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Prisioneros de la Mafia

Por Ladygon

Capítulo 10: Vamos a la fiesta.

El día de la fiesta, se lo encargó tanto a Inias que incluso le iba a pagar con la tarjeta de crédito. Inias no aceptó el dinero, pero sí, el cuidar a Sam, llevarlo y traerlo.

—Recuerda todo lo que te dije —repetía Dean a Sam por novena vez.

—Sí, Dean, ya me lo sé de memoria, por favor no te preocupes.

—Sabes que me preocuparé igual por ti —decía la mamá gallina.

—Sí, claro que sí.

—Yo me iré al trabajo ahora, llegaré mañana lo más temprano que pueda.

—Sí, lo sé.

—Está bien, entonces, me voy con Inias, él luego te viene a buscar.

—Sí, ya lo dijiste.

—Solo lo digo…

—¡Dean! Todo estará bien.

Con esto se fue donde Castiel, pero antes de cruzar la puerta de la oficina del jefe, Inias le aseguró que cuidaría de su hermano.

—Gracias Inias —le dijo Dean, otra vez, antes de entrar.

Castiel estaba enfrascado en sus papeles como siempre lo encontraba. A veces se preguntaba si eran tan entretenidos como para hundir la cabeza en ellos, porque él no le encontraba ninguna utilidad.

—Hola Dean, pensé que ibas a la fiesta —dijo Castiel sin levantar la cabeza.

—Tengo que trabajar contigo no puedo ir —respondió Dean.

—Si quieres ir, ve.

—¿Me estás dando permiso?

—¿No quieres ir?

—Esteeee sí, pero...

—No te preocupes, yo estaré bien.

—Ok.

Dean iba a retirarse cuando se fijó en Cas. Se veía tan joven.

—¿Por qué no vienes a la fiesta conmigo? —le preguntó Dean sin pensar.

Por primera vez, Cas sacó la cabeza de los papeles y lo miró, ladeando la cabeza en confusión.

—¿Me estás invitando?

—Eso estoy haciendo.

—No sé Dean, nunca he ido a una fiesta de estudiantes.

—Yo tampoco. Vamos te hará bien distraerte de tanto papel.

—Soy muy viejo para ir a una fiesta de niños.

—Ah, sí, señor anciano ¿Cómo cuántos tienes?

—Veinte años, pero no tengo ropa.

—Estás buscando una excusa para no ir.

—Solo digo la verdad. Si mi edad está adecuada, yo solo uso trajes a la medida.

—Eso podemos arreglarlo.

—Está bien, entonces vamos.

—¿En serio irás? —preguntó Dean sorprendido.

—Me invitaste, ¿no? —dijo con ojos empequeñecidos, después miró al cielo como haciendo memoria.

A Dean eso le dio risa, pero se la aguantó y solo mostró una hermosa sonrisa que tapó con la punta de sus dedos.

—Vamos —ordenó Dean y se dirigió hasta la puerta.

Castiel se levantó de su escritorio y fue detrás de él.

—¿Dónde está Balthazar? —preguntó Dean al "gorila" que custodiaba la puerta de la oficina.

—En la sala de descanso —respondió el sujeto con mal humor.

Dean se dirigió hasta allá con Castiel pegado a sus talones. Encontraron a Balthazar viendo porno en una pantalla gigante: dos hombres y una mujer donde todos se besaban y participaban en el sexo.

—Baltha… —Dean quedó petrificado, mirando la pantalla.

Como era una pantalla gigante, eran mucho los detalles.

—¡Dean, chico!, ¿cómo estás? —Se levanta del mullido sofá y le da la espalda a la pantalla para dirigirse hacia Dean—. Cassie, por fin vienes a acompañarme a ver películas. Vengan, aquí hay espacio. Tengo unos snack muy ricos y bebidas.

—No, gracias, es Dean quien quería verte, no sé por qué. Iremos a una fiesta estudiantil —explica Castiel.

—¿En serio? —Balthazar abrió muy grande los ojos sin poder creerlo.

—Sí, Dean me invitó —dijo con una sonrisa.

—¿En serio? —repitió Balthazar— ¿En serio, Dean? —Ahora le preguntó al chico quien no le respondió.

—¿Dean? —Castiel tocó su hombro.

Dean salió de su mutismo y pudo sacar la vista de la pantalla.

—¿Eh?, sí, esteee —Pasa su mano por su cara—. Quería pedirte un traje para Castiel. Uno adecuado para una fiesta de estudiantes —Los ruidos de la TV lo desconcentraban—… tú sabes.

—¡Maravilloso! —gritó tan fuerte con un aplauso, que sobrepasó los quejidos de la película porno—. Tengo algo perfecto para ti, Cassie.

Balthazar tomó de la mano a Castiel y lo sacó de la habitación. Dean quedó parado unos segundos, medio perdido. Vio la pantalla donde todos se estaban penetrando y salió volando de ahí detrás de los raros hermanos. En un momento se detuvieron de improviso y Dean chocó con ellos.

—Esperen un momento —dijo Balthazar.

—¿Qué pa...? —Dean quedó confuso.

—¿Ya cenaron? —interrumpió Balthazar.

—¿No?, ¿por qué? —preguntó Dean.

—Porque no pueden ir a una fiesta de alcohol y drogas con el estómago vacío —concluyó Balthazar.

—¿Alcohol y drogas? —Ahora era Castiel, quien se veía confuso.

—Claro que no hay alcohol ni drogas en la fiesta —aseguró Dean.

—Sí, claro y yo soy la reina de Saba —aseguró Balthazar.

Dean lo miró enojado.

—Está bien, vamos a cenar primero —concilió Castiel.

—Vayan ustedes primero, mientras yo iré a buscar tu atuendo Cassie —dijo entusiasmado Balthy.

Castiel lo miró extrañado, pero asintió con la cabeza. Balthazar salió casi corriendo por el amplio pasillo, adornado con elegantes pinturas con motivos religiosos de ángeles.

Los dos que quedaron se fueron al comedor a cenar como era su costumbre de todos los días, ya que Dean llegaba justo a la hora de la cena para acompañar a Castiel. Casi siempre comían los cuatro junto con Inias y Balthazar, o a veces con Inias sin Balthazar, u otras con Balthazar sin Inias. Nunca estuvieron solos en ese comedor, como ahora. El silencio embargó la entrada y la sopa. Un mayordomo les servía junto a otro sirviente más joven. El ruido de los cubiertos era lo único que se escuchaba en el amplio lugar. Ya en el plato de fondo, Castiel habló:

—¿Te cambiarás de ropa para ir a la fiesta? —preguntó, cortando un trozo de carne.

Con todo el ajetreo se había olvidado de sí mismo, pues estaba vestido con un elegante traje negro.

—Oh, sí, debemos pasar al departamento para cambiarme —dijo Dean.

—No hay problema con eso.

—Inias no está. Él debía dejar a Sam en la fiesta.

—Lo llamaré para que nos venga a buscar.

—No, es que Sam se atrasará.

—Balthazar nos llevará entonces.

—¿Balthazar? ¿Seguro?

—Por supuesto.

Ahí murió la conversación. Sucede que Dean estaba muy nervioso con haber invitado a Cas, ¿y si no está bien invitarlo?, ¿si lo echan de la fiesta?, ¿podía él invitar a alguien así no más sin permiso de quien hace la fiesta? Lo habían invitado a él, como mucha cosa, sin conocerlo, solo por ser hermano de Sam, pero invitar a alguien de quien ni siquiera Sam conocía, era algo para preocuparse.

Cuando terminaron de cenar, fueron al cuarto de Balthazar donde este mandó a Castiel a bañarse.

—Tú también puedes ir a bañarte —le dijo Balthazar.

—Yo ya me bañé —respondió Dean.

—Entonces, ven a vestirte.

—¿Qué?

—Que ven a vestirte, tengo el atuendo especial para ti.

Dean pestañeó un par de veces y no supo por qué, pero se imaginó vestido con algún disfraz de conejo o algo así.

—Me cambiaré en mi casa —dijo Dean.

—Para qué perder tiempo. Esto te quedará fantástico —Balthazar puso una polera encima de su pecho—. Sí, este color está bien, hará juego con tus ojos —dijo más para sí mismo que para Dean.

Luego le pasó unos pantalones y lo hizo que se vistiera. Dean se quedó parado como pidiendo una explicación. Hizo una mueca de fastidio y comenzó a desvestirse en presencia del distraído Balthazar quien iba y venía de la habitación que era el armario de su propia habitación gigantesca. No le puso mucha atención a lo que se estaba poniendo hasta cuando estuvo, completamente vestido.

—Te ves increíble, mírate al espejo —dijo Balthazar, cerrando una de las puertas del armario donde había un espejo de cuerpo entero.

El chico quedó sorprendido con la imagen que le devolvía el espejo. En eso apareció Castiel en overol, quien venía secándose el cabello con la toalla.

—Mira Cassie, ¿no se ve fantástico?

Castiel dejó la toalla y miró algo confundido de no saber a qué se refería su hermano. Balthazar tomó de los hombros a Dean y lo volteó para dejarlo frente a frente al otro. Castiel quedó con la boca abierta. Dean se sintió incómodo con la mirada del joven, no consideraba que fuera para tanto si solo eran unos vaqueros, casaca corta y polera.

—Supongo que el que se te caiga la baba lo dice todo —dijo Balthazar, riendo—. Ahora te toca a ti. Ven —le dice a Castiel.

El turno de Castiel fue menos pudoroso, ya que este se quitó el overol como si nada y lo tiró a un sillón, quedando totalmente desnudo. Dean le quedó mirando el trasero, sintiendo sus mejillas arder, así que retiró la vista hasta otro sitio. La habitación de Balthazar estaba lleno de detalles extraños, demasiados finos, parecía ser un coleccionista de jarrones, pinturas, esculturas y cosas doradas, plateadas y brillosas. Le llamó la atención una estatua, un busto, para ser exacto moldeado con su figura ¿Qué clase de ego tendría algo así?

—¡Listo! Te ves muy guapo hermanito. Mira Dean —llama Balthazar.

Dean voltea y ve a Castiel, a quien le costó reconocerlo de inmediato, pues se veía tan diferente, tan joven y tan, tan, sexy con esa chaqueta de cuero, esos vaqueros ajustados, la polera ajustada y unos botines con finos relieves.

—Estamos listos, vamos, yo los llevaré a la fiesta —dijo Balthazar, riendo al ver las reacciones de Dean.

Subieron a un porche convertible muy extravagante. Dean quedó parado, mirando embobado el increíble auto de un rojo metálico.

—¡Dean!

—¿Ah? —dijo despertando del sueño.

—Te estoy diciendo que subas al auto —aclara Balthazar.

La única puerta estaba abierta y Cas ya estaba subido atrás, así que él subió a su lado. Luego el asiento del chofer se acomodó hacia atrás, dejándolo encerrado para que de esta forma subiera Balthazar al volante.

—¿Dónde es la fiesta, Dean? —preguntó Castiel a su lado.

—¡Oh!, mierda, ¡cierto! —Dean golpea su frente.

Dean no tenía ni idea donde era la fiesta, puesto que fue invitado por Sam a un lugar con un montón de desconocidos.

—No se preocupen —dice Balthazar—. Yo sé dónde es, le pregunté a Inias.

Balthazar los había mirado para atrás con una mano sobre el asiento del copiloto y les guiñó un ojo. El toldo del descapotable se estaba cerrando.

—No quiero que se despeinen, con lo que me costó arreglarles el cabello —explicó Balthy.

El chofer encendió el vehículo y el auto voló por las calles. Llegaron a unos suburbios de hermosas casas gigantescas para el nivel de visión de Dean. La música se escuchaba de la acera, donde había también, adolescentes en las calles, afuera de la casa que se quedaron mirando a los personajes que recién llegaban en tan esplendoroso vehículo. Dean se sintió cohibido con tanta opulencia, aun así mostró toda su dignidad al bajar.

—Los vendré a buscar cuando me llamen —les dijo Balthy.

Entraron, uno al lado del otro, mientras los jóvenes saltaban, bebían y corrían a su alrededor. La puerta de entrada de la casa estaba abierta de par en par, así que entraron. La música perforó sus oídos, inmediatamente, Dean se puso a buscar a su hermano dentro del lugar.

Le costó mucho pasar por entre las personas, las cuales estaban bailando, tomando, o conversando en el oído. Tan concentrado iba buscando a Sam, que no se daba cuenta de las chicas que le coqueteaban. Miró a su alrededor y no veía a su hermano por ninguna parte, por un momento recordó que venía con Castiel, volteó para buscarlo y había desaparecido. Asustado, se olvidó de Sam y devolvió su camino en su busca.

La música, las luces, la oscuridad, la gente puso sus sentidos en confusión. No quería estar solo en ese lugar, eso era extraño, porque estaba rodeado de gente por todas partes, pero el sentimiento de soledad, nunca lo sintió tan fuerte como ahora.

Fin capítulo 10