Capítulo 10
Bilbo había estado tan distraído pensado en qué tendría que hacer para salir de aquella ciudad, que tardó en darse cuenta que a la casa que habían entrado estaba completamente a oscuras. Smaug lo tenía firmemente agarrado de la mano y lo guiaba con gentileza para que él no tropezara con nada.
-¿Por qué...? -Él mismo cerró la boca cuando se dio cuenta de sí había luz en la casa, pero era tenue; provenía del comedor. Poco, después, mientras avanzaban, Bilbo se dio cuenta de otra cosa. Olía delicioso. Casi podía decir que se trataba de un platillo italiano... ¿espagueti o lasaña?
Smaug se detuvo, de pronto; estaban a sólo unos pasos de entrar en el comedor. Los ojos del cambiante lo observaron fijamente. Parecía un poco inseguro.
-¿Recuerdas lo que te dije esta mañana? -Cuando el semi-dragón vio que el humano asentía con la cabeza, algo avergonzado, continuó- Estuve pensando el resto de la tarde y pensé que si no había tiempo de salir, tal vez... podría prepararte algo aquí.
Bilbo no necesitaba verse en un espejo para saber que sus mejillas se habían encendido en ese momento. No pudo resistirse y entró en el comedor sin que él lo guiara y se dio cuenta que la tenue luz pertenecía a unas velas que estaban perfectamente acomodadas en el centro de la mesa. A decir verdad, todo se veía precioso. Había un hermoso mantel y dos platos vacíos con sus cubiertos, acomodados uno junto al otro. También había una botella de vino tinto y dos copas cristalinas, brillando por la luz que emitían las velas.
Sintió que su corazón latía más rápido. No podía negar que aquello era muy romántico. Nadie había hecho algo así por él, nunca.
Sin decir una palabra, permitió que Smaug lo llevara hasta una de las sillas y también observó, tratando de no sentirse abrumado por lo que estaba pasando, cómo él le servía vino y un trozo de lasaña. El cambiante se sirvió después y se sentó junto a él.
Y entonces, después de probar un poco de la lasaña, se dio cuenta de otra cosa.
-Esto... ¿lo cocinaste tú? -preguntó, observándolo atentamente.
-Sí, pero si no te gusta, puedes...
-No, es perfecto -lo interrumpió Bilbo. Y era completamente sincero. Porque aquel platillo sabía delicioso, pero se había sorprendido al darse cuenta de que él mismo lo había preparado.
Smaug sonrió, aliviado, y se inclinó a besar la frente del humano. Este se estremeció y cerró los ojos, incluso permitió que la mano del cambiante se cerrara sobre la suya con gentileza.
Cenaron tranquilamente durante unos minutos, hasta que Smaug le pidió a Bilbo que le contara algo de su pasado.
-¿Por qué? -cuestionó. En un principio estaba reacio a recordar cosas que se relacionaran con Primula o Frodo.
-Quiero saber más de ti -le sonrió el cambiante, acariciando su mejilla.
Y Bilbo aceptó, no sólo porque se lo había pedido, sino porque en verdad se sentía cómodo estando con él y había pasado por tantas cosas que sólo quería relajarse un poco. Sin embargo, decidió sacar a la familia que lo estaba esperando del otro lado por unos momentos y optó por contarle cosas sobre su infancia.
Smaug no pareció aburrido cuando Bilbo terminó la primera de sus anécdota, incluso, lucía bastante interesado. El humano lo vio tensarse cuando le relató el momento en que casi se ahogaba en un lago y también se dio cuenta de que se relajaba visiblemente cuando llegó a la parte en que su padre lo salvó. Era como si, por un momento, Smaug hubiese visto al pequeño Bilbo caer al agua, desesperado, y se olvidara de que no le había sucedido nada grave, ya que él mismo era el que estaba contando la historia.
Bilbo se dio cuenta de que Smaug se interesaba en él, realmente. Y sintió que sus ojos comenzaban a humedecerse, porque se dio cuenta de lo que todo aquello significaba.
-¿Bilbo? ¿Qué sucede? -De pronto el rostro del cambiante se transformó y la preocupación volvió a sus ojos-. Lo siento, no debí pedirte que... Yo sé que quieres irte, pero no puedo... Yo quisiera que fueras feliz aquí...
El humano negó con la cabeza.
-No, no es eso -aclaró-. Es sólo que nadie había hecho algo así... por mí.
El cambiante se inclinó y tomó el rostro del humano entre sus manos; limpió cuidadosamente cada una de sus lágrimas.
-Nadie se había dado cuenta de lo especial que eres, Bilbo -dijo él, dándole un beso en la mejilla.
El humano levantó la mirada y lo vio directamente a los ojos. Sintió una terrible sacudida en el pecho al darse cuenta de que, aunque todavía quería encontrar a Drogo, ya no tenía deseos de irse. Pero aún así tenía que hacerlo... tendría que dejarlo.
Bilbo no pensó más y se levantó de su silla, se aferró al cuello de Smaug y lo besó en los labios. El semi-dragón estaba tan sorprendido que tardó unos segundos en corresponderle completamente. Pero en el momento en que se recuperó, tomó al humano de la cintura y lo colocó sobre su regazo. Su lengua no tardó en explorar la de Bilbo y darse cuenta de que su sabor se había mezclado con el del vino.
-Smaug -dijo, cuando los labios del cambiante le dejaron espacio suficiente para hablar-, quiero... estar contigo.
El semi-dragón se quedó petrificado al escuchar aquello, Bilbo se ruborizó aún más cuando los ojos de él encontraron los suyos.
-¿Estás seguro?
El humano asintió, experimentando otra sacudida en el corazón cuando vio que aquellos ojos brillaban con sorpresa, felicidad y pasión.
Smaug lo tomó entre sus brazos y lo volvió a besar, pero con mayor urgencia en esta ocasión. Se levantó, y sin soltarlo, se dirigió a las escaleras, para llegar a su habitación.
Bilbo se estremeció sabiendo que lo que hacía era egoísta; sabía que aquello iba a hacer creer a Smaug que lo elegía y que se quedaría con él. Pero, aunque quisiera, no podía hacerlo. Sin embargo, no quería irse sin antes haber estado con él...
El cambiante lo colocó suavemente sobre la cama y Bilbo sintió que su respiración se aceleraba; jamás había estado con nadie, por lo menos así. Todas sus anteriores relaciones habían fallado antes de llegar a ese punto. Ni siquiera entendía por qué deseaba tanto estar con él, porque no llevaba mucho tiempo de conocerlo.
Smaug se inclinó hacia él y lo besó en el cuello, el humano se estremeció de placer.
-Yo voy a cuidar bien de ti, Bilbo -prometió Smaug, desabrochando lentamente la camisa del humano-. Te haré feliz.
Bilbo cerró los ojos y se permitió imaginar, por un momento, que lo que decía él se podía cumplir; que tenía la opción de elegir. Sus brazos se estiraron hacia el cuello del cambiante y lo acercaron para besarlo en los labios. Sonrió. Se sintió seguro estando entre sus brazos y se olvidó de las preocupaciones que tenía.
Smaug logró quitarle la camisa completamente y comenzó a bajarle el pantalón mientras sus labios exploraban la piel que había quedado al descubierto. Bilbo no pudo evitar soltar un gemido cuando los labios del cambiante encontraron uno de sus pezones y empezaron a chuparlo con entusiasmo. Sus manos se aferraron al cabello oscuro de Smaug y su espalda se arqueó cuando sintió la lengua de él jugar sobre su piel.
Cuando el cambiante logró deshacerse de toda la ropa de Bilbo, sus manos comenzaron a acariciar mucho más abajo, comenzando por su cintura y llegando hasta sus caderas, sus muslos, que se abrieron en respuesta a sus caricias. De pronto, Smaug se detuvo y sus hermosos ojos recorrieron el cuerpo del humano; Bilbo no pudo evitar ruborizarse al ver la expresión de deseo en su mirada.
-Te amo -murmuró Smaug, al volver a inclinarse y antes de besar sus labios.
Bilbo sintió que su corazón se sacudía en respuesta a sus palabras, pero no pudo contestarle nada. Se sentía demasiado abrumado por todo lo que estaba sucediendo.
De pronto su piel desnuda rozando con la ropa de Smaug no fue suficiente, sus manos buscaban acariciar algo más que sólo el rostro y el cuello del cambiante. Así que, con los dedos trémulos, comenzó a quitar uno a uno los botones de la camisa de Smaug. Pero él lo detuvo, sonriendo.
-Déjame ayudarte -dijo, antes de arrancarse la ropa.
Bilbo sonrió con timidez al sentir la calidez del cuerpo del semi-dragón sobre el suyo. Y soltó un gemido cuando la erección de Smaug rozó contra su estómago.
Smaug parecía tan complacido al escuchar los sonidos que salían desde la garganta del humano, que sus manos comenzaron a descender y a acariciar con mayor insistencia. Sus dedos exploraron sus muslos y lentamente regresaron a sus glúteos y poco después encontraron su entrada.
El humano se mordió el labio con fuerza y se volvió a arquear al sentir que uno de sus dedos comenzaba a acariciarlo, pero no introdujo ninguno de ellos.
-Smaug, por favor... -soltó, cuando las caricias se volvieron insoportables.
El cambiante lo besó en el cuello y se llevó uno de sus dedos a la boca, para después, lentamente, introducirlo en la entrada de Bilbo. El humano se estremeció, y cuando Smaug comenzó a mover ese dedo dentro de él no pudo contener otro gemido.
-Eres tan hermoso -le dijo, mientras enterraba el rostro en su cuello-, Bilbo. Me gusta ver tu expresión de placer, me gusta ver como tu rostro se cubre de rubor por mí...
El humano se movió un poco más y su cuerpo rozó con la erección de Smaug nuevamente, él soltó un profundo jadeo de placer. Parecía estar teniendo problemas tratando de controlarse. Murmuró el nombre del humano en su oído antes de introducir otro dedo en él.
Bilbo no quería que se detuviera. Los movimientos de sus dedos lo estaban volviendo loco. Sin embargo, muy pronto, otra idea le vino a la mente.
-No... yo quiero sentirte a ti -se atrevió a decir. Smaug lo miró fijamente durante unos segundos sin decir nada, como si se hubiera quedado sin aliento y lo besó nuevamente, con una pasión desesperada.
-Yo pensé... que sería mejor... para ti... así, esta vez -dijo Smaug, a quien le costaba cada vez más trabajo hablar.
Bilbo negó con la cabeza y lo besó nuevamente, sintió el momento en el que él retiraba sus dedos y utilizaba sus manos para levantar sus caderas. El humano abrió sus piernas un poco más, respirando agitadamente. Sintió la punta de la erección de Smaug rozar con su entrada. Las manos del cambiante se aferraron a sus caderas con mayor fuerza. Se arqueó más y tras un jadeo, Smaug empujó dentro de él, introduciéndose completamente. Bilbo sintió un ligero dolor por aquella intrusión, pero su cuerpo se adaptó rápidamente al tamaño del cambiante y muy pronto aquella sensación desapareció y fue remplazada por un intenso placer.
-No... tienes... idea de lo mucho... que deseaba... estar dentro de ti, mi hermoso Bilbo -confesó Smaug, entre jadeos. Sus caderas comenzaron a moverse y el humano se aferró a su espalda, como si quisiera controlar las oleadas de placer que lo invadían con cada empuje.
Bilbo enredó sus piernas alrededor de la cintura del semi-dragón y disfrutó al ver cómo se dibujaba el placer que sentía en su expresión.
La erección de Smaug entró más profundamente dentro del humano y este soltó un grito de placer en respuesta. Se estremeció y le mordió el cuello al cambiante. El ritmo de las embestidas aumentó.
-Smaug -el mortal soltó su nombre en un gemido profundo, mientras sus uñas se enterraban en su espalda.
Los besos de Smaug se volvieron más urgentes entonces; sus labios estaban en el cuello, las mejillas y los labios de Bilbo una y otra vez, como si no pudiera tener suficiente de él.
-Eres mío, Bilbo. Nadie más puede tenerte -jadeó posesivamente, y sus brazos se cerraron en torno a su cuerpo, apretándolo más contra él, mientras su cadera embestía contra la del humano insistentemente-. Mío.
Bilbo enterró sus dedos en el cabello de Smaug.
-Más rápido -suplicó, besando su cuello. Sentía que su cuerpo comenzaba a temblar de placer...
Y Smaug lo complació. No sólo sus embestidas se hicieron más rápidas, sino más fuertes. Entonces, su erección se enterró más profundamente en el humano y tocó un lugar sensible en él, que hizo que gritara de placer y se agitara entre sus brazos.
Bilbo sintió que algo explotaba dentro de él; el orgasmo lo sacudió y se aferró con mayor fuerza a Smaug, mientras su cuerpo recibía las últimas embestidas de él. El cambiante cerró los ojos y se inclinó para besar a su humano una vez más mientras sentía que se liberaba dentro de él.
Sus cuerpos se relajaron lentamente y aunque Smaug salió de él, sus brazos se volvieron a cerrar con fuerza a su alrededor. Besó la frente del humano nuevamente.
Y, Bilbo, sintiéndose completamente feliz después de mucho tiempo, enterró la cabeza en el cuello del cambiante y sonrió, decidiendo que en ese momento iba a olvidar todo lo que le preocupaba. Se quedó dormido rápidamente, con las piernas entrelazadas con las de él, sintiendo su calor, pero sin poder escuchar las palabras que Smaug comenzó a murmurar sobre su cabello.
