Rose se levantó a la mañana siguiente con el pelo castaño todo revuelto, el corazón latiéndole a mil por hora después de haber tenido un sueño horrible.
Estaba con Marcus, en su clase. Había estado con él hasta medianoche, cerca ya de la una, preparando la poción para el olvido; al parecer el chico se había olvidado "casualmente" de enseñarle el truco para acelerar la cocción. Hablaron de muchas cosas, Marcus jamás hablaba con nadie, y el haber tenido esta especie de intimidad extraescolar con Rose le permitió descargarse. Ella aun ahora, luego de haber despertado, sentía el calor de sus brazos envolviéndola, porque "su ropa estaba mojada y se iba a enfermar".
Lo cierto es que Rose no había podido evitar apoyar su cabeza en sus hombros, y él no había podido evitar estrecharla más contra su costado, rodeando su cintura. Y ambos no habían podido dejar de disfrutar esas cinco horas prohibidas mientras se cocinaba la poción.
Al terminar, Rose se alejó mientras Marcus ordenaba los ingredientes que habían quedado desparramados, pero él la detuvo, bromeando al decir:
-Toma, con dos gotas de esto Scorpius olvidará que has estado conmigo esta noche… por si lo necesitas.
Ella no contestó, pues en su mente comenzaba a pesarle el hecho de haber estado engañando en cierto sentido a su novio, pero Marcus, de todas maneras, la llamó y le dijo:
-Feliz Navidad, Rose.
Aquello no tenía nada de malo, claro; era un simple saludo común en esa época, que se reparte tanto a familiares y amigos como a completos desconocidos, pero en el sueño de Rose, este pequeño saludo final se confundió con un apasionado beso, que de tan real que parecía, la hizo despertar tan sobresaltada como si de verdad lo hubiera vivido.
Todo esto lo recordaba mientras tomaba sus cosas y se ponía una bata encima para darse un baño; eran cerca de las seis de la mañana ese domingo, y nadie estaría afuera de la cama hasta las nueve que comenzaran a servir el desayuno.
Al meterse en el agua caliente llena de burbujas, con todo ese espacio para ella, recordó lo que le había dicho Scorpius la tarde anterior y la dulzura del beso con el que había respondido que sí a la propuesta de Malfoy, pero el recuerdo de la última escena de su sueño arruinaba, desdibujaba la escena real, que parecía lejana, vieja y opaca.
"Rose, quiero que esto sea en serio. Ya sabes, para siempre. Y yo sé que todo esto es muy rápido y que quizás no estás lista pero quiero saber que estás de acuerdo en pasar el resto de nuestra vida juntos."
Trató de olvidar toda la noche que había pasado con Marcus Stan, trató de borrar el sentimiento que le provocaba estar prendida de su olor, de su sonrisa (aunque rara), del invencible poder de su mirada de oro, todo esto mientras contenía la respiración, y se dio cuenta de que no podía, de que no iba a poder, porque los sentimientos como aquel eran inevitables. Nadie elegía de quién se enamoraba.
"Pero eso no significa que no pueda controlarlo" se dijo ella mientras tomaba una bocanada de aire lleno de vapor.
Al salir del baño de prefectos (ella era prefecto, por cierto), con el pelo mojado y la piel aun sonrosada por el calor del agua, fue convenciéndose con cada paso que debía estar donde ella sabía que pertenecía, el lado de Scorpius, porque era muy consciente de que tenía una misión y era la de unir dos familias que llevaban dos o quizás tres generaciones enemistadas, y que con su sacrificio y un poco de buena suerte, la comunidad mágica de Inglaterra dejaría por fin de lado las denominaciones de "descendiente de Mortífago" y "sangre pura" que todavía, después de más de dos décadas, perduraba.
Alguien la levantó del suelo por la cintura y la hizo girar aun teniendo su pijama, su bata y el resto de sus cosas mojadas en la mano. Temió por un segundo que fuera Marcus, pero reconoció el pelo rubio y se perdió en los ojos grises y resplandecientes de Scorpius, y se animó a dejar salir su nerviosismo en una risita casi histérica.
-Buenos días, princesa. ¿Tampoco puedes dormir? Uff, parece que ambos tenemos miedo de lo que puede pasar esta Navidad en tu casa, ¿no? En fin, voy a darme un baño y nos veremos en un rato en el tren, ¿te parece?- y depositando un beso rápido en sus labios, desapareció alegre al doblar una esquina.
"Sí puedo, sí puedo olvidarme de esa noche con Marcus. ¿Sentiste eso Rose? Fue mucho más fuerte de lo que te hizo sentir ese… ese chico del que nadie sabe nada. Olvídalo"
Así se repetía Rose en todo momento, en todo lugar, hasta que, en los brazos de Scorpius, lo olvidó por completo.
Pero descartar a Marcus Stan de su mente permanentemente estaba muy lejos de ser así de fácil…
