Al gorrioncillo.

Hawkeye

X.

-Gracias por venir, Nat.

-Es un lugar muy inusual para que me cites, Clint. Estoy... acostumbrada a otro tipo de lugares cuando tú estás de por medio.

-No comiences, por favor... es solo que necesito tu ayuda con algo.

Aun era temprano, por lo que el centro comercial en el que se encontraron aun estaba parcialmente vacío, puesto que los usuales visitantes estaban aun en clase, para la fortuna de ambos. Natasha, envuelta en un saco beige y pantalón de mezclilla oscura, se retiró los lentes de sol que llevaba para observar mejor a su compañero, amigo y a veces amante, que también llevaba la azulada mirada cubierta por los lentes lilas que a veces se colocaba... notando que no la miraba fijamente, como en otras ocasiones.

-¿Mi ayuda? -Se extrañó, pero hablaba con un ligero tono de sarcasmo. -Bueno, creí que ya no ocupabas "ayuda" con la chiquilla que te cargas como llavero a tu lado.

-¿Son celos lo que detecto en su voz, señora Rogers?

-No digas tonterías, Clint. -Pero se miraba levemente disgustada.

-Está bien. -Contestó él, frustrado, dirigiéndole la mirada finalmente. -Si no quieres ayudarme llamaré a alguien más, o no sé, me arriesgaré a quedar realmente mal...

-Habla y dime qué quieres.

-Bien. -Suspiró, intentando tranquilizarse, y se encontró incómodo. -Es por Kate.

-La chiquilla.

-Sí, Kate. -Repitió, paciente.

-Clinton, en serio, te meterás en graves problemas si alguien descubre que te estás acostando con una menor de edad...

-¡No me estoy acostando con ella, Nat! -Pero se había sonrojado con levedad. -Esto es en serio, ella es mi reemplazo y... quiero hacer esto bien, ¿de acuerdo?

Ella se quedó perpleja, y dibujó media sonrisa. El arquero, por primera vez en su vida, estaba tomándose algo en serio al plantearse tal idea... finalmente estaba madurando el hombre, cosa que a ella le provocó una irresistible atracción hacia él.

-Bien, ¿qué es lo que quieres hacer por ella en un centro comercial?

-Kate es algo... huraña. -Comenzó, cruzándose de brazos, sintiéndose un tanto más relajado a pesar de la mirada de la pelirroja, una que ya ubicaba, pero que en esos momentos estaba lejos de excitarle. -No le interesa lo trivial, y algunas cosas importantes ella las toma como triviales. ¿Sabes? Hace poco supe que había sido el primer lugar en excelencia académica en su escuela, tiene un promedio que supera con creces al resto.

-Suena como toda una niña prodigio.

-Sí, pero su carácter es un asco.

-Me imagino que por eso ustedes congenian tan bien.

-Muy graciosa. Mañana es el baile de fin de curso de la escuela, y, ¿adivina qué? Vivian me ha dicho que no tiene pensado asistir al evento.

-¿Vivian?

-Es la nana de Katie, ella la cuidó desde que era una bebé. He estado conversando con ella en mi intento por comprenderla mejor.

-¿Le preguntaste la razón?

-Textualmente, "ella solo iría con una persona al baile, pero como esa persona jamás la invitará, no irá". O algo así.

-Y, ¿qué hacemos aquí?

-Le he comprado un obsequio, pero es algo muy propio de mí, y quisiera darle algo más... propio para una chica de su edad. Y sabes que soy realmente malo para obsequiar cosas a las chicas.

-¿Qué edad tiene?

-Dieciséis.

-Así que estás haciéndola de padre de la chica. -Negó suavemente con la cabeza, sonriendo, como si le fuese imposible creer aquello. -¿Tenías pensado en algo?

-No sé, tal vez un vestido...

-Eres un pervertido, Clinton.

-¡Tasha!

Rió sin poder controlarse. De pronto a la pelirroja le pareció que Clint estaba tratando de ser una especie de padre para aquella chica más que intentar ligársela (lo creía un mujeriego pero no un pederasta), compensando tal vez el hecho de que Bárbara no lo dejaba acercarse demasiado a Francis, asustada de lo poco responsable que era. Ella misma pensaba que Clint era el mar de la irresponsabilidad, pero ahora se estaba comportando como un adulto de su edad. Todo gracias a esa chiquilla, Kate, que lo había conmovido de una manera que jamás antes había visto.

-Sí, puede ser que tenga celos. -Susurró para sí.

-¿Eh?

-Vamos entonces, te ayudaré a escoger algo apropiado para una chica como ella.

-Gracias, Nat.

-Será algo especial que hará voltear a todos los hombres. -Dijo con tono juguetón.

-¡No! -Se molestó de repente. -Es una niña, Natasha.

-Estoy bromeando, Clint. Vamos.

Ambos comenzaron aquél paseo por el centro comercial, entre bromas usuales y relajadas muy cotidianas de ellos.

-.-.-.-.-.-

Kate estaba de mal humor; en la escuela había sido un día bastante liviano debido al susodicho baile de fin de curso se aproximaba, situación que le fastidiaba bastante. Tras haber pasado todas esas fiestas elegantes en casa donde estaba cordialmente obligada a ir, había terminado por aborrecerlas debido a la hipocresía y falsedad de la gente que asistía, y en la escuela sería exactamente lo mismo. Además, no le interesaban los muchachos que la habían invitado y que había bateado sin el más mínimo sentimiento, o agún otro hombre sobre la faz del planeta, pues...

-Anciano. -Dijo al abrir la puerta del departamento con su llave, notando oscuridad. -Espero estés vestido, no quiero toparme con cosas desagradables...

Tras unos segundos de silencio encendió la luz, notando que todo estaba casi intacto de como lo había dejado el día anterior, exceptuando la pijama que estaba colgada desaliñada sobre el sofá. Eran las once de la mañana, y se asustó auténticamente... ¿el viejo se había levantado tan temprano? ¿Qué cosa en este mundo pudo hacer que él madrugara? ¿Se estaba incendiando Shield? ¿La torre Stark? ¿El mundo estaba a punto de ser destruido por una civilización alienígena hambrienta de cerebros humanos?

-¿Por qué el Capitán Rogers no me informó de esto? -Dijo, aterrada con sus locas ideas paranoicas. -Tal vez no han querido causar pánico...

Convencida de que pronto comenzarían las explosiones, los gritos y la destrucción desproporcionada, se acercó al vitral donde se encontraban su arco junto al de su maestro, esa beldad estética y negra, pensando en alistarse lo más rápido posible en caso de una contingencia cercana al domicilio; la puerta se abrió en ese momento, dejando ver al rubio arquero entrar con cierta cantidad de cajas blancas entre las manos, provocando que la mano de la chica chocara contra el vidrio en una reacción defensiva.

-Kate. -Saludó Clint, pasando a toda velocidad a su habitación para dejar las cajas, pero notando que la chica había golpeado el vitral. -¿Qué haces?

-¿No nos están atacando? -Cuestionó ella, mientras se frotaba el nudillo de la mano con la que dio el golpe.

-¿De dónde sacaste esa idea? -Salió de la habitación caminando en reversa, mirando a la chica con atención.

-Madrugaste, anciano.

Rió bastante al escuchar eso.

-No, Katie-Kate. Salí un momento con Nat.

-Oh, claro. -De repente fue como si una enorme densidad oscura cayera sobre la chica. -También estaba esa opción.

Clint se dejó caer sentado en el sofá, mirando a la chica; ella se había quedado silenciosa, sombría, mirando la vitrina como si hubiese un peligroso criminal encerrado dentro.

-¿Estas molesta, gorrioncillo?

-Hasta la coronilla, ha sido un día pésimo para mí.

-¿Puedo preguntar la razón?

-No, claro que no. -Le miró con enfado, haciéndolo preocuparse por su integridad. La verdad era que la idea de que él había salido con Natasha le había irritado hasta doler el estómago. -Creo que volveré a casa hoy, o terminaré insultándote.

-No, no, espera. -Se levantó del sofá de forma precipitada, tomándola del brazo... y recibió una mirada de confusión que lo dejó sintiéndose como un estúpido. -Quiero darte algo antes de que te marches una semana.

-¿Qué? No me iré una semana. -Se sonrojó levemente.

-Una vez al mes vuelas de aquí hecha una furia y no vuelves hasta dentro de una semana, ya sin maldecir tanto mi existencia. Tengo calendario y he estado con bastantes mujeres como para saber qué es lo que pasa...

De repente, el mundo de Kate comenzó a perder color y forma, haciéndola sentir sumamente abrumada y avergonzada con aquello; el anciano sabía mejor que ella su calendario femenino. Deseó que la tierra se la hubiese tragado en ese momento. Su cuerpo estaba a punto de colapsar sin más. Se limitó a dejarse caer sentada como una muñeca de trapo sobre el sofá donde su rubio maestro estaba sentado hacía un momento, entre mezclas de calor y frío que la hacían sudar. Notó que él se había ido a la habitación nuevamente con bastante ánimo a diferencia de ella.

-Clint. -Gimió de repente, sintiendo náuseas.

-No tienes por qué sentirte avergonzada con eso. -Salió de la habitación con un maletín negro en las manos, de tamaño mediano, y se arrodilló frente a ella, colocándoselo en el regazo. -Mejor olvida esta conversación y ábrelo.

Se quedó en silencio unos momentos, observando el maletín que le había colocado en frente; negro, lustroso, como donde los agentes de Shield guardan sus equipamientos importantes. De pronto, aquél mal humor se había desvanecido como una estela de humo.

-¿Qué es esto? –Cuestionó en un susurro.

-Es un regalo para ti, bello gorrioncillo.

-¿Q-qué? ¿Por qué? –Cuestionó ella, intensamente sonrojada. Esa sonrisa misteriosa que llevaba su maestro en los labios le había parecido sumamente encantadora.

-Bueno, supe por allí que tuviste el primer lugar en promedio de toda la escuela.

-¿Qué? ¿Quién te…?

-¿Lo abrirás? –Le interrumpió casi de forma infantil. –Me he puesto muy ansioso por que lo veas.

Suspiró, volcando sus sospechas en nana Vivi, comprendiendo que tal vez ella era con la que Clint estuvo conversando por teléfono todo ese tiempo; quitó con calma los broches del maletín, costándole un poco de trabajo al inicio… quedándose petrificada con el contenido: sobre suave espuma negra se encontraba un arco plegado, casi idéntico al que su maestro usaba y que tanto admiraba. Era completamente negro a excepción de ciertos detalles en púrpura, brillante y evidentemente hecho a su medida.

-Clint. –Susurró apenas. Percibió que los ojos se le habían humedecido, y las mejillas ardían levemente.

-No es gran cosa, lo sé. Sin embargo, te será de más…

Sus palabras se cortaron de forma abrupta, pues la chica, sin previo aviso, se había arrojado hacia él y le había rodeado con los esbeltos brazos por su cuello con efusividad, dejando la sien apoyada suavemente en su mejilla; notó su aliento agitado sobre el cuello, su corazón acelerado sobre el propio pecho, y humedad sobre su mejilla.

-Hey. –Susurró, sintiéndose bruscamente nervioso.

-Gracias. –Había murmurado ella, aferrándolo firmemente. –Lo hiciste… pensando en mí… Clint…

Se relajó un poco. Ella era esa clase de chica que podía tenerlo todo, pero nada de lo que ella tenía era pensado para ella; lo comprendió de inmediato, llenándolo de una extraña nostalgia… aunque también, en cierta forma, se alegró de ser tan importante para ella, su bello gorrioncillo. La abrazó suavemente, conteniéndola consigo unos instantes, dejando ambas manos posadas sobre su esbelta espalda, tan solo percibiendo con gusto ese momento.

-Sé que mañana será el baile de fin de curso. –Susurró levemente, sin atreverse a soltarla.

-No iré. –Sentenció con firmeza.

-¿Y si yo te invitara?

Sintió que el cuerpo de la chica se había sobresaltado de repente. Lo había sospechado.

-N-No seas absurdo.

-Le dijiste a nana que el único hombre con el que irías jamás te invitaría.

-¿Has estado hablando con nana? –Se separó solo un poco de él para mirarle con cierto susto, quedando arrodillada sobre el alfombrado suelo.

-Un poco. –Tensó los labios, debiendo usar su mano izquierda para sostenerse del suelo y no caer hacia atrás… ¿estaba siendo un engreído al creer que ella le había dicho eso por él? –Entonces, ¿qué dices?

-¿D-de qué?

-De que yo te lleve a ese baile… ¿o es que no quieres ir caminando al lado de un anciano mientras tus compañeros te miran?

-¡No! Es decir. –Tomó aire, sintiéndose sumamente avergonzada. –No tenía pensado ir… y no tengo qué ponerme…

-No tienes por qué preocuparte por eso, el viejo ya ha pensado en ello; si no te agrada podemos ir a cambiarlo.

-N-no, claro que no. Si eso… lo has escogido pensando en mi… me lo pondré.

-¿Es un sí, entonces?

Ella había tensando los labios, avergonzada. Clint sonrió, sintiéndose auténticamente maravillado con ella; Kate tenía todo aquello que pudiese gustarle de una mujer, y, por unos instantes, se permitió pensar que tal vez había atravesado el umbral del cariño por algo más. ¿Era así como se sentía el amor incondicional? El afecto que ella le obsequiaba, muy a su manera, estaba completamente libre de la malicia que vivía normalmente en las relaciones que había tenido.

Pero ella era una niña de dieciséis años, y él pronto cumpliría treinta y siete. Estaba mal, por donde lo mirara.

Se sumió en densos pensamientos mientras ella se recuperaba de la impresión, intentando comprender el complejo sentimiento que comenzaba a nacer en él, y a invadirlo sin permiso.

-.-.-.-.-.-

Yuy.