Volverte a ver
Se dio fuerzas y respiró hondo, sabía que en gran medida lo que aconteció, sólo se debía a su mera estupidez, los celos incontrolables y esa furia contenida por el año de frustración, eran la única causante de toda la perorata de hace unos instantes. Abrió la puerta y pudo sentir su aroma, en parte lo calmaba, en parte lo desesperaba, tan cerca y tan lejos, tan hermosa y tan lejana, por todos los Santos Seeley no puedes ser un cobarde. Más por cautela y sin tocar ingresó a la habitación, ella estaba de espaldas a la puerta, mirando por la ventana mientras comenzaba a sacar la indumentaria de matrimonio, Booth recorrió su cuerpo con la vista una vez más, deseaba que lo ocurrido hace unas horas, se borrará completamente de su memoria y la de ella, y que estos recuerdos amargos fueran sustituidos por pasión y cariño, huyendo de la mano, mientars reían de la policía religiosa del pais, continuó su avance y cerró la puerta tras él.
Booth, no deseo discutir más – La voz de la antropóloga sonó pasiva, pero a la vez melancólica – No negaré que aún estoy molesto, pero necesitamos hablar – y ¿ahora qué?, le respondía cuanto lo amaba o solo dejaría que él hablara, ¿acaso desde hoy entrarían en un sinfín de discusiones que terminarían por acabar el cariño y amor que sentían el uno por el otro?, si así era, debía tener su conciencia tranquila, buscaría la forma de mediar, ya no sabía cómo vivir alejada de su amado y fuerte compañero.
Tomó la decisión y estiró su mano hasta él, lo primero era zanjar viejos temores, Booth recibió su iniciativa de buena manera, era el primer contacto luego de aquella avalancha de dudas, ella se sentó y él a su lado – Yo… - Ella intentó hablar, pero dejó que sus caricias hablaran por ella, posando una mano en su rostro. El hombre buscó en su mirada y sin dejar de mirar esos ojos turquesa, acercó sus labios robando un cálido y dulce beso que ella no lo detuvo – Huesos, mi querida Huesos – dijo en casi un susurro contra su boca, aquel simple contacto encendió la mecha de dos cuerpos, que ardían desde hace mucho el uno por el otro.
La mano del agente se acomodó en el seno de la doctora, buscando las reacciones que él, a ciencia cierta provocaba y lo comprobó hace más de un año, sus pezones se endurecieron de forma automática, respondiendo al estímulo – Booth – Su nombre en esos labios era un vicio, quería escuchar por el resto de su vida que aquella boca lo mencionara entre gemidos – Shhhhhh, déjame, llevo deseando escuchar tus suspiros desde hace un año – Con su frente frotó las mejillas de la mujer – Desde cuando te creí mía en la cama de tu habitación – La mente de la doctora se nubló por completo y el agente reaccionó ante sus propias palabras, un año que estuvo al borde de la locura sin saber de ella, de su vida, ni mucho menos de sus sentimientos.
Tiró del brazo de la antropóloga queriendo en parte hacerle daño y en parte demostrar que solo él podía dominar a aquella fiera, luego la poso sobre sus piernas, envolviéndola en un duro abrazo, para besar con rabia su cuello y dejar marcas de pertenencia, la mente se le nublaba de solo pensar que esa piel tersa, había sido profanada por otro hombre en su lejana ausencia, en la negación de que ambos tenían dueño, porque eso era ella para él… Su única y exclusiva dueña.
Es momento, o paramos aquí o no te dejaré partir en lo que nos reste de vida - ella comprendió en esos instantes lo que pasaba por la mente de ese hombre, era su forma de hablar, su forma de expresar todo los celos, la rabia, la frustración de tenerla lejos – Hoy… Solo hoy – le dijo envolviendo sus brazos fuertes en sus cálidas manos y aparentándolo contra su vientre. El hombre entendió claramente lo que su amada quería decir, solo por hoy le daba la venia de hacer y deshacer con ella, era su oportunidad de demostrar hasta donde llegaría.
Comenzó sacando el corpiño de un tirón, aprovechando que su espalda se amoldaba perfectamente a su pecho, dejando al aire libre aquellos senos que consideraba eran la perfección de la forma humana, los apretó para arrancar gemidos de su compañera, volvió a su boca, haciéndola girar, para bajar por su cuello y pasar lentamente la lengua por esos dos pequeños montes, mientras que Huesos entre gemidos y suspiros, no dejaba de decir cuanto lo había extrañado.
Al dejar de saborear aquellas deliciosas frutas, quiso verla, si verla en su máxima expresión, la puso de pie frente a él y dejó caer la falda del traje, para luego retirar rompiendo la ropa interior. La escritora se sonrojó al sentir el deseo tan exorbitante en su compañero, había tenido parejas sexuales intensas, pero este hombre era único en su clase y especie – Dime, ¿Cuánto me amas? – le preguntó mientras posaba sus fuertes manos en las caderas y comenzaba una danza de caricias, desde sus muslos, hasta sus senos. La pregunta la tomó por sorpresa, hasta hoy solo se había preguntado si lo amaba o no, pero no… ¿cuánto lo amaba?, lo miró directo a los ojos y supo la respuesta, la única posible y que se resumía en sólo dos palabras, palabras clave que vinieron a su boca, como una revelación – Cásate conmigo – El pecho del hombre se hinchó, como en sus mejores tiempos cuando era ascendido y condecorado por la armada.
Se puso de pie, para besarla, terminando de soltar la toca que aún quedaba en su cabello – Acepto - y la levantó para llevarla hasta la cama – Preciosa… Esta noche, no dormirás – Pasó por su mente dejar tatuado a hierro el aroma de piel y sus besos sobre la piel de Temperance. Al verla tan expuesta sobre la cama, quisó jugar con el poder que le habían otorgado, buscó separar sus piernas, dejando expuesta la intimidad de la mujer y se arridilló frente a la cama, para quedar a la altura de sus muslos, el objetivo era llegar a que ella rogara para sentirlo dentro.
Lentamente y entre besos pasaba su húmeda lengua cada vez más cerca de su sexo, mientras que sus manos acariciaban sus piernas – Boo… - La mujer no pudo terminar la frase porque sintió como la lengua de su compañero pasaba suavemente por sus labios vaginales, provocando una ola de calor y el comienzo de la desesperanza por sentirlo más cerca. Los gemidos tímidos, se convirtieron en jadeos, mientras que el agente se dedicaba a recorrer hasta el último rincón de su sexo – Dios… Como extrañe esto, tú aroma, tu sabor – continuo con su juego de tortura hasta llegar al botón rosado de su mujer – Por favor Booth… Por favor – Él sonrió, estaba logrando su cometido – No querida, no. Primero quiero sentir tu orgasmo en mi boca – Que dulce castigo era aquel que le había impuesto aquella belleza de hombre – Vamos hermosa, dame lo que quiero – Con un leve mordisco al clítoris, los espasmos fueron liberados, las marejadas de sensaciones, hicieron que la antropóloga temblase completamente, gritando el nombre de su amado.
La dulzura en su boca, excitó su cuerpo, ya vivido de sensaciones, era simplemente perfecta. La escena para sus ojos era sublime, mientras el hombre se ponía de pie, iba observando a su mujer tendida de espaldas sobre la cama, con las piernas abiertas, el cabello desordenado, las manos arrugando las cobijas, las mejillas rosadas y mirándolo por primera vez, desde que la conocía, con timidez. Le supo tan tierna y vulnerable, tan deseable y caliente… Tal vez porque él aun llevaba toda la ropa.
Sintió el poder de haber domado a un tigre… A una bella tigresa de bengala – Te quiero dentro de mí – y como si no hubiera un mañana, comprendió que no sólo la belleza de mujer que tenía en la cama había sido domesticada, si no que el también, ya no podría vivir sin besar esos labios dulces, sin despertar todas las mañanas perdido en sus caderas, al fin entendió que ese año fue necesario, para que él madurara y ella lo extrañara – Sus deseos son ordenes su alteza – Se retiró la camisa y sacó sus pantalones rápidamente, dejando ver la gran erección que había guardado, para sentir el explosivo deseo de Temperance.
Se acercó a besar su cuello y sus labios, cuando un repentino movimiento de la antropóloga lo dejó de espaldas a la cama, sonrió… Ya se había sometido a sus deseos, no podía esperar que fuera mucho más tiempo que ese, si se trataba de sexo - Ahora, quiero yo hacerte el amor - Esas palabras lo descolocaron y nuevamente sintió hinchar su corazón. Bajó lentamente, hasta encontrarse con el bulto en su entrepierna, mordió por sobre la ropa interior, haciendo que el agente suspirara – Me volverás loco – posó su mano en el miembro erecto de Booth y lentamente y devolviendo la tortura pasó su lengua por la punta – ¡Dios! – La tomó rápidamente de las manos y la subió hasta su pecho - ¿No te ha gustado? – La voz segura de la mujer que siempre había afirmado que era una diosa en la cama, se escuchaba temerosa y dubitativa,nuevamente el temor en los ojos de su amada, ¿Qué le habían hecho en las Molucas? - Dios, no… Digo sí, si, por supuesto que me ha encantado… Pero ahora, quiero estar dentro de ti – Rozo el lobulo de su oreja con una voz ronca y llena de deseo. Recuperando el control perdido, el agente se posó por sobre ella y tocó su sexo, comprobando si ya estaba lista para él, palpó con sus dedos, haciendo que salieran gemidos de la boca de su amada – Cuando vivamos juntos, no te dejaré salir de la cama en días – Susurró en su oído, mientras que introducía un segundo dedo, pero esta vez rozando su botón – Basta por favor… - La doctora de forma desesperada tomó su rostro entre ambas manos y lo miró directamente a los ojos – Se mío de una vez – Lejos de ser incomodo o molesto, le encantó la idea y le robó un beso largo y apasionado mientras se acomodaba entre sus piernas, entró lentamente y poco a poco, fue aumentado la velocidad y la fuerza de embestida, ambos sudados y gimiendo, acabaron a la par, ahogando sus gritos de placer en un beso que los dejó temblando durante unos minutos, hasta que el sueño los venció, no sin antes mirar sus rostros de felicidad, desde hoy nada podría contra ellos.
Una vez más comprobaban los conectados que sus cuerpos y almas estaban, al abrir los ojos juntos – Te amo – Fueron las primeras palabras que escuchó Booth – Y antes de que digas algo… Quiero que escuches, la última hoja de mi bitácora, pero quiero que la escuches de mis labios – La verdad es que no había terminado con el diario, le faltaban días por leer, pero no importaba, que mejor que escucharlo de parte de esa bella mujer.
Se pasó por sobre él, a buscar el diario que había quedado sobre la mesa de noche y el aprovechó para enredarse en su cuerpo y sentir el calor que tanto disfrutaba. Desde aquella posición y la luz intensa sobre ellos, le daba un aspecto angelical, aun se preguntaba cómo es que con aquel traje, no había infartado al Jeque o a su hijo, lo que si sabía y ciencia empírica a base de observación, es que ella era magnifica, su delicada piel pálida, su cabello en cascada sobre los hombros y la pose intelectual que había tomado mientras buscaba la última página de su bitácora – Amor, no es necesario, ya sé que me amas y que serás mi esposa, nada más me interesa – Dijo el ex – ranger, mientras que se embelesaba con la vista – Escúchame – Buscó su mano y la besó, para comenzar a leer:
"Faltan dos días para un año exacto. No puedo ocultar mi emoción, ya no voy a reprimirme más. Lo he entendido perfectamente, estoy aterrada de sentir lo que estoy sintiendo pero ya no me interesa. Ya cayeron las barreras. Ya se despedazo el muro. Esta cura de silencio de un año llego a su fin… "
Él la miró con asombro y ella con una sonrisa amplia y sincera.
"Sólo espero encontrarlo en la fuente. No le diré nada, actuaré, lo besaré hasta que se me acabe el aire en los pulmones. Y cuando tenga que volver a respirar se lo diré. Estoy enamorada de ti desde que nos conocimos. No lo supe reconocer ni pude aceptarlo antes pero ahora... ahora vamos a darnos esa oportunidad y..."
Luego de eso las lágrimas de Temperance cayeron, al percatarse de la tinta del lápiz corrido en la página, los recuerdos atiborraron su cabeza y una mujer vino a su mente - Deisy ¿Cómo está ella? – El la abrazó fuerte y besó su frente – Ella está bien, no te preocupes, está bien – Desde hoy, no la dejaría jamás, desde hoy ella sería su vida.
Buscó besarla, mientras que como gatito la regalaba caricias cortas y buscaba dar suaves besos, para calmar el ímpetu de su alma, calmar aquellos recuerdos vividos durante el plagio, calmar su alma, de tantas muertes, que él como franco tirador, sabían que pesaban en su conciencia. Apagó la luz y los tapó a ambos – Duerme bebe, que yo velaré tus sueños - Ambos fueron envueltos una vez más en las manos de Morfeo, por ahora no existía un mañana, solo existían ellos en aquella olvidada cama de un país lejano…
