Papá salió, prometiendo estar de vuelta para el almuerzo después de investigar un poco. Pero el reloj avanzó lentamente más allá de la una en punto. Las dos. Bianca salió a comprar. Descubrí que era casi imposible comer los cereales del desayuno si tienes garras. Era difícil comer cualquier cosa, en realidad. Alimenté mi cara de bestia con un paquete entero de Jamón. ¿Empezaría pronto a comer carne cruda?

A las dos y media, supe que papá no iba a volver a casa. ¿Estaba intentando algo para ayudarme? ¿Pero quién le creería? ¿Qué iba a decir: "Oiga, mi hijo ha sido transformado en una especie de bestia de cuento de hadas"?

A las tres, había ideado un plan de reserva. Desafortunadamente, incluía a Mei. La llamé al móvil.

- ¿Por qué no me has llamado? -¿Necesito añadir que lloriqueó?

- Te estoy llamando ahora.

- Pero se suponía que tenías que llamarme antes, el fin de semana.

Contuve mi molestia. Tenía que ser amable con ella. Era mi mejor oportunidad. Ella siempre estaba diciendo que me amaba. Si me besara, esto podría acabar antes de que papá consultara con el primer cirujano plástico. Comprendí que era una locura creer que un beso me cambiaría, como creer en la magia. ¿Pero cómo podía no creer en la magia ahora?

- Nena, lo siento. No me sentía bien. En realidad, creo que ya estaba incubando algo el viernes. Por eso estaba de tan mal humor. -Tosí unas cuantas veces.

- Debió ser eso.

Lo cual me cabreó, pero dije:

- Lo sé. Fui un estupido, y lo arruiné todo, ¿verdad? -Inspiré profundamente y dije lo que sabía que ella quería oír-. Y estabas tan guapa el viernes. Dios, eres la chica más guapa que he visto nunca.

Soltó una risita.

- Gracias, Natural.

- Todo el mundo se moría de envidia, viéndome contigo. Tuve mucha suerte.

- Aja, yo también. Escucha, estoy en el SoHo, comprando con algunas chicas. Pero podría pasarme después, tal vez. Tu padre no está en casa, ¿verdad?

Sonreí.

- Cierto. Pon la oreja realmente cerca del teléfono. Quiero decirte algo, pero no quiero que nadie escuche.

Rió de nuevo.

- Vale. ¿Qué?

- Te amo, Mei -susurré-. Te amo tanto…

- Yo también te amo -dijo, riendo como una tonta-. Nunca lo habías dicho tú primero.

- No me has dejado terminar. Te amo tanto, te amaría incluso si no estuvieras tan buena.

- ¿Eh?

- Es cierto. Te amaría incluso si fueras fea. -Oí a Bianca trasteando fuera de mi puerta. Bajé la voz para que no pudiera oírme-. ¿Tú me amarías incluso si fuera feo?

Otra risita.

- Tú nunca podrías ser feo, Natural.

- Pero si lo fuera. Si tuviera, por ejemplo, un enorme grano en la nariz, ¿podrías seguir amándome?

- ¿En la nariz? ¿Tienes un grano en la nariz?

- Es sólo una pregunta retórica. ¿Todavía me amarías?

- Claro. Esto es raro, Natural. Te estás poniendo raro. Tengo que irme.

- Pero vendrás, ¿vendrás después?

- Claro. Ajá. Pero ahora tengo que irme, Natural.

- Vale. Te veo luego. -Y se separó del teléfono, la oí reír más alto, diciendo a sus amigas "Ha dicho que me ama". Todo iría bien.

Eran las seis. Le dije a Bianca, a través de la puerta, que si venía Mei, la enviara a mi habitación. Estaba sentado en mi cama, con las persianas bajadas, las luces apagadas excepto la del armario. Esperando. En la oscuridad, con suerte, puede que Mei ni siquiera reparara en mi aspecto. Llevaba un par de vaqueros viejos de papá, más grandes que los míos, para cubrirme mejor, y una camisa de manga larga. Todo lo que necesitaba era un beso. Amor y un beso, había dicho la bruja. Entonces, todo se arreglaría. Sería de nuevo mi yo hermoso, y esta broma cósmica terminaría.

Finalmente, se produjo un golpe en la puerta.

- Entra -dije.

Ella abrió la puerta. Yo había trabajado a fondo, recogiendo el papel y los cristales rotos. Había encontrado los dos pétalos y los había escondido bajo la lámpara de mi escritorio, así no se perderían.

- ¿Por qué está todo tan oscuro? -dijo-. ¿Qué, no quieres que vea el grano?

- Quería que resultara romántico. -Palmeé un punto sobre mi cama. Intentando mantener la voz nivelada-. Quería arreglar lo del viernes. Te quiero mucho, Mei. No quiero hacer nada que haga que te pierda.

- Disculpas aceptadas -soltó una risita.

- Genial. -Una vez más, palmeé la cama para que se sentara-. ¿Podemos pasar el rato o… algo? Mi padre está fuera, así que estará fuera un rato. -Finalmente se sentó y puse mi brazo cubierto por la camisa a su alrededor, la empujé más cerca.

- Oh, Natural. Me encanta cuando me rodeas con tus brazos. -Sus propios brazos se movieron hacia abajo por mi camisa y…

No. Iba a por la entrepierna otra vez. El pelaje me delataría. Todo lo que necesitaba era un beso rápido antes de que reparara en él.

- Sólo besémonos un ratito.

Y la besé justo en la boca. Esperaba sentir algo, como cuando había cambiado la otra noche. Pero nada.

- Ough, Natural. Pareces muy peludo. Tienes que afeitarte.

Me arrastré lejos de ella, intentando quedarme entre ella y la ventana.

- No, no me he afeitado hoy. Te dije que había estado enfermo.

- Bueno, ¿te has duchado? Porque no llegarás a ninguna parte conmigo si no lo has hecho.

- Por supuesto que me he duchado.

- Déjame encender la luz. Quiero ver. -Extendió la mano hacia la lámpara.

La luz se encendió.

Entonces oí un grito.

- ¿Quién eres? ¿Qué eres? -Comenzó a golpearme. Me acobardé, temiendo matarla con mis garras-. ¡Aléjate de mí!

- ¡espera! Soy yo, Natural.

Siguió golpeando. Practicaba karate, y se notaba. Dolía.

- ¡Mei, por favor! ¡Sé que es una locura, pero tienes que creerme! Esa chica gótica… era una auténtica bruja.

Mei dejó de golpearme y me miró.

- ¿Una bruja? ¿Crees que soy estúpida? ¿Esperas que me crea que era una bruja?

- ¡Mírame! ¿De qué otro modo puedes explicar esto?

Mei estaba extendiendo la mano, como para tocar mi cara peluda, cuando la retiró de golpe.

- Tengo que salir de aquí. -Comenzó a avanzar hacia la puerta.

- Mei… -Fui tras ella y le bloqueé el paso.

- ¡Apártate! No sé qué pasa contigo, pero apártate, ¡monstruo!

- Por favor, Mei. Tú puedes arreglar esto. Ella dijo que me quedaría así hasta que alguien me amara y me besara para probarlo. Tenemos que intentarlo de nuevo.

- ¿Quieres que te bese ahora?

Esto no estaba funcionando. Pero tal vez mejoraría ahora que ella lo sabía. Tal vez tenía que saber que estaba besando a una bestia.

- Bésame, y volveré a ser normal. -Me sentía temblar, como haces cuando estás a punto de llorar. Pero eso era patético-. Dijiste que me amabas.

- ¡Eso fue cuando estabas guapo! -Intentó pasar a mi lado, pero la bloqueé de nuevo-. ¿Qué te ha pasado de verdad?

- Te lo he dicho, fue un…

- ¡No vuelvas a decirlo! ¡Como si yo creyera en hechizos, perdedor!

- Soy el mismo, por debajo, y si me besas, todo será como debería ser.

Dominaremos la escuela. Por favor. Sólo un beso más.

Me miró como si fuera a hacerlo. Se inclinó hacia mí. Pero cuando me incliné para besarla, se agachó bajo mi brazo y salió corriendo de la habitación.

- ¡Mei! ¡Vuelve! -La perseguí por el apartamento, sin pensar siquiera en Bianca ni en nada-. ¡Por favor! Te quiero, Mei.

- ¡Aléjate de mí! -Abrió la puerta-. Llámame si superas esto. -Salió corriendo al vestíbulo.

Yo corrí hasta la puerta.

- ¿Mei?

- ¿Qué? -Estaba acribillando el botón del ascensor, intentando meterle prisa.

- No se lo cuentes a nadie, ¿vale?

- Oh, créeme, Natural, no se lo contaré ni a un alma. Pensarían que estoy chiflada. Debo estar chiflada. -Me miró de nuevo y se estremeció.

Llegó el ascensor, y se fue. Yo volví a mi habitación y me tendí en la cama. Todavía podía oler su fragancia, y no olía bien. No había amado a Mei, así que no era una sorpresa que ella tampoco me amara a mí. Debía ser por eso que el beso no había funcionado. La bruja había dicho… yo tenía que estar enamorado.

Nunca había amado a nadie, ni siquiera cuando era normal, nunca había tenido a nadie que quisiera estar conmigo, a no ser que fuera por quién era, las cosas que tenía, y lo bueno que era montando fiestas. No me había importado mucho antes. Yo sólo quería lo mismo que querían las chicas, pasar un buen rato. Ya habría tiempo para otras cosas después.

¿Pero qué probabilidad había de encontrar a alguien que realmente me amara ahora? Y tal vez amarla a cambio sería la parte más difícil de todas.

Hola!

Sigan leyendo que esto aun no acaba

A saber: Los médicos no pueden curar que seas una bestia.

Durante las siguientes semanas, mi padre y yo viajamos por todo Unova y hablamos con una docena de médicos, los cuales nos dijeron en diversos idiomas y con diversos acentos que estaba jodido.

Viajamos fuera de Unova y visitamos a brujas y también a expertos en vudú. Todos dijeron lo mismo: No sabían cómo me había convertido en lo que era, pero no podían curarlo.

- Lo siento, señor Harmonia -le dijo a mi padre el último médico.

El viaje en coche había durado trece largas y silenciosas horas, y en cuánto nos habíamos bajado en un área de descanso me había vestido como una mujer con túnicas cubriéndome el cuerpo y la cara. El médico trabajaba en un hospital de una ciudad cercana, pero papá lo había arreglado para que nos recibiera en privado, en su casa de fin de semana en el campo. Papá no quería que nadie me viese. Miré por la ventana. La hierba era de un verde que nunca antes había visto, y había rosales de todos los colores. Los miré fijamente. Eran hermosos, justo como Bianca había dicho.

- Sí, yo también.

- Realmente lo admiramos señor Harmonia -dijo el doctor Endecott-. Mi esposa, especialmente, parece sentir algo por usted.

¡Dios mío! ¿Este tipo estaba pidiendo un autógrafo o sugiriendo un trío?

- ¿Podría ir a un colegio para ciegos? -interrumpí. El médico se detuvo en medio de su propuesta, o proposición.

- ¿Qué, Natural?

Él había sido el único en llamarme por mi nombre. Había querido largarme en ese momento, pero papá siguió hablando con él hasta el amargo final cuando… sorpresa, sorpresa… no pudo ayudarme.

No era que realmente culpase a alguien por no querer cargar conmigo. Yo no hubiese querido cargar conmigo tampoco, razón por la cual creía que lo que estaba sugiriendo era tan brillante.

- Un colegio para ciegos -dije-. Tal vez podría ir a uno de esos.

Sería perfecto. Una chica ciega no podría ver lo feo que era, así podría poner en marcha el encanto Harmonia y hacer que me amase. Luego, una vez fuera transformado, podría simplemente regresar a mi antiguo colegio.

- Pero no eres ciego, Natural -dijo el médico.

- ¿Pero no podemos decirles que lo soy? ¿Que perdí la vista en algún insólito accidente de caza o algo?

Negó con la cabeza.

- No es que no comprenda lo que sientes, Natural.

- Sí, claro.

- No, de verdad. Lo comprendo, un poco. Cuando era adolescente, tenía un cutis muy malo. Probé cada medicación y preparado que existía, y mejoraba un tiempo, luego empeoraba otra vez. Me sentía muy feo y tímido, estaba seguro de que nadie se fijaría nunca en mí. Pero con el tiempo, crecí y me casé. -Señaló una foto de una bonita mujer rubia.

- ¿Con el tiempo quiere decir después de terminar la carrera de medicina y hacer una tonelada de dinero de modo que las mujeres pasaran por alto su aspecto? -dijo papá con brusquedad.

- Papá… -dije. Pero yo había estado pensando lo mismo.

- ¿Está comparando esto con el acné? -dijo papá, gesticulando hacia mí- Es una bestia. Se despertó una mañana y era un animal. Seguramente, la ciencia médica…

- Señor Harmonia, tiene que dejar de decir esas cosas. Natural no es una bestia.

- ¿Cómo lo llamaría usted? ¿Qué terminología hay?

El médico sacudió la cabeza.

- No sé. Pero lo que sé es que es sólo su aspecto físico el que se ve afectado, lo que es en el exterior. -Puso su mano sobre la mía, cosa que nadie había hecho- Natural, sé que es difícil, pero estoy seguro de que tus amigos aprenderán a aceptarte y a ser amables.

- ¿En qué planeta vive? -grité-. Porque definitivamente no es la Tierra. No conozco a nadie amable, doctor. Y es más, no quiero conocer a nadie así.

Suenan como perdedores. No tengo algún problemilla. No estoy en una silla de ruedas. Soy un completo y total monstruo. -Me di la vuelta para que no pudiesen ver como perdía el control.

- Doctor -dijo mi padre-, hemos visitado a más de una docena de médicos y clínicas. En algún momento… -se detuvo-. Usted me vino altamente recomendado. Si es cuestión de dinero, pagaré lo que sea para ayudar a mi hijo. No será un trabajo pagado por la aseguradora.

- Lo entiendo, señor -dijo el médico-. Desearía…

- No se preocupe por el riesgo. Firmaré una renuncia. Creo que ambos, Natural y yo, estamos de acuerdo en que preferiríamos arriesgar… cualquier cosa antes de que siga viviendo así. ¿No, Natural?

Asentí con la cabeza, aunque comprendí que mi padre estaba diciendo que preferiría verme muerto antes que vivo con este aspecto.

- Sí.

- Lo siento, señor, pero en realidad no es cuestión de dinero o riesgo. Es simplemente que no hay nada que hacer. Creí que quizá con injertos de piel, incluso un trasplante de cara, pero hice algunas pruebas, y… - ¿Qué? -dijo mi padre.

- Fue de lo más extraño, pero la estructura de la piel permaneció inalterada ante todo lo que hice, casi como si no pudiese ser cambiada.

- Eso es absurdo. Todo puede ser cambiado.

- No. No se parece a nada que yo haya visto nunca. No sé lo que lo pudo haberlo causado.

Papá me lanzó otra mirada. Sabía que no quería que le contase a nadie lo de la bruja. Él mismo no lo creía todavía. Aún pensaba que yo había sufrido una enfermedad un poco extraña que podía ser curada mediante la medicina.

El doctor continuó:

- Realmente me gustaría hacer algunas pruebas más, con propósitos de investigación.

- ¿Ayudarán a mi hijo a parecer normal?

- No, pero nos podría ayudar a aprender más acerca de su condición.

- Mi hijo no será un conejillo de indias -dijo papá con brusquedad.

El doctor asintió con la cabeza.

- Lo siento, señor. Lo único que puedo sugerir es que usted lleve a Natural a terapia, para que aprenda a tratar con esto lo mejor que pueda.

Mi padre mostró una débil sonrisa.

- Sí, desde luego, eso haré. Ya lo he estado investigado.

- Bien -El doctor se giró hacia mí- Y Natural, lamento mucho no poder ayudarte. Pero tienes que entender que esto no es el fin para ti a menos que dejes que lo sea. Muchas personas con discapacidades logran un gran éxito.

- Pero ese es el problema, doc. Yo no soy un genio. Soy simplemente un chico.

- Lo siento, Natural. -El doctor se puso de pie y me palmeó el hombro otra vez, como diciendo a la vez "vamos, vamos" y "por favor, sal de aquí". Entendí y me levanté.

Papá y yo apenas hablamos en el coche de regreso a casa. Cuando llegamos, papá caminó conmigo desde la limusina hasta la puerta de servicio trasera de nuestro castillo. Me quité el oscuro velo de la cara. Era julio y hacía calor, y aunque intentaba mantener el pelo de mi cara recortado, éste volvía a crecer casi instantáneamente. Papá me hizo gestos para que entrase.

- ¿No vienes? -dije.

- No, llego tarde. He perdido bastante tiempo por esta mierda. -Debió ver mi cara porque añadió: -Es una pérdida de tiempo si no logramos nada.

- Claro -Entré. Papá comenzó a cerrar la puerta, pero yo dejé que esta me golpeara la espalda.

- ¿Todavía seguirás intentando ayudarme?

Estudié la cara de papá. Mi padre era un rey, así que era realmente bueno en poner cara seria aún cuando estaba diciendo sandeces. Pero ni siquiera papá pudo evitar que los labios se le crispasen cuando dijo:

- Por supuesto, Kyle. Nunca dejaré de intentarlo.

Adelante! No se detengan, que aun no termina el capitulo

Esa noche no podía dejar de pensar en lo que el Doctor había dicho, sobre que no podía ayudarme porque yo no podía cambiar. Ahora tenía sentido… cómo tan pronto como me cortaba el pelo, éste volvía a crecer. Lo mismo que con mis uñas… garras ahora.

Papá no estaba en casa, y Bianca se había ido a pasar la noche. Papá le había aumentado el sueldo y la había hecho jurar mantener el secreto. Así que saqué un par de tijeras de cocina y una navaja de afeitar. Corté el pelo de mi brazo izquierdo tan corto como pude, luego afeité el resto hasta que estuvo tan liso como antes de mi transformación.

Esperé y observé fijamente mi brazo. No pasó nada. Tal vez el secreto era hacer que estuviera tan al ras como fuera posible, no recortado, sino eliminado de raíz. Incluso si papá tenía que pagar a alguien para que vertiera cera caliente sobre mí cada día, valdría la pena si podía parecer un poco más normal. Volví a mi habitación, sintiendo una oleada de… esperanza… que no había sentido desde ese primer día en que llamé a Mei para convencerla de que viniera a besarme.

Pero cuando regresé a la luz brillante de mi dormitorio, el pelo me había vuelto a crecer.

Me miré los brazos. Si acaso, el pelo de mi brazo izquierdo parecía más espeso que antes.

Había algo… tal vez un grito… atascado en mi garganta. Me precipité hacia la ventana. Quería aullar… a la siempre amorosa luna, como la bestia de una película de terror. Pero la luna se ocultaba entre dos edificios. De todos modos abrí la ventana y rugí al caliente aire de julio.

- ¡Cállate! -Llegó una voz desde un edificio. En la calle, una mujer se apresuró, agarrando su monedero. Una pareja se distinguía entre las sombras lejos del poste de alumbrado. Ellos ni repararon en mí.

Corrí a la cocina y escogí el cuchillo más grande de la tabla de cocina. Después me atrincheré en el cuarto de baño y, apretando los dientes contra el dolor, corté de un tajo una sección de mi brazo. Me quedé mirando como fluía la sangre de la incisión. Me gustaba el rabioso dolor rojo de esto. Deliberadamente, aparté la mirada.

Cuando volví a mirar, el agujero se había curado. Yo era indestructible, inmutable. ¿Significaba eso que era sobrehumano, que no podía morir? ¿Y si alguien me pegaba un tiro? Y si así fuera, ¿qué sería peor… morir, o vivir para siempre como un monstruo?

Cuando regresé a la ventana, no había nadie en la calle. Las dos en punto. Quise conectarme, chatear con mis amigos como acostumbraba. Había seguido con la historia de papá sobre la pulmonía hasta que la escuela terminó, después les había dicho a todos que me iba a lejos a pasar el verano, y después a un internado en otoño. Les dije que los vería antes de marcharme en agosto, pero era una mentira. No me importaba. Apenas si me habían enviado algún e-mail. No quería volver a la escuela, desde luego no como un monstruo.

En ese lugar, habíamos tratado mal a la gente si usaban zapatos baratos. Se habrían lanzado sobre mí con picas y antorchas, por mi aspecto. Creerían que sufría alguna enfermedad como pensaba papá, y se alejarían de mí. E incluso si no lo hicieran, no podría soportar ser un monstruo en una escuela donde solía ser uno de la Gente Guapa.

Calle abajo, un indigente avanzaba trabajosamente con una enorme mochila sobre los hombros. ¿Cómo sería ser él, que nadie esperara nada, que nadie quisiera nada de ti? Lo observé hasta que desapareció, como la luna, entre los dos edificios.

Finalmente, me derrumbé sobre la cama.

Cuando mi cabeza golpeó la almohada, había algo duro allí. Deslicé mi mano bajo la almohada y saqué un objeto, luego encendí la luz para ver.

Era un espejo.

No me había mirado en un espejo desde mi transformación, no desde el día en que había roto el que tenía en mi habitación. Recogí éste, un espejo de mano cuadrado con un marco de plata, el mismo que Bel había sostenido ese día en la escuela. Pensé en romperlo en tantos pedazos como fuera posible. Tienes que encontrar satisfacción donde puedas.

Pero capté una visión de mi rostro en él. Era mi propio rostro… mi viejo rostro, esos ojos azules, la cara perfecta que aún era la mía en mis sueños. Sostuve el espejo más cerca, utilizando ambas manos, como si fuera una chica a la que estaba besando.

El reflejo se esfumó, y allí estaba mi rostro de bestia otra vez. ¿Estaba loco? Levanté el espejo.

- ¡Espera!

La voz llegaba del espejo. Despacio, lo bajé.

El rostro dentro de éste había cambiado otra vez. Bel, la bruja.

- ¿Qué estás haciendo aquí?

- No rompas este espejo -dijo ella-. Tiene poderes mágicos.

- ¿Sí? -dije-. ¿Y qué?

- Lo digo en serio. Te he estado observando desde hace más de un mes. Veo que has comprendido que no puedes salir de esto con el dinero de papi… dermatólogos, cirujanos plásticos. Tu padre incluso llamó a esa clínica en otro continente donde se hizo su último tratamiento ultra secreto. Todos te han dicho lo mismo… "Lo siento, chico. Aprende a vivir con esto. Ve a terapia".

- ¿Cómo…?

- También vi tu jugada con Mei.

- No fue una jugada. La besé antes de que me viera.

- Ella no te volvió a cambiar, ¿verdad?

Negué con la cabeza.

- Te lo dije, tienes que amar a la persona. Ella tiene que amarte. ¿Amas a Mei?

No respondí.

- Creo que no. El espejo tiene poderes mágicos. Mira en él, y podrás ver a quien quieras, en cualquier parte del mundo. Piensa en el nombre de alguien, en uno de tus antiguos amigos quizás… -En el espejo, pude verla mofarse cuando dijo "antiguos"-. Pide, y el espejo te mostrará a esa persona, en cualquier parte donde pueda estar.

No quería hacerlo. No quería hacer nada que ella dijera. Pero no pude evitarlo. Pensé en Mei, y rápidamente, la imagen en el espejo cambió para mostrar el apartamento de Mei, que seguía como había estado el día del baile. Mei estaba sentada en el sofá, besuqueándose con algún tío.

- esta bien, ¿y qué? -grité, antes de preguntar si Mei podía oírme.

El rostro en el espejo cambió otra vez a Bel.

- ¿Puede ella oírme? -susurré.

- No, sólo yo. Con todos los demás, es de una sola dirección como un monitor de bebé. ¿Alguien más a quién quieras ver?

Comencé a decir que no, pero otra vez, mi subconsciente me traicionó.

Pensé en algún amigo. El espejo volvió al apartamento de Mei. Y ahí estaba, era el tío que estaba con Mei. Después de un minuto, Bel dijo:

- ¿Qué harás a continuación? ¿Volverás a la escuela?

- Claro que no. No puedo ir a la escuela como un monstruo. Estoy más unido a papá. -Miré la hora. Eran más de las diez, y papá no estaba en casa. Me evitaba.

Las pocas semanas con los médicos eran el tiempo más largo que habíamos pasado juntos en… bueno, jamás. Pero yo sabía que no duraría. Volvería a mi antigua vida de ver a papá sólo por televisión. No me había importado antes, cuando tenía una vida. Pero ahora no tenía nada ni a nadie.

- ¿Has dedicado algún pensamiento a cómo vas a romper el hechizo?

Me reí.

- Tú podrías cambiarme.

Ella apartó la mirada otra vez.

- No puedo.

- No quieres.

- No, no puedo. El hechizo, sólo tú puedes romperlo. La única forma de deshacerlo es cumpliendo sus términos… que encuentres el verdadero amor.

- No puedo hacer eso. Soy un monstruo.

Ella sonrió un poco.

- Sí, así te consideras, ¿verdad?

Sacudí el espejo.

- Tú me has hecho así.

- Eras un cabrón odioso. -Hizo una mueca-. ¡Y deja de sacudir el espejo!

- ¿Te molesta? -Le di otra sacudida-. Qué pena.

- Tal vez no me equivoqué al transformarte. Tal vez me equivoqué al considerar el ayudarte ahora.

- ¿Ayudarme? ¿Qué clase de ayuda puedes darme que yo quiera? Quiero decir, si no puedes cambiarme.

- Puedo darte consejos, y el primero es, no rompas el espejo. Podría serte útil algún día.

Y luego desapareció.

Puse el espejo… suavemente… sobre la mesita de noche.

Ahora si hemos terminado…. Por ahora