Disclaimer: Los personajes de Free! no me pertenecen, son propiedad de... ¿Kyoto Animation?

N/A: Quizás he tardado algo más en subir esta capítulo, pero ha sido por una serie de problemas con FanFiction. ¡Pero ya estoy de vuelta! Y ahora que he empezado las clases escribiré más de seguido porque, sinceramente, las horas muertas en el instituto me dan mucha inspiración. Bueno, ¡muchas gracias a MikuFuyuppe, I'm Vale, SharkBaitLyay Natsuna27por sus reviews, me animan siempre a continuar!
Para
MikuFuyuppe: La verdad es que tu idea me encanta, y me da mucha rabia el no poder hacerla porque como ya han empezado el curso sería muy difícil de explicar que de repente Kise "se metiera" en él. De verdad que me gustaría hacerlo, pero no sabría como. Lo siento...

Advertencia: Sousuke acercándose un poco más a la equivocada vida que cree que tiene Makoto. ¿Y Tachibana Aimi siendo una posible futura shippeadora de SouMako?

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Chapter 9: La estúpida espera.

El sábado por la mañana el grito de su madre lo despertó. Makoto apartó de una manotada las sábanas, se levantó y salió corriendo por las escaleras para ver a qué se debía tanto alboroto.

Ren estaba sentado en una silla, frente a la mesa de la cocina, y al lado de Ran, que miraba hacia el suelo ocultando su cara con su mata de pelo. Su hermano pequeño acababa de tirar todo un bol de cereales al suelo mientras se reía a carcajadas del llanto que había provocado en la niña.

-¡Ren, si vuelves a hacerlo, te irás a tu habitación! –le gritó su madre antes de agacharse para recoger los pedazos de bol que había por el suelo.

-¡Pues mejor! ¡No sé por qué tengo que venir a desayunar aquí con esta pelmazo de hermana! –y, dicho eso, Ren salió derecho a su cuarto.

Aimi miró a Makoto de forma desolada desde el suelo, y este dirigió sus ojos a su hermana, que parecía haberse escondido entre sus hombros.

-Yo me encargo –dijo, corriendo tras su hermano.

Cuando Makoto fue hacia el cuarto de Ren, su padre hizo acto de presencia.

-No lo mimes tanto, Makoto. Si sigue comportándose así, lo meteremos en un correccional. ¿Te gustaría eso? –gritó hacia el cuarto del menor.

No soportaba que su padre hiciera eso. Siempre imaginaba lo peor que pudiera suceder en lugar de intentar arreglar lo que estaba mal. Cuando Makoto llegó a la habitación de su hermano, vio en él la misma desesperación en sus ojos.

Noya llegó al segundo y se apoyó en el marco de la puerta.

-Esta es la razón por la que hace meses que no te dejo salir –le dijo.

-Papá, para.

-¡Dejadme en paz los dos! –gritó Ren.

-No tienes que empeorar las cosas –siguió Makoto en bajo-. Ren ya está alterado, ¿de qué sirve echar más hierro al asunto?

-¿Y qué hay de mí?

La tensión apareció de nuevo: nació en su interior y se empezó a extender por todo su cuerpo hasta llegar a los dedos de las manos y de los pies. Se hizo más intensa y estalló con tal fuerza que Makoto apenas fue capaz de reprimirla.

-¡Esto no tiene nada que ver contigo! ¿Por qué crees que todo se vuelve contra ti? –vociferó-. Papá, ¿no te das cuenta de que en el fondo se arrepiente? En lugar de chillarle, ¿por qué no te detienes un momento a pensar qué ha podido salir mal?

Sin pensarlo dos veces, Makoto cerró de un portazo la puerta e inspiró con fuerza. Al darse la vuelta, su hermano lo miraba sorprendido. Incluso podía asegurar que había un toque de admiración en sus ojos.

-...Gracias por… eso.

1.9

Sousuke llevaba una hora esperando en la biblioteca. Bueno, más bien una hora y media. Antes de las diez, salió a sentarse en los bancos de cemento. A las diez volvió adentro y se quedó mirando el expositor, fingiendo estar interesado en los próximos eventos anunciados por la biblioteca. No quería parecer ansioso por ver a Makoto. A las diez y cuarenta y cinco se sentó en los sofás de la sección de literatura juvenil y aprovechó para hojear el libro de química. De acuerdo, era posible que solo estuviera pasando las páginas sin fijarse en lo que había escrito.

Ya eran las once. ¿Dónde se habría metido Makoto?

Podría ir a dar una vuelta con sus amigos. Es más, debería ir a dar una vuelta con sus amigos. Pero tenía la estúpida necesidad de saber la razón por la que Makoto le había dejado plantado. Intentaba convencerse de que era cuestión de orgullo, pero en el fondo estaba preocupado por él.

Durante su ataque de nervios en la enfermería, le dio a entender a Sousuke que su padre no era el candidato idóneo para el Padre del Año. ¿No se daba cuenta Makoto de que ya tenía dieciocho años y que podía irse de casa si quería? Si lo pasaba tan mal, ¿por qué se quedaba allí?

Porque sus padres eran ricos.

Para un chico de la banda de Iwatobi, una vida sin toallas de diseño y una sirvienta que le siguiera a todas partes probablemente fuera peor que la muerte.

Ya había esperado suficiente a Makoto. Iba a ir a su casa, para que le explicara por qué le había dejado plantado. Sin pensarlo dos veces, se subió a la moto y se dirigió a la otra punta de la zona donde él vivía. Sabía más o menos por donde quedaba la casa de Makoto… cerca de la oficina de su padre.

Sousuke se esperaba una gigantesca y vomitiva mansión blanca flanqueada por columnas. Pero cuando vio el nombre de "Tachibana" en la puerta de esa casa que tenía tan poco de mansión, sus expectativas de Makoto quedaron un tanto… Bajas.

Aparcó la moto en el camino de entrada y llamó al timbre.

Se aclaró la garganta, para no atragantarse al hablar.

"Mierda, ¿qué voy a decirle? ¿Y por qué me siento tan inseguro, como si él fuera a juzgarme y yo tuviera que impresionarlo?"

Nadie respondía. Volvió a llamar.

Justo en el momento en el que estaba a punto de renunciar y alejarse con el rabo entre las piernas, la puerta se abrió. Delante de él apareció una señora que, por esos resplandecientes ojos, no cabía duda que era la madre de Makoto. Cuando lo miró, reparó en que tenía una radiante sonrisa y un gesto tan amable que hasta los ángeles podrían envidiarla. Sousuke ya comprendió de dónde había salido Makoto.

-¿En qué puedo ayudarte? –preguntó gentilmente. El pelinegro tenía la impresión de que si se quedaba ahí callado durante más tiempo, esa señora le traería hasta un té con pastas-. ¿Te has perdido? ¿Buscas alguna calle?

-Yo, esto, no buscaba nada. Me llamo Sousuke. Solamente quería saber si Makoto estaba, bueno, en casa –respondió, aplaudiéndose de manera sarcástica mentalmente por haberse quedado sin palabras dos veces.

-Oh, no, lo siento –contestó-. ¿Quieres pasar a esperarlo? Aunque puede que tarde…

-En ese caso, no. Gracias, señora –dijo, a modo de despedida.

-Le diré que has venido.

Con la sonrisa permanente, la señora Tachibana cerró la puerta y Sousuke se quedó ahí; inmóvil. Unos segundos después, regresó a la moto, preguntándose si debería sentirse alegre por haber conocido a una mujer tan agradable o imbécil por no haber aceptado el pasar y esperar a Makoto.

2.9

-¿Quién es Sousuke?

Esas fueron las primeras palabras que le dirige su madre después de llegar a casa del supermercado, donde había ido para ayudar a su padre con las compras.

-Es un chico del instituto que me ha tocado como compañero en la clase de química –respondió Makoto en voz baja. Esperó un momento antes de añadir-: ¿Por qué lo conoces?

-Vino aquí después de que te fueras al supermercado. Parecía preocupado por verte.

La realidad le golpeó en la cara. ¡Ay, Dios! Se le había olvidado el que quedó con Sousuke esa mañana.

Cuando pensó en ello, le imaginó esperándolo en la biblioteca y le invadió un sentimiento de culpabilidad. Era él quien no confiaba en que Sousuke se presentara, pero al final había sido Makoto quien no cumplió con su palabra. El pelinegro debía estar furioso. Y el castaño se sentía fatal.

-Y también parecía un buen chico –la sonrisa en la cara de su madre le hizo mirarla con un gesto de interrogación.

-¿Sousuke? –su padre interrumpió de repente en la conversación-. ¿No te ha tocado con Haruka o alguno de tus amigos? Además, ese nombre no me suena de nada.

-Bueno, no es alguien que esté en mi vínculo de amistades –dijo Makoto, intentando explicarse.

-No quiero a alguien así cerca de casa –confesó-. Los vecinos empezarían a chismorrear sobre ti.

"Como hacen con tus hermanos" sabía Makoto que su padre estaba pensando en eso. Esperaba que algún día pudiera vivir en un lugar en el que no tuviera que preocuparse de los cotilleos de los vecinos.

-De acuerdo –accedió.

-Pero, Noya…

-¿Puedes cambiar de compañero? –siguió este sin hacer caso a Aimi.

-No –contestó Makoto.

-¿Lo has intentado?

-Sí, papá. Lo he hecho. Yamazaki-sensei se niega a volver a asignar compañeros.

-Quizás no hayas insistido lo suficiente. Llamaré al instituto el lunes y les haré…

Makoto lo miró fijamente, notándose de lo más extraño por tener el sentimiento de proteger a Sousuke.

-Papá, ya me encargo yo. No necesito que llames al instituto y me hagas sentir como un niño de dos años.

-¿Has sido ese chico, Sousuke, el que te ha enseñado a faltarle el respeto a tu padre? ¿De repente, crees que puedes hablarme así porque ese chico sea tu compañero? No es así como te hemos educado tu madre y yo.

"Vaya, aquí viene el sermón" pensó Makoto. Y es que preferiría comer pescado vivo con escamas y todo antes de escuchar eso ahora. Sabía cuál era el significado que se escondía tras sus palabras.

Ren y Ran no eran perfectos, de modo que él tenía que serlo por los tres.

Aspiró profundamente intentando calmarse.

-Papá, lo he entendido. Lo siento.

-Sólo intento protegerte –dijo-. Y tú me lo echas en cara.

-Lo sé. Lo siento.

Afortunadamente, sonó el teléfono y su padre fue a atender la llamada. Makoto salió corriendo hacia la habitación de su hermana antes de que su madre le llamara para intentar consolarle con frases cliché como "no hagas caso a tu padre" o "ya sabes cómo es". Ran estaba sentada frente a su ordenador, usando el teclado.

-Hola –dijo él.

Ran levantó la mirada. No estaba sonriendo. Makoto quería que supiera que nada era su culpa, y que Ren no estaba enfadado con ella. Era posible que estuviera incluso más enfadado con él mismo que con otra persona.

-¿Quieres ver alguna película de Disney? –Ran negó con la cabeza-. ¿Jugar a las cartas? –volvió a negar con la cabeza.

-Quiero que sepas que Ren no está enfadado contigo –le explicó mientras se acercaba a ella y le frotaba la espalda-. Ya sabes que él te quiere, y yo también.

No hubo respuesta, ni asentimiento de cabeza, ni aproximación verbal. Nada.

Makoto se sentó en el borde de su cama y la observó jugar con el ordenador. De vez en cuando hizo algún comentario para que supiera que estaba allí. Era posible que ahora no le necesitara, pero le gustaría que así fuera. Porque sabía que llegaría el día en el que le necesite, y él no esté allí para ayudarla. Eso le asustaba.

Poco después dejó a su hermana y se fue a su cuarto. Buscó la guía de estudiantes del Free! High School para conseguir el teléfono de Sousuke.

Cogió su teléfono móvil y marcó su número.

-¿Sí? –contestó una voz de hombre.

Aspiró profundamente.

-Hola –respondió él-. ¿Está Sousuke?

-Ha salido. ¿Quién eres?

Makoto se dio cuenta de que estaba desconchándose la uña mientras hablaba.

-Tachibana Makoto. Soy… un amigo del instituto de Sousuke.

-¿Quieres dejar un mensaje? –la voz seria del otro lado le hizo tragar con fuerza.

-Dígale que ha llamado Makoto. Este es mi número…

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¿Algún error? ¿Alguna idea? ¿Algún review?

Informo que el próximo capítulo será algo un poquitín más... ¿Fuerte? Bueno, "estúpidas situaciones típicas de adolescentes" diría yo.

¡Un saludo! :D