Capítulo 10: Tal vez...
Naruto
El sonido de la alarma impactó con fuerza en mi cabeza; retumbó en mis sienes con forma de agudo dolor. Mi mano se movió a tientas, buscando el borde de la mesita para apagar esa porquería, pero nunca la encontró.
Tuvo que pasar un momento para que mi estúpido cerebro entendiera que la alarma estaba más arriba, en algo que a ciegas reconocí como un buró; el buró al lado de la cama, donde aparentemente dormí.
Siendo esto, la alarma no era mía, sino de Sasuke y no podía ser tan agresivo con ella como lo era con la mía cuando me despertaba en el cómodo sillón. De un suave toque el sonido desapareció y dejó en paz mi martilleada cabeza.
Aparté mi mano y la caja de calmantes impactó contra el suelo en un sonido sordo. Me removí entre las mantas y la observé con resentimiento, recordando que la noche anterior tuve que tomar doble dosis debido a la preocupación.
…
Me incorporé de repente, lo que desgraciadamente provocó otra dolorosa punzada y que mi visión se llenara de lucecitas.
Tardé un poco en ponerme en pie y a tientas encontrar la puerta de la recámara. Una vez afuera, mis ojos entrecerrados alcanzaron a percibir un bulto bajo las mantas del sillón y una maraña de cabellos negros en mi almohada.
— ¿Se puede saber quién mierda te crees para irte de esa manera? — Dije en voz alta y matizada de enojo. Había pasado todo el día dando vueltas en el departamento como perro enjaulado, debatiéndome entre conservar mi trabajo o mandarlo a la mierda para salir a buscarlo.
Entendía su molestia y hasta alcancé a predecir que tardaría en volver, solo que… No tanto.
El sonido de mis pasos resonando con fuerza en el piso de madera era lo único en que podía enfocar mi mente para tratar de calmar la cada vez más grande preocupación que crecía en mi pecho. Tratando al máximo de ignorar esas emociones, intenté hacer algo para la cena, aunque fuera poner el agua a hervir para la preparación del ramen.
Fue a eso de las seis cuando empecé a enloquecer: mi mente comenzó a idear mil formas en las que Sasuke podía ser secuestrado, asesinado o herido. Las llamadas de Shikamaru no eran suficientes para calmarme, a excepción de la última.
Me dijo que fuera a dormir, que Sasuke ya iba en camino, y tuve que hacerle caso a regañadientes porque sabía que no podíamos encontrarnos.
No sé cuántas pastillas tomé para dormir, pero ese abuso me había provocado el dolor de cabeza que tenía ahora. Eso solo aumentaba el resentimiento en mi pecho, lo hacía cada segundo que él tardaba en reaccionar. Su mirada indiferente me encontró por encima de la almohada, el brillo somnoliento saludándome entre los mechones azabaches.
No contestó, se limitó a fruncir el ceño y posteriormente darse la vuelta para continuar su descanso.
— ¡Y una mierda, Sasuke! ¡¿Quién carajos te creíste?! ¡¿Dónde estuviste tanto tiempo?! ¡¿Por qué no te llevaste el estúpido comunicador?!
— A donde fui o no, no es de tu incumbencia, Naruto — Su voz repercutió en las paredes de la estancia y consiguió sobresaltarme. Después del tono de reproche, parecía estar enojado por otra cosa —. Fuiste tú el que me dejó a cargo del imbécil de Nara y lo único que hizo él fue mandarme a la mierda.
— ¡Te dijo que fueras al supermercado!
— ¡No soy su maldita criada!
— ¡Pues te recuerdo que estás viviendo bajo mi techo!
Estaba dispuesto a continuar gritando cuando una fuerte punzada llegó a mi sien y me obligó a callar. Pasé mis manos por la zona afectada y me quedé quieto hasta que el dolor se atenuó.
Un silencio sepulcral reinó en la habitación y cuando alcé la vista lo descubrí con los ojos clavados en mí. Al verse descubierto, desvió la mirada y terminó de enderezarse en el sillón, estirándose levemente antes de que sus pies tocaran el suelo.
— ¿A qué hora llegaste anoche? — Fue lo único que se me ocurrió preguntar, si volvíamos a gritarnos seguramente moriría de un derrame cerebral.
Cuando lo único que me respondió fue el aire, alcé la vista del piso para encontrarle de nuevo. Lucia genuinamente sorprendido, hasta contrariado; arquee una ceja en gesto interrogante.
— ¿Qué ocurre?
— Es un juego, ¿verdad? — El reproche de antes se hizo presente y mi duda se incrementó. ¿De qué diablos hablaba?
— No es ningún juego, quiero saber a qué hora te dignaste a aparecer de nuevo por aquí.
Aún con su rostro indiferente, pude ver como fruncía los labios y el borde de sus cejas se hizo más evidente.
—Eres un imbécil — Se levantó y caminó a la cocina pasando a lado mío; sentí el impacto de su aliento contra mi cuello.
No pasó mucho para que lo tomara de la muñeca y le obligara a voltear.
— ¿A qué mierda viene eso, Sasuke? ¡Solo quiero saber a qué hora llegaste-ttebayo!
— Deberías saber eso mejor que yo, Naruto, suéltame ahora — Ni siquiera se dignó a voltear, cosa que terminó de enfurecerme y me hizo buscar sus hombros para voltearlo hacia mí.
— ¡Mírame cuando te estoy hablando, idiota!
Entonces, el bruno de su mirada pareció hacerme retroceder en el tiempo: a ese mismo lugar, pero con la luz de la luna colándose por la ventana. Los mismos ojos oscuros e intensos a los que les di un vistazo antes de…
Mi cuerpo fue recorrido con el recuerdo de su tacto y sus labios, su calor y su voz. El color se subió a mis mejillas y tuve que apartar la mirada al notarme incapaz de contener mis reacciones.
— Bien, veo que ya lo recordaste — Dijo con voz monótona ante mi expresión y que poco a poco mi agarre en sus hombros redujo su intensidad.
Las consecuencias de mis acciones la noche anterior bailaron una ferviente danza a lado de otras ideas no tan penosas: que aquel recuerdo me hiciera estremecer de esa manera y… Que él hubiera correspondido con esa intensidad.
Me separé y a unos pasos me dejé caer en el sillón. Hundí mi rostro entre mis manos, regañándome internamente.
Mis objetivos se veían severamente afectados por mis sentimientos. Se suponía que eso no debía pasar, me lo prometí entonces. Había sido fácil hasta ahora: el trabajo me consumía hasta el alma justo como lo desee desde aquello. Pero ¿qué cambió? ¿Qué tenía él? ¿En qué maldito momento bajé la guardia?
— Oye, ¿estás así sólo por haberte metido con un híbrido?
— ¡Pues claro que sí! — Contesté de inmediato. Con un híbrido y con cualquiera, eso estaba claro.
Cometí el error de alzar la vista y encontrar sus ojos de nuevo, o más bien, no encontrarlos. ¿Por qué su mirada se oscureció de esa manera? Tardé unos segundos en encontrar la razón y unos cuantos más en pensar si debía retractarme.
No dije nada.
A mis palabras le siguieron unos segundos de tensión e incomodidad con los que no sabía lidiar. Su mirada pareció volver a la vida sólo para quemarme vivo, en un fuego negro que dolía en el pecho y en la memoria. Ver sus ojos era aceptar que mi estupidez había sido la causa de la ruptura de aquel vínculo que formamos los días pasados y que yo acababa de aceptar que era lo mejor.
Si algo había notado estos días, era que Sasuke Uchiha siempre lograba sorprenderme, ¡a mí, Uzumaki Naruto! Esta vez no fue la excepción.
— Hey, tranquilo — Dijo con gesto de fastidio —. Nadie tiene por qué enterarse y de todas maneras no es importante.
Fue inevitable abrir los ojos con cierta sorpresa. Esperé a que se explicara, aunque algo dentro de mí me decía que era mejor hacer oídos sordos.
— Escucha, Naruto, fue divertido pero sólo eso. No me interesas y jamás lo harás; en unos días esto se acaba y no tendremos que vernos de nuevo.
Eso no me hacía sentir mejor de ninguna forma.
— Sasuke — Intenté hablar, decir algo inteligente, algo que no hiciera sentir nuestra amistad derrumbarse.
— Se nos hace tarde, vámonos — Pero en sus ojos no había nada.
Entró a la cocina antes de que pudiera decir algo.
En parte, fue mejor que cerrara la boca, desgraciadamente me sabía bastante imprudente.
Pero no se suponía que debía sentirme de esa manera.
Lentamente, me levanté del sillón y me dirigí al baño para asearme. "Es lo mejor", me repetí a cada paso, y cada uno lo imaginaba como una distancia insalvable entre él y yo, lo que hizo que por un momento me quisiera detener.
Es lo mejor. Sí. Tal vez con el tiempo esa parte de mí que dolía se lo creyera.
OoOoOoO
Las nubladas tardes de otoño solían venir acompañadas de fuertes vientos, que azotaban sin piedad los árboles del exterior y las ventanas cerradas. El paso del sol era nulo, lo cual convertía la tarde en ventosa y fría. Crucé el pasillo con las manos en los bolsillos, dispuesto a sumergirme en la calidez que implica el despacho del jefe de departamento.
Se encontraba allí, sentado en uno de los mullidos sillones con una taza de café en la mano, mientras que en la otra sostenía los papeles en alto para continuar leyendo.
Cerré la puerta tras de mí y alzó la vista. No se sorprendió, yo nunca tocaba, pero sí me miró con ligero reproche antes de dejar a lado los papeles y levantarse para ir a su escritorio.
Shikamaru se sentó con formalidad en la silla, pero tratándose de mí, se permitió subir las piernas a la superficie de madera y cruzar los brazos en su pecho.
— ¿Ya fuiste por tus pastillas con Sakura?
— No aún, tengo demasiado papeleo acumulado por lo de ayer.
— ¿Te llegaron los testimonios del caso de Tenten?
— Precisamente los estaba leyendo antes de que me llamaras. Hay unas inconsistencias muy obvias, no creo que nos sirvan más de lo que ya teníamos; hay que discutirlo.
— Será en otro momento, tengo que hablarte de otra cosa.
— Si es sobre las verduras, ya te dije que te vayas al demonio-ttebayo.
— Es sobre Sasuke.
El silencio llenó la sala.
En otras circunstancias, u otras épocas de mi vida, habría saltado apenas escuchara el nombre de ese maldito pelinegro, pero esa versión mía estaba tan enterrada que ahora sus restos se limitaron a asentir y escuchar.
Shikamaru era una persona con altos niveles de pereza instalados de forma permanente en su sistema. Pero, cuando la situación lo exigía, su gran inteligencia lo llevaba a grandes resoluciones. Fue aquel agudo ingenio lo que le hizo merecedor de su puesto actual y a que se convirtiera en el administrador de medio tiempo de mi ridícula existencia. Eso implicaba también que supiera cosas de mí antes que yo mismo, y por su mirada en esta ocasión, supe que de alguna forma se había enterado de mis estupideces, aún si no me lo decía de forma directa.
Se aclaró la garganta.
— El plazo está muy cerca de terminarse, Naruto — Dijo al tomar uno de los papeles y colocarlo enfrente de mí —. Cuando termine el mes, Sasuke será redirigido al Centro de Híbridos.
— ¿Qué? ¿De qué hablas? ¡Se supone que por ayudarnos recibiría la ciudadanía y podría irse de aquí!
— La condición era que su trabajo tuviera éxito —Aclaró —. Sí cumplía con su rol de forma convincente, aún si la misión tenía éxito o no, se le dejaría en libertad, pero eso no fue posible. Al no tener oportunidad de demostrar lo contrario, sigue considerado como una amenaza.
— Eso es injusto — Alcé el documento para leerlo, aunque no tardé en encontrar la parte del escrito que decía Shikamaru. Una rabia irracional se adueñó de mí unos instantes al entender que Sasuke solo salió de una prisión para entrar a otra —. No puedes permitirlo, Shikamaru; Sasuke no es peligroso.
— Eso no está en mi consideración, el documento es muy claro. Fue firmado y aceptado por mí, y tiempo antes por-
— Me queda claro — Lo corté; me sabía de memoria las malditas firmas. Dejé el papel sobre la mesa y caminé por la oficina con inquietud —. ¿No puedes programarle una prueba psicológica?
— Solo se puede bajo el permiso del Centro de Híbridos y cuando ya sea un interno.
— ¿Y un testimonio de mi parte?
— Es un proceso tardado, pasará mínimo cinco meses ahí antes de ser aprobado y no le darán la ciudadanía legítima.
— ¿Por qué diablos no? ¡Ese era el acuerdo desde el principio!
— ¿Qué no lo entiendes, Naruto? — Nara solía ser muy paciente conmigo, por lo que sus palabras hicieron que dejara de dar vueltas y, resignado, tomara asiento en la silla frente al escritorio —. No le darán la ciudadanía, no lo quieren vagando por las calles sin vigilancia, es un híbrido.
— ¡El representante legal del Estado firmó el acuerdo!
— Y bien pueden fingir que este nunca existió.
Abrí y cerré la boca unos momentos antes de desviar la vista y dejar que el silencio nos rodeara de nuevo. Mis manos se volvieron puños sobre el escritorio debido a la ira y la frustración.
— Se lo prometí, le dije que obtendría la ciudadanía y podría salir de aquí como cualquier otra persona...— Había una extraña sensación abrumando mi pecho.
— Fuimos ingenuos, Naruto, solo eso.
Dejé salir un suspiro de frustración y me levanté de la silla, incapaz de quedarme quieto.
Pasé las manos por mi rostro y cerré los ojos brevemente, recordando cada frase, cada estúpido documento que me había leído con respecto al estado legal de los híbridos. No era bueno para esas cosas, pero lo tuve que hacer en un pasado no tan remoto y posiblemente esa información me serviría.
— El plazo no se ha terminado, todavía tenemos oportunidad.
Me observó como un niño que está haciendo un berrinche.
— Naruto — Su tono de voz me hizo detenerme y observarlo fijamente. Parecía incómodo —. ¿Por qué querrían a un Error Genético?
Un escalofrío me recorrió el cuerpo y un peso muerto se instaló en mi pecho. Mi cerebro se debatió por un momento en darle la razón o reprenderlo, pero mis emociones reaccionaron antes que yo mismo.
— ¡Sasuke no es un Error Genético! ¡Él es como cualquier persona, como tú, como Ino, como yo!
— Ya ya, deja de lado tu parte moralista, Naruto — Dio un sorbo a su café antes de continuar —. Lo despreciaban en el laboratorio por lo que es y quien esté detrás de esto es muy probable que también lo haga. Sabíamos que podía afectar el caso pero preferimos tirarle a la suerte.
— No hay nada de malo con Sasuke, no podrías darte cuenta aunque estés con él.
—Excepto cuando le viene el celo, Naruto — Dijo con gesto cansino. Hice una mueca; no me gustaba escucharlo de esa manera —. Lo que ocurrió ayer…
— Fue un descuido y no volverá a pasar, no lo menciones — Lo interrumpí.
Perdí mi mirada en la vista que daba la ventana, mientras sentía mis hombros destensarse levemente, aunque no del todo.
La frustración de no poder defenderlo hacía que el aire que entraba y salía de mis pulmones quemara. Sasuke no merecía estar en ese lugar, que en los últimos meses se había transformado en un manicomio de híbridos. Él merecía estar afuera, con todos los demás, y trabajar, divertirse, hasta estudiar. Merecía una protección también, una que ahora mismo no le podía dar.
… ¿O sí? El foco se prendió en mi cabeza.
— Conviértelo en mi protegido — Dije en voz alta, haciendo que Shikamaru alzara la vista de las hojas en las que reanudó su lectura. Abrió los ojos de par en par y vi la inquietud en el brillo castaño.
— ¿Estás loco acaso?
— No — La respuesta era tan clara como el agua, hasta me sorprendía no haberlo pensado antes —. Estoy completamente seguro.
Su mirada anonadada permaneció en mí unos segundos más antes de bajarla a un punto muerto del escritorio.
— No puedo permitir que hagas eso, es demasiado riesgoso.
— No lo es y lo sabes.
— Pero, ¿de verdad estás tan seguro? — Su tono de voz era severo, de advertencia —. Sabes los riesgos que implica tener un protegido.
— No necesita saber que lo es. Además, puede que pase algo en estos días y no sea necesario.
Supe que había un debate interno por la forma en que movía sus cejas. La taza de café quedó de lado para juntar ambas manos sobre la superficie del escritorio y colocar su mentón sobre ellas.
— No, no lo permitiré — Dijo finalmente y se levantó dispuesto a zanjar el asunto, pero yo no iba a dejarme.
— No te lo estoy pidiendo como Naruto Uzumaki, Shikamaru — Pude ver la tensión en sus hombros casi de inmediato. Por petición mía, no hablábamos del tema, pero la gloria pasada a veces era bastante influyente y de más convincente en asuntos de este tipo —. Te lo estoy pidiendo como un Namikaze.
Las manos de Shikamaru se movieron inquietas, a sabiendas de lo que estaba a punto de decir.
— Si lo haces, le estás dando poder sobre la mitad de tus bienes.
Hice oídos sordos a su afirmación. No sabía explicar mi inquebrantable confianza a Sasuke aún con lo que acababa de pasar, pero si quería que alguien conservara mis cosas después de mi muerte no tan lejana, sería él.
Di un largo suspiro y dejé mis brazos caer en mis costados. Nunca fui bueno controlando mis emociones, pero no me pareció importante hasta que el fuego consumió la mitad de lo que yo era hace dos años.
Busqué sus ojos, tomé una actitud neutra que se apagaría en cosa de minutos, para que las palabras que necesitaba salieran como lo requería. A su vez, me acerqué al escritorio y tomé la pequeña grabadora que Nara siempre mantenía consigo. Apreté el botón para grabar,
— Yo, Naruto Namikaze, en pleno uso de mis facultades mentales, acepto a Sasuke Uchiha como mi protegido.
Sus brazos cayeron en actitud derrotada; era algo que esperaba. Era increíble el poder que mi apellido tenía sobre los demás, pero como cada cosa en mi vida, me di cuenta de ello demasiado tarde.
Al menos esta vez serviría para algo.
Solté el botón y le aventé la grabadora.
— Qué problemático eres.
— Ya tienes mi declaración, haz el papeleo necesario.
Solo alcancé a escuchar que tomó asiento de nuevo antes de cerrar la puerta detrás de mí.
— Te estás arriesgando demasiado — Alcancé a escuchar. Pero por mi bien, ignoraría esas palabras.
OoOoOoO
— ¿Has visto los informes del caso de Tenten?
— Sobre tu escritorio.
— No están ahí, teme, por eso te pregunto.
Alzó un momento su vista y la regresó al libro en su mano. Ese gesto siempre me cabreaba, pero no encontraba forma de reclamarle.
Seguí removiendo papeles hasta que distinguí entre ellos los que buscaba. Fue inevitable alzarlos en gesto de triunfo.
— Siempre estuvieron aquí-ttebayo.
— Que dobe eres.
Hace tres días, esa palabra no me hubiera molestado; la usaba en ocasiones como un sustituto de "idiota" y casi siempre en situaciones divertidas. Pero el tono que empleaba esta vez reflejaba una molestia real, una que de alguna forma me lastimaba.
— Deja de usar términos de una lengua muerta-ttebayo.
— El japonés tiene apenas cien años en desuso, hay muchas palabras sueltas por ahí. Además — Cerró el libro y se levantó del sillón; lo dejó caer sobre este antes de estirarse —, no creo que seas el indicado para decirme eso. ¿De dónde crees que viene tu muletilla?
Seguramente puse cara de idiota, porque una sonrisa ladina se posó en sus labios antes de dirigirse a la puerta de mi oficina.
— ¡Hey! ¡¿A dónde demonios vas?!
— Por un café, idiota, no es como si tuviera que pedirte permiso.
El sonido de la puerta al azotarse ahogó mis reclamos, luego solo quedó mi mirada perdida en donde antes se encontraba él.
Ya se cumplían tres días de que acordáramos no hablar de nuestro encuentro, y aunque ambos hacíamos lo posible por actuar normales, el resentimiento de las palabras ajenas pesaba en el aire como si estuviéramos sumergidos bajo el agua.
No aceptó dormir más en la cama, ni comer algo que yo preparaba. Usaba su tarjeta para comprar sus propias cosas y argumentaba que era para volverse independiente de una buena vez. Apenas hablábamos en la oficina y las preguntas que nos hacíamos en nuestra jornada nocturna se volvieron vagas y sin sentido.
Si antes era molesto, ahora resultaba frustrante observar tanto a chicos como chicas tratando de ligar con él. Se acercaban a eso de la una de la mañana, con dos copas de bebida en la mano y por mucho que le dijera que era momento de irnos, ya no me hizo caso.
"Si no acepto estar con nadie, resultará sospechoso, ¿no? Así que debo fingir estar interesado."
Al final de la noche, los rechazaba educadamente y durante el viaje de regreso a casa sostenía una pequeña sonrisa en su boca que me resultaba insoportable.
Debajo de todo ese coraje, me di cuenta después, se encontraba una profunda tristeza, como si hubiera perdido algo muy importante y apenas lo notara.
Mi frase de todos los días era un vago "Es lo mejor". Lo empleaba cada vez que tenía ganas de golpearlo por sus insultos, gritarle por su actitud, y sobre todo, cuando las ganas de abrazarlo amenazaban con desbordarse y tenía que recordar mis verdaderos objetivos.
¿Me habría vuelto loco? Era ya la segunda vez que soñaba con que algo malo le pasaba. Despertaba a mitad de la noche con sudor frío y tenía que salir a la sala para confirmar que estuviera bien. Al entrar a un nuevo local por la noche, me descubría deseando que nada pasara, que no se lo llevaran a pesar de ser ese el objetivo. Solo entonces fui consciente del riesgo, sólo entonces me arrepentí.
Su distancia me hizo darme cuenta de cuan fuerte se volvió nuestro vínculo aún en nuestro corto periodo de convivencia. ¿Se sentiría tan vacío como yo?
Volvió minutos después con su café en la mano y reanudó su lectura, cómodamente sentado en el sillón como si ese muro no estuviera entre nosotros, aunque bien podría ser una ilusión mía.
Otra pastilla abandonó su empaque para colarse entre mis labios, un sorbo de agua haciendo más fácil su transición.
— Pareces un maldito adicto.
Su voz retumbó con fuerza y luego se perdió entre las cuatro paredes de la oficina, y eso que no gritó. Alcé la vista, pero él ya había regresado al libro. Fruncía el ceño.
"Soy un maldito adicto, Sasuke", quise decir. Luego él me vería con molestia y yo me reiría. Sabía que después de eso seguramente se le escaparía una sonrisa, y no ese feo gesto que colocaba cada que se burlaba de mí. Una sonrisa verdadera, como las que hace tres días ya eran frecuentes en sus labios.
Pero no lo dije, porque, si las cosas no salían como lo esperaba, yo no podría soportarlo.
OoOoOoO
El hielo subía y bajaba dentro de mi bebida con lentitud, escuchándose de cuando en cuando el impacto de este con la orilla del vaso de vidrio.
Parecía una canción, una lenta tonada que solo tiene sentido si eres lo suficientemente paciente y sabes unir las piezas al final. A veces ayudaba a que continuara su trayectoria con un ligero empujoncito de la cuchara. Iniciaba de nuevo, era agradable a mis oídos.
— Dobe.
Era triste pensar que esa palabra ya no causaba nada en mí. Era vacía, llena de mentiras, de frases atoradas en la garganta del individuo que no tenía disposición alguna de sacar. Claro, antes no me había percatado de que esa palabra me agradaba, aunque se tratara de un insulto. Sonaba bien con su voz, es todo.
— Hey, Naruto.
— ¿Hn?
— Basta ya, ¿quieres?
Una risita escapó de mis labios. Sonaba lindo cuando se enojaba.
— ¿A qué te refieres?
— Es tu tercer vaso de brandy hoy, imbécil.
¿El tercero? Era inevitable. El hielo se derretía y me veía en la necesidad de pedir otro vaso para seguir escuchando esa lenta tonada, que contrastaba perfectamente con la desesperación alojada en mi pecho. Demasiados días, demasiado silencio, palabras atoradas y un coraje que me mantenía al borde de un colapso nervioso.
— No importa, tomé el medicamento-ttebayio.
— No, no lo hiciste, sigue en el bolsillo derecho de tu cazadora.
Fruncí el ceño a mi reflejo en el vaso y bajé mi mano hasta dar con el dichoso bolsillo. Sentí el bultito que era la pastilla y la saqué para observarla fijamente. Luego comencé a reír.
— ¡Hehehehe! ¡Ahora entiendo todo-ttebayiio!
— No es gracioso, Naruto; estás trabajando, aunque no lo parezca.
— ¿Y eso te afecta, Sasuke? ¿Te imporr-taría que pierda mi trabajo?
Ya era costumbre para mí romper el protocolo, por lo que hicimos contacto visual casi de inmediato. Sus ojos profundos parecían atraerme como un potente imán del que no había forma de escapar. Negros, profundos, pero perfectamente legibles. La duda que su rostro mostró por unos segundos quiso instalar esperanza en mí, pero no lo permití. Al final, la respuesta sería la misma.
— No.
El saberla de antemano no parecía disminuir el dolor.
— No. Exactamente — Tomé el vaso en mi mano y bebí lo que quedaba de un solo trago. Se deslizó por mi garganta e iba directo a mi corazón, calentándolo. Me gustaba esa sensación, en la que por un momento parecías inmortal, invencible —. Ese es el problema.
El hielo quedó en el fondo del vaso, solitario, debía extrañar su piscina saturada de licor.
— Otra ronda —Dije al joven del bar cuando pasó del otro lado de la barra, a la vez que le extendía mi vaso y le dedicaba una sonrisa ladina. Se limitó a asentir.
— Naruto, es suficiente; detente.
— Hehehe, ¿entonces me mentiste? — Intentó apartar la vista antes de que yo la encontrara, pero no le dio tiempo. La sonrisa se ensanchó en mi rostro y contrastó con su mueca de enojo —. Sí te importo.
— No tiene nada que ver, maldita sea.
— ¿No te cansas de mentirme? — Mi voz se perdió en un murmullo en las últimas sílabas y le hizo colocar gesto incrédulo —. Llevas haciéndolo por ya seis días, ¿crees que no me doy cuenta?
— Dios, estás borracho.
Sentí su voz temblar levemente.
— ¿Sabes cuánto duele, Sasuke? — Ahora fue mi voz la que se quebró. El paraíso oscuro frente a mí pareció titilar como una vela antes de cerrarse por completo.
— Tsk, vámonos de una vez; así no sirves para nada.
— Ni se te ocurra levantarte, Uchiha — Mi voz salió con coraje reprimido; amenazante. Lo vi vacilar un momento antes de dejarse caer de nuevo en la silla, para terminar jugueteando con la sombrilla de una bebida que le invitó un anónimo.
— Eres insoportable.
— ¿Ah sí? ¿Sabess quién más es inssoportable-ttebayo? — El cantinero llegó entonces con mi vaso lleno y apenas lo miré antes de tomarlo y vaciar la mitad de un trago. Volví mi vista a él —. Tú, tú lo eresss-ttebayo.
— ¿Te estás escuchando a ti mismo? Pareces un retrasado mental.
— ¡¿Un retrasado?! ¿Parezco un retrasaso? Hahahahahahaha. Es por tu culpa.
Tomé una pausa por un momento de racionalidad que cruzó mi cabeza. No podía seguir de esa manera, estaba en una misión y debía estar al pendiente de Sasuke.
Miré la pastilla con odio antes de sumergirla en los restos de mi bebida, y una vez se disolvió, revolví rápidamente con la cucharita y tomé.
En unos minutos se pasaría el efecto. De mientras, debía seguir diciendo sus verdades a ese bastardo.
— Me dices retrassado, ddobe, idiota. ¿Pero adivinas qué? Un idioota no se levantaría a medianoche a ver si sigues vivo, o sse comería las uñas cada vezz que saless sin decirme a dónde vas.
— ¿De qué mierda estás hablando?
Había un tono de peligro impregnado en su voz. "No sigas", parecía decir.
Bah, ni dobe le hago caso.
— ¿Sabes lo que ess tener una pesadilla donde tu ssales herido? Hahaha, es horrible, Sasuke, horrrible.
— Suficiente, nos vamos.
Apartó su bebida y tomó su chaqueta del respaldo, colocándosela mientras avanzaba hacia mí.
— ¿Pero sabes qué, Sasuke?—Dije casi en un susurro, apartando la vista de él porque sabía que de una u otra manera me escucharía —. Creo que tienes razón, soy un retrasado. Es decir, creo que tardé mucho tiempo para darme cuenta de que estaba enamorado de ti.
Apenas las palabras salieron de mi boca un dolor agudo e infernal me regresó a la realidad. El alcohol parecía huir de mis venas como si escaparan del fuego que las recorría. Una corriente eléctrica, viajando a su vertiginosa velocidad, hizo choque en mi cerebro y en cada extremidad de mi cuerpo, pero siempre volvía a ese punto especial en el cuello.
Un grito de dolor se coló entre mis labios y mis manos volaron al lugar afectado, aunque sabía por experiencia que no serviría de nada.
Recargué mi frente contra la barra y me concentré en mantener mi respiración a un ritmo, dando profundas inhalaciones. Mis manos ahora estaban crispadas contra mis cabellos y unas pequeñas lágrimas se colaron por mis ojos cerrados.
Luego calma, el dolor comenzaba a aminorar, a desaparecer de forma comparable a la arena con una ola de mar.
Todo fue tan repentino y mis sentidos se encontraban tan embotados, que tardé en entender lo que estaba escuchando.
— ¡Suéltenme!
¿Sasuke? Abrí los ojos de inmediato y voltee a donde lo vi por última vez, pero no estaba.
¿Cómo? Había sido menos de medio minuto de distracción. ¿Dónde estaba?
Una risita extraña se coló por el auricular y me heló la sangre. Los únicos sonidos que se podían interpretar eran forcejeos y jadeos, Sasuke tratando de escapar.
Me costó toda mi fuerza de voluntad quedarme sentado. Me vi en la necesidad de clavar mis uñas en la base de la silla y mi respiración, que no había alcanzado a normalizarse, se aceleró de nuevo.
"Que esté bien, que esté bien, que esté bien" Gritaba mi fuero interno.
Entonces aspiré aire con fuerza y un aroma a lavanda se coló por mis fosas nasales.
Mierda, no.
Mis sospechas se confirmaron cuando por el auricular alguien pronunció mi nombre de forma burlona.
Me estaba llamando.
El camino se convirtió en un borrón cuando me alejé de la barra y corrí hacia la puerta de salida. El aroma fue suficiente para guiarme a través de las calles y adentrarme al callejón donde se encontraban.
"No, ella no.", pensaba; pero mis peticiones no serían escuchadas.
Cuando llegué, Sasuke estaba en el piso; sus brazos en su espalda eran sostenidos por alguien que conocía demasiado bien. Me dedicó una sonrisa de triunfo a la vez que hacía a Sasuke inclinar la cabeza hacia atrás, para que le viera el rostro.
Pero mi pelea no era con él. No, las cosas no eran tan fáciles. Sentí su presencia tras de mí y por primera vez en mucho tiempo, sentí miedo.
Ignoré el gesto estupefacto de Sasuke, que seguro no esperaba que estuviera ahí. No podía explicarle ahora que quienes nos rodeaban tenían un objetivo muy distinto a capturarlo.
— Naruto.
Su voz me causó un escalofrío. Luego de unos segundos, me di la vuelta con lentitud antes de que nuestros ojos se encontraran.
Azul contra perla.
— Hinata.
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Continuará.
