CAPÍTULO 9
La noche había llegado presurosa sobre el pequeño grupo de elfos y con la caída de la noche, la tormenta se había hecho presente también.
Los seis elfos ahora se encontraban refugiados en una saliente que los propios árboles y la erosión del terreno habían formado permitiendo un refugio ideal para los guerreros y sus caballos. Allí se podía observar una escena muy particular y que sin lugar a dudas desgarraría el corazón incluso del más fiero guerrero.
Thranduil estaba cuidando de su hijo, quien yacía sobre algunas capas, sin embargo, su cabeza descansaba sobre el regazo de su padre, quien cuidadosa y cariñosamente alisaba su cabello, su ritmo constante y suave era un espectáculo enternecedor, si no fuera por las circunstancias que lo habían llevado a esa situación y los brillantes ojos del rey que no apartaban su vigilia del rostro ceniciento de su heredero.
Los elfos restantes estaban ocupados atendiendo la fogata que les proporcionaba calor y les permitía secar sus ropas empapadas, así como preparar un té medicinal para aliviar los dolores que la batalla había dejado en ellos. Darim se acercó a su soberano, le ofreció una taza del líquido caliente y dejó una vasija con agua y algunas hierbas en su interior, le entregó un trozo de tela y unas vendas para que atendiera las heridas de su hijo, asintiendo en agradecimiento, Thranduil humedeció la tela en el agua medicinal y comenzó a limpiar cuidadosamente el rostro de su pequeño mientras susurraba una dulce canción de cuna.
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Abrió los ojos cuidadosamente, cubriéndose con el dorso de la mano mientras intentaba bloquear el segador haz de luz que hacía doler sus profundos ojos azules. Parpadeó varias veces antes de dejar su mano descansar sobre su frente y cerrar los ojos un momento más, mientras se dio cuenta de que estaba recostado sobre su espalda, en una superficie dura, sin embargo, no le molestaba, había tanto silencio que casi era agradable. El momento duró poco, puesto que sintió a alguien aproximándose, no en la forma de sentir peligro inmediato, pero le causaba gran curiosidad.
Abrió los ojos nuevamente y se puso de pié, miró a su alrededor para encontrar un espacio completamente blanco, uno tan reluciente y puro que lo dejo asombrado; ningún cambio se observaba en el paisaje, hasta donde la vista alcanzaba, todo estaba cubierto de blanco, uno muy resplandeciente y sin nada en él.
Se dio la vuelta para encontrar a un elfo frente a él, su cabello plateado y brillante se mimetizaba con el ambiente, su rostro era del color del mármol blanco, pero más brillante, casi translúcido, sus ojos poseían un azul profundo que brillaba destacándose en la escena; el elfo frente a él era alto, del mismo porte que su padre, pensó con tristeza, sin embargo poseía un poco más de musculatura, lo que le daba un aspecto duro y severo.
Enfundado en su túnica de plata, el elfo observó a Legolas por unos segundos antes de hablar.
-Te ves igual a tu padre – comentó con diversión.
-¿Cómo…? – la sorpresa era evidente en su voz.
-Conozco mucho sobre ti Thranduilion, sobre tu padre y abuelo, pero ese no es el punto.
Legolas estaba perplejo, este extraño decía conocer a todo su linaje y ciertamente él no tenía ni la más mínima idea de quién era el sujeto frente a él.
- La razón por la que decidí conocerte personalmente es más importante que cualquier cosa, así que presta atención Legolas Thranduilion.
El joven príncipe permaneció en silencio observando al elfo de cabellos plateados, mientras miles de preguntas danzaban en su mente, sin embargo, decidió esperar.
-El lugar donde nos encontramos, es tu mente joven Thranduilion y la vez así porque te encuentras confundido, perdido entre el tiempo y el espacio, pero debes recordar, ordenar tus pensamientos y aclarar tu mente.
Legolas frunció el ceño, ciertamente estaba confuso, no recordaba cómo había llegado a ese lugar, o qué se supone estaba haciendo allí, pero en el fondo de su mente, sabía que existía una buena razón para estar en aquel lugar.
-Camina conmigo – invitó gentilmente el elfo de plata
Legolas siguió al elfo y con gran asombro observó como su entorno cambiaba mientras avanzaban, de un blanco puro y brillante a un paisaje repleto de verde adornado por bellas praderas, frondosos árboles y coloridas flores, todo coronado por un cálido sol de primavera. Continuaron con el recorrido y llegaron a un pequeño claro, donde un arroyo susurraba su alegre canción y los grandes árboles que le rodeaban hacían bailar sus ramas en regocijo ante la llegada de los dos elfos.
-¿Quién eres? –preguntó Legolas con curiosidad.
-Mi nombre es uno muy antiguo, tan antiguo que es difícil recordar, pero tu padre y tu abuelo me conocen como el Espíritu del Bosque.
-¿Espíritu del Bosque…? -susurró –Nunca antes había oído hablar de ti.
-Eso es porque no era el momento para que supieras de mi existencia, sinceramente, dudo que alguna vez me hubieses conocido, pero las circunstancias son algo diferentes ahora, es por eso que tu padre no tuvo la oportunidad de contarte sobre mi existencia.
- ¿Cómo conoces a mi padre? ¿Dónde está él ahora?
-Eres un elfling muy curioso Thranduilion.
-Sólo quiero saber si mi padre está bien y a salvo- la angustia en la voz del joven príncipe era evidente.
Suspirando el Espíritu del Bosque se acercó al príncipe quien permanecía estoico frente a él.
-Te concederé la oportunidad de ver a tu padre, pero sólo será un breve momento, mi poder aún no está completamente restablecido y tú tampoco estás en una condición muy apropiada.
Legolas sintió su corazón saltar de alegría, finalmente vería a su padre, era algo que le embargaba de emoción.
El Espíritu del Bosque cubrió la pequeña distancia que los separaba y colocó su mano sobre la frente del príncipe; al instante Legolas sintió como si su cuerpo estuviese envuelto en llamas, sus ojos se abrieron en agonía y de su garganta escapó un grito doloroso mientras su cuerpo cedía ante una ola de emociones desplomándose sobre la hierba.
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Un estremecimiento y gemidos de dolor sacaron a Thranduil de su ensoñación, miró hacia su regazo y pudo ver que su hijo se removía inquieto y sus párpados luchaban por abrirse.
-Ion nin – susurró Thranduil mientras intentaba aquietar a su hijo
Legolas estaba luchando por abrir sus ojos, intentando contener la ola de dolor que golpeaba cada fibra de su cuerpo, podía sentir la agonía en cada corte, golpe y quemadura que sus captores habían propinado, cada hueso roto o lastimado se revelaba contra la voluntad de su propietario lanzando destellos de sufrimiento ante el simple ejercicio de respirar.
-Cálmate ion nin, debes permanecer tranquilo, sólo respira lentamente –
Lo estaba intentando, realmente intentaba ralentizar su respiración, pero cada vez se hacía más difícil, Legolas sólo quería abrir los ojos, ver a su padre, asegurarse de que estaba bien y decirle cuánto lamentaba lo ocurrido.
Luchando contra toda posibilidad, Legolas se esforzó una vez más y logró abrir los ojos. Thranduil que estaba sosteniendo la mano de su hijo mientras acariciaba su rostro, pudo observar el dolor que esos hermosos ojos azules contenían, lágrimas no derramadas se agolpaban en sus orillas, dispuestas a caer en señal de rebeldía mientras su propietario luchaba por controlar su respiración y hablar con su padre.
-A…dar – solo un susurro entre respiraciones dificultosas y jadeos constantes en busca del tan preciado aire.
-Aquí estoy mi pequeño, todo estará bien, solo intenta calmarte –
La voz de su padre era reconfortante, la había extrañado demasiado y el escucharla nuevamente llenaba de dicha su corazón. Su padre estaba a salvo y eso era todo lo que importaba.
-Adar… lo… siento… no… -
-Tranquilo Legolas, no tienes nada que lamentar, tú no tienes culpa en esto, soy yo quien se arrepiente de haberte fallado, de no cumplir mi rol de padre cuando más lo necesitabas ion nin, lo lamento, lo lamento profundamente Legolas-
Los ojos del rey brillaban de una manera que Legolas no había visto hace demasiado tiempo, los profundos orbes azules estaban cargados de emoción, amor y devoción hacia su hijo; esa mirada que Legolas había extrañado demasiado, algo tan simple, pero que a lo largo de los años se había perdido ahora renovaba sus esperanzas. Pero el destino es cruel y le gusta jugar con las emociones de aquellos a quienes tormenta y una vez más se hizo presente cuando padre e hijo intentaban decir aquello que hace mucho, mucho tiempo ninguno de los dos manifestó con palabras.
-Adar… yo… -
-Ion nin, tranquilo, no desesperes, no hay nada de lo que debas arrepentirte, sólo permanece tranquilo y recuerda…
Thranduil no alcanzó a terminar la frase, cuando Legolas comenzó a agitarse en sus brazos, claramente el esfuerzo que estaba haciendo para permanecer despierto y hablar con su padre estaba cobrando su tarifa en él. Su cuerpo comenzó a temblar violentamente, el sudor perlaba su frente y su respiración agitada se volvió superficial y dificultosa.
-¡Ion nin! Por favor, Legolas, respóndeme
Los desesperados llamados del rey no surtieron efecto una vez que su joven heredero cedió ante la oscuridad, dejándolo con un corazón agobiado y lágrimas corriendo por sus mejillas mientras acunaba cuidadosamente a su pequeña hojita en sus brazos.
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Estaba de rodillas sobre un campo verde, su respiración era agitada y vertiginosa, sus manos descansaban sobre la hierba fresca y su cabello cubría su rostro como un velo dorado. Cerró los ojos intentando ralentizar su desbocado corazón mientras luchaba por darle sentido a lo ocurrido hace solo un momento.
-Tu padre está bien, lo pudiste comprobar, ahora debes prestar atención a lo que te debo decir.
Legolas calmó dificultosamente su respiración, se puso en pié y con ceño fruncido observó al espíritu del Bosque, impaciente por una explicación.
-Te escucho – simplemente respondió el joven guerrero.
-Fuiste capturado por un elfo oscuro, Elathan, él y sus drows te tuvieron prisionero por muchos días, fuiste torturado con la única finalidad de que respondieras a sus preguntas. Tu padre y sus guerreros te encontraron varios días después, lucharon contra Elathan, los drows y un grupo de orcos, allí fue cuando me convocaste; acudí a tu llamado y me hice cargo de tu cuerpo porque estabas demasiado debilitado para combatir, por lo que te envié a un lugar apartado de tu mente donde estuviste dormido todo este tiempo.
Decir que Legolas estaba perplejo era un eufemismo, no podía apartar la mirada del elfo de cabellos de plata que relataba la historia como si fuera la anécdota más simple del mundo, entre tanto él se encontraba ordenando sus confusos pensamientos con cada nueva parte de esta información que estaba recibiendo.
-Logramos derrotar al elfo oscuro y sus criaturas, te rescatamos, dejamos atrás la caverna donde te mantuvieron todo este tiempo y ahora tu padre te lleva de regreso al palacio.
-Sin embargo hay algo más - no era una pregunta, sino una afirmación de parte del joven elfo.
-Me temo que sí
-¿Qué es? ¿Qué me sucedió? – no había temor en su voz, solo el deseo por saber de su destino.
-Como te había mencionado, estuviste cautivo a manos de un elfo oscuro y sus drows por mucho tiempo, eso te debilitó en gran medida, pero lo que realmente me preocupa es el daño causado a tu cuerpo, las heridas que posees son graves Legolas, con mi poder actual solo he logrado ocuparme de aquellas que amenazaban tu vida, pero aún tienes demasiados cortes y golpes con los que lidiar, no hay ni un solo hueso en tu cuerpo que no esté lastimado, además de la gran variedad de venenos que circulan en tu sistema. No puedo hacer nada más por ti en esto Thranduilion, lo lamento.
Legolas asintió levemente, desde el momento en que despertó sabía que algo estaba terriblemente mal, ver a su padre había enviado una ola de consuelo a su dolorido corazón y albergaba la esperanza de que todo iba a mejorar y podría aclarar las cosas con su padre, decirle lo importante que era en su vida y tantas cosas que hace demasiado tiempo no se habían dicho. Pero ahora, todo había cambiado, cada palabra que el Espíritu del Bosque pronunció hacía desvanecer su esperanza.
Pero no todo podía estar perdido.
-Dijiste que no puedes hacer nada más para ayudarme con mis heridas, pero hay algo que aún no me has dicho. ¿Hay otra posibilidad?
-Eres un elfo muy particular Thranduilion – comentó divertido el elfo de cabellos plateados sin apartar la vista del príncipe - he visto guerreros conocer destinos más favorables que el tuyo y aún así tembar de temor.
-Creo que aún no es tiempo de comenzar a temblar o asustarme por lo que me pueda suceder, tengo asuntos que terminar y si existe la más mínima posibilidad de salir de aquí, no dudes que la aprovecharé – afirmó con seguridad, iba a luchar hasta el final, Legolas no se iba a dejar abatir, tenía que ver a su padre aunque eso significase por última vez.
-No me malinterpretes Thranduilion, de ninguna manera pretendía ofenderte, simplemente admiro tu valentía y determinación, algo digno del linaje de Oropher.
Un breve silencio llenó el claro donde estaban, ambos elfos se sostuvieron la mirada, curiosidad llenaba los ojos de uno, mientras que el otro reflejaba determinación.
-Puedo ayudarte a llegar al palacio, allí te podrán dar la asistencia que necesitas y tus posibilidades de sanar aumentarán, sin embargo, depende de tu voluntad el volver a despertar.
-¿Qué debo hacer?
-Sólo debes dormir, déjame hacerme cargo de tu cuerpo y mente. Cuando llegue el momento te permitiré despertar y entonces tendrás que luchar para regresar al mundo real.
Legolas ponderó sus opciones por un momento, pensó en el reino y sus habitantes, pensó en lo que debía hacer, pensó en confiar o no en este elfo, pensó en su padre y decidió.
-De acuerdo, acepto tu ayuda.
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La noche estaba llegando a su fin y Thranduil aún permanecía en vigilia cuidando a su hijo, dormitaba en ocasiones pero rápidamente volvía su atención hacia su pequeño, lo envolvía con su capa y pasaba un trozo de tela sobre su frente sudorosa con la esperanza de aliviar el dolor que estaba sintiendo.
La primera luz de la mañana recibió al pequeño grupo de elfos con una sorpresa interesante. Legolas había abierto los ojos y ambos iris azules miraban a Thranduil con curiosidad. El rey que estaba adormilado parpadeó furiosamente y centró su vista en los ojos de su hijo.
-¿Legolas?
-No, él está dormido.
Era extraño escuchar ese tono de voz en su hijo, la normalmente melodiosa y dulce voz de su heredero había sido reemplazada por una más grave y severa, clara indicación de que el que ahora ocupaba su cuerpo era el Espíritu del Bosque.
-Tu hijo se encuentra bien, pero debemos regresar cuanto antes al palacio. No sé cuánto tiempo podré ocuparme de su bienestar.
Diciendo esto, el Espíritu del Bosque se puso en pié, tomó su capa y se preparó para salir. Thranduil sacudió levemente su cabeza, intentando despejar su confusa mente y también se puso en pié.
Sus guerreros estaban listos pocos minutos más tarde, recogieron sus cosas y prepararon los caballos. Ahora que la tormenta se había calmado, reduciéndose a una lluvia constante pero no agresiva, el grupo de elfos montó en dirección al palacio; se encontraban cerca y en menos de un día deberían estar de regreso a salvo en su hogar.
Por lo menos, pensó Thranduil, en el palacio Legolas tendría toda la ayuda necesaria para recuperarse y él tendría la oportunidad de decirle a su hijo cuánto lamentaba haberse alejado y cuán profundamente lo amaba.
... continuará ...
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¡Hola a todos!
Al fin he logrado publicar un nuevo capítulo, es un poco corto, pero es algo, además me ha costado mucho publicar debido al fin de semestre y las obligaciones propias del trabajo y los estudios, pero en fin, les traigo un nuevo capítulo que espero les guste ... y ... falta poco para el final.
Espero sus opiniones y comentarios.
Descargo de responsabilidad: Ningún personaje conocido es de mi propiedad, el resto lo es.
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