¡Zetsubou-shita! Síp, ya quería escribir esta parte así que... aquí les va.


-¡Merry Christmas!
La banda, ya establecida mejor en una manshon en Tokyo, estaba acostumbrada a las extrañas visitas diarias que les hacían. Pero en definitiva no estaban esperando ver un día al novio del bajista, aunque no sería extraño, siendo que era japonés.
-¿Trajiste el árbol?- preguntó Arthur.
-No sabe lo difícil que es conseguir uno aquí, pero sí.
Gilbert los miró, extrañado, pero en cuanto vió que abrían las enormes maletas con las que habían llegado, descubrió varios adornos: François traía una estrella muy decorada y brillante, Antonio traía grandes esferas rojas que parecían jitomates, Alfred simplemente tenía rato haciendo palomitas de maíz para hacer una guirnalda. Elizabeta también cooperó con varios adornos que había metido de contrabando en el departamento para que el vocalista no se diera cuenta.
-¿Porqué guardaron todo en secreto?
-No lo guardamos en secreto, mon ami- dijo François. Y haciendo remembranza, en efecto: Todos habían entrado con sus respectivos aportes a la navidad casi con un letrero en neón que decía "Aquí traigo los adornos pero NO LOS MIRES".
-Bueno ¿Entonces empezamos a adornar, supongo?
Elizabeta sacó una caja pequeña de zapatos de donde sacó varias piezas pequeñas que representaban a María, José, el niño Jesús, los tres reyes magos, un ángel, un pastor, un buey y un burro. Todos y sobre todo el japonés le miraron extrañados mientras acomodaba todo en una ventana. Se limitó a sonreírles.
-Cuando fuí a México encontré estas piezas. Les dicen "Belenes" y representan la adoración al recién nacido.- les explicó.
-¡Mira que curioso, Arth, las figuras se parecen a nosotros!- señaló Alfred.
-Tú eres el burro- respondió de modo cortante el cejotas a su hermano.
-¡Buey, entonces!
-¡Nosotros el Bad Friends trío somos los tres reyes magos, kesesesese!- señaló Gilbert.
-Y mira que sí parece- añadió Antonio.
-¡Ve~, Lud es el pastor y yo el ángel!
-¿Entonces Elizabeta...?- se atrevió a señalar el rubio mas serio y todos miraron interrogantes a la muchacha. Esta agitó sus manos como espantando sus temores.
-No, no es lo que piensan. Yo no...
-Ah bueno.- suspiraron de alivio, mucho más el albino.

Pasados los juegos de navidad, las cenas aderezadas con historias sobre esa fecha y luego de haber despedido a dos o tres invitados inoportunos (entre ellos el tsundere gemelo de Feliciano), solo quedaban en la sala los dos viejos amigos, riéndose al recordar algunos viejos tiempos. Pero no pasó mucho cuando ella se levantó y fue hacia una pequeña cajita rectangular que había bajo el árbol.
-Boldog Karácsonyt, Gilbert.- y le entregó la caja.- Aunque no es mío, propiamente, es de Roderich.
-Y hablando de él ¿Porqué no vino?
-Es temporada de conciertos en Viena. Me hubiera gustado que estuviera aquí- suspiró y cerró los ojos, pensando en él- Pero bueno ¡Ábrelo!
Con impaciencia el chico rompió la envoltura y se encontró con un sobre. Se decepcionó al encontrar una envoltura así para una carta que aparentemente tenía mucho de escrito. Y lo mas extraño: no tenía la caligrafía preciosista que le conocía al refinado profesor. Miró a su vieja amiga.
-¿Si no es de Roderich, de quién es?
-¿Recuerdas la mujer que a veces vigilaba afuera de la mansión? Bueno, Roderich la conoció y ella te manda la carta- aclaró la voz- Es tu madre.
Ahora curioso rompió el sobre y de él cayó una cruz de hierro, la contempló y luego tomó la carta, que eran tres pliegos.
-A mi hijo, Gilbert- leyó.

"... Sé que no piensas en mí mas que como la mujer que te abandonó a tu suerte ante una puerta que podía abrirse para acogerte o permanecer cerrada y mandarte a un orfanato. Fue la decisión mas difícil de mi vida, no podía mantenerte realmente. No quería que corrieras la misma vida que me ví obligada a llevar.
Pude ser como muchas más y decirte adiós para siempre esa noche. Pude haberte borrado de la vida misma si hubiera pensado o te hubiera querido menos. No quise, pero sabía que tú no eras para mí, así como tampoco lo fue el hombre con que te dí la vida. Sin embargo te esperé.
¿Crees que no pensé en solicitar tu custodia alguna vez? Sí, pero seguro me odiarías por haberte hecho de lado, por mas que supieras la verdad. Te ví crecer con esa niña y ví como caiste y tropezaste varias veces. Te fuí a ver cuando representaste esa obra de teatro en la escuela. No puedo decir que te conozca, pero tienes el mismo brillo inquieto que tenía a tu edad. El mismo carácter. [...]

Hace unos meses que ya no puedo trabajar, estoy muy enferma, y estoy aquí, en el hospital. Entonces llegó ese joven profesor a visitar a una tía suya según me dijo. Le pregunté donde daba clases y me sorprendí al ver qué tan cerca estaba de tí. Me habló un poco de que eras inquieto y rebelde, algo indisciplinado ¿Porqué no me sorprende?. Aunque parecía mas inquieto por tu hermana -si le puedo decir así-. Así que decidí darle esta carta para tí, aunque me dijo que no me prometía nada porque tú lo esquivas, lamento si por esa razón el correo te llega tarde. Además que estaba próximo a un viaje.

Por favor, si ya no te vuelvo a ver, no me olvides, eres hijo de un clan orgulloso, si quieres saberlo. Tu abuelo ganó la cruz de hierro en la Gran Guerra y me la dió a mí al morir. Ahora esa es mi única herencia para tí y un último consejo: si quieres algo con toda tu alma, lucha por ello y jamás calles una verdad oportuna. ¡Veme! ¡A tus 17 años estoy confesando!

-...Con amor, tu madre, Hilda Weillschmint.- terminó de leer y miró a Elizabeta- Hasta que el señorito podrido hace algo bueno para mi grandiosa vida.
Un silencio pesado, casi insoportable, acompañado por las luces centellantes del árbol de navidad.
-¿Como que recién hace algo bueno?- captó Elizabeta. Gilbert le tomó la mano y observó en sus ojos. Siempre tan inocente.
-No voy a callar mas, Elizabeta. Hace 3 años no lo dije por orgullo, porque era demasiado inmaduro para verlo. Y sé que ahora no es mas sencillo, somos famosos, tú estás comprometida y eso, pero creo que podrás vivir sabiéndolo.
-Gilbert...
-Yo iba muy enojado el día en que te declaraste al Profesor Eldenstein porque Fran recién me había explicado todo. Porqué me sentía tan extraño cuando te veía con él, porqué a veces me preocupaba por tí demasiado. No era un buen hermano mayor ¿Sabes?- suspiró- El tiempo no ha cambiado mucho las cosas, no puedo protegerte del peor enemigo que tienes.
-Tú. ¿Porqué?
-Porque si no puedes vivir con esto, tal vez te aparte del hombre que te hará felíz. Y viviré con la culpa, no es algo que al grandioso yo le afecte mas allá del hecho de que yo... Yo ese día iba a decirte...- su cara se enrojecía más conforme avanzaba y Elizabeta lo escuchaba casi con temor de descubrir la verdad que ambos se habían negado.- Yo te amo, Elizabeta.
Le soltó las manos y se levantó del sillón. Se veía tan bonita con la mirada confundida que tenía en ese momento. Sonrió apenas.
-Felíz navidad.- susurró Gilbert y se fue, dejándola sola con sus pensamientos.
-¡Espera!- le dijo y en el acto él paró. ¿Le respondería algo?.
La chica le entregó una caja café con árboles pintados con crayolas a un estilo bastante infantil. Gilbert la abrió, no era propiamente una respuesta.
-Este es mi regalo, tal vez no es lo que esperabas luego de lo que dijiste.
Tomó el pequeño regalo.
-Gilbird II. Gracias- se abrazaron un instante.
-Y no te preocupes por mí. Puedo vivir con eso. Lo que me preocupa es si tú vas a poder vivir.
-Cuando me paro a contemplar mi estado y a ver los pasos por dó me ha traído, hallo, según por do anduve perdido, que a mayor mal pudiera haber llegado- recitó.


¡Y lo que todo el mundo estaba esperando!

Las ya tradicionales notas.

1- Escogí Hilda porque en el foro en el que roleo como Elizabeta hicimos evento genderbender y pues Gil se tuvo que poner "Hilda" como nombre (no sé si sea el nombre oficial de la Nyotalia).
2- El verso es el soneto III de Garcilaso de la Vega.
3- Ya sé que ya pasó la navidad, pero igual ^^U, no me pude apurar a escribir mientras era temporada. En recompensa, en San Valentín escribiré uno de San Valentín.
Comentarios o Gilbird II se vuelve sopa...