Chapter 10
Akane continuaba con la boca abierta luego de aquella afirmación "quiero que te vayas conmigo a Brasil". No sabía qué decir ni cómo reaccionar… todo estaba siendo demasiado confuso. Miró a Ranma, que continuaba agachado y abrazándola, si no fuera por eso seguramente se habría desmayado de la silla.
– R-Ranma… – murmuró, sin salir de su asombro aún.
– ¿Qué dices… lo harías? – respondió.
– Yo… no sé… digo, no entiendo… ¿a qué te refieres exactamente con irme contigo?
Ranma levantó la cabeza y la miró, extrañado.
– Si aceptas, puedo arreglar con mi asesor que te tomen este viaje como parte de tu práctica profesional, no perderás el año de estudios, sólo lo suspenderás por un rato. No deseo que dejes nada por mí… pero creo que estoy siendo muy egoísta y realmente lo lamento. No quiero ponerte en una posición complicada… pero pensé que te gustaría, no tienes familia que dejar aquí… me dijiste que tus hermanas viven bien y sin problemas… Feng está con su novio… – era notorio lo mucho que le costaba hablar.
– Esa parte la entiendo, pero Ranma… yo voy más allá… me refiero a nosotros… – su voz tembló – ¿tú quieres que nosotros nos… nos…? – no pudo decirlo.
El joven de la trenza se levantó entonces y se sentó en el borde de la mesa, frente a Akane. No entendía aún qué quería decirle. La chica levantó su dedo anular izquierdo y lo señaló. ¿Anillo…?
– ¡Ah! – exclamó Ranma, comprendiendo por fin el temor de Akane – ¿crees que te pido que nos casemos?
– ¡No sé…! – la pobre se tapó la cara.
– Ahora soy yo el que está confundido – musitó, rascándose la cabeza – explícame, ¿crees que te pido que nos vayamos casados a Brasil, que nos casemos allá, o tu condición es que nos casemos para viajar?
– N-ninguna… – tartamudeó.
– ¿Entonces?
– Es que… si me voy contigo viviremos juntos ¿no?, entonces no sé si deseas eso… el matrimonio, y yo…
Ranma levantó una ceja. Jamás pensó que Akane fuera capaz de pensar tantas cosas a la vez.
– Oye… – le tomó la barbilla con suavidad, para que lo mirara – si todo sigue igual como hasta ahora, eventualmente terminaremos casados. Pero… llevamos sólo meses de relación, ¿no crees que aún debamos esperar un poco?
– Claro que sí, pero tuve miedo de que pensaras en este viaje como una prueba para nuestra vida a futuro… – suspiró pesadamente, como si se sacara una gran preocupación de encima – estamos muy jóvenes… tenemos que esperar para eso… tenemos que madurar y superar conflictos… muchas cosas…
– Bueno, ya ves que no fue así. Pero no cantes victoria… ya te dije que eventualmente igual serás mía por la ley – dijo mientras acercaba su rostro al de ella, provocándola.
– Sí… – Akane enrojeció imaginando ese momento…
– ¿Volvemos al punto principal? – sugirió – y antes que decidas, quiero que escuches algo. En realidad, me siento muy mal poniéndote en esta situación, donde debes elegir. Me preocupé de dejar todo listo para ti si te decides a irte conmigo. Sé que no es fácil, estoy siendo un maldito egoísta, pero no quiero estar sin ti… lo lamento, Akane. Aunque trate de convencerme que esto también será bueno para ti, principalmente es todo por mí. Si decides que no es buena idea, lo entenderé y las cosas seguirán igual entre nosotros. Pero quiero que lo pienses y me digas… sería un gran paso en nuestra relación y nuestras carreras. Si crees que no es momento, lo respetaré.
– Ranma, me estás dando con suerte un día para analizarlo… – murmuró – yo quiero estar contigo… pero también me pides que deje el país…
– Perdóname. Sé que no está bien. Sé que estoy metiendo la pata, pero… – se revolvió el cabello con desespero – te quiero y me duele pensar en estar 6 meses sin ti… qué egoísta soy.
Las lágrimas de Akane cayeron automáticamente por sus mejillas cuando escuchó los sentimientos del joven. ¿Por qué tenía que ser tan sensible con él?
– Yo también… – sollozó – y no puedo pedirte que te quedes conmigo aunque lo desee, porque no quiero encadenarte a mí…
– Y sin embargo yo no puedo ser así de altruista contigo, pues te pido que me acompañes muy lejos de aquí… – suspiró pesadamente – soy tan idiota…
– No, no, espera… – tomó una de sus manos – no digas más eso… yo realmente aprecio mucho que me hayas considerado en tus planes y no te hayas ido así como así, no sé si me hubiera sentado bien que te largaras sin pedirme que te acompañe… – secó su rostro con la mano – así que no vuelvas a decirme que eres un egoísta, porque yo no lo veo así.
– Gracias… pero no me contestes ahora. Por favor, piénsalo y mañana me avisas… hazlo por mí. No me digas ahora mismo. ¿De acuerdo?
Akane asintió en silencio. Ranma aprovechó que sostenía su mano y la atrajo hacia su cuerpo, abrazándola con fuerza. La chica hundió la cara en su cuello, sintiendo una inmensa tristeza ante el futuro de ambos.
– Magdalena… – dijo Ranma, mientras le frotaba la espalda suavemente – a pesar de que me estás mojando la camisa, eres hermosa cuando lloras – señaló.
– Sólo tú puedes decir esas cosas en un momento como este… – balbuceó, levantando la cara y dejándosela ver – ¿seguro que te parezco linda así?
– Tonta… – le sonrió – además, estamos en Navidad… y tengo un regalo para ti.
El rostro de Akane se iluminó a través de las lágrimas.
– ¿Es un anillo? – bromeó.
– … – Ranma perdió color en el rostro.
La chica se largó a reír compulsivamente, en parte por la cara que puso su novio, y también de los nervios que sentía. Era su forma de relajarse un poco luego de tanta tensión. Ranma lo entendió así también, y rió con ella una vez se relajó.
– Acompáñame. Vamos a ir a entrenar – dijo Ranma, ante la sorpresa de Akane.
Bajaron al gimnasio del edificio vestidos apropiadamente para ello y comenzaron. Era como la primera vez que salieron juntos, cuando la chica estaba deprimida y él la instó a relajarse intentando golpearlo. Entrenaron en combate un buen rato, disfrutando de lo que significaba para ellos: un punto más de unión en su relación. Terminaron sudados, con el rostro encendido y jadeando. Ranma miró a su chica con orgullo, todo había salido de acuerdo al plan. Ya estaban lo suficientemente relajados para el siguiente paso del regalo.
– Nos vamos a duchar juntos, Akane – dijo con firmeza.
– ¿Es parte del regalo? – preguntó, y el joven asintió con la cabeza – me gusta – sonrió.
Subieron nuevamente al departamento de Akane y una vez allí, ésta fue sorprendida por un beso apasionado que le robó el aliento. Subió las manos a la cabeza del joven y correspondió con todo su ser, aferrándose a su cuello y entregándose totalmente. El roce de sus cuerpos transpirados era de lo más excitante para ella. Las sensaciones se intensificaban y sintió sus pechos, su zona sur y toda su humanidad reaccionar. Llegaron al cuarto de baño tropezando con todos los muebles en el camino. El magnetismo que los rodeaba les impidió separarse para llegar a la ducha.
Abrieron la llave y el agua corrió tibia, aliviando en parte el calor que sentían el uno por el otro. Ranma se despojó de su ropa con cierta brutalidad, y le quitó a Akane la suya de forma atropellada, sobrepasado por su deseo de ella, tanto que ni siquiera se quitaron la ropa antes de ponerse bajo el agua. Ranma tomó un poco de gel de ducha y comenzó a frotarlo en el cuerpo de la chica con infinita paciencia, sin olvidar ningún rincón. Akane enrojeció cuando lo vio lavándole el sudor… era algo que al principio la cohibió. Y luego le gustó. Era tan erótico… ver a Ranma desnudo, frotando sus manos resbalosas por el gel en su cuerpo… lo sintió recorrer su cuello, sus hombros, sus pechos, su estómago, sus glúteos… pasó por las piernas y la chica agradeció en su interior haber ido a su sesión de depilación hace 2 días. Luego subió una mano a uno de sus senos y acarició suavemente, apretando con delicadeza el pezón. Akane sintió que ese toque iba conectado directamente a su centro de placer y se estremeció de gozo. Disfrutó cada contacto sobre su piel, sus senos, su sexo. Era lo más erótico que habían hecho desde que empezaron a tener relaciones. Cuando Ranma concentró caricias en su clítoris, la chica sintió que iba a estallar rápidamente de placer.
El joven pegó su cuerpo al de ella bajo el chorro de agua y la apoyó contra la pared fría. La besó completamente, usando su lengua para acariciar sus labios y luego su cuello. La mordió despacio mientras su mano continuaba estimulando su clítoris. De pronto, la tomó con ambas manos por la cintura y la levantó.
– Sujétate de mi espalda – susurró, excitándola aún más.
Akane hizo caso. Se colgó de él con todas sus fuerzas y lo rodeó con las piernas, al mismo tiempo que él la penetraba suavemente. Iban a hacer el amor en la ducha, bajo el agua y de pie contra la pared. ¿Podía ser esto más estimulante?
Ranma la embistió primero con suavidad, luego más fuerte a medida que sincronizaban sus contoneos. La combinación de la pared fría, el agua tibia y el sexo ardiente de Ranma hicieron estragos en la mente de Akane, que dejó de pensar en sujetarse bien, o en moverse, o en aminorar sus propios gemidos, lo único que tenía en la cabeza era disfrutar. Sentía que era un animal dependiente de sus instintos, que tenía un amo y que era, además, la dueña. Todas las sensaciones agradables del universo se concentraban para ella, y Ranma era el causante.
Continuaron haciendo el amor bajo la ducha y Akane sintió que tocaba el cielo no una, ni dos, sino varias veces más. Tanto placer la dejaba agotada y no podía creer que el sexo fuera aún mejor de lo que ya era con Ranma. Le parecía mágico que tuvieran tanta química en todo sentido, y estuvo más segura que nunca que él era la persona que estaría a su lado toda la vida. No había posibilidad de que hubiera otro. Era sólo él, era el indicado.
Terminaron sentados en el suelo de la ducha, uno frente al otro, mientras el agua corría sin tregua sobre sus cabezas. Sonreían sin poder evitarlo, porque ambos presentían que, independiente de la decisión que Akane tomara, estarían unidos inexorablemente por todos los años que les quedaran de vida.
Akane despertó temprano en la mañana. Ranma continuaba durmiendo plácidamente… se veía tan bello que la chica enrojeció sólo de tenerlo cerca. Pero las circunstancias hacían que tuviera la cabeza en otro lado, le era imposible disfrutar el momento. Decidió levantarse de la cama y darse una ducha tranquilizadora, pero al entrar en el cuarto de baño, todos los recuerdos de la noche pasada volvieron a su mente. Tocó con una mano la pared fría de baldosas, y sintió calor de nuevo entre las piernas. El solo pensar en todo el gozo que experimentó de la mano de su hombre… ¿estaba dispuesta a renunciar a él por seis meses?, ¿pudiendo acompañarlo sin perder sus estudios?, sólo se trataba de cambiar de país, de idioma, moverse a más de 17 mil kilómetros de su hogar…
Tragó saliva, el hilo de sus pensamientos sólo estaba empeorando su nivel de confusión. Necesitaba hablar con Xian-Pu lo más pronto posible. Debía darle a Ranma una respuesta clara, él se lo merecía. Sacudió la cabeza, llamaría a su amiga más tarde, aún disponía de algunas horas para estar con él sin pensar en el futuro. Sí, así sería.
Treinta minutos más tarde, Akane apareció en su habitación portando una bandeja con desayuno. Ranma se revolvió en la cama, gruñendo que no tenía ganas de despertar.
– Oh, por favor, no seas quejica – se burló – ni siquiera es temprano.
– Me dejaste agotado – murmuró, con la cara aplastada en una almohada – me has succionado la fuerza vital y ahora ¿qué será de mí?
– Bueno, si te sientas verás que intento reponer tus energías – gruñó, su tic en la ceja se hizo presente.
– A veeeeer – le hizo caso, incorporándose con pereza – ¿qué tenemos aquí? – miró el desayuno con recelo – ¿y con esto pretendes que me revitalice?, si te vas conmigo, ni pienses en cocinar – señaló, mientras daba vueltas un pescado quemado y unos huevos muy mal batidos.
– Argh – se mordió la boca para no insultarlo – eres un idiota. No debí molestarme en cocinarte una mierda. Ahí te quedas – le tiró la bandeja a la cama.
– ¡Espera! – saltó fuera de las sábanas, totalmente desnudo – era broma. ¿Perdonarías a este idiota? – la tomó por la cintura y la apretó contra su cuerpo, besándole el cuello al mismo tiempo.
– Mmmmm – gimió – no sé si te lo mereces…
– Hagamos algo bueno – desplazó su boca a la de ella, besándola con suavidad – vamos a desayunar fuera… – tiró de su labio inferior, jugueteando – así ambos nos salvaremos de pasar el día en el hospital…
– ¡Qué idiota! – le golpeó el brazo, pero sin dejar de besarlo – te perdono sólo porque es Navidad. Pero no abuses.
Se vistieron rápidamente y salieron, había nieve por todos lados y Ranma miraba el entusiasmo de Akane con disimulo. Le encantaba verla así, relajada y contenta, pero temía el momento en que tendrían que hablar de nuevo sobre el viaje. ¿Iría con él?, ¿dejaría su país por seguirlo?, no estaba seguro de estar tomando la mejor decisión al pedirle que le acompañara. Sin embargo, tal como le había confesado, la quería demasiado como para no pedirle que fuera con él. No quería separarse de ella, en esos meses se había enamorado a tal grado que incluso pensó en no ir a Brasil, para no perderla. Pero sus temores se disiparon al ver la entrega de Akane, a toda prueba, y supo que aún separados su relación funcionaría. Simplemente, le costaba estar siquiera un día sin su cuerpo, sus besos, su tierna preocupación por él.
Luego de comer, pasearon un rato por las calles de Yamanashi, jugaron haciendo bolas de nieve, llegaron a un parque y se sentaron en una banca solitaria, simplemente por disfrutar. Y también, aunque inconscientemente, para eludir la conversación que tendrían más tarde. En esos momentos, sólo deseaban amarse.
Para el almuerzo, fueron al departamento de Ranma. Habían decidido encargar comida, sería algo muy romántico e íntimo, Akane pensaba que en ese momento podría resolver todas sus dudas, que no eran pocas. Estaba segura de su amor por él, pero tenía miedo de apresurar la relación, de sobreexplotarla, ya que vivirían juntos y solos en ese país tropical. Bueno, quizás había que arriesgarse, tampoco deseaba estar lejos de él por seis meses…
– Hola, Ranma – saludó un hombre de mediana edad. Aspecto despreocupado, mirada llena de codicia y un pañuelo en la cabeza, que ocultaba sin éxito su total falta de cabello.
– ¿Qué haces aquí, viejo? – respondió el aludido, de forma no muy amistosa.
– ¡Dios, el padre de Ranma! – pensó Akane, sin disimular su asombro.
– "Ja, ja"– no se veía contento – ¿es que no invitas a tu viejo a pasar?
– Ahora no es el momento. Si quieres hablar, que sea mañana – le señaló los ascensores, invitándolo a marcharse.
– Ni de broma. ¿Así que te vas a Brasil y no me habías contado nada? – levantó una ceja.
– ¿Cómo supiste?
– Siempre tan torpe, querido hijo. Te separaste de mi lado demasiado pronto… – enjugó una lágrima invisible – ¿ya olvidaste que tengo contactos en tu universidad?
– Deja de acosarme. Primero, me echaste de tu casa cuando U-chan y yo nos separamos, y segundo ¿qué te importa a dónde voy? – hizo una mueca de disgusto – a menos que esperes suvenires, no me molestes. Me iré y punto.
– Sigues siendo tan rencoroso… ¿no me presentas a esta linda jovencita? – señaló a Akane, quien no pudo evitar un escalofrío.
– Eso sí que no te lo permito – se adelantó, dejando a la chica a su espalda – casi, casi soporto que te metas en mi vida, pero con ella no. Déjala al margen de tus tonterías.
– ¡Qué carácter, hijo! – rió largamente – eres igual a tu madre.
– No hables de ella – murmuró, con la mandíbula apretada – me ha costado mucho conseguir que nos comuniquemos, y ya sé algunas cosas que le hiciste cuando estaban juntos, como ignorarla, serle infiel o impedirle verme para no "interrumpir" mi entrenamiento – sonrió torcido – ¿y luego te preguntas por qué no me interesas en lo más mínimo?, eres un codicioso, egoísta, no te importó una mierda tu mujer y tu hijo, sólo pensaste en tu propio beneficio. Siempre me usaste, incluso cuando me dijiste que mi matrimonio con U-chan era por una deuda de honor, lo que te importaba era arrebatarles el negocio ¿no? – Genma se puso pálido – así que vete de aquí, no quiero asustar a mi chica y tú me has sacado de quicio – señaló de nuevo los ascensores.
– Bien, bien… venía a ofrecerte algo de dinero para el viaje, pero tal parece que no lo necesitas – levantó los brazos, como disculpándose.
– Hace años que me mantengo solo y muy bien, gracias a que me sacaste de tu casa. Podría ser la única cosa buena que has hecho en tu vida. Nos vemos, viejo.
Ranma abrió la puerta de su departamento y metió a Akane en él, cerrando rápidamente y sin fijarse si Genma continuaba ahí o se había ido. Dio un largo suspiro y apoyó la espalda en la pared, cayendo lentamente al suelo. Subió una pierna y apoyó el codo en la rodilla, sujetando su cabeza con la mano. Se sentía mentalmente agotado luego de encontrarse a su padre y agradeció la proximidad de su viaje, así no tendría que lidiar con él en seis meses.
Levantó la cabeza. Akane se encontraba frente a él, a su altura, pero no hacía ademán de acercarse. ¿Estaría asustada?… no, le estaba dando su espacio. Le agradeció con la mirada que fuera tan prudente. No tenía muchas ganas de hablar en ese momento.
Akane se levantó y se dirigió a la habitación de Ranma. Cerró la puerta, cruzó el lugar y se sentó en la cama, marcando el celular de Xian-Pu. Estaba nerviosa.
– ¡Amiga! – exclamó la chica, al otro lado de la línea.
– Necesito hablar contigo – dijo apresuradamente.
– ¿Estás bien?, ¿qué ocurre?
Akane le narró con detalles la encrucijada en que se encontraba.
– ¿Qué vas a hacer? – le preguntó Xian-Pu.
– Yo…
Ranma se encontraba en idéntica posición cuando Akane volvió de hablar por teléfono. La vio sentarse en el suelo frente a él, y mirarlo fijamente a los ojos, como si le costara expresar en palabras lo que pensaba. Tabaleó los dedos, nerviosa, y finalmente dio un suspiro.
– Necesito empezar a hacer mis maletas…
– Entonces… has decidido irte conmigo – le sonrió. Pero sus ojos estaban oscuros.
– ¿No estás feliz?
– Sí. Pero… ¿qué te motivó a aceptar mi invitación? – bajó la pierna y la dobló – ¿te ha dado lástima ver lo que ocurrió con mi padre y por eso dijiste que sí?
– ¿Qué? ¡No! – exclamó – ¡no tiene nada que ver con eso!, por dios Ranma… – se acercó hacia él, tomándole una mano – ¿cómo puedes creer algo así?, ¡jamás te tendría lástima!
– Bueno, si es así contesta mi pregunta – ladeó la cabeza, esperando una respuesta.
– Yo… desde el principio supe que iba a decirte que sí – murmuró, soltando su mano – pero tenía miedo de algunas cosas. No quiero saturar nuestra relación y estando allá, viviremos juntos… pensé que era muy pronto para eso.
– Sabes que tienes razón.
– Sí, pero después pensé otra cosa… – se sonrojó levemente – ¿podría quedarme con la duda?, ya no. Me has dado eso, Ranma. Antes, yo me habría negado a acompañarte sin siquiera pensarlo, para no salir herida, pero ahora me has entregado la seguridad que no tenía. Pensé… ¿qué tal si resulta?, ¿qué tal si, como sospecho, somos el uno para el otro? – su voz tembló ante la revelación que le hacía – me he enamorado.
– Akane… – se acercó a ella, quedando a centímetros de su rostro.
– Tengo miedo de lo intenso que es mi amor por ti. No sólo porque eres el primero, sino porque presiento que serás el único. Quiero tanto que todo salga bien… que… – no supo cómo continuar. Agachó la mirada.
Ranma terminó con la distancia entre ellos, besándola con delicadeza. Era como si le hubiera quitado un peso de encima, le preocupaba que Akane aceptara el viaje por las razones equivocadas, sin embargo… de nuevo, ella le hacía entrega de su confianza absoluta, y él no podía menos que sentirse agradecido.
La besó despacio, con calma, saboreándola completamente. Su lengua acariciaba sin reparos, mientras sus manos jugaban en la anatomía de Akane, provocándole suspiros y gemidos que no podía frenar. Se levantó del suelo y la atrajo con él, apretándola contra su cuerpo. Hundió la cara en su cuello, como siempre deleitándose con su aroma a flores en verano…
– Gracias por decirme lo que sientes – sonrió – y no eres la única que tiene miedo.
– Ranma… – buscó su mirada.
– Supongo que si estamos juntos, todo saldrá bien ¿no?
Se besaron de nuevo, dando rienda suelta a la pasión incontenible que los envolvía.
– Tengo que ir a Nerima para despedirme de Kasumi onee-chan… – jadeó, con la voz sexy que siempre acompañaba su excitación.
– ¿Quieres que te acompañe? – susurró en su oreja mientras jugueteaba con su lóbulo, provocándola encantado.
– ¿Puedes…? Ah… – gimió, pasando sus manos por la espalda masculina, deteniéndose en la cintura y luego bajando a sus glúteos.
– Claro que sí. Ya tengo todo listo para nuestro viaje – deslizó su mano por debajo del sujetador, tirando del pezón con suavidad.
Akane pegó su cadera a la de Ranma, balanceándose rítmicamente contra su marcada erección. Le encantaba ver el efecto de su toque en él, la hacía sentir poderosa. Lo hizo retroceder hasta que lo tuvo contra la pared, y una vez allí desplegó su mejor repertorio de besos, lamiendo su piel, saboreándola como el mejor de los manjares.
Evidentemente, el cosquilleo que sentían ante los 6 meses que les esperaban viviendo juntos en un país tan lejano hizo que tuvieran una sesión de sexo inolvidable.
Terminaron agotados, muertos de hambre e inmensamente felices. Pidieron por fin el almuerzo, que ya iba siendo la cena, y decidieron que al día siguiente, ambos viajarían a Yamanashi para contarle a Kasumi el motivo que la ausentaría por seis meses de Japón. Akane la llamó al celular y le pidió que la esperara en casa.
Habían pasado meses desde la última vez que estuvo ahí. Akane sonrió, recordando que Ranma había ido a buscarla para disculparse por su comportamiento con ella… y ella intentó huir sin éxito. Esa fue la primera vez que lo abrazó voluntariamente…
– ¿Qué piensas? – Ranma estaba a su lado, mirándola con curiosidad.
– En lo idiota que eres – respondió, con una amplia sonrisa en el rostro.
– Gracias – sonrió también.
Luego de pasar por el cementerio para ver a los padres de Akane, llegaron la casa. Kasumi abrió la puerta, invitándolos a pasar. Abrazó a su hermana pequeña efusivamente, felicitándola por tener un novio tan guapo. Luego se dirigió a Ranma, y él pudo apreciar que era tan bonita como Akane, pero en una forma diferente. Y también, su carácter era todo lo contrario. Aquella chica era muy suave, dócil, su voz parecía cantar cuando hablaba y tenía la virtud de calmar cualquier inquietud. Agradeció que Akane tuviera alguien tan preocupada por ella en su vida.
– Nabiki está aquí. Vino de improviso y, bueno, como la última vez que se vieron conversaron sin problemas… – dijo preocupada.
– No te preocupes, onee-chan. Está bien así – afirmó.
– ¡No sabes qué feliz me haces, Akane! – la abrazó de nuevo.
– ¿Puedo ir al dojo?
El semblante de Kasumi se oscureció un poco.
– Es… Akane… – vaciló.
– ¿Qué pasa?
– Ryoga… él vive ahí…
– Me da igual. Ya lo vi hace unos meses, supongo que las cosas con él podrían estar peor… ¿me acompañas, Ranma? – le miró con anhelo – quiero que conozcas el que era mi dojo. Es muy importante para mí.
– Por supuesto.
Caminaron por un pasillo, luego llegaron a un patio. El dojo parecía estar más adelante.
– ¿Akane?
– ¿Si, Ranma?
– ¿Estás segura de esto?, la última vez que viste a… a… – se le había olvidado el nombre, otra vez – bueno, a él, te trató como la mierda. Si vuelve a hacerlo… – apretó la mandíbula – no te prometo contenerme esta vez. No voy a permitir que el imbécil te toque.
– Gracias – le sonrió – pero no te preocupes. He tomado una determinación, y sobre Ryoga onii-san… si no puede aceptar que nunca lo he visto más que como un hermano, problema de él. No volveré a explicarle eso. Además, es probable que no lo veamos. Tal vez ya esté perdido de nuevo.
Llegaron. Akane abrió la puerta y sintió la nostalgia golpearle la cara… hacía tanto tiempo que no entraba en ese lugar… aspiró profundamente el olor a madera del lugar, y fue como si hubiera retrocedido 10 años.
– Akane… – Ryoga entraba en ese momento, alertado por su presencia.
– Hola, onii-san – le saludó alegremente.
– ¿Tú de nuevo? – señaló a Ranma.
– Acostúmbrate – le dedicó una mueca.
– Por favor, onii-san. No discutas con mi novio – y se sonrojó al decirlo.
– ¿Qué te trae por aquí, Akane? – llevaba una toalla en el cuello, pues había estado entrenando hasta hace poco.
– Kasumi onee-chan me dijo que estabas aquí. Me lo imaginaba, dada las estipulaciones de otosan sobre este lugar… tomé una decisión que me rondaba la cabeza. Te cederé el control completo del dojo. Será tuyo en su totalidad.
Ryoga se quedó con la boca abierta. Ranma también. ¿Qué estaba pasando?
– A-Akane… si es porque no quieres casarte conmigo…
– En realidad, no tiene nada que ver con eso. No me habrías desposado de ninguna forma, ya sabes que eres como un hermano para mí.
– ¿Entonces…?, creí que este lugar era invaluable para ti.
– Sí, pero… algunas cosas cambian. Dejaré el papeleo antes de irme, pero por mientras ya puedes disponer del dojo.
– Akane…
Ryoga la tomó por un brazo, reflejando inmenso dolor en la mirada. Ella entendía, pero no podía remediarlo. No era el hombre que amaba, y nunca lo sería. Desvió los ojos, incapaz de soportar más de su sufrimiento.
– ¿Dónde te vas? – preguntó finalmente.
– Lejos. No te preocupes, estaré bien. Ahora iremos a tomar el té con Kasumi onee-chan… ¿quieres venir? – trató de zafarse.
– Oye, no me has contestado aún – apretó más el agarre – ¿dónde te vas?
– Suéltala ahora – intervino Ranma, tomándole la muñeca.
– ¡Tú no te metas! – rugió el joven Hibiki.
– ¡Ryoga onii-san, no tienes ningún derecho sobre mí! – chilló Akane, soltándose de un tirón – ¡si no puedes aceptarlo, es problema tuyo! – giró sobre sus talones, saliendo del dojo – vamos, Ranma.
Los dos hombres se retaron con la mirada por unos instantes, hasta que el joven de la trenza se dio vuelta y siguió a Akane.
Ryoga se quedó solo en el dojo, pensando que jamás lograría nada con ella. Tal vez lo mejor era salir en una cita con Akari, una chica que conoció gracias a las casualidades de la vida. Al menos, no estaría solo.
Ranma corrió detrás de Akane y la alcanzó. Puso una mano sobre su hombro.
– ¿Estás bien?
– …
– Oye… – la vio. Su mirada estaba llena de dolor. Sin perder tiempo, la abrazó con fuerza – ¿qué está mal?, ¿muchos malos recuerdos? – frotó su espalda con ternura.
– Sí… – no era capaz de decir nada más. Cerró los ojos y se abandonó al apoyo que su chico le brindaba, agradecida de tenerlo a su lado en los momentos difíciles. Así era desde que se habían conocido.
– Bueno, estaremos lejos por 6 meses. Tú podrás descansar de esto y yo de lo mío. ¿Qué mejor?
– Ranma…
– ¿Si?
– Quédate siempre conmigo.
La petición de Akane sonó maravillosa en sus oídos.
– Y tú que no te querías enamorar… – se burló cariñosamente.
– No sabía que me darías mil razones para amarte – murmuró, mientras buscaba su boca con ansias de besarle.
Hola a todas y todos!, primero que todo les debo una disculpa gigante por haber tenido botado este fic en tanto tiempo. La musa inspiradora me abandonó completamente con Ranma y Akane, y sólo tenía ideas para mi otro fic de Resident evil :/ por dios!, mi musa es terriblemente caprichosa. Intenté escribir muchas veces, y odiaba el resultado siempre, reescribía una y otra vez y no había caso, no podía quedarme conforme.
Hasta que ayer por fin logré lo que quería. Ojalá les guste, y me disculpen por la prolongada ausencia :)
El próximo capítulo será el epílogo. Si tienen dudas, sólo deben consultarme. Aprovecharé que mi musa me quiere y lo haré estos días, no estaré en paro otros 3 meses, sorry xD
Gracias como siempre a Valen, Mille, Andrea, Evelyn, Vanessa, Mari y Cristal :D que me animan a escribir ^^
También a quienes me leen por primera vez, o me siguen de historias anteriores :D Lin23radio, Yumita, neko fogosa, wiloend, Natma, Nadioshi, Kotokoasialove, aisakahyuuga, linaakane, aio hyuuga, KarynaD, Nicki, maxhika, mechitas123, Cami, Sasa-White, Jacquesita Saotome, Lobo de Sombras, Erick 661, Sirimar, Rosemary Alejandra , Alice Bezarius Echizen, Linda Luna, Rutabi, LumLumLove :)
Gracias a todas quienes me preguntaron cuándo lo continuaba, gracias y perdón :)
Nos vemos en el epílogo!
