Capitulo 10
¿Qué sabía acerca de Asami? Nada, casi nada, pero quería saberlo todo. Todo acerca de ella. Su cumpleaños, sus gustos, su color favorito, su tipo de música, lo que la molestaba, sus sueños, sus temores, sus defectos y virtudes.
Así que… ¿por qué no hacer un reconocimiento de su rutina? Pero cuidado, ella no la iba a espiar, solo iba a analizar su rutina para obtener información.
No fue fácil hallarla, cuando llegó al sector fuego ella ya no estaba allí pero logró averiguar su siguiente movimiento con una dulce profesora de allí gracias a sus asombrosas habilidades de espionaje, digo, de obtención de información. Asami se dirigía al sector agua. Entre las personas del sector agua resaltó como el sol en el cielo, no fue difícil ver su silueta única y sus elegantes gestos. Asami era fascinante sin siquiera proponérselo, Korra quedó admirada. Estaba tan sumida en sus pensamientos, tanto que chocó con una pequeña niña, solo un leve roce bastó para que cayera sentada.
Ambas se miraron serias por un momento cuando la niña estalló en llanto.
No, Asami no puede saber que estoy aquí. Debo hacer algo.
―Nononononononononono ―negaba con sus manos apresuradamente.
Pero la niña gritaba aun más fuerte.
―No llores, no llores.
Pensaba en cómo hacer para que la niña no llorara más, pero la gente la miraba extrañada y solo se ponía más nerviosa.
―¿Y tu padres? ¿Te lastimaste? ¿Te duele algo?
La niña, que vestía un hermoso vestido rosa, su cabello que era negro y sus ojos ámbar, le recordó en parte a la chica que estaba siguiendo.
―Mi mamá me perdió―dijo aun sollozando.
―¿No habrá sido al revés?
Su pregunta lo único que hizo fue reavivar el llanto. Y la niña que seguía aun sentada en el suelo llamaba más la atención.
―No llores, hallaremos a tu mama. Ven conmigo―le tendió una mano.
―Mi mamá me dijo que no hablara con extraños.
―Mi nombre es Korra ¿Cuál es el tuyo?
―Ámbar.
―Ves, ya nos conocemos ¿vendrás conmigo?
―Pues ahora que nos conocemos no creo que haiga algún problema― dijo secándose las lágrimas.
Vaya que fue rápido.Korra la ayudó a levantarse, le sacudió un poco su ropita llena de polvo y le pidió que describiera a su madre. Así que rápidamente halló a una mujer de cabello castaño, delgada y de lentes con un pañuelo con lunares, que le agradeció mucho el haberle devuelto a su distraída niña. Habiendo cumplido con su deber se dio cuenta de que había perdido de vista a la ingeniero.
―De vuelta al principio― suspiró.
¿Dónde se había metido su amiga? ¿Dónde? Buscó con la mirada por todo el sector pero la silueta de la Ingeniero fue imposible de visualizar.
Sintió algo lamber su pierna y casi se desmalla del susto. Ella nunca se asustaba, solo la habían tomado desprevenida. Cuando recobró la compostura miró aquello que la había asustado. Era un pequeño cachorro azul. Lo tomó en sus brazos, y cuando lo hizo escuchó un chillido por parte de él.
―¿Estas herido amiguito? Déjame ver.
Y de hecho así era, su patita estaba sangrado un poco.
―No te preocupes, te sanaré― dijo y el pequeño meneó su colita.
Korra le sonrió. Se acercó a la fuente de agua que estaba allí cerca y con sus poderes tomó un poco. Envolviendo su mano con ella utilizó sus poderes curativos y en un abrir y cerrar de ojos la herida había desaparecido.
―Ya esta amiguito.
El cachorro le ladró en señal de agradecimiento y saltó de sus brazos. Korra intentó llamarlo pero había desaparecido. Había ido en busca de su amo.
Después de eso trató de encontrar a la CEO pero le fue imposible. Pasó toda la tarde buscándola y ni rastro, era como si nunca existió, ya era tarde así que se rindió. Volvió a su dormitorio caminado lentamente observando todo a su alrededor. Al llegar introdujo la llave, estaba todo oscuro y no había señal de Asami. Entró, tomó unas cosas y fue a darse un baño. Volvió y todo estaba normal, demasiado normal. Se sentía una fracasada, no había averiguado nada, nada acerca de ella. Ni su cumpleaños sabía. Dejó sus cosas sobre un sillón, entró a la recamara y se dejó caer sobre su cama. Aunque se sentía mal, estaba tan feliz. Asami era su mejor amiga. Le transmitía una sensación de calidez y cariño que no había sentido de parte de nadie, claro que estaba la excepción de su familia. Adoraba sentirse así y solo ella le brindaba esa sensación. El teléfono sonó. Estaba sobre una meza de noche así que solo tuvo que estirar su brazo.
―Hola― atendió.
―Hola Korra― saludó alegre Asami.
―¡Asami! ¿Dónde has estado?
―No te preocupes ―dijo cálida―, ya estoy saliendo para allí. Llevo unos ingredientes que seguro te fascinaran para la cena de esta noche.
Asami era siempre tan atenta con ella.
―No debiste, gracias―se sentó en la cama.
―En un momento estaré contigo.
―Esta bien.
Colgaron. Korra volvió a ponerse cómoda hasta que la ingeniero llegara. Y nuevamente ella surcó su mente. ¿Existía alguien mejor que ella? Era inteligente, dulce, bonita, fuerte y audaz ¿Cómo seguía soltera? Rió sola. Las cosa que pensaba acerca de su amiga. Las agujas del reloj avanzaban veloces al igual que la inquietud en Korra. Hacía más de 20 minutos que Asami le había dicho que ya estaba en camino ¿habría tenido algún inconveniente? De seguro solo era un retraso. Se puso de pie y dio una vuelta por la habitación. Asami era súper ordenada, todos sus libros y papeles se encontraban organizados alfabéticamente, su ropa estaba doblada y guardada y siempre sabía dónde estaba cada cosa, mientras que ella… bueno ella tenía suerte si encontraba el par de otra media. Algo llamó su atención, sobre la cama de Asami había un pequeño papel. No era su intención agarrar y leer algo ajeno, pero la tentación le ganó.
Una horrible sensación invadió todo su estomago, su corazón empezó a latir desenfrenadamente, sus músculos se tensaron y sus ojos abrieron a no más poder.
"Mi querida Avatar, veo que te has adaptado bastante bien a tu nueva vida ¿no crees que deberías ser un poco más responsable? ¿Sabes qué? No te preocupes por eso, yo personalmente me encargare de todo. Y creo que comenzaré por tu querida amiga. Después de todo serán dos pájaros de un tiro.
Con mucho cariño, tu buen amigo Amon."
―No…―dio un paso atrás sin poder creerlo― ¡Asami!
Debía llegar con ella lo más antes posible, no se perdonaría nunca si algo le pasara. Era toda su culpa. Por ser un niñita miedosa que huye de sus deberes. Pero en ese momento no importaba nada, no importaba si descubrían si era el avatar, si la lastimaban o secuestraban, pero debía llegar junto a Asami antes de que algo malo sucediera. No le importó en lo absoluto saltar desde la ventana y usar su aire control para amortiguar su caída. Era momento de dejar de huir de quien en realidad era. Ella era el avatar y nada cambiaría eso. Era su deber traer el equilibrio al mundo, desde el día en que nació. Su camino empezaba aquí y ahora. Cuando sus pies tocaron el suelo comenzó a utilizar su tierra control para hallarla. Las vibraciones le indicaron donde estaba, y lo que vio no era nada bueno. Y sin más se dirigió hasta ella. Ocho hombres la habían acorralado y la atacarían en cualquier momento. Asami los derrotaría a los ocho, incluso aunque tuviera una mano atada a su espalda y los ojos cerrados. Pero un dolor en su pecho no la dejaba tranquila, sin importar que iría hasta ella, y hasta que no estuviera a su lado y aquellos ocho a sus pies inconscientes no podría dejar de preocuparse. Cada segundo en que tardaba en llegar era un clavo en su frente. Hasta que a una cuadra de distancia logró divisar aquella escena. Asami luchaba a diestra y siniestra contra todos a la vez. Era increíble con la destreza, flexibilidad y coordinación con la que lograba moverse. Ni un cabello estaba fuera de lugar, no tenía ni un solo rasguño. Incluso podía apostar a que ni una gota de sudor aparecería sobre su frente. Tomó fuerza y de una vez se impulsó dando un gran salto hasta llegar donde Asami. Ambas quedaron de espaldas a la pared con los atacantes de frente.
―¡Korra!― dijo sorprendida.
Korra estaba furiosa, les haría pagar con creses. Tomando grandes masas de agua de unos tanques al costado del taller de Asami creó algo similar a un pulpo consigo dentro junto a Asami, para protegerla.
―Ponte detrás de mí― ordenó sería.
No había momento para bromas, o errores. Asami nunca la había visto de aquella manera, esa no era la Korra que conocía.
Con gran habilidad Korra manejaba los tentáculos a la perfección. Congelando un logró golpear directo a unos de los atacantes dejándolo noqueado al instante. Solo restaban siete. A dos, los tomó por los pies y dándolos contra el suelo terminaron como el primero. Parecía imposible que atravesaran aquella barrera.
―¡Korra, Cuidado!― gritó Asami separándola del agua abruptamente.
Uno de ellos, al parecer su jefe, había sacado de detrás de su espalda dos barras eléctricas. Casi la electrocuta queriendo introducir una de esas barras dentro de unos de los tentáculos. Vestían unos trajes especiales verdes, todos llevaban mascaras anti gases, también traían consigo armamento como granadas de gas. De pie quedaban siete contra ellas dos.
―¡Que esperan!― gritó llena de cólera.
Los incitó a atacar y ellos no esperaron una segunda. Korra observó atenta, al primero que atacó fue a aquel que se dirigía a la ingeniera. Este no esperaba un ataque de su izquierda, recibiendo un puñetazo de lleno en el rosto dio a parar contra el tronco de un árbol quedando fuera de combate. Ya eran solo cuatro.
El jefe hizo una señal, distrayendo el resto fue por sus compañeros. Aquel que luchaba contra Korra era un experto y en un descuido logró dar con un puno débil en la defensa de Korra y con un leve golpe debajo de su brazo logró inmovilizarlo. Korra no sentía su brazo y mucho menos podía moverlo. El hombre sonrió.
―¿Qué me hiciste?― cuestionó tosca.
―Inhabilite tus canales de chi, impidiéndote utilizar tu control o siquiera mover tu brazo.
―Maldito― masculló.
Asami apareció enfrente a Korra haciéndole frente a aquel hombre.
―Yo seré tu contrincante― interfirió Asami.
―Será un honor joven Sato.
En realidad hablaba en serio, antes de que llegase el avatar había sido imposible para los ocho juntos siquiera rozarla. ¡Era todo un acto increíble! Esa chica era todo un reto.
―Jefe― le llamó uno.
―Es una lástima, pero nuestra batalla se tendrá que posponer― dijo retirándose.
―¿Y tú crees que te dejare ir así como así?
Pero fue acallada por una granada de humo que en cuestión de segundos cubrió toda aquella parte.
―Maldición― espetó impotente.
Cuando el humo por fin se disipó ya ni rastro de ellos había.
Se sentía tan impotente, la furia dentro de ella aun no desaparecía. ¿Cómo se atrevían a atacar a la ingeniero? ¿Cómo se les ocurría siquiera? Sus puños crujían de tan fuerte que apretaba.
Asami tomó en sus manos sus puños. La obligó a girar y a mirarla a los ojos. Cosa que sorprendió a Korra.
―Korra… ―dijo en un tono que le fue difícil describir, era como una mezcla entre tristeza y dulzura, agridulce.
Ella no dijo nada, solo fijo su mirada en sus ojos color esmeralda.
―No quiero volver a verte de esa manera― rogó en un susurro.
La ingeniero la abrazó fuerte. Ver a Korra tan fría, tan llena de furia fue muy doloroso. Trajo a ella recuerdos que no quería revivir. Sentimientos que no quería volver a tener. Pero lo más importante no quería que Korra fuera envuelta por malos sentimientos como las de hacía solo un momento. Y si ella era la causante entonces tendría que… bueno preferiría no ser la causante.
Korra devolvió aquel abrazo aun más fuerte, aferrándose a ella. Ella estaba a salvo, estaba a su lado. No quería volver a sentir nunca más la desesperación que sintió. Era horrible sentir tanta impotencia y miedo a la vez. En aquel abrazo tan cargado de sentimientos, que duró unos minutos, demostraron el afecto que tenían la una por la otra.
Estaban tan cansadas, solo se cambiarían y sería momento de dormir. Korra comenzó a descalzarse mientras que Asami a quitarse el pantalón. Demaciadas emociones por un día. Pero por accidente Korra no pudo evitar mirar las esbeltas piernas blanquecinas de su compañera, seguidos de sus brazos y parte de su espalda, que había quedado descubierta cuando comenzaba a sacarse la chaqueta. De pronto sus ojos se fijaron en sus pantis rojas.
El rojo le queda tan bien.
Estaba tan concentrada que se había quedado estática. Hasta que recuperó su cordura.
Por lo espíritus Korra ¿En qué piensas? ¿Tan rápido te recuperaste de lo sucedido?
Se regañó. Asami terminó de cambiarse y se acostó cubriéndose con las mantas. Era tanto el cansancio.
―Korra ¿estás bien? Tu cara esta algo roja.
Eso solo logró ponerla aun más nerviosa.
―S-si, solo un poco cansada.
Continuó con lo suyo, ya descalza comenzó a sacarse su pantalón de cargo. Ahora era el momento de Asami. Korra poseía una figura esbelta y tonificada digna de una Diosa. Forjados por entrenamientos y luchas sus músculos, marcados de una manera delicada y sensual, hechizarían a cualquiera. Las blancas mejillas de la ingeniero se tornaron rápidamente de un color carmesí. Tratando de evitar que la joven no lo notara, se giró al lado opuesto.
―Apagare las luces ¿sí?― preguntó Korra.
―Claro.
La oscuridad cubrió la habitación en cuestión de segundos. Ambas estaban separadas por una distancia de un metro. Sus ojos estaban clavados en el techo pero sus mentes estaban completamente sumergidas en otra cosa. Ninguna era capaz de hundirse en el sueño así que no quedaba de otra más de que pensar. Korra se preguntaba por qué en el momento en que temió fue tanta la desesperación que sintió de solo pensar en que le sucediera algo a esa persona que se encontraba ahora a su lado. Y que como hubiera reaccionado si así fuera… no quería ni imaginar esa posibilidad.
Asami pensó en como se había sentido con respecto a Korra todo este tiempo, en cómo se sintió cuando llegó a su rescate. Y porque verla tan furiosa y enojada le hizo doler tanto el pecho.
Y luego de pensarlo mucho y reflexionar ambas llegaron hasta una misma pregunta.
―Podría ser que…¿me gusta Korra?
―Podría ser que…¿me gusta Asami?
Ella no podía haberse enamorado de una chica. Nunca había sido muy femenina o se había fijado en chicos, pero eso no podía estar bien. ¿Estaba mal que se haya enamorado de una chica? Pero ¿cómo podía saber si realmente estaba enamorada o si solo era amor fraternal? Asami era una chica muy bella y amable. Ciertamente tenía su encanto ¿pero era suficiente como para que hasta ella callera en él?
Mientras Korra aun seguía disputándose en su mente la ingeniero pasaba por algo similar.
Se sentía extraña. Nunca antes por su mente había cruzado la idea de enamorarse de una chica. Pero desde que Korra había llegado a su vida sus días habían deja de ser comunes. Ahora se encontraba allí, indecisa por saber que era lo que realmente sentía. Korra, no sabía cómo describirla pero definitivamente era alguien apresurada, amable y volátil, bastante en contraste con su personalidad. Pero eso no iba al caso. EL amor es algo extraño, que sucede repentinamente sin poder decidir a quién amar. Solo sucede y no puedes evitarlo. ¿Era seguro de que veía a Korra mas allá que de una manera fraternal? Y de ser así ¿Cómo diablos podría ser correspondido? Korra jamás le correspondería, nadie lo haría de estar en su lugar, siendo una chica. ¿Era incorrecto estar sintiendo aquellos sentimientos?
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