Rurouni Kenshin y todos sus personajes son propiedad de Watsuki Nobuhiro y Shueisha.
Género: Romance.
Ráting: +16
Capítulo relacionado: Acto 213: Intercambio.
Advertencias: No.
Palabras: 792.
#10.- Platónico
Megumi observó a Saitō que había vuelto sobre sus pasos tras haber hecho el ademán de salir y que, a su vez, miraba a Aoshi con diversión. El antiguo líder del Oniwaban-shū permanecía con la vista clavada en el punto por el que se habían perdido Yahiko y Misao minutos antes.
Regresó la mirada al ninja mientras intentaba encontrarle parecido con el hombre que la había retenido en la mansión de Takeda, sin embargo, no lo lograba, se le veía sereno, sin toda aquella oscuridad rodeándole, aunque había creído verle, durante un instante, frente a la tumba de Kamiya Kaoru.
—¿Por qué dudas tanto?
La pregunta de Saitō cortó el aire, Megumi se sobresaltó como si el Miburo acabase de desenvainar su katana dispuesto a atacar, Aoshi apenas se había movido, sin embargo, su musculatura estaba tensa como si fuese a saltar de un momento a otro. La doctora sintió miedo.
—Cabe decir que te entiendo —continuó Saitō—, algo tan brillante y limpio atrae a la gente como tú y yo. A hombres como nosotros, oscuros y con las manos sucias. Algo tan hermoso con un alma cándida e inocente.
Aoshi se apartó de la ventana para volver a las sombras que proyectaba la enorme estantería que ocupaba aquel despacho, como si aquel fuese su lugar natural.
—Es bonita, a su manera.
—No he venido aquí a hablar de Misao.
El Lobo dibujó una sonrisa peligrosa. Megumi contuvo el aliento y con sigilo se dejó caer en la silla que había junto a ella.
—Eso no significa que no podamos hacerlo —replicó con sorna—. Esa niña salvaje me da dolor de cabeza. No hables de ella si no quieres, yo pienso hacerlo.
»Te da miedo.
De nuevo Megumi notó cómo la musculatura del ninja se tensaba brevemente, el único signo que delataba alguna emoción. ¿Cómo iba a darle miedo Misao? Si podría hacerla pedacitos sin apenas esfuerzo, sólo con proponérselo.
—No me mires así. Te da miedo. Te lo da, porque sabes lo que implica que alguien como tú se involucre con alguien como ella. Sabes que ceder le pintará una diana en la espalda y no quieres que eso ocurra, porque la amas.
»Pero ella no es una civil, es una ninja y puede defenderse sola. Se mueve con más facilidad que Kamiya, eso la mantiene en lugar seguro.
Megumi estuvo de acuerdo con aquella afirmación, aunque era un poco boba a veces y se mostraba atolondrada, a la hora de la verdad luchaba como una auténtica ninja.
—Además dudo que encuentres a otra dispuesta a recorrer todo el jodido país sólo para verte.
—¿Has acabado?
Saitō sonrió con sorna y encendió un cigarrillo dejando escapar el humo lentamente.
—¿Sabes, Cubo de Hielo? Mi mujer sólo recorrería Japón para matarme y no lo haría a pie, se aseguraría de coger el medio de transporte más caro para arruinarme.
»Tu chica, siendo una cría de ¿cuántos años tenía cuando empezó? ¿Diez, once? —Aoshi no contestó se limitó a mirarle de reojo, Megumi agradeció que se hubiesen olvidado de que ella estaba allí—, bueno, los que fueran, salió en tu busca, sólo porque quería verte, porque te echaba de menos.
»¿Crees que vas a encontrar a alguien así por más que busques?
Por un momento Megumi creyó que Aoshi iba a contestarle, pero no lo hizo, sólo cambió de posición irguiéndose de nuevo con aquella altura imponente que, en su día, había bastado para amedrentarla.
—Creo que ya te has decidido, que lo tienes claro. Sólo falta que le eches pelotas.
Seguramente Saitō tenía razón, aunque Megumi sentía aquello como una locura, que alguien como Misao hubiese sido capaz de enamorar a alguien como Aoshi.
—¿Qué opinas tú, doctora? —preguntó Saitō haciendo que se sobresaltase.
Los ojos azules y fríos de Aoshi se clavaron en ella como si esperasen una respuesta de vital importancia.
—A mí no me metáis en vuestras cosas —farfulló, porque darle la razón a Saitō no le apetecía en absoluto y meterse en problemas con aquel hombre tampoco—. Esa cría no se merece que hables de ella como...
—¿Cómo si fuera una mujer? —cortó el Miburo—. De hecho, eso es lo que es, una mujer. Y no puede vivir para siempre en una relación platónica.
»Y tú —pronunció señalando a Aoshi con el cigarrillo—, tú tampoco puedes.
—Mi vida no es de tu incumbencia.
—Lo que digas.
Saitō dio una larga calada a su cigarrillo y, esta vez sí, salió del despacho.
Megumi analizó de nuevo a Aoshi, inexpresivo, pegado a las sombras, un guerrero de otro tiempo; lo imaginó con Misao a su lado, vivaracha, expresiva y luminosa. Él tan alto, ella tan pequeña... Frunció el ceño, serían una pareja muy rara.
Fin
Notas de la autora:
¡Hola! La primera vez que leí este tramo del manga pensé «aquí falta una escena», el modo en que le habla Saitō a Aoshi tras la batalla contra Gein, me da que pensar que antes había hablado de Misao en algún punto. De ahí salió este shot, que es simplón, pero para mí la persona que puede hablarle con más franqueza al ninja es el Miburo.
Espero que os haya gustado.
º º º
Okashira Janet: ¡Hola! Gracias, no sabes como me alegra que sigas por aquí leyendo.
Aoshi tiene que espabilarse, es su turno de mover ficha, que Misao no puede hacer toda la faena por los dos. Ella es ingenua, pero tiene las ideas más claras que la mayoría de los personajes de Rurouni Kenshin.
Un besazo.
Kunoichi Karla: ¡Hola! ¡Cuánto tiempo! Yo estoy igual, la vida adulta me tiene casi ocupada al cien por cien, pero de vez en cuando escribo cositas. Gracias a ti, por seguir ahí y por tu comentario. Un besazo.
