Capítulo 10. Una lección y una reunión.

- ¡Esto no me lo pierdo! -dijo David expectante. Jess estaba seguro que este era el único caso en el que su novio se alegraba de ver a la profesora Umbridge.

- Estupendo. -se escuchó murmurar a Ron cuando se sentó junto a Harry y a Hermione en los asientos que solían ocupar delante de ellos.- Ahora veremos cómo le dan su merecido a esa Umbridge.

La profesora McGonagall entró en el aula con aire marcial sin dar ni la más leve muestra de saber que la profesora Umbridge estaba allí.

- Eso es empaque. -apuntó David.

- ¡Ya basta! -exclamó, y la clase se calló de inmediato.- Señor Finnigan, haga el favor de venir a buscar los trabajos y repártalos. Señorita Brown, coja esta caja de ratones, por favor; no seas tonta, niña, no te van a hacer nada, y dale uno a cada alumno.

- Ejem, ejem.

La profesora Umbridge utilizó la misma tosecilla ridícula con que había interrumpido a Dumbledore la primera noche del curso. La profesora McGonagall, sin embargo, la ignoró por completo. Seamus le devolvió su redacción a David y Jess.

- Bueno, la cosa ha mejorado. -dijo el metamorfomago, mostrando la S de su redacción a Jess.

- Yo también tengo una. -dijo Jess.- Gracias a ti, claro. -David no pudo evitar acariciar la mejilla de su novia. Al levantar la cabeza, vio que la profesora Umbridge le miraba con una sonrisa siniestra.

- Muy bien, escuchadme todos con atención. Dean Thomas, si vuelves a hacerle eso a tu ratón voy a castigarte. La mayoría de vosotros ya habéis conseguido que vuestros caracoles desaparezcan, e incluso quienes les dejasteis un poco de caparazón habéis captado lo esencial del hechizo. Hoy vamos a...

- Ejem, ejem. -insistió la profesora Umbridge.

- ¿Sí? -dijo la profesora McGonagall volviéndose con las cejas tan juntas que formaban una larga y severa línea.

- Estaba preguntándome, profesora, si habría recibido usted la nota en la que le detallaba la fecha y la hora de su supervi...

- Es evidente que la he recibido, porque si no ya le habría preguntado qué está haciendo en mi aula. -la interrumpió la profesora McGonagall, y dicho eso le dio la espalda. Muchos estudiantes intercambiaron miradas de regocijo.

- ¡Zas! ¡En toda la boca! -exclamó David en un susurro, intentando no saltar del asiento y hacerle una reverencia a McGonagall.

- Como iba diciendo, hoy vamos a practicar el hechizo desvanecedor con ratones, lo cual resulta mucho más difícil. Bien, el hechizo desvanecedor...

- Ejem, ejem.

- Me gustaría saber -empezó la profesora McGonagall, conteniendo su ira y volviéndose hacia la profesora Umbridge- cómo espera hacerse una idea de mis métodos de enseñanza si no para de interrumpirme. Verá, por lo general, no tolero que la gente hable cuando estoy hablando yo.

La profesora Umbridge se quedó como si acabara de recibir una bofetada. No dijo nada, pero colocó bien las hojas de pergamino que estaban cogidas con el sujetapapeles y empezó a escribir furiosamente.

- Jess, átame las manos o empiezo a aplaudir. -pidió David sonriendo ampliamente

La profesora McGonagall, haciendo gala de una indiferencia suprema, se dirigió de nuevo a los alumnos.

- Como iba diciendo, la dificultad del hechizo desvanecedor es proporcional a la complejidad del animal que queremos hacer desaparecer. El caracol, que es un invertebrado, no supone un gran desafío; el ratón, que es un mamífero, plantea un reto mucho mayor. Por lo tanto, éste no es un hechizo que podáis realizar si estáis pensando en la cena. Bien, ya conocéis el conjuro, veamos de qué sois capaces...

- ¡Evanesco! -exclamó David apuntando a su ratón. Este siguió andando por encima de la mesa, pero con las orejas y la cola desvanecidas.- ¡Joe! ¡Si que es difícil! -David cogió los apuntes que había escrito sobre la teoría del hechizo desvanecedor y comenzó a leerlos en voz baja. - Veamos...

El hechizo desvanecedor requiere, no solo una alta concentración, si no que es imprescindible visualizar el proceso de desvanecimiento progresivo de las distintas partes del objetivo. Una vez dominada la desaparición mediante este método, se puede intentar la desaparición mediante la visualización completa del objetivo...

Cogiendo de nuevo su varita, frunció el ceño e intentó enfocarse en la imagen de la ratón desvaneciéndose por trozos.

- ¡Evanesco! -esta vez, fueron los bigotes los que se unieron a las orejas y cola desvanecidas. David asesinó a la rata con la mirada y miró lo que pasaba por la clase.

Hermione, como era de esperar, ya había hecho desvanecer su ratón; mientras tanto, el resto de clase estaba en el mismo nivel, todos luchaban por hacer desaparecer los últimos fragmentos de sus ratones.

- ¡Evanesco! -exclamó Jess apuntando firmemente con su varita a su ratón.- ¡Bien! ¡Ya no está!

David asesinó con la mirada a su ratón por segunda vez y volvió a concentrarse en la imagen del ratón desapareciendo.

- ¡Evanesco! -el ratón miró a David sin denotar ningún cambio y corrió por la superficie de la mesa. Justo antes de saltar por el borde, el metamorfomago giró su varita y convocó al animal a su mano.

- ¿No te sale? -preguntó Jess.

- No hay forma. -replicó David, medio enfadado, medio decepcionado.- ¿Cómo lo has hecho tu?

- Me he concentrado en ver el espacio que ocupa el ratón, vacío. -respondió la chica.

- Pero la teoría no dice eso. -apuntó David, señalando los apuntes.

- Lo se. -admitió Jess.- Pero a mi no me salía según la teoría.

- Voy a probar a tu manera. -David frunció el ceño y levantó la varita. Justo antes de que pronunciara el hechizo, Jess le cogió la muñeca con la que manejaba la varita.

- Relájate, David. -le aconsejó.- Si estas nervioso o frustrado no te va a salir. Respira hondo y tranquilízate.

Haciendo caso a Jess, David respiro hondo, destensó los músculos, se remangó ligeramente las mangas de la túnica y agarró la varita con firmeza.

- Si quieres, puedes cerrar los ojos durante un momento para fijar mejor la imagen.

- ¡Evanesco! -exclamó el metamorfomago.

Para su sorpresa, el ratón desapareció de la vista, dejando a David sorprendido de que el método de Jess hubiera dado tan buen resultado.

- ¡Vaya! -exclamó.- Si que ha funcionado bien.

Dolores Umbridge no siguió a la profesora McGonagall por el aula como había hecho con la profesora Trelawney; quizá se diese cuenta de que la profesora McGonagall no lo permitiría. Sin embargo, tomó muchas notas, sentada en un rincón, y cuando finalmente la profesora McGonagall dijo a sus alumnos que podían recoger, se levantó con semblante adusto.


- David, ¿puedo decirte una cosa que puede que te siente mal? -preguntó Jess a su novio mientras caminaban hacia la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas. Este la miró de forma extraña, mientras se exprimía las neuronas intentando descubrir que había hecho mal.

- Dime. -respondió, al no poder descubrir a que se podía referir.

- Se que lo haces por ayudar y que nunca presumes de ello, pero deberías de dejar de ofrecerte a ayudar a los compañeros en Encantamientos, si no te lo piden.

- ¿Cómo?

- David, yo veo como reaccionan mucho compañeros cuando te acercas a ellos durante las clases mientras intentan realizar sus hechizos. Insisto, se que sólo lo haces para ayudarles, pero hay gente que se lo toma como una intrusión; que considera que lo haces porque crees que no van a ser capaces de hacerlo por ellos mismos.

Jess vio como el gesto alegre de su novio desaparecía de su cara. Pocas veces le había visto tan triste como estaba ahora.

- Lo siento, sihaya. -dijo con la cabeza gacha.- Sólo quería ayudarles... sólo quiero que sean mejores magos... sólo… -suspiro sin saber que más decir y continuó andando hacia la explanada donde se daban las clases de Cuidado de Criaturas Mágicas.

La tristeza de David duró toda la clase de Criaturas Mágicas. Jess notó perfectamente que sus palabras le habían afectado más profundamente de lo que hubiera imaginado. Se veía en sus movimientos y en su forma de atender a las indicaciones de la profesora Grubby-Plank. Ni siquiera mostró dolor en su rostro cuando uno de los bowtruckles le hizo un corte considerable en la palma de las manos; sencillamente, se acercó a la profesora Grubby-Plank, ignorando la presencia de la profesora Umbridge que estaba tomando notas, y la preguntó si podía curarle la mano. Tras la curación, regresó junto a Jess y continuó trabajando con el bowtruckle.

Aquella noche en la sala común, David terminó de hacer sus deberes en silencio y se acercó a los gemelos que seguían con sus experimentos con los Surtidos Saltaclases.

- Hola David. -saludaron Fred y George al unísono.

- Hola chicos, ¿puedo pediros un favor?

- Tu dirás. -respondió Fred, mientras examinaba el contenido de un caldero portátil en el que burbujeaba una solución amarilla.

- Tengo que decirle algo a todos los compañeros de mi año, ¿podíais llamar su atención? -los gemelos observaron al metamorfomago y comprendieron que tenía algo importante que decir. Nunca le habían visto tan alicaído.

- Dalo por hecho.

Gracias a la natural habilidad de los gemelos para atraer la atención, pronto todos los que estaban en la sala común no apartaban su vista de ellos.

- Ahora que todos estáis mirando a donde debéis, -dijo George.- Fred y yo queremos dejar que David os cuente algo. -todos los alumnos se miraron entre si, preguntándose entre ellos si alguien sabía que significaba esto.

David tragó saliva y miró a Jess, buscando un gesto de ánimo; esta, dándose cuenta que iba a decir, le sonrío para darle ánimos. Un poco más relajado, dio un paso al frente y comenzó a hablar.

- Quería pedidos perdón por mi comportamiento durante las clases de Encantamientos. No era mi intención ser un engreído, ni creo que seáis unos magos mediocres que necesiten mi ayuda. Si en algún momento habéis pensado así de mí, os pido perdón. Solo quería ayudados, nada más. Gracias por escucharme.

Sin esperar la reacción de sus compañeros, David se dirigió hacia las escaleras y subió a la habitación que compartía con el resto de sus compañeros de quinto año. Mecánicamente, se quitó la túnica, se puso el pijama y se metió en la cama, intentando dormirse cuanto antes y que este día pasara lo más rápidamente posible.


La mañana de la primera visita a Hogsmeade, David se levantó más pronto que nadie y bajo a la sala común de Gryffindor. A pesar de que muchos de sus compañeros le habían perdonado e, incluso, muchos querían que siguiera ayudándoles, David llevaba unos días sin dejar de pensar en que actitudes suyas podrían molestar a los demás. Hermione y Érebo habían sido preguntados acerca de ello y ambos habían respondido lo mismo: "Es algo que debes descubrir por ti mismo."

Sentándose en uno de los sillones junto a la ventana, sacó un pergamino y una pluma y comenzó a escribir una carta a sus padres. No tenía intención de contarles nada acerca de lo que estaba pasando, pero le gustaba mantenerse en contacto con ellos. Sonriendo levemente al ver los sombreros y calcetines que Hermione tejía para liberar a los elfos, sacó la varita y fue uno por uno haciéndolos desaparecer.

En una de las ultimas incursiones que había hecho con los gemelos y Lee a las cocinas, había descubierto que, por culpa de la buenas intenciones de Hermione, sólo Dobby limpiaba la torre de Gryffindor, ya que el resto de elfos consideraban un insulto encontrarse con ropa escondida mientras hacían su trabajo.

- Al menos, ayudo a Dobby. -pensó David cuando vio como se esfumaba el ultimo gorro.

Justo cuando iba a mitad de carta, amaneció y, levantando la cabeza, pudo comprobar que iba a ser una mañana despejada pero ventosa. Subió a su habitación, intentando hacer el menor ruido para no despertar a nadie, y cogió su capa de invierno. Al escuchar en el silencio de la sala común, como resonaban sus pasos, David tomo nota de aprender algún hechizo silenciador con el que poder caminar sin ser escuchado ni molestar a nadie.

Después de desayunar formaron una fila delante de Filch, que comprobó que sus nombres aparecían en la larga lista de estudiantes que tenían permiso de sus padres o tutores para visitar el pueblo. Jess había intentado animar a su novio pero con la excepción de la leve sonrisa que surgió en su rostro cuando le besó, ninguno de sus intentos había tenido éxito.

- Recuerda que hemos quedado con Hermione en Cabeza de Puerco para el tema de la clases de Defensa contra las Artes Oscuras. -le informó Jess.

- Cierto. -dijo David. Este momento no se podía olvidar. El E.D daba sus primeros pasos.

- ¡David! ¡David! -exclamó una voz detrás de él. Ambos adolescentes se dieron la vuelta y vieron como Eve, abrigada de tal manera que solo se veía su cara, corría hacia ellos.

- Hola Eve. -saludó David con voz neutral.- ¿A dónde vas?

- Al mismo sitio que vosotros. -respondió la chica.- A la reunión esa para ver que hacemos con las clases de Defensa.

- ¿Quién te ha informado de ello? –preguntó el metamorfomago. Eve señaló a Jess que sonreía plácidamente a pesar del frio.

El metamorfomago beso a Jess. Nadie le conocía mejor. Solo ella sabia lo importante que era para él que Eve hubiera sido invitada. Cuando Ron le comentó el propósito de la reunión, había descartado que algún Slytherin pudiera entrar. Todos sabían que si algún Slytherin entraba en el E.D, Umbridge se enteraría antes de que todos sacaran la varita el primer día. Ahora que lo pensaba detenidamente, Eve tenía que estar aunque estuviera en Slytherin. Inmediatamente, tomó una decisión. Si Eve no formaba parte del E.D, el tampoco. Los amigos son los amigos. Si Harry no quería enseñarla, lo haría el mismo; al fin y al cabo, tenía en la cabeza todas las clases.

Entraron en Cabeza de Puerco después de Luna Lovegood que les saludó con su eterno aire distraído. David se dirigió hacia la barra mientras las chicas cogían una mesa situada a la derecha de donde se habían sentado Harry, Ron y Hermione. Justo en el momento en que Fred se acercaba a por bebida, David se alejó del follón que sabía que se va a montar y puso las tres botellas encima de la mesa.

- Hola David. -saludó George, acercando una silla de otra mesa.

- Jessica, Eve. -dijo Fred, quitándose un sombrero imaginario.- Siempre es un placer estar acompañado de dos bellezas. -ambas chicas sonrieron. Era prácticamente imposible no hacerlo cuando los gemelos estaban cerca. Su habilidad para estar de buen humor y poner de buen humor a todo el mundo era asombrosa.

- Esto... -empezó Hermione hablando en voz más alta de lo habitual debido al nerviosismo.- Esto..., bueno..., hola. -los asistentes giraron la cabeza hacia ella, aunque de vez en cuando las miradas se desviaban hacia Harry. - Bueno..., esto..., ya sabéis por qué hemos venido aquí. Veréis, nuestro amigo Harry tuvo la idea..., es decir, -David no pudo evitar sonreír al ver la mirada furibunda de Harry hacia Hermione.- yo tuve la idea de que sería conveniente que la gente que quisiera estudiar Defensa Contra las Artes Oscuras, o sea, estudiar de verdad, ya sabéis, y no esas chorradas que nos hace leer la profesora Umbridge, -de repente la voz de Hermione se volvió mucho más potente y segura- porque a eso no se le puede llamar Defensa Contra las Artes Oscuras

- Eso, eso. -dijo Anthony Goldstein.

- Bueno, creí que estaría bien que nosotros tomáramos cartas en el asunto. Y con eso quiero decir aprender a defendernos como es debido, no sólo en teoría, sino poniendo en práctica los hechizos...

- Pero supongo que también querrás aprobar el TIMO de Defensa Contra las Artes Oscuras, ¿no? -la interrumpió Michael Corner.

- Por supuesto. Pero también quiero estar debidamente entrenada en defensa porque... porque... -inspiró hondo y terminó la frase.- porque lord Voldemort ha vuelto.

La reacción de su público fue inmediata y predecible. La amiga de Cho soltó un grito y derramó un chorro de cerveza de mantequilla; Terry Boot dio una especie de respingo involuntario; Padma Patil se estremeció y Neville soltó un extraño chillido que consiguió transformar en una tos. Harry vio sin sorprenderse que David y Jess no habían mostrado ningún tipo de reacción ante el nombre de Voldemort.

- Bueno, pues ése es el plan. -concluyó Hermione.- Si queréis uniros a nosotros, tenemos que decidir dónde vamos a...

- ¿Qué pruebas tenéis de que Quien-vosotros-sabéis ha regresado? -preguntó el jugador rubio de Hufflepuff con tono bastante agresivo.

- Bueno, Dumbledore lo cree... -empezó a decir Hermione.

- Querrás decir que Dumbledore le cree a él. -aclaró el muchacho rubio señalando a Harry con la cabeza.

- ¿Cómo te llamas? -le preguntó Ron con brusquedad.

- Zacharias Smith... -contestó él.- y creo que tenemos derecho a saber qué es exactamente lo que os permite afirmar que Quien-tú-sabes ha regresado.

- Mira, -intervino Hermione con rapidez.- ése no es el tema de esta reunión...

- Déjalo, Hermione. -dijo Harry. -¿Quieres saber qué es exactamente lo que me permite afirmar que Quien-tú-sabes ha regresado? -preguntó mirando a los ojos a Zacharias.- Yo lo vi. El año pasado, Dumbledore le contó al colegio en pleno lo que había ocurrido, pero si tú no lo creíste, no me creerás a mí, y no pienso malgastar una tarde intentando convencer a nadie.

- Lo único que nos contó Dumbledore el año pasado fue que Quien-tú-sabes había matado a Cedric Diggory y que tú habías llevado el cadáver a Hogwarts. -dijo Zacharias desdeñosamente.- No nos contó los detalles ni nos dijo cómo habían matado a Diggory, y creo que a todos nos gustaría saber...

- Si has venido a oír un relato detallado de cómo mata Voldemort, no puedo ayudarte. -lo interrumpió Harry.- No voy a hablar de Cedric Diggory, ¿de acuerdo? De modo que si es a eso a lo que has venido aquí, ya puedes marcharte.

- Yo puedo ayudarte con los detalles, Zacharias. -intervino David con una voz helada. Jess se inclinó hacia delante para mirar a los ojos de su novio y comprobó con indisimulado alivio que eran sus ojos negros de nacimiento.

- ¿Tú quién eres?

- Me llamó David, pero eso no es importante. -replicó firmemente.- Si quieres saber como mata Voldemort, puedo ayudarte. Dos palabras. Avada Kedavra. -un escalofrío subió por las columnas vertebrales de todos los que habían visto en acción la maldición asesina.

- Bueno. -saltó Hermione con voz chillona.- Bueno..., como iba diciendo..., si queréis aprender defensa, tenemos que decidir cómo vamos a hacerlo, con qué frecuencia vamos a reunimos y dónde vamos a...

- ¿Es verdad -la interrumpió una chica con una larga trenza, mirando a Harry.- que puedes hacer aparecer un Patronus?

Un murmullo de interés recorrió el grupo.

- Sí. -contestó Harry poniéndose a la defensiva.

- ¿Un Patronus corpóreo?

- Oye, ¿tú conoces a la señora Bones? -le preguntó.

- Es mi tía. -dijo la chica sonriendo.- Me llamo Susan Bones. Me contó lo de la vista. Bueno, ¿es verdad o no? ¿Sabes hacer aparecer un Patronus con forma de ciervo?

- Sí.

- ¡Caramba, Harry! -exclamó Lee, que parecía muy impresionado.- ¡No lo sabía!

- Mi madre hizo prometer a Ron que no lo contaría. -intervino Fred dirigiéndole una sonrisa a Harry.- Dijo que ya atraías suficiente atención.

- Está en lo cierto. -murmuró Harry, y un par de personas rieron.

La bruja del velo negro que estaba sentada sola en un rincón se movió un poco en la silla.

- ¿Y mataste un basilisco con esa espada que hay en el despacho de Dumbledore? -inquirió Terry Boot.- Eso fue lo que me dijo uno de los retratos de la pared cuando estuve allí el año pasado...

- Pues sí, es verdad... -admitió Harry.

- Y en primero -dijo Neville dirigiéndose al grupo.- salvó la Piedra Filológica...

- Filosofal. -lo corrigió Hermione.

- Eso, sí..., de Quien-vosotros-sabéis -concluyó Neville. -Hannah Abbott tenía los ojos redondos como galeones.

- Por no mencionar, -intervino Cho.- las pruebas que tuvo que superar en el Torneo de los tres magos el año pasado: se enfrentó a dragones, a la gente del agua, a las acromántulas y a todo tipo de cosas...

Los impresionados asistentes emitieron un murmullo de aprobación que recorrió la mesa.

- Mirad, -dijo Harry haciendo que todos se callaran al instante.- no... no quisiera pecar de falsa modestia ni nada parecido, pero... en todas esas ocasiones conté con ayuda...

- Con el dragón no. -saltó Michael Corner.- Aquello fue un vuelo excepcional...

- Sí, bueno... -cedió Harry.

- Y tampoco te ayudó nadie a librarte de los Dementores este verano. -aportó Susan Bones.

- No. -reconoció Harry.- De acuerdo, ya sé que algunas cosas las conseguí sin ayuda, pero lo que intento haceros entender es...

- ¿Intentas escabullirte y no enseñarnos a hacer nada de eso? -sugirió Zacharias Smith.

- ¿Quieres que te limpiemos las orejas? -le preguntó George sacando un largo instrumento metálico de aspecto mortífero de la bolsa de Zonko.

- O cualquier otra parte del cuerpo. De verdad, no tenemos manías -añadió Fred.

- Yo a eso me apuntó. -finalizo David, haciendo que Zacharias se encogiera en su asiento.- Por cierto, -David se giró hacia Harry y lo miró.- Harry, ¿puedo decir algo? -el mago de la cicatriz afirmo con la cabeza y David estaba seguro de que le estaba agradeciendo su intervención.

- Para todos aquellos que no entendáis las reticencias de Harry. Pensad quien es Voldemort, en las historias que todos habéis escuchado de él, en todas las muertes que ha causado... lo que quiere decir Harry es que, cuando te enfrentas a alguien como Voldemort o cualquiera de sus mortifagos, no es un intercambio de hechizos; es un duelo a vida o muerte, no hay posibilidad de error. Cedric no murió por falta de habilidad, murió porque estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado. Nada más. -Harry miró fijamente al metamorfomago y asintió con la cabeza en un gesto no solo de afirmación si no también de agradecimiento.

El silencio que siguió a estas palabras hizo que se pudieran escuchar hasta las voces del resto de alumnos de Hogwarts que iban y venían entre las tiendas de Hogsmeade. David se encogió en su asiento, bebió un sorbo de cerveza de mantequilla y desconectó de la conversación, concentrándose en el nuevo escudo defensivo que quería aprender. Sabía perfectamente como iba a desarrollarse el resto de la reunión y prefería aprovechar el tiempo en aprender nuevas herramientas.

Ni Jessica ni Eve ni el mismo dudaron un instante cuando les tocó firmar la lista de pertenencia al aún no nombrado E.D. Hermione frunció el ceño cuando vio que Eve se acercaba a firmar pero se relajó al ver que la chica imprimía su firma en el pergamino.

- Jess, ¿te has fijado que Cho no le quitaba los ojos de encima a Harry? -preguntó Eve a su amiga.

- ¡Ya ves! ¡Me he dado cuenta hasta yo! -exclamó David riéndose, mientras cruzaban las puertas de Hogwarts de vuelta de Hogsmeade.


POR ORDEN DE LA SUMA INQUISIDORA DE HOGWARTS

De ahora en adelante quedan disueltas todas las organizaciones y sociedades, y todos los equipos, grupos y clubes.

Se considerará organización, sociedad, equipo, grupo o club cualquier reunión asidua de tres o más estudiantes.

Para volver a formar cualquier organización, sociedad, equipo, grupo o club será necesario un permiso de la Suma Inquisidora (profesora Umbridge).

No podrá existir ninguna organización ni sociedad, ni ningún equipo, grupo ni club de estudiantes sin el conocimiento y la aprobación de la Suma Inquisidora.

Todo alumno que haya formado una organización o sociedad, o un equipo, grupo o club, o bien haya pertenecido a alguna entidad de este tipo, que no haya sido aprobada por la Suma Inquisidora, será expulsado del colegio.

Esta medida está en conformidad con el Decreto de Enseñanza n.° 24.

Firmado:

Dolores Jane Umbridge

Suma Inquisidora

- ¡Alguien se ha chivado! -exclamó Eve, acercándose a la mesa de Gryffindor.

- Lo dudo Eve. -intervino David, interrumpiendo su ingesta de tostadas con queso.

- ¿Por qué dices eso, David? -preguntó Jess, inclinándose hacia delante para poder ver el rostro de los otros dos.

- ¿Crees que Hermione no le ha hecho algo al pergamino? -sugirió el metamorfomago.- ¡Mira! ¡Ahí viene Hermione!

- ¿Lo habéis leído? -preguntó Ron con la indignación grabando su rostro.

- Alguien se ha chivado. -insistió Eve.

- No, es imposible porque hice un embrujo en el rollo de pergamino en que firmamos todos. -explicó Hermione gravemente.- Créeme, si alguien se ha chivado a Umbridge, sabremos exactamente quién ha sido y te aseguro que lo lamentará.

- ¿Qué le pasará? -preguntó Ron, intrigado.

- Bueno, para que te hagas una idea, -contestó Hermione.- parecerá que el acné de Eloise Midgeon se trata solamente de unas cuantas pecas.

- ¿Qué os dije? -David sonrío y regresó a sus tostadas.

- Recuérdame no traicionarte nunca, Hermione. -concluyó Eve antes de volver a la mesa de Slytherin.


- Deja de bostezar. -gruñó Jess, mientras caminaba hacia la clase de Pociones.

- Lo siento, sihaya. No puedo evitarlo. Mira que cada vez es más complicado, pero Binns termina arreglándoselas para que las clases sean cada vez más soporíferas. -replicó David.

Al girar el ultimo recodo de las mazmorras antes de alcanzar el aula de Snape, la pareja se encontró con una imagen muy poco agradable. Draco estaba de pie junto a la puerta del aula y exhibía una hoja de pergamino de aspecto oficial mientras hablaba en voz mucho más alta de lo necesario para que lo oyera todo el mundo.

- Sí, la profesora Umbridge ha concedido permiso al equipo de quidditch de Slytherin para seguir jugando. He ido a pedírselo esta mañana a primera hora. Bueno, ha sido prácticamente automático, porque la profesora Umbridge conoce muy bien a mi padre, ya que mi padre frecuenta el Ministerio... Será interesante saber si al equipo de Gryffindor también le dan permiso para seguir jugando, ¿verdad?

- ¿Sabes lo que será interesante, Malfoy? -dijo David con un tono de voz igual de alto que Draco.

- Tu no eres nada interesante, Manning. -replicó Pansy que sonreía bobamente junto a Draco, Crabbe y Goyle.

- Estimada Pansy, tienes razón. -ironizó sonriendo.- Yo no soy interesante, pero la cantidad de huesos que le puedo romper a Draco con un solo hechizo, si lo es. -David se giro hacia su novia.- Jess, es una pena que no estén los gemelos por aquí. Seguro que sacaban una apuesta de esta situación.

Harry, Ron, Hermione y Neville cruzaron por delante de David y Draco y entraron en el aula, aprovechando que el profesor Snape acababa de abrir el aula.

- Acabas de evitar que Snape le quite diez puntos a Gryffindor. -dijo Hermione en su cabeza.

- Estupendo. -dijo David, aunque no sabía a que se refería el comentario de la mujer.

- Como veréis, -dijo Snape con su queda y socarrona voz.- hoy tenemos una invitada.

Señaló un oscuro rincón de la mazmorra y todos vieron la profesora Umbridge sentada allí, con las hojas de pergamino cogidas con el sujetapapeles sobre las rodillas.

- Hoy vamos a continuar con la solución fortificante. Encontraréis vuestras mezclas como las dejasteis en la última clase; si las preparasteis correctamente deberían haber madurado durante el fin de semana. Las instrucciones -agitó su varita.- están en la pizarra. Ya podéis empezar.

La profesora Umbridge pasó la primera media hora de la clase tomando notas en su rincón. Tras cinco minutos observándola, siempre que se lo permitía la realización de la solución fortificante, David dejo de preocuparse por Umbridge y se concentró por completo en la poción. Era la cosa más complicada que había hecho hasta el momento. La primera parte de la solución fortificante había sido bastante sencilla pero esta segunda parte era una autentica pesadilla. Un solo instante de descuido y todo se iba a la mierda.


Comentarios.

Hola a todos. Las vacaciones sientan bien a mi musa y la cosa avanza. Este capitulo es un poco de enlace antes del E.D, que será el siguiente. Toca agradecer.

- A maryn 90 por poner en favoritos los cinco años de "La sombra de Harry".

- A Fechu Callejera por su review del capitulo anterior.

Espero que os guste. Un bratzo, xotug.