=¬= Perdón por la tardanza! Finalmente, aquí está el cap 10 w Me he pegado una semana corrigiéndolo, un poquito cada día ;¬; estoy muerta...
Les agradezco a todos los que me van dejando un review en cada cap w o al menos, a quienes leen la historia y les gusta ^w^ ¡Gracias!
Wa! ò.ó alguien me preguntó sobre la ubicación espacio-temporal del cap anterior... el cap 9 se inicia con Sirius y Remus paseando por Hogsmeade (ya llevaban allí un rato) y termina cuando el tren que los lleva a Hogwarts de nuevo está a punto de salir. Si no queda muy claro en un cap donde empieza y donde acaba no tengan reparos en decírmelo! .
A leer~! :D
Agitó sin interés el contenido de su vaso. Los tres hielos giraron en el interior, produciendo un leve tintineo que se apagó enseguida.
Levantó la cabeza con cuidado. Ya comenzaba a sentirla mucho más ligera y volátil, por efecto del alcohol que ya estaba siendo absorbido y asimilado por su organismo.
Claro que, en el estado en el que estaba, estas cavilaciones resultaban incoherentes y nimias en su mente ligera como una pluma.
Miró a la gente a su alrededor. Todos bailaban, moviéndose con mayor o menor soltura a un lado y a otro de la pista de baile. La estridente música no hacía más que colaborar a que aumentase la excitación general, incentivada todavía más por la gran cantidad de alcohol que había ingerido una gran mayoría del personal.
Remus los observó con hastío desde su silla. Hacía un rato que había comenzado a notar el ambiente cargado, además de que la música había empezado a molestarle y producirle dolor de cabeza.
Dios, era la última fiesta a la que acudía con esos tres...
Al principio todo había ido muy bien, pues estaban los cuatro juntos. Risas por aquí, miraditas a las adolescentes hormonadas por allá...
La cosa había comenzado a ir en picado según había ido perdiendo de vista a sus amigos.
Fijó su vista en una chica que bailaba cerca de donde él estaba sentado, moviendo distraídamente el vaso.
Morena, pelo castaño y algo corto... Piel blanca...
Pensó que si quisiera, podría tirársela en cuestión de minutos. Le bastaba con levantarse, caminar hacia ella, rozarle el hombro y mirarla a los ojos. Así de simple, así de rápido.
¿El por qué de su seguridad? ¡Vamos! Todo el mundo en el colegio le conocía. No había persona viva ( o muerta, contando a los fantasmas) que no conociese su nombre. Claro, que si alguien hablaba de Remus Lupin, por fuerza estaba hablando anteriormente de James Potter y de Sirius Black, pero ése no era el caso.
Él era uno de los cuatro Merodeadores. Si quisiera, podría tener a esa y a mil chicas más con sólo estirar el brazo.
Pero no lo iba a hacer.
Primero, porque a estas alturas ya le había quedado muy claro que prefería más bien las pollas antes que dos tetas; y en segundo lugar, porque aquello sencillamente no iba con él.
Podía ser que sus amigos tuvieran bien merecida fama de ser bastante más... libertinos que la media, pero eso no se aplicaba a él.
Por eso no iba con la chica de pelo corto, porque meramente no le salía de los cojones.
Apuró el contenido de su vaso, dejándolo vacío a excepción de los hielos, que hacía ya un buen rato que habían perdido su forma de cubo para pasar a otra más redondeada y amorfa.
Pensó en su siguiente movimiento. Lo cierto es que se estaba aburriendo desde hacía un tiempo, por lo que la idea de irse a dormir se asentó en su mente como plan provisional y a decir verdad, bastante apetecible.
Giró su cuello hacia atrás para observar la pequeña mesilla situada detrás de él. Allí no había bebida, ni nada que se le pareciese. Suspiró desanimado.
Con molestia, se levantó como pudo de la silla. Al hacerlo, tuvo que apoyarse con una mano en la pared para no trastabillar y caer al suelo. Dejó su vaso vacío en la esquina de la mesa y se afianzó mejor de la pared con ambas manos.
"Próxima meta... ¿Qué coño hago ahora?", pensó. Vale, ya se había levantado.
Levantó la vista distraído. Le había parecido ver una pequeña mesa con diversas botellas al final de la sala... Ya sabía a dónde iba a dirigirse.
Sonrió y se soltó de la pared sin darse demasiado impulso para no caer al suelo. Con cuidado, se deslizó entre la marabunta de gente bailando, tratando de evitar que le dieran.
Tardó un poco más de lo esperado en cruzar la sala, y más de una vez se había desviado demasiado, pero al final lo logró a base de empujones leves y algo de contorsionismo improvisado.
Salió de entre la masa danzante y con paso inseguro llegó hasta una pequeña mesita sobre la cual había dispuestas una serie de botellas de varias clases distintas. Tanteó con la mano y agarró la que más a mano le quedaba. La acercó mucho a su rostro para poder leerla con claridad. Era una botella de ron.
"Ron... Sí, hombre..."
Dejó la botella encima de la mesa con desgana. Observó bien, buscando con la mirada alguna que tuviera la etiqueta azul.
Por fin encontró una, y la aproximó a sus ojos con la esperanza de que resultase la que él estaba buscando. Sonrió al comprobar que así era.
Sin esperar un segundo más, desenroscó el tapón con excesivo cuidado y vertió algo del contenido en su vaso. Cuando hubo quedado satisfecho colocó el tapón en su sitio y abandonó la botella en algún lugar de la mesa. Halló entonces una olvidada botella de refresco de limón, medio vacía ya. Se lo pensó un poco, y al final cedió, echándose un poco del amarillento líquido.
Sólo entonces se permitió elegir una silla cercana y dejarse caer en ella sin más, procurando que no se derramase ni una sola gota de su bebida.
Dio un sorbo y se entretuvo en ver a la gente bailar, aunque su mente se encontraba tan volátil que apenas era consciente de lo que veía. Además, el ruido de la música colaboraba a que su desconcierto general imperase en su calentito cuerpo.
Le extrañó que Dumbledore hubiera accedido a dejarles hacer una fiesta por todo lo alto en una de las salas de baile del castillo con motivo del fin de curso. Muchos de sus amigos y conocidos se habían puesto a recaudar firmas desde finales de mayo, con el único objeto de obtener permiso para hacer la fiesta. Al final, el viejo Albus se los había permitido, siempre y cuando la fiesta no durase demasiado y no hubiera ni una sola gota de alcohol ni sustancias prohibidas en todo el reciento. Evidentemente, los más influyentes alumnos de cursos avanzados (con la cooperación de James y Sirius, entre otros) se habían encargado de saltarse estas normas a la torera.
Sostuvo su reloj frente a su cara durante unos diez segundos, hasta que pudo leer correctamente qué hora era. Las doce y veinte, nada menos.
Mientras bebía largo y tendido, varias suposiciones acudieron a su psique. Tal vez algunos avispados se las hubieran ingeniado para adormecer a Filch con alguna pócima, o cualquier otra cosa similar. El caso era que se estaban ganando a pulso que Dumbledore se levantase en mitad de la noche e hiciera desaparecer todo aquello con un simple golpe de varita, con las consecuentes reprimendas.
En ese momento podía no saber muchas cosas; pero lo que sí sabía era que no pensaba estar ahí cuando esto ocurriera.
"Me bebo esto y me largo..."
Una chica de pelo castaño y recogido en una graciosa trenza se sentó a su lado con coquetería.
- Hola, Remus. -le dijo con voz sugerente.
- ¿Qué hay? - Respondió sin interés, lo cual ni se molestó en ocultarlo.
La chica pareció notar esta falta de atención, por lo que algo molesta se levantó y con las mismas se fue. Remus no se dio cuenta de esto hasta varios minutos más tarde, cuando se giró para volver a rellenar su vaso casi vacío.
- Soy gilipollas...
James se abrió camino entre la gente y se dirigió a la puerta. Salió al pasillo y comenzó a caminar sin rumbo fijo, mirando a sus pies todo el rato. ¿Qué podía hacer ahora? Se colocó las gafas sobre el puente de la nariz y se apoyó en una pared cercana. La suave luz de la luna bañaba su espalda, aunque no se diera cuenta. Prefirió cerrar sus orbes mieladas y no moverse en mucho, mucho tiempo... Tal vez así se sintiese mejor, aunque sólo fuera por unos minutos...
"¿Ya es la hora...?", se preguntó Remus con apatía. Desde que se había sentado, habían sido como tres las chicas que le habían dirigido la palabra, pero todas ellas habían obtenido la misma respuesta: una indiferencia absoluta y ausencia por su parte.
Suspiró de sueño y de aburrimiento. Apuró el último trago que le restaba y se agarró con fuerza del reposabrazos de la silla. Se impulsó para levantarse y se quedó de pie. Vislumbró la puerta unos metros delante de sí; tan sólo tenía que ir pegado a la pared para no chocarse con nadie.
Algunas personas habían tenido la misma idea que él e iban abandonando el recinto, bien en parejas o en grupos pequeños. La mayoría tenía el sentido común suficiente para no hacer enfadar a Dumbledore o a Filch. En unos minutos la sala estaría casi vacía, pero de todas maneras quería irse ya.
Siguió avanzando pegado a la pared, cuando reparó en que a unos pocos metros delante de él un grupo de chicas de sexto o así habían creado una especie de `tapón`, no dándose cuenta de ello al estar tan entregadas a su charla particular.
Ni siquiera se fijó en las caras; era tal la cantidad de maquillaje que llevaban que dudaba reconocer a alguna de ellas. Pero entre esa pequeña multitud, había un rostro que sí le era bastante familiar, y de qué manera.
Uno de los causantes de que se encontrase ahí, entre todo ese ruido y el alcohol sonreía despreocupado, teniendo bien sujeta por la cintura a una chiquilla rubia de cara rosada. Tendría no más de catorce años. Trece, si lo apuraban.
Sí, ahí delante, tras el grupito de chicas de sexto se encontraba Sirius, disfrutando sin reparos de su nueva compañía.
La niña, demasiado maquillada para su edad, reía bien alto después de cada vez que Sirius hubiera abierto la boca, dando a ver su felicidad de estar con quien estaba. Y a Sirius esto no parecía molestarle.
"¿Para esto me insistís a venir?". Bajó un poco la mirada, pero continuó escrutando sus movimientos.
Ahora, la niña rubia se había ido acercando poco a poco hacia él, acariciándole suavemente el pecho. Remus puso todo su empeño en derretirla con la mirada, pero obviamente nada logró. La rubia iba ganando terreno, hasta que por fin llegó al oído de Sirius, donde depositó unas palabras, seguidas de otra carcajada.
Sirius la miró de igual talante, comiéndole literalmente la boca apenas un instante después, sin preocuparse para nada de la gente a su alrededor.
Sólo ahí bajó la mirada. Ya había visto lo suficiente.
Entendía que Sirius fuera... algo ligerillo de cascos, eso era algo natural en él desde siempre. Durante toda su vida las chicas se habían peleado por él, y este hecho al pelinegro le agradaba bastante.
Habían decidido mantener lo suyo en secreto, ya que ambos consideraron que sería lo mejor. Los rumores se extendían rápido en Hogwarts, y Sirius estaba seguro de que algo así no tardaría en llegar a su familia (desde una inocente carta de Regulus a una retahíla de detalles morbosos enviados a su madre por parte de alguien de Slytherin). Llegado el momento, preferían darlo a conocer por voluntad propia, de manera que lo único que podían hacer era disimular todo lo que les fuera posible.
Esto implicaba que Sirius continuase con su actitud de conquistador y despreocupado. Para dar el pego.
No tenía ninguna duda con respecto a los sentimientos de Sirius. Sabía que le quería y punto. El mayor tampoco se largaba con una chica todos los días. Lo único... Que le jodía verlo revolcarse con zorras delante de su cara, mucho más si se mostraba dispuesto a ello con una sonrisa en los labios.
Definitivamente, la noche había llegado a su fin para él. Ahora más que nunca quería irse a su cama inmediatamente.
Por ello, no levantó la vista en ningún momento, y procuró marcharse sigilosamente, todo lo pegado a la pared que pudiera para evitar que el ojigris le viese. Esquivó al grupito de chicas de sexto y en unos pocos pasos estuvo en la puerta, cruzándola con expresión melancólica.
Entró a su cuarto y cerró la puerta tras de sí, dando un portazo no demasiado alto, prueba de su frustración. Ahora se arrepentía de no haber ido con Sirius antes, apartarlo de la rubia gilipollas y decirle cuatro cosas bien dichas. Pero ya daba igual, ya había llegado a su cama y el sueño era más poderoso que las ganas de arrancarle el cuello a la niña.
Se quitó los zapatos con los pies mientras que con la mano se desabrochaba los botones de la camisa y el del pantalón para poder dormir con mayor comodidad. Tal como se encontraba se echó sobre la cama, sin taparse siquiera.
Apoyó la cabeza en la almohada, gesto que su espalda y cerebro agradecieron enormemente. Cerró los ojos e inspiró profundamente, para acelerar el proceso de relajación que estaba a punto (o eso pretendía, al menos) de experimentar.
Sirius metió las manos en los bolsillos distraídamente mientras caminaba. A su espalda ya comenzaban a oírse ecos de voces procedentes de la fiesta, cada vez más débiles y apagados, debido a que se estaba alejando progresivamente del lugar. En poco tiempo alguien vendría a avisarles del toque de queda. Total, no es que se fuera a perder gran cosa si se quedaba hasta el final. Era mejor irse ahora, cuando aún quedaban algunos minutos.
Aunque sus pasos eran ligeros, su cabeza se hallaba sumida en un caos de pensamientos dispares. Recordaba la mayor parte de los acontecimientos que habían tenido lugar en aquella habitación... Cómo se había separado de sus amigos para irse a beber por ahí, receptivo a la invitación de alguno de sus compañeros de curso... Las doscientas canciones que habría bailado, y a la mayoría de chicas que habían tratado de pegársele a la cintura en algún momento de embobamiento...
De todas ellas, sólo una había logrado captar más o menos su atención: una pequeña rubia de cara redonda y aspecto de no ser demasiado brillante. A su decimo-nosecuántos vaso de vodka ya la tenía abrazada y complacida. Su risa bobalicona aún se le clavaba en los oídos, incluso ahora que los pasillos se encontraban sumidos en uno de los mayores silencios.
Ni siquiera recordaba su nombre, si es que alguna vez se lo había dicho. Fuera como fuere, había tratado de escabullirse inadvertidamente entre risas y asentimientos de cabeza, pero pareció no dar resultado con la rubia, quien por cada paso que lograba dar él hacia la derecha, avanzaba ella dos. Llegó un momento en el que le gritaba cosas entre risas, pero por el volumen de la música y por la agitación general estas palabras se perdían entre el ruido, antes de llegar a él. ¿Qué otra cosa podía hacer sino asentirle a todas las mamarrachadas que dijera?
Entonces, sin previo aviso, ahí la tenía, unida a sus labios con toda la comodidad del mundo. Al principio le tomó por sorpresa, pero no necesitó de más de tres segundos para separarse bruscamente. Le dirigió una fría mirada, y sin más se dio la vuelta, buscando algún recoveco entre la gente por el cual marcharse.
Tenía que reconocer que en cualquier otro tiempo, ante tal atrevimiento, esa chica ya habría tenido una plaza VIP reservada en su cama. Pero ahora las cosas eran bien distintas. Ya había alguien más que era VIP para él.
No era que de la noche a la mañana le incomodasen las chicas. Sí, de cuando en cuando se le perdían los ojos tras alguna falda, pero la cosa no pasaba de ahí.
En resumidas cuentas, estaba hecho un lío. Tenía claro a quién quería, pero también le apetecía seguir disfrutando de su adolescencia...
Miró hacia una ventana a uno de los lados del pasillo, un poco más adelante. Una luna creciente iluminaba suavemente parte del suelo y de la pared, creando abstractos juegos de luz y de sombras.
Entonces se fijó bien. La luz impactaba en algo más. Siguió caminando no muy convencido, escrutando la oscuridad con la mirada. Parecía tratarse de una persona. Sí; alguien estaba apoyado de pie en la pared opuesta a la ventana, sin moverse.
Cuando reconoció su rostro, no pudo menos que asombrarse.
- ¿J...James? - Se apresuró a ponerse a su lado. No se esperaba encontrarse con él en un lugar así. - ¿Qué estás haciendo aquí?
El de las gafas no volvió la vista hacia él, aunque era evidente de que se había percatado de su presencia. Continuó mirando hacia la luna, sin inmutarse. Sirius pudo leer perfectamente la melancolía en sus ojos, pero no le insistió más.
Se apoyó también en el alféizar y dirigió su vista al cielo estrellado. A pesar de haber algunas nubes grisáceas, la noche se presentaba bastante despejada. Trató de distinguir algunas constelaciones, pero lo único que fue capaz de identificar fue el cinturón de Orión, y eso después de haberlo confundido con otras estrellas.
Al cabo de un rato miró directamente a James. Éste parecía no estar mirando a ningún lugar en concreto; dato que le reveló la escasa movilidad de sus pupilas. Suspiró y le pasó la mano por los hombros.
- Lo mismo de siempre. - No necesitaba ni formularlo en forma de pregunta para conocer de antemano la respuesta. Conocía demasiado bien al pelinegro menor como para distinguir cada mirada.
James dejó de mirar al cielo y bajó la cabeza.
- ¿Por qué...?, ¿por qué tiene que ser todo tan difícil, Sirius?
Entendió perfectamente a qué se refería.
- Tío... Sinceramente... - Se apegó un poco más a él para reconfortarlo. - ¿Por qué no te olvidas ya de ella?
Reprimió un sollozo.
- N-no es tan sencillo, ¿vale? Si fuera así, lo habría hecho hace tiempo, ¿no crees? - Su voz denotaba una nota de irritabilidad y amargura.
- Pero ya llevas cuatro años así... ¿En serio merece la pena seguir sufriendo?
- Ya lo sé. ¡Joder! - Se le quebró ligeramente la voz. - ¿Te crees que no me gustaría estar allí, comiéndome la boca con cualquier otra? ¿Crees que me gusta estar así?
- Pues lo parece. ¡Dios, James! Vas todos los días a hablar con ella... y todos los días te responde lo
mismo. - Respiró hondo para serenarse. - Yo... Sólo te estoy diciendo lo que hay.
James calló y asintió cabizbajo.
- Tal vez... Deberías... No sé... Estar con otras chicas...
- Ya lo sé... Pero... la simple idea de estar con otra que no sea ella se me hace imposible. - Sirius vio cómo sus ojos mielados iban siendo llenados por una misteriosa aguilla. Sin previo aviso, James dio un fuerte golpe en el alféizar de la ventana, provocando que dos o tres murciélagos se espantasen y comenzasen a volar hacia un torreón más tranquilo en el que dormir esa noche. - ¡Joder!
Sirius le contemplaba sin agregar nada más. Le jodía bastante el no poder ayudarlo en su dolor.
- No te mereces esto. - Le rodeó con sus brazos. - No te mereces estar así por esa fresca.
- ¡No la llames así! E-ella no es nada de eso...
Se impresionó por la reacción de su amigo. No recordaba haberlo visto nunca así de... de lo que fuera. El caso es que aquella simple conversación que habían iniciado podía tornarse en algo más violento.
En los 4 años que llevaban en Hogwarts, nunca habían tenido una pelea seria. Alguna leve trifulca por una travesura, por algún desliz... Siempre hacían las paces al cabo de unas pocas horas a lo sumo. Pero lo que le estaba sucediendo en ese justo momento era una cosa mucho más seria, y debía tomársela como tal.
Sentía ganas de pegarle un bofetón a James, uno que lo tirase al suelo con un golpe sordo. Tal vez así se diera cuenta de lo estúpido que se estaba comportando. Pero no lo haría. Si quería evitar un enfrentamiento inútil, más le debía seguir aguantándose las ansias de decirle exactamente todo lo que pensaba de Lily, e incluso lo que opinaba de su madre.
- Joooder... - Rodó los ojos y suspiró pesadamente, apretándose los globos oculares contra las cuencas con los dedos índice y pulgar, buscando serenarse un poco y ver la situación con claridad. - Ni aunque te partiese la cara lo entenderías, ¿verdad?
El de las gafas se le quedó mirando, analizando aquello. Con esas palabras Sirius no estaba buscando pelea; simplemente trataba de hacerle comprender.
- ¿Entender qué? - Su rostro se relajó un poco, pasando a una suave melancolía de nuevo. - ¿Que soy un pobre diablo enamorado? - Las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas, perdiéndose en el suelo.
- Cállate. - Antes de que James pudiese replicar si quiera, sus labios ya estaban pegados, acción que había llevado a cabo Sirius al agarrarlo de la camisa y atraerlo hacia sí.
James se sorprendió por el gesto, y trató de zafarse cuanto antes, pero la boca del mayor le perseguía, evitando que el contacto se rompiera, e incluso, profundizándolo más.
- ¿Qué coño haces? -logró decir antes de que Sirius volviera a atraparlo.
- Que te calles. - Volvió a besarlo, sin perder intensidad esta vez.
Forcejearon así un poco, hasta que el exhausto James se rindió a la tozudez de su amigo y se dejó hacer.
Al verle más calmado, frenó un poco la rudeza con la que le invadía, pasando ahora a un contacto más dulce.
En poco tiempo invadió la boca del menor, explorándola por dentro. James opuso cierta reticencia a esto, pero terminó por colaborar tranquilamente en el juego de Sirius, enredando sus lenguas mutuamente.
Ya se había adueñado de la boca de James, y la recorría a placer con la lengua. Se sorprendió un poco al ver que le correspondía, y batallaba incluso. Ambos chicos abrieron los ojos, encontrándose mutuamente con las orbes ajenas, sin abandonar el contacto. Fue Sirius el primero que miró con altanería al menor, pero éste tampoco se hizo de rogar. Pronto iniciaron una encarnizada lucha por ver quien tomaba el control, chocando sus dientes cada poco. Movían sus labios al compás, evitando separarse, pues de lo contrario perderían el juego.
Tardaron en cansarse, pero cuando por fin lograron serenarse, la desenfrenada acción se transformó en un suave deslizamiento de labio sobre labio, con pequeños mordisquitos aquí y allá.
Se separaron tras unos minutos, despegando los labios suavemente. Dejaron que ambas bocas aún quedasen bastante próximas entre sí, con lo que sus alientos cálidos chocaban intermitentemente contra los labios del otro. Se distanciaron un poco más, para poder mirarse a los ojos. Mantuvieron el contacto sin inmutarse durante unos segundos, hasta que el final los dos estallaron en una jovial risa.
- Joder, tío... ¿Qué coño ha sido eso? -preguntó James recolocándose bien las gafas sobre el puente de la nariz.
- Ni idea. Yo qué sé... Me entraron ganas, ¿vale? -respondió, altanero pero sin perder su sonrisa. Pasó el brazo por los hombros del ojimiel y le forzó a sentarse con él en el suelo, sin hacerle daño. - Pero ha estado cojonudo, y eso no me lo puedes negar.
- Ahí llevas razón. - Dejaron que su mirada se perdiese en algún punto en la pared de enfrente, relajándose durante unos instantes. - Es la primera vez que me besas, ¿sabes? añadió tras un breve silencio.
- Qué va. El mes pasado tu me besaste a mí, ¿recuerdas? En el pasillo. Cuando yo buscaba a Remus...
- Sí, me acuerdo. Pero a eso no lo puedes llamar "beso". Sólo fue un piquito inocente. Esto ha sido muy distinto.
- Lo sé. ¡Pero no te creas que ahora de repente me gustas ni nada de eso! -negó, gesticulando exageradamente con las manos.
- ¡Ni tú te pienses que me he vuelto gay, ¿eh? -respondió de igual guisa, sonrojándose un poco.
- ¡¿Cómo voy a pensar eso? ¡No te haces gay de un minuto para otro, ¿sabes?
- ¡Ni te gusta repentinamente tu mejor amigo sólo por un beso! -contraatacó.
Suspiraron y se acomodaron mejor en el suelo, sentados como estaban. Tras unos momentos asimilando lo que acababa de ocurrir, Sirius habló.
- James... Ahora en serio.
El menor le miró atento.
- Este impulso... No sé de donde coño me ha venido. Simplemente... Te vi así, y fue lo único que se me cruzó por la mente. - Le tomó de la mano fraternalmente, acariciándole la palma con el dedo pulgar. James le dio un suave golpecito en la nariz, mostrándole una sonrisa algo tristona pero sincera.
- Que ya lo sé, tonto. Lo has hecho para animarme. - Se echó de lado, quedando ahora con su cabeza apoyada en el regazo del ojigris, quien mantenía sus piernas estiradas en el suelo. - Ha sido muuuuuy raro. Pero me has entretenido, aunque haya sido por un minuto.
- Yo conté dos con ocho, imbécil. -le respondió riéndose. Comenzó a enredar sus dedos en la cabellera negra. - ¿Cómo te sientes ahora mismo?
Rrecapacitó por un corto espacio de tiempo antes de contestarle.
- Te voy a ser sincero. Igual de mal que antes. - Sirius sintió ganas de estamparlo contra la pared por toda su "sinceridad". Aunque dado el caso, lo haría con cariño y amor, obviamente. Dejaría una bonita marca en forma de corazón en el muro, incluso. - Pero... No sé... Ahora veo las cosas con un poco más de... optimismo.
- ¿Optimismo? - No entendía bien la lógica Potteriana. O estaba bien o estaba mal. ¿Tan difícil era eso de entender? - Explícame, joder.
- Pues que... Voy a aceptar tu consejo, sólo a medias.
- Ya. Sí, vamos, me has aclarado mucho...
- A ver... - Se incorporó de nuevo, quedando sentado frente a Sirius. - He decidido que... Voy a dejar de acosar tanto a Evans.
La mirada de Black se iluminó.
- ¡Aleluya! Tío, me alegro tanto de que... - Antes de que terminase, la mano de James le tapó la boca, impidiéndole continuar. Le miró con un puchero.
- Nop. Lo que voy a hacer es no molestarla tanto, pero seguiré estando detrás de ella. Aunque si se da el caso de que llego a conocer a una chica más... especial que ella, la sacaré de mi vida totalmente.
- ¡Es lo mismo! Vas a seguir estando por ella hasta el fin de los tiempos.
El otro rio y se apoyó en la pared, cruzando los brazos por detrás de la cabeza y cerrando los ojos.
- Yo no lo creo así... Es más, creo que es un gran progreso.
- Pues explícame donde está ese "progreso"... - Le golpeó suavemente el brazo. Sin embargo, dentro de sí se sentía algo animado por verle más alegre. Una idea comenzó a hacerse camino en su mente. - Oye... Y no has pensado que... Bueno... ¿Tal vez esa "chica más especial" nunca llegue?
James permaneció callado, sin abrir siquiera los ojos.
- Entonces... Seguiré estando detrás de ella hasta el fin de los tiempos.
No dijeron nada en un rato. Sirius reflexionaba en las palabras de su amigo, y más aún en su significado. Por un fugaz momento, creyó haber entendido su punto de vista, pero esta conclusión se esfumó tan rápido como había llegado a él.
Con algo de cansancio se recostó en James, apoyando la mejilla en su hombro. No alcanzaba a comprender muy bien cómo había quedado la situación, pero por el momento consideraba que no tenía que preocuparse más por su amigo. Su respiración delataba que se encontraba mucho más relajado que hacía unos minutos.
Se decidió a romper el silencio que se había creado entre ellos. Aunque no se trataba de un silencio incómodo, si era franco. Simplemente, era silencio. Dos amigos que ya habían dicho lo que les urgía decir y se encontraban disfrutando de la ausencia de ruido, a excepción del de sus respiraciones.
- ¿Qué vas a hacer ahora?
James tardó unos segundos en contestarle. Sirius lo atribuyó al avanzado estado de modorra en el que se había sumido el ojimiel.
- Ni idea. ¿Y tú?
Bostezó, acomodándose mejor en su hombro.
- Antes de encontrarme contigo estaba yendo a sobar. - Por un momento cribó la idea de levantarse cuanto antes y dirigirse hacia su cama, tumbarse en el blando colchón
- Ah, ¿con Remus?
Aquello le tomó por sorpresa.
- ¿Remus ha subido a los dormitorios?
- Me crucé con él hace un rato... Nos dijimos buenas noches y poco más.
- ¿Hace cuánto de eso? - Se levantó rápidamente, aunque sin resultar brusco.
- Mmm... Yo qué sé... - Hizo memoria. - Unos quince minutos o así...
Pensó en Remus mientras se sacudía las motitas de polvo de la ropa, que habían quedado adheridas al sentarse en el suelo. La imagen del castaño ocupó ahora toda su mente, recordándole que no lo había visto desde la fiesta, justo antes de separarse.
Le tendió una mano a James para ayudarlo a incorporarse.
- Por cierto. Me pareció que estaba algo... melancólico.
- ¿Cómo que melancólico? - Sirius prestó toda su atención a aquello.
- No sé... Por lo menos eso me pareció. Me dijo hola bastante seco. Aunque... Tal vez sólo se estuviera muriendo de sueño, no me hagas mucho caso.
- Bueno, gracias por contármelo de todas maneras. - Se quedó mirando por la ventana distraído. La verdad es que ya empezaba a sentirse bastante agotado, y los continuos bostezos que periódicamente exhalaba James no le ayudaban a mantenerse despierto precisamente.
¿Estaría dormido ya el castaño? Tenía ganas de comprobarlo cuanto antes. No quería irse a dormir sin haberle dicho al menos buenas noches...
- Vete ya.
Salió de su ensoñación al escuchar la voz del ojimiel.
- ¿Has dicho algo?
James rio y le pasó la mano por el pelo.
- Que estás tan agilipollado que me das hasta penita, tío. Anda, tira para arriba ya.
- ¿Eh? Si estoy perfectamente... -rebatió.
- Yap. No me seas terco y vete a dormir, que se te nota que te estás cayendo.
- ¿Y tú estás mejor o qué? - Comenzaron a caminar a paso suave. - Venga ya.
Continuaron avanzando por el pasillo, cada uno con su brazo pasado sobre los hombros del otro, andando graciosamente. En poco tiempo llegaron a un cruce, y James se detuvo. Estiró bien los brazos para desesperezarse.
- Bueno, yo me voy por aquí. Buenas nochees...
- ¡Ey! - Se extrañó. - ¿No piensas venir a sobar?
James le miró y le sonrió, pero Sirius intuyó una leve melancolía en aquel gesto.
- A mí no me espera nadie allí arriba. - Miró hacia atrás, justo por donde habían venido. - Además, quiero dar un paseo un rato.
- ¿A estas horas? No seas capullo. - Le dió suavemente en el hombro. - Va, te acompaño.
James le detuvo con la mano.
- Oye, estaré bien. Sólo voy a deambular cinco minutos, luego iré a buscar a Peter y me lo traeré a la cama, ¿vale?
Sirius soltó una pequeña carcajada.
- Bueno, si piensas llevarte a Peter a la cama supongo que es cosa tuya. - Ante el puchero de desacuerdo del pelinegro, añadió: - Me fiaré de ti por esta vez. ¿Seguro que no quieres que te acompañe...?
- ¡Que no hace falta, joder! Te prometo que dentro de nada estoy arriba, en serio... - Le palmeó el culo a modo de despedida. Mientras se alejaba de Sirius, en dirección opuesta, se giró. - ¡Haz que me sienta orgulloso!
No le costó pillar el doble sentido de aquella afirmación, por lo que se limitó a proferir un insulto hacia su mejor amigo.
Con una mueca de sueño metió las manos en los bolsillos y emprendió el camino de ida hacia la torre de Gryffindor, maldiciendo a James y a sus quebraderos de cabeza.
Tras despedirse brevemente del ojigris, James comenzó a caminar por el desierto pasillo, no prestando demasiada atención a dónde le llevaban sus pasos.
Necesitaba reflexionar. En primer lugar, ya había decidido qué haría a partir de ese momento con Evans. La esperaría el tiempo que fuera, a no ser que otra persona mejor llegase a él.
Pero, ¿cuánto podía durar aquello? ¿Y si nunca encontraba a alguien mejor que Lily? ¿Se quedaría solo para siempre...?
Incluso Sirius 'Si-follé-contigo-anoche-no-me-acuerdo' Black ya tenía a alguien con quien ser feliz... Algo que nunca se hubiera esperado de él, o no por lo menos hasta que se hubiera hecho mayor y hubiera sentado la cabeza.
¿Iba a dejar aparcada su vida de aquella manera sólo por una chica?
Se detuvo frente a un amplio ventanal con largas cortinas, que llegaba casi hasta el techo. A través de sus transparentes y límpidos cristales se colaban los rayos de la luna, iluminando tenuemente el suelo. Miró a través de ella, obteniendo por única respuesta a su mirada su propio reflejo en los cristales.
Sus ojos estaban fijos en algún indeterminado punto allá por el horizonte, escrutando la oscuridad cuidadosamente.
Entonces, sintió un pequeño vacío en su interior. Como si todo lo que hubiera de piel para adentro se hubiera evaporado sin dejar rastro. Levantó el brazo y rozó con las yemas de sus dedos el frío cristal, pero a sus sentidos no llegaba información alguna.
Fue consciente de que una lágrima resbalaba por su mejilla únicamente tras haberla contemplado en el reflejo, sin molestarse en limpiar el reguero que había dejado tras de sí.
Sin poder evitarlo, se echó de rodillas al suelo, apoyando ambas manos en la ventana. ¿Por qué tenía que ser todo tan jodidamente difícil? ¿Por qué tenía que seguir sufriendo así? Se mordió fuertemente el labio inferior.
Lo último que rompió el sepulcral silencio que reinaba en el pasillo fueron dos palabras, dichas en un leve susurro.
- T-te esperaré...
La manilla de la puerta giró suavemente, dejándole entrar a la habitación. Un haz de luz iluminó fugazmente la sala, permitiéndole ubicar la mayoría de los muebles. Memorizó la posición de todos ellos, con el fin de procurar no tropezar con ninguno una vez hubiera cerrado la puerta.
Con cuidado de no hacer ni el más mínimo ruido, Sirius ingresó al dormitorio, cerrando la puerta tras de sí. Avanzó hasta llegar a una de las camas, quedándose parado allí.
Se quitó los zapatos y la chaqueta, dejándolos olvidados en algún rincón. Se volvió hacia la cama, en la cual se adivinaba la silueta de alguien durmiendo en ella.
Tras quedarse unos segundos en silencio, apartó las mantas, metiéndose bajo ellas cuidadosamente. Se abrazó a la persona que dormía, apoyando su barbilla entre los omóplatos ajenos.
- Remus...
No obtuvo respuesta alguna.
- Remsie... ¿Estás despierto? -volvió a probar suerte, mas tampoco logró nada. - Venga... Sé que estás despierto.
El castaño no hizo ni el más mínimo sonido que indicase que le estaba (consciente o inconscientemente) escuchando, pero Sirius no se rindió. Con una sonrisa en los labios, comenzó a mordisquearle la espalda, ascendiendo hasta los hombros y el cuello.
- Cuando una persona duerme, respira. ¿Sabías eso, Lupin?
Bingo. Sin mucho cuidado, Remus estiró el brazo hasta atrapar la almohada, cubriéndose la cabeza con ella. Se apartó de Sirius y se tumbó bocabajo, en un evidente intento por ignorarlo.
- Vete a la mierda.
Rio al haber logrado su cometido. En parte era cierto, se había dado cuenta de que el castaño aún estaba despierto al detenerse para escuchar su respiración. Esta era demasiado silenciosa, como que se esforzaba en no hacerla notar. Algo impropio de alguien que dormitase plácidamente.
- Yo también te quiero. - Le acarició la espalda, pero Remus volvió a revolverse, huyendo de su contacto. El gesto se repitió unas cuantas veces. - Oye... ¿Te pasa algo?
- No. No quiero hablar contigo. Quiero dormir. Lárgate.
- ¿Cómo? ¡Remus! - Lo agitó un poco, tratando de llamar su atención.
El ojimiel se había empeñado en ignorarlo totalmente, por lo que no respondió a ninguna de sus acciones. Simplemente, apretó más la almohada contra su cabeza.
- ¡Remus John Lupin! - Se desesperó ante el poco o ningún caso que estaba recibiendo. - Vale, siento haberte despertado. Pero tampoco es para que te pongas así...
Se puso en pie, saliendo de la cama. Pues sí que tenía genio... Pensó que tampoco era para tanto, si ni siquiera lo había despertado realmente. No entendía qué le podía ocurrir. No, no podía ser por eso. Remus era ante todo un ser racional, tenía que haber un motivo mayor para su enfado.
- ¿Es porque os dejé solos en la fiesta? -tanteó. - Me he encontrado a James hace un rato, me dijo que cada uno se fue a lo suyo... No pensé que te fuera a molestar tanto...
Siguió ignorándolo. Sirius comenzaba a mosquearse también.
- Vale, si no me quieres hablar no me hables, nadie te obliga.
Fue a tumbarse en su cama, visiblemente frustrado. Ni siquera se tomó la molestia de apartar las sábanas. ¿Qué cojones le pasaba al ojimiel? La sola idea le desesperaba.
Estuvo tumbado en su cama durante unos minutos que se le antojaron eternos, sumido en sus cavilaciones acerca del motivo por el cuál Remus se habría puesto así. No aguantó más y se levantó, yendo hacia la otra cama rápidamente.
- ¡Remus! - Le apartó la almohada de la cara, tirándola al suelo. Trató de mirarle a la cara, pero Remus la apartaba hacia el otro lado. - ¡Por lo menos dime qué te pasa!
- ¡Que no quiero hablar contigo, joder! ¡Déjame ya! -dijo sin mirarlo.
- ¿Estás borracho?
- ¡Y yo que sé! - Agarró las sábanas, cubriéndose la cabeza con ellas. Por la poca agilidad de sus movimientos, Sirius dedujo que en efecto el castaño se encontraba en estado de embriaguez.
"Vale. No me dejas otra opción".
Se abrazó al menor, sujetándose a él con brazos y piernas.
- No te pienso soltar hasta que no me digas qué te pasa. -le aseveró. Su voz era calmada, pero aún así daba a entender que iba totalmente en serio.
Remus se revolvió agitadamente, tratando de liberarse.
- ¡Sirius! ¡Que me sueltes!
- Por supuesto, en cuanto me digas por qué estás así. - No le gustaba nada aquella situación, pero para arreglar las cosas primero necesitaba saber la causa del problema. Además, estaba seguro de que no le estaba haciendo daño, simplemente le estaba molestando un poco. Esperaba que al final se hartase y le hablase, aunque fuera solamente para librarse de él.
- Sirius... - La voz del castaño resonó desde debajo de las sábanas. Se oía tranquila, casi en un ruego. - Suéltame...
Suspiró, sujetándolo con menos fuerza, pero sin soltarse totalmente.
- Solo quiero saber por qué estás así. - Buscó su mano entre el revoltijo de sábanas, pero no la halló. - Dímelo... Por favor...
Dejó de moverse. Sirius lo interpretó como que estaba decidiendo entre contarle el motivo de su estado o no. Esperó pacientemente, aunque por dentro le carcomía la inquietud. Tras un breve rato, Remus habló.
- Si te lo digo, me tienes que prometer que me dejarás dormir.
Calibró aquellas palabras en su mente, pensando en su próxima respuesta.
- Está bien. - Sintió como la caja torácica de Remus se hinchaba. Estaba tomando aire, seguramente buscando relajarse o tranquilizarse.
- Te vi besándote con esa zorra. Ahora, fuera.
Su mente se quedó en blanco por unos segundos, asimilando las palabras del menor. Que le había visto... ¿con esa zorra?
Lo recordó súbitamente. Seguramente se estaría refiriendo a la niña rubia. Se maldijo internamente. ¿Por qué coño se había tenido que dejar besar?
Se incorporó en la cama, quedando sentado sobre ella.
- Remus... Acerca de eso... - No pudo acabar su empezada frase, ya que Remus le cortó sin mucho reparo.
- Me da lo mismo. Me lo prometiste. Largo.
Se quedó de piedra ante la frialdad con que le había hablado.
- ¿Qué?
Tampoco le contestó esta vez. Visiblemente alterado, comenzó a quitarle las sábanas de encima, a pesar de que el menor las tenía bien sujetas.
- ¡Remus! ¡Joder! ¿Qué tonterías estás diciendo?
- ¡Me lo prometiste! Me acabas de prometer que no ibas a insistir. Vete a tu cama, por Dios.
Sirius no estaba dispuesto a rendirse tan pronto, y menos aún después de lo que le acababa de decir. Maldijo todo lo maldecible, en especial a esa enana rubia. ¿Por qué coño había tenido que acceder a estar con ella? Debía haberse quedado con Remus toda la noche...
- ¡Es distinto! Pensé que estarías así por otra cosa. Esto es mas serio. ¡Remus! ¡¿Me estás escuchando?
Exasperado, le apartó las mantas de encima, posicionándose inmediatamente sobre él para que no le rehuyese más. Sin embargo, Remus tuvo la agudeza de taparse el rostro con un brazo, no queriendo mirarlo. Esto molestó y entristeció al pelinegro.
- ¡Joder, Remus! ¡No me puedes dejar así ahora! - Lo tenía agarrado por los hombros, y de vez en cuando le zarandeaba suavemente. - ¡Por lo menos escúchame!
Esperó unos instantes en silencio, aguardando por alguna posible respuesta por parte del castaño, cosa que no sucedió. Sin demorarse por nada más, comenzó a hablar.
- Remus... Sí, vale, la besé... ¡Pero sólo porque ella se me tiró encima! ¡Te lo juro! ¿De verdad crees que yo haría algo así a propósito?
La idea de que Remus pensase que así era le entristecía desmesuradamente. Después de todo lo que habían pasado juntos... ¿Aún se ponía así? ¿Quería decir eso que... no confiaba en él incluso tras haber pasado por deslices peores?
Notó cómo se escabullía de debajo suya, pero esta vez le dejó escapar. Repentinamente, una sensación de vacío y desasosiego se apoderó de su interior. Vale, una parte de la culpa la tenía él pero... Consideraba injusto que Remus opinase que el único culpable había sido él.
Una vez libre, el castaño se incorporó hasta quedar sentado en la cama, dándole la espalda.
- Eso ya lo sé.
Sirius levantó la vista, encontrándose con la espalda del menor enfrente de él. Su silueta se dejaba adivinar a través de la tenue luz que iluminaba el cuarto.
- Me imaginaba que se te habría tirado ella o algo así. Y ya te he dicho que no me importa.
Se sintió extrañado. La voz de Remus estaba ahora bastante más calmada, pero continuaba sin mirarle a la cara. ¿Por qué motivo?
- No estoy enfadado contigo. Solo quiero dormir... -musitó.
- ¿Entonces qué te pasa? ¿Por qué estás así? Y no me digas que solo es sueño porque no te voy a creer.
La incertidumbre había vuelto a sus entrañas, esta vez con mayor fuerza. Sabía que estaba a punto de lograr que se sincerase totalmente con él; sólo debía tener un poco más de paciencia.
No se movieron de sus posiciones por un breve rato. El pelinegro escrutaba la oscuridad imperante en la habitación, atento a cada imperceptible gesto que realizase el castaño.
Al poco tiempo un leve sonido rompió la quietud que ambos habían mantenido, poniendo a Sirius en alerta. Remus había sollozado.
- Dime...
Aguardó atento, dudando entre si debía moverse ya. Observó cómo los hombros de Remus empezaban a contraerse de vez en cuando.
- ¿Por qué puedes besarte libremente con una chica en plena calle, rodeado de gente, pero conmigo no podrías?
Aquello le tomó por sorpresa, descolocándole momentáneamente de su tensión actual. Es más, ni siquiera estaba seguro de haber entendido completamente la atípica formulación del castaño.
- ¿Eh...?
Remus continuaba sollozando, procurando hacerlo lo más silenciosamente que pudiese.
- Sirius... ¿Tu crees que haces bien al... estar con alguien como yo?
Comenzaba a hacerse una idea de lo que pretedía transmitirle Remus, pero en su psique aún quedaban varios cabos sueltos pendientes de atar.
- ¿A qué te refieres con 'alguien como tú'? - Con cuidado, se aproximó un poco a él, sin llegar a tocarlo aún.
- Me di cuenta al... verte con esa chica. - Por pimera vez, Remus se giró, quedando los dos frente a frente. Sus ojos estaban visiblemente aguados, y el ligero tono roto de su voz ayudaba a confirmar este hecho.
Se moría de ganas por abrazarlo, pero no le tocó aún. Simplemente, le dejó que hablase, ya que con cada palabra suya, empezaba a comprender la situación un poco más.
- Piénsalo bien. Yo... Soy un hombre lobo. Y además un hombre. Sinceramente, e-es mejor que acabemos con esto antes de que se compliquen más las cosas...
Aquello le sentó como un cubo de agua helada. Ah, no, eso no pensaba callárselo.
- ¡¿Pero qué coño dices? - Remus dio un respingo al oír la fuerte voz de Sirius, acompañada de su airada expresión. - ¿Como te atreves siquiera a pensar algo así?
- E-es la realidad. - Pequeñas lágrimas resbalaban por sus mejillas. - Ahora tenemos quince años... Pero... Algún día tendremos que crecer... Lo vas a tener un poco difícil si quieres encontrar un trabajo, o comprar una casa, o vete a saber...
La sangre del pelinegro hervía bajo sus venas. Todo su ser era una mezcla de enfado, tristeza y desesperación. Después de todo lo que había hecho para tenerle a su lado, y ahora estaba a un paso de perderlo...
- Remus... Lo que estés tratando de decirme... dímelo ya, sin rodeos.
- P-pues que... - Sorbió por la nariz. - Ya será bastante jodido para mí tener una vida normal por mi condición. No quiero q-que tú también tengas que pasar por algo así... - Apoyó su mano en el brazo de Sirius, apenas causando contacto.
En un momento dado, el pelinegro le tomó de la barbilla, instándole a levantar la mirada. Remus se dejó a hacer, encontrándose con unos ojos plateados que le observaban intensamente.
- Remus. Voy a hacerte dos preguntas. La primera: ¿me quieres?
Le miró un poco sorprendido. Se limpió algunas lágrimas con la manga de la camisa mientras sorbía por la nariz.
- Cla-claro.
- Segunda: ¿quieres estar conmigo?
Esperó pacientemente por su respuesta. Remus había bajado la mirada y se notaba que estaba bastante cohibido. Ya conocía su respuesta, pero necesitaba oírla de sus propios labios. Y supuso que Remus también necesitaba aquello, aunque no fuera directamente consciente de la situación en la que se hallaba.
- Sí... Joder, sí... - Cerró los ojos, y una o dos lágrimas quedaron atrapadas en sus pestañas. El ojigris las limpió hábilmente con el dedo pulgar.
- Pues yo también, así que que le den al mundo, ¿vale? - Le besó en la cara, cerca de los ojos. Sus mejillas se sentían muy cálidas bajo sus labios, prueba evidente de su turbación. Sirius pretendía eliminar todo rastro de tristeza de su rostro, por lo que continuó repartiendo pequeños besos por toda su piel.
- Remsie... - Se separó de él con cuidado, acariciándole la mejilla con la mano, suavemente. - Yo... Joder, tendré quince años pero... Ya sé que quiero estar contigo pase lo que pase. Me da igual si eres un lobo, un gato o una zarigüeya. Y quien se atreva a tocarte siquiera tendrá que responder ante mí. - Le besó rápida y demandantemente, no dejándole otra opción que la de corresponderle.
- S-sirius... ¡Sirius! - Trataba de hacerse oír por encima de los labios del mayor, pero dicha acción le resultaba un tanto complicada de llevar a cabo.
Se separó de él sólo cuando hubo considerado que había terminado de besarlo, por lo menos hasta los próximos treinta segundos. Le miró pícaramente y le abrazó.
- Remus... Te quiero. Para hoy y para mañana. - Su voz se tornó un poco más seria. - Vas a... ¿estar conmigo?
Remus se abrazó a él de igual manera. Había dejado de llorar, pero aún tenía las mejillas húmedas y algo hinchadas.
- Yo... - Se mordió el labio. - ¡Sí!
Sirius sonrió, recibiéndolo cálidamente. Deslizó la mano por su espalda, recorriéndola lentamente de arriba a abajo, reconfortándole.
- Pero, -empezó el castaño entre pequeños hipos. - Si no encuentro trabajo me tendrás que dar empleo en tu casa. Te obligo.
- ¿En mi casa...? ¿¡Y de qué piensas trabajar ahí! Mi madre ni te dejará entrar por la puerta, es una jodida bruja. - Le alegraba que Remus volviese a hablarle y que incluso le tratase con informalidad.
- Pues entonces me mantendrás con tu sueldo, ¿te parece?
- Se me ocurren ciertas cosillas que podrías hacer a cambio de un salario... - Sin previo aviso, se echó sobre él, para tenerlo bien cobijado bajo suya. Remus emitió un pequeño quejido, y terminó de limpiarse los últimos regueros de lágrimas con el dorso de la mano.
- ¿Como qué?
- Mmm... No sé, deshollinarme la chimenena... Limpiar mis canalones...
- Y desatascarte las cañerías también, ¿no, so pervertido? - Se rio y le besó suavemente, tomándole del rostro con ambas manos. El pelinegro le correspondió sosegadamente, disfrutando de su calidez. Así estuvieron durante un buen rato, sin pasar a mayores. Simplemente, moviendo sus labios a su libre albedrío, no obedeciendo a regla establecida alguna.
- ¿Estás mejor...? -preguntó Sirius cuando se separaron. Ya sabía la respuesta, pero de igual manera quería oírla.
- Sí... Sirius... -dijo tras unos breves momentos de silencio. - Te quiero. Mucho. - El pelinegro buscó su mano por debajo de las sábanas, y esta vez sí la halló y obtuvo correspondencia a sus actos. - Y... Gracias por... No sé... - Sintió que se le volvía a quebrar la voz. - Por estar siempre conmigo...
- No tienes que darme las gracias por nada, tonto.
- Te amo. -soltó de repente. Sirius sintió como su corazón daba un gran vuelco, que le hizo dar un pequeño respingo en la cama. No podía saberlo a ciencia cierta, pero podría apostar 500 galeones a que su cara estaba ahora más roja que la túnica de un Gryffindor. Le llevó un tiempo asimilar correctamente lo que aquellas palabras significaban.
- ¡Viveconmigo! -dijo de pronto. Remus levantó la cabeza para mirarlo a los ojos, confundido.
- ¿Qué? No te he entendido nada... Repite...
Sirius calibró entre cambiar su frase por otra que podría haber sonado de forma similar. "Me baño en el río", "Qué buen amigo"... Sin embargo, al final optó por no desdecirse de sus palabras, sino más bien reafirmarlas. Tragó saliva y clavó su mirada plateada en la dorada ajena.
- ¿Vivirías conmigo... en un futuro?
Remus le miró largamente, transformando los sonidos recogidos por su cerebro en conceptos e ideas concretos. Se incorporó un poco en la cama, apoyando sus brazos en el colchón.
- Quieres decir... ¿en la misma casa?
- S-sí, claro... ¿A-a qué otra cosa me refiero si no? -espetó algo turbado, presa de la emoción y el nerviosismo.
- ¡Era una pregunta retórica, ¿vale? - Al parecer aquello también le había alterado a él. - Pe-pero... Yo... ¿En qué sentido vivir juntos?
- Joder, no vuelvas a beber en tu vida... ¡Si hasta parece que el 'listo' soy yo! - Aquello por lo menos sirvió para que ambos se rieran y aligeraran tensiones. - Me refiero... Como mi pareja... - Se le hacía sumamente extraño decir cosas como esas, pero era el momento preciso para decirlas. Y si no lo era le daba lo mismo, ya lo había soltado sin más.
Remus se le quedó mirando de nuevo, reflexionando.
- O-oye... No me tienes que responder ahora si no...
Antes de que pudiese acabar su frase ya tenía a Remus colgado del cuello, abrazándolo efusivamente.
- ¡M-me encantaría!... vivir contigo...
Una inmediata sonrisa se apoderó del rostro de Sirius. No le parecía para nada mala la idea, no señor.
Le abrazó, besándolo en la boca, apremiante.
- ¿De verdad? - Remus asintió varias veces. Estaba tan nervioso como él. - Te quiero, pequeño...
Juntaron sus frentes y las mantuvieron así unos minutos, siendo acompañados únicamente por el sonido de sus respiraciones algo agitadas.
Sirius sacó la lengua, rozándola contra los labios del menor. Los delineó a placer, recorriendo con la punta todo su contorno. Esto pareció animar a Remus, que también entreabrió la boca para encontrarse con él. Comenzaron así un extraño beso consistente sólo en lengua, pero cargado de sentimiento, al igual que todos los anteriores. Remus notaba la lengua de Sirius deliciosamente conocida y a la vez tan ajena, igual que el primer día. Llegó a la conclusión de que por mucho que le besase, nunca llegaría a acostumbrarse al cien por cien a su cavidad, con lo cual siempre habría algo en Sirius capaz de sorprenderle día a día.
En un arrebato, pasó sus brazos por detrás del cuello del pelinegro, atrayéndolo hacia sí necesitadamente. No tardó en ser aceptado por el mayor, quien posicionó sus manos en las sutiles caderas del ojimiel.
Remus no fue consciente de en qué momento exactamente se habían sentado en la cama, pero tampoco le prestó demasiada importancia a este hecho. Se limitó a enredar su lengua con la ajena con frenesí, respirando fuertemente por la nariz.
Se separó un mísero instante, ante el puchero de desapruebo del pelinegro.
- La zorra esa... - Susurró en su oído. - La voy a limpiar.
- ¿Qué...? - Antes de resolver sus dudas fue acallado de nuevo por los insistentes labios de Remus, que volvían a adueñarse de su boca. ¿Limpiar a la zorra? ¿Qué coño significaba eso?
Al sentir las ansias con las que se esforzaba en devorarlo lo entendió todo bastante mejor.
- ¿No te gusta que me haya besado? -le preguntó divertido. Por toda respuesta recibió un mordisquito en el labio inferior, lo cual tomó como un sí.
Se rio internamente. Dios, como para no querer locamente a Remus... Era tan jodidamente adorable..
- Es cierto, aún tengo su sabor en la boca. -dijo, buscando picarlo. - ¿Se te ocurre alguna manera de quitármelo de una puta vez...?
Remus le miró con una ceja levantada, queriendo expresar un enorme '¿Me estás vacilando?'. Atacó nuevamente su boca, no dejándole tregua ni por un segundo, visiblemente exasperado.
Sirius también quería ser activamente partícipe en aquel jueguecito, por lo que no tardó en sincronizar los movimientos con los suyos, introduciéndose en el otro y recorriendo su boca por completo. De vez en cuando sus dientes chocaban, producto de la rapidez y afán de sus movimientos.
El mayor quiso acomodarse mejor, porque su espalda ya comenzaba a resentirse un poco por la postura que había adoptado al sentarse con Remus encima. Sin querer, al tratar de encontrar una posición más cómoda, su rodilla presionó momentáneamente la entrepierna del castaño, provocando que éste dejase escapar un pequeño jadeo.
- L-lo siento... -masculló entre besos.
Obtuvo por toda respuesta un beso más profundo de Remus, quien buscó su mano en la oscuridad. Ni corto ni perezoso, la aproximó a sus pantalones, dejándola ahí. Sirius captó el mensaje.
- ¿Quieres que...? - Mientras susurraba sugerentemente al oído del castaño comenzó a acariciarle la abultada forma que se adivinaba por debajo de la tela del pantalón, sufriendo por no poder liberarla inmediatamente.
Remus continuó besándolo, esta vez por todo su cuello y clavícula. La frecuencia y duración de éstos le resultaba algo arbitraria, pero igualmente le encantaba. Besos cortos aquí... Otros más intensos un poco más arriba...
Se aferró con firmeza a sus caderas, provocando que se frotase contra él a un ritmo uniforme. Pronto observó cómo era el mismo Remus quien incrementaba la velocidad de sus movimientos, rozando sus miembros con bastante poco pudor.
No esperó más y se desabrochó el pantalón apresuradamente, pues la presión en su interior comenzaba a molestarle severamente. Hizo lo mismo con el menor, deshaciéndose de sus pantalones y perdiéndolos en algún lugar del suelo. Introdujo la mano por dentro del bóxer de Remus, atrapando su miembro entre sus dedos.
Ahora estaban totalmente tumbados, jadeando sobre la cama. Remus se entretenía en regar de lamidas y mordisquitos el cuello de Sirius, maltratándolo a su antojo. El mayor deslizó su mano desocupada por toda su espalda, recorriéndola lentamente hasta llegar a las redondeces que conformaban su culo. Bajó los bóxers entonces, exponiendo su piel de cintura para abajo. Dejó su mano ahí, apretando sin compasión una de las nalgas. Paró entonces de masturbarlo con la diestra y la llevó al mismo lugar que su compañera, para entretenerse amasando la otra nalga. Las comprimía a la vez, sintiendo como cedían sin resistencia bajo sus dedos... Emitió un largo gemido de placer, que se mantuvo en el aire unos segundos.
Remus mientras tanto había abierto sus piernas, teniendo cada una apoyada a un lado de Sirius, junto a sus costados. El sentirlo tocándole el culo sin control alguno no hacía sino excitarlo hasta límites insospechados. Movió sus caderas hacia adelante y hacia atrás, fingiendo una embestida. Sus hinchados miembros se frotaban entre sí, produciendo que gimiesen acaloradamente.
Empujaba ambas nalgas hacia afuera, sintiendo cómo se abrían bajo sus manos. Unas ganas terribles de explorar el cuerpo de Remus acudieron hasta él, y las obedeció sin rechistar. Deslizó con cuidado uno de sus dedos hacia su entrada, tanteando suavemente. Al no ver negativa evidente por parte del menor, continuó con su incursión, sin dejar de mover sus caderas al compás que le había sido marcado.
No tardó en notar en la yema de su dedo corazón una piel más húmeda y sensible que el resto. Friccionó lentamente con su dígito, sintiendo cómo cedía y se hundía un poco.
Remus continuó besándolo, no pareciendo importarle lo que Sirius estuviera haciendo allí abajo. El mayor interpretó esto como una permisión a continuar, y fue eso lo que hizo.
Fue introduciéndose poco a poco en él, siempre estrujando y acariciándole el culo con la otra mano. Al principio no metió más allá de la primera falange, pero se sorprendió al notar que apenas oponía resistencia. Su ano se amoldaba a la perfección al diámetro de su dedo, permitiéndole entrar y salir con toda comodidad.
Sintió que Remus movía su brazo cerca de él, hacia atrás. En menos de dos segundos tenía la mano del ojimiel sobre la suya, sujetándola con algo de firmeza.
Interpretó esto como que el castaño no se estaba sintiendo cómodo con aquello, por lo que deslizó su dedo hacia fuera para sacarlo de su entrada. Mas la mano de Remus le impidió salir, volviendo a empujarlo dentro.
- Remus... ¿qué...? -murmuró algo confundido.
- Más rápido... - Su voz sonó bastante ronca, denotando lo enormemente excitado que estaba. Movió la mano de Sirius con la suya propia, indicándole un ritmo más bien acelerado, permitiéndole además que se introdujese más profundamente en él.
Sirius sonrió, feliz de poder complacerlo y de saberse dueño de su excitación. Depositó un pequeño beso en sus labios y aumentó la velocidad con la que le penetraba con su dedo, observando cómo gemía cada vez menos disimuladamente.
Una pequeña cantidad de un líquido espeso mojó su vientre, despistándole momentáneamente.
- ¿Te has...?
- N-no... Aún no...
Entendió que a Remus le quedaba poco para correrse, y que el líquido que comenzaba a derramarse no era otro que su presemen. Abandonó la nalga para volver a su miembro, procediendo a masturbarlo de nuevo, lenta y tortuosamente. El castaño le agradeció las atenciones con un mordisco en el cuello, buscando ahora su polla bajo los bóxers. No tardó en hallarla y liberarla, deslizando su mano por toda la extensión. Bajo sus dedos se notaba caliente y húmeda, cosa que le encantaba.
Sin saber muy bien qué hacía ni entender el motivo, Remus se medio incorporó, quedando ahora semisentado sobre él. Con una temblorosa pero segura mano aproximó el erecto miembro de Sirius a su entrada, dejando que se frotase contra ella. Le pareció una sensación muy rara, pero era lo que le apetecía hacer en ese momento. Si era con Sirius, lo quería todo...
El mayor apenas pudo contener su sorpresa inicialmente. ¿Qué era lo que pretendía hacer? ¿Acaso querría...?
Su polla se restregaba insistentemente contra el ya dilatado ano, sin llegar a introducirse aún en él. Tuvo que agarrarse de nuevo a sus nalgas para mantener mínimamente el control sobre su cuerpo. Se impulsaba con las caderas para aumentar la velocidad y el contacto entre ambas pieles, jadeando sin control. Se forzó a serenarse durante un corto espacio de tiempo, solo para hablar con Remus.
- R-remsie... Joder... - Gimió. - ¿Ha-hasta donde quieres llegar con esto? -le preguntó con tacto. No quería hacerlo sentir incómodo con la respuesta, pero precisaba saber qué sentía el castaño en aquel momento.
- Fóllame. -dijo Remus sin dejar de moverse arriba y abajo contra su pene.
Sirius necesitó de hasta la última gota de autocontrol que aún quedaba en su cuerpo para no embestirlo de una sola estocada en ese mismo momento.
- Joder... - Se impulsó hacia delante, tumbándole en la cama, quedando ahora encima de él. Le acarició los muslos con la mano, acercándose peligrosamente a su entrada. - ¿Estás seguro?
Remus se apartó el flequillo de la sudorosa frente con la mano, mirándolo a los ojos. Sirius no perdió detalle de este movimiento, sintiendo que podría comérselo enterito.
- Ahora mismo estoy tan cachondo y tan borracho que ni me lo planteo. Sólo... hazlo... - Jadeó, echando la cabeza hacia atrás. - Mientras seas tú quién, me da igual todo... Te quiero.
Sirius le miró tiernamente, inclinándose hacia abajo para besarlo.
- Yo también. -susurró.
Sus manos continuaban acariciándole las piernas mientras su boca repartía húmedos besos por su cuello y clavícula. Necesitaba que estuviera muy relajado y que se sintiera cómodo durante todo el proceso, por lo cual no escaseó con los besos ni con los mimos. Posicionado de rodillas sujetó su miembro con una mano, mirándolo intensamente a los ojos. Lo aproximó poco a poco a la entrada del menor, dejándola reposar ahí en cuanto la punta rozó la carne.
- ¿Preparado...? -le advirtió. Remus asintió y Sirius pudo ver cómo su pecho se hinchaba, evidenciando que estaba aguantando la respiración, preparándose para lo que vendría a continuación.
Él también inspiró hondo, mentalizándose. Sólo tenía que empujar su polla unos centímetros y ya estaría dentro de Remus... Tras tanto tiempo esperando por tener ese tipo de contacto, por fin estaba a sólo unos centímetros de...
"Ahora mismo estoy tan cachondo y tan borracho que ni me lo planteo. Sólo... hazlo..."
Sintió como si le acabasen de despertar súbitamente mediante un certero golpe en la cabeza. Dios, aquellas palabras que había dicho hacía sólo unos minutos le recordaban jodidamente a algo...
"Remus, ¿en qué piensas? "
"En que me gustaría que el alcohol no hubiera tenido nada que ver en esto..."
Las imágenes de aquel día acudieron a su mente, tan vívidas que pareciera mentira que hubieran tenido lugar hace tantos meses. Ellos dos, bailando en el centro del vacío Gran Comedor... La música que sólo ellos podían oír... Entonces... Le había besado suavemente en los labios... Recordó la expresión de suma tristeza de sus ojos castaños al separarse, y cómo se había preguntado interiormente el motivo de su pesar. Ahora lo entendía.
Remus se había disgustado porque sólo se había atrevido a besarlo estando borracho.
¿No era peor lo que estaban a punto de hacer?
Ambos habían bebido durante las horas anteriores. Aún conservaba cierto regusto del último vodka en la garganta...
Se quedó totalmente quieto en su posición, sin introducirse. Es más, incluso se apartó un poco hacia atrás, lo cual extrañó un poco al paciente castaño.
- Remus... N-no puedo hacerte esto...
- ¿Eh...? ¿N-no puedes...? ¿Por qué...? - Se medio incorporó, mirándolo confundido.
- No puedo porque... Porque...
Sin mediar palabra, se levantó de la cama, quedando de pie en el suelo. La cara de Remus era un poema.
- ¿S-sirius...?
- Ven. - Pasó sus brazos por debajo de su espalda y de sus rodillas, cargándolo en peso. Comenzó a caminar por la habitación, ambos desnudos.
- ¡S-sirius! ¿A dónde me estás llevando? -inquirió entre asustado y curioso.
El mayor se mantuvo en silencio durante el trayecto desde la cama hasta el cuarto de baño. Abrió la puerta con el codo, ingresando de inmediato y cerrando la puerta con el pie. Depositó a Remus en la blanca y esmaltada bañera, tumbándolo ahí.
- ¿Qué vas a hacer? - Se mostraba muy inquieto por la reacción del ojigris. De estar sumamente excitado había pasado a estar totalmente desorientado, y no alcanzaba a comprender las razones que le habían impulsado a detenerse.
El pelinegro se metió también a la bañera, sujetando rápidamente el mango de la ducha. sin mayor dilación, abrió la llave del agua fría y los roció a ambos.
- ¿Pero qué...? ¡Dios! ¡Está helada! -se quejó en cuanto el agua hubo tocado su piel.
- ¡Lo sé!
- ¡Pero para ya, coño! - Le sujetó de la muñeca, girándola para que echara el agua helada a otro sitio que no fuera él. - ¡¿A qué viene todo esto?
Sirius se apartó el flequillo mojado de la frente.
- Mírate... Estamos borrachos...
- ¿Y qué? - Grandiosa afirmación la suya, pensó mientras tiritaba y se abrazaba para mantener algo de calor. Definitivamente, se le había ido la cabeza.
- No pienso follarte estando borracho. Eres demasiado importante. No quiero que pienses que... Joder, simplemente quiero que estemos sobrios. Los dos.
Le miró sorprendido. Sí, comenzaba a acordarse... En diciembre, cuando le había besado por primera vez... Lo que más había deseado con toda su alma era que estuviera lúcido, que no se arrepintiese de nada, como él mismo...
Encontró ese gesto totalmente admirable.
- T-te acuerdas de eso... - Le miró con ternura, besándolo a continuación.
- Y cómo no me voy a acordar... Si fue la primera vez que te besé, joder. - Le estrechó contra sí, a pesar de que estaban empapados y sentían el frío en la piel.
- ¿Y qué hacemos ahora? Estoy tiritando...
- Asegurarnos de que no estamos borrachos. - Abrió de nuevo la regadera, colocándola ahora en una temperatura bastante más agradable. La sostuvo encima de la cabeza de Remus, creando una pequeña cascada que resbalaba por su rostro y su pelo.
- Sirius... -musitó tras unos minutos, apartándose el cabello de los ojos.
- Dime. - Ahora se echaba el agua caliente a sí mismo, disfrutando de las sensaciones que le producía la agradable temperatura.
- Sigo empalmado...
Abrió los ojos de inmediato, contemplando que las palabras de el castaño eran ciertas. Éste estaba sentado con las piernas entreabiertas, y un ligero rubor teñía sus mejillas. Sonrió y se aproximó a su oído.
- Estás jodidamente sexy, ¿sabes...? - La imagen de Remus totalmente mojadito y mirándole de una forma tan adorable le encendía sobremanera, y no se molestó en ocultarlo. Le besó pausadamente, pero procurando que el contacto fuera intenso.
Quiso impulsarse hacia adelante para quedar tumbado sobre él, pero observó que apenas había espacio en la bañera para realizar acción tal. Con algo de pachorra se puso en pie, ayudándole a incorporarse.
- ¿Cómo te sientes...? -preguntó mientras le abrazaba.
- M-mejor... Más lúcido...
- Genial. - Lo echó hacia atrás hasta que su espalda tocó la fría pared, provocando que se estremeciera visiblemente.
- ¡Ah! ¡Joder, Sirius...! - Arqueó la espalda para huir de la helada sensación, mas el ojigris lo sujetó por los hombros, impidiéndole moverse.
- Shhh... - Le acalló con un beso. - Tranquilo, te voy a hacer entrar en calor enseguida...
Repartió pequeños besos por toda la faz del menor, deteniéndose en los labios y en la mandíbula, alentado por sus gemidos ocasionales. Llegó hasta su cuello, el cual no abandonó hasta que lo hubo maltratado un poco, jugando con sus dientes en la nuez.
- Aah... - Remus acariciaba la pálida nuca, enredando sus dedos en las hebras azabaches como vía de escape a sus intensas emociones. - Sirius...
El ojigris continuó descendiendo, encontrándose con los endurecidos pezones.
- ¿Tienes frío...? - Con una sonrisa zorruna procedió a lamer uno de los botoncitos, rodeándolo bien con su lengua. Remus le miraba entre sonrojado y maravillado por sus acciones.
Succionó a placer, implicando también a sus dientes en la tarea. Con la otra mano se encargaba de pellizcar el pezón desatendido, procurando mirarle en todo momento.
Una vez consideró que ya le había hecho sufrir bastante se fue deslizando hacia abajo, besándole el abdomen cada pocos centímetros.
- Ah... - Remus vio hacia dónde se estaba dirigiendo. - ¿Qué vas a hacer...?
Su respuesta no tardó demasiado en llegar. Sirius tomó la polla que se le presentaba delante con la mano. Le miró sugerentemente mientras la introducía a su boca, sujetándole de las caderas con la mano libre.
No tardó en empezar un suave vaivén, acomodando a la semidespierta entre la lengua y el paladar. Incluyó también algo de juego de dientes, sólo por experimentar todas las nuevas sensaciones que pudiera. Se le hacía extraño tener un pene en la boca, pero una vez hubo asimilado que era el de Remus, comenzó a antojársele menos desagradable. Los gemidos que salían a raudales de los labios del menor consistían el mejor incentivo que podía desear para seguir con su tarea.
Remus se apegó totalmente a la pared, notando los fríos azulejos al instante. Se estremeció notoriamente, comprimiendo varios de sus músculos sin darse cuenta. Las atenciones que le brindaba provocaban verdaderos delirios de placer en su cuerpo, y tenía que batallar por mantenerse cuerdo y no saltar sobre él de un segundo a otro. Sin poder evitarlo, profundos gemidos escapaban de sus labios, y por lo que parecía, incitaban al pelinegro a engullirle más rápido y con mayor destreza.
- Dios... S-sirius... Ahh... Lo haces de puta madre... - Balbuceando algunas incoherencias, sintió el cosquilleo en su bajovientre al que ya se había acostumbrado tras estar casi tres meses con él. - M-me voy a...
El ojigris captó la advertencia, pero aún así no cesó de succionarlo y comprimirlo con los músculos interiores de la boca. En un momento dado, sacó su miembro de la cavidad bucal y lo sostuvo justo delante de sus labios, lamiéndola ahora obscena y chulescamente, manteniendo un intenso contacto visual con él.
Remus apartó la mirada algo turbado, pero continuó observándole con el rabillo del ojo.
Simplemente, no se consideraba capaz de aguantar mucho mas si seguía escrutándole de esa manera tan poco ortodoxa.
Tras un par de lametones más, Remus supo que había llegado a su límite. Trató de apartar la cara de Sirius de la zona de peligro, pero este último se negó.
- ¿No me vas a dejar que te trague? Si es de ti, lo quiero todo...
Enrojeció aún más, si es que aquello era posible. La obscenidad y promiscuidad de Sirius podían hacerle enloquecer con tanta facilidad...
Le dirigió una sonrisa algo tontorrona, pues no sabía que expresión poner. Le pasó la mano por el húmedo flequillo, apartándolo de su frente.
No paró de lamer su miembro como si de un dulce se tratase, hasta que al final el castaño se vino entre espasmos y gemidos. Sin dudarlo un segundo recogió con su lengua todo el líquido que pudo, sin importarle que algunas traviesas gotas hubieran decidido deslizarse por su barbilla, acabando en el esmaltado suelo blanco de la bañera.
Cuando hubo acabado se puso en pie, quedando cara a cara con un suspirante y exhausto Remus, quien mantenía los ojos cerrados, presa de la sensación de plenitud que comenzaba a embargarle. Sin demorarse un segundo, posó sus labios sobre los ajenos, disfrutando pausadamente del agradable tacto que le ofrecían.
Remus correspondió al contacto enseguida, sin abrir todavía los ojos. Los labios de Sirius estaban algo pegajosos y más resbaladizos de lo corriente, y no tardó enimaginarse por qué.
Tras unos breves instantes más, se separaron sonrientes, intercambiando miradas de íntima complicidad. Con delicadeza, Sirius colocó sus manos en las caderas de Remus, afianzándolo por ahí. Poco a poco lo instó a girarse, quedando ahora el castaño contra la pared, dándole la espalda.
Comenzó por besarle cariñosamente la nuca y la parte trasera de su cuello, disfrutando al ver cómo se estremecía. Se apegó totalmente a él, procurando que sintiera cada uno de sus músculos, pidiendo desesperadamente unirse a él, ser uno con él.
Depositó un pequeño beso en su cuello mientras deslizaba su mano por toda la espalda, recorriéndola por la espina dorsal. Llegó hasta el nacimiento de las nalgas, donde se entretuvo en acariciar una de ellas.
- Sirius... - Giró la cabeza para mirarlo. Asintió mirándole a los ojos y se volvió, apretando fuerte los puños contra la pared. - Hazlo...
El pelinegro tragó saliva, asintiendo a su vez. Tomó su enhiesta polla y la dirigió con cuidado a su entrada, apretándola contra ella. Remus dio un respingo.
- ¿Me aparto?
- N-no... Quiero decir... ¿No has oído como... algo... ahí dentro? - Señaló con la mirada la puerta, refiriéndose al dormitorio.
Sirius se volvió hacia atrás para contemplar el objeto de la turbación de Remus, pero no halló causa por la que preocuparse.
- No, nada. - Le besó en el cuello. - Tranquilo...
Remus agitó la cabeza, contrariado.
- Me había parecido que...
- Shhh... Estás nervioso... Voy a empezar, ¿vale?
Se agarró de las caderas de Remus con mayor fuerza, aunque sin llegar a provocarle molestia. Sentía su pecho a punto de estallar por la emoción de lograr lo que tanto tiempo llevaba esperando...
Empujó las caderas contra sus nalgas, consiguiendo introducirse apenas unos centímetros en él.
- ¿Dónde coño...? ¡Joder! ¡Dios!
Se giraron sorprendidos al escuchar el portazo. Desde la puerta, un avergonzado James trataba a duras penas de taparse los ojos con la mano, evitando mirarlos.
- ¡Tranquilos, que ya os dejo a lo vuestro! ¡Nada, nada! - El de las gafas buscó a tientas el pomo, cerrando inmediatamente tras de sí con otro portazo.
Se miraron paralizados, todavía sin poder creerse lo que acababa de suceder.
- Dime que no acaba de entrar James dando un portazo... -dijo Sirius con los ojos cerrados y una mueca de exasperación en el rostro.
- Pues... Precisamente eso es justo lo que acaba de pasar...
Continuaron en la misma posición, sin saber muy bien qué hacer y cómo reaccionar. Sirius chasqueó la lengua con fastidio.
- Gilipollas... - Reparó en que sin darse cuenta había salido de Remus, suponiendo que hubiese llegado a 'entrar'. Suspiró hastiado. - ¿Cómo estás?
- Bien... Aunque hace un momento sentí... algo... - Se sonrojó discretamente, girándose y abrazándole, ocultando el rostro en su pecho.
El ojigris le acarició el pelo, sonriendo de lado.
- Yo también. De hecho... mira como sigo todavía. - Dirigió una significativa mirada a su enhiesta polla. Remus captó el mensaje.
- ¿Crees que podemos...? Ya sabes... ¿Con James ahí fuera? - Comenzó a acariciar el miembro de Sirius, provocando que la piel del glande subiese y bajase rítmicamente.
- Hombre, poder podemos... - Le mordió pícaramente la piel del cuello en agradecimiento por sus acciones. - ¿Quieres intentarlo de nuevo?
- Tonto... En realidad... Ahora que sé que hay alguien a menos de tres metros que nos puede oír perfectamente...
- Pequeño. Te da corte, lo entiendo. Mira, podemos... No sé... Intentarlo en otra ocasión... - Jadeó. - Un día que... estemos totalmente solos.
- ¿En serio?
- Sí. Joder, aprieta más ahí... - Se acomodó para darle libertad de movimientos. - Ahora que lo pienso bien, una bañera no me parece el mejor lugar para follarte por primera vez. Hacerte el amor. -corrigió tras el puchero que le dirigió el ojimiel.
- Yo también me dejé llevar bastante por el calentón del momento. - Le besó en la mandíbula. - Pero me encantó. - El castaño había aumentado la velocidad con la que lo pajeaba. Su técnica no era precisamente experta, pero ponía toda su alma en hacer que a Sirius le gustase. Y por lo que se veía, no se le daba tan mal.
- Ah... Y a mí.
El pelinegro asintió, viniéndose entre los dedos de Remus minutos después.
Un confundido James se tapaba la cara con ambas manos, sentado en su cama. Aún estaba vestido, y de tanto en tanto lanzaba furtivas miraditas a la puerta del baño. Ya hacía un rato que no se oía nada tras la puerta, pero necesitaba asegurarse del todo. ¿Habrían parado? ¿O seguían con la acción? Solo de imaginarse a dos de sus mejores amigos en tales posturas le provocaba...
Por fin la puerta se abrió, dejando pasar a los objetos de su turbación, tapados con sendas toallas, para agradecimiento de su vista. No era que le molestase ver a otros hombres desnudos (de hecho se había duchado con Sirius mil veces en los vestuarios de quidditch), ni tampoco la homosexualidad... Ni siquiera tenía que ver que fueran sus dos mejores amigos quienes estuvieran a punto de cometer tal acto... Consistía simplemente...
- Joder... ¡Es demasiado violento!
- ¿Te hemos escandalizado, Jamie? - Rio Sirius mientras buscaba su pijama. Por su parte Remus miraba a Potter con cara de circunstancias, tratando de disculparse. En ese momento repararon en la presencia de Peter allí. - Anda, si Pete se ha quedado sobado...
- ¡Como para no escandalizarme! - Al recordar que su rubio amigo dormía plácidamente en la cama bajó el tono. - Acabamos de venir... Tenéis suerte de que Peter no pudiera ya ni con su alma, que se ha dormido nada más tumbarse en su cama.
- Bueno, tampoco le pasaría nada si nos viera. Ya es mayorcito, ¿no? - Se puso sin demasiado cuidado un sencillo pantalón holgado que extrajo de su armario.
- Supongo... Dios, pero esto ha sido... - Se levantó y empezó a ponerse el pijama también. Remus decidió imitarlo. - ¿Habéis... llegado hasta el final?
Sirius rio, y Remus exhaló un suspiro de pesadez.
- Esperamos al niño para dentro de nueve meses. ¿A que sí, Rem?
El castaño no se molestó ni en contestarle. Muerto de vergüenza como estaba, se tumbó en su cama, tapándose hasta la nariz con las sábanas mientras murmuraba un leve "buenas noches".
- No jodas... ¿Tan pronto me haces tito? - Le lanzó un almohadón. - Debiste avisarme antes.
- Te mandé una postal, idiota. Buenas noches... - Bostezó y se echó junto a Remus, apartando con pereza las mantas - Buenas noches, Remsie... - Le besó suavemente en la boca, abrazándolo posteriormente y siendo correspondido por el menor.
- Mañana te mato. - James hizo lo propio, acostándose también.
- Ya sabes.
- ¿Saber el qué?
Sirius se giró para observar mejor a su mejor amigo. El expreso de Hogwarts ya se había detenido hacía unos minutos en el andén 9 y 3/4, y los estudiantes bajaban presurosos, felices tras reencontrarse con sus familias.
- Este verano te quiero ver en mi casa. Todo julio. Sí o sí. - James abrazó al mayor, despeinándolo a propósito. - Mi madre te adora.
- Lo sé. Soy irresistible para todo el mundo, qué le voy a hacer.
- Déjate de presumir tanto, subnormal. - Bajaron las escaleras del expreso llegando hasta el andén, donde ya les esperaban Remus y Peter, los cuales intercambiaban unas palabras de despedida.
- No presumo, ¡expreso la realidad tal cual y como es! - Rio y le abrazó, despeinándolo de igual manera.
- ¡Que la distorsionas, dirás! - Entre risas llegaron junto a los otros dos chicos. Dejaron las maletas y los baúles apoyados en el suelo.
- Bueno... Otro año más. -atajó Peter. - ¡Nos veremos en septiembre! - El rubio se despidió de los dos pelinegros y cogió su equipaje, buscando a sus padres con la mirada.
- Lo mismo digo. ¡Espera, Pete, me voy contigo! ¡Quiero saludar a tus padres! - Añadió esto guiñándole el ojo a Sirius, mirándo a la pareja con complicidad. - Hasta septiembre, Remus. - Le abrazó y presuroso corrió hacia Pettigrew, batallando con sus maletas.
Black y el menor rieron, viendo como sus amigos se marchaban y se perdían entre la multitud.
- Joder... Quién me iba a decir a mí que iba a acabar así. -empezó Sirius.
- ¿Así como?
- Pues... Contigo, siendo novio de un hombre lobo...
- Ya... Es raro, pero me gusta. - Le chocó levemente el codo con su costado.
- Eh, que yo no he dicho en ningún momento que no me gustase. Es más, me encanta.
Se abrazaron en medio de todo el tumulto. Nadie reparaba en ellos, aunque tampoco era que estuviesen haciendo nada extraño. Dos amigos que se abrazaban, nada más allá.
- ¿Vendrías... a mi casa en verano? -preguntó tímidamente el menor. Sirius se lo pensó antes de contestar.
- Tengo todo julio ocupado con James. Pero en agosto soy todo tuyo. - Lo apretó más contra sí. - Me encantaría ver tu casa.
- ¿Entonces es un sí? - Le miró con ilusión.
- Claro. - Sonrió. - ¿Sabes...? Voy a extrañarte mucho. Mucho, mucho, mucho. - Hundió la nariz en su cuello, aspirando su aroma. Algunas personas comenzaban a mirarlos. Esto ponía nervioso a Remus, quien se separó un poco de él pese a su descontento.
- Yo también. Tengo ganas de enseñarte mi pueblo y mi casa.
- ¿Cuando dices "casa" quieres decir "habitación" y por tanto "cama"? -le preguntó con voz sugerente.
- Por supuesto. - Miró en derredor, encontrando a sus padres unos metros más allá. - Ya me voy. ¿Miramos los detalles por carta?
- Te mandaré lechuzas con las novedades en casa de James. - Se acercó y le besó en la mejilla, algo que las normas sociales de cortesía no hallarían fuera de lugar. - Hasta agosto, pequeño.
- Hasta agosto. - Se dio la vuelta y se encaminó hacia sus padres. Por más que lo intentó, no pudo evitar que una tontorrona sonrisa aflorase en sus labios, la cual no despareció de su rostro hasta que hubo llegado a su hogar.
ta-daaaaa! ^^ sep, soy una hijjaputa... pongo lemmon, no lo pongo? parece que si... ahora no... wajajjaj! w si les dejé con las ganas de ver como estos dos hacen cosillas toas guarrindongas no se pierdan el proximo cap! =.= aviso que debido a mis estudios quiza tarde bastante en actualizar... pero lo hare al fin y al cabo XDDD
Mikkan~!^^
