Capítulo 9

Catarsis

I parte

Me despierto notando que es fin de semana, que hay una calma por todo alrededor, el eco del piar de las aves me recordó que estaba solo en casa, que mi padre y la bruja se habían ido de paseo y la reencarnación de Hades estaba de niñera con los vecinos.

Tenía está enorme casa para mí solo, y por supuesto que iba aprovecharla —está noche follaré con alguna chica necesitada de buen sexo clandestino y que pueda seducir fácilmente en el bar—.

Era hora de liberar toda la tensión sexual que llevo oprimiendo desde hace un mes. Vuelvo mi mirada a mi muy desnudo cuerpo, y me quedo perplejo observando mi erección, suspiro en desespero, estoy harto de masturbarme, —no es lo mismo sentir tu propia mano en esa parte tan sensible de tu cuerpo—. Una mano grande y callosa, dista en demasía de la delicadeza de una mano más pequeña y tersa, de una boca húmeda y pequeña haciendo movimientos envolventes con su lengua, o la estrechez humedad y contracciones de una vagina bien trabajada y elástica.

Cómo caída del cielo, una llamada entró a mi móvil, con acostumbrada pereza, saqué uno de mis brazos detrás de mi cabeza, estirándolo hasta alcanzar el pequeño aparato vibrante sobre mi mesa de noche.

—¡Diga!

—¡Hola, cariño!, ¡Tiempo sin hablarnos!, ¿Me extrañaste?

—¿Qué quieres, mujer?

—¡Jodida mierda contigo, Nara!, demuestra una maldita vez en tu vida que tienes corazón.

—No estoy para dramas baratos que no te calzan.

—Al menos di—: ¡Hola!, mal educado.

—¡Hola!, ¿contenta?

—¡Viste! Nada te cuesta ser gentil. —¿Cómo has estado?

—¡Bien!

—¿Otra vez con monosílabos, Shikamaru?

—Deja de comportarte como una novia mandona, lo nuestro es una relación sin ataduras, no somos exclusivos.

—¡Porque yo lo quise así!, ¿Cierto, amigo mío?

«suspiré» la chica tras el auricular tenía razón, hubo un tiempo en que me desvivía por ella, era su monigote, siendo su paño de lágrimas, soportando verla derramar lágrimas por otros idiotas que lo único que querían de ella era lo que tenía entre sus piernas; me buscaba para regocijar su ego y yo como un tonto enamorado caía en su seducción, en esos labios maestros, en su carita inocente, en su manipulación y en ese cuerpo carente de curvas, pero endiabladamente magistral en las artes eróticas.

— ¿Te comieron la lengua los ratones? —acotó la mujer. —¡Di la verdad, Nara!, ¿Todavía sientes algo por mí?

—Si eso te ayuda a superar tu baja autoestima pues adelante… no tengo problema con ello.

—¿Admites que sí lo sigues?

—¡Mendokusai!, no estoy admitiendo nada. Te recuerdo que el día que te declaré mis sentimientos, te reíste de mí, me distes un beso en la boca, para luego montarte en el Audi TT de un niño bonito que conociste ese mismo día y te largaste a coger con él.

— ¡Yako!, dueño de una buena cuenta bancaria y un pene pequeño… ¡lindo auto!

—Pues ya que recordaste el nombre de tu examante número 780, porque no lo llamas y rememoran los viejos tiempo, y me dejas dormir tranquilo— hay personas que si nos gusta disfrutar del ocio los fines de semana.

—Según el huso horario, en Konoha son las 11:00 am

— ¿Y de cuanto acá la luz del día me es un impedimento para dormir?

—¡Kami, Nara! De veras que amaneciste de pocas pulgas.

—¡Demonios, mujer!, llevo todo un maldito mes sin acción.

—¿Con estar sin acción te refieras a…?

—¡SIN SEXO! —¡Sí, ya lo dije! —Así que no me jodas, o mantienes la boca cerrada y la abres exclusivamente para lo único bueno que sabes hacer con ella, o corta esta maldita llamada y déjame masturbarme tranquilo.

—«…» —¿Así que tienes treinta días sin tirar? —, ¡Estás perdiendo el toque, Nara!

—Si no quieres escuchar cómo me la jalo, cuelga de una buena vez, porque te aseguro que, o colaboras con la causa o te pringo la cara.

—Sexo telefónico… ¡Me gusta!

—¿Dónde estás?

—En mi trabajo

—¡Bien!

—¿Cómo crees que haga eso en media oficina?

—Como si nunca te hubiera cogido en ella o encima de la máquina de fotocopiado. — Sólo ponle doble cerrojo a la puerta por aquello de guardar las apariencias.

—De acuerdo sólo dame un minuto… ¡listo!

—Recuéstate sobre el escritorio

—Me encanta cuando te pones en plan dominante, Shika.

—¿Hiciste lo que te ordené o esperaremos la segunda llegada del salvador del mundo?

—¡Idiota!

—¡Lo tomaré como un sí! — Quiero que te toques pensando en lo mucho que deseo estar dentro tuyo.

—¡Dime que más quieres que haga, mi señor!

—¿Qué te estás tocando?

—¡Los pechos!

—¿Sobre tu blusa o te los desnudaste?

—¡Por encima!

—Cierra los ojos y déjate llevar… te estoy besando en la oreja, sacó mi lengua y trazo todo el borde de ella, ahora mordisqueo el lóbulo dando pequeños tirones, ¡tal y como te gusta!

—¡Ah!, sí me gusta mucho, Shika

—¡Para ti soy el Señor, Nara!

—¡Lo siento, señor Nara!, ¿Merezco un castigo?

—¡Oh, sí lo tendrás! —Ahora, lleva tus manos y vuelve a tocarte las tetas, suavemente, has círculos hasta que sientas tus pezones como un par de púas.

—¡Oh, Shika!

—¡Señor!

—¡Señor… sí, mí señor!

—¡Buena chica! —sigue rozándotelos, más fuerte, apriétatelos y enfócate en estimular nuevamente tus pezones.

Tras el auricular, los gemidos de mi amiga eran imparables, lo que me llevó a un frenesí hormonal, —ya de por sí estaba empalmado—, y con imaginarme a la chica haciéndose todo lo que le ordenaba, mi erección no daba más, por lo que aproveché mi desnudez, y mientras sostenía mi móvil con una mano, con la otra di placer cadenciosamente en esa área de mi anatomía que últimamente estaba tan abandonada y deseosa de mimo.

—¡Dime que más debo hacer amo y señor mío!

—Desabróchate muy lentamente cada uno de los botones de tu camisa.

—¡Como ordene, señor!

—Ábrela muy bien, sácalos pechos de las copas y tócalos, rodéalos con tu mano, amásalos y estira los pezones con tus dedos como si fuesen un par de perillas.

— ¡Ay, Shika!

—¿Cómo me dijiste?

—¡Mi señor! —¡He sido una niña mala!, ¡me he portado mal!

—¡Lo has sido! —, como castigo te pellizcarás hasta te duela cada pezón.

—¡Ah!

—Dirige tus manos a tu entre pierna… ¿llevas falda o pantalón?

—¡Falda!

—Súbetela hasta tu ombligo

—¡Sí mi amo!

—Rózate la entrepierna sobre tu braga. ¿Cómo te notas?

—¡Húmeda y excitada, señor Nara!

—¡Joder! —apuraba el movimiento de mi mano en mi polla, sino me regaba rápido me volvería loco.

—¿Es de su agrado que esté tan mojada, señor?

—Sabes que los hombres somos muy predecibles, y nos excitamos hasta con el aleteo de una mosca, imagínate lo que es para uno que es sexualmente muy activo, estar sin su elixir por treinta días… tortura igual ni un condenado a muerte merece.

—¡Pobre de mí amo! —¿Por qué no se toca usted mismo?

—¡A mí no me dé ordenes, jovencita! —¡Las reglas del juego las pongo yo!

—¡Perdone mi desobediencia!, pero no quiero imaginarme cuánto ha sufrido y yo no estoy cerca para poder consolarlo.

—¡Ya lo hace, señorita!, cada gemido que emana de su boca, me prende a mil y créame que me estoy masturbando en su honra.

—¿Quiere que lo ayude más?, sé que puedo solucionar su pena y así disfrutaríamos los dos.

—¡Ah sí!, ¿Cómo?

—¿Qué le gustaría que le hiciera?

—¡Por ahora que acate mis ordenes!

—¡Los seres humanos somos perceptivos a los estímulos, mi señor! —. ¿Dónde se encuentra el señor en este momento?

—¡En mi cama, desnudo!

—De sólo imaginármelo tan desolado y sin nada que lo cubra estuve por correrme.

—¡Su voz de gatita en celo es muy sensual, señorita! —Vuelva a tocar su pubis y acaricie con uno de sus dedos su hendidura. —¡Sé que está muy húmeda, y usted misma lo siente en su dígito! —¡Bájese las bragas y las medias elásticas, no queremos estorbos!

— ¡Ya lo hice amo!

—¡Eso es!, ¡Colaborativa… me gusta! —Como dice que la excita saber que estoy desnudo en mi cama, también le confesaré que estoy muy empalmado y que mi polla cuando esta así de agresiva puede llegar a ser muy problemática, ya que llega aumentar su grosor y su dimensión y no cualquier mujer la resiste dentro suyo.

—¡No soy cualquier mujer, señor!

—¿No?

—¡No!, de hecho, soy un tanto… ¡traviesa!

—¡Kamisama! —. No sabe cuánto desearía que fuese su boca, su mano, su vagina o incluso su culo, el que estuviera dándole placer a mi pene y no mi mano.

— A mí me gustaría primero besarle el cuello, lamérselo hasta que los bellos de este queden completamente erizos, haría con mi lengua un camino descendente a cada uno de sus pectorales, los tocaría con mi mano con suma delicadeza y luego metería cada pezón en mi boca tan sedienta de sexo duro, y cuerpos sudorosos, para queden como un par de chicharos sin cocer—. ¡No sabe lo que el simple hecho de imaginarme tal escenario, produce en mi interior!

—¡Mendokusai!, estoy loco por enterrarme dentro tuyo hasta que sientas que te llegue a la garganta.

— ¡Sí, que más!, ¡Eso quiero… que me la meta bien duro!

—Te azotaría cada nalga hasta dejar mis manos repintadas en ellas, y tan rojas como los tomates. Te lamería los huesos pélvicos para que ruegues por más, te acariciaría el pubis, rozaría tus bellos como si fuese la más exquisita gamuza, te torturaría el cuerpo con mis manos, tocándote con ellas hasta dejarte tan tensa como la cuerda de un violín, suplicándome porque me adentre en tu cuerpo.

—¡Oh, señor!, ¡Mí señor! —¡No pude más!, tuve que estimularme, mi necesidad es imperante.

—¿Quiero saber cuánto me desea?

«¡Sabía que era descarada, pero no a qué punto!»—La muy sucia, llevó el auricular hasta su vagina restregándose con él para que yo escuchara—¡Así de prendida me tiene, señor! —me dijo en un quejido y mentiría si les digo que no ha sido una de las cosas más calientes que he hecho y que provocó que la sangre se me drenara y se concentrase en mí entrepierna.

—¡Demonios! —susurré, respirando de forma agitada. —Comencé a meneármela más rápido—¡Levántate del escritorio y ponte de cuatro!, le demandé. Pude oír como su respiración iba más aprisa. —¡Mastúrbate en esa posición!, volví a exigirle.

La noción del tiempo y el espacio se fue a la mierda.

—¿Mi señor desea follarme por el culo? —preguntó con tonito infantil.

— A pesar de que lo he practicado, ¡admito que el anal no es lo mío! —respondí.

—¿Quiere decir que no me follará, señor?

—¡Lo que quiero es que te calles y hagas lo que te pido! —. Sigue masturbándote, métete esos delgados y blancos dedos hasta al fondo, introduce tres de ellos, muy hondo. —¡En esa posición sentirás más gozo!

Los gritos desde el otro lado de la línea no se hicieron esperar y yo aumenté el roce de mi mano en la polla, el calambre que recorrió todo mi cuerpo como electricidad, era la señal inequívoca que me correría.

Un aullido de satisfacción por poco destroza mi tímpano. Mi compañera de aventuras se había corrido gloriosamente—. Apremié mi onanismo, noté como el sudor resbalaba por todo mi cuerpo, pequeñas gotas saladas y escapistas brotaban por mis poros como ríos; incluso parte de mi cabello se pegaba en mis sienes. Seguí el paso de una de ellas, la cual nació en alguna parte de mi cuello, bajó por mi torso hasta perderse en mi ombligo.

Cerré mis ojos fuertemente, solté un grito y como es común en mí, solté un montón de improperios y me derramé.

—Que lástima que no estamos cuerpo a cuerpo, me hubiera gustado hacerte un oral tan magnífico, que tu glande quedaría hinchado y colorado como una ciruela muy madura, para luego beberme tu leche. —murmuró mi amiga.

Me costaba respirar, pero en definitiva necesitaba liberar toda esa tensión apremiada en mí desde hace buen tiempo, y quién mejor que ella, que ha sido una especie de amante desde hace dos años. —¡Estuvo muy bien!, ¡Te lo agradezco!

—¡Vaya!, hasta que por fin conoces los modales, Nara.

Sonreí de lado, sabía perfectamente que lo hacía en sorna. Se puede decir que teníamos un trato tácito, cero reclamos si salíamos con terceros y siempre volver a los brazos del otro hasta que uno de los dos tomara la decisión de aceptar la monogamia, ya sea entre nosotros o con nuestras respectivas parejas.

—¿Te apuesto lo que sea a que estás sonriendo ladinamente? —acotó la mujer.

—¡No seas creída, mujer!

—¡De nada, cariño!, ¿Y bien?, ¿Cómo vas con el plan?

—¡No tengo por qué darte explicaciones!

—¿Deduzco que el tiro te salió por la culata o miento?

—¡Adiós, mujer!, ¡Hablamos luego!

—¿Así que la muchachita te salió respondona? —¡Has encontrado la horma de tu zapato, Nara!

—Sí no tienes nada mejor que decir, cortaré la llamada o el recibo te saldrá por las nubes.

—¡Mierda, es cierto! — ¡Te llamo luego, cielo!, sino no lo hago, es porque estoy…ocupada.

—¿Con ocupada te refieres a follar con alguien más?

—¿Me crees capaz de hace algo así?

—¿Quieres que de verdad responda eso?

—jajajaja— ¡Estamos en contacto!, y suerte con tu… ¿plan?

—¡Adiós! — y con ello colgué, sintiéndome más liviano y recargado.

Me tiré sobre la cama, enfocando mi vista hacia la nada y en todo al mismo tiempo. Estar de nueva cuenta en mi país natal junto a mi padre y su nueva familia, lejos de todo aquello a lo que estaba acostumbrado—: Coger con una mujer distinta cada fin de semana, coger con la tradicional cuando a ella o a mí nos placiera, trabajar, drogarme, emborracharme y salir de parranda en cuanto me plazca. —¡Todo lo que estoy dejando atrás por llevar a cabo mi venganza!

Como lo dije antes, en el pasado estuve perdidamente enamorado de ella, pero ella no me daba ni la hora, poco a poco ideé acercármele como el típico amigo abnegado, aquel que la escuchaba y la entendía. Metí cizaña por aquí y por acá, para que les diera de baja a sus pretendientes, más no lograba ver los frutos de esto.

Llegó el trágico día, en el que me armé de valor y me le declaré, para recibir un puntapié muy sutil, recuerdo que ese día bebí como cosaco, lloré como un niño y me juré a mí mismo que era la primera y última vez que comía mierda por una mujer.

A partir de entonces, follo a la chica que yo quiera, cojo cuando quiera, pero siempre les aclaro que lo nuestro no pasa de unas cuantas horas, como máximo, así me evito contratiempos, gritos, reclamos, lloriqueos, mocos y bofetadas; aunque no siempre se lo toman tan tranquilas y termino con una tremenda cacheteada y me recuerdan a mi madre de mala manera.

Lo irónico es que, mi amiga con derecho, volvía a mi lecho. Tal vez, al igual que yo, no desea una relación estable donde el sentimentalismo está en juego. Al principio me fue difícil separar los sentimientos del simple placer carnal, pero fui adaptándome poco a poco hasta considerarla un ser muy cercano, con quién tengo sexo, y puedo charlar de lo que sea sin prejuicios, reclamos o ataduras.

Físicamente podría decirse que es un tanto sosa, pechos casi planos y la gravedad comienza hacer estragos en ellos, delgada, pálida, y escasa de nalgas; no obstante, el color de sus ojos es muy bello, y su cabello me parece bonito. Sin embargo, era una verdadera diosa en la cama, ágil como una acróbata, no se inmute ante cualquier recoveco erótico, lo mismo le da un misionero, el vaquero, el vaquero invertido, el sesenta y nueve, o de perrito, siempre y cuando la satisfaga.

Le fascinaba el sexo, estaba casada con él, y no discriminaba, edades, raza, religión, género, estatus social ni origen. Su lema es: "Vivir el sexo, que para eso fue hecho"—, y lo hacía valer a plenitud.

No cualquier mujer se presta hacer un trío con otra, a tener sexo anal, introducir juguetes eróticos a la cama, a la dominación, al sexo tántrico, al "Bondage", pero la mejor follada que he tenido con ella, fue una en la que ni siquiera fui participe, únicamente me abstuve a presenciar cómo otro sujeto se la tiraba mientras yo sólo me masturbaba siendo testigo ocular de tal acto. Sin temor a equivocarme, creo que lo único que no nos hemos arriesgado hacer aún es un video.

Lo nuestro era clandestino, podíamos tener nuestras respectivas parejas y follar como si nada, no somos exclusivos y podíamos concluir con nuestros encuentros casuales en cuanto tomáramos en serio la fidelidad sin ver comprometida nuestra amistad.

Dejé de darle vueltas a la cabeza, y después de mi excelente despertar, me dediqué a vagabundear por la casa, anduve por toda la estancia, tratando de encontrar algo de interés que me ayudará a doblegar a la fiera con coletas y manipularla aún más con algún nuevo chantaje, pero fue en vano.

Intenté abrir la habitación, del objetivo de mi venganza, pero literalmente, estaba cerrada con tres candados. —«¿Qué escondes problemática?»—pensé.

Nadé desnudo en la alberca, me senté en el hermoso, aterciopelado y blanco sillón de la sala de estar, posicionando mi trasero sin ropa de por medio sobre él, mientras comía desde el recipiente el helado de fresa y chocolate, donde se podía leer claramente en su carátula y pegado con cinta adherente "Temari".

Posterior a ello, vi un rato la televisión, revisé los correos, y me dispuse a tomar una buena siesta. Cuando desperté, llamé a un viejo conocido que sabía perfectamente me daría el número telefónico de un distribuidor de droga; esperé por él por treinta minutos, en cuanto llegó entró dubitativo, quizás creía que era una trampa policiaca, — encapuchado y misterioso, no pasó del recibidor, y quedó perplejo al verme tal cual vine al mundo.

—¡Tápate puerco!, que no quiero ver un par de bolas y un pene o ¿acaso piensas pagarme en especies?, porque sí es así, te aclaro que yo no le entro a la playada… te calmas o te descargo mi arma y te dejo como un colador.

—¡Tranquilízate!, que el choque de espadachines tampoco es lo mío—, sino quieres verme el pene, ¡pues mírame a la cara que para eso es!

—¡Ahora sí me la pusiste difícil, hermano!, esa cosa me da miedo que me muerda.

—¡Y eso que está tranquila!, en todo su esplendor hasta yo le tengo miedo.

—¡Demasiada información para mi gusto!, págame para largarme de aquí—, aunque te sugiero dedicarte a la pornografía, puedo contactarte con muy buenos productores, ¡te iría bien!

—¡Gracias, pero no estoy interesado en esa industria! —, dijiste que son $100, ¿cierto?, ¡acá están!, pero antes de darte el dinero, necesito comprobar que no me estés dando gato por liebre.

—¿Insinúas que vendo porquerías?

—¡No insinúo nada!, pero te aseguro que si esto es tan bueno como dijiste que era por teléfono, pueda hayas conseguido a uno de tus mejores clientes.

—¡Adelante!

Abrí el pequeño y transparente empaque, metí el meñique para untar un poco de blanco polvo en él, lo metí a mi boca, para probarlo con la punta de mi lengua, verificando su calidad. —¡Es buena!

—¡Te lo dije!

El hombre se marchó como un fantasma, ¡es un abrir y cerrar de ojos había desaparecido! —, con la ayuda de un cuchillo, hice unas cuantas líneas de cocaína en la mesa del té, enrollé un billete de cien, introduje una de sus esquinas a mi nariz e inhalé profundamente para el polvo me llegase hasta el cerebro.

Dejé que la droga hiciera algo de efecto en mi sistema, bebí una poco del escocés que tanto le gusta al viejo, —¡Por dicha y mi padre tiene buen gusto sobre Whiskies! —. El olor y sabor amaderado que tenía ese licor color ámbar, era delicioso y demostraba que, todos los años que estuvo añejándose en toneles y cada centavo pagado por él, valiera la pena.

Subí las escaleras con toda lo paciencia del mundo, me adentré de nuevo a mi habitación, saqué ropa interior y una muda decente. En una hora me reuniría con los chicos, a quienes llevaba años de no ver, en el bar más antiguo de la ciudad y que no pasa de moda a pesar del tiempo—. ¡Es fin de semana y el cuerpo lo sabe!, esta noche volveré a mis andanzas y me llevaré a una chica sedienta de buen sexo a la cama, pero de algo sí estoy seguro… que esta noche follo… ¡follo!


¡Buenas madrugadas! XD

En primer lugar, quiero dedicarle este capítulo a: Coeli Nara, Caftree, Paloma 825, Fanny K 03, y demás lectoras y escritoras oriundas de México. ¡Fuerza colegas!, bendiciones para ese pueblo tan maravilloso, que la Guadalupana los proteja hoy, mañana y siempre.

Espero que este relato sea del agrado de todos, y agradezco de antemano sus comentarios.

Aclaro que me costó horrores idear el ambiente propicio para una llamada de esta índole, ya que, a pesar de pasar mi treintena, nunca he hecho algo así. El matiz de este capítulo fue un tanto de sensatez por parte del Nara, se sincera con nosotros cuando expone que estuvo enamorado de su amiga con beneficios y se atreve a confesar cuanto le gustó verla ser follada por otro hombre.

Si algunas partes les parece similar a las "Cincuenta sombras de Grey", en cuanto al tema de la dominación se refiere, me permito revelar mi ignorancia puesto que hasta el día de hoy no he leído un solo tomo de esa historia. ¿La razón?, es sencilla, me fui de boba a ver la película sin haber leído los libros y salí de la sala de cine con la decepción más grande de mi vida.

No quiero dañar susceptibilidades, ni estoy diciendo en ningún momento que la trilogía de esta historia sea mala o buena, porque no lo sé; es sólo que ese día fui con una amiga, quién sí se los había leído, y salió peor de desilusionada que yo. Durante el trayecto al cine, ella me iba contando de que trataba y pues lógicamente quedé encantada con su relato, pero la expectativa vs realidad, fue realmente apabullante.

Ustedes amigos míos, quienes sí se los han leído, ¿Qué me sugieren?, ¿los leo o no?

¡Muchas bendiciones para todos!