Y por fin, después de un largo descanso, vuelvo con esta historia.

YGO! DM no me pertenece.


Capítulo 9

"Nos estábamos yendo de Egipto la noche en la que me encontré con Mana," dijo Yugi. "Habían atacado al palacio unas noches antes y no queríamos vernos envueltos en una guerra a la qie no pertenecíamos."

Estaban al lado del río en el que Atem había visto por primera vez a Mana después de seis años.

Su capucha había caído sobre sus hombros, sus brazos se apoyaban sobre sus rodillas y su mirada se dirigía al agua que sonaba frente a él.

Yugi estaba parado a un metro de él, apoyado sobre el tronco de un árbol seco.

"¿Encontraste a Mana en Egipto?" quiso saber Atem.

Yugi negó.

"Ya estábamos fuera de los territorios del Faraón," suspiró. "No sé cómo había llegado ahí, o por qué estaba inconsciente, pero sabía que dejarla ahí sería peligroso. Así que la llevé conmigo," Yami escuchó atento a sus palabras. Rápidamente se hizo una nota mental de agredecer a Yūgi por lo que hizo. Tenía muchas cosas que agradecer a este joven viajero. "Nunca pregunté más de lo debido y, aunque parezcamos muy cercanos, Mana nunca ha dicho más de lo que piensa. Sé que sigue ocultando muchas cosas a pesar de que va en contra de su honesta naturaleza."

Suspirando, Yami asintió de acuerdo. Entendía lo que quería decir, aunque ciertamente le incomodaba que pudiera decirlo tan a la ligera.

Como si su relación con ella fuera igual a la que Mana compartía con Atem.

Lo cual no distaba tanto de realidad, ¿verdad?

"¿Qué oíste de Andreus y Doris aparte de los extraños nombres en griego?" preguntó con una sonrisa aligerando el pesado ambiente que se había formado.

Atem sonrió también.

"¿Te refieres a Zeus y al resto?" Yūgi asintió y Yami respiró hondi. "Oí cómo llegó, sobre cuánto quiso volver al reino, acerca de cuando fueron a Babilonia..."

De pronto, la expresión de Yūgi se hizo ligeramente más seria.

"Oh... Así que escuchaste sobre Shadi, ¿no?"

Confundido por el cambio de expresión, Yami asintió.

"Andreus y Doris dicen que solo tú, Mana y el tal Bakura saben lo que sucedió aquella noche..."

Yūgi asintió.

"Eso es cierto," concordó antes de recostarse en el suelo por completo. "¿Sabes? Mana solía decir que Shadi le recordaba a alguien del reino. Su maestro, si no mal recuerdo. Eso hizo que su conexión con él se hiciera más fuerte, por lo que debes comprender por qué de pronto dejó de buscar la forma de volver..."

"Bueno, estoy seguro que si algo le hubiese pasado a Mahad, su maestro, frente a ella, probablemente nunca volvería a ser la misma," opinó Atem.

Yūgi volvió a asentir.

"Aquella noche, incluso cuando todo parecía ir en paz y alegría, solo fue la calma antes de la tormenta," una vez más, su gesto se hizo más sombrío. "Ellos dos discutían sobre qué tan rápido podríamos volver a Egipto mientras yo intervenía para que las cosas no se salieran de control. Fue entonces cuando él apareció..."

"¿Él?" Atem repitió. "¿Te refieres a Bakura?"

Yūgi miró al cielo.

"Sí. Apareció gritando cosas como: «¡si no fuera por ti—...!», o «¡es todo tu culpa!» que al parecer solo Mana pudo entender, ya que pudo responder rápida y confiadamente a cada acusación hecha hacia ti, o la familia real en general. La furia en ese niño era enorme, Príncipe Atem. Seguramente lo sigue siendo. Él... Realmente odia a la familia real de Egipto y al parecer Mana se interpuso en medio de algo... Y cuando menos nos dimos cuenta, a la sombra de Bakura, una enorme figura apareció."

"¿Una enorme figura?" Atem frunció el ceño. Andreus y Doris habían mencionado algo sobre un monstruo, entonces... "¿Te refieres a un Ka?"

Yūgi lo miró con un asentimiento. Tenía sentido. El ka era un espíritu que reflejaba la naturaleza de la persona de la que provenía.

Mientras más maldad haya dentro de la persona, más malo será el Ka.

"Sí... Así lo llamó Mana en su momento," contestó. "Ella estaba tan... Asustada. Pero no dio ningún pasó atrás. Bakura quería matarla en ese momento. El monstruo... Su ka atacó directamente a Mana mientras todo a nuestro alrededor se quemaba y entonces... Lo demás sucedió demasiado rápido."

"¿Lo demás?"

Tras un largo suspiro, Yūgi continuó.

"Shadi se interpuso en su ataque y, en lugar de Mana, fue él quien recibió el impacto. Andreus y los demás volvieron en ese momento, para su suerte, Bakura se desmayó y el monstruo desapareció," Yūgi se levantó y apoyó sus palmas en el sueño mientras le dio a Atem la mirada más severa que tenía. "La expresión de Mana... Estoy seguro que nunca querrías verla, así como yo no quiero recordarla."

"Yūgi..."

El viajero agitó la cabeza y apretó los puños.

"Yo me sentí tan frustrado. No pude hacer nada desde que yo no tengo el poder de evocar un ka, o lo que sea. De alguna forma creí que Mana sentiría algo así. Intenté consolarla, pero..."

"¿Pero?" Atem instó a que continuara.

Si Yūgi se había sentido frustrado, Mana seguramente habría pensado en lo inútil que era. Estaba seguro, quizás...

"Ella me dijo: «así no puedo volver.»"

Los ojos de Atem se abrieron más de lo normal y sus labios se separaron ligeramente. Yūgi sabía que esa información consternaría a Atem de alguna manera, por lo que le dio una buena sacudida con una mano.

"¿Q—Qué?" preguntó. "¿Así fue como ella—... Por qué?"

Yūgi se encogió de hombros.

"No sé qué fue lo que pasó por su mente en ese momento, así como al día siguiente..."

"¿Al día siguiente?"

Un sepulcral silencio en el que solo el agua del río se escuchaba llenó el ambiente. Si ya no todo era misterioso, Yūgi solo se encargaba de hacer las cosas más largas y complicadas de lo que eran.

Para ser sincero, si Atem pudiera, adelantaría el tiempo con tal de evitar tanto suspenso en torno a su vida.

"Al día siguiente, tras confirmar la muerte de Shadi, estábamos decidiendo qué hacer con Bakura... Y Mana fue la primera en sugerir que lo mejor era que Bakura se quedara."

Antes de darse cuenta, Atem ya estaba corriendo de vuelta a las tiendas en busca de su mejor amiga.

Estaba confundido. Muy confundido, pero sobretodo preocupado.

Mana... Ella realmente se estaba guardando más cosas de las que su honesta naturaleza se lo permitía, era normal que hubiese estallado de pronto por algo tan trivial como ignorar lo sucedido hacía seis años.

Pero... ¿En verdad era trivial?

Atem sabía que el amor por su padre le estaba nublando el juicio, estaba siendo parcial frente a todo lo que había escuchado, se le hacía difícil de creer.

Sin embargo, tampoco podía ignorarlo. Tenía que escuchar toda la historia de Mana, eso era un hecho tan innegable como el hermoso cielo celeste que tenían sobre sus cabezas.

La buscó a los alrededores. Preguntó a Andreus y a Doris, incluso a los demás viajeros que a penas y había visto.

Y su búsqueda terminó cuando llegó a su tienda casi al anochecer.

Mana estaba apoyada en uno de los delgados postes que sostenían la tela. Miraba havia el suelo y no parecía tan enérgica como siempre, pero en cuanto él llegó frente a ella.

"¡Príncipe!" Mana lo rodeó con sus brazos.

Fue un acto tan sorpresivo qur casi pierde el equilibrio, sin embargo su cuerpo ya se había vuelto a acostumbrar a su presencia entre sus brazos.

"Mana, yo lo siento, no debí—..." él comenzó.

No debió juzgarla. Si ella odiaba a su padre, tendría sus razones y su deber, como amigo, era escucharla. Había fallado y quería recompensarlo.

Todas esas palabras estaban listas para salir de su boca, pero Mana lo interrumpió tapando su boca con dos dedos.

Ella le sonrió.

"No. Yo hablé de más," dijo y retrocedió a una considerable distancia. "¿Sabes? Es como antes. A veces las palabras se me escapan y nadie puede remediarlo. Si alguien hablara mal de una persona a la que amo como tú, o Mahad, hubiese reaccionado mucho peor... No puedo estar tranquila con acusaciones que no compruebe por mi misma."

Atem la miró y eligió cuidadosamente sus siguientes palabras.

"¿Acusaciones como las que hizo Bakura?" quiso saber.

Mana bajó la mirada lentamente y Atem tuvo el impuslo de retractarse, de pedirle que lo olvide, pero no lo hizo.

"Así que ya has escuchado esa parte de la historia," comentó.

Atem asintió y se acercó lo suficiente para ponerle las manos en los hombros.

"Mana, he escuchado muchas partes de la historia hoy, pero no lograré comprender sin tener la parte principal," dijo. "¿Me ayudarías a entender todo esta vez?"

Ella le sonrió y asintió.

Era una sonrisa muy distinta a la que Atem recordaba. Era una sonrisa que no quería ver.

Sin embargo no lo mencionó.

"Estoy dispuesta a ayudarte," contestó. Hasta el momento, ninguno se había percatado de las curiosas miradas que los demás viajeros les daban. "¿Por dónde quieres comenzar?"

Atem lo pensó. Quizás lo más sencillo sería desde el principip, duh..., desde lo que pasó en Kul Elna, o lo del ataque al palacio hace seis años, pero si había algo que quería saber antes que todo lo demás, eso sería...

"Entonces... ¿Qué tal empezar en por qué ahora parece que odias a mi padre, Mana?"

Ella volvió a sonreír de la forma en la que Atem odiaba. Quizás Mana quería aligerar las cosas, pero solo hacía que su corazón se encogiera entre sentimientos dolorosos.

"«¿Por qué?» preguntas..." la sonrisa desapareció, pero Atem no se sentía mejor. "Quizás porque el que yo haya estado aquí estos seis años y que ustedes no hayan podido venir por mí... Es todo su culpa."

Con eso, Atem oyó lo que más miedo tenía de oír.


"Aw... ¿Crees que se estén reconciliando?" preguntó Anzu a Doris con un plato de comida entre las manos.

"Eso espero, querida. Ahora deben estar haciendo las pases y posiblemente planeando volver a Egipto. Él la hará su reina y confrontarán cualquier obstáculo..."

Andreus soltó una risotada mienteas secaba una copa de vidrio con una tela.

"¡Qué soñadora, mi querida Doris!" exclamó. "Él será Faraón, ¿lo olvidas? No hay nada ni nadie que se pueda oponer a él."

Anzu hizo un mohín al igual que Doris, pero no se inmiscuyó en la discusión marido-mujer que comenzó. En su lugar, su atención se dirigió al chico sentado junto a ella. A pesar de haber hecho lo mejor para Atem y Mana, de alguna forma parecía preocupado.

"¿Estás bien, Yūgi?" quiso saber llamando su atención mientras le ponía una mano en el hombro. "No me digas que te has dado cuenta de que tienes sentimientos por Mana y ahora estás afligido por ayudar a su amado."

Yūgi frunció el ceño por la ocurrencia de la bailarina y solo negó con la cabeza divertido.

"No, no es eso," contestó.

"¿Entonces?" Anzu insitió mirándolo con sus grandes y hermosos ojos azul-grisáceos.

Yūgi tragó saliva y miró hacia la pareja que seguía sumida en su discusión.

"De alguna forma, esto se siente como la calma antes de la tormenta, ¿no?..."

"¿Eh?" Anzu parpadeó. "¿A qué te refieres?"

Con la seriedad de su voz logró que Yūgi la mirara y que la pareja griega terminara su conversación.

De pronto, Yūgi se encontró inconsciente de todas las miradas sobre él cuando preguntó:

"¿Alguno de ustedes ha visto a Bakura?"