Antes que nada, quiero aclarar que Inuyasha y ninguno de sus personajes (lamentablemente ¡_¡) U_U¡ me pertenecen, esta historia es totalmente producto de mi hiperactiva y loca imaginación y cualquier semejanza a alguna historia, fic, película, vida real, ETC… es total y completa casualidad. Aclarado este punto quiero señalar que cambiare a mi gusto muchas escenas del manga y anime para adaptarlo a mi fic, espero les guste esto es un Kagome/Sesshomaru a aquellos que no les guste esta pareja simplemente escoja otro fic n_n¡.
Atentamente:
La Autora
Makimashi Misao Futura de S. S. L. A.)
*** Llama a mi puerta amor mió, y confiesa que me quieres, no vaya a ser que a la larga, el tiempo le gane a mi suerte y no haya oportunidad de decir lo que guardamos, Toma mi mano amor mío y ríete del silencio, búrlate del mundo entero y bésame frente a todos, dile al mundo que eres mió, dile al mundo que te pertenezco, ¡apúrate! que el tiempo nos persigue, recuerda que tu indiferencia es solo un disfraz, recuerda amado mío, que es muy frágil es el corazón que es muy noble, abrázame que tengo frío, abrázame no me abandones, no dejes que caiga en el vació nuestro amor que es puro y enorme, abrázame no me dejes, no me dejes te lo pido ***
Elizabeth Lara
Cap 10: Los juegos que jugamos.
Allí estaba nuevamente, desde lo alto del follaje, podía ver la figura de la joven mujer avanzar hasta sentarse bajo la sombra de un árbol, desde la distancia la había seguido, apenas un tirón de su alma y el cambio en el ambiente habían anunciado su llegada, después de haberle ordenado a Jaken que protegiera a Rin se había lanzado a buscarla, había sido inútil intentar apartarse de ella, su bestia se volvía cada vez mas peligrosa por su ausencia, se había encontrado persiguiendo y atesorando el aroma de su compañera como el aire que respiraba, su bestia parecía calmarse con sentir su presencia, su aroma y verla eran pobres sustitutos lo sabia, lo que mas deseaba era tomarla en brazos y arrástrala hasta su palacio y encerrarla en sus habitaciones, sus manos ardían con las ganas de recorrer su piel de dibujar su cuerpo de memorizar cada curva, cada pliegue cada hendidura hasta que fuera capaz de visualizarla con los ojos cerrados, su cuerpo ardía de deseo contenido, quería conocer su mas intimo aroma y deleitarse con su mas intimo sabor, quería poseerla total y completamente ,quería hacerla enloquecer de placer y gritar su nombre mientras yacía profundamente en ella, quería llenarla de el, de su esencia, quería verla florecer con su semilla y relamerse orgulloso de haber sido "el" y solo "el" quien la hubiera puesto así, quería dormir junto a ella, y despertar enredado en su cuerpo, quería tantas cosas que ya no serian posibles por su propia estupidez, ahora estaba allí, mendigando su aroma, ocultándose de su presencia como un ladrón en la noche.
— Este Sesshomaru, lo decidió así — Murmuro para si mismo mirándola fijamente sus ojos levemente velados por un manto rojizo. **Tu nos estas condenando a todos, la queremos, la queremos es nuestra** Rugió su bestia en agonía *** ¡Ella nos teme!, ¿Quieres ser el causante de su miedo?, ¡Somos un monstruo ante sus ojos! *** pensó Sesshomaru con un nudo en la garganta gruñendo levemente. ** ¡No!... ¡Quiero "tenerla", "poseerla", "Amarla", la quiero… Ella vería que somos más, ella podría querernos!** Gimió su bestia con tristeza. — Eso no lo sabemos — Decidió viendo la interacción entre su protegida y ella, Kagome era un alma bondadosa, semejante luz no debería estar junto a tanta oscuridad como la suya, Sesshomaru aun no se explicaba quien había sido el cruel Dios, que había atado tan inocente ser a el, cruel, despiadado, un "Asesino perfecto" como su nombre rezaba. Observó a su protegida despedirse y luego ella estaba sola de nuevo.
— ¡Se que estas allí Sesshomaru y si puedes escucharme quiero disculparme por ofenderte, no me e echo ninguna idea extraña sobre lo que sucedió, se muy bien que lo ultimo que querías sería a una humana, mucho menos a mi, pero te agradezco que no me hayas dejado morir aun tengo cosas que terminar… gracias creo! – Escuchó a Kagome decir haciendo una reverencia en agradecimiento, el dolor que lo atravesó fue tan fuerte que estuvo cerca de ponerlo de rodillas, ni si quiera la perdida de su brazo había dolido tanto, ni física ni emocionalmente, sintió como el corazón que había descubierto se quebrara en pedazos, el gemido de angustia de su bestia le subía por la garganta como el mas vil de sus venenos y por primera vez desde que podía recordar sintió algo ardiente deslizarse por su rostro, el no había llorado la muerte de su amado padre, y estaba seguro que había sido una cachorro la única vez que había llorado y también había sido algo que no recordaba, pero estaba seguro había sido la perdida de algo, o alguien, y allí estaba ahora un adulto ya, llorando como un cachorro con el corazón destrozado por su propia decisión, ella se había humillado haciéndole una reverencia a el, cuando era el, quien debía reverenciarla a ella el era un demonio con miles de muertes a cuestas y ella era pureza, bondad… "perfección". Se había maldecido así mismo y a ella, otro pecado mas que llevaría a cuestas, tal vez el peor de todos los que ya pesaban en su negra alma.
Ignorando los gemidos temblorosos de su bestia y el dolor que lo atravesaba, la siguió no tenia otra opción, asegurándose de que llegara a salvo hasta el idiota de su hermano que le había dejado viajar sola, si bien ella era poderosa por derecho propio, se suponía que "el" debía protegerla pero como ella no aceptaría su protección, había delegado la tarea a Inuyasha y el muy torpe fallaba, por eso permanecía en las sombras protegiéndola de lejos.
— ¡Hey chicos! — la vio saludar a su manada, el cachorro de Kitsune salio disparado abrazándola con fuerza.
— ¡Mama! — Saludo el joven cachorro restregando su rostro contra su hombro derecho, su bestia observaba como él la escena revolviéndose en la mas pura envidia, que mas quería él ser capaz de mostrar afecto abiertamente, pero él había sido criado en la corte de sus padres, una leve señal de debilidad significaba muerte y si bien su padre había mostrado emociones, él había creído fielmente hasta hacia poco, que ese había sido de echo el motivo de su caída, ahora sin embargo sabia, que ese había sido su mayor fortaleza, su padre había sabido mostrar sus sentimientos y había sabido guardarlos bien, él solo había aprendido a guardarse las emociones nunca a mostrarlas, igual a su madre Lady Inukimi había sido la dama de hielo de la corte de sus padres y posteriormente de su propia corte y de su compañero.
— ¡Ship!, ¿Te has estado portando bien?... — Saludo la joven devolviendo el abrazo y sonriendo al resto de su manada. — ¡Sango-chan, Monje Miroku, Kikyo, Inuyasha, Kirara! – procedió a saludar al resto, cada uno devolvió los saludos correspondiente y luego se sentaron a tomar el té entonces bebió de su imagen y desapareció rumbo hacia donde su grupo lo esperaba. Nunca vio a Kagome mirara en su dirección después de haber desparecido, si hubiese tardado unos agudos mas, ambos se habrían visto y su bestia tal vez abría tomado el control y había acabado con aquel maldito juego.
Sesshomaru siguió viajando paralelamente al grupo de Inuyasha no se dejaba ver por Kagome y había prohibido a Jaken acercarse o dejar a Rin acercarse al grupo de su compañera, durante semanas había luchado sin descanso contra su bestia, que había rogado, suplicado amenazado para acercase a Kagome y finalmente había jurado tomar el control, después de haber calmado finalmente a su bestia con la promesa de ver aquella noche a su compañera Sesshomaru procedió a darse la oportunidad de descansar un par de horas.
— ¡Mira Ah-Un que lindas flores! — Decía Rin tejiendo una corona como Kagome le había enseñado la ultima vez que se habían visto, coloco la corona en la cabeza de Ah y procedió a hacer otra para Un.
Yaken miraba a su amo desde la distancia, las ultimas semanas su amo había estado mas peligrosos que nunca, su bestia estaba descontrolada, y después de haber aprendido el "por que" podía entenderlo, la sacerdotisa que acompañaba al Hannyo era la única compañera de su amo, para el había sido un descubrimiento horrible, y casi había deseado que su amo la dejara morir aquel día, de no haber sido por el pequeño detalle, de que solo ella sería para siempre su compañera se había arrepentido avergonzado de su pensamiento, si moría no habría nadie mas, si bien le molestaba la humanidad de la mujer, no quería que su amo estuviera solo, y para "siempre" era mucho tiempo en la vida de un youkai como su amo, a demás la mujer había demostrado y seguía demostrando ser poderosa y entre otras cosas noble, su amo estaba en una encrucijada, pero nada podía hacer el, ni nadie, era decisión de su amo y el tendría que estar allí para apoyar lo que decidiera, perdido en sus cavilaciones el Kappa tardo en notarla ola de Youki que venía desde el campamento del Hannyo.
— ¡He venido a ver a mi mujer! — Se escucho hasta donde ellos estaban la voz de un hombre, pues apenas unos metros de bosque los separaban.
— ¡Suelta a Kagome lobo sarnoso, ella NO es tu mujer! — Rugió Inuyasha hasta los cielos, la voz cargada de irritación. Jalen miró horrorizado a su amo, que se había puesto en pie con rapidez, los ojos rojos brillando de odio puro, Rin Kami la bendijera seguía en su inocente mundo floral.
— ¡Koga-kun, deja de decir esas cosas, sabes que eres mi amigo! — Escucharon decir a Kagome obviamente avergonzada.
— ¡Será mejor que suelte la mano de Lady-Kagome! — Advirtió el monje que para entonces como el resto de la manada con las solas excepciones de Shippo y Kagome, sabía lo de su unión con Sesshomaru.
— ¿Y por que voy a soltar a mi mujer?, ¡vamos a unirnos algún día de estos! — Mascullo el lobo distrayéndose el tiempo suficiente como para que Kagome arrancara su mano de la de el y diera un paso atrás, dándole la apertura a Inuyasha que se coloco frente a ella, mirando al lobo irritado y alerta, para entonces Sesshomaru estaba en un punto donde podía ver todo el campo.
— ¿Eres estupido saco de pulgas o que? — Gruño Inuyasha irritado, el día había empezado bien, todo estaba tranquilo y venia el lobo a iniciar el fin del mundo.
— ¡Koga eres mi amigo y te apreció mucho, pero no de esa forma!, ¿Que hay de Ayame?, ¡Prometiste que te unirías a ella y yo no le quito sus parejas mis amigas! — Dijo Kagome genuinamente horrorizada, Koga la miro estupefacto, asimilando finalmente lo que en su entusiasmo no había "olido" antes.
— ¡Hueles a Inu! — soltó perplejo.
— ¡Viaja con un Inu idiota! — mascullo Inuyasha cortándolo entonces lo vio abrir la boca para aclarar su punto y lanzo un golpe agarrándolo desprevenido y lanzándolo directo hacia las vengativas garras de Sesshomaru sin saberlo. Sesshomaru vio su oportunidad y agarró en el aire al lobo y convirtiéndose en un orbe de luz desapreció con el.
— ¿Inuyasha a donde fue Koga? — preguntó Kagome extrañada de que el lobo no regresara a seguir peleando con Inuyasha. El aludido la miro con una expresión perpleja y muy pálida.
— ¡No lo se, se fue… ya vengo! — mascullo corriendo hacia donde había lanzado a Koga, sus sospechas se confirmaron cuando el olor de Sesshomaru asalto sus fosas nasales. — ¡Mierda! — dijo presa del pánico, el lobo era molesto claro, pero ni él le deseaba una sucia muerte en manos de un Inu celoso, menos en manos de su hermano, que podía ser muy creativo con sus modos de tortura.
— ¿Qué sucede? — Pregunto Miroku que lo había seguido.
— ¡Sesshomaru se llevo al lobo sarnoso! — dijo Inuyasha, Miroku lo miro perplejo y alarmado. — ¡Vuelve al campamento y dile a los otros, yo voy a ver si puedo salvar al idiota, sin que me maten, reza monje! — mascullo Inuyasha echando a correr siguiendo el olor de Sesshomaru.
Mientras tanto, a varios kilómetros de allí, Seshomaru reaparecía con su presa en las garras retorciéndose para liberarse, Sesshomaru le dio gusto lanzándolo contra la cara de la base de la montaña donde se había detenido, su bestia estaba fuera de si y él también, no había una parte con que razonar, en esos momentos ambas partes eran una sola bestia furiosa.
— ¡Hey, Kagome huele a ti! — Masculló Koga estupidamente levantando las manos frente a él en símbolo de derrota, no era entupido, él sabia como cualquiera que los Inu eran tan o mas posesivos con sus parejas que los lobos, mas los Inu plateados y en especial "este" Inu que era también heredero de la casa de la Luna, Koga vio con preocupación que a pesar de su obvia derrota la gélida furia de Taiyoukai frente a él no se calmaba, solo sus compañeras estaba exentos de su furia, y allí había ido él y tocado a su compañera y para rematar la había declarado propia.
— Okami — Fue lo único que escucho Koga antes que su mundo explotara en un mar de dolor, Sesshomaru empezó a golpearlo sistemáticamente y con brutalidad, su mente era una neblina de furia incapaz de calmarse, su bestia y él estaban furiosas, este vil lobo sarnoso había "tocado" a su compañera, la había "reclamado" como "suya" habia dejado su "olor" sobre ella y por eso merecía morir, nadie se interpondría entre su compañera y el, su unión era y seria "siempre", pensaba, sin dejar de golpear al pobre lobo que no hacia ademán alguno de defenderse, había una mínima posibilidad de sobrevivir a este castigo siempre y cuando no atacara.
— ¡Maldición Sesshomaru! — Rugió Inuyasha perplejo viendo a Koga ser golpeado brutalmente por su hermano, tenía cortadas de garras por todos lados y observo con alivio en ninguna de ellas había veneno, aunque igual estaba cercano a ser una pulpa sanguinolenta.
— Apártate voy a matarlo — Gruño su bestia enfurecida.
— ¡No puedes matarlo, Kagome lo ve como un amigo! — Mascullo perplejo, esta era la bestia Sesshomaru estaba tan furioso que él mismo se había permitido convertirse en una bestia una muy peligrosa, pues no dejaba espacio para la razón.
— ¡Ella es MIA! — Gruño lanzando a Koga a una buena distancia donde cayo laxo incapaz de moverse.
— ¡Si ya, él lo sabe ahora, si lo matas a ella no va gustarle! — Decía Inuyasha exprimiéndose el cerebro tratando de mediar con la bestia.
— ¡Él la toco, dejo su olor en ella, la llamo suya! — Rugió Sesshomaru con odio goteando de cada palabra.
— ¡Bien mátalo entonces, tienes razón eres una bestia, ella no puede estar con una bestia como tu!, ¿No te importa hacerle daño?... ¡vas a hacerle daño si matas a uno de sus amigos, no te lo perdonara jamás! — Soltó Inuyasha de mala gana, frustrado por no saber que decir, se aparto para ver a lobo morir y llevar lo que quedara de su cuerpo a su manada y tomar los fragmentos. Sin embargo las palabras dichas sin pensar, mas que enfurecerlo mas bien parecieron golpear con fuerza a la bestia, que aulló de furia contenida pero remitió hasta que Sesshomaru volvió en si, sin embargo Inuyasha no podía cantar victoria aun, la mirada ambarina de su hermano estaba teñida en el mas gélido de los odios, comprendió entonces que lo había salvado de la "bestia", pero no lo había salvado aun de "Sesshomaru".
— ¿Ella lo estima? — Pregunto Sesshomaru entre dientes con la mandíbula encajada, postura tensa y destilando odio por cada poro mientras sus garras goteaban veneno.
— ¡Es su amigo, ya sabes como es ella! — Explico Inuyasha, viendo a su hermano cerrar los ojos un instante y luego volverse y caminar hacia donde el lobo estaba aun tirado.
— ¡No sabia que estaba tomada! — Balbuceo disculpándose como pudo Koga a penas miro al taiyoukai, este a su vez arqueo una ceja en una obvia pregunta muda. — ¡No le preste atención a su olor! — admitió.
— ¡Ella es de este Sesshomaru lobo, me pertenece, no la tocaras, no volverás a reclamarla y sobretodo, no volverás dejar tu "horrendo" olor sobre ninguna parte de ella, o cerca de ella!, ¡Hazlo y mueres te estime ella o no! — Ordeno Sesshomaru gélidamente. — Inuyasha adviértele… — dijo antes de tomar el aire y regresar a su campamento. Inuyasha dejó escapar junto Koga el aire que estaban conteniendo.
— ¡Te das cuenta que tienes una maldita buena suerte?.. ¿Qué de no haber sido por Kagome y el cariño que siente por ti y tu manada, estarías muerto ahora mismo y tu manada contigo? — Declaró Inuyasha sentándose junto al lobo y empezando a ayudarlo a recomponerse, después de un rato inuyasha procedió a explicarle, lo del secreto, y que Kagome no debía saber lo que la marca significaba, Koga gruño, maldijo y se negó, mas después de advertirle que su hermano simplemente volvería sobre sus pasos y lo mataría alegremente, Koga contra su voluntad y sus instintos acepto guardar el secreto, luego lo llevó hasta Ginta y Hakkau que estaban cerca buscándolo y regresó al campamento.
Aquella noche todos comieron en armonioso silencio, Shippo había estado practicando hasta tarde su magia de zorro, y después de comer había caído como piedra sobre el saco de dormir que Kagome había traído para el hacia un año, Kikyo, Sango y Miroku montaban guardia pues aquella noche era la luna nueva e Inuyasha era humano, habían estado los tres hablando en susurros de lo sucedido mientras Kagome al otro lado del campo estudiaba sus libros, hasta que se quedo dormida, Sango aparto sus libros y los metió dentro del bolso de la joven, estaba ya por acostarse para tener fuerzas para su turno en la guardia, cerró el saco de dormir de Kagome y se volvió para descansar ella, de repente se quedo allí congelada instintivamente se puso en posición de ataque, al otro lado del campo cerca de Miroku, Kikyo e Inuyasha humano estaba Sesshomaru con los ojos nublados de rojo fijos en su amiga.
— ¡Sango… aparate l-e-n-t-a-m-e-n-t-e, no te pongas en su camino, y no trates de impedirle llegar a ella! — Advirtió Inuyasha, Sango asintió sintiendo terror y obligándose a dedicarle una ligera reverencia, se apartó con sumo cuidado y volvió a lado de Miroku; bajo la mirada de Sango, Miroku Inuyasha y Kikyo, Sesshomaru avanzo con seguridad hasta donde yacía Kagome dándoles la espalda se agacho frente a ella y tomo delicadamente sus manos llevándolas a su rostro y aspirando con fuerza, luego empezó a gruñir amenazadoramente, todos apartaron la mirada de inmediato, y el empezó a lamer mas manos de Kagome eliminando efectivamente el mas mínimo olor del lobo sobre ella. Dormida Kagome se recostó contra el instintivamente buscando su calor, como si supiera que el estaba allí, su bestia remitió y Sesshomaru volvió en si, mirando atentamente a su mujer enredar sus delicados dedos en las hebras plateadas de sus cabellos llevarlo a su rostro y suspirar con fuerza llevando su olor a sus pulmones, y en reconocimiento relajarse con una ligera sonrisa tocando sus labios, Sesshomaru deslizo sus manos por sus negros cabellos y por sus mejillas, finalmente deslizo sus dedos por sus labios y olfateo su cuello justo sobre su marca, se quedo allí hasta que Inuyasha volvió a ser el Hannyo que todos conocían, entonces permitió acariciar con sus labios el dorso de la mano de su mujer y desapareció antes de que ella despertara, para entonces los humanos de grupo dormían profundamente.
los días siguientes el cambio en Kagome era patente, los días anteriores había estado callada pensativa y ahora esta sonriendo y bromeando como siempre. Sesshomaru seguía observándola desde la distancia, destruyendo a todo aquel Youkai, que llamado por los fragmentos que su compañera tenía, se disponían a atacarla para ganar alguna parte de la joya maldita, mas él no permitiría que ningún daño cayera sobre ella, en algo Inuyasha tenia la razón, él era "posesivo" al extremo, nada ni nadie tocaría a su compañera con la intención de dañarla y viviría para contarlo, ni siquiera él por que ya se había condenado a si mismo con tal de no hacerle daño alguno, una bestia como él que solo conocía la guerra y muerte solo podría hacerle daño a alguien como ella que era luz y bondad, su voz aliviaba su pena y la agudizaba al mismo tiempo, escucharla reír aliviaba un peso en su conciencia, *** Por lo menos ella reirá llenara de luz este oscuro mundo de yo soy parte de las sombras, para jamás ser tocado por la luz *** Pensaba consolándose en su risa sentado en lo alto de el frondoso árbol desde donde podía vera Kagome reír a carcajadas con el cachorro de kitsune.
Sesshomaru suspiró y cerró los ojos en agonía, la deseaba en cuerpo y alma, la deseaba, su alma llamaba a la de ella, su cuerpo suplicaba el de ella, y mientras el cuerpo de ella no había conocido la lujuria en ninguna forma, el suyo hacia siglos que la había conocido y sin embargo el deseo que sentía por ella era mas fuerte de lo que jamás había sentido antes, allí donde alguna vez lo único que le importo fue su propia liberación y placer, ansiaba proporcionárselo a ella, ansiaba ver el deseo encenderse en sus ojos solo para el, únicamente que para el, maldijo en su fuero interno y se arranco de las vívidas imágenes que su imaginación y su bestia proyectaban en su mente, era peligroso pensar en eso, con ella tan cerca, no debía, no podía arriesgarse a perder el control estando tan cerca de ella, no podía arriesgarse a hacerle daño y a deshónralos a ambos en consecuencia.
— Kagome — Susurro inaudiblemente solo para el, mientras en lo mas recóndito de su mente, su bestia rugía su nombre una y otra vez como una plegaria, un ruego, una suplica desesperada por una respuesta que "sabía" no llegaría, un sordo dolor que no se calmaría, un vació que no se llenaría, una búsqueda constante de su alma que jamás terminaría y todo eso empezaba y terminaba en una sola persona. — Kagome — repitió pensando distraídamente la ironía de la vida y los juegos que esta les obligaba a jugar.
A varios metros de allí, bajo un árbol, Kagome se colocaba distraídamente la mano derecha sobre la marca logrando que ambos separados por la distancia se tensaran expectantes, no había podido dejar de pensar en él, incluso después de haber dado las gracias por salvar su vida, la imagen de él no terminaba de irse, pensó que tal vez si daba las gracias dejaría de pensar en él, pero había sido peor, cerraba los ojos y allí estaban sus orbes doradas, leía algún libro y allí estaba entre las oraciones, miraba el cielo y allí la luna le recordaba a él, siempre a él, cuando Koga había tomado sus manos, su estomago había dado un vuelco y su mente había volado a él, siempre a él había tomado fuerzas de eso para apartar una ultima vez a Koga antes de ceder a el pánico y purificarlo, decidió entonces que la razón por la que pensaba en el tanto, se debía a que él la estaba evitando y seguir mortificándole lo que pensaba sobre ella y punto, Kagome Higurashi, maldijo abiertamente en la privacidad de su mente y se hundió de lleno en un libro de calculo, dispuesta a perderse entre los números no muy dispuesta a seguir indagando en los secretos de su propia mente que lo único ue hacían era confundirla.
Días después la vio partir hacia su época, la erupción de poder y su abrupta desaparición eran a la vez un alivio y una tortura irremediable, el dolor en su alma era inaguantable, se alejo de Edo, se mantendría lejos hasta que ella regresara, por que algo era seguro, no podía alejarse de ella, cuando ella a volviera a su mundo y a su vida para siempre, tendría que aprender a vivir con ese dolor, con ese vació infinito que sentía en su misma alma.
Kagome llegó a su época sintiendo un agudo dolor en el pecho, fue tan fuerte que se quedo sin aliento por un momento, luego de respirar profundo varias veces, subió las escaleras y al salir del pozo la recibió un hermoso ramo de Gardenias rojas, se quedo allí admirando el ramo tan sorprendida que no notó como el dolor menguaba y su corazón empezaba a latir con fuerza.
— ¡Ok, si ustedes están aquí, y yo estoy aquí, bueno de echo la que mas viene aquí soy yo, entonces… en el templo… mi habitación, son para mi! — Dijo Kagome sorprendida y alagada ver los suaves pétalos rojos la llenaban de alegría por alguna razón, también se sentía muy querida, tomó el ramo entre sus manos y acarició los pétalos aspirando la dulce fragancia, con una sonrisa extasiada, salió de la caseta del pozo y entró en la suya tan concentrada en su hermosa carga que no vio la figura escondida tras el Goshinboku observarla hasta que se cerró la puerta principal. — ¡Tadaima! — Saludó dejando caer el bolso, y su carcaj de flechas, haciendo equilibrio para colocar su arco con cuidado a un lado de todo y quitarse los zapatos sin soltar su ramo.
— ¡Hermosas!, ¿De donde vienen? — Pregunto Toga con abierta curiosidad, notando la reacción de la joven por las flores.
— ¡No lo se, estaban en la caseta cuando llegue! — Explicó Kagome sonriendo tontamente y sin poder dejar de acariciar los pétalos de las flores. — ¡Voy a llevarlas a mi habitación! — soltó riéndose tontamente sin motivo alguno, Toga arqueo una ceja ante la aptitud de joven mujer.
— ¡Mujeres, no se puede vivir sin ellas! — Comentó Toga tomando distraídamente un puñado de galletas, de la misma marca que Kagome le había llevado cuando se conocieron y volvió a sentarse en el recibidor con un libro en las manos. — ¡Fhe!
Kagome subió corriendo las escaleras, quería ver las flores en su habitación, le urgía darse un baño y empezar a llamar a sus amigas para ponerse al día con sus estudios mas al abrir la puerta de su habitación otra sorpresa le aguardaba allí junto a su computadora había un arreglo en un hermoso jarrón de vidrio tintado, Margaritas blancas eran el hermosos fondo del arreglo floral el resto estaba salpicado de violetas y junto al arreglo un único tulipán rojo descansaba sobre una tarjeta, boquiabierta Kagome dejo el ramo sobre el escritorio, y tomo el tulipán rojo mirando embobada el conjunto.
— ¡Kami-sama! — Suspiro sin aliento mirando perpleja el despliegue floral frente a ella, preguntándose ¿De donde habían salido?, su mirada cayo sobe la tarjeta donde había estado descansando la flor que tenía en las manos y leyó: Feliz día de San Valentín, Las gardenias, representan alegría y amor secreto, las margaritas la inocencia y pureza, las violetas fidelidad y el tulipán rojo amor eterno… Tu…
Por alguna razón, aquellas palabras escritas en una tarjeta hecha a mano, trajeron lágrimas a sus ojos, apretó la tarjeta contra su pecho donde su corazón golpeaba desbocado.
— ¡Wow!... ¿Hojo? — balbuceo incrédula, antes de volver a leer las palabras y ver la hermosa caligrafía. — ¡No… no es Hojo… — decidió sintiendo el rostro calentarse con un furioso sonrojo, sus deberes olvidados por completo.
Owarii.
