Capítulo 10: Yo, no soy él...

Kaoru paseó su mirada por el cuerpo de Kenshin para darse cuenta de que, efectivamente, el codo no era lo único que tenía hinchado.

¡Dios santo! A esa mujer le encantaba torturarlo... o eso, o es que no se daba cuenta de lo sensual que se veía cuando lo miraba así...

Antes de darse cuenta, uno de sus dedos trazaba un camino desde el escote de Kaoru, subiendo despacio por su garganta hasta el mentón, causándole escalofríos a la pelinegra.

Kenshin no puedo evitar que un gemido surgiera de su garganta al comprobar el efecto que tenían sus manos sobre Kaoru... Temblores...

Su mano descendió por el cuello de Kaoru hasta su hombro derecho, rozando con el dedo a medida que estiraba el tirante de la camiseta hacia abajo para extender la palma ocupando así su hombro y parte de su clavícula.

Kaoru no sabía qué hacer, si gritar de gozo ante la sensación de la cálida mano de Kenshin sobre la sensible piel de su hombro, o si alejarse de él antes de volver a cometer otro error, del que estaba segura, no se arrepentiría después. Pero aunque no se arrepintiera, era un error ¿no? Antes de poder terminar de paladear la sensación de esa mano trazando círculos sobre su hombro, se sintió libre de su toque, mientras una desagradable sensación de vacío se instalaba en ella al darse cuenta de que Kenshin se había alejado de ella, y no solo físicamente.

La mirada de Kenshin en ese momento estaba cargada de un deseo voraz y arrollador que le robaba el aliento, pero las tensas facciones de su cara mostraban ira, y Kaoru no estaba segura si iba dirigida hacia ella, o hacia el mismo.

No tuvo demasiado tiempo para analizarlo, ya que las duras emociones que demostraba el rostro de Kenshin habían caído como un manto para dejar paso a una mirada cariñosa y una sonrisa plagada de hoyuelos. No lo comprendía. Nunca había visto a nadie como él. Era muy difícil saber lo que pensaba y sinceramente no sabía si el enterarse de sus pensamientos le gustaría o le asustaría. Iba a necesitar mucho tiempo y paciencia para llegar a comprenderlo y estaba segura de que él no se lo pondría nada fácil. Por otra parte dudaba de que Kenshin se quedara le tiempo suficiente a su lado para que ella pudiera llegar a conocerlo.

Kenshin sabía que la había asustado, y esa no había sido su intención. Por alguna razón que no llegaba a comprender, el hecho de que Kaoru le temiera le causaba punzadas en el pecho. Sabía que estaba empezando a albergar sensaciones con esa mujer que no se atrevía a analizar. "Té estas enamorando".Se negaba a creerlo... Tenía que ser otra cosa. Él hacía mucho tiempo que había cerrado su corazón al amor. Amor y Kenshin eran caras opuestas y no podían caminar juntos. ¡Y punto!

-Ayúdame con este codo y me comportaré.

Kaoru carraspeó y acercó el paquete de gel helado al brazo de Kenshin. Este dio un respingo al notar el frío sobre su piel.

-¿Te duele? Es un buen golpe. Deberías ir a que te lo miraran.

Kenshin negó con la cabeza. Podía sentir que la preocupación de Kaoru era genuina y eso no hacía más que echar leña al fuego.

Pasados diez minutos en los que ninguno de los dos se había movido ni había dicho nada, Koaru retiró el paquete del brazo de Kenshin y lo echó a una bolsa que había traído anteriormente. Tomó su brazo delicadamente con ambas manos para hacer que lo flexionara. Cogió la pomada antinfalamtoria que había dejado junto a la bolsa y empezó a esparcirla en círculos, bajo la atenta mirada del pelirrojo que no perdía detalle de sus movimientos.

Kenshin sentía ganas de gritar de frustración. Quería terminar esa tortura de una vez... Quería coger a Kaoru, tumbarla y hacerle el amor durante todo lo que restaba de tarde y de noche. Pero no debía...

"Tengo que largarme de aquí..."

Kaoru terminó de esparcir la pomada y como si le hubiera leído el pensamiento, su cara se tornó triste. -Te marchas ya¿cierto?

Kenshin estaba petrificado, no esperaba esa reacción por parte de Kaoru. Él había estado pensando que tenía que marcharse, pero... ¿lo habría dicho en voz alta? Miró a Kaoru como intentando excusarse y esta le levantó la mano diciéndole con eso que no tenía importancia.

-Kaoru...

Por primera vez desde que Kenshin había pisado su casa, lo miró directamente a los ojos... Sin titubear.

-No pasa nada Kenshin. Te has quedado más de lo que pensaba. Si tengo que serte sincera, no esperaba volverte a ver.

Kenshin no sabía qué era lo que pasaba por la cabeza de la abogada en esos momentos, pero por su semblante le daba la sensación de que no era nada bueno.

-Kaoru que...

Kaoru había tapado instintivamente la boca del pelirrojo. No quería oírlo... No quería estúpidas excusas del porque se tenía que marchar.

–No digas nada. Sé que lo pasamos muy bien anoche, y tal... y cual. No me metas excusas. No somos nada; no tenemos ninguna clase de relación, tú eres libre y yo también. Puedes marcharte cuando quieras sin tener que excusarte, Kenshin.

Kenshin intentó hablar de nuevo, pero otra vez Kaoru lo interrumpió, esta vez de camino a la cocina para tirar el paquete de hielo. –Que tengas una bonita vida Kenshin, a lo mejor nos vemos por la comisaría.

Tras ese breve comentario, que para Kenshin no tenía fundamento alguno, Kaoru se perdió tras el umbral de la puerta de la cocina.

Se apoyó en la encimera esperando oír el sonido de la puerta tras la salida de Kenshin. Pero no escuchó nada... Completo silencio... Dejando la bolsa de hielo en la fregadera para que terminara de descongelarse, salió al salón solo para ver al pelirrojo sentado en su sofá, rodeado de cojines, la mar de cómodo, sin su camisa y mirándola fijamente.

-¿Quién te abandonó, Kaoru?

La pregunta había sido directa y Kaoru se preguntó si a parte de policía era psicólogo. No estaba muy segura de sí debía responderle, pero no perdía nada con hacerlo. Quizá si ella se abría a él, él lo hiciera con ella... Si se quedaba el suficiente tiempo con ella, claro.

Caminó hasta el sofá y se dejó caer al lado de Kenshin, cogiendo uno de los cojines de los que el pelirrojo se había apoderado y abrazándolo antes de inclinarse hacia adelante. –Hace tiempo, estuve saliendo con un chico...

Kenshin asintió animándola a seguir, aunque sabía que no podía verlo, puesto que él estaba estirado hacia atrás.

-Se llamaba Enishi. Me gustaba mucho, y llevábamos un par de meses juntos. Yo no quería que intimáramos tan pronto, quería esperar hasta ver si era el hombre adecuado, pero...

-El te convenció. – Terminó Kenshin por ella.

Kaoru asintió. –Me dijo que éramos la pareja ideal, y así lo creí yo, que ni cuenta me daba que no sabía nada de él a parte de su número de teléfono y su nombre. La noche que estuvimos juntos, no fue como yo me imaginaba. Fue cruel y...

Las palabras de Kaoru estaban haciendo que la ira de Kenshin creciera hasta niveles peligrosos. Con la mandíbula apretada y la mirada completamente dorada se obligó a formular la pregunta que tanto pánico le daba pronunciar. Si ese cabrón le había hecho algo en contra de su voluntad, lo encontraría y lo mataría...

-¿Te forzó?

Kaoru negó con la cabeza, y el alivió que sintió en su cuerpo hizo que no pudiera evitar que un estremecimiento lo recorriera de arriba abajo, seguido de una punzada de celos, la cual no comprendía a que venía.

-Se burló de mi. A la mañana siguiente, cuando desperté, no estaba. Lo llame pero¿tu recibiste respuesta?... Pues yo tampoco.

Kenshin alargó la mano hasta la mejilla de Kaoru y le acarició con las yemas de los dedos. No le gustaba que ella pensara que él era como ese tal Enishi, pero... ¿era acaso diferente? Sí, se dijo. El no quería abandonarla, quería quedarse con ella. Al instante en que ese pensamiento se instaló en su cabeza, supo que estaba totalmente perdido.

Kaoru abrazaba el cojín reclinada hacía adelante en el sofá y Kenshin no pudo evitar que su mirada recorriera su espalda, y su mano bajara de su mejilla hasta un mechón de pelo que le rozaba el cuello. El deseo se extendió por sus venas y le provocó un estremecimiento.

En otra ocasión hubiera luchado con uñas y dientes contra ese deseo, pero no en ese momento, no con esa mujer...

Kaoru sintió como las manos de Kenshin rozaban sus hombros delicadamente, y seguidamente, notó su cálido aliento en su nuca, ascendiendo hacía el oído.

-Yo no soy Enishi, Kaoru... -. Susurró.

La certeza de que eso era cierto, junto con las delicadas caricias que le proporcionaba a sus hombros y el aliento sobre el cuello y el oído, hicieron a Kaoru emitir un suspiro, que para Kenshin resultaba más arrollador que si hubiera gritado a pleno pulmón.

Kaoru notó como la respiración de Kenshin se tornaba más pesada y sus manos acariciaban delicadamente los hombros, la garganta y el escote, sin llegar a sus senos.

No tenía ni idea del porque el pelirrojo había cambiado de opinión, ya que estaba segura de que su intención había sido largarse, pero podía notar que algo había cambiado en él. Sus caricias anteriores habían sido tiernas, pero siempre en parte opacadas por la urgencia de tomarlo todo, y hacerlo rápido.

En ese momento era distinto. Se entretenía y deslizaba las manos por su piel con delicadeza y parsimonia, con movimientos lentos y pausados.

Kenshin subió su mano hasta la mandíbula de Kaoru, girándole delicadamente la cabeza y apegándose más a su espalda para besarla de forma posesiva y desenfrenada, algo que contrarrestaba por completo con la delicada manera en que Kenshin le retiraba el tirante de la camiseta y se la bajaba un poco para cubrir su pecho tiernamente con su mano.

El control que demostraba el pelirrojo en sus acciones dejó a Kaoru estupefacta. Se apoyó hacia atrás, sobre el pecho de Kenshin, notando como sus músculos se tensaban y se relajaban a su alrededor.

Como le gustaba sentirse entre los brazos de ese hombre. Sentir su respiración y su toque sobre la piel.

Kenshin se fue retirando poco a poco de su espalda para colocarse a su lado de nuevo y empujarla un poco para estirarla en el sofá a medida que la giraba para que quedara boca arriba.

Pasó una de sus piernas por su costado para quedar él entre medias posando un brazo sobre el respaldo del sofá y el otro al lado de la cabeza de la pelinegra mientras la contemplaba como si fuera un tesoro.

Kaoru no pudo evitar subir su mano para rozar con ella el dorado y musculoso pecho de Kenshin y bajar hacia su abdomen. El pelirrojo encogía el estómago con cada roce de su mano mientras le dedicaba una sonrisa tierna y seductora.

-Kaoru...

CONTINUARÁ

AGRADECIMIENTOS A:

Lica: La mesa de la cocina es un buen lugar pero yo siempre tengo ideas más alocadas. El balcón, la lavadora, el hueco de la escalera del bloque jajaja

Guest: No se quién eres jajaja pero gracias. Me gusta que te guste.

karito: Kenshin es muy listillo si jaja

Pajaritoazul: Pues que sigan los colores subiendo!