Disclaimer: Los personajes no son míos... Son de la gran Rumiko Takashi. Espero no ser demandada. Sólo los uso como desahogo y des-estrés.
Datos importantes:
También tenemos cambios en nombres...
Miroku: Murai Kotara
Sango: Sae Ishikawa
Kohaku: Kohei Ishikawa
Shippo: Sachi Ashida
Datos de interés:
Cursiva: pensamientos o mis intromisiones
Negrita: Cosas importantes q no pueden ser pasadas x alto.
Normal: narración
ooo: Cambio de día
-CE-: Cambio de Escena.
((N/A: XXX)): Notas de la autora
'XXX': voz interna o conciencia
º$º$º: Minutos u horas después.
Notas al final.
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Capítulo 10. El fin del principio.
- ¡Kagome! –Sachi corrió a su encuentro.
Hacía ya varias semanas en que por fin todos se habían reunido. Y aquel día, se reunirían por el cumpleaños de InuYasha, todo un acontecimiento. Entre Kagome, Sae, Murai y Sesshomaru había acordado hacerle una pequeña fiesta sorpresa. Kagome recibió a Sachi en los brazos y le dio un beso en la frente. La sacerdotisa tenía un semblante sumamente alegre y despreocupado desde que todo volviera a tomar su curso normal. Envió a Sachi a la cocina con lo que traía en las manos y ella se dirigió al Árbol Sagrado, observó el lugar donde InuYasha estuviese sellado por 50 años, y que ahora solamente era una mancha en el árbol. Se sentó entre las raíces del árbol y recordó el día en que había vuelto a ver a Sesshomaru, los padres de InuYasha y hasta Rin.
Ж Flash Back Ж
- Anda, Kagome, se hace tarde –InuYasha reclamó desde el piso inferior del templo Higurashi.
- Ya estoy lista –dijo ella bajando las escaleras con unos jeans ajustados, una blusa azul de botones de manga tres cuartos, botas altas y una gabardina también negra-, eres un desesperado, ¿lo sabías?
- Siempre lo he sabido, cariño –la tomó de la cintura y le plantó un sonoro beso en la mejilla, a lo que ella rió-. Vamonos, linda.
- Sí, vamos.
Anduvieron en el auto durante unos 20 minutos hasta que llegaron al hogar de los Taisho. InuYasha le abrió la puerta y la condujo hasta la entrada principal, donde el chico metió la llave a la cerradura y la puerta quedó abierta.
- Pasa –le dijo suavemente y le tomó la mano-. ¡Mamá! ¡Papá!
- En la sala, hijo –Kagome pudo percibir la dulzura de la voz de su madre.
El joven la dirigió por el pasillo hasta la sala. La mujer estaba dándoles la espalda, su largo cabello negro azabache con algunas diminutas y contadas canas, era bellísimo, su perfil era de una mujer adulta, pero jovial. En el sillón de un lado se encontraba, quien debía ser su padre, su largo cabello platinado amarrado en una coleta alta con un flequillo sobre el rostro; los ojos profundamente dorados, sobre el rostro había algunas arrugas, pero nada muy fuerte. También era un hombre maduro con la vivacidad exudando por la piel.
- Mamá, papá... –los llamó-, les presento a Kagome.
- Buenas tardes –dijo ella mirándoles.
Ambos adultos se pusieron de pie, y Kagome pudo apreciar lo mucho que InuYasha había heredado de ambos, los ojos de Izayoi eran violeta, desprendiendo una gran alegría. Inu Taisho era tan alto e imponente como recordaba a Sesshomaru, y el propio InuYasha. Sonrió a los dos, y éstos le devolvieron la sonrisa.
- Es un gusto en conocerte, Kagome... Por fin –Inu se acercó a ella y le sujetó la mano suavemente, dándole un beso en la frente. El señor era bastante alto, aún un poco más que InuYasha y éste le sacaba toda su cabeza.
- Igualmente, señor Taisho –dijo la sacerdotisa sonrojada.
- ¡Pero niña, que linda eres! –Izayoi quitó a su marido y sujetó el rostro de Kagome entre sus manos, observándola fijamente.
Kagome se sintió segura al estar frente a la mujer, tenía cierto magnetismo que la atraía como si fuera su propia madre. Izayoi dejó un beso en su mejilla y ella reaccionó cerrando los ojos.
- Muchas gracias, señora Taisho –repitió lentamente.
- Es una chica muy bella, InuYasha –dijo la mujer sentándose a un lado de su esposo.
- Sí, lo sé –dijo el chico, quien le dio un espacio junto a él y la sostuvo de la mano. Kagome se sonrojó ante el comentario.
- Izayoi, la estás poniendo en aprietos –dijo el señor Inu Taisho.
- Lo siento, Kagome –dijo la mujer y sonrió.
- No se preocupe –balbuceó ella.
- Esperaba encontrar a mi hermano aquí –InuYasha se levantó y se dirigió a la puerta.
- No está, hijo –Inu le detuvo-, fue a recoger a Rin.
- Cierto, cierto –dijo él, y sonrió-. Bueno entonces habremos de esperarlo.
Ж Fin del Flash Back Ж
Y así había sido. Habían esperado a Sesshomaru durante unas horas, de hecho los padres de InuYasha la habían acogido con tanto entusiasmo que comieron allí mismo ante la insistencia de Izayoi. Era una mujer hermosa y buena, no cabía duda de las razones por las que el padre de InuYasha seguía profundamente enamorado de ella. El señor Inu Taisho era otra historia, tenía ese semblante de seriedad e imponencia que la hacían sobrecogerse cuando estaba cerca, sin embargo, se había dado cuenta que era un hombre amable, bastante agradable y sobre todo el mismo sentido del humor que su hijo menor: arrogante a veces, pero amoroso.
- Kagome, ¿dónde estás? –La voz de Sae le sacó de sus pensamientos.
- Acá estoy, Sae –dijo la jovencita levantando un brazo para que la viera-. ¿Me buscabas?
- ¿Qué haces aquí, Kag? –Sae se sentó junto a ella en las raíces.
- Recordando –dijo ella simplemente, y ante la mirada asustada de su amiga siguió-: Cuando conocí a los padres de InuYasha y a Sesshomaru, nada peor, Sae. –La chica dejó escapar un suspiro. – Este árbol ha sido testigo de muchas cosas, amiga.
- Sí, ya lo creo –Sae recargó la cabeza en el tronco-. Demasiadas cosas durante más de 500 y pico de años.
- Se ha acabado, ¿no es así? –Kagome y Sae se miraron a los ojos.
- Por supuesto, Kagome –Sae sonrió-, se ha acabado por fin. No más dolor ni lágrimas. De ahora en adelante sólo habrá alegrías.
- Me parece bien –Kagome asintió.
- Anda, mujer, que debes ir a buscar a InuYasha –le reprendió su amiga y le ayudó a levantarse.
Ambas chicas se dieron un abrazo que duró algunos segundos. Era el fin del inicio de una antigua y nueva amistad. Sae entró al templo, mientras ella bajaba las escaleras para buscar a su... ¿novio? Bueno, eso no importaba, el hecho era que InuYasha le pertenecía, desde siempre.
Ж Flash Back Ж
- ¡Ya llegué! –Sesshomaru alzó la voz desde la puerta principal y luego se dirigió a su acompañante-: Vamos, deben estar en la cocina.
Kagome había escuchado la voz de aquel hombre una vez anterior, cuando fueron a visitar a la prima de Murai, sin embargo, no había visto al dueño de ella. Ahora entendía por qué todos tenían una cara de espanto cuando ella regresó. Estaban sentados en la cocina, terminando de beber té. Instintivamente Kagome se giró hasta el marco de la puerta del lugar, y como si fuese invocado, Sesshomaru se plantó en ella y le miró.
Sus ojos se escrutaron un largo rato. El dorado de él estaba distinto, mucho más cálido que como ella recordaba. El Inu Tai Youkai que ella alguna vez había visto pelear ferozmente con su hermano no estaba más en esa mirada. Esa mirada que ahora mismo se introducía en sus ojos, era hermosa, por llamarla de alguna manera, estaba limpia de rencores. Su largo cabello platinado le caía por la espalda y el fino rostro era la viva imagen de su padre.
Cuando Sesshomaru se paró en el marco de la puerta, quedó prendado de la mirada castaña que ahora mismo le devolvía la mirada intensamente. Sabía de antemano que la encontraría, y aunque aquella vez en casa de Rin habían estado cerca de toparse no la había visto. La mirada castaña de aquella niña era casi como la recordaba: serena, valiente; sin embargo, justo ahora que la miraba fijamente se percataba que parte del brillo de alegría que antes tenía había desaparecido. Se golpeó internamente, ella era la que había sufrido más en todo esto, era comprensible que la herida sanara lentamente.
- Que bueno que llegas, hijo –Izayoi se acercó a él y desconectó la mirada profunda que le dedicaba a Kagome-. Rinni, linda.
- Hola mamá –dijo éste asintiendo con la cabeza.
- Buenas tardes, señora Taisho, señor –la chica a su lado era la prima de Murai, y para entonces Kagome comprendió muchas cosas.
- ¿Han comido? –Preguntó Izayoi.
- Sí, mamá, gracias –Sesshomaru sonrió a su madre y ésta devolvió la sonrisa. Kagome se sorprendió de aquella sonrisa que adornaba el rostro, antes frío, de Sesshomaru.
- Vamos, Izayoi, dejemos a los muchachos solos –Inukai salió con su mujer de la mano, mientras el hijo mayor de los Taisho y su novia se sentaron en la mesa.
Rinni le sonrió a Kagome, quien también sonrió suavemente. InuYasha la había observado todo el tiempo desde que su hermano apareciera. Lo había mirado de una manera tan... rara, como si tratara de reconocerlo, a su vida pasada. La conexión de miradas que habían tenido, ella y su hermano, fue para él como un golpe al estómago, dejándolo sin aire. A él no lo había mirado así. Sin embargo, luego reconoció que estaba siendo celoso en exceso y que Kagome solamente estaba inspeccionándolo.
- Hola InuYasha –saludó Rinni-, Kagome.
- ¿Qué tal, Rin? –Respondió el menor.
- Hola, Rin –Kagome, la chica le miró alegre-. Sesshomaru.
- Kagome –respondió él e inclinó la cabeza. Miró en los ojos de la chica que pasaban miles de preguntas-: Debes tener tanto que decir, niña.
El sonido de la voz de Sesshomaru aunque era como antes, sonaba mucho más cálida y más sincera. No había rencor ni frialdad. Su voz le llegó suavemente a sus oídos y le agradó escucharla.
- Sí, muchas cosas –dijo ella-. Pero, no sé ni por donde empezar. Sólo... –dudó-, sólo quería verlos de nuevo. Y resulta..., resulta que...
- Que hasta quienes no te interesan también están aquí.
- ¡No! –Exclamó ella-, no he dicho eso –lo miró duramente-, es sólo que no te conozco, no sé cómo eres. Eres completamente desconocido para mí, a pesar de haberte conocido en algún momento, es como si no fuera así. Tus ojos... –Kagome calló de inmediato, había hablado tan rápido y no se dio cuenta de a donde la llevaron sus pensamientos-. La verdad es, que me asustas.
InuYasha se acercó tras ella y la abrazó suavemente por la cintura. No pensó que tendría esa reacción frente a su hermano, las palabras de la pelinegra eran verdaderas y al escucharla no pudo más que hacerle sentir que estaba allí con ella. Cuando Kagome sintió el abrazo dio un respingo, pero luego reconoció a InuYasha tras ella, se sintió más tranquila al percibir sus brazos y recargó la cabeza sobre su pecho aliviada de que estuviera ahí. Susurró un débil "lo siento".
- Está bien, pequeña, no te preocupes –dijo él suavemente y la apretó contra sí.
- Tienes razón, Kagome –Sesshomaru suspiró-, en la actualidad soy un desconocido para ti. –Rinni le tomó de la mano, apoyándolo-: ¿Te parece que empecemos de cero?
Kagome miró a el hermano mayor de InuYasha y luego a él, para terminar pasando la mirada por la de Rinni, quien asintió imperceptiblemente para los demás. Kagome cerró los ojos y rebuscó en su interior, no podía decir que no, mucho menos a alguien que literalmente no conocía bien. Luego los abrió y los posó sobre Sesshomaru.
- Bien –musitó y sonrió. InuYasha se incorporó y se colocó entre ambos, tomó la mano de Kagome y la miró.
- Kagome... –ella volteó a verlo curiosa-, te presento a mi hermano, Sesshomaru Taisho. Ella es Kagome Higurashi –dijo dirigiéndose a su hermano.
- Mucho gusto, Kagome –Sesshomaru tendió su mano.
- El gusto es mío..., Sesshomaru –dijo tomando la mano del chico.
Ж Fin del Flash Back Ж
Desde entonces Sesshomaru y ella se habían vuelto buenos amigos, a veces cuando Kagome llamaba a InuYasha primero conversaba largo y tendido con Sesshomaru. Era agradable, mucho más que en el Sengoku y su personalidad era simplemente genial.
Kagome se detuvo frente a la tienda de videojuegos. Se le escurrió una gota por su cabeza, ¿de plano no habían encontrado otro lugar a donde mandarlo? Se rió por lo bajo y entró. A lo lejos saludó al dueño, quien le vendía los juegos a su hermano, y entonces lo vio metido en un jueguito de peleas. Se acercó a él y de tan concentrado ni lo notó.
- Feliz cumpleaños –dijo ella alegre, pero él no se dio cuenta y Kagome frunció el ceño. Muchacho despistado como siempre-: InuYasha... –el amigo seguía en su mundo-, ¡Taisho! –Espetó la chica y él se sobresaltó.
- Ka-Kags, me matas de un susto –dijo él colocando una mano en su pecho.
- No lo haría si estuvieras poniendo atención –dijo ella y entrecerró los ojos.
- Bueno, bueno –dijo él rascándose la cabeza.
Su hermano lo había mandado allí a que buscara un videojuego para Sachi y Kohei, pero se había quedado prendado del juego de peleas. Hasta había olvidado que los demás no lo habían llamado. Entonces frunció el ceño, se cruzo de brazos y adoptó su pose arrogante.
- ¿Por qué pones esa cara? –Kagome le miró curiosa.
- ¡Keh! –Exclamó él-: Había olvidado lo abandonado que me has tenido... –y luego se percató de algo-, ¿cómo sabías que estaba aquí?
- Tu hermano me lo dijo –respondió Kagome y alzó la ceja.
- Aún así, me has tenido muy descuidado –dijo y alzo la barbilla. Kagome se rió por lo bajo ante la pose.
- InuYasha... –le llamó y él la miró de reojo. Delante de él, Kagome tenía una pequeña cajita con un moño enorme.
- ¿Q-qué es eso? –Dijo asombrado.
- Pues..., lo que se le da a todo el mundo el día de su cumpleaños –dijo ella simplemente-, un regalo –lo acercó para que lo tomara-. Feliz cumpleaños, InuYasha.
La mirada del chico se suavizó. Tomó la cajita entre tus manos y la abrió algo nervioso por lo que encontraría. Su sorpresa fue encontrarse con un par de placas tipo militar con algunos datos impresos. Una de las placas vacía, y la miró curioso. La otra placa tenía su nombre y un mensaje: "Por comenzar de nuevo. Te amo. Kagome." InuYasha la rodeó con los brazos y la apretó contra sí.
- También te amo –dijo él quedamente, sujetándola con fuerza.
Los ojos de Kagome brillaron de emoción, y se separó, mirándolo contenta.
- Vamos al templo –dijo ella y le tomó de la mano.
Mientras caminaban jamás se soltaron. InuYasha se había colgado una de las placas en su respectiva cadena color plateado y la otra la llevaba en la mano.
- ¿Por qué una placa vacía? –Preguntó.
- Porque te tengo otra sorpresa... –luego recapacitó-, tenemos –aclaró.
InuYasha alzo las cejas sorprendido, pero no dijo nada más y siguieron caminando. Entonces se dio cuenta que no entendía nada, su hermano despareció temprano a casa de Rinni y desde entonces no regresaba a casa, luego le había llamado alegándole que debía ir a buscar unos videojuegos que Rinni quería regalarles a los niños, pero que ellos estaban haciendo un mandado para sus padres, cosa extraña. Para terminar, Sae y Murai le habían llamado por la mañana diciéndole que saldrían fuera de la ciudad. Hizo una mueca, todo era raro y frunció el ceño. Kagome al notarlo le observó divertida.
- No pongas esa cara –le dijo-, te arrugas –bromeó.
- ¡Keh!
En la entrada del templo, Kagome se adelantó unos cuantos escalones y luego adoptó su pose arrogante, aprendida directamente de él. Lo miró altiva y orgullosa, se cruzó de brazos y le sonrió. Cabeceó para que el chico la siguiera.
- A que no me alcanzas –Kagome se rió y corrió escaleras arriba.
InuYasha sonrió y la siguió, dándole suficiente espacio para que ella llegara primero. La vio entrar en el templo por la puerta delantera y sin pensárselo la siguió. Kagome alcanzó a susurrarle a los demás: "Ya está aquí. Listos." Y siguió corriendo hacia la sala. InuYasha entró al templo y no escuchó ruidos.
- ¡Kagome! –Le llamó.
- ¡En la sala, InuYasha!
Caminó hasta la sala y al entrar, lo recibieron millones de papelitos de colores y un estruendoso grito.
- ¡SORPRESA!
El confeti, las serpentinas, y los globos le cayeron de todos lados y su cara fue capturada por una cámara que Sachi traía entre manos. Luego poco a poco sonrió, estaba aún sorprendido por aquello, rápidamente buscó con la mirada a Kagome a quien vio cerca de la mesa del comedor.
- ¡Hermanito! –Sesshomaru cogió a su hermano entre los brazos y lo estrujó, InuYasha se soltó forzosamente de él y se acomodó la camisa para luego explotar en una carcajada.
- Odioso –le dijo con los ojos entrecerrados-, sabías de esto y no me dijiste nada.
- Pero como iba a decirte, InuYasha –dijo Rinni a su lado-, él también era parte de la idea.
- Rinni, ¡qué te he dicho sobre descubrirme!
- ¿Que no lo haga frente a tu hermano, porque no quieres que se de cuenta cuánto lo quieres y lo adoras? –Rinni mostró su más hermosa sonrisa y los demás se echaron a reír puesto que Sesshomaru se había llevado la mano a la cara y negaba con la cabeza.
- Así se le controla, prima, bien hecho –Murai le susurró desde atrás y Rinni asintió divertida.
- Oh, cielo, no pongas esa cara –Rinni le abrazó-. Sólo bromeaba, son cosas que tu hermano ya sabe, ¿no es así InuYasha?
- Eh, ¿yo?
Sachi y Kohei se colgaron de su amigo para desearle un feliz cumpleaños, entregándole por parte de ambos un paquete envuelto. InuYasha prometió abrirlo más tarde. Sae y Murai se pararon frente a él sonrientes.
- Ustedes, malditos traidores –dijo InuYasha amenazadoramente-, dijeron que no estarían en la ciudad.
- Ese era el caso, querido amigo –Murai le pasó un brazo por los hombros-, tómalo por el lado bueno, por lo menos te avisamos que no estaríamos.
- Feliz cumpleaños, InuYasha –Sae lo abrazó-. Ojalá no hayas pasado tantas penurias.
- Claro que no, sólo me mandaron a buscar un videojuego –dijo él rodando los ojos.
- Videojuego que no compraste, hermano –Sesshomaru se detuvo a un lado de él.
InuYasha se sonrojó un poco, levantó el rostro buscando a Kagome, más no la halló frente a él, sino que sintió un par de brazos que lo sujetaban por la espalda y las manos se entrelazaban al frente de él. Aspiró profundamente y sus pulmones se llenaron del aroma que Kagome desprendía, siempre el mismo, siempre igual. Los demás habían desaparecido de su vista y decidió cerrar los ojos para disfrutar de su abrazo.
- ¿Te gustó, InuYasha? –susurró quedamente recargando su cabeza en su espalda.
- Pequeña –dijo él con la voz bajita y luego se giró para tenerla de frente y abrazarla por la cintura-. No debiste, Kagome.
- ¿Por qué no? –Kagome sonrió con diversión y se abrazó a él-, quería que tuvieras una sorpresa.
- Y vaya que me la has dado –dijo él recargando su mejilla sobre su cabeza.
Kagome levantó la cara para verlo y se acercó a sus labios para besarlos suavemente. InuYasha respondió de la misma manera, alzándola en sus brazos y acariciando sus labios.
- Te amo –le dijo ella sonriendo.
- También yo –respondió él aún con los ojos cerrados-, te amo demasiado.
- Aún no se acaba tu sorpresa –InuYasha abrió los ojos curioso y le miró.
- ¿Tiene que ver con lo que me regalaste antes? –Preguntó él sonriendo.
- Sí –dijo ella-, vamos al jardín.
Lo jaló de la mano hasta la parte trasera del jardín y lo detuvo debajo de un árbol. Se colocó a su espalda y le vendó los ojos, dejó un beso en su mejilla y se alejó de él. InuYasha se quedó donde Kagome lo había dejado, sintió una presión en el pecho cuando ella se alejó y no deseaba sentirla. ¿Qué otra sorpresa le tendría? Zapateó con la punta de su pie sobre el suelo, impaciente por saber.
Entonces sintió de nuevo el aroma a jazmín que ella desprendía y reconoció de inmediato que estaba frente a él. Sonrió contento de nuevo y se movió de su lugar tratando de acercarse. Kagome lo tomó de la mano para que la sintiera.
- Ya regresé –le dijo suavemente-, quítate la venda. –InuYasha hizo lo que le pidió y poco a poco abrió los ojos acostumbrándose a la luz del sol.
Frente a sus ojos, entre los brazos de Kagome se encontraba un cachorro de pelaje totalmente blanco, con un par de ojos celestes que le miraba con la lengua de fuera. InuYasha parpadeó varias veces hasta enfocarlo bien y sonrió encantado, a lo que el animal ladró contento.
- Este es Shiroi –dijo Kagome.
- ¿E-es mío, en serio? –InuYasha le miró extrañado.
- Sí, tonto, es el regalo de todos –Kagome se lo tendió para que él lo tomara.
InuYasha lo cargó entre sus brazos, mientras el animalito movía la cola frenética y felizmente. Le acarició la cabeza y por detrás de las orejas, el cachorro cerró los párpados contengo de que su amo lo estuviera acariciando. InuYasha sonrió y suspiró tranquilamente, aquel regalo le había tomado por sorpresa, pero también le agradaba. Siempre había querido una mascota, pero jamás lo había exteriorizado. Levantó el rostro y se encontró con la mirada brillante de Kagome, atrás se hallaban los demás mirándole.
- ¡Gracias! –Les gritó y ellos sonrieron. Luego volvió a mirar a Kagome-. ¿Para él es la otra placa? –Ella asintió-, pero no tiene nada escrito.
- Eso es porque cuando compré tu regalo, Shiroi no tenía nombre –Kagome rascó la cabeza del cachorro-. Sesshomaru y yo tardamos mucho en dar con uno que no sonara cursi o demasiado infantil.
- Sin embargo, le pusieron "blanco" –dijo él riendo.
- Pues, ¿preferías que lo llamara Kouga? -Kagome se rió.
- No hubiera estado mal –dijo él de broma.
- ¡Oye! –Espetó ella frunciendo el ceño.
- Ya, ya, que haya paz –dijo él conciliador.
Dejó a Shiroi en el suelo y el cachorro corrió para encontrarse con los niños, quienes lo recibieron con gusto. Tomó a Kagome de los brazos y la acercó hacia si para rodearla en un abrazo fuerte, agachó la mirada y la chica se la devolvió feliz, lentamente se fue acercando hasta tomar sus labios en un beso suave y lleno de ternura. Envolvió sus labios cálidamente, recorriéndolos despacio para llenarse de su sabor.
Kagome le correspondió de la misma forma, estaba sintiéndose en las nubes, y cada vez que InuYasha la besaba de aquella manera ella perdía la noción entera de su alrededor. Sintió la lengua húmeda de InuYasha pidiéndole permiso para inmiscuirse en su boca, cosa que ella no le negó. Abrió sus labios suavemente para sentir la lengua tersa de su novio, acariciándola con la suya. Sintió cosquillas en el paladar, cuando –por error- InuYasha había pasado la punta de su lengua por ese lugar. Se separaron sin querer realmente hacerlo, dejándose en los labios un par de besos castos.
- Gracias por todo –le dijo suavemente-. Estoy tan contento con tantas sorpresas, Kagome –le acarició la mejilla con la palma de su mano.
- InuYasha... –susurró ella lanzándosele a los brazos-, pero no fui la única –se explicó-, todos ayudaron mucho.
- Lo sé, preciosa –el muchacho la silenció colocando un dedo sobre sus labios y ella sonrió-, y se los agradeceré en su debido momento. Por ahora, quiero estar contigo.
º$º$º
Unas horas más tarde se encontraban todos alrededor de la mesa de los Higurashi, los padres de InuYasha y los de Murai habían llegado hacía poco con comida recién hecha cosa que la madre y el abuelo de Kagome recibieron con gusto. Estaban todos conversando animadamente, entre risas, algunas miradas cómplices entre unos y otros.
InuYasha había pensado que sus padres no querrían a Shiroi en casa, sin embargo, cuando Izayoi lo vio quedó enamorada del cachorro, y el señor Taisho accedió sin remilgos.
Luego de la comida, pasaron a la sala, donde los adultos se enfrascaron en su conversación y ellos salieron al patio. Los niños corrían junto con Shiroi, mientras ellos se sentaron debajo del Árbol del Tiempo. Miraron las ramas del árbol con una sensación de nostalgia en el corazón y luego se miraron unos a otros.
- Terminamos donde empezamos –dijo Sae.
- Al contrario, querida mía –Murai besó su mano y ella se sonrojó-, estamos cerrando un ciclo para comenzar uno nuevo.
- El fin del principio –Rinni suspiró y recargó su cabeza sobre el hombro de Sesshomaru, quien le pasó su brazo por sus hombros.
- Bastante poético –Sesshomaru sonrió a su novia-, pero explica lo que Murai ha dicho. –La mirada de Sesshomaru bajó de repente.
- ¿Qué pasa Sesshou? –Kagome le miró.
- Nada, Kagome –dijo él, pero ella le miró curiosa por lo que derrotado por aquella mirada, respondió-: Pensaba simplemente que yo no empecé aquí.
- Ah, pero aquí terminaste, hermano –ahora era InuYasha quien le observaba-. Aquí tuvimos nuestra última discusión y fue la última vez que nos vimos. –Sesshomaru sonrió complacido.
- Tienes razón.
- Entonces no digas tonterías, Sesshou –su cuñada le sonrió dulcemente-, este árbol es tan parte tuyo como de todos nosotros.
Se quedaron en silencio, viendo a los más pequeños correr por el jardín.
- ¿Qué nos deparará el destino? –Preguntó Sae curiosa.
- Probablemente lo que nos toque vivir en esta época –dijo su novio rodeándola.
Kagome les observó largamente a cada uno de ellos, encontrando rasgos familiares, y memorias entre sus recuerdos. Sus ojos color chocolate se llenaron de lágrimas al pensar en todo el sufrimiento que había padecido para llegar hasta ahí. Bajó la mirada suavemente para que nadie lo notara, y las lágrimas comenzaron a caer libres por su rostro. Intentó no temblar ante los sollozos, pero fue en vano.
Sintió una mano sobre su barbilla y le levantaron el rostro. Encontró los ojos dorados de InuYasha mirándola con una ternura infinita y una sonrisa cálida en el rostro. Sus lágrimas aumentaron más ante aquella visión.
- No llores, Kagome –le susurró suavemente-, me duele verte llorar –los dorados ojos de InuYasha brillaron con tristeza al verla-. Dime qué te pasa, pequeña.
- Tonterías mías, InuYasha –dijo ella en un sollozo.
- ¿Qué tonterías son esas, amiga? –Sae se hincó a su lado junto con Murai.
Del otro lado estaba Rinni junto a ella, y Sesshomaru se hallaba en cuclillas a un lado. Todos le sonrieron suavemente y ella no lo soportó. Se encontraba demasiado feliz por tenerlos de vuelta, por haber ganado ahora a un nuevo amigo –hablando de Sesshomaru-, reencontrarse con esas personas que tanto había extrañado. Era una bendición. Las lágrimas siguieron derramándose y ella escondió su rostro entre sus rodillas.
- ¿Kagome? –InuYasha le llamó.
- E-estoy tan contenta... –dijo entre hipidos-, t-tan fe-liz de tenerlos con-migo –tembló ante cada sollozo-. Un poco más y me hubiera vuelto loca de tristeza, de desesperación. Y ahora... –levantó el rostro, tenía la nariz rojiza y los ojos aguados, y comenzó a reírse-, ahora están aquí conmigo..., para vivir la vida junto conmigo.
InuYasha la entendió por completo y la abrazó con ganas. Sae y Murai también rodearon el abrazo, luego le siguió Rinni y por último Sesshomaru alcanzó a acariciarle el cabello.
- Tranquila, niña –Sesshomaru le dijo con suavidad.
- Anda, Kagome –dijo Sae separándose-, no llores más.
- Es como lo ha dicho mi querida prima –Murai también se separó-, el fin del principio.
- ¡Los quiero tanto! –Exclamó sonriente, y luego miró a InuYasha-: Y a ti te amo demasiado –le dijo suavemente y él la besó.
A lo lejos, Sachi y Kohei vieron a sus amigos en un tumulto y pensaron que era juego. Entonces corrieron abalanzándose contra ellos.
- ¡Bolita a InuYasha!
Al sentir el peso de los niños muchos cayeron al suelo, InuYasha había quedado debajo de Kagome para que no sufriera ningún daño. Sae, Murai, Rinni y Sesshomaru también cayeron riendo de las ocurrencias de esos niños.
Todo había estado perfecto, la fiesta sorpresa, los regalos, todo. En especial haber estado reunidos todos juntos, compartiendo el final del inicio de un nuevo ciclo. Un ciclo donde los esperaba la vida entera para caminar uno a lado de otro y apoyarse mutuamente.
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Shiroi: Blanco. Por el color del pelo del perro.
Hola, hola. Soy una mala persona. La vdd es q no había tenido inspiración y pues ya ven, se atraviesan las fiestas, la universidad, etc. Espero que les guste este capítulo, creo que ya es el final. Haré un epílogo que ya tengo en mente (hasta la canción q usaré), el caso es que si quieren lemmon en el epílogo pues pídanlo; si no, de todos modos habrá jajajajaja.
Ojalá todos estén bien.
Un saludo a todas esas personas que me han seguido y que no he respondido reviews. Prometo darme más tiempo. Un abrazo a todas (os).
Nindë
