Capítulo 9¿Dónde estás?
Un hombre acababa de llegar al lugar del aviso. Este hombre, vestido con una gabardina marrón y sombrero a juego, se impresionó con lo que vio.
- ¡Inspector Megure! – Se oyó desde detrás del cordón policial.
- ¡Señor Mouri¿Qué hace aquí? – Inquirió el inspector. – "Siempre a donde va hay un asesinato…"
El detective se acercó a él y se paró a su lado. – Mi hija me llamó. Esto es claramente un asesinato.
Un chico de tez morena se acercó a los dos hombres. - ¡No¿En serio¡No lo había pensado! Yo pensé que estaba durmiendo… Ya iba a despertarla y todo… - Dijo sarcástico Heiji.
- Heiji, tranquilízate… - Dijo Kazuha tranquilamente acercándose a él.
- ¿Qué me tranquilice? – El chico estaba que echaba chispas. – Éste no tiene ni pajorera idea de cómo resolver un crimen. ¿Por qué le has llamado, Ran¡Él no puede hacer nada aquí! – La chica retrocedió hasta donde estaban sus amigas algo cohibida. Nunca había visto a su amigo así.
- Déjate de tonterías Hattori… Así no ayudas nada. – Dijo molesto el inspector. – Takagi¿quién es la víctima?
Un detective que estaba agachado junto al cuerpo, observándola, se levantó y pasó unas cuantas páginas de su pequeña libreta. – La víctima es Machiko Fumiwara, veintitrés años, ejercía de trabajadora social. Desaparecida desde hace dos noches. La última persona que la vio con vida fue su prometido, quien denunció su desaparición.
- ¡Machiko! – Un grito desesperado se escuchó en la lejanía. Un hombre joven, de unos veinticinco años, intentaba soltarse del agarre de dos policías que intentaban retenerle. - ¡Por favor¡Déjenme verla¡Machiko! – Tenía los ojos rojos de tanto intentar retener las lágrimas, que amenazaban con caer al ver a su prometida tendida sin vida en medio del callejón.
- Imagino que era el prometido… - Dijo tristemente Megure.
- Así es… - Afirmó Takagi. – Él es Shu Takabashi, veinticinco años. Llevaban prometidos desde hace dos días, justo desde el día de la desaparición.
- Entiendo… Inspector, será mejor que se le aleje de aquí. – Aconsejó Kogoro. – No es conveniente que la vea así por más tiempo. Es demasiado traumático.
- Tiene razón… Agentes, llévense al señor Takabashi a tomar un poco el aire.
- ¡Sí inspector! – Y los mismos que estaban agarrando al chico se lo llevaron lejos del cuerpo de su amada.
- Un momento… - Dijo Heiji agachado ante el cuerpo.
- ¡Eh¡Aléjate de ahí¡Puedes borrar las pruebas! – Gritó Kogoro.
Heiji, como si escuchara llover, siguió con lo suyo. - ¿Ésta no es la chica que salió en las noticias? "Kudo dijo que la había visto antes… es demasiada casualidad" – Pensó.
- Es cierto… - Afirmó Kogoro. – Pero… no sé… parece diferente… en cómo va maquillada y peinada… y luego este traje…
- ¿No son los vestidos de los griegos clásicos? – Preguntó Paula. Al principio se había impresionado bastante, pero al tranquilizarse se acercó a ver lo que comentaban los detectives.
Ran se acercó al escuchar lo que dijo la rubia. - ¡Es verdad! Lo dimos esta mañana en Mitología. Se llaman togas¿no?
- ¡Ya sé cómo lo hicieron! – Saltó Kogoro.
- ¿Cómo vas a saberlo si ni siquiera has observado de cerca el cadáver? – Le criticó Heiji.
- ¡Heiji¡Deja al detective Mouri! Que él es detective más experto que tú. – Se le encaró su amiga de la infancia. Al detective se le escapó una sonrisa sarcástica. – "si tú supieras que él en su vida ha resuelto un caso… no dirías lo mismo."
- Verá inspector. La víctima vino por aquí para atajar, pero un desconocido, seguramente el asesino, la siguió, la arrinconó y la mató. Le sacó el corazón y le cambió de ropa para luego abandonarla aquí.
- Es comprensible, pero… ¿no hubiese sido más seguro llevársela y matarla en otro lugar? Cualquiera podía haberlo visto si pasaba por aquí. ¿Y cómo es que no se ha encontrado el cuerpo hasta ahora? – Cuestionó Takagi.
- Pues porque casi nadie pasa por aquí, serán dos o tres pelagatos. – Dijo seguro de sí mismo el detective, como si hubiese desvelado la verdad del mundo.
- ¡Qué estupidez! – Le contrarió Hattori. - ¡Fíjese en las pruebas por lo menos una vez en su vida! – Le dijo casi tirándose encima del detective.
- Cálmate Hattori… - Intentó tranquilizarlo Megure. – A ver tu teoría.
El joven moreno se tranquilizó. – He de admitir que el señor Mouri tiene razón…
- Entonces¿por qué te alteraste tanto? – Dijo Megure cayéndosele la gotita.
- ¡Ja! Lo dije. ¡Es que soy el mejor! – Dijo Kogoro haciendo el símbolo de la victoria y riéndose solo como él sabe.
- He dicho… - Continuó Heiji ya saliéndosele la vena. – Que el señor Mouri tiene razón sólo hasta que la arrinconó en el callejón. Pero no la mataron aquí.
- ¿Y en qué te basas? – Preguntó Paula, que estaba escuchando toda la conversación.
- ¿Ves alguna mancha de sangre? – Todos negaron. – La sedaron y se la llevaron a otro lugar donde la mataron. Mirad ese pequeño pinchazo en el cuello.
- ¡Es verdad! Aquí está. – Señaló Takagi un punto en el cuello.
- La cambiaron de ropa y la mataron, se puede apreciar este hecho por las manchas de sangre en la ropa. Si la hubiesen matado y luego cambiado de ropa, no estaría tan manchada la toga.
- Ridículo. – Se quejó Kogoro. - ¿Y cómo explicas que el cuerpo esté aquí, si la mataron en otro lugar? – Preguntó irónico el detective privado.
La faz del joven detective se ensombreció de repente. – Pues…
- La devolvieron al lugar de donde la secuestraron. – Se escuchó una voz de niño detrás de ellos.
Todos miraron al lugar de donde provenía la voz. Allí se encontraban Conan y…
- ¡Kudo! – Exclamó sorprendido Megure. Takagi se quedó con la boca abierta y los ojos de Kogoro casi se salieron de sus órbitas. - ¿Qué haces aquí¿Cuándo has vuelto?
El chico que estaba al lado del niño esbozó una sonrisa triste, parecía que estaba a punto de llorar. – Lo siento inspector, pero yo no soy el detective… Me llamo Kaito Kuroba.
Las chicas se acercaron a él al ver lo mal que estaba. – Kaito… ¿Estás bien? – Preguntó Paula. El chico no hizo ningún movimiento, se quedó estático con la vista clavada en el suelo.
- ¡OH! Siento el malentendido. – Se intentó disculpar el inspector.
- No se preocupe, nos confunden a menudo… - Consiguió decir el ladrón.
- Conan… - El niño miró frente suya y se encontró en la cara preocupada de Ran, la cual se había agachado para estar a su altura. - ¿Dónde estabas¿Y cómo sabes que trajeron de nuevo el cuerpo aquí?
El niño se recriminó a sí mismo por no haber mantenido su boca cerrada. – "No si… calladito estoy mas mono…"
- Porque… - Comenzó a hablar Kaito. – Hemos visto a los que lo hicieron. Y se han llevado a Aoko. – Todos se quedaron estáticos al escuchar al joven. El ladrón seguía manteniendo la vista al suelo. Los flecos le tapaban los ojos llorosos. Sólo dos personas le vieron así, y sobre todo el niño se sentía culpable.
FLASH BACKS
Kaito, al escuchar el grito de su amiga, corrió hacia la dirección que ella había tomado. Conan corrió junto a él.
Cuando llegaron al lugar, lo que vieron les dejaron impactados.
Allí de pie había dos hombres vestidos de negro, y en el suelo había dos cuerpos tirados. Eran de mujer. Una iba vestida con un vestido muy raro de color rosa pálido, y la otra…
- Aoko… - Susurró el joven ladrón. - ¿Qué le habéis hecho¡Malditos! – Gritó.
Conan no se podía mover. Después de tanto tiempo buscándolos… allí estaban, ante sus narices. – Gin… - Susurró el pequeño.
- ¡Joder! No paran de venir entrometidos. – Dijo su acompañante. Les apuntó con una pistola.
- Espera Ron. – Dijo Gin agarrándole la pistola para que no apretase el gatillo. - ¿Qué tal, Kudo? Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos cara a cara, en un parque de atracciones. – Miró con ojos fríos al chico.
- "Se ha confundido, cree que Kuroba soy yo" – Pensó el pequeño. – "Entonces cree que Nakamori es Ran, por eso no la ha matado todavía"
- ¡Ah, no espera! Nos hemos visto más reciente. Espera que piense… - El rubio simuló que pensaba. El pequeño se extrañó. Las pocas veces que se había agrandado, se había cuidado de no haber sido visto. – Ya recuerdo, yo estaba en un tejado, y tú y tus amigos del FBI fastidiaron mis planes de matar al detective Mouri. - Al decir esto, el pequeño se quedó blanco. Cuando eso ocurrió, él era un niño. La mirada de Gin pasó del ladrón al detective. - ¿Verdad, Kudo?
Kaito, en cuanto el rubio apartó la vista de él, hizo ademán de sacar algo de su bolsillo trasero del pantalón.
- No te lo aconsejo Kuroba. ¿Creías que no te iba a reconocer vestido de paisano? Aunque no lleves tu traje de trabajo, sé perfectamente quién eres, joven ladrón. Ron, coge a la chica.
El acompañante cogió a la desmayada Aoko y la apuntó en la cabeza con la pistola. – Yo que ustedes no me movería. – La metió en los asientos traseros del coche y se puso de nuevo junto a su jefe.
- ¿A dónde os la lleváis? – Preguntó el pequeño.
- No te preocupes Kudo, tenemos órdenes de mantener a tu chica con vida. – Se metieron en el coche y se alejaron por las oscuras calles.
Los dos chicos corrieron tras ellos.
- ¡Kudo! Dame el rastreador. – El niño alucinó por lo que había dicho. - ¡Deprisa! Antes de que se alejen más.
El pequeño tomó sus gafas, aún corriendo, y cogió el rastreador. Se lo dio al mago y éste sacó una pistola y lo puso en la boquilla. Apuntó hacia el coche y disparó. De la pistola salió un As de picas y del impulso colocó el rastreador en el coche. - ¿Funcionó? – Preguntó el mago.
Conan accionó el mecanismo y apareció un punto moviéndose. – Sí. Pero se está alejando del radio de acción. Ahora no podemos hacer nada. Debemos volver con los demás.
- ¿Qué¡Ni hablar! Yo voy a buscarla.
- Sé como te sientes. Pero no le harán nada. Creen que es Ran.
- ¡Por eso! Cuando vean que ella no es Mouri la matarán.
El pequeño quería hablar, pero antes tenía que confirmar una cosa. – En una ocasión, el día que nos vimos la primera vez, me dijiste que un ladrón es un artista, que utiliza su imaginación para robar un trofeo. Pero los detectives…
- Los detectives solo ven el crimen y los denuncian. Los detectives son igual que críticos de arte. – Dijo embelesado el mago mirando hacia donde había desaparecido el coche.
- Yo soy un crítico de arte, Kid. – El ladrón miró al niño. – Y tú eres un artista. No estoy a favor en cooperar con gente que usa su imaginación para robar, pero por mi culpa han robado tu más preciado trofeo. Yo solo no podré con ellos, ni siquiera con la ayuda de Hattori. Así que… - El pequeño extendió la mano hacia el joven. - ¿Qué me dices?
El mago vaciló. - ¿Cuándo empezaste a sospechar de mí?
Conan esbozó una sonrisa. – Cuando me detuviste antes de pegarle con un balonazo al estúpido de Dennis. Sólo Hattori y Ran saben lo de mis zapatos y cinturón. Bueno y Kid también, por eso empecé a sospechar. Y cuando Gin te llamó ladrón, lo del rastreador y la pistola que tienes, ya mis sospechas se hicieron ciertas.
El ladrón sonrió. Vio la mano que el niño le tenía tendida y se la estrechó. – Vamos, tenemos que ir con los demás. – Empezaron a ir hacia el callejón, donde estaría todo el mundo. – Imagino que se lo dirás a tu amigo.
- No, no se lo diré a nadie. No te preocupes, si se entera, no será por mí. – Le consoló el niño con gafas.
- Gracias. – Le agradeció el mago. – "No te preocupes Aoko, te encontraré estés donde estés"
FLASH BACK ENDS
- Hattori. – Le llamó el niño. - ¿Puedes venir un momento?
El moreno se acercó a los dos chicos. - ¿Qué queréis?
- Dile a la policía que pongan vigilancia las veinticuatro horas a Mouri. – Dijo Kaito, ya algo recuperado.
- ¿Qué¿Por qué? – Preguntó la chica, que estaba detrás escuchándolo todo.
Los chicos, al ver que no se lo podían esconder, se lo contó Kaito al ver que el niño no podía hablar. – Porque el objetivo de esos tipos eras tú. Al parecerse Aoko y tú, se confundieron.
La chica no sabía qué decir. – Pero… pero… ¿Por qué?
- Son los tipos que está investigando Kudo¿Verdad? – Preguntó Heiji. Al ver que el niño le asintió sin poder mirar a otro lado que no era el suelo, se temió lo peor. – Me tendréis que contar lo que ha pasado más tarde. – Dijo en un susurro a los chicos. - ¡Inspector! El objetivo del secuestro era Ran, así que deben escoltarla en todo momento.
- ¿Qué¿Mi hija? – Se alteró el detective. - ¿Por qué tiene que ser ella a la que quieren secuestrar¡Explícamelo chico!
- Porque me confundieron con Kudo. – Dijo Kaito.
- Ya decía que ese chico era una mala influencia para ti hija. Si me hubieras hecho caso, no hubiera pasado esto. – Kogoro estaba que iba a explotar.
Ran estaba apoyada en la pared con la cabeza agachada. Kazuha y Paula estaban a su lado intentando animarla. Conan se sentía culpable por lo que había pasado. – "Mouri tiene razón, si no me hubiera conocido, esto nunca hubiera ocurrido y ella nunca hubiera estado en peligro"
- Sé lo que estás pensando. – Le dijo el detective de Osaka. – Y no tienes por qué atormentarte, si ella no te hubiera conocido, lo más seguro es que nunca hubiera conocido la felicidad.
- Pero le he hecho mucho daño.
- Puede que le hayas hecho daño al hacerte el desaparecido. – Dijo Kaito. – Pero seguramente hubiera sufrido más si hubiese sabido que tú sufres por ser un niño y tener que mentirle a todo el mundo.
El niño esbozó una leve sonrisa. – No creas, tengo la sensación de que sospecha de mí.
- ¿Otra vez? – Dijeron a la vez.
- Hoy en la cocina me ha dado la sensación de que quería decirme que lo sabía, pero algo la detuvo. – Miró hacia Ran, y vio que unas cuantas gotas caían hacia el suelo.
- Te prohíbo que vuelvas a ver a ese inepto de detective. – Dijo Kogoro fuera de sí.
- No. – Dijo la chica de Tokio.
- ¿Qué has dicho? – Inquirió el detective.
- ¿Estás sordo¡He dicho que no! No pienso hacer lo que me acabas de mandar. Si no hubiera sido por Shinichi, yo nunca hubiera sido feliz. Él me alegraba cuando estaba triste. Cuando mamá se fue de casa, fue él el que me ayudó a superarlo. – Cada vez se acercaba más a su padre hasta que quedaron frente a frente. – Ya no soy una niña pequeña que hace lo que le manda su padre. También haré todo lo que pueda por rescatar a Aoko.
- Pero por culpa de ese inepto está ocurriendo esto. Si no fuera por él, no tendrían que ponerte vigilancia… - Dijo algo cohibido su padre. Se sentía intimidado por la furia de su hija.
- ¡Él es mucho mejor detective que tú! – Gritó Ran. Todos se quedaron estáticos. Nunca habían vista tan enfadada a la chica. – Y aceptaré la escolta, si así puedo ayudar a Aoko y a Shinichi.
- Entonces… - Dijo Takagi. – Kudo anda desaparecido por esa banda criminal.
- Y parece que se ha acercado demasiado y quieren hacerle daño. Lo más seguro es que esté atrapado y quieren que hable. – Dijo la detective Sato, que había estado analizando la escena. - Como no han podido hacerle hablar, querían secuestrar a su mejor amiga para que lo hiciera.
- Pero se confundieron de persona. – Terminó Shiratori. – Espero que no se den cuenta, y que Kudo no les diga que ella no es Ran. No le conozco demasiado, pero es un chico listo y no dirá que ella no es su amiga.
- Estáis haciendo suposiciones precipitadas. – Dijo Heiji. - Que Kudo no de señales de vida no quiere decir que esté con esa organización.
- ¿Cómo sabes que es una organización y no una banda? – Preguntó Kazuha.
- Porque… - Miró al niño, éste asintió y continuó con la explicación. – Me ha hablado sobre ella y me ha dicho que tuviese cuidado con ella. Es una organización que visten siempre de negro, matan y hacen sobornos, y tienen nombres de bebidas alcohólicas.
- ¿Sólo sabe eso después de investigarles durante dos años? – Preguntó Megure.
- Es demasiado. Nunca tienen un escondite fijo. – Dijo Conan.
- ¿Cómo sabes tú eso, mocoso? – Preguntó Kogoro.
- Bueno… porque…
- Yo se lo he dicho al chaval. – Dijo el moreno para sacarle del apuro. – Como me pregunta siempre por casos, le he comentado el de Kudo.
Kazuha le pegó una colleja a su amigo. - ¡Eh¿Por qué me pegas?
La chica cogió en brazos al chico y se encaró al detective. - ¿Cómo se te ocurre comentarle casos¡Encima peligrosos! – Fue hacia Ran y le hizo coger al niño. Se viró otra vez. – Todo este tiempo sabías el caso de Kudo y no se lo has comentado ha nadie, ni siquiera a la policía.
- No podía decir nada. Se lo prometí a Kudo.
- Kudo también es otro¿qué se cree? Debería haber contado con la ayuda de la policía. Ahora todos estamos en este lío gracias a su idiotez.
- ¡Cállate papá! – Miró al niño y vio que éste tenía la mirada apagada. Se sentía culpable. – Si no ha dicho nada será porque sabía que era muy peligroso y no quería que estuviésemos en peligro.
- Ran tiene razón. A mí me costó sacarle información sobre su caso.
- Pero no tiene sentido. Es la primera vez que oigo sobre esta organización. – Dijo Megure.
- Porque trabajan a la sombra. Siempre que matan, es difícil encontrar el cadáver. – Dijo Heiji.
- Pues esta vez no se han esmerado. – Dijo Sato, mirando donde antes estaba el cuerpo de Machiko.
- Eso es porque tenían órdenes de que fuese fácil de encontrar. – Dijo Kaito. – Uno de ellos dijeron que tenían órdenes precisas de no matar a Ran, es decir, a Aoko.
- Bueno, esperemos que no se den cuenta de que se han equivocado. La buscaremos por toda la ciudad y alrededores. ¿Cómo eran los hombres, Conan? – El chico no respondió. – Conan.
- Uno era delgado, de melena larga, rubio y con sombrero y ropas negras. Y el otro era también delgado, con gafas. El rubio se llamaba Gin, y el de gafas Ron. – Dijo Kaito.
- Gracias. – Agradeció Takagi. – Les agradecería que mañana viniesen a la comisaría para tomar declaración.
Todos asintieron. Se fueron de la escena con dirección a la casa de Paula. Iban muy callados.
- Ran. – La llamó su padre. Ella le miró. – Siento lo que dije sobre Shinichi. – Ella bajó la mirada. – Pero sabiendo que puedes estar en peligro…
- No importa papá. Yo también me alteré al saber que Aoko está en esta situación por mi culpa. Pero no podemos echarle la culpa a Shinichi, él no sabía que iba a suceder esto.
- Tienes razón. Mañana a primera hora empezará tu escolta.
La chica asintió. No apartaba la vista del niño. Sabía que se sentía culpable por lo que estaba ocurriendo. No sabía que hacer. Rezaba por que Heiji le animase y le convenciese de que no era su culpa.
Los tres chicos iban delante del todo. - ¿Me queréis explicar por qué tú sabes lo de Kudo? – Preguntó el moreno.
- Mentimos a la policía. – Dijo Kaito.
- ¿Cómo que mintieron a la policía?
- No podíamos decirle la verdad.
- ¿Y cuál es la verdad?
- Gin me reconoció. – Habló por primera vez Conan desde que siguieron su camino.
Al moreno casi se le salieron los ojos de las órbitas. - ¿Cómo que te reconoció?
- No íbamos a decirle a la policía que Gin no me confundió con Kudo, sino que desde el principio sabía que el niño era el detective. Nos tomarían por locos.
- ¿Queréis decirme exactamente lo que ocurrió? – Dijo desesperado Heiji.
- Bueno, aquí vivo yo. – Dijo Paula. – Ya dije que era un paseo. – Su casa estaba en una urbanización muy rica. Su casa estaba detrás de unas verjas y un gran jardín.
- ¡Qué pasada! – Dijeron todos.
- ¿Queréis pasar?
- Otro día. Ya es muy tarde. – Dijo Kogoro. – Adiós.
- Adiós. – Se despidieron todos.
- Hasta mañana.
Cuando se alejaron. Vieron una casa enorme tras unas verjas con dibujos raros y un jardín con estatuas y una fuente enorme.
- Quien viva aquí, tiene que ser horrorosamente rico. – Dijo Heiji. – Como iba diciendo… ¿Qué pasó?
Conan empezó a contar con detalle lo que había ocurrido y la conversación con los hombres de negro. Claro está, no dijo la verdadera identidad del mago.
- Así que… le pusieron un localizador al coche. ¿Y cómo?
- El coche no se había alejado mucho, así que cogí una piedra y le puse el localizador. La lancé y se quedó pegada. – Dijo el niño.
- Una respuesta un tanto débil. Pero bueno. ¿Lo tienes encendido?
- No, se acabó la batería. ¡Mierda!
- ¿Qué pasa? – Preguntaron Ran y Kazuha que escucharon la maldición del niño.
- Le prometí al profesor Agasa que iría a probar un juego a su casa. ¿Puedo ir, hermana Ran?
- ¿Ahora? Es muy tarde para que un mocoso como tú vaya a jugar a los videojuegos. – Dijo Kogoro.
- Vale. Pero no quiero que vayas solo. – Dijo Ran.
- ¿Vas a dejarle ir? – Preguntó Kogoro sorprendido.
- Sí. Necesita distraerse un poco. Ha tenido demasiadas emociones fuertes hoy. Hattori¿podrías acompañarlo?
- Sí.
- Quiero que el hermano Kaito venga también. Así jugaremos los tres. – Dijo con una fingida sonrisa. – ¿A que también quieres jugar?
- Eh… claro.
- No vuelvan tarde. – Dijo Kazuha.
- Sí. – Los tres echaron a correr hacia la casa del profesor.
- Esos tres se parecen mucho¿verdad? – Dijo Kazuha a su amiga.
- Demasiado. – Afirmó su amiga.
Y los tres comenzaron a caminar hasta la agencia de detectives Mouri. Deseando despertarse de esa pesadilla. Lo que no sabían era que la pesadilla no acababa más que comenzar.
CONTINUARÁ…
