un par de guantes rojos y zapatos suecos de madera. Kiki salía saltando con dificultad gracias a su trajecito de floripondio.

- ¡Qué guapos se ven! – exclamó Saori. - ¡Tatsumi, mi equipo de jardinería y mi báculo! ¡Vamos al Templo de Piscis!

- ¿No tiene unas botas, Saori? – preguntó siguiéndola con desesperación. - ¡Mi piel es muy sensible al zapato de madera! – miró con desagrado sus nuevos suecos.

- ¡No te quejes, Shion! ¡Estaban de oferta! ¡Tatsumi también se compró un par!

- No lo dudo… ¡Kiki, date prisa! – volteó hacia el pequeño que no podía moverse pues sus piecitos estaban juntos como si fueran un tallo. – Creo que no debimos ofrecernos a cuidar el jardín de Olle mientras entrena con su equipo. – cargó al niño y siguió a Athena que ya tenía un largo tramo de ventaja.

- ¡Yo no me ofrecí, Shion! – se quejó el pequeño.

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Templo de Piscis

- En cualquier momento llegarán… ya se están tardando. - decía Olle más para sí mismo que para los demás. - ¡¿Podrían callarse de una maldita vez?! – les gritó a los Caballeros de Bronce que luchaban a muerte con Madre Naturaleza. - ¡Lastiman a mi mami!

- ¡Tu mami le está rompiendo el cuello a mi hermano! – Ikki golpeaba una y otra vez a la enredadera. - ¡Tal vez tu mascota carnívora se haya comido a Seiya pero aún puedo salvar a Shun!

- ¡Hermanoooo! – Shun se lamentaba al ser estrujado por la gran planta.

- ¡Con un carajo, Ikki! ¡Estoy vivo! ¡Sácame de aquí! – gritaba Pegaso dentro de Gota de Rocío tratando de salir de su mandíbula y evitar ser tragado por el feroz ser. El Caballero de Piscis se acercó a la escena con una tranquilidad envidiable y acarició el enorme tallo.

- Ya suéltalo, pequeña. – le dijo aún acariciándola con ternura. La planta obedeció y al instante escupió a Seiya.

- ¡Oh, qué alivio! – suspiró Seiya limpiándose la baba de la bestia. - ¡Gracias, Olle! ¡Creí que esa cosa me tragaría!

- Gota de Rocío no come porquerías. – Olle se acercó a Fénix. - ¡Muévete, animal! ¡No tienes tacto para nada! – se subió a la enredadera y ésta al no reconocer a su amo se comenzó a zangolotear con brusquedad como si fuera un caballo salvaje. - ¡Seiya, mi látigo! – el Caballero de Bronce obedeció y buscó lo que le pedía. - ¡Mami, soy yo! ¡Papi Olle! ¿Qué te hicieron estos neandertales? – la planta se tomó en serio el papel de fiera y no escuchó a su dueño y siguió moviéndose. - ¡Seiya, mi sombrero! – el castaño al fin encontró el dichoso látigo y el sombrero y se los lanzó a Olle. - ¡Quieta, quieta! ¡ALTOOO! – gritó dándole latigazos hasta que por fin pudo controlar a la enfurecida bestia que cayó rendida al suelo. El Santo de Piscis, con un rápido movimiento hizo un giro mortal triple en el aire y aterrizó con su gracia natural en el suelo con los brazos extendidos al cielo, se quitó el sombrero e hizo una reverencia a su público de dos personas. - ¡Oh, sí! ¡Y creían que las plantas eran cosas de niñas! ¡Ajua!

- ¿Y el sombrero para qué, Olle? – preguntó Seiya.

- Estilo, mi buen Pegaso… estilo. – contestó el hermoso caballero.

- ¡¿Y mi hermano?! – exclamó Ikki enojado.

- Ah, sí… debe estar debajo de la pesada Madre Naturaleza. Bueno… sáquenlo. – ordenó dándose media vuelta y retirándose del lugar para esperar a Saori y al Patriarca. – Les sugiero que sea rápido… digo, si quieren encontrarlo con vida.

- ¡Hermano, yo te sacaré de ahí! ¡No te preocupes!

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- ¡Tatsumi, a ver a qué horas! – gritó Athena mientras el mayordomo intentaba alcanzarla. - ¡No tengo todo el día!

- ¡Ya voy, señorita! – Tatsumi corría empujando una carretilla con macetas y flores. – ¿No cree que deberíamos esperar al Patriarca y a Kiki?

- ¡Son muy lentos! ¿Crees que Olle me deje cultivar unas cuantas flores en su jardín? Ahora que lo pienso… YO soy su diosa, él debería rogarme que le sembrara algunas plantas.

- Como usted diga, mi Señora. – el hombre finalmente la alcanzó.

- ¿Me estás tirando a lo loco, Tatsumi? – Athena puso ambas manos en su cintura y frunció el ceño. - ¿Es eso?

- ¡Claro que no! – se defendió. Finalmente llegaron al doceavo templo y encontraron a Afrodita esperándolos. El caballero los recibió con una sonrisa y se acercó a ellos.

- Athena… qué bueno que llega. Pensé que no vendría. – comentó mientras buscaba algo dentro de los bolsillos de su pantalón.

- Yo dije que lo haría. – entrecerró sus ojos. – Y siempre cumplo lo que digo.

- De eso me doy cuenta… se tomó muy en serio lo de cuidar mi bello, amado e invaluable jardín. – sonrió divertido al ver la vestimenta de la diosa. - ¿Y ese traje?

- ¡Oh, lo notaste! – se agarró las trencitas. - ¿Qué piensas de él? Original, ¿no?

- Cómo no notarlo, Athena… - contestó aún buscando en su bolsillo. - ¿En dónde dejé esa porquería? – gruñó el bello caballero. - ¡Aquí está! – soltó victorioso con un papel en la mano. – Tome señorita. – le extendió la hoja para que la diosa la agarrara. – Ahora, necesito que me ponga mucha atención.

- ¡Cómo sea! ¡Ya dime! – lo miró impaciente.

- Antes que nada… - observó a Tatsumi con la carreta llena de flores. - ¿Qué es eso? – señaló inquieto.

- ¡Oh, eso! ¡Lo notaste también! – exclamó con una sonrisa. – Me preguntaba si podría sembrar algunas flores en tu jardín. Tomé un curso de jardinería por Internet y dicen que ya estoy lista para tener mi propia rosaleda. – habló orgullosa.

- ¡No me diga! – fingió emoción. – Pero por supuesto que puede plantarlas… - se vio interrumpido por los gritos de Ikki y de Seiya.

- ¡Shuuuun! ¡Te sacaré de ahí! ¡No dejes de respirar! – se escuchó al Fénix.

- ¡Maldita cosa mutante! – vociferó Pegaso.

- ¡No me habías dicho que tenias una mascota, Olle! ¿La tienes?

- ¡Oh, sí! De hecho tengo dos… están enormes las traviesas condenadas. Espéreme aquí un segundo. – el Caballero del Pez se retiró y se adentró al templo. Athena sólo pudo escuchar: - ¡A ver par de inútiles! ¡Ya me tienen harto! ¡Mami, al invernadero, ahora! ¡Y tú Gota, no me hagas contar hasta tres! – hubo un ligero temblor y se escucharon un par de golpes. - ¡Aquí está tu hermano! ¡Espérenme afuera del templo! – segundos después Afrodita regresó acomodándose su hermosa cabellera y sacudiéndose el polvo de la camisa. – Ah, sí… como te decía Athena… sigue todas las instrucciones de la lista… y pase lo que pase no entres a mi invernadero… últimamente he estado trabajando con polímeros inestables en mis plantas y si alguien interrumpe el proceso podría ocasionar…

- ¡Sí, sí, lo que sea! – interrumpió la diosa. - ¡Yo lo cuidaré bien! ¡No te preocupes, Olle! – dijo empujándolo hacia la salida.

- Pero Athena… esto es de vida o muerte…

- ¡Ya entendí! ¡Te están esperando! – sonrió Saori.

- Si trae algún floripondio entre sus macetas… ¡Será el fin de la…! – se perdió su voz a lo lejos.

- ¡Adiós, Olle! ¡No maltrates mucho a mi Pegaso! ¡Es decir… a mis C Caballeros de Bronce! – en ese momento Shion llegó con Kiki en brazos, sumamente agotado.

- ¡Dioses, Athena! – colocó al niño en el suelo y se talló la frente quitándose el sudor. - ¡Cómo corre! ¡Creí que nunca los alcanzaríamos!

- ¡Ya no perdamos más tiempo! – aplaudió emocionada. – Que cada quien tome una pala y comencemos a sembrar.

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Olle bajaba las escalinatas del doceavo templo en compañía de Ikki, un moribundo Shun y Seiya. El Caballero del Pez iba hasta adelante como todo un rey sin ni siquiera verlos.

- ¿Y a dónde vamos, Olle? – preguntó Pegaso acelerando el paso.

- Ya verán… es una sorpresita. – contestó con su rosa en la boca.

- ¿Y por qué es una sorpresa? – habló Andrómeda vendándose el brazo.

- Odio las sorpresas. – gruñó Ikki con los brazos cruzados.

- Ay, Ikki… tú siempre de mal humor… no me sorprende que sigas soltero… - se quitó la flor de la boca y la observó mientras seguía caminando. – Si yo hubiera sido Esmeralda me hubiera dado un tiro.

- ¡¿Quién carajos te contó eso?! ¡No te metas con la memoria de Esmeralda! – estuvo a punto de golpearlo pero fue sujetado por Seiya y Shun.

- ¡No necesito que nadie me diga nada! ¡Desde que se están quedando en mi templo te la pasas llorándole en las noches! ¡Ya déjala descansar, coño!

- ¡¿Y a ti qué?! – gruñó nuevamente el moreno.

- ¡¿Qué a mí qué?! – Piscis se señaló a sí mismo. - ¡Si tan sólo te lamentaras mas quedito los demás podríamos dormir! ¡Ya quiero que acaben estas Olimpiadas para que se larguen y me dejen en paz!

- ¡Te voy a matar, maldito! – Ikki forcejeaba con Shun y Seiya tratando de liberarse.

- ¡Por favor! - se acomodó el cabello detrás de la oreja. – Si supieras cuántas veces he recibido amenazas de muerte por parte de Ángelo. ¡Ahora déjate de tonterías y vamos a Rodorio!

- Hermano, ya tranquilízate. Sólo lo hace para molestar. – lo tomó del hombro. – Afrodita no es tan malo. – Ikki suspiró molesto tratando de calmarse.

- ¿Y qué haremos en Rodorio? – preguntó nuevamente Seiya.

- ¡Ay, Pegaso! ¡Otra vez tú! – se quejó Olle.

- Pero estuve callado todo el tiempo… - hizo un puchero.

- ¡Y te hubieras quedado así! ¡Ya basta de preguntas estúpidas y caminen! – y sin más los cuatro caballeros terminaron de bajar los templos restantes hasta que llegaron al pueblo.

- ¿Ya me vas a decir a dónde vamos, Afrodita? – preguntó Seiya por milésima vez.

- ¡¿Qué parte de que es una sorpresa no entiendes?! ¡El chiste de una sorpresa es que no sepas qué es, para que cuando la veas te SORPRENDAS! ¡Carajo, Seiya! ¡¿Es tan difícil de entender?! – dijo apunto de jalarse los cabellos por el desesperante Pegaso.

- ¡Bueno pero no te enojes! – sonrió el castaño.

- ¡Bueno pues cierra la boca y no la abras nunca! – soltó molesto.

- ¡Bueno pero no seas tan agresivo conmigo!

- ¡Bueno… porque te voy a romper la boca!

- Bueno pero… ¿eso qué tiene que ver? – indagó Seiya.

- ¡Bueno… eso no importa! ¡Te quiero golpear!

- Bueno pero…

- ¡Yaaaa! – Ikki le dio un puñetazo a su compañero. - ¡Juro que mataré al siguiente que diga "bueno"! – amenazó el Fénix. - ¡Están advertidos!

- ¡Baah, cómo sea! – el Santo de Piscis se sopló el flequillo. – Lo importante era callar a Seiya y me hiciste el favor. ¡Ahora, vamos! ¡Este sol arruina mi cutis! – gruñó sacando sus lentes de sol y una gorra que combinaba perfectamente con su atuendo.

- ¿Seiya, estás bien? – Shun ayudó a su amigo a ponerse de pie.

- Estoy bien… - aceptó la ayuda y se incorporó.

- ¡Bueno, vámonos! – exclamó alegre.

- ¡Ahhhhh! ¡Carajo, Shun!

- ¡Lo siento, hermano! – el peliverde se tapó la boca apenado. Los Caballeros de Bronce seguían a Afrodita hasta que por fin éste se detuvo en la entrada de un establecimiento. Curiosos, leyeron el gran letrero que decía con letras enormes y brillantes: GIMNASIO "LA PRESEA DE ORO". Los bronceados voltearon a ver a Olle que sonreía abiertamente.

- ¿Gimnasio? – preguntó molesto Ikki.

- ¡Sí! Un gimnasio es el lugar en donde vas a ejercitarse, Fénix. - Olle rodó los ojos. – Creí que a tu edad ya lo sabrías…

- ¡Ya sé qué es un gimnasio! – lo miró molesto. – ¡Lo que no sé es qué rayos hacemos aquí!

- ¡Ay, Ikki detente! ¡La cabeza me zumba cada vez que me hablas! – le sonrió divertido. – Caballero Andrómeda… quiero decirte que te admiro… mira que soportar a esta cosa es para tener una… – señaló el nombre del lugar. - … presea de oro. – se comenzó a reír solo y Shun únicamente sonrió amable. - ¿Entendieron? – se quitó una lagrimita de su hermoso ojo. - ¿No entendieron? Es el nombre del lugar… es gracioso, ¿no? ¡Carajo! ¡Ángelo me la contó y me morí de risa! ¡¿Por qué ustedes no?! – al no recibir alguna reacción, suspiró resignado. – Olvídenlo. – carraspeó un poco. – Mejor entremos.

- ¿Cómo conoces este lugar, Olle? – cuestionó Shun.

- Athena me lo recomendó… aquí viene a hacer Pilates. – abrió la puerta del lugar y les hizo una seña para que lo siguieran.

Dentro del gimnasio

Cuando los cuatro caballeros entraron, se sorprendieron al estar rodeados de hombres y mujeres exageradamente musculosos utilizando extrañas máquinas.

- Espérenme aquí. – habló Olle. – Iré con el dueño del lugar… me dijeron que aquí había un entrenador de remo que podría ayudarnos a practicar. – y sin más se retiró dejándolos solos.

- ¡Vamos, Shun! ¡Y tú también, Ikki! – exclamó Pegaso. - ¡Los reto a usar aquella máquina extraña! – dijo señalando una prensa para piernas.

- ¡Pero yo no sé usarlas! – se quejó Shun.

- ¡Ni creas que vamos a subirnos a esa cosa! – Ikki alzó la voz.

- ¿Tienes miedo? – Seiya entrecerró sus ojos.

- ¡Jamás! – respondió jalando a su hermano y caminando hacia el aparato. - ¡Ya te enseñaré, Seiya! ¡Esta máquina no representa ningún reto para mí! – Shun se hizo a un lado en lo que Ikki analizaba cómo subirse al aparato.

- A ver… supongo que este es el asiento… - se rascó la barbilla. – Así que por simple eliminación y siguiendo mi lógica… ahí va mi trasero, ¿no crees, Shun?

- ¿No será al revés? – dudó Shun. - ¿Por qué las pesas estarían sobre tu cabeza?

- ¡Yo que sé, Shun! – exclamó molesto. - ¡Por algo la hicieron así!

- Creo que mejor te bajas de esa cosa, Ikki. – sugirió Seiya. – Se ve peligrosa.

- ¡Ándale, cobarde! ¡Esto fue tu idea! ¡Súbete a aquella máquina! – señaló el aparato al lado suyo.

- Pero se ve imponente y peligrosa… - titubeó Pegaso.

- ¿Tienes miedo, gallina? – lo miró Ikki tratando de acomodarse en su máquina.

- ¡Claro que no! – se defendió. – A ver… - leyó la etiqueta de la máquina. – Aquí dice "Cable Crossover Machine…" – entrecerró sus ojos y volteó a ver a Shun. – No sé qué rayos signifique pero tan sólo el nombre hace que la emoción corra por mis venas. – Seiya no lo pensó dos veces y se acomodó en el aparato.

- ¡Hermano, se ve peligroso! – dijo asustado Andrómeda.

- ¡No digas tonterías, Shun! ¡Estarás muy orgulloso de mi cuando me veas dominar esta cosa!

- ¡Pero hermano…!

- ¡Seiya, hagámoslo al mismo tiempo! – Pegaso afirmó con un movimiento de cabeza y Shun sólo los pudo ver con preocupación. Ikki y Seiya activaron las maquinas a la vez. Al primero le cayeron las pesas encima, noqueándolo y dejándolo inconsciente en el suelo pues se había colocado al revés y en cuanto a Seiya, su aparato consistía en cables los cuales al jalarlos con tanta fuerza, reventaron y el aparato se desplomó sobre él.

- ¡Hermano! ¡Seiya! – exclamó preocupado. - ¡Qué alguien me ayude a sacarlos! – el apoyo llegó rápido y entre varios sacaron los cuerpos de los dos caballeros. Al ver que no reaccionaban, la ayuda médica hizo aparición y curó las heridas de Ikki y Seiya. Después de atenderlos, Fénix y Pegaso reposaban en un banquillo, ambos estaban vendados, Ikki con un enorme chipote y Seiya con un ojo morado.

- Les dije que era peligroso. – los regañó Shun. – Al menos no nos corrieron del lugar.

- Todo es culpa de Seiya. – soltó Ikki sobándose su cabeza. - ¡Él me retó y sabes que no puedo resistirme a los desafíos!

- ¡No puedes echarme todo el muerto a mí! – se defendió. - ¡Quién te manda a hacerme caso! – en ese momento, Olle regresó con una robusta mujer.

- ¡Aquí están! ¡Los estaba buscando! – habló el caballero Olle. – Hay todo un ajetreo por allá… al parecer dos idiotas ignorantes rompieron el equipo más caro del gimnasio… pobres diablos. No puedo creer que haya gente tan torpe… pero bueno… ¡Díganme en dónde estaban! ¿Qué les pasó? ¿Con quién se pelearon? ¿Por qué están vendados? – se acercó a los caballeros. – Seiya… tienes un pedazo de metal aquí. – le enseñó un pedazo de fierro. – No me digan que… - se golpeó la frente. – Ustedes fueron los idiotas, ¿verdad?

- Podría decirse… - soltó el castaño.

- Bueno, Olle… ¿por qué tardaste tanto? – preguntó Shun.

- ¡Hay, discúlpame! – exclamó el Santo Dorado. - ¿En donde están mis modales? – sonrió apenado. – Ella es Roxane… nuestra nueva entrenadora.

- ¿No es un hombre? – Ikki entrecerró sus ojos. – Digo, su manzana de Adán lo delata…

- ¡Hermano! ¡No seas grosero! – lo reprendió el peliverde.

- ¡Siento que hablo con un simio! – Olle se cruzó de brazos. – Discúlpelo por favor, señorita Roxane.

- ¡Está bien, no te preocupes! – contestó una voz chillona. – Después de todo no está tan equivocado…

- ¿Lo ves, Ikki? – sonrió triunfal. – Espere… ¿Cómo dijo? – lo miró confundido.

- Lo que pasa es que en mi otra vida… - todos los caballeros la miraron confundidos y se corrigió. – Quiero decir… cuando era hombre. – lo ultimo lo dijo con acento muy varonil. – Fui campeón olímpico de remo en Athenas 2004.

- Nooooo. – Olle se tapó la boca, sorprendido. – Usted es… el mundialmente famoso…usted…

- Así es… - Roxane afirmó con la cabeza. – Gané medalla de oro y rompí el record mundial. Lamentablemente en Beijín quedé en quinto lugar, la depresión casi acaba conmigo y decidí tomar otro sendero y cambiar mi vida… y cuando digo cambiar de vida… me refiero a cambiar de sexo. – se acercó a los caballeros. – Agradecería que no le revelaran mi identidad a nadie pues fingí mi muerte en el accidente del 2009 en el hundimiento del barco "Ana María" en las Islas Canarias. – Seiya y Shun estaban sorprendidos ante el relato de la mujer hasta Olle se encontraba con la boca abierta.

- ¿Pero cómo sobrevivió? – preguntó intrigado Seiya.

- Veras… nada fue planeado. – habló a Roxane. – Hubo un mal funcionamiento en las turbinas del barco y al parecer chocamos con un par de rocas… algo así como el Titanic pero más letal.

- ¡Pero aún no nos dice cómo! – se quejó Ikki.

- Ahora se los diré… afortunadamente yo siempre llevo conmigo un bote inflable y sólo pude salvar a cinco personas. – le salió una lágrima del ojo. - ¡Rayos! ¡Debí regresar por el resto! – golpeó con frustración la pared. – Pero no me esperaba esa explosión causada por el derrame de petróleo… en fin les contaré cómo sobreviví. En el bote, conocí a un hombre que me cambió la vida… él al igual que yo necesitaba un nuevo rumbo, estaba harto de ser un espía internacional… me dijo que su sueño era ser heladero y yo le dije que el mío era ser mujer. Días después fuimos rescatados por un barco militar del cual no puedo revelar la identidad… para resumirles todo esto… ese espía y yo llegamos a Grecia, me enteré que se cambió el nombre y que todos le dicen don Carlos o le decían. – le salió otra lágrima del ojo. – Oí que desapareció misteriosamente.

- ¡Interesante historia! – carraspeó Olle. – Pero vamos a entrenar por favor. – miles de ideas cruzaban por su cabeza las cuales se relacionaban con cierto Caballero de Cáncer. Te echaste a un espía, Ángelo, pensó el bello caballero.

- Vamos a mi salón privado. Ahí tengo todo lo que necesitamos. – Roxane los guió directo a su futuro lugar de entrenamiento. Rápidamente, como buena campeona olímpica, los puso a entrenar.

- ¡Bien, chicos! – aplaudió esta vez con su voz de mujer para después colocarse una bandana rosa en su cabeza. - ¡El campeón olímpico quedo en el pasado! Ahora sólo soy una linda soltera entrenando a cuatro… - se le salió la baba y los miró lascivamente. – hermosos… - más baba. - perfectos… caballeros.

- ¿Está bien, señorita Roxane? – preguntó temeroso Shun.

- ¡Llámame Roxie, lindo! Primero empezaremos con el calentamiento. – puso sus manos en su cintura de hombre. – Como podrán ver, enfrente de ustedes esta un espejo enorme… así podrán visualizar sus propios movimientos y saber si lo hacen bien o no. – primero realizaron estiramientos básicos y después comenzaron a aumentar el nivel de dificultad. – Ahora siguen las flexiones de cadera. Hagan lo que yo. – los cuatro obedecieron y se pusieron a horcajadas estirándose hacia delante y bajando la rodilla.

- ¡Muy bien! – le aplaudió a Ikki. – Lo estás haciendo muuuuuuy bien. – dijo de manera seductora. – Mantén el tronco derecho… bombón. – el Fénix en vez de sentirse halagado se sintió acosado y muy perturbado. – Estírate más. – Roxane le dio una nalgada.

- ¡Carajo! ¡Déjeme en paz! – se quejó Ikki poniéndose de pie.

- ¡No empieces, Fénix! – gritó Seiya haciendo sus estiramientos. - ¡No seas ingrato! ¡Ve todo lo que ha sufrido este buen hombre! – y así continuaron su entrenamiento por varias horas usando máquinas especiales para remo. Ikki hizo uso de su gran paciencia para no golpear a Roxane en sus intentos de conquista. Al terminar todos reunieron a la salida del gimnasio.

- Le agradecemos mucho, Roxane. – dijo Shun con una sonrisa.

- No se preocupe… su identidad está a salvo con nosotros. – murmuró Olle guiñando el ojo en señal de confidencia.

- No se olviden de practicar todos los movimientos que les enseñé. ¡Mucha suerte en sus Olimpiadas! ¡Iré a verlos encantada! ¡Ya tengo mi boleto! – les sonrió abiertamente. – Te estaré apoyando, hermosa Ave Fénix.

- Vámonos de aquí. – soltó Ikki echando humo por las orejas.

- ¡Gracias de nuevo, Roxane! – exclamó Seiya alzando la mano en forma de despedida. Finalmente se alejaron del lugar y se dirigieron al Santuario.

- ¡No puedo creer que nos haya entrenado un campeón olímpico! ¡Ya lo tenemos ganado! ¡Vaya suerte! – gritó Olle contento.

- ¡Sí! – aplaudió Andrómeda completamente alegre.

- ¡Claro, cómo a ustedes no los estuvo toqueteando! – se quejó Ikki. - ¡Agradézcanme el que no lo haya matado!

- La hayas… recuerda que es mujer. – corrigió Seiya. – Horrible… pero es mujer y merece tu respeto.

- Bien… ya basta de drama… y tú, Ikki… intégrate mi rey… deberías agradecer su atención porque con esa actitud, me sorprende que te hiciera caso. – comentó Afrodita. – Aunque no entiendo cómo se fijó en ti y no en mí. – dijo ofendido. – Después de todo soy el más hermoso. – sonrió. – En fin, me alegra no ser el centro de atención porque no está nada agraciada la pobre. ¡Ahora vámonos! ¡Iremos al Templo de Tauro por mi bote y nos iremos a mar abierto!

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Templo de Tauro

Cuando llegaron al segundo templo encontraron a Aldebarán flotando en el agua de su piscina sumamente relajado.

- ¡Aldebarán holgazán! – gritó furioso Olle acercándose a la piscina. - ¡Te estoy hablando, torillo! ¡No me ignores! – se alejó y tomó una raqueta limpia hojas. – Ya verás… - murmuró molesto. - ¡Con un carajo, Aldebarán! ¡Despierta haragán! – comenzó a picarlo con la red hasta que por fin el toro mostró señales de vida.

- ¿Qué? – se talló los ojos. - ¿Olle? ¿Qué quieres?

- ¡Cómo que qué quiero! ¡Maldito perezoso! – exclamó dejando la red en el suelo y cruzándose de brazos. - ¡Necesito el bote que me prometiste! ¡Mi equipo debe entrenar y no tenemos con qué! – Aldebarán se acercó a la orilla y saludó a los demás chicos.

- Buen día, caballeros. – dijo amablemente.

- ¡Carajo, Aldebarán! ¡No me ignores! ¡Quiero mi bote ahora!

- Ya no grites, Olle. – el toro estiró sus brazos y soltó un bostezo.

- ¡Pues dame mi bote!

- No lo tengo. – salió de la piscina y tomó una toalla.

- ¡¿Cómo que no lo tienes?! ¡Me lo prometiste!

- ¿Pasó algo malo, Aldebarán? – preguntó Seiya.

- Nada malo, Seiya. – sonrió. – Es sólo que aún no lo termino, pero no se preocupen hice uno de prueba. Ensayo y error ya saben… lo de siempre. – soltó una carcajada.

- ¿Y qué haremos ahora? – Ikki frunció el ceño. – Necesitamos un bote. – vio de reojo a Olle que se le salía una vena de la frente que amenazaba con explotar.

- Tomen el de prueba. – soltó con simpleza. – Dudo que se hunda. – tomó una piña colada. – El día de hoy, Aldebarán no construye nada de nada.

- ¿Y en dónde está ese dichoso bote? – indagó Olle con un tic en el ojo.

- Está justo al lado del mini bar que construí ayer. – sonrió señalando su nueva obra con orgullo. – Si quieren una bebida… con toda confianza.

- ¡Nada de bebidas para ustedes! – gritó Afrodita. – No puedo dejar que menores de edad ingieran alcohol… así que Shun, pásame una a mí y ustedes dos… – miró a Seiya y a Ikki. – Vayan por ese bote. – los caballeros obedecieron y colocaron el barco a los pies de Olle. Se sorprendieron cuando vieron a Afrodita treparse y acomodarse dentro de la barca.

- ¿Qué haces? – indagó confundió Pegaso.

- Me subo en el. – contestó el Santo de Piscis. – Creí que era obvio. Estoy muy cansado y lo menos que pueden hacer es llevarme hasta la playa.

- ¡¿Y cómo carajos lo haremos?! – escupió Ikki molesto.

- Pues yo me quedo aquí y ustedes me llevan. – dijo como si fuera lo más obvio del mundo. – Shun, tú me agradas… puedes ir conmigo.

- Pero… ¿y mi hermano?

- Ay, Shun… qué inconsciente… ¿le vas a dejar todo el trabajo a Seiya?

- Bueno… si me lo pones así… - y sin más se subió al bote que fue cargado milagrosamente por los fuertes brazos de Ikki y Seiya.

- ¡Ah, cómo quisiera tener mi látigo! – exclamó Olle poniéndose sus lentes de sol y ofreciéndole unos a Shun. - ¡Nos vemos, Alde! – y sin más salieron del templo.

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Templo de Acuario

- ¡Camus, déjame entrar! – gritó Milo golpeando la puerta de la habitación del francés.

- ¡LÁRGATE! – se escuchó dentro del cuarto a Camus furioso. - ¡Y NO TE OLVIDES DEL INGRATO DE HYOGA!

- ¡O me abres o la tumbo! – amenazó el escorpión. - ¡Sabes que lo haré!

- ¡TÚ TE ATREVES A TUMBAR MI PUERTA Y YO TE CONGELO LA…!

- ¡LA SALCHICHA! ¡MI MAESTRO CAMUS DEJÓ SU HOT DOG EN LA LUMBRE! – exclamó Hyoga en la sala y se dirigió con prisa a la cocina. - ¡DEBO IR POR EL!

- Qué conveniente. – dijo Milo y volvió a tocar la puerta. - ¡Carajo, Camus! ¡Vamos a hablar! ¡No me gusta estar enojado contigo!

- ¡¿TÚ ESTAS ENOJADO CONMIGO?! ¡VAYA QUE ERES CÍNICO, IDIOTA!

- ¡Me equivoqué! ¡Anda, sal y hablemos! ¡Por favor!

- ¡NUNCA! ¡Y A VER CÓMO LE HACES CUANDO TENGAS QUE IR CON EL PATRIARCA! ¡PORQUE DE AQUÍ… NO PODRÁS PASAR!

- ¡Carajo, Camus! ¡¿Qué quieres que haga?! ¿Me disculpo o qué?

- ¡SERÍA BUENO, IMBÉSIL! ¡NI QUIERA TE HAS DIGNADO A DISCULPARTE!

- ¡Bueno, ya! ¡Lo siento!

- ¡A OTRO PERRO CON ESE HUESO!

- ¡¿No me crees?!

- ¡NOOOO! ¡YA VETE! ¡Y NO SE TE OLVIDE DECIRLE A HYOGA QUE NO LO QUIERO VER!

- ¡Maestro Camus! ¡Su desayuno se quemó pero le hice sus galletas favoritas! – gritó Hyoga.

- ¿Tan rápido? – le susurró Milo.

- Ya las tenía preparadas por si acaso. – le contestó el ruso con un guiño en el ojo. - ¿Maestro Camus? ¡Dese prisa se van a enfriar!

- ¡NO QUIERO NADA QUE VENGA DE TI!

- ¡Pero son sus preferidas! ¡Las hice yo mismo, son de chocolate!

- ¿D-e-e c-c-chocalate? – titubeó el francés. – Está bien… - Hyoga y Milo suspiraron aliviados. – Pásalas por debajo de la puerta.

- Tiene que salir, maestro Camus.

- ¡Debes probarlas, Camus! ¡Están deliciosas! – dijo Milo mientras comía una galletita, en ese momento se oyó un quejido y un grito que pudieron identificar como una maldición en francés.

- ¡Bueno, maestro Camus! ¡Si no las quiere usted… tal vez Crystal sí! – la puerta se abrió rápidamente mostrando a un furioso Camus.

- No se emocionen… sólo vine por MIS galletas. – gruñó arrebatándole la bandeja a Hyoga.

- ¡Tú te quedas aquí! – soltó el escorpión impidiendo que se volviera a meter a su habitación.

- Maestro… no sé porqué está enojado conmigo pero ¡lo siento! – lo trató de abrazar pero fue rechazado. - ¿Por qué es tan cruel? – sus ojos se le llenaron de lágrimas. - ¡Yo sólo me sumergí para darle su estúpido coral rojo!

- ¿Por qué eres tan cruel con esta criatura? – preguntó Milo.

- ¡TÚ CÁLLATE Y SUÉLTAME! – el francés lo empujó.

- ¿Por qué te pones así? ¡Sólo era una broma! – se defendió el escorpión celeste.

- ¡NO TIENES IDEA DE LO QUE SENTÍ CUANDO CREÍ QUE HYOGA HABÍA MUERTO!

- Pero Camus…

- ¡TÚ MÁS QUE NADIE DEBERÍA SABER LO QUE HYOGA SIGNIFICA PARA MÍ, IMBÉSIL! ¡SABES QUE LO QUIERO COMO UN HIJO! – le gritó frustrado. - ¡PERO NOOO, TENÍAS QUE HUMILLARME DE ESE MODO! ¡ME SUMERGÍ EN SEMEN DE BALLENA Y A PESAR DE QUE ME VEÍAS LLORAR SEGUISTE CON TU ESTÚPIDA BROMA!

- ¡Ya lo sé! ¡Lo lamento mucho! – se acercó a su amigo. - ¡Lo hice porque estaba celoso! ¡Desde que el mocoso llegó sólo le haces caso a él! ¡Sabes perfectamente que necesito atención y no cualquier atención! ¡Carajo, Camus! ¡Sólo extraño a mi mejor amigo! – el galo ladeó la cabeza.

- No sé de qué hablas, Milo. – se cruzó de brazos.

- ¡Claro que lo sabes! ¡Desde que llegó Hyoga sólo hablas de él! ¡¿Y qué hay de MIS necesidades?! – se golpeó el pecho. - ¡¿Qué hay de mi?!

- ¡Carajo, Milo! ¡No todo gira en torno a ti! – soltó Camus.

- Lo siento, maestro Camus. – habló por fin Hyoga. – Por mi culpa se ha peleado con su mejor amigo. Lo lamento mucho, señor Milo. – dijo mirando al griego. – Mi maestro no le ha hecho caso por mí.

- ¡¿Caso?! ¡¿Crees que soy un maldito animal que necesita atención?! – gruñó Milo.

- ¡Milo! – el aludido al ver la cara de enojo de su amigo se corrigió.

- ¡Está bien! ¡Lo siento! ¡Exageré! – rodó los ojos. – No tienes porqué disculparte, Hyoga. Yo soy el que lo lamenta… él no tiene nada que ver en la broma, Camus. – el galo lo miró dudoso. – Sólo lo dije para que entraras a nadar con nosotros… como en los viejos, ¿te acuerdas? cuando no nos importaba el esperma de ballena en nuestros cabellos… - Camus soltó una risita. – Prometo no volver a hacer algo así… trataré de llevarme mejor con Hyoga.

- No sé porqué lo odias tanto. – soltó el guardián del onceavo templo.

- ¡Ah, qué incomodo! – dijo rascándose la nunca pero se retracto cuando vio la mirada asesina de Camus. - ¡Broma! No lo odio… es sólo que… no sé… no me gusta compartir a mis amigos… y tú eres mi mejor amigo, así que la cosa está peor. – bajó la mirada sonrojado.

- Tú también eres mi mejor amigo, Milo. – sonrió y le colocó una mano en el hombro. – Supongo que yo también me disculpo… prometo compensarte el tiempo perdido. Debo admitir que tus razones son bastante convincentes.

- ¿De verdad? – Camus afirmó con la cabeza. – Entonces… ¿me acompañarían a la playa?

- Un paso a la vez, Milo.

- ¡Anda, vamos! ¡A Hyoga le encantará! ¡Te prometo que esta vez lo cuidaré cómo si fuera el hijo que nunca tendré!

- ¿Maestro Camus? – titubeó el ruso acercándose.

- Ven aquí, Hyoga. No puedo estar enojado con mi hijo tanto tiempo. – dijo dándole un abrazo y al ver a Milo fingir demencia y ver a otro lado, lo jaló hacía él. – Tú también, bicho. – el griego sonrió y lo abrazó con fuerza. Continuaron así unos minutos hasta que Milo carraspeó.

- Bueno, basta… dejémonos de cursilerías. – terminó el abrazo. – Porque nada más nos ven abrazando y ya creen que es yaoi. ¡Ni que estuviéramos en Casa de Libra! – sonrió burlonamente el escorpión.

- ¡Maestro Camus! – se quejó Hyoga perturbado.

- ¡MILOOO! – gruñó el francés seguido de la sonora carcajada del griego.

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Mientras tanto en la playa…

Luego de que los caballeros cargaran el bote con Afrodita y Shun dentro, llegaron a su destino: la playa.

- ¡Perfecto! ¡Ahora metan el bote al agua! – ordenó Olle acostado y con sus brazos cruzados detrás de la nuca. - ¡Pero rápido que se acaba el día!

- ¡¿No nos piensas ayudar?! – gruñó Seiya empujando el barco. Sin saber cómo una rosa casi se incrusta en su mano pero ésta terminó en la madera. - ¡¿Cuál es tu problema?!

- ¡Mi problema es que no arrastras el bote! – sonrió triunfal mientras se colocaba otra rosa en su boca. - ¡Menos charla y más acción! – Ikki gruñó pero siguió empujando el barco.

- ¿Te ayudo, hermano? – preguntó tímido Shun.

- No te preocupes… ya casi lo logramos. – le mostró una sonrisa y continuó empujando. - ¡Carajo, Seiya! ¡No me dejes todo el trabajo a mí! ¡Empuja!

- ¡Ya voy!

- ¡Miren, el equipo de natación! – Shun señaló a los nombrados que se acercaban.

- ¡Afrodita, qué milagro! – saludó Aioria. - ¿Qué hacen con esa cosa?

- Esta cosa es un bote. – contestó indignado y quitándose la rosa de su boca. – No es el mejor de todos pero algo es algo.

- ¿Planeas entrar al agua con eso? – cuestionó Ángelo. – Está horrible. Sin mencionar que está mal hecho.

- ¿Cómo rayos lo sabes? – Shura lo miró sorprendido.

- Aldebarán me etiquetó en una aplicación llamada "Construye tu propio bote" y bueno cualquiera con ojos se daría cuenta de que eso lo hicieron a oscuras.

- ¡Sólo eres un hablador, Ángelo! – se quejó el Caballero de Piscis.

- ¡Yo sólo decía! – contestó el cangrejo.

- ¡Pues no digas nada y ya lárguense! ¡Tenemos que zarpar!

- Está bien… ¡qué tengan un buen viaje! – soltó Shura despidiéndose con la mano observando cómo se adentraban a las profundidades.

- ¡Leven anclas! – gritó Olle alzando la mano.

- Esto es un bote… de remos. – soltó Ikki. – No un barco.

- ¡Cómo sea! ¡A remar! – todos obedecieron y comenzaron a remar disparejos, cada quien por su lado mientras daban vueltas una y otra vez en el mismo lugar. - Ya-ho, ya-ho, pirata quiero ser… - cantaba Olle remando con fuerza.

- ¡No estamos avanzando nada, Afrodita! – se quejó Shun.

- ¡Porque no lo están haciendo bien! – contestó mientras aumentaba la velocidad. - ¡Y dime capitán Olle!

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No muy lejos de ahí…

- ¡Milo, Camus, Hyoga! – sonrió Shura. - ¡Qué bueno que están aquí! ¡Entren!

- ¡Alquilamos unas tablas para surfear! – gritó Aioria flotando sobre su nueva tabla. - ¡Hasta Ángelo lo va a intentar!

- ¡A mí no me metas! – soltó el italiano. – Yo voy a tomar el sol. – se acostó en la arena y se puso sus lentes oscuros.

- ¡¿En serio?! – preguntó Milo incrédulo. - ¿Tablas? ¡Genial! – se acercó a la orilla, tomó la tabla y se adentró al mar. - ¡Vamos, Camus, Hyoga! – se aproximó hacia Shura y Aioria.

- ¡Vamos, maestro Camus! – gritó Hyoga tomando una tabla también.

- ¿Y qué, ya creíste que te iba a dejar ir? – le arrebató la tabla y la arrojó en la arena. – Tú te quedas aquí en la orilla conmigo… donde pueda verte.

- ¡Pero maestro Camus! – se quejó el ruso.

- ¡Nada de peros, Hyoga! – lo jaló y lo sentó en la arena. - ¡Haremos castillos de arena te guste o no y Ángelo nos va ayudar!

- ¡¿Y yo por qué, carajo?! – escupió el guardián del cuarto templo.

- ¡Porque lo digo yo y te callas! ¡Empieza a remover la arena y tráeme agua! – ordenó

- Si lo pones así… - Ángelo se paró y fue por agua para empezar a construir.

Mientras tanto en el agua…

- ¡De haber sabido que no iba a haber olas, no habría rentando tantas tablas! – se quejó Aioria sentado sobre su tabla.

- En fin, lo intentamos… podemos ir a hacer castillos de arena con ellos. – el español señaló la orilla viendo a un muy animado Ángelo construyendo un castillo junto con Camus y Hyoga. – Se ve divertido.

- ¡No digas tonterías, Shura! – exclamó Milo. - ¡Lo que necesitamos son olas enormes!

- ¡¿Y qué rayos quieres?! ¡¿Qué las haga?!

- Precisamente mí querido Shura. – sonrió malicioso el escorpión.

- ¡Ándale, Shura! ¡Parte el océano con tu poderosa Excalibur y crea enormes olas para nosotros! – apoyó el castaño.

- Como quieran… - el peninsular pataleó con su tabla hasta la orilla. – De una vez la afilo… - cuando llegó a la orilla, puso su brazo en posición horizontal. - ¡¿Están listos?! – gritó a sus compañeros.

- ¡CLAAROOO! – vociferaron al unísono.

- ¡AHÍ VA! ¡EXCALIBUUUUR! – en ese momento rápido resplandor y un crujir en la tierra se hizo presente; el sonido de las olas que se avecinaban llamó la atención de los caballeros que voltearon sorprendidos al ver la imponente ola que se acercaba.

- ¡Bien, Shura! – lo felicitó Aioria a lo lejos poniéndose de pie sobre la tabla. - ¿Listo, Milo?

- ¡Por supuesto, gato! – imitó al castaño. - ¡Pero me gustaría una más grande!

- ¡DE ACUERDO! – gritó el peninsular haciendo con su mano el símbolo de la victoria. - ¡PERO ES LA ÚLTIMA PORQUE YO TAMBIÉN QUIERO SURFEAR!

- ¡CÓMO SEA! ¡SÓLO HAZLO!

- ¡EXCALIBUUUUR! – y así formó la segunda ola más grande del mundo. - ¡Ay, me pasé! ¡Creo que hice un Tsunami! – miró preocupado a sus alegres amigos que estaban intentando domar las olas.

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En mar adentro…

- ¡Muy bien! ¡Sigan remando! – gritó Olle. - Ya-ho, ya-ho, pirata quiero ser…

- ¿Sintieron eso? – preguntó preocupado Seiya.

- No digas tonterías y mueve esos remos. – contestó Ikki remando con todas sus fuerzas.

- Pero hermano… yo también lo sentí.

- Debe ser la marea, Shun. – lo tranquilizó. – No te detengas.

- Oye, Fénix… - titubeó Olle.

- ¿Y ahora qué? – soltó molesto pero sin dejar de remar.

- ¿La marea mide más de veinte metros y se acerca amenazadoramente hacia uno? – dejó de remar y miró con temor a Ikki.

- No digas tonterías, Afrodita. – siguió con sus remos. – Eso me suena más a un Tsunami… me da miedo pensar en ese horrible fenómeno natural… se me pone la piel chinita. - no paró de remar. – No pienses en eso… sería muy improbable que precisamente hoy, hubiera un Tsunami. – miró a Olle con una sonrisa burlona. - ¿Te imaginas? ¡Un tsunami! ¡Pierde todas las esperanzas de vivir! ¡Qué bueno que éste no es el caso!

- ¡Oh, bien! – exclamó Olle. – Entonces, Fénix… - señaló hacia enfrente. - ¡¿QUÉ ES ESO?! – Ikki volteó y se puso pálido al ver la gran ola acercándose.

- ¡AGARRÉNSEEEEE! – vociferó remando más rápido. - ¡AYÚDENME A REMAR! – los demás obedecieron y comenzaron a remar desesperadamente pero siguieron en el mismo lugar. - ¡PÓNGANSE DE ACUERDO! – no les dio tiempo para más, pues la ola los impactó y del golpe salieron volando, cada uno de ellos aferrándose al bote para no caer fuera de el.

- ¡SANTA TOMASITA! – gritó Seiya. - ¡POR FAVOR QUE LA CAIDA NO SEA TAN DURA! – en ese momento el bote cayó destrozándose en el impacto.

- ¡SEMEN DE BALLENA! ¡ESPERMA DE CACHALOTE POR TODOS LADOS! ¡ASCOO! – Olle pataleaba aferrándose a una tabla. - ¡MI CABELLO!

- ¡HERMANOOO! – gritó Shun sosteniéndose con sus garras a un pedazo de barco.

- ¡NI SE TE OCURRA SOLTARTE DE ESA TABLA, SHUN!

- ¡¿Y AHORA QUÉ HAREMOS! – preguntó Seiya alarmado y con lágrimas en sus ojos. - ¡EL BOTE QUEDÓ DESTROZADO! ¡MORIREMOOS! ¡SE ACERCA LA MUERTEEE! – la marea comenzó a arrastrarlos a quién sabe dónde. - ¡AYUDAAAA!

- ¡TRANQUÍLICENSE TODOS! – gritó Olle. - ¡MIREN! – señaló sin aliento a lo lejos. - ¡ALLÁ HAY TIERRA! ¡VAMOS! ¡PATALEN! – obedecieron y llegaron con dificultad a una isla abandonada.

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De vuelta en la orilla…

- ¡WOOOW! – exclamó Camus maravillado. - ¡Pero qué hermosura, Ángelo! ¡Acabas de construir un digno ejemplar de la Torre inclinada de Pisa! – le aplaudió emocionado.

- Lo sé, lo sé. – sonrió halagado. – Es perfecta, ¿no? Sólo tiene un pequeño detalle. – dijo inclinándola levemente con su dedo índice. – Ahora, así. Adúlame lo que quieras.

- ¿Hyoga, tienes algo que agregar acerca de este magnífico exponente de belleza italiana?

- Creí que hablarían de mi obra de arena… - se sonrojó. – Pero estoy dispuesto a recibir sus halagos. – se dio la vuelta para que lo vieran completo. - ¡Agasájense pero no toquen!

- Hablaba de la torre, Ángelo… - se burló el francés. - ¿Decías, Hyoga?

- La altura de la torre es de 55,7 a 55,8 metros desde la base, su peso se estima en 14.700 toneladas y la inclinación de unos 4° extendiéndose 3,9 m de la vertical. La torre tiene 8 niveles: una base de arcos ciegos con 15 columnas, 6 niveles con una columnata externa y remata en un campanario. – se sonrojó mientras Camus aplaudía extasiado.

- ¿De verdad? Yo sólo creía que estaba chueca. – el italiano se rascó la cabeza confundido. No pudieron decir nada más pues una ola enorme arrasó con la torre, destrozándola por completo y llevándose consigo a los tres caballeros.

- ¡EN LA TORRE! ¡MI TORRE! – gritaba Ángelo siendo arrastrado por el mar.

- ¡NO TENGAS MIEDO, HYOGA! ¡Y POR LO QUE MÁS QUIERAS NO TE SEPARES DE MI!

- ¡NO TENGO MIEDO, MAESTRO! – gritó el ruso a varios metros de distancia.

- ¡NO TE PREOCUPES, HYOGA! ¡TE SALVARÉ! – el francés sintió un jalón del brazo y vio a Milo subirlo a la tabla.

- ¡Hola, Camus! – dijo alegre. - ¿Viste cómo domé esa ola?

- ¡QUÉ ALGUIEN ME AYUDE, CARAJO! – Shura hizo aparición y tomó al italiano del brazo y al igual que Milo, lo ayudó a subir.

- ¡Qué nena me saliste, Ángelo! – se burló el español. - ¿Viste esa ola? Increíble, ¿verdad? – el Santo de Cáncer asintió mientras recuperaba el aliento. - ¡Pues la hice yo! ¡Mi Excalibur es la mejor! – besó su brazo con orgullo.

- ¡FUISTE TÚ EL QUE ME DIO EN LA TORRE! – gruñó Máscara sentándose en la tabla.

- ¡Oye no seas amargado!

- ¡TOMA ESTO, IDIOTA! – el italiano lo empujó de la tabla y empezó a patalear a la orilla.

- ¡ÁNGELO, REGRESA! – decía Shura flotando en el agua. - ¡NO PUEDES DEJARME AQUÍ!

- ¡SÓLO OBSÉRVAME! – contestó mientras se acercaba a la orilla.

- ¡Te tengo, Hyoga! – sonrió el castaño tomando al ruso para subirlo a la tabla.

- Gracias, señor Aioria. – dijo escupiendo agua.

- Vamos a la orilla. Camus debe estar histérico.

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Isla abandonada

Los cuerpos de los cuatro salían con dificultad del agua, arrastrándose sobre la orilla tratando de alejarse del traicionero mar.

- ¡Estamos vivos! – Seiya se siguió arrastrando en la arena aliviado. - ¡Estamos, estamos…! ¿En dónde estamos?

- ¡Obviamente estamos en la orilla de la playa de Grecia! – contestó con sarcasmo Olle también tirado en la arena.

- Yo no lo creo, Afrodita. – Seiya observó a su alrededor.

- ¡Pues claro que no, idiota! ¡Estamos varados a la mitad de la nada! ¡Somos náufragos! - se sentó en la arena.

- ¿Hermano, estás bien? – preguntó Shun mientras lo ayudaba a ponerse de pie.

- Estoy bien… sólo algo mareado y adolorido de los brazos. – contestó tratando de tranquilizar a su hermano. - ¿Tú estás bien?

- Sí… - sonrió tímidamente. – El que me preocupa es Olle. – ambos caballeros giraron el rostro y vieron al Santo de Piscis hecho un ovillo en la arena meciéndose de un lado a otro.

- ¿Olle? – Shun se acercó pero fue repelido por el sueco.

- Me quieren comer… - murmuraba para sí mismo. – ¡Aléjate de mí!

- ¿Pero qué te pasa? Quiero ayudarte…

- En tiempos de crisis los hermosos caen primero… cuida tus espaldas joven Shun porque yo cuidaré las mías… cuando yo me vaya… seguirás tú, Andrómeda. – Afrodita comenzó a delirar. – La luna se teñirá de rojo esta noche… es la ley del más fuerte… se comerán entre ellos…

- ¡Aquí hay cocos! – gritó alegre Seiya.

- ¡Quítate! – bramó Afrodita y le arrebató el dichoso coco. - ¡¿Cómo parto esta cosa?! – la comenzó a arrojar a la arena. - ¡Rómpete coco!

- ¡No seas idiota! ¡Usa algo afilado! – gruñó Ikki.

- ¡No quiere! – dijo con lágrimas en sus ojos.

- En un canal de la naturaleza animal… un chango partía su nuez con una piedra…

- ¿Seguro que era un chango, Seiya? – indagó Shun.

- El planteamiento es correcto pero difiero en el animal… - interrumpió el Fénix. No pudieron continuar su conversación pues vieron cómo Afrodita agarraba una piedra gigante y la arrojaba contra el pobre coco partiéndolo en mil pedazos.

- ¡Eso es, Olle! – aplaudió Seiya. - ¡Ya tenemos comida! – iba a tomar de tomar un pedazo del coco pero Olle le saltó encima y le sacó los colmillos cual animal rabioso.

- ¡Nadie tocar mi coco! ¡Mil años de mal ayuyu! – Olle comenzó a lamer los pedazos de coco esparcidos en la arena. - ¡Yo ser el rey de isla Olle! ¡Obedecerme! – el Caballero de Andrómeda se acercó al perturbado sueco y con una delicadeza envidiable lo ayudó a ponerse de pie. - ¿Tú qué querer conmigo? - preguntó Olle.

- ¿Tú querer pelear por liderazgo de manada? – indagó Pegaso pero fue callado por un golpe de Ikki.

- ¡Tarado, lo asustas! – gritó molesto. - ¿Y por qué rayos hablas así?

- Lo siento… ¡se me pegó! – se excusó.

- Olle… sé que me perdonarás por esto… pero lo hago por tu bien. – intervino Shun.

- Yo ver cocos primero… huerto de cocos ser mío… si querer cocos hacer sacrificio…

- ¡Sacrificio al volcán! – gritó Seiya. - ¡Rápido antes de que entremos en razón! – Ikki lo golpeó nuevamente. Shun no lo pensó dos veces, y le dio su buena zarandeada al sueco.

- ¿Qué pasó? – titubeó Olle azorado por los golpes.

- Perdiste la cordura por un par de minutos… pero estarás bien. – sonrió Shun.

- Este… me disculpo por el mal rato que los hice pasar. – dijo sonrojado y poniéndose de pie. Se acomodó el cabello y se sacudió la arena. – No se preocupen, ya estoy bien… en el Santuario notarán nuestra ausencia y vendrán por nosotros sin dudarlo… Ángelo no puede vivir sin mi… ya vendrán… pero mientras podremos practicar nuestros movimientos de remo. – aplaudió con una falsa sonrisa en su hermoso rostro.

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Templo de Piscis

- Oliendo las lindas rosas… - cantaba Athena sembrando su floripondio. - ¡Tatsumi, pásame otra planta! ¡Y tú, Shion riega esto!

- Como usted diga, Saori. – contestó el lemuriano tomando una manguera.

- ¡No, espera! Ahora que lo pienso… yo lo haré… tú ve a regar otras.

- Si no le importa, iré a buscar a Kiki. – Shion se iba a retirar pero fue detenido por la voz de la diosa.

- ¡Me dijo que iba a jugar en el invernadero! – soltó Athena sin despegar la vista de sus plantas.

- Pero usted dijo que esa parte estaba prohibida…

- ¡Olle está loco! ¡Es un egoísta que no quiere que veamos sus plantas!

- Está bien… con su permiso…

En el invernadero…

- ¡Kiki! ¿En dónde estás, pequeñín? – alzó la voz adentrándose al invernadero no sin antes ver un pequeño letreo.

- PELIGRO. – leyó. – SI HAS ENTRADO A ESTE INVERNADERO CON TRAJE DE FLORIPONDIO… ERES UN IDIOTA. CONSIDÉRATE MUERTO. SALUDOS, OLLE DE PISCIS. XOXO

- Ay, ese Olle y sus ocurrencias… - se rascó la barbilla.

- ¡MAESTRO SHION! ¡AYÚDEME! ¡ME COMEN! ¡YA SUÉLTAME! – se quejaba el niño.

- ¡Kiki, deja de hacerle bromas a papi Shion! – corría alegre siguiendo la voz y finalmente lo encontró tirado en el suelo con su traje de floripondio rasgado.

- ¡Maestro Shion! – exclamó Kiki con lágrimas en los ojos y saltando a los brazos del ariano.

- ¿Qué estabas haciendo aquí, travieso? – sonrió, le secó sus lágrimas y le dio un beso en la nariz. – Me extrañabas, ¿verdad?

- ¡Una planta me quería comer, Shion! – se quejó el pequeño.

- Eres un mentiroso… te va a crecer la nariz. – lo colocó en el suelo. – Anda, ayúdame a regar estas plantas. En esta lista dice que no hay que alimentarlas pero baaah yo soy el Patriarca… ¿qué es lo peor que podría pasar? ¡Ni que fueran a mutar en una especie indestructible! ¡Esas son tonterías! ¡Vamos, Kiki! – y sin más se adentró al jardín prohibido. Caminaron y caminaron hasta que encontraron una mesita llena de botellas y frascos de diferentes colores.

- ¡Mire Shion! ¡Agua de sabores! – dijo alegre el niño tomando uno. - ¡Yo quiero el de piña!

- ¡Kiki, noooo! – exclamó Shion alarmado y le arrebató el vaso. - ¡Mira nada más! ¡Hasta espuma y humo tiene… ya debe haber caducado! – El Patriarca tiró el líquido a las plantas. - ¡Me da coraje ver tanto desorden! ¡Le haré un favor a Olle y le tiraré todos estos menjurjes! – no lo pensó dos veces y comenzó a regar los líquidos por todo el lugar. De repente sintió un ligero temblor. – Se me hace que este terreno es inestable… por eso tanta paranoia de Olle. ¡Vámonos, Kiki! – ambos salieron del invernadero.

Minutos después…

- Te vas porque yo quiero que te vayas… a la hora que yo quiera… lalalalala. – cantaba alegre la diosa sembrando más plantas. - ¿Pero qué…? – frunció el ceño incomoda. - ¡¿Tatsumi?! ¡Atrevido! ¡Si un caballero te ve haciendo estas majaderías…! ¡Suéltame! – exclamó furiosa al sentir que le volvían a tocar la pierna. - ¡Le diré a Shion! ¡Le diré que me andas agarraaaan…! – no pudo terminar la frase pues se vio sujetada fuertemente por una rama, al voltear se encontró con un monstruo lleno de lianas y al pobre Tatsumi colgando de cabeza del otro lado. - ¡SHIOOOON! – el ariano salió del invernadero a toda prisa con Kiki.

- ¡Athena, no se preocupe… yo la salvaareeeee! – la planta lo tomó de la cintura y lo empezó a zangolotear por los aires.

- ¡Suelta a Shion! – Kiki comenzó a golpearla con una pala. La enorme enredadera se desplazó por las escaleras rumbo a los templos vecinos, empezando por el de Camus.

Templo de Acuario

- ¿Ya mero están mis galletas, Hyoga? – preguntaba el galo mientras leía su enciclopedia.

- ¡Ya voy, maestro!

- No puedo leer con el estomago vacio… - se sintió un temblor en la casa. - ¡Ay, qué barbaridad! – dijo sonrojado. - ¿Ese fui yo? No pensé que tuviera tanta hambre… Hyoogaaa ya ven…

- ¡Espere, maestro!

De repente Camus, sintió como algo lo tomaba del cuello y lo alzaba del sofá seguido del crujir de su techo. Sin saber cuándo, el techo de la habitación voló en pedazos dejando ver a una mutante planta con Athena, Shion y Tatsumi en sus lianas. - ¡¿Pero qué demonios es esto?!

- ¡Pues una planta mutante! ¡Ayúdanos, Camus! – gritó Shion.

- Athena… la salvaré. – lanzó su ataque a la liana que sujetaba a la diosa, congelándola. - ¡POLVO DE DIAMANTE! ¡HYOGAAA!

- ¡Ya le dije que aún no están listas! – el ruso abrió los ojos como platos al ver la escena de película.

- ¡Atrapa a Athena! – el rubio obedeció y la atrapó sin dificultad.

- ¿Estás bien, Saori? – preguntó dejándola en el suelo.

- Sí, estoy bien… - sonrió. – A ver, cochina planta. – tomó su báculo de quién sabe dónde y se acercó amenazante a la bestia.

- No puedo creerlo… Athena usará sus poderes… - susurró Shion impresionado. – Creí que no viviría para esto. – su sonrisa cambio a una gran mueca de decepción cuando vio a Athena golpear a la planta con su báculo cual piñata.

- ¡Tenemos qué detenerla! – gritó Camus siendo sujetado de brazos y piernas por el ser, la planta siguió avanzando hacia los templos vecinos.

Templo de Sagitario

- ¡Este entrenamiento sí que estuvo intenso! – dijo el arquero limpiándose el sudor de la frente. - ¡Iré por bebidas! – sonrió. – Tenemos que hacer tiempo para que el maestro Dohko se termine de bañar, ya saben en su templo no llega el agua desde ayer. En fin, ¿alguien me ayuda?

- ¡Yo te ayudaré! – dijeron los gemelos al mismo tiempo.

- ¿Kanon?

- ¿Saga?

- ¡Yo lo ayudaré! – gritaron al unísono Saga gruñó y Kanon frunció el ceño.

- ¡Siempre quieres ayudar en todo! ¡Deja que el rechazado ayude por primera vez! – exclamó Kanon.

- ¡No te hagas la víctima, animal! – se defendió Saga.

- ¡No me hago la victima! ¡Soy la victima!

El gemelo mayor se asomó molesto a la ventana y miró a su hermano con rencor. Shaka, Mu y Shiryu los ignoraron y siguieron su plática.

- Bueno, iré por las bebidas… - sonrió Aioros nervioso.

- ¡Tú no vas a ningún lado! – lo detuvo Kanon.

- ¡Ya no te soporto, Kanon! ¡Cómo quisiera que salieras volando por la ventana! – abrió sus verdes ojos con asombro mezclado con horror al ver una gigante liana colarse por la ventana y tomar a su hermano.

- ¡Perfecto, Saga! ¡Qué buen truco! ¡Mira que hacer que Milo se vista de liana y me azote contra la pared es muy ingenioso! – dijo con sarcasmo.

- ¡KANOON! ¡TE SALVARÉ! – los demás caballeros se pusieron de pie alarmados al ver la extraña rama gigante sujetar a Kanon.

- ¡No necesito tu ayuda! ¡Yo puedo con Milo! – lo empezó a golpear desesperado. - ¡Vaya, este sí es resistente! – le dio un golpe más fuerte y la planta gruñó como si tuviera voz propia. - ¡Milo está ronco!

- No creo que sea Milo, Kanon… - titubeó Mu. La rama alzó al gemelo menor y destrozó la pared dejando ver a Camus, Hyoga, Shion, Kiki y Tatsumi siendo sujetados por las ramas de mayor tamaño mientras Athena la golpeaba con su báculo.

- ¡SUELTA A MI HERMANO! – gritó Saga.

- ¡SAAAGAAA!

- ¡No se preocupen, chicos! ¡Yo los salvaré! – habló Aioros sujetando su arco de caoba tallado a mano. – Sólo tengo que fijar el objetivo… - entrecerró sus ojos.

- Del otro lado, Aioros. – dijo Shaka fastidiado.

- ¿Qué dices, Shaka? – la planta le dio un manotazo y le arrebató el arco lanzándolo a lo lejos y rompiéndolo en mil pedazos. - ¡MI ARCOOOO! – lloró el castaño. - ¡AHORA SÍ, MALDITA! – se subió las mangas de su camisa. Sintió un toquecito en su hombro, volteó y vio como una liana lo saludaba amigablemente para después sujetarlo y zangolotearlo como a los demás.

- ¡YA ESTOY HARTO! – Shaka alzó la voz. - ¡TE DARÉ TU MERECIDO, MALDITA PLANTA!

- ¡Al fin Shaka abrirá los ojos y se desatará el Apocalipsis! – dijo emocionado Shion aún colgado en el aire.

- ¡Es tu fin, planta estúpida! ¡Una vez que el ser más cercano a Dios abra los ojos, todo acabará! – vociferó Camus orgulloso. - ¡Mira esto, Hyoga! ¡Pero míralo bien, que no todos los días puedes presenciar semejante hazaña!

- ¡EL TESORO DEL CIEEEEE… - abrió sus enormes ojos pero fueron picoteados por la vil planta. - ¡MIS OJOOOS! – gritó de dolor el Santo de Virgo.

- Estamos perdidos. – Shion rodando los ojos.

Baño de Sagitario

- Me encanta bucear en la tina de Sagitario… - cantaba Dohko alegre mientras se tallaba con jabón. – Gracias, Aldebarán por construirlaaaa…

- ¡KAANOOON! – se oyó afuera.

- ¡Ay, pero qué niños tan escandalosos! – se quejó mientras se enjuagaba. La puerta se abrió de golpe mostrando a Shiryu en el suelo frustrado sujetándose al filo de la puerta. - ¡Dioses! ¡Ya no hay privacidad aquí! – gruñó mientras veía a su alumno arrastrarse hacia él.

- ¡SÁLVESE, MAESTRO! – bramó para después ser arrastrado tipo escena Rec.

- Ay, no exageres. - salió de la tina y se amarró una toalla en la cintura. - ¡Usa el baño, caray! – se dirigió a la salida de la habitación. – Pero qué demonios… ¡Ahhhhhhhh!

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En la playa…

- ¡Oigan chicos! – gritó Aioria. - ¡Miren el mensaje que me envió Aldebarán!

- ¿Qué te envió? – preguntó curioso Shura. El león les leyó el mensaje.

- Dice: AYÚDENME. AYÚDENME. PLANTA ASESINA DESTRUYENDO EL SANTUARIO… Ay, el mensaje es demasiado largo… hay que esperarnos tantito.

- Pues terminemos esta cosa. – soltó Ángelo.

- Necesito más agua… - dijo Milo.

- ¡Ya me llegó el mensaje! – sonrió Aioria. – Dice: NECESITAMOS REFUERZOS. SOS. XOXO.

- Bueno… nos necesitan… - soltó Milo.

- Tómale una foto a nuestra obra, Shura. – exigió Ángelo. – Este Santuario de arena no fue nada fácil.

- Todo lo que inventa Alde por un poco de atención. – rió Aioria. - ¡Mira que andar inventando la existencia de plantas asesinas! – en ese momento los cuatro se miraron y exclamaron al mismo tiempo:

- ¡MADRE NATURALEZA!

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En algún lugar del mar…

- ¡Hermano! Ha pasado casi un día y nadie ha venido a buscarnos… ¡Olle y Seiya han enloquecido! – tomó a Ikki por el brazo.

- Lo sé, Shun. – Ikki lo miró serio. – Sólo hay una forma de acabar con su sufrimiento… tendré que matarlos. Hice esta lanza con restos de palmera… - dijo enseñándole su nueva arma.

- ¡Hermano!

- ¡Era broma, Shun!

- ¿Y esa arma?

- ¡Sólo por sí las dudas! ¡Además, sólo mira a Afrodita! – Andrómeda obedeció y dirigió su mirada hacía el Santo de Piscis.

- ¿Está hablando con un coco y un plátano?

- ¿Qué dices, Ángelo? – le susurraba Olle al coco que tenia pintada una cara enojada tallada con un pedazo de piedra. - ¿De veras? ¡Tú también eres mi mejor amigo! – lo abrazó contra su pecho. - ¡Shura, espera tu turno! – le dijo al plátano que estaba abandonado a su izquierda. - ¡Aquí no hay lugar para celos! – alzó la vista debido al escándalo y se encontró a Pegaso aventando cocos sobre una palmera.

- ¡Hay que sacrificar a un virgen! – gritaba desesperado saltando como chango. - ¡SHUN, SHUN, SHUN! – siguió aventando cocos. - ¡Sólo así nos liberaran! – uno de esos cocos le cayó a Olle en la cabeza noqueándolo.

- ¡TE ATREVES A TOCAR A MI HERMANO Y TE MATO! – amenazó Ikki con su lanza.

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El equipo de natación corrió hacia donde se escuchaba el estruendo en el noveno templo. Al llegar al noveno templo, se quedaron estupefactos al ver a Madre Naturaleza mutante estrangular a sus compañeros de orden.

- ¡Hermano! – corrió Aioria a ayudar al castaño mayor.

- ¡Cuidado, Aioria! – le advirtió mientras era zangoloteado.

- ¿Qué? – miró hacia atrás. - ¡Gota de Rocío! ¡Te ves más grande! ¡Ahhhhhhh! – salió huyendo de los feroces colmillos de la planta carnívora.

- ¡Milo! – gritó Camus en las alturas.

- ¡Yo te salvaré, Camus! – no pudo decir más pues unas ramas salieron del piso y lo sujetaron con fuerza. - ¡Suéltenme! ¡Camuuuus, ayúdame! - en ese momento, sin que nadie lo esperara, Madre Naturaleza habló:

- ¡HERMANAAS! ¡AVETOS, ROSALES, OYAMELES, CEDROS! ¡CÓMO SUFREN EN SU LÚGUBRE PRISIÓN! ¡¿QUIÉN LOS APRISIONÓ AQUÍ?! – gritó con voz endemoniada.

- ¡OLLE! ¡OLLE! – se escucharon los lamentos y sollozos de las plantas que surgían de la tierra.

- ¡AHORA YO LOS LIBERARÉ! ¡MADRE NATURALEZA REINARÁ!

- ¿Hablan? ¡Esto no venía en el libreto! – se quejó Ángelo al momento en que era sujetado por una liana. - ¡SHUURAA! ¡Ayúdame, carajo! ¡Suéltenme! ¡Les juro que las mataré!

- ¡Esto es científicamente estúpido y me veo obligado a corregir su ignorancia! – se quejó Camus mientras era azotado contra el suelo.

- ¡Al parecer todo es posible en este fic! – soltó el Santo de Virgo siendo estrujado por el ser.

- ¡No se preocupen, chicos! ¡Yo los liberaré! – el gran toro tomó un hacha y comenzó a cortarla. - ¡Te mataré maldita!

- ¡Aldebarán, comienza envenenando su entorno lentamente! – gritó Milo. - ¡Es la peor de las muertes!

- ¡MADRE NATURALEZA! – la planta giró su enorme cuerpo y encaró al español. - ¡LIBERA A MI PUEBLO, AHORA!

- ¿MOISÉS? – dudó la planta.

- ¡No! Sólo Shura. – dijo mostrando su afilada Excalibur. – Siempre quise decirlo… pero no me cambies el tema… el problema es conmigo…

- ESTÁ BIEN… ¡HERMANAS, SUÉLTENLOS! – ordenó Madre. Los caballeros cayeron al piso y Shura se acercó amenazante a Madre.

- ¡Salgan de aquí! – los demás santos asintieron y le desearon buena suerte. - ¡Esto es entre ella y yo! Quién me viera… yo Shura de Capricornio, honorable caballero de la elite dorada peleando contra una rama. – y así la pelea épica entre el hombre y la bestia dio inicio. Mientras esperaban el resultado de la batalla, Athena se acercó a sus caballeros.

- Caballeros, hay una duda que me está matando…

- ¿Cuál? – preguntó Shaka.

- ¡¿Por qué demonios no usaron sus armaduras doradas?! – todos se miraron avergonzados y completamente sonrojados.

- ¡Yo no tengo! – se defendió Kanon.

- En momentos de tensión… uno hace tonterías. – intentó explicar Camus.

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En algún lugar del mar…

- Olle, Olle… - Shun zangoloteó el cuerpo del santo. – Despierta… despierta…

- ¿Qué? – el hermoso caballero abrió los ojos. - ¿Qué pasó?

- Te cayó un coco en la cabeza, estuviste inconsciente dos días. Seiya y mi hermano construyeron un "bote" y zarparemos cuanto antes… - le ayudó a ponerse de pie.

- Tengo tanta sed… - se talló la boca y se detuvo al sentirse algo extraño. - ¿Qué? ¿Qué es esto? – se preguntó frotándose la cara.

- Verás… les creció demasiado… no se ven tan mal.

- ¡NOOOOOO!

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Después de aquel jalado día en el Santuario, los Caballeros Dorados se encontraban en la sala del Templo Principal celebrando su victoria en el gran comedor.

- ¡Oh, delicia de los Dioses! – exclamó Milo. – ¡Quién hubiera dicho que estas cosas tendrían tan buen sabor!

- Son verduras… tienen vitaminas y minerales y más cuando están tan frescas y bien desarrolladas… ¡Come más Hyoga! – explicó Camus.

- ¡Quién diría que estaban vivas y con mente propia! – sonreía Aioros mientras introducía un gran pedazo de Gota de Rocío en su boca. - ¡Sabe a pollo!

- ¡Debo de admitir que me sorprendió un poco cuando hablaron! – dijo Shaka con los ojos bien abiertos y con una sonrisa.

- Le guardaré un poco a Olle. – soltó Ángelo.

- ¡Muchas gracias por este festín, Shura! – agradeció Shion cortando otro pedazo. - ¡Ya oíste a Camus, Kiki! ¡A comer!

- Ay, Patriarca me sonroja. – el español se limpió con una servilleta. – Fue un gusto… me sirvió para afilar mi Excalibur.

- ¡Buen provecho a todos! – la diosa alzó su copa contenta y todos la imitaron.

- ¡¿Cómo que no puedo pasar?! – se oyó a las afueras del salón.

- No sé cómo pudieron cruzar todo el Santuario pero no les puedo permitir la entrada. Es sólo para caballeros del más alto rango. – se escuchó a un guardia.

- ¿Qué escándalo es ese? – se preguntó molesta Athena. En ese momento se abrieron las enormes puertas del comedor mostrando a cuatro entes que al parecer eran hombres: tres de ellos tenían barbas largas que les cubrían casi todo el rostro, las caballeras sucias y despeinadas. Sus ropas estaban andrajosas y rotas, sin mencionar que andaban descalzos. El que tenía un sombrero de coco se aproximó a toda velocidad a la mesa y comenzó a meterse todo a la boca.

- ¡Estos vagabundos encontraron a Shun! – dijo el arquero contento al reconocer al caballero de Andrómeda que no tenia barba.

- Pues no se diga más. – soltó Camus. – Hay que agradecerles… denles agua y un poco de pan.

- ¡¿POR QUÉ CARAJOS NO ME RECONOCEN?! – exclamó el hombre de celeste barba. - ¡¿TRES DÍAS Y NO SE ACORDARON DE MI?! – se dirigió corriendo como pudo hacia Ángelo y lo abrazó con fuerza.

- ¡ÁNGELO! ¡TÚ SÍ DEBES DE RECONOCERME! – no lo soltó. - ¡SOY YO!

- Aprecio mi espacio personal… - lo alejó de él y se encaminó hacia los demás caballeros. – Ay… ¿pero qué pasó con la separación de clases?

- Déjenmelo a mí. – interrumpió Milo. – Tomen buenos hombres… repártanselo. – les dio unas cuantas monedas. – Y gracias por traer a Shun… estoy seguro de que Ikki lo apreciará… en donde quiera que esté.

- Pero señor Milo… ellos son…

- Shhhhhh… Ay, la experiencia traumática que has de haber tenido… no te preocupes algún volverás a ver a tu hermano. – se encaminó hacia los hombres y con delicadeza los empezó a empujar a la salida. – No quisiera ser descortés pero esto es una fiesta privada. – todos miraron extrañados al escorpión que no se movía de su lugar.

- ¿Milo, estás bien? – Camus lo giró y se encontró con una rosa incrustada en la frente de su amigo.

- Las dos son muy bonitas… - comenzó a delirar y cayó al suelo.

- ¿Olle? – dijeron todos al unísono.

- ¡ASÍ ES, IDIOTAS! ¡NO SABEN CUÁNTO LOS ODIO! ¡TRES DÍAS, CARAJO! ¡TRES DÍAS! ¡PERO CLARO, USTEDES SE DAN UN AGASAJO CON ESTE FESTÍN! ¡NOSOTROS SOBREVIVIMOS COMIENDO COCOS! ¡SEIYA ESTÁ COMPLETAMENTE LOCO E IKKI HA PERDIDO LA CAPACIDAD DE HABLAR! ¡QUIÉN SABE CUÁNDO LA PODRÁ RECUPERAR! ¡Y YO… TENGO BARBA! – observó la larga mesa y se acercó. Tomó un pedazo de comida y la introdujo a su boca. - ¿Mami? – preguntó con lágrimas en sus ojos. - ¿Quién fue le inhumano que hizo esto? – todos voltearon y señalaron al español que sólo pudo tragar con dificultad.

- Traidores… - susurró.

- ¡SHUURAAA! ¡ROSAS PIRAÑA!

- ¡Detente, Olle! – huyó el peninsular. - ¡NO ES LO QUE CREES!

- ¡TE ODIOOO, SHURAAAA!

- Qué lindo es comer en familia… - sonrió Athena masticando un trozo de Gota de Rocío.

Continuará…

Y queridos lectores… ustedes se preguntarán de cuál fumamos hahahaha la respuesta es obscenas cantidades de peyote hahahaha ¡broma!

¡Nos leemos!